Los personajes extraídos de la serie y el cómic My Little Pony: Friendship is Magic propiedad de Hasbro.
Cualquier arte utilizada para acompañar el texto no es de mi propiedad, créditos a los autores.
La siguiente obra fue realizada sin fines comerciales.
NOTA: la siguiente historia puede no ser recomendable para menores de edad. Contenido fuerte sin intenciones de ofender a nadie en absoluto.
Abrió con lentitud sus ojos, tenía la cabeza agachada así que lo primero que vio fueron sus translucidos cascos, casi invisibles sobre la rocosa y fría superficie gris. Levantó la vista emocionada y maravillada, empezó a mirar a todas direcciones y saltar por ahí cual potrilla en la mañana de Corazones Cálidos con una gran sonrisa. En nada estaba dando un rápido vuelo en círculos por el estrellado cielo, claro que al ser una especie de proyección astral no había mucho que sentir-¡Esto es fantástico!-Gritó emocionada empezando a reír muy alegre. Se elevó a una gran altura y se dejó caer de espaldas extendiendo ambas largas y hermosas alas. Terminó flotando apenas despegada del suelo por unos centímetros, reposó su cabeza sobre sus piernas delanteras, y se quedó apreciando la magnificencia de las estrellas, como solía hacerlo hace ya mucho tiempo con su hermana y su difunta madre, ahora estaba más cerca de ellas que nunca antes.
Después de todos estos años de estudios y práctica tras práctica fallida, al fin había alcanzado su objetivo y cada segundo valía la pena ¡estaba sobre la maldita luna! Desde los inicios de sus estudios con el legendario unicornio, Starswirl el Barbado, se estuvo preparando para hacerse cargo de su labor entregado tras la defunción del mencionado, el cual no se limitaría únicamente a levantar y descender la luna, para lo cual además necesitaba un gran conocimiento y dominio preciso sobre el tiempo, también se trataba de proteger a sus ahora súbditos no sólo en un plano físico sino también desde el reino de los sueños durante su noche. Y ahora que podía proyectar un ente astral desde la comodidad de su habitación hacia su amado satélite, como si su alma escapara de su cuerpo para dar unas vueltas por ahí, tenía un rango mayor de sensibilidad sobre estos.
Claro que en estos instantes eso no era lo que ocupaba su atención, oh no, tenía todo un nuevo lugar por explorar y majestuosas vistas por ver, además ella y su hermana habían traído una gran paz al reino después de los eventos de aquel monstro de la discordia, que, tras de la tormenta, y en parte gracias a toda la ayuda que ofrecieron al herido reino, las pesadillas se desvanecían exponencialmente día a día. La armonía había llegado para quedarse, al menos eso era lo que anhelaba creer. Se sentó sobre su flanco y depositó su mirada sobre el enorme planeta a sus pies, la vista no podía ser más perfecta, Equestria no podía verse más tranquila y ella no podía sentirse más satisfecha. Algo saltó a su lado, era una criatura con forma de conejo aparentemente hecha de neblina muy clara, Luna la miró sorprendida-¡Hey, así que también hay vida por aquí, eh!-Le sonrió antes de devolver su atención a su brillante hogar. Desde hacía mucho tiempo, por fin podía sentir que todo iría de maravilla.
Pero no podía estar más equivocada.
A la distancia una extraña criatura hecha de una neblina más oscura, negra, como polvo de la chimenea, con una aparente conciencia más desarrollada, observaba al nuevo visitante en su hogar, sus ojos rojos cual manzanas bien maduras, no se despegaban de ella y una macabra sonrisa, que dejaba ver sus afilados dientes, se extendía por todo lo que parecía ser su amorfo rostro.
Un momento en la eternidad.
Especial: las bestias de la luna.
Era medio día y el sol se encontraba en su punto más alto, Luna había aprovechado toda la mañana para darse una vuelta por el reino y ofrecerles un casco a los laboriosos pero cansados ponies ocupados con la reparación de sus hogares después de la batalla con el rey del caos que tuvo lugar en esos lares apenas días atrás. No podía haber comparación entre esa batalla y la simple advertencia que tuvieron contra Tirek que, gracias a la ayuda de su hermano, ahora se encontraba detenido en el Tartaro. A pesar del miedo y sufrimiento por el que paso toda Equestria, al final, aun después de que su retorcida realidad desapareciera, una vez convertido en una estatua de piedra hasta las venas con ayuda de los Elementos de la Armonía, la tragedia permanecía, pues muchos de los habitantes habían perdido más que un simple techo, y la princesa de la noche lo podía ver en los potros que eran tomados del casco y llevados a un lugar nuevo por los guardias reales. Mentiría si dijera que no le provocaban lágrima alguna.
-¡Princesa Luna!-Llamó su atención una pony terrestre algo llenita-¿Le molestaría ayudarnos con el techo? Mi esposo-Señaló al unicornio sentado sobre el pasto sobando su rodilla-se ha lastimado, por favor-Rogó y recibió como respuesta una sonrisa determinada de la alicornio después de que esta pasara su pierna por su rostro para limpiar sus húmedos ojos. Luna subió por unas escaleras de metal, utilizando su precisa y rápida magia levantó un martillo con el que clavo las hojas de paja sobre los tablones de madera que conformaban el techo de la casa de esa humilde familia asegurándose de que resistiera por tantas generaciones como fuera posible. Luna bajó de nuevo y fue recibida con agradecimiento por la pareja después de limpiarse el sudor de la frente, más por el calor que por el esfuerzo-¡Muchas gracias princesa, muchas gracias!-Estrecharon su casco y un pequeño potro apareció sosteniendo un plato sobre el que iba un vaso de limonada.
-Es para usted, princesa. Muchas gracias por su ayuda-La princesa acarició su melena con su casco y levitó el vaso hasta su boca. Lo devolvió a la familia y retomó su camino sonriéndoles mientras se alejaba. Voló mirando alrededor en busca de su hermana pero sin resultados satisfactorios. Era igual que aquella desgracia de hace ya tantos olvidados años, algo que aún le costaba entender pues hacía ya mucho tiempo que ella la había superado en magia, inclusive había superado a la Madame de Cascadour. Podría decir que le faltó apenas unos pasos para haber superado al más dotado de los unicornios, Starswilr. Ambos ya difuntos. Su madre estaría tan orgullosa como lo estaba Luna de Celestia, y era por eso mismo que no tenía excusa para no estar presente, pero por ahora, a Luna le entristecía pensar en todos aquellos que se han ido. Era cierto que la vida de los Alicornios estaba marcada siempre por la tragedia y a ella no le parecía justo. Definitivamente no lo era.
A lo lejos pudo ver un par de guardias ayudando a un ambulante pony a reparar la llanta de su casa carreta y decidió acercarse a ellos en busca de información-¡Ahí está señor!-Exclamó energético el pony terrestre haciendo girar la rueda sobre su eje con sus cascos mientras su compañero unicornio levantaba de lado la carreta para que él hiciera su parte del trabajo.
-Celestia los bendiga, Celestia los bendiga-Esas palabras incomodaron un poco a la alicornio que se acercaba despacio al lugar. Hizo una mueca de disgusto con la boca. El pony amarró su cinturón y retomó su viaje hacia rumbos desconocidos mientras los guardias se despedían con el casco en alto.
-Disculpen-Se acercó Luna-, ¿han visto a ti… la princesa Celestia por aquí?
-Buenas tardes princesa-Dijeron al unísono con cordialidad y respeto haciendo una reverencia correspondida-. La princesa ha dicho que tiene un asunto importante que atender en el castillo y ha permanecido ahí desde que levantó el sol-Informaron retirándose el casco para limpiar su sudorosa melena, inclusive ellos habían estado haciendo labor extra con el fin de regresar a Canterlot a sus mejores días.
-Gracias-Hicieron una reverencia de despedida mutua. Luna retrocedió un poco, extendió su alas y partió volando hacia el castillo mientras los guardias sólo miraban desde la tierra.
-¿Alguna vez te has preguntado cómo se sentiría ser un alicornio?-Preguntó a su compañero, aún con asombro por la majestuosidad que proyectaba una de sus gobernantes.
Volar entre las nubes siempre era de ayuda cualquier día para las hermanas gobernantes para tranquilizarse, pero este día no era un día cualquiera. Luna sobrevoló el castillo y notó algo extraño en el patio trasero, justo en el jardín, entrecerró sus ojos para definir mejor la borrosa imagen y entonces rogó a su difunta madre que lo que estaba viendo no fuera real. Decir que estaba furiosa era poco, descendió agresivamente enfrente de los guardias que tenían los cascos llenos y los encaró con desaprobación:-¡¿Qué creen que están haciendo?!-Gritó escupiendo pequeñas perceptibles gotas de saliva, los guardias bajaron el pesado objeto e hicieron una reverencia asustados, temblando de nervios ante la ira de una de las ponies más poderosas y se volvieron a levantar aún más nerviosos-¡Explíqueme!-Dio un paso hacia ellos.
