Kaede se apresuró para llegar a la cafetería, estaba ansiosa de saber qué tipo de conversación tendría. Llego a la cafetería puntual y con estilo, ahí se encontraba Rantaro sentado bebiendo un jugo de naranja y observando una revista , levanto la mirada y le sonrió a Kaede, la pianista le devolvió el saludo moviendo su mano y se sentó junto a él.

-Y bien, Amami-kun, ¿para qué me citaste ahora? ¿ocurre algo? – le preguntó. Estaba llena de curiosidad por saber que tendría que decirle. Rantaro siempre le había parecido un chico interesante, pero muy distante por lo cual le era difícil acercarse a él.

-Necesitaba conversar contigo en privado, Akamatsu-san – dijo tranquilamente. –La verdad es que…. Ahora mismo por cómo están las cosas sólo confió en ti.

Kaede se sintió algo incomoda, no era que no le agradece las palabras de Rantaro, en realidad su relación era bastante distante, no muy trabajada, él era un chico reservado, misterioso pero con buenos sentimientos, aún que trabajará la mayoría del tiempo solo era diferente a Kokichi en ese sentido.

-Amami-kun, ¿por qué me dices esto? ¿sucedió algo? – le dijo mirándolo algo confundida. Rantaro suspiro ante el comentario de Kaede y dejo su cuerpo caer en el asiento a modo de relajo.

-Pienso lo mismo que tú, esto es una locura – dijo tocándose el pelo con la mano. – El no poder recordar mi talento, el hecho de que estemos aquí atrapados y no poder hacer nada… la desaparición de Saihara… me hace sentir algo inútil la verdad – se sinceró el chico. Con cada palabra que decía Rantaro, la pelirrubia sentía como iban directo a su corazón… ese Amami-kun no era el que conocía, no… no lo era, por primera vez Kaede sentía que el chico se sentía en confianza con alguien.

-Ya veo… - le respondió Kaede mirando sus manos apoyadas en su falda.

-He investigado solo… - continuó con su explicación. – Pero… me he dado cuenta de muchas cosas desde mi puesto de observador solitario… - miro a la pianista a los ojos. – Tu y yo… somos similares de alguna forma.

Kaede quedo impactada ante las palabras del super misterioso definitivo de preparatoria. Ambos habían estado investigando en solitario, casi a escondidas de los demás para no influenciarlos… de algún modo sabía que ambos estaban luchando por el bien de todos, quizás ella era un poco más ruidosa y animada, pero Amami-kun siempre había estado ahí desde las sombras haciendo lo mismo… buscando ganar el juego sin herir a los demás y salir todos juntos.

-Buscamos salir todos juntos… - agregó Kaede de forma serena, Rantaro asintió con la cabeza. – Ambos estamos de cierta forma… - tomo un segundo de silencio.- Buscando solos por nuestra cuenta respuestas.

- He visto como haz investigado, he visto que Ouma-kun te persigue en busca de respuestas… para mí no eres sospechosa- le confesó y le tomó la mano derecha con ambas de él. – Creo que eres la respuesta que he estado buscando – dejó delicadamente la mano de Kaede sobre la mesa y se levantó de su silla.

La pianista definitiva estaba confundida y avergonzada a la vez. Nunca había esperado que Rantaro se comportase así, nunca había esperado que él interactuase con ella de forma tan sincera… por fin estaba conociéndolo de verdad.

Rantaro camino deeeespacito ( e.e) hacia Kaede hasta quedar a un lado de ella de pie. Se tomó la cabeza con una mano.

-Quizás… te parezca precipitado… pero…- dijo Rantaro en voz baja mirando al techo. Kaede lo miraba aún más extrañada con unos ojos gigantes y su rostro sonrojado completamente.

Mientras todo eso ocurría en la cafetería, se encontraba Shuichi Saihara, la super ardilla definitiva de preparatoria muriendo de ganas de salir a ver lo que estaba ocurriendo.

