La mayoría de lugares y personajes de esta historia pertenecen al maravilloso mundo de J.K. Rowling
CAPÍTULO 12
"Mierda, ¡mierda! ¡MIERDA!" Gritó Rose, incrementando su tono de voz a medida que sus pasos nerviosos, frenéticos, iban y venía por el pasillo. Las manos moviéndose temblorosas, sudando, sin saber dónde meterse o qué hacer.
Scorpius se acercó lentamente a ella, temeroso, asustado de que aquel jarro de realidad que acaba de caer impasible sobre ellos supusiera la destrucción total de esa maravillosa burbuja en la que habían estado sumergidos, oculto y guardados de los demás. En su mente, el chico no podía evitar imaginarse a la familia de Rose, tirando un lazo hacía ella, un lazo que la atrapa de la cintura y la arrastraba lejos de él, separándoles para siempre, arrancándola de sus brazos. "Rose..." Musitó también nervioso, con la voz y el cuerpo temblorosos. Hacía tiempo que no había temblado tanto, porque hacía tiempo que no había tenido tanto miedo. Ahora que por fin, lo había tenido todo, ¿cómo de doloroso sería perderlo de golpe?
Rose seguía balbuceando en un murmullo casi indescifrable, 'mierda, mierda, mierda...' Sin embargo, al contrario de lo que Scorpius temía, la chica no salió corriendo, no huyó de él, sino que se dejó caer sobre su abrazo, acurrucándose en él, sin dejar de mascullar incomprensible en su pecho. Como si de alguna forma se hubiese soltado de aquel lazo invisible que la separaba de Scorpius, desechándolo determinada. Pasara lo que pasara ahora, y conociendo a sus primos, pasaría y sería terrible, no iba a desprenderse de Scorpius. No podía, simplemente ya no era capaz de vivir lejos de él, de seguir respirando si él no respiraba a su lado. Dijera lo que dijera su familia, pensaran lo que pensaran, no iba a rendirse, no iba a rendirle a él. Porque Rose Wasley era terca, sí, terca y condenadamente obstinada, pero lo era en todas las direcciones, y había tomado la difícil decisión de ser feliz, de ser feliz con la única persona que jamás la había hecho así de feliz, así que lo sería, de la manera más obstina y terca que sabía serlo.
Después de unos minutos de espeso silencio, en los que solo se podía oír los sollozos de la chica, retumbando como un eco en medio del pasillo desierto y mudo; en los que Scorpius no había sabido que hacer, salvo acariciarla el pelo suavemente mientras dejaba que la chica le empapase con sus lágrimas amargas el pecho de su túnica, se resolvió a hablar, o al menos intentar hacerlo, consternado como estaba por lo fácilmente que habían pinchado su brillante felicidad maravillosa. "Rose... Lo siento mucho" Quería expresar de alguna forma la ponzoñosa culpabilidad que había empezado a sentir. Si no fuera por él, Rose nunca tendría que enfrentarse así a su familia, nunca tendría que haberles estado mintiendo sin parar en los últimos meses.
"No lo sientas" Dijo tajante la chica, mirándole por fin con aquellos ojos azules, con aquel océano profundo, inmenso, que ahora estaba bañado por la lluvia de su propio llanto. "Tú no has hecho absolutamente nada malo" Añadió, intentando sonar todo lo sincera que estaba siendo. Porque era verdad, él no había hecho absolutamente nada. Y se refería tanto a aquella noche, como a todo lo demás. Porque, Scorpius Malfoy, no solo era la víctima inocente de todos los prejuicios que le rodeaban sin ni si quiera habérselos buscado él mismo; sino que además, aquella noche, precisamente en aquella ocasión, había sido ella la que había decidido abalanzarse a besarle apasionadamente en medio de aquel pasillo, sin cerciorarse de que estaban seguros de interrupciones indeseadas. Daba igual, ya daba igual. Aquello tenía que ocurrir tarde o temprano. "Será mejor que me vaya" Habló de nuevo, después de otros segundos silenciosos en los que ambos se miraron, diciéndose todo aquello sin tener que decirlo en voz alta. Reticente, Rose se separó al fin de él para volver a su sala común y enfrentarse a la tormenta, no sin antes volver a plantarle otro beso en los labios. Un beso que no era una despedida, era un te quiero, callado, pero contundente; un te quiero que decía: para siempre, pase lo que pase.
Rose sabía a ciencia cierta que a estas alturas, Dominique ya se habría enterado de lo que había ocurrido. De nada habría servido si quiera perseguir a Lois e intentar convencerle de que le guardase el secreto. Lois nunca le ocultaba secretos a su hermana, no porque, entre aquellos hermanos, igual de cotillas ambos e igual de bocazas la mayor parte del tiempo, había además una lealtad imposible de romper. Lo que supiera el uno, lo sabía necesariamente el otro. Al menos los secretos de los demás, porque Rose no se imaginaba a Dominique contándole sus aventurillas nocturnas y sus amoríos a su hermano pequeño. La chica camino despacio hasta el retrato de la Dama Gorda, retrasando el momento de enfrentarse a la cara indignada de Dominique, y a todas las demás caras que vendrían después. A la de sorpresa de su hermano Hugo, a las de furia de James y Fred, pero sobre todo, a la de inmensa rabia de su padre. La misma cara que había puesto el hombre la noche de Navidad en la Madriguera. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al imaginarlo. Sin embargo, estaba, por una vez en su vida, totalmente segura que ninguna de aquellas reacciones la iban a hacer flojear. Ya nada la haría arrepentirse de Scorpius, porque nada ni nadie puede hacerte arrepentirte de semejante felicidad. Por muy doloroso que fuesen a ser las futuras e inevitables discusiones que estaban por venir.