-¡Princesa Luna!-Finalmente alzó la voz uno de ellos, ambos eran ponies terrestres, sólo ellos tendrían la fuerza para ocuparse de tal objeto-¡Ha-ha-han-Si no hubiera sido por la intimidante figura política delante de sus narices, su compañero ya se habría orinado de la risa por su tartamudez-, han sido órdenes directas de la princesa Celestia!-Se defendió.
-Sí, ella misma en persona nos ha pedido hacerlo-La apoyó su acompañante.
Su actitud cambió de la nada a una de incredulidad por lo que escuchaba-¿Tia?-Dijo en un susurro y regresó al cielo más rápido que antes permitiendo a los guardias desplomarse al verde pasto. Bajó frente a las grandes puertas principales de su nuevo castillo y las abrió con ayuda de su magia tomando por sorpresa a los guardias del interior quienes empuñaron sus armas veloces como rayos pero volvieron a guardar aún más velozmente al darse cuenta de quién era-¡Tia!-Gritó atrayendo la atención de la pony que deseaba, ella se encontraba en la plataforma encima de las escaleras principales dando instrucciones a sus guardias, y una vez que partieron volteó hacia su hermana y le ofreció una sonrisa. Comenzó a bajar las escaleras, con su habitual elegancia, para acercarse a su hermana menor al igual que esta avanzaba hacia ella con las mismas intenciones.
-Buenas tardes hermana, ¿qué es lo que te tiene con ese humor después de nuestra victoria contra el tiránico Discord?-Preguntó en realidad en un tomo muy entusiástico pero por su parte, Luna se sintió como si le escupieran en la cara, frunció el ceño y entrecerró aún más los ojos dejando caer el peso de sus enojadas cejas sobre ellos.
-¡Pues eso mismo! ¿Qué carajos hace esa estatua aquí? ¡¿En nuestro jardín?!-Lo dejo caer como bomba, Celestia fue tomada por sorpresa, había estado tan ocupada que creía que le había avisado sobre el asunto, pero en lugar de pedirle disculpas al respecto le reprendió por su vocabulario.
-¡Luna, cuida ese lenguaje!-Su expresión facial lo dijo todo, levantó su pierna delantera e hizo una seña para que los guardias se retiraran del lugar.
-¡A la mierda con el lenguaje!-Algunos guardias alcanzaron a escuchar eso y se sonrojaron al conocer esa faceta de la princesa menos presente en el reino. Celestia no pudo sentirse más estúpida, regresó sobre sus pasos y tomó asiento en el primer escalón y extendió su ala derecha pidiendo a su hermana que la acompañara quien lo hizo de muy mala gana. Se había esforzado tanto en enmendar sus lazos con ella después de todos sus problemas en la infancia que simplemente no podía permitir que ese problema tirara a la basura todo su progreso.
-Discúlpame hermana-Cruzó sus ojos con ella-, parece que he olvidado mencionártelo. He estado ocupada toda la mañana y…-Luna no cambiaba esa expresión muerta en absoluto, eso no era lo que quería oír-, ah-Exhaló-. Debes saber que… han sido órdenes de ellos-Dudó sobre si debía o no mencionar lo último, Luna sabría muy bien a quiénes se refería y eso no ayudaba en nada a tranquilizarla.
¡Debió haberlo sabido!, ¿o no? Siempre eran ellos, esos desgraciados bastardos-¡¿Ellos?! ¡¿Sigues siquiera reuniéndote con ellos para escuchar toda la basura que dicen?!-Preguntó más enojada si es que era posible levantándose de su lugar y aventando los cascos por todas direcciones-¡¿Por qué crees que su opinión vale aunque sea una herradura?! ¡Ellos no deberían tener más poder de decisión sobre Equestria que tú!-Presionó su nariz contra la yegua de pelaje blanco-Pero parece que a ti te da igual y sólo sigues dándoles más y más poder y control sobre el reino, como si ni siquiera tuvieras el valor para gobernar-Eso le llegó a Celestia, sus dientes rechinaban por la fricción, su cuerpo entero se tensó al oír las últimas declaraciones de su hermana y por desgracia muy en el fondo sentía que ella tenía toda la razón-¿Qué dijiste?-Preguntó al escuchar a penas un susurro provenir de sus labios.
-Dije-Aún en un susurro-¡que si no te gusta gobiernes tú!-Se había excedido, pero ahora la yegua de pelaje azul oscuro ya no tenía la posibilidad de dar vuelta atrás-¡Hazlo, toma el trono y haz lo que se te venga en gana con el reino!-Se levantó y caminó hacia su habitación. Luna levantó su casco en desinterés y salió volando atravesando una ventana quebrándola por completo. Celestia galopó y miro por la ventana sin cristal por la que entraba toda la luz del día y grito:-¡Luna!-Ella ya se encontraba lejos.
Movía sus pezuñas frente a ella como si fueran títeres:-¡Pues gobierna tú si no te gusta!-Decía en una voz chillona agitando su casco izquierdo-¡Ajajajaja!-Levantó su espalda de la nube donde estaba recostada y recuperó su auténtica voz-Como si no pudiera-Dijo en un molesto susurro.
-¡Princesa!-Un pegaso apareció detrás de ella y volando se las arregló para hacerle una reverencia-Siento importunarla, la princesa Celestia-Giró los ojos al escuchar el nombre- desea que llevamos todas las nubes a la ceremonia de esta tarde-Luna agacho la vista mirando a la nube donde se encontraba postrada.
-Las lágrimas del cielo-Susurró perdida en sus recuerdos.
-Disculpe-La llamó el miembro de la patrulla del clima.
-Así solía llamarlas mi… la princesa anterior: lágrimas del cielo, una pequeña lluvia en forma de homenaje a los ponies caídos en grandes tragedias.
-En efecto, así es como se solía hacer en los viejos tiempos, el grupo de control del clima cargaba las nubes con una muy ligera lluvia para mostrarles que el cielo acompañaba a los habitantes en sus momentos de dolor-Ilustraba moviendo sus cascos por los aires- ¡digo!, usted sin duda debe saber sobre eso mejor que yo-Empezaba a notarse nervioso-, pero debo tomar esa nube para llevarla a la Cloudsdale y cargarla como las demás. La princesa Celestia ha insistido en que todas las nubes del Canterlot deben estar listas para esta misma tarde.
Luna empezó a aletear levantándose de la nube y con el viento que provenía de sus fuertes alas acerco la nube al pegaso-¡Soldado!-Lo llamó y saludo con su pierna delantera-Continúe con el buen trabajo-Dejo confundido al pegaso que decidió no romperse más la cabeza con el extraño comportamiento de su gobernante, levanto los hombros, y partió hacia su hogar no sin antes ser detenido por la misma femenina voz:-. Oh, y muchas gracias.
A diferencia de los demás ponies políticos, Luna se encontraba sentada en las sillas de la última hilera, nunca le había gustado estar en los funerales y ese día había demasiados ataúdes en frente para su gusto. Levantó la vista, el equipo del clima estaba casi listo y los últimos habitantes estaban llegando dejando ni una silla desocupada, la tristeza podía sentirse en la atmosfera. Cuando los pegasos bajaron del cielo y tomaron asiento en la segunda fila de en frente, Celestia apareció frente de todos y comenzó a hablar cuando las primeras gotas cristalinas caían al suelo:-¡Queridos habitantes de Equestria!-Su boca se secó al ver a Luna a la distancia. Humedeció sus labios con su lengua y cerró y abrió lentamente los ojos antes de continuar-Los últimos días, los últimos días han sido días oscuros para el reino, y para cada habitante, todos hemos sido puestos a prueba por un terrible enemigo y perdido mucho en la batalla-Madre sabría que decir pensó-, inocentes ponies perdieron más que su hogar, perdieron su vida de una forma muy injusta por el capricho de un malvado ser y por, por mi imprudencia-Su voz era cortada-, hace ya años le prometí a mi madre que los protegería a todos y a cada uno de ustedes y yo fui muy lenta, no he sido lo suficientemente fuerte para defenderlos-Sus ojos se humedecían-. Temo que les he fallado a todos, desde mi hermana-Luna abrió los ojos en sorpresa y sintió un gran sentimiento de culpa aparecer en su interior junto con empatía por el estado de su hermana, ella era igual de responsable del estado actual del reino- hasta cada uno de ustedes. Lo siento tanto-Su mirada se postró en sus habitantes, y cuando llego a la pequeña potrilla en la tercer hilera que lloraba sin nadie para consolarla sintió su corazón quebrarse-. Lo único que puedo decir es que estas pérdidas no fueron en vano y mucho menos serán olvidadas, tenemos que ponernos de pie de nuevo y continuar, continuar en su nombre en búsqueda de días más brillantes, llenos de esperanza por un mejor mañana y lo menos que puedo hacer por ellos ahora es levantar el siguiente tributo para que nadie olvide sus nombres-En la punta de su cuerno se prendió una luz dorada y la lona negra a su espalda se rodeó de una aura del mismo color levantándose y dejando al descubierto una gran roca brillante color negro con los nombres de los fallecidos tallados encima en color blanco, teniendo aún un gran espacio en blanco que podía ser o no utilizado en un futuro-, gracias.