-Akamatsu-san… - dijo en voz baja mirando a las cubiertas de la cama.- ¡Necesito saber que pasa! ¡No puedo quedarme acá sin hacer nada! – se dijo a si mismo. Pensó unos momentos callado con sus ojos cerrados para aumentar su concentración y no distraerse por el ambiente (sí, es la habitación de Kaede). Tenía que dar todo lo que tenía para lograr salir con todos y ver el sueño y sonrisa de Kaede una vez más, igual que aquella noche donde se encontraba llena de esperanza de un futuro mejor. Se mantuvo así unos minutos hasta que recordó su antiguo plan: salir por los ductos de ventilación hacia el exterior.

Se armó de valor, nunca participaría en este juego asesinando a otro, tenía que detenerlo, tenía que ser útil para los demás, aunque fuera una ardilla no podía dejarse morir, tenía que hacerlo especialmente por Kaede. No podía dejarla sola en la investigación, ellos dos eran un equipo… ellos dos. Trepo por los muebles, hasta dar un gran salto para aferrarse con sus patas delanteras a la pantalla y escalarla, con cada paso que daba, recordaba a su querida Kaede, "no te dejare sola, estaré ahí para ti" pensaba. Una vez en la cima de la pantalla, pudo tener contacto con la rejilla de ventilación. Para suerte de Saihara esta estaba suelta así que basto con darle unos arañazos salvajes al puro estilo de él para que se desprendiera y cayera al suelo con los tornillos.

-¡Bien! Esto es pan comido – dijo con toda confianza, dio un salto con energía y cayó dentro del ducto de ventilación. Para su sorpresa, una nube de polvo se levantó y lo dejo durante unos segundos tosiendo y apretándose los ojos llorosos con sus patas… no podía ser tan fácil pensó.

Una vez ya más tranquilo, pudo darse cuenta de que estaba completamente oscuro en el interior y que habían una variedad de pasillos que seguramente lo guiarían a los demás dormitorios, para su fortuna la habitación de Kaede quedaba en un extremo del edificio por lo cual divisaba a los rayos del sol atravesaban las rendijas de la rejilla de metal. Se acercó e intento con arañazos a la espera de que se desprendiera como la anterior, pero esta estaba bien asegurada con los tornillos.

-¡Maldición! – chilló Shuichi al ver que le sería más difícil ahora. Intento empujarla con el peso de su cuerpo, pero no se movió ni un centímetro.

Haría todo lo posible para salir juntos de la academia, así que camino hacia atrás unos cuantos pasos, tomo impulso y fue corriendo en dirección a la rejilla. El plan era derribarla con la fuerza extra de la carrera de Saihara, pero la realidad le dijo otra cosa…. Chocó nuevamente contra la rejilla como si fuera una pared, el detective cayó al suelo de forma brusca. Abrió los ojos y observo que aún la pared estaba ahí. Se sobó la cabeza, se había golpeado, pero no le impediría intentarlo nuevamente, ahora tomando más impulso desde más atrás, lo haría sin dudar por Kaede. El resultado fue magnifico…Shuichi logro desprender la rejilla con la fuerza extra y su peso, saliendo disparado por los aires hacia afuera del edificio de los dormitorios, era la luz del sol la que ahora iluminaba su camino y dolor.

-¡Bien! – dijo con alegría antes de chocar contra el suelo y arrastrase por unos metros por la fuerza del impacto. En ese instante se encontraba Maki, esperando a alguien afuera de los dormitorios, al ver la escena no pudo evitar voltear su mirada hacia la ardilla.

-¿Pero, qué diablos? – dijo extrañadísima sin mover un solo musculo de su cuerpo. Pudo reconocer la ardilla que Kaede había llevado al desayuno, pero en realidad no era responsabilidad de ella cuidarla ni nada, así que volteó nuevamente su cara en dirección a la habitación de Kaito. - ¿Cuánto vas a tardar, tonto? – dijo cruzándose de brazos.

El detective intentaba levantarse del suelo, se quejaba con cada movimiento que hacía para apoyarse en sus 4 patas, esto era muy diferente a lo que le gustaba hacer, no estaba acostumbrado… prefería mil veces el olor que desprendían las páginas de un libro nuevo a andar volando por los aires. Se puso sobre sus 4 esponjosas patas y comenzó a correr en dirección al edificio principal, hacia la cafetería. Todo se veía mucho más grande, decidió atravesar el jardín por los pastos y malezas para evitar que los demás estudiantes u otro ser lo detectara y frustrara su plan, especialmente Ouma. Mientras corría tuvo una sensación de alivio, por primera vez desde que era una ardilla estaba corriendo, corriendo libre, podía sentir la humedad del pasto en sus patas, el calor del sol sobre su pelaje, estaba corriendo solo con una cosa en su mente: ayudar a Akamatsu-san, su querida pianista, era la primera vez que hacía algo porque su corazón se lo pedía, estaba olvidando su lado racional, las obligaciones a cambio de su llamado interno de amor.

