—No me parecía solo un juego por parte de Methodius.

La seriedad de su voz lo sorprendió un poco.

—¿Pasa algo princesa?

Kagome lo miró por unos segundos que parecieron ser eternos para después carraspear y negar con la cabeza, Sesshomaru sabía que ocultaba algo sin embargo se limitó a escucharla.

—Yo... no tiene importancia, de todas formas, no decidimos a quien querer ¿No es cierto?

Sessh se mordió el labio para no soltar lo que llevaba mucho tiempo ocultando, no era de Aspasia de quien estaba estrechamente enamorado sino de Kagome, de esa princesa guerrera

de la que cada vez estaba más perdido.

Ella se sentó a los pies de la cama y suspiró.

—Debí esperarlo, todos terminan rendidos ante Aspasia, su pelo rubio, sus curvas, es tan preciosa como si Afrodita la hubiera tocado.

—No puedo negar la belleza d tu hermana eso me haría un patán pero ella no es la dueña de mi corazón.

Las palabras de Sesshomaru la dejaron helada ¿No estaba enamorado de Aspasia? No podía ser cierto.

—¿Estás mintiéndome? ¡Zeus! Aspasia es tan o más hermosa que Helena de Esparta ¿Qué hombre en su sano juicio la ignoraría?

Los labios de Asch se estiraron en una sonrisa seductora que ella jamás había visto, por ende su pulso se aceleró y no pudo evitar ver a Sesshomaru con otros ojos.

—Un hombre enamorado lo haría.

Ahora fue el turno de Kagome de sonreír con sorna.

—Dudo mucho que eso suceda, los hombres son traicioneros.

Sesshomaru se llevó una mano al pecho fingiendo dolor por lo que Kagome sonrió.

—Has conseguido herirme princesa, no deberías agruparnos a todos en el mismo lote, si yo te tuviera no dudaría ir un segundo a por ti en lugar de ir a por la princesa Aspasia.

La seguridad en su voz y la clara afirmación hizo que el corazón de Kagome saltara de dicha y que la confusión la abordara.

— ¿Qué quieres decir?

—Exactamente lo que has entendido, si tuviera que decidir entre Aspasia y tu, me quedaría mil veces contigo.

Kagome no estuvo preparada para la algarabía que se había formado en su interior.

¿Quería decir Sesshomaru con eso que estaba enamorado de ella?

No, era imposible.

¿Comenzaba a enloquecer?

—¡Sessh prepárate, se acercan los espartanos! -gritó desde afuera Methodius-.

El rubio la vio bacilar, el miedo brilló en sus fracciones y él la quiso consolar.

—Sessh, ¿tu y yo...?

—Hablaremos cuando todo esto termine, ahora me dirás ¿Qué sucede contigo?

Kagome mordió su labio indecisa para después mirarlo.

—Realmente no sé.

—¿Cómo?

—Tal vez...tengo miedo.

Ésto lo descolocó, ella no era del tipo temerosa y mucho menos la que comenta sus miedos.

Debía estar seriamente asustada entonces quiso consolarla.

—Yo voy a cuidar de ti Kagome, lo prometo, no tienes de que temer.

—Tengo un presentimiento, esto...es algo nuevo para mi y no digo que no me guste luchar por Macedonia, porque si lo hace, pero...

—¿Tu miedo no se va?

Ella lo miró y negó con la cabeza.

—¿Cómo puedo vivir como un peltasta? Como tu, sin temer a nada.

Sesshomaru frunció el ceño en confusión.

¿Porque una princesa quería parecerse a un peltasta?

—Te equivocas, todos hemos tenido miedo alguna vez princesa, pero no tenemos más opción que luchar contra el, lo que no entiendo es ¿Porqué quieres ser como un peltasta?

—Porque sencillamente no quiero vivir con miedo, ustedes saben como enfrentarlo, no quiero vivir siendo una princesa solo por tener un rango alto, me enorgullece mi título pero ese mismo título conlleva a tener más responsabilidades de las que alguien podría tener, pero estar en Macedonia lo hace fácil o Aspasia lo hace ver fácil, solo un título, tu no sabes lo aburrido que es tener que permanecer en un lugar todos los días sin hacer nada, no quiero ser como Aspasia, una mujer de 27 años aburrida de su vida y siendo amante del enemigo de mi padre, él, mi padre, cree que la vida de Aspasia es perfecta como ella...si él supiera. Incluso a veces creo que el me odia.

Y debo admitir que siempre he tenido miedo, no es nuevo en mi, siempre he fingido, miedo al olvido, a quedarme sola, Aspasia está con Pericles, es solo su amante, pero seguro que se casará con él y como me detesta me dejará sola y mi padre...se que por su mala gestión algún día le darán muerte, para mi pesar.