Las gaitas comenzaban a tocar mientras los fuertes ponies terrestres sujetaban entre sus dientes las gruesas cuerdas con las que descendían los féretros debajo de la tierra, y una vez terminado cambiaban las cuerdas por las palas metálicas con las que arrojaban la tierra de vuelta cubriendo los agujeros dejados atrás. Los habitantes miraban a los lados, hundidos en llanto como el cuerpo de sus parientes se iba lejos. Celestia, después de haber dado sus condolencias a los presentes se esfumó de la escena dejando únicamente a Luna quien se cubría de la lluvia bajo las ramas de un árbol incapaz de acercarse a sus súbditos, ni siquiera a darles su sentido pésame, por todo un remolino de emoción conformado por culpa, tristeza, dolor y vergüenza. Y estos aumentaban su peso encima de ella al ver a una pequeña potra de un pelaje de suave color rosa y melena anaranjada siendo la única frente a aquella lápida sin nadie más alrededor. Ella le parecía muy familiar pero no podía recordar de dónde.
La suave lluvia continuaba cayendo mientras que la mayoría de los ponies marchaban de regreso a su hogar, apoyados por otro familiar, pero ella no, esa pequeña potra terrestre seguía llorando sin importarle sus hinchados ojos frente a la tumba de su familiar. Mientras los habitantes despejaban el lugar Luna finalmente tomaba algo de valor para acercarse y brindarles el refuerzo moral que necesitaban de parte sus gobernantes.
Estaba demasiado destrozada para prestar atención a su alrededor, inconsciente del tiempo que pasó llorando, levantó la vista para darse cuenta de que estaba acompañada únicamente por las finas gotas de agua que provenían del cielo en aquel frío lugar que de repente, desaparecieron, miró hacia el cielo para encontrarse cubierta por una gran ala oscura perteneciente a la princesa de la noche, se giró y los húmedos ojos de ambas se encontraron, la pequeña algo intimidada por la alicornio, retrocedió un par de pasos quedando bajo la lluvia de nuevo:-Tranquila, está bien-Volvió a acercarse a ella-, soy la princesa Luna-La pequeña se sonrojó y oculto su rostro agachándolo-. ¿A quién perdiste?-Preguntó mirando a la ahora cubierta por tierra, tumba.
-A…-Dudó un poco, era comprensible, ahora estaba sola- a mi mami-Las pupilas de la alta yegua se dilataron hundiéndose a ella misma en la culpa y en las profundas memorias de su niñez.
-¿Cómo te llamas?
-Sweetflavor Heart-Respondió luchando por retener sus lágrimas dentro pero fue en vano pues cuando sintió los cálidos cascos rodearle y las largas alas cubrirle se desplomó en el llanto acompañada por la princesa Luna, se aferró al pecho de esta y las lágrimas de ambas se perdían en medio de la lluvia.
A pesar de las insistencias de la mayor por salir de ahí, en cada ocasión cedió ante la suplicante mirada de la menor por permanecer ahí más tiempo-¿Cómo lo haces?-Preguntó maravillada ante lo que veía.
-Es el deber de una princesa-Contestó con un gesto de concentración, con la lengua de lado fuera de los labios-, una alicornio tiene el potencial de alcanzar la magia suficiente para levantar algo así de grande, grande y hermoso como la brillante luna. ¿Te gusta?-Volteó a verla con un gesto gracioso terminando su labor de levantar el satélite que ilumina en las altar horas de la noche.
-Me parece impresionante-Sus ojos brillaban con esperanza, algo que alegraba mucho a Luna.
A lo lejos pudo ver a un pony acercarse, vestía la armadura de la armada real así que se imaginó que Celestia podría necesitarla-¿Te ha enviado mi hermana?-Lo interrogó cuando ya se encontraba frente a ella. Él hizo una reverencia y negó con la cabeza.
-He venido por esta pequeña señorita, princesa-Le ofreció una amable sonrisa-. La princesa Celestia ha pedido que sea llevada a un lugar donde se le darán los cuidados necesarios, estará junto con otros niños…-Tragó saliva- que se encuentran en su misma situación.
-Aún no me quiero ir-Chilló trotando velozmente para ocultarse tras las largas piernas de la alicornio-. Por favor, no dejes que me lleven, no aún-Suplico casi volviendo al llanto y mirando de vuelta a donde ya hacía el cuerpo de su madre.
-Sweetflavor, ya es muy tarde y será lo mejor, deber ir allá, seguro debes tener hambre-Intentó animarla dándole la más maternal de las sonrisas que pudo, difícil al no tener nada de experiencia en eso-, confía en mí, ellos cuidarán bien de ti-Se puso a su altura y levanto su mentón con su casco-. Además, te prometo que tan pronto me diga mi hermana a dónde te enviarán, te visitaré.
-¿Lo prometes?-Su llanto disminuyó.
-Lo prometo.
La pequeña Sweetflavor subió al carruaje después de que el guardia le abrió la puerta y una vez asegurado de que fuera cómoda, tomo el cinturón y galopó jalando el carruaje detrás de él, Luna sólo los miraba marcharse antes de también tener que volver a casa con su hermana. Ambas tendrían mucho de qué hablar. Por otro lado, la lluvia no parecía anunciar su final a lo largo de esta noche.
Ambas puertas de la sala de estar se abrieron a la par sin inmutar a la alicornio de mágica melena colorida que bebía una copa de vino de cereza sostenida por su magia-Dime hermana, ¿soy una mala gobernante?-La única iluminación en la habitación provenía del fuego en la chimenea. El lugar se mantuvo en silencio, Celestia volvió a su bebida cuando sintió un peso encima y unas piernas rodeándole el cuello de la espalda enfrente y la responsable llorar sobre su lomo.
-No, no lo eres Tia-Habló después de unos minutos-, madre estaría orgullosa de ti-Los ojos de la yegua del día y el sol se humedecieron ante las palabras, giró su cuerpo y devolvió el abrazo a su hermana menor ambas compartiendo un reconfortante llanto, con su temprana perdida, ninguna fue advertida de las duras consecuencias emocionales que traerían el ser las princesas de un inmenso reino que se extendía más allá de donde alcanzaban a ver los ojos. Un reino que podía ser más frágil de lo que cualquiera podría llegar a pensar. En el camino a casa, Luna se reprendía a sí misma tras analizar la crudeza de la situación y las palabras que su hermana había dicho en la ceremonia. Fue injusto de su parte pensar que ella no estaría consternada y más que todo, que la culpa del ataque del rey de la discordia recaía por completo en ella.
Ambas se encontraban recostadas frente al calor del fuego, hablando:-No es mi intención arruinar el ambiente Tia, pero necesito saber ¿cuánto tiempo más los seguirás escuchando?
Celestia sabía que sería imposible huir más de ese tema y estaba lista para encarar a su hermana al respecto:-¿Sabes lo que han visto? Luna, ellos han estado con nosotras desde ese día, apoyándonos y cuidándonos. Guiándonos para gobernar Equestria en nombre de mamá. Se preocupan tanto como nosotras o más inclusive por el reino con todo lo que ven.
-Y sin embargo no suelen interferir hasta que se les apetece-La interrumpió-, ¿de qué les sirve tener ese don si lo desperdician en estúpidos acertijos? ¿Tú crees que mamá hubiera estado de acuerdo con sus métodos?
-Creo que mamá hubiera sido lo suficientemente sabia como para al menos detenerse a escucharlos.
-¿Escuchar qué? ¿Que debemos poner estatuas de monstruos en nuestro jardín? Mamá hubiera enloquecido al escuchar eso-Río un poco recordando los viejos tiempos cuidando el jardín de su madre, uno de sus tres orgullos. Celestia río por lo bajo también-No sé si mamá se hubiera detenido a escucharlos Tia, pero ahora somos nosotras quienes están al mando ahora y quienes deben tomar las decisiones, no esa banda de lunáticos. No les debemos nada. No les debes nada hermana mía. Te lo ruego por favor-Arqueó las cejas cruzando miradas-, corta lazos con ellos-La expresión de la de pelaje blanco lo decía todo-. Es demasiado que pedir ¿cierto?-Se levantó.