Fue por el costado del edificio, hacia la entrada directa que daba a la cafetería. Desde la maleza agachado en sus 4 patas y con la cola en alto comenzó a examinar la estructura detenidamente en busca de alguna entrada para él. Sabía que Kaede se enfadaría si lo veía por ahí, así que debía evitar que ella lo viera. Nuevamente y gracias a su pequeño tamaño, localizo el ducto de ventilación de la cafetería, era perfecto… desde ahí no había manera de que lo vieran y podría oír todo pensó. La entrada al ducto de ventilación estaba abierta y con el concreto roto alrededor, seguramente había sido obra de los robots de vigilancia de Monokuma. Cruzó la calle rápidamente y se dispuso a escalar la pared como pudiera, aferrándose de cada grieta que había hasta llegar al bendito ducto de ventilación.

-¡Lo logré! – chilló de emoción mientras jadeaba por el esfuerzo, aún no creía de lo que era capaz el detective. Comenzó a caminar en sus 4 patas muy despacio, su corazón latía fuertemente, sentía una emoción muy grande en su pecho… había atravesado todo esa odisea para encontrarse y ver a Kaede, para ayudarla, estar ahí, aún que ella no lo supiera, siempre estaría ahí para ella, no quería dejarla sola, deseaba en lo más profundo de su corazón verla. Camino hasta una rejilla que daba al salón de la cafetería por el techo, se asomó lentamente y pudo observar que justo estaba arriba de las mesas donde estaba sentada Kaede, había silencio y sólo pudo divisar a la rubia, trago saliva y se inclinó aún más sobre la rejilla, divisando a Rantaro que estaba de pie al lado de Kaede.

-¿Qué ocurrirá? – se preguntó el detective mientras espiaba desde arriba.

La pianista juntó sus manos en su falda apretándolas un poco, estaba nerviosa, Rantaro la miro unos segundos, cerró los ojos y se arrodilló frente a Kaede extendiendo su mano derecha hacia ella.

-Akamatsu-san… eres fuerte, honesta, una líder… por favor, permíteme trabajar junto a ti en la investigación – dijo mirándola directamente a los ojos. – Hay mucho que puedo aportar y necesito tu ayuda… confió en ti.

Instantáneamente al escuchar esas palabas el rostro de Kaede se volvió rojo de la vergüenza y nervios, sintió unas cosquillas en su estómago al ver a Amami así, le recordaba a una propuesta de matrimonio. Shuichi, miraba incrédulo desde arriba no entendía nada de lo que sucedía, no decía nada, ni pensaba nada…. ¿Quién se creía Amami-kun para pedirle algo así de ESA MANERA?.

-Sé que es muy extraño… - continuó. – Pero… juntos podemos hacer algo por todos, te necesito a ti para esto.

-A-aamami-kun…- dijo nerviosa. – Supongo que … podemos ser un equipo – le respondió rápidamente mientras se ponía de pie y le tomaba la mano para levantarlo del suelo.

Saihara quedo helado arriba mirando a través de las rendijas… Akamatsu-san junto con Amami-kun, harían equipo y los salvarían a todos… sonaba bien, pero no para él…. Ese lugar era suyo, no de Amami-kun.

Los dos seguían tomados de la mano sonriendo el uno al otro sin decir nada… el detective se comenzó a impacientar y a dar círculos por la rejilla ya sin cuidado, le había tomado la mano, le quito su lugar… y ¿qué seguía ahora? Pensó el detective… Era cierto, era una ardilla y no podía ayudar… en realidad era inútil, un sentimiento de angustia lo invadió… claro, Amami-kun era mil veces mejor compañero que él….

-Amami-kun – dijo Kaede sonriendo con los ojos.

-¿Si? – dijo el super misterioso.

