El cielo estaba tan gris como si fuese un anuncio de los dioses, las gotas de lluvia amenazando por caer y fecundar las tierras arenosas.

Ahora unos frente a otros comenzando con un fuerte grito de guerra, sin temor provocando al contrario, flechas van y flechas vienen así como las lanzas y la parca y las keres regocijadas por el poco tacto.

Fue Damjan de Macedonia quien recio y formidable atacó al fiero Espartano que resultó tendido en el pringoso suelo degollado con los ojos carentes de vida, él soldado ni siquiera había tenido tiempo de sufrir sin embargo el infausto que blandía su espada sin apartar su mirada del cádaver había visto el miedo cruzar por sus fracciones antes del último soplo de vida.

Nadie tenía el corazón tan débil como para dejar de pelear y perdonar la vida del más ileso, fue allí cuando el hombre se irguió imponente y siguió en la faena.

Se peleaba por sus polis, la guerra de estado.

Asesinos a sangre fría, solo gana el más fuerte, los que sin duda estaban sacralizados por los destinos.

Ares bendijo al grupo más fuerte sin mirar si realmente lo merecía. Con garras tenebrosas las Keres sin ningún remordimiento beben sangre de los hombres caídos alimentándose y saciándose de ellos, entonces sus almas son enviadas al tártaro donde sufren por toda la sangre que han derramado.

—Miltiades Tavalas, mi hermano, pasé tanto tiempo en tu búsqueda y ahora tengo en mis manos a tu pequeña amazonas, apuesto a que has estado aterrado pero hazte a la idea de que estará conmigo, para siempre –rió estruendosamente-.

Causando el enojo de Tavalas quien era su propio hermano, él trierarca en un descuido clavó su lanza en el pecho de su oponente pero no lo mató de inmediato.

— ¡¿Dónde está Tebe?!

— ¿Mi sobrina? –dijo de forma burlona el moribundo-. Ese es un secreto que me llevaré con la parca, te espero en el tártaro, hermano.

Tavalas encolerizado y fuera de sí volvió a clavar la lanza en el hombre con el que compartía sangre causando su muerte instantánea.

— ¡Ha dado muerte al trierarca Anesio!

Dos más se abalanzaron a Tavalas complicándole.

A Methodius le iba bien, era de sangre fría y bastante ágil, no le importaba matar a tantos espartanos como pudiera, es más si por el moreno fuere se bañaría en las entrañas de esos bastardos que tanto odiaba.

— ¿Venís a por más espartanos ridículos, no conocéis al maravilloso Methodius Andreatos?

Al finalizar lo dicho degolló a uno sin piedad y tuvo la osadía de sonreír ladino mientras con el dorso de su mano limpiaba los restos de sangre de su boca.

La batalla se extendía, las amazonas y sus flechas perfectas habían matado a unos cuantos con Kagome a su lado. La princesa Kagome también lo estaba haciendo excelente dando muerte a tantos espartanos que habían estado cerca de atacar a cualquiera.

La población entre espartanos y macedonios iba cayendo a medida de que pasaba el tiempo, mientras el sol más se ponía los gritos agónicos de los miserables se extendían, ellos no habían podido liberarse de la espantosa muerte.

— ¡¿Dónde tenéis a la amazona?!

Tavalas exigía a un espartano la localización de Tebe, su preocupación era totalmente palpable.

— ¿Tebe? Ella es una cortesana sin valor.

Tavalas le golpeó con fuerzas el rostros bastante enfadado.

— ¡¿Dónde demonios está?!

—En calistus, Basileo la tiene.

Entonces Miltiades atravesó su pecho con su lanza broncínea que ahora se teñía de bermellón.

Sesshomaru por su parte con la frente en alto saltó sin dejar de blandir su espada ante su enemigo, sus ojos estaban fijos y lo miraban como si él fuese su depredador y aquel lánguido soldado Espartado su presa, con movimientos lentos y aterradores se movían en circulos, Sesshomaru levantó el codo girando el arma en sus manos mientras que una sarcástica sonrisa se extendía por su rostro azuzando al otro quien respondió con un gruñido. Pronto la temible batalla entre ambos comenzó, entonces Sesshomaru le dio muerte resultando ganador.

Próximo a eso el de rubia cabellera recordó de repente que sus hermanos vivían en Esparta y que Orsíloco siempre había querido ser Trierarca como él.