-¿Adónde te diriges hermana?-Preguntó preocupada por ella tras su inconcluso debate.
-Ah, por una copa de ese vino. Se ve de buen gusto-Escuchar eso tranquilizó un poco a Celestia. Se acercó a la pequeña mesa junto a la ventana donde se encontraba la botella de vidrio junto a una copa extra que lleno utilizando su magia. La levantó a la altura de sus labios y bebió mientras miraba a través de la ventana, por la que se deslizaban las últimas gotas de lluvia, hacia el jardín donde se encontraba ya acomodada la estatua de la criatura conocida por ellas como Discord-Al menos dime que tienen un límite en sus peticiones.
-Nunca los dejaría hacer algo que atiente contra el equilibro del reino ni mucho menos que amenace con la vida de un solo ciudadano, sin importar cuál sea el fin. Te lo juro hermana. Su rol en este reino no irá más allá de sus predicciones.
Luna humedeció sus labios antes de volver con ella, sabía que sería imposible distanciarla de ellos de un momento a otro y al saber de quiénes se trataba mucho menos lo sería el hacerles frente para alejarlos de Equestria, al menos no ella sola-Pero por tu parte parece que hiciste una nueva amiga-El comentario la ofendió, a veces le hacía falta un poco de tacto.
-Perdió a su madre Tia.
-Lo sé, por eso fue fácil entender por qué permaneciste ahí tanto tiempo con ella. Permitir a los fantasmas del pasado volver a tocarte no te hará ningún bien hermana-La consoló.
Una lágrima bajo despacio por su mejilla-Vas a ayudarla ¿cierto? No puedes dejarla sola ¡debe haber alguien allá afuera!-Empezaba a alterarse y a asustar a la otra princesa.
-¡Tranquilízate hermana!-Se puso de pie preocupada-Tienes razón, perdió a su madre, pero debe haber alguien allá afuera que le ofrezca la seguridad de un techo, y te prometo que si es necesario moveré cielo y tierra por encontrarlo. La ayudaré como ayudaremos a todos los demás habitantes a recuperarse. ¿Cuándo te he fallado?-Tranquilizando su respiración sabía que ella tenía la razón, aún en estos tiempos a aquellos que no recuperaban aún su lugar les ofrecía un cuarto en algún albergue por la noche para al día siguiente regresar apoyados por los guardias reales a terminar de reparar sus hogares.
-… ¿Adónde la enviste?
Y como lo había prometido, tan pronto se enteró de dónde se encontraba la pequeña potra la princesa Luna se presentó a visitarla. Pudo verla llegar volando desde la ventana y al momento saltó emocionada al verla mantener su palabra. Galopó a la entrada del lugar y con caso omiso a la yegua de edad avanzada que le pedía que se controlara-¡Princesa Luna!-Se abrazó a sus piernas y se despegó rápidamente avergonzada al pensar que la había insultado-Lo siento-Dijo en voz baja.
-Oh, ven aquí-La abrazó y levanto en sus cascos haciéndola reír. Entraron al temporal cuarto que ocupaba Sweetflavor en el alberge de cuidado infantil el cual si no mal recordaba había sido construido con la ayuda de ambas princesas antes de una fiesta en honor a la princesa anterior-Cuéntame Sweetflavor, ¿cómo ha ido tu estadía por aquí? ¿Te han tratado bien?
-No hay muchos niños pero los pocos que hay son muy amables y compartidos, excepto ese Billy Gummybeans, en la cena de anoche jaló mi banquillo cuando me iba a sentar-Se quejó haciendo un tierno puchero que conmovió de inmediato a la princesa.
-Hey, tranquila, apuesto a que lo hace porque le gustas-Le guiñó un ojo pero la pequeña hizo un gesto de disgustó.
Ambas yeguas pasaron el resto de la tarde juntas, la pequeña le mostraba los juguetes que le habían prestado entre ellos uno que siempre había querido:-Siempre le pedía este peluche en mis cartas a Santa Hoof en cada noche de Corazones Cálidos, pero nunca me lo trajo. La señorita Delaiah dijo que podía conservarlo-También le contaba historias de sus días favoritos que había pasado con su madre y en ello delató la posibilidad de que su padre aún estuviera por ahí:-. Esa noche papá salió dela casa, mamá tenía unas lágrimas en los ojos pero dijo que sólo iba al "pud" o algo así por una taza de sidra. Aunque no regresó mamá y yo comimos helado en lugar de la cena esa noche-Terminó su relato un poco más animada y mientras el tiempo seguía su curso, Luna notó algo que empezó a molestarla.
-Sweetflavor, ¿aún no has conseguido tu Cutie Mark?-La pequeña miró a su flanco antes de responder.
-Sí, mamá iba a ayudarme a empezar a buscar mi talento especial cuando todo empezó a ponerse raro alrededor y entonces esa cosa tan rara se levantó en el cielo y ella y yo corrimos…-Luna cubrió su boca con su casco evitando así que volviera a llorar para después reconfortarla con un abrazo.
La pequeña quedo exhausta en poco tiempo, lo último que hicieron en el día fue subir al techo del edifico para que Sweetflavor pudiera ver de nuevo como la princesa elevaba su monumento a la noche. Quedo dormida en su regazo. La princesa la levantó en sus piernas, la bajo a su cuarto y recostó en la cama y cobijo como recordaba que su madre solía hacerlo con ella. Antes de finalmente retirarse le dijo sus últimas palabras:-Mi mami solía contarme un cuento en las noches antes de dormir, tonta de mí que olvidé el libro, igual parece que ya no tenías energía. Pero hoy fuiste tú quien me contó muchas historias antes de dormir, Sweetflavor, gracias, lo menos que puedo hacer por ti es dejarte un pequeño regalo-Acercó su cuerno a la frente de Heart y la iluminó con su magia:-, sueña con tu madre querida amiga-La menor sonrió entre sueños llenando de alivio el alma de la aún atormentada alicornio. Beso su frente y desde el umbral de la puerta susurró:-. Buenas noches.
¡Lo había logrado! Y su emoción demostraba cuán satisfecha estaba. Pasado los últimos días finalmente Canterlot estaba de pie de nuevo y los habitantes estaban felices y satisfechos. Tanto ella como su hermana habían dado su parte y en las noches ella se había dedicado a practicar su última gran hazaña que de hecho, había comenzado a desarrollar desde que estaba bajo la tutela del legendario Starswirl el Barbado, proyectarse en la Luna. Sabía cómo hacer ese tipo de proyecciones, pues era su forma de viajar fuera de su cuerpo y cuidar a sus habitantes en las noches, pero tenía que recorrer casa por casa sintiéndose incómoda por invadir la privacidad de sus súbditos en muchas ocasiones de forma innecesaria, ahora desde la gran roca su rango de vigilancia sobre los sueños y detección de malos sueños era mayor, claro que estos últimos con el trascurso de los días después de la tormenta estaba descendiendo en números. Y desde ese lugar podía vigilar a su pequeña amiga que cada noche seguía disfrutando del regalo que le había dejado, y soñaba con los días pasados con su madre. Sin embargo ella no era la única vigilante, de las profundidades de la luna algo estaba emergiendo y vigilándola en cada una de sus visitas. Lo que fueran esos seres, que aumentaban en cantidad cada noche, eran atraídos por un aroma que ella emanaba aun a pesar de que se trataba de una simple proyección.
"Está despertando."
-¡Luna!-Entró trotando una emocionada Celestia dentro de la habitación de su hermana despertándola asustada.
-¡Ahhhh, Tia! ¿Qué pasa contigo?-Se levantó con la respiración acelerada.
-Llegó esto esta mañana, creí que te encantaría ver la noticia y estar ahí presente-Saco de un bolso un sobre que entregó a su hermana con sus dientes-. Oh, y espero que no te moleste que lo haya abierto. No tenía destinatario-Luna aún estaba encamorrada así que no comprendía del todo la emoción de su hermana.
-Sí, seguro, está todo de lujo-Afirmó tallándose su ojo izquierdo con su casco.
-Bueno hermana, te dejo sola. Y ya que no hay ninguna labor importante para desempeñar tienes mi total autorización para estar ahí.
-Sí, sí, lo que tú digas-Le arrojó una almohada-. Ahora sal de mi habitación, yo no te molesto cuando estás durmiendo-Cerró de nuevo las puertas con su magia, misma con la que levantó el sobre y retiró la carta que venía dentro. Sus ojos se abrieron en emoción y saltó de alegría volando por toda su habitación. Tomó un rápido baño y salió del castillo observada por una sonriente Celestia.
Descendió justo en frente del albergue donde ya hacía su pequeña amiga y en el lugar se encontró con la vieja Delaiah a la que se acercó feliz para preguntarle por Sweetflavor:-¿Es cierto lo de carta? ¿Encontraron a su padre?-Preguntó con una sonrisa.