-Puedes soltar mi mano, por favor – dijo sonriendo nuevamente. Al instante la soltó y ambos rieron. La sensación del tacto de la piel de Kaede era tan cálida, que Rantaro se había sentido demasiado cómodo y lo había olvidado.

De repente unos ruidos se comenzaron a escuchar en el techo de la cafetería. Saihara se despertó de su mar de emociones y se alertó, el ruido provenía de la rejilla donde él estaba, parecía… que iba a colapsar hacia abajo…

-Oh… ¿oyes eso?- le pregunto Kaede.

-Claro, que sí. Viene de arriba- le respondió mirando el techo.

En ese mismo instante la rejilla colapso y cayó por la propia gravedad hacia abajo, primero cayó la rejilla de metal encima de la mesa, rebotando y provocando mucho ruido. Instantáneamente Rantaro rodeó a Kaede con sus brazos y puso su cuerpo como escudo. La pelirrubia lo miraba asombrada y ruborizada por el encanto de la maniobra.

-¿Estas bien? – le preguntó el chico de manera muy gentil.

-Sí – le respondió mientras aún seguían abrazados.

- Es parte del ducto de ventilación que cayó – agregó Rantaro, mientras la tomaba de los hombros para asegurarse de que estuviera bien.

Shuichi se encontraba en la abertura de la rejilla tratando de no caer, apoyando sus 4 patas en los bordes de esta.

-¡Vamos! ¡Sube! – chilló fuertemente. Pero sentía la fatiga de sus músculos al mantener esa posición y fuerza durante un buen tiempo. Lamentablemente para el detective, ya no podía más y dejo su cuerpo caer hacia el vacío. Cayó sobre la mesa bruscamente, sin nada que amortiguara su caída, el vaso de jugo se espacio por toda la mesa y cayó al suelo quebrándose, Kaede grito del susto frente a la situación, dio un paso atrás, pero al darse cuenta de que era Saihara…

-oh por Dios – dijo Kaede tomándose la frente con una mano.

-Pero si es tu ardilla – dijo Rantaro Amami. – Justo a tiempo…. – dijo cruzando los brazos.

-¿A qué te refieres? – le pregunto la pianista mientras se acercaba a Saihara que estaba tendido en la mesa malherido por la caída. –¡Lucky! ¿por qué estas acá? – le preguntó con enojo y preocupación. Se sacó su sweater y lo envolvió en el para secarlo mientras le frotaba la espalda.

Saihara aún estaba aturdo por la caída y más que nada avergonzado… no quería ver el rostro de Kaede enojado, la había desobedecido, no había confiado en sus capacidades y más…. No soportaba hacerla enojar…. .Amami los miraba desde con una sonrisa en su rostro, fue a buscar papel absorbente para limpiar el desastre que había dejado la ardilla, dejándolos un momento solos a los dos.

-Ya vuelvo – dijo Rantaro, Kaede no respondió ni nada, estaba centrada en Saihara.

-¿Por qué?... –hubo un silencio. - ¿por qué vienes si te dije que me esperaras? – tomó aire y dio vuelta a la ardilla para que quedara patas arriba, así no podría esquivar su mirada. El movimiento fue suficiente para volverle el aire a Saihara, abrió los ojos para ver a Kaede, pero grande fue su sorpresa al darse cuenta de que la pianista no estaba enojada, estaba llorando, preocupada por él.

-Akamatsu-san… - dijo avergonzado apartando la vista de ella, no podía soportar la imagen que tenía al frente de él. Las lágrimas de Kaede comenzaron a caer sobre él.

-Me… me preocupo por ti…. Estoy haciendo todo lo posible para que salgamos de esto… y tú sigues metiéndote en apuros. – Se secó las lágrimas con el puño de su blusa. – No quiero… perderte de nuevo, Saihara-kun… por favor, confía en mí- El roedor volteó la mirada hacia ella y se dio cuenta que había cometido un grave error, a pesar de que no podían conversar como siempre lo hacían, aún podían comunicarse, la postura, el brillo de sus ojos y el ritmo de sus corazones era suficiente para que ellos comprendieran lo que el uno y el otro sentían. – Saihara… no lo hagas de nuevo, nosotros somos un equipo – dijo mirando al lado ruborizada.

-Lo prometo… - le respondió a su pianista.