Roxana, es solo la mujer de padre, ella no es mi madre, soy insignificante ante sus ojos y me dará la espalda tan pronto como él muera...estoy sola, y está es la conclusión, Sesshomaru.

—No necesitas ser un peltasta para superar tu miedo Kagome, solo necesitas ser fuerte a demás no estás sola, tienes a Tavalas...

Sabía del afecto de trierarca hacia ella, entonces también añadió...

—También me tienes a mi, se que no somos amigos pero te brindaré todo el apoyo que pueda.

Ella se levantó de donde estaba y caminó hasta sentarse frente a él y tomó sus manos sonriendo.

—Claro que eres mi amigo Sessh, el primero que he tenido, tan valiente, fuerte, y guapo -ella rió-.

¿Cómo no abochornarse ante tanto alago por parte de una princesa? Y no cualquier princesa, su princesa.

—Entonces no vuelvas a sentirte sola -respondió algo sonrojado-.

Ella salió fuera de la habitación dejándole atrás, tan rápido como pudo Sessh me vestí lo más rápido que podía y la siguió a afuera, entonces observó como los Espartanos nuevamente se acercaban.

La guerra estalló con el grito de batalla por parte de los Espartanos que se lanzaron tan rápido como podían contra los Macedonios.

Kagome desenvainó su espada al mismo tiempo que Sesshomaru y cada uno combatió contra un Espartano.

La lluvia de flechas tampoco se hizo esperar por parte de las Amazonas.

Por segundos cada vez caían más hombres de ambos bandos y los que quedaban en pie eran contados.

—¡Ayuda! -chilló una voz con angustia-.

—¡¿Tebe?!

Un Espartano sostenía el delgado cuerpo de Tebe entonces la amordazó, la montó en su caballo y se la llevó a pesar de que las amazonas hicieron todo lo posible por defenderla, al igual que los demás.

Fue así como terminó la guerra, no podían llamarse perdedores pero tampoco ganadores, la lucha había quedado pareja sin embargo ahora los espartanos tenían algo que les pertenecía a las Amazonas y Kagome estaba segura que ellos también las ayudarían.

—¡Se han llevado a Tebe!

—Te tengo.

Sesshomaru logró girar su cabeza y vi a un espartano tomando a Xanthe, sus nervios volaron y más cuando vio que el espartano quitó el krános de Kagome revelando quien en verdad era.

Todo el mundo se paralizó entonces sin para a meditarlo Sessh se lanzó a por él atacándolo logrando atravesar con su lanza su pecho ocasionando que soltara a Kagome, quien cayó en el suelo avergonzada tapando su cara con su largo cabello.

—¡¿Princesa?!

—Princesa Kagome.

—¿Es una mujer? -preguntaron las amazonas-.

La impresión en las caras de todos era marcada, quien iba a saber que su trierarca era realmente su princesa.

—¿Princesa...qué?

—Tenía que hacerlo -jadeó ella temerosa-, se que me juzgarán...pero tenía que luchar por Macedonia, no podía quedarme sentada como mi hermana, solo esperando la coronación, yo quería hacer algo más importante que solo sentarme y reinar, como una princesa no podía así que me convertí en Hilarion el trierarca, muchos saben que yo era Toxota y ahora que saben mi identidad real es lo que asumiré, no volveré a Macedonia sino es con vosotros, no daré ni un paso atrás, y por favor, dejadme de llamar princesa, por ahora no seré igual a ninguna.

Los Macedonio que quedaban le sonrieron en aprobación entonces Kagome se sintió más tranquila que nunca.

—Vamos a morir Sessh.

Era la una de la mañana y no habían podido dormir, Kagome había susurrado eso a Sesshomaru aun sabiendo que de él no obtendría respuesta alguna pues creía que dormía.

—¿Porqué dices eso Kagome?

—No sabía que estabas despierto...quiero decir, se porque mi padre los envió aquí, y no fue precisamente por seleccionar nuevos trierarcas ni hoplitas sino porque quería deshacerse de vosotros.

—¿Pero que dices? -preguntó desconcertado él-.

—Piensa bien, ¿Cuándo los han enviado a una batalla así, incluso Tavalas se sorprendió pero no comentó nada.

—Venga, ya habíamos hablado sobre el miedo.

—Si, pero no estoy trapaceando Sessh, es real.

—Olvida eso, estás confundida.

Kagome solo fruncí el ceño, nadie le iba a quitar esa idea de la cabeza, no conocía las intenciones de su padre pero sí lo conocía a él y lo que era capaz de hacer.

Después de unos segundos de silencio Sessho volvió a mirarla.

¿Sin miedo?

Él extendió su puño hasta ella, por un momento lo miró dudosa y luego chocó su puño contra el de él y repitió mirándolo a los ojos.

Sin miedo.

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