La vieja yegua se acomodó los lentes sobre el puente de su nariz para aclarar la imagen de la pony que tenía en frente:-¡Oh! Princesa Luna, qué agradable verla por aquí de nuevo-La velocidad de la encargada del lugar llegaba a impacientarla-. Sin embargo llega tarde, la pequeña pony ha dejado ya el lugar hace unas horas.
En su rostro podía verse la decepción de no haber estado presente-Oh, qué lástima-Suspiró-, pero tiene registros ¿no? ¿Cree que podría visitarla?
-Vaya que los tengo-Dijo en un tono jovial-, pero no tengo permitido compartirlos y sé que usted no querrá abusar de su poder ¿verdad princesa?
-No, por supuesto que no-Contestó resignada partiendo del lugar.
Desde la inmensidad del espacio Equestria reflejaba la misma tranquilidad que sus habitantes vivían. Sin embargo Luna tenía los ojos cerrados, concentrada buscando entre los sueños de los habitantes a su querida amiga para asegurarse de que se encontraba sana y salva en su nuevo hogar. Costo horas de esfuerzo hasta al fin dar con el sueño que ansiaba ver, era de la pequeña potra junto con su madre corriendo entre las hojas de otoño, riendo y disfrutando juntas. Era sencillo para ella identificarse y sentirse conmovida. Una vez que la tenía ubicada hizo un seguimiento sobre ella como si se tratara de un ángel guardián que esperaba que tras aquel duro golpe, recibiera un nuevo, reconfortante y protector amor en compañía de su padre. Según datos que le había comentado Celestia, los padres simplemente tenían de esas habituales riñas entre matrimonios causa de que terminaran separándose, nada de qué preocuparse. Aun así ella decidió mantenerse atenta a ella, cuidándola desde sus sueños.
Para su desgracia de una noche a otra los sueños de Sweetflavor se convirtieron en pesadillas inconclusas, interrumpidas por algo del mundo físico, que la sacaban de concentración con una agitada respiración. Estaba empezando a preocuparse pues se volvían más constantes noche a noche. Se levantó mirando a las estrellas, sus pupilas se dilataron al sentir esa pesada respiración sobre su nuca-¿Qué es lo que te preocupa, querida princesa?-Volteó asustada por la gruesa y profunda voz, encontrándose con una densa y gigante criatura hecha de una muy oscura niebla-Oh, lo siento mucho-Su mirada estaba llena de disculpas-, ¿te asuste? No era mi intención, yo solo-
Lo interrumpió-¡¿Quién eres tú?!
-Yo, nosotros somos los habitantes de la luna, nos encargamos de cuidar a estas pequeñas criaturas-Levanto entre su mano un conejo hecho de una niebla más clara parecido al que vio la princesa el primer día que estuvo ahí.
-¿Nosotros?
-¡Oh, sí, somos toda una comunidad!-Exclamó alegre-Nos cuidamos entre nosotros como una familia, y cuidamos a estos pequeños también, hay cientos de ellos por ahí.
Controlando sus signos vitales retrocedió a las palabras de la criatura y preguntó:-¿Cómo sabes quién soy y qué estoy preocupada?
Se posicionó a lado de ella observando al planeta-Así como tú, podemos observarlos desde aquí, además de sentir tus emociones, emanas un gran amor maternal ¿tienes hijos princesa? Nosotros somos seres asexuales, dudo que alguna vez tengamos la posibilidad de sentir tal sentimiento.
-No, no tengo hijos.
-Entonces debe ser un ser muy especial para ti.
-Sí, y algo está mal con ella-Se acomodó a su lado, compartiendo la vista, completamente desconfiada.
-Es una bella vista ¿no lo cree?-Dijo con una voz soñadora.
Las imágenes de los sueños de Heart que cambiaban de picnics con su madre a ella sola en un oscuro bosque regresaban a su mente una y otra vez a lo largo del día. Esa noche no iría a la luna, tenía otros planes.
Con toda su preocupación concentrada, voló por la noche a las calles más humildes de Canterlot, miró por cada ventana hasta hallarla y entonces pudo ver cómo se movía de un lado al otro en la cama, sudando, aterrada por las imágenes en su cabeza, iluminó su cuerno efectuando un hechizo sobre ella que logró tranquilizarla con facilidad, sin embargo había algo más, tenía que descubrir qué era lo que interrumpía sus sueños. Detrás de su cama vio algo muy curioso, la entrada estaba atascada por una silla de madera con libros encima. Apenas segundos después la pequeña potra se levantó alterada alzando sus orejas, el ruido de los cascos acercarse era claro hasta para la princesa. La puerta de madera resistió el brusco golpe, sin quebrarse, al ser abierta por nadie más que el padre de la pequeña, la golpeo con la fuerza suficiente para arrojar lejos la silla y dejar botados los libros por el suelo. El grande pony terrestre tenía una mirada llena de una indescriptible maldad. Avanzó lentamente hacia la cama de su hija, disfrutando escuchar de sus suplicas llenas de un amargo y desesperado lloriqueo-¡Por favor papá, no de nuevo, por favor!-Delatando que no era la primera vez que pasaba-¡NO!-Gritó desesperada. Luna, horrorizada por lo que pasaba dentro de la habitación voló lo más lejos posible ocultándose en el campo donde vomitó lo que había cenado y empezó a llorar y gritar al viento.
-¡Tia, despierta!-Tocó la puerta una y otra vez-¡Por favor!, ¡ayúdame!-Se dejó caer sobre la puerta reteniendo los últimos líquidos que su estómago pedía expulsar.
-¡Luna, ¿qué sucede?!-Abrió la puerta alterada por los amargos gritos de su hermana.
-¡Es ese pony!, ¡está abusando de ella!-Tomó el rostro de la yegua blanca entre sus pezuñas-¡Por favor, detenlo!
El par de guardias sin darle importancia derribaron la entrada principal del lugar-¡¿Qué demonios les pasa?!-Frunció el ceño-¿David? ¿Matt?-Reconoció a los guardias reales. La princesa Celestia se abrió paso entre ellos-¡¿Princesa Celestia?!, con todo respeto ¿qué clase de interrupción es esta y a tan altas horas de la noche?
-¿Soldado Dryfield?-Preguntó escéptica.
-Sí, soy yo, y si ya acabamos con las introducciones ¿a alguien le molestaría explicarme que putas mierdas está pasando aquí?-Preguntó realmente molesto y ofendido.
-¡Calla tu sucia boca, ser asqueroso!-Regañó la princesa Luna entrando a la casa, aún viéndose muy débil y mareada-¡¿Dónde está?!
Celestia examinaba a la pequeña Sweetflavor con su magia, a la par que le hacía unas cuantas preguntas dentro de su habitación mientras los guardias y Luna cuidaban de su padre en la habitación principal.
-En serio princesa, hemos trabajado con él muy de cerca, y nunca ha dado señas de ser, bueno, un pedófilo-Susurraba uno de los guardias a lado de la princesa que recibía una desafiante mirada de su prisionero.
Celestia regresó con los demás-Luna, el lugar está limpio, ella está bien y me ha confirmado que no ha pasado nada malo-La yegua de pelaje azul oscuro arqueo sus cejas.
-Eso no puede ser, sus sueños, se han estado convirtiendo en pesadillas que no duran mucho tiempo y yo, ¡yo lo vi!
-Y el pervertido soy yo-Se burló Dryfield provocando que la yegua de la noche apareciera frente a él presionando su nariz y mirándolo con un incontenible odio, trotó de regreso a su hermana intentando ir con su protegida pero Celestia la detuvo.
-¡Hermana, debes dejarla en paz!
-¡Sweetflavor, por favor, podemos parar esto, sólo diles la verdad!-Le rogaba a la potrilla que sólo respondía negando con la cabeza. Ella podía sentir su miedo.
-¡Luna!-Gritó Celestia reprimiendo a su hermana y castigándola con una desaprobatoria mirada-Discúlpanos Dryfield, alguien no ha estado en sus cabales los últimos días-Con su ala extendida arrastro a su hermana fuera del lugar.
-No se preocupe princesa, sólo espero que mantenga a esa entrometida lejos de mi casa ¡y de mi hija!.
-¡Jodete!-Le gritó Luna en respuesta empujando a su hermana devuelta para enfrentarse de nuevo al pony terrestre.
-Tú no deberías tener ni siquiera poder sobre el reino, sólo deberías ser una sirviente más de la princesa Celestia-Le escupió en la cara.
-¡Dryfield!-Levantó la voz Celestia-Tú-Apoyó su ala sobre el pecho de Luna-, regresa al castillo. Y tú, vuelve a casa y espero que nunca vuelvas a ofender a la sangre real de tal manera si no quieres que te separe de tu hija y retire tu trabajo-Los guardias acompañaban a Luna hacia el exterior del lugar.