—Oh Zeus, Orsíloco -Gimió temeroso con el corazón acongojado-.

Si bien era cierto que las circunstancias los habían separado él quería a su hermano. Por ello la turbación lo movió y a cada hombre que luchaba contra él preguntaba con desespero el nombre de su hermano.

— ¿Sessh? ¿Dónde va?

—No te distraigas Kagome .

Mirina se había dado cuenta de la mirada de Kagome hacia Sesshomaru y le había advertido pero Kagome no la había escuchado y pretendía perseguirlo.

— ¡Kagome! ¡¿Dónde vas?!

Al parecer Kagome por solo mirar a Sesshomaru no se dio cuenta de que un Espartano iba a por ella con su lanza, por suerte Mirina se había percatado fue allí cuando lanzó una flecha al hombre dándole en toda la frente, arrebatandole la vida.

—Meses sin saber de Kagome, estoy tan preocupada padre.

— ¡Son unos incompetentes, estúpidos!

Píreo se movía de un lado al otro, su pelo lucía revuelto por las veces que había tirado de él, la culpa y la preocupación lo estaban matando pero su orgullo era demasiado fuerte como para decirlo.

—Yo creo que se donde pueda estar Kagome padre.

—Habla ahora mismo Aspasia.

Píreo la tomo por los hombros batiéndola inquieto.

—Kagome siempre hablaba sobre ser una completa Toxota, yendo a batallas, guerras frías y te había pedido ir con los Peltastas padre ¿Y si mi hermana se ha ido con ellos?

Aquella era una opción que no se había plantado.

El viejo corazón del rey se mortificó aún más aterrorizado.

— ¡Esos malditos se han llevado a mi hija!

Enfurecido golpeo la pared de la habitación, sin embargo su furia no era para nadie sino para él mismo.

—No padre, sabes cómo es Kagome, Tavalas siempre le ha cuidado, es solo una hipótesis pero… ¿Y si Kagome se ha colado como un peltasta, quizás y lo hallan notado después de que estuvieran lejos?

—Maldición…

Tanto él como todo el que conocía a la osada doncella sabía de que era capaz, y en definitiva Kagome era capaz de eso y de más.

—Ya volverán padre, tranquilo.

—No lo entiendes Aspasia, esa misión era para que nunca volvieran… -confesó luego de un turbado silencio-.

La rubia de hermosos ojos lo miró desconcertada y con la boca seca.

— ¿Qué quieres decir padre?

—Era para que esos peltastas inútiles fuesen muertos a manos de los espartanos junto con Tavalas, los espartanos creerían que éramos débiles y vendrían a atar mi reino, tengo tantos trierarcas buenos como el infinito del cielo, matábamos a los espartanos y gobernaríamos Esparta cuando matara a su rey. Esos inútiles jamás lograran nada, y mi pequeña hija…morirá.

Aspasia se sobresaltó y las inmensas ganas de llorar por su hermana no cabían en su pecho.

Tenía que hacer algo, si a Kagome le pasaba algo...

— ¿Pero…no hay manera de rescatarla…ir a por ella? Pediré ayuda a Pericles.

— ¿Pericles? ¡Aspasia!

—No es el momento padre.

Aspasia salió de la habitación la de su padre para adentrarse en la de ella.

Con una mano en el corazón y la otra en la boca lloró de preocupación y amargura.

Por su hermanita, por Kagome.

—Tebe, la amazona hija de Miltiades Tavalas y Asteria, guerrera, fuerte, bella, agraciada y ahora una cortesana sin valor, ahora nadie vendrá por ti, ni tu papi, ni las amazonas.

El frívolo hombre la violaba mientras Tebe lloraba taciturna.

—Por favor –rogaba entre dientes ya sin fuerzas-.

— ¡Cállate! Déjame tocarte Tebe, ahora eres mía, sin nadie que te separe de mi.

—Nunca, desgraciado -sollozó con el último aliento que le quedaba-.

— ¡Dije que te calles!

Golpeó la mejilla de Tebe.

La pobre amazona solo sollozaba cansada de su vida.

DISCULPEN LA TARDANZA, LA UNIVERSIDAD ME ESTÁ MATANDO PERO PROMETO SER MAS ASIDUA, ESPERO DISFRUTEN EL CAPÍTULO.

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