"¿Estás bien, querida?" Le preguntó la Dama Gorda, observando el surco mojado de lágrimas que surcaban las mejillas de la chica. Pero Rose se limitó a contestarla únicamente con la contraseña y el retrato le dio paso sin preguntar nada más. Por más que le gustaría a la chica seguir retrasando aun más aquel momento que se avecinaba, seguir más tiempo, toda la noche, de charla desenfada con la mujer del cuadro, nada iba a solucionar el posponer aquel torrente que amenazaba por derramarle encima. La sala común estaba casi vacía salvo por algún alumno retrasado de séptimo que se había quedado dormido en los sillones mientras fingías estudiar para sus E.X.T.A.S.I.S. Sin embargo, Rose sintió como el ambiente se iba cargando a su alrededor a medida que subía despacio las escaleras de sus dormitorios, pesado, como si el aire se hinchase de algo invisible, incoloro, pero que estaba ahí, compactándolo todo.
"¡¿TE HAS VUELTO COMPLETAMENTE LOCA ROSE WEASLEY?!" Le gritó su prima Dominique nada más entrar por la puerta de su dormitorio, y sin dar tiempo a la respuesta, volvió a bramar. "¡¿MALFOY?! ¡¿ENSERIO?! ¡¿SCORPIUS MALFOY?!" Alice también estaba allí, callada en una esquina sin saber muy bien que decir. Hiciera lo que hiciera, Dominique no iba a dejar pasar aquellos gritos que se habían estado forjando en ella desde hacía media hora, desde que Lois entrara corriendo en la sala común y vomitara sobre ellas 'acabo-de-ver-a-la-prima-Rose-enrollándose-con-Scorpius-Malfoy', todo seguido, atropellándose, con miedo de que si se lo guardaba un poco más dentro, le explotase como una bomba en la boca. "¡DE TODOS LOS CHICOS QUE HAY EN ESTA ESCUELA ¿TENÍAS QUE BESUQUEARTE CON ESE DESGARCIADO?!"
"Dominique..." Empezó a musitar asustada Rose. La imprevista sorpresa del ataque la había dejado con la mente y la capacidad de reacción un tanto mermadas. "Tú no lo entiendes"
"Sí, sí que lo entiendo" Espetó Dominique. "Es guapo, vale, lo admito. Toda la maldita escuela lo piensa" Hablaba deprisa, empujada a precipitarse por la indignación. "¡PERO ES UN MALFOY, ROSE!" Volvió a gritar. "¡¿ES QUE DE VERDAD TE HAS VUELTO LOCA?!"
Rose intentó encontrar los ojos de su prima, tratando de llegar hasta el fondo de su alma entre los vibrantes centelleos de ira que explotaban dentro del azul añil de siempre. "Le quiero, Dominique" Contestó tajante, sincera, mucho más de lo que lo había sido con sus amigas en los últimos meses. "No es un besuqueo como tú lo llamas. Le quiero de verdad"
Dominique no se quedó mirándola, sino que comenzó a caminar deprisa por la habitación, al mismo ritmo airado que sus gritos. "Sí, definitivamente te has vuelto loca"
Alice dio un paso para salir de las sombras tenues de la esquina en la que se escondía, de repente, consciente por primera vez de la profundidad de lo que decía Rose, de la verdadera trascendencia de las palabras de su amiga. "Dom,... por favor, cálmate" Intentó relajar a su otra amiga.
"¡NO, NO ME CALMO!" Empezó a vociferar de nuevo Dominique. "¡NO PUEDES QUERERLE! ¡SIMPLEMENTE, NO PUEDES!"
Rose, que había agachado la cabeza avergonzada, se irguió repentina. Enfadada, muy enfadada, harta de que los demás no parasen de decirle lo que tenía que hacer. Harta de tener que seguir siempre lo que marcaba su maldita familia, de tener que guardarles aquella lealtad irracional y sin sentido. No podía seguir guardando lealtad a cada puñetero Weasley que existía. No. "¡SÍ QUE PUEDO DOMINIQUE!" Gritó entonces ella. "¡PUEDO QUERERLE, Y LE QUIERO! ¡Y NI TÚ NI NADIE VAIS A IMPEDÍRMELO!" Y con una última sentencia, volvió a bramar. "¡ESTOY ENAMORADA DE ÉL!"
Dominique, puso una mueca de asco al oír aquella última frase, pero decidió tratar de ignorarla. "Dime, por favor, qué esta es la primera vez que has estado por ahí, enrollándote con ese imbécil"
Rose se limitó a soltar un bufido, cabreada, muy cabreada. No tenía porque darle explicaciones a nadie, ni siquiera a sus mejores amigas, porque desde luego, ahora mismo, no se estaban comportando como tal. Sin embargo, aquel suspiro exasperado dio a Dominique todas las respuestas que necesitaba, quién se tapó la boca con ambas manos, alarmada, como si su prima acabase de confesar un crimen fatal.
"¿Rose?" Intervino tímidamente Alice. "¿Por qué no nos lo contaste? Somos tus amigas..." Rose la miró ahora a ella, y vio en sus ojos una profunda tristeza. Tristeza y decepción; pero no con ella, no porque no se lo hubiese contado, sino consigo misma, porque Alice se daba cuenta ahora que, claramente, si Rose no les había dicho nada de aquello, era porque ellas habían sido tan pésimas amigas que la pobre chica no había podido compartirlo con ellas. A Alice le invadió una terrible sensación de malestar en el estómago.
"Claro, como si pudiese contaros algo así..." Confirmó Rose
Pero aquella revelación no hizo mella en Dominique, que volvió a la carga, después de haber necesitado