-¡¿Lo ve princesa?! Es la molesta de su hermana quien trae la discordia a este reino-Dijo siguiéndolos al exterior.
-¡Dryfield!-Volvió a reprenderlo.
-Nah-Se dio la vuelta y entro a su casa cerrando la puerta de golpe.
-¡¿Eso es todo?! Ese asqueroso hijo de puta violó a su hija y ¿tú simplemente lo dejarás ir?-El ofensivo lenguaje tomó por sorpresa a ambos guardias. Celestia les hizo una seña para retirarse dejando a ambas solas.
-¡No debiste haber invadido la privacidad de su hogar en un principio, los sueños podrán ser tus dominios y reino donde proteger a los súbditos, pero en el mundo real yo soy quien dicta lo qué está bien y lo qué no!-Cerró su mandíbula abierta apenas evitando quebrarse un diente y enojada voló lejos de su hermana hacia la oscuridad de la noche.
-¡Esa alicornio estúpida, ciega pedazo de…¡ ¡Arghhh!-Se desahogaba pateando sin levantar nada de polvo sobre la luna-¡¿Por qué no puedes escucharme por una vez?!
-Parece que alguien está muy molesta.
-¿Qué haces tú aquí?-Se alejó de él.
-Emociones ¿recuerdas? Y las de esta noche vaya que son fuertes-Se movió como si fuera parte del viento apareciendo de nuevo frente a la furiosa alicornio-. ¿Qué pasó con aquel ser especial para ti?
-Apártate de mi camino-Mostró amenazante sus dientes.
-¡Por favor! No eres más que una proyección, puedes atravesarme sin esfuerzo alguno-Levantó su mano y la cruzó por el rostro de la yegua haciéndola molestarse aún más-¿lo ves?-Siguiendo su consejo lo atravesó y continuó su andar molesta refunfuñando entre dientes-¿A quién engaño princesa Luna?, ese aroma proveniente de tus emociones exudadas es tan atrayente que te propondría matrimonio en estos mismos instantes si tuviera un anillo.
-Aléjate de mí-Se sentó dándole la espalda.
-Tranquila, no necesito que me cuentes nada, los observo igual que tú. Diría que alguien no está prestando atención.
-¿Entonces por qué me estás jodiendo? Piérdete antes de que yo lo haga.
-¿Quieres saber por qué? Porque te conozco, tú no eres así. La dulce y pequeña Luna, hijita de mami que creció imponiendo su sombra sobre su hermana ¡oh, pero cómo cambian los roles! Ahora tú estás en la sombra, lo que es injusto porque Celestia no tiene el poder que tú tienes, ella no podría saber los problemas por los que los habitantes están pasando aunque se lo dijeran a la cara, pero tú…
-¡¿Qué mierdas quieres?!-Se paró frente a él exhalando humos por la nariz.
-Ayudarte-Le sonrió y la expresión de luna cambió como si ese misterioso ser que apenas y conocía proyectara una gran confianza en ella.
-¿Dónde estamos?-Preguntó mirando a su alrededor. Se encontraban en una parte de la luna, rodeados por pilares de roca levantados sobre un hoyo en la superficie del satélite.
-En un lugar especial-Más criaturas como el empezaron a aparecer detrás de los pilares-, verás, como te dije somos seres asexuales, alimentados por emociones y no hay más viva emoción que los sueños y tú, tú puedes aparecer en ellos, sentirlos y vivirlos, manipularlos a tu antojo, imagina cuantas emociones contienes-Luna lo miró confundida-¡Oh, no me digas que no te parecían extraños esos cambios de emociones! Contienes las emociones negativas de las pesadillas, les quitas eso a los demás para dejarles solamente sueños encantadores, pero con el precio de conservarlos dentro de ti.
-¿Y qué propones?-Pregunto interesada. Realmente era una gran ignorante al respecto de esa información, y tras todo lo sucedido no podía detenerse a indagar cómo él podía saber eso.
-Expulsarlas, fusiona tu magia con nosotros creando un nuevo ser, un hibrido que te comprenda y te libere de todo ese tumulto impredecible de emociones que vive en ti, cegándote de la verdad, deja que te abra los ojos y vuelva más sabia. Entonces enséñale la realidad a tu hermana. Enséñale que tú y este nuevo ser es capaz de hacer un mejor trabajo del que ella nunca haría-Luna definitivamente no se mostraba nada segura-, y por qué no comenzar con ese asqueroso pedófilo-Las revueltas emociones volvieron a ella llenándola de determinación. Merecía un castigo, destrozó la vida de una inocente criatura y ella igual lo merecía, Tia se comportó de una manera ciega incumpliendo sus promesas para con su madre y el reino. Puso en riesgo la vida no de cualquier habitante, de una muy joven y herida pony. Eso era imperdonable. Y ella se lo iba a hacer saber. Equestria merecía una verdadera gobernante y no una simple sombra encargada de levantar la luna y permanecer olvidada por el resto del mundo.
-¿Cómo empezamos?
En un agotador esfuerzo lanzo magia desde su proyección sobre una pequeña bola hecha de niebla oscura que fue tomando un color cada vez más fuerte, que según el líder de los habitantes de la luna, era señal de que estaba funcionando-¡Arghhh!-Se quejaba presionando sus dientes al sentir el gran desgaste de energía, nunca antes había hecho eso y no sabía cuánto iba a resistir, los habitantes de la luna contribuían también, pero su escasa magia no era nada en comparación a la de un unicornio alado-¡¿Cuánto más falta?!
-Resiste sólo un poco más, creo que empieza a respirar.
-¿Puede respira-arghhh?
-¡Abra sus ojos princesa, ábralos y admire nuestra perfecta obra!-Haciendo lo que fue pedida, abrió lentamente los ojos para encontrarse no con un ser hecho de neblina, sino lo que parecía una sólida esfera negra, de un color tan profundo que se asemejaba a una pupila. Esta empezó a moverse de un lado a otro, de forma nada sincronizada, al contrario, se veía inestable.
-¿Qué… qué es eso?-Preguntó asustada, ahora esto ya no parecía tan buena idea como al inicio, cuando la esfera comenzó a estirarse como una lona cayendo del cielo y de la nada saltó encima de ella-¡Ahhhhh!
-Princesa Luna, salude a Nightmare Moon.
"Ya está aquí. Llamen a la princesa Celestia."
Abrió su ojo derecho, el único que no era cubierto por la almohada en la que reposaba su cabeza. Se levantó y miro a su alrededor ubicando dónde se encontraba. Se dio cuenta de que estaba en su habitación con la luz del sol entrando por la ventana ¿cuándo había bajado la luna? Se preguntó, ¿acaso todo había sido un sueño? Su estómago rugió, recordó los eventos de la noche anterior, y a pesar de su deseo de no encontrarse con su hermana su cuerpo le exigía alimentos. Salió de su habitación y en el reloj de la pared vio que ya era tarde, pasado el mediodía. Con algo de suerte no se encontraría con Celestia. Era extraño, por alguna razón sentía que debía estar muy molesta, furiosa, pero en realidad se sentía descansada y tranquila, los alimentos nunca le habían sabido tan bien-¡Otro más por favor!-Pidió levantando el tazón sobre su pezuña. El mayordomo bajo el plato con su magia y regresó a la cocina. Mientras esperaba Luna vio a uno de los guardias entrar a la cocina, seguro estaba en medio de su ronda, de nuevo, de forma incomprensible una nada común sensación apareció-¡Hey, tú!
-¿Si, princesa Luna?-Hizo una reverencia.
-¿Cuál es tu nombre?-Pregunto metiéndose un pan en la boca, aún tenía hambre.
-Hood Hoodin, princesa-La sensación incomoda desapareció pero algo tomó su lugar molestándola de igual manera.
-¿Y-Entrecerró los ojos, pestañeó de forma coqueta un par de veces-Hood Hoodin-Lo llamó con una voz sensual que puso nervioso al guardia y lo hizo tragar saliva-, te molestaría brindarme los informes con las tareas del día de cada guardia?
-E-en absolu-absoluto pri-princesa-Levantó su casco a la altura de su frente y desapareció del lugar dejando una nube de polvo detrás de él-Ni ella sabía de dónde vino eso, no le importó más cuando el tazón lleno de comida fue puesto frente a ella.
Celestia se encontraba postrada en su silla real divagando sobre los hechos del día anterior, incierta sobre si había escuchado o no al pony correcto cuando un fuego se prendió frente a ella dejando caer un pergamino enrollado, lo levantó con su mágica y leyó lo que tenía escrito, su expresión se volvió sombría, se levantó de su trono dejando el papel atrás, dejando visible la firma de lo que indicaba, era una carta: "la Hermandad de los Unicornios Sabios."
Revisaba cada nombre detenidamente, sin fijarse en la tarea en realidad-¿Eso es todo con lo que le puedo ayudar princesa?-Preguntó el guardia sonrojado.
-¿Eh?, oh, sí seguro. Muchas gracias-Depositó un beso en su mejilla haciéndolo desmayar, ella río por la reacción. Continuó su estudio hasta que esa sensación volvió a ella y la dominó por completo. Esa mañana era todo un revoltijo de emociones, una tras otra, pero finalmente parecían definirse en odio al leer el nombre: "Dryfield" en la lista, y una maliciosa sonrisa se formó al leer: "tarea: guardia en el castillo."
Celestia entró en la oscura habitación iluminada de rojo por velas en el suelo, caminó por un largo pasillo donde podían encontrarse cajas llenas de Dios sabrá qué y jaulas que mantenían presos bebes dragones que utilizaban como medio de comunicación. Sin importar cuán tiránico le parecía esto a Celestia, era imposible persuadir a tan oscura secta de cambiar el más pequeño de sus convencionalismos. Cruzó las cortinas tras las que se ocultaban los miembros, sentados en el suelo, rodeando un circulo blanco con un agujero por el cual salía un vapor proveniente de las hirvientes rocas de carbón que estaban dentro-Llega tarde, tal como estaba escrito. Aun así, nos alegra su presencia-Exclamó un encapuchado pony sentado sobre una plataforma viéndose más alto que los otros ponies que vestían de la misma forma.
-Déjate de rodeos, ¿por qué me llamaron?-Preguntó molesta-¿De qué se trata esta vez?
-Un nuevo peligro se acerca, Celestia-Disfrutaba no tener que ser tan formal con ella como cualquier otro pony de Equestria-. Viene de allá arriba, de la luna-Celestia tragó saliva.
-¡Mi hermana, ¿Luna está a salvo?!-Preguntó exaltada estirando sus largas alas e inclinándose hacia donde se encontraba el unicornio dirigente.
-Ella está bien, dudo que siquiera haya notado algún cambio-Mintió-. Según tus acuerdos con nosotros necesitamos tu total autorización para ejecutar cualquier hechizo dentro o fuera del reino.
-¿Y de qué hechizo estamos hablando?-Recuperó su postura pero la miraba desconfiada, tal como siempre en los últimos años, cada vez que era convocada para hablar de sus predicciones sobre el futuro de Equestria, a pesar de las negativas de su hermana, siempre esperaba que estas estuvieran mal o no fueran ciertas. Desgraciadamente sus deseos nunca eran escuchados. Prestó atención a los detalles, las posibles consecuencias y toda característica que conllevaba el hechizo y el plan de la orden de los unicornios-¿Qué implicaría esto para Luna?-Su mandíbula cayó al suelo, horrorizada por la respuesta de la unicornio-Eso destrozaría su espíritu. Debe, debe de haber otra forma-El encapuchado negó con la cabeza. Celestia debía estar segura sobre lo que estaba por venir, y sabía que la seguridad de sus súbditos importaba más que la de ella o su hermana.
Dryfield daba sus rondas por la zona más intransitada del castillo, por órdenes de Celestia y por su propia seguridad, lo mejor era tenerlo aislado un tiempo. Y para él empezaba a ser muy aburrido, erala quinta vez en apenas diez minutos que cruzaba esa esquina de nuevo, no había y nunca habría nada nuevo en esa olvidada parte del castillo. Molesto y cansado por la falta de sueño la noche pasada, se tumbó en el suelo recargado en la pared y decidió tomar una siesta. Su mente estaba en blanco, no acostumbraba a soñar muy seguido pero ese día lo hizo, en su cabeza la imagen de él rodeado por una considerable cantidad de ponies terrestres de gran tamaño vistiendo además extrañas ropas acercándose a él con la misma maliciosa mirada que la suya-¿Qué creen que hacen?-Se sentía rodeado-¡Aléjense de mí!-Abrió los ojos sin poder ver nada, estaba en un nuevo lugar, por completo oscuro y de reducido tamaño. Pasó sus cascos por todo el lugar buscando algo con que iluminar la atmosfera, se topó con unas repisas de las que tiró una caja de cartón la cual contenía pequeñas varitas. Consiguió tomar una en su pezuña y la identificó como incienso, creando fricción contra la pared, la encendió y movió por todo el lugar estudiando su ambiente. Se levantó sobre sus piernas traseras y encendió el candil colgado del techo brindando un suficiente radio de luz al fin el lugar. Estaba dentro de un armario, y para su sorpresa al lado contrario de la puerta-¿Quién está ahí?-Preguntó algo asustado al escuchar pasos dentro, su pulsó se disparó al ver una alta y oscura figura emerger frente a él, entrecerró sus ojos, que aún estaban adaptándose a la poca luz y reconoció a la alta pony-¿Princesa Luna?
-Oh, no, no, no, no-Su sonrisa mostraba sus afilados dientes y sus rojos ojos hicieron retroceder al guardia acorralándose a sí mismo contra la pared-. Yo soy una sirviente más de la princesa Celestia, y he venido a limpiar la sangre del lugar-Le saltó encima sin darle tiempo para gritar.
Le costaba recordar el resto de la tarde, pero indudablemente se sentía llena de tranquilidad. Salió al balcón de su ventana y puntual como siempre, hizo su labor de levantar la luna. Regresó a su habitación satisfecha y se preparó para proyectar su ente a la roca del cielo cuando su hermana penetró bruscamente en la intimidad de su cuarto-¡Hermana, ¿qué significa esto?!-Celestia se detuvo frente a ella y puso su cuerno encima de la frente de la alicornio de pelaje azul oscuro.
-Discúlpame por esto-De la punta de su cuerno saltó un gran destello.
-Pero qué…-Cayó dormida de espaldas y Celestia la levitó hasta su cama "Está dormida" pensó.
"Bien, todos estamos ubicados en nuestros puntos esperando únicamente a que te nos unas" escuchó en su cabeza. Se trataba de una conexión psíquica que la Hermandad de los Unicornios Sabios podía hacer entrelazando las mentes de cada uno de sus miembros o con cualquier otro pony sin importar su raza. Celestia avanzó hacia el balcón de la ventana y miró con profundidad a la luna.
"Estoy lista" declaró a sus compañeros de crimen.
"A mi señal" entonces varios rayos de magia de diversos colores provenientes de diversos puntos del reino surcaron los cielos impactando sobre la luna cubriéndola en una gran esfera de color rosado. Todo iba de acuerdo al plan hasta que Celestia sintió un golpe, como si la magia le impactara de regreso, desconectándola.
"¡He roto mi conexión!" alertó a los demás.
"No te preocupes Celestia, lo tenemos" la luna estaba rodeada por completo por esa esfera rosada que cuando los rayos empezaron a desaparecer uno por uno, esta se volvía más translucida hasta volverse invisible por completo. "Y está hecho. Catastrofe detenida Celestia, de nuevo eres la heroína de la historia" Escuchó de nuevo en su cabeza. Las voces empezaron a desaparecer, el enlace psíquico había sido roto. Admiró a su hermana dormida y salió del lugar esperanzada de que mañana por la mañana, cuando le explicara todo, ella entendiera.
Había sido un largo día y necesitaba relajarse. Abrió el pequeño cofre de madera del que sacó una botella de su fiel amigo, el vino de cereza, junto con una copa de cristal. La llenó pero antes de poder llevarla a sus labios, una mucama entro exaltada a la sala principal-¡Princesa!-Había sido pedida que mantuviera un ojo sobre Dryfield, claro que Celestia rezaba por no recibir más noticias de él-Un accidente ha pasado-Bien, esas no eran las noticias que esperaba-, el guardia Dryfield ha sido llevado al mejor hospital de Canterlot, los doctores asumen que alguien lo atacó-¡Imposible! Él estaba de turno en el castillo, nadie sería tan estúpido como para atacar desde dentro de ese lugar- y no creen que pase de esta noche-Celestia cerró su boca media abierta, frunció el ceño y dejó su copa sobre la mesa y avanzó hacia la pegaso.
-¿Qué hay de su hija?
Las horas de sueño extra le permitieron despertarse a tempranas horas de la mañana, aún tenía un par de horas más para ir a la luna antes de tener que descenderla. Algo dentro de ella le pedía que visitara a sus nuevos amigos de ahí arriba. Se sentó sobre son afelpado colchón rodeada de velas aromáticas y concentrándose repitió el mismo proceso que hacía cada noche para enviar su ente a su monumento de la noche, pero no estaba funcionando. Lo intento de nuevo, y otra vez, una migraña se empeñaba en dominarla mientras ella lo hacía en ignorarla pero los golpes en su cabeza eran cada vez más fuertes. No podía ir allá arriba, frustrada levantó la cabeza al cielo, no entendía qué estaba mal, el miedo también se hacía presente cuando a su mente revivió los recuerdos de horas atrás de Celestia entrando y sedándola-¿Qué hiciste?-Susurró-¡¿Qué hiciste?!-Corrió al pasillo fuera de su habitación encontrándose con un guardia justo afuera de su puerta.
-Princesa Luna-Era un unicornio, y ella sentía la hostilidad al ver su espada bañarse en la verde menta aurora proveniente de su magia-, por órdenes de la princesa Celestia usted debe permanecer dentro de esa habitación hasta que se encuentre de vuelta-Luna llevó sus cascos a su cabeza, incapaz de soportar tal dolor, sus ojos se pintaron de rojo y furiosa enfrentó al guardia.
-No sólo se trata de extremidades destrozadas, las costillas rotas perforaron varios de sus órganos internos. En serio, es un milagro que después de este tiempo aún se aferre a la vida-Comentaba la enfermera dándole un reporte completo a la princesa sobre el estado de Dryfield.
-¿Dónde lo encontraron?-Giró a la puerta, en la sala de espera la pequeña Sweetflavor se encontraba sentada con la mirada perdida en la nada. No tenía ni una sola lágrima ni signo de preocupación por su padre.
-En la zona noreste del castillo, otro de los guardias fue en su búsqueda cuando no se presentó ni al almuerzo ni al cambio de turno. El atacante se las arregló para cubrir sus huellas antes de partir.
-¿Está segura de que hubo un atacante?-Esperaba un milagro, esperaba que el pony terrestre estuviera lo suficientemente chiflado como para hacerse eso a sí mismo.
-Princesa, con su merecido respeto ¿qué más sería capaz de hacer ese daño tan mortal?
-¿Le molestaría darme unos minutos de privacidad con él?
-Seguro-Corrió las cortinas alrededor de la cama brindándole la privacidad que su gobernante deseaba. La princesa acerco su cuerno a su frente y un aura verde cruzó por todo el cuerpo del pony terrestre, desde la cabeza a la punta de los pies.
-Dryfield, ¿quién te hizo esto?-Fue directa en su pregunta, si los resultados de los doctores eran ciertos, no le quedaba mucho tiempo. El hechizo que aplicó sobre él fue para darle la energía necesaria para contestarle. Una simple anestesia para el dolor mezclada de forma bizarra con un energizante para los labios y el cerebro.
-Ahhhh-Tomó una gran cantidad de aire despertando de golpe-, ¡princesa! ¿Dónde estoy? ¿Ella está aquí?-Preguntó asustado-¡Por favor, no permita que me lastime, se lo ruego, sus ojos, esos siniestros ojos, discúlpeme, discúlpeme, no volveré a tocarle ni un pelo!-Lagrimeaba diciendo sus patéticas suplicas.
-¿De quién hablas? ¡¿Quién te hizo esto?!
-Ella, la princesa Luna. Nunca lo había visto, la ira dela alicornio, por favor, perdóneme, perdóneme, tenga piedad de mí, juro que no me le volveré a acercar, ¡sólo déjeme vivir otro día más!-La yegua no podía creer lo que escuchaba, sin decir más salió de la escena-¡Por favor no me deje solo, ella podría volver a terminar lo que empezó!-Miró con decepción sobre sí misma a Sweetflavor. Culpándose por lo que pudo haber sido si hubiera escuchado a su hermana para variar.
-¿Qué pasará con él?-Preguntó la pequeña alzando sus ojos hasta la gobernadora.
-Él ya tuvo su oportunidad-Avanzó al final del corredor-. Discúlpame, guardias vendrán por ti, te llevarán a un lugar seguro. Un lugar cerca de mí-Le brindó una muy débil sonrisa llena de apologías.
Levantó el sol desde el techo del hospital, reflexionando sobre lo qué iba a pasar. Voló con furia por los rojos cielos de la mañana y entró al castillo determinada a llegar al fondo de esto y ponerle un fin, si Luna acababa de cometer tal crimen debía ser llevada ante un tribunal, haría las cosas como el libro lo pedía y daría a su hermana todo el apoyo que necesitara. De ninguna manera perdería lo último que le quedaba de familia.
Desde el fondo del pasillo pudo ver al guardia aplastado contra la pared, trotó a él y le retiró el casco que le estaba asfixiando, tenía moretones por todas partes y aun así, corrió mejor suerte que Dryfield-¿Qué pasó aquí? ¿Dónde está Luna?-Busco por ella en todas las direcciones.
-¿La princesa Luna?-Estaba exausto-Yo… no creo que haya más una princesa Luna-Su humera mirada reflejaba un gran terror-, ella era un mostro que le arrebató lo que era…
-¿Dónde está?-Preguntó molesta.
-Huyó al sur-Sabía adónde iba, se levantó y con cascos firmes avanzó hacia la salida-. Princesa, tuvo piedad conmigo a diferencia de ese otro guardia, ¿pero cuánto cree usted que eso dure? Ella es peligrosa, por favor, haga lo que tenga que hacer. No deje que lastime a nadie más.
-¡Cállate!-Sentenció-, la ayuda vendrá pronto-Gruñó. Voló fuera del castillo, ofendida por las absurdas declaraciones del pony que dejaba atrás. Desde los cielos podía ver el bosque Everfree con sus altos y deshidratados pinos rojos, se acercaba a su destino. Bajó a la tierra, a las afueras de lo que solía ser su antiguo hogar: "el Castillo de las Dos Hermanas." No podía estar en peores condiciones. Era una horrible vista. Entró por la derribada puerta que colgaba de su último soporte, el interior estaba iluminado por los agujeros en el techo que permitían el paso de la luz del sol-¡Luna, sé que estás aquí!-Gritó-No hagas esto más difícil y entrégate.
-¿Entregarme?-La gobernante más joven emergió de las sombras detrás de los tronos que ella y Celestia solían ocupar y se elevó al balcón encima de estos-Yo creo que llegaste muy tarde amada hermana.
-Luna, ¡te lo advierto!
-¡Ni un solo paso más!-Azotó violentamente sus cascos delanteros contra el concreto, que ahora parecían pesar una tonelada pues fracturaron la pared a su espalda quebrando el vitral elevado unas pulgadas más arriba de su cabeza. Voló a la altura del agujero que había ahora y que daba una perfecta vista al sol de la yegua blanca. Levantó la luna cubriendo el sol en un eclipse y en un parpadeo su apariencia cambió por completo al ser cubierta por algo parecido a una sombra: su pelaje se volvió completamente oscuro, sus ojos se veían sedientos, además ahora su cabeza parecía cubierta por un casco del cual emergía su mágica melena con apariencia de neblina y de ella emergía una negativa y peligrosa aura:-¡¿Creías que me bastaría con la noche?! ¡Con toda tu mierda de injusticias, pony estúpida! ¡Hay una nueva princesa en el reino, querida Celestia, alguien que ahora dirá lo qué está bien y lo qué no, y su nombre es Nightmare Moon y su primera sentencia es que la noche durará por siempre!-Su fuerte risa llegó a los oídos de Celestia; quien quizá no lo sabía entonces, pero acababa de perder lo único que le quedaba: su hermana Luna.
Un momento en la eternidad, regresará.
Feliz Nightmare Night a todos.
Notas del autor: esta es la primera entrega de los especiales que tendremos entre los arcos durante la espera de los nuevos capítulos, los cuales complementarán la historia o mostrarán más desventuras de una forma más auto-conclusiva de la reina de las pesadillas. Como notarán muestra una crudeza más fuerte en los eventos, que va desde acciones pederastas hasta un soez lenguaje. Esta siempre fue mi idea que mostrar en este fic, pues ¿de qué sirve trabajar con un villano si no tomas el paquete completo? Esto no busca ofender a nadie como mencioné en la importante nota del inicio. En el futuro (y seguramente no sólo en este proyecto) mi deseo es mostrar un lado más oscuro de Equestria, Canterlot y ambas princesas en los años previos a los eventos en actual desarrollo en la serie. Espero que sea de su agrado y disfruten esta nueva perspectiva que busco ofrecer en especial en esta historia que fue pensada como una historia oscura.
Y, mientras leen esto, continúo trabajando en los capítulos del siguiente arco que deberá llegar en dos semanas, doy mi mejor esfuerzo no sólo para publicarlos en mis tiempos especificados, sino también para que la espera valga la pena y reciban una historia con la calidad que merecen. Espero que mientras disfruten leyendo este extra. Como siempre, gracias a los que se dan su tiempo de leer hasta aquí. Nos leeremos más pronto de lo que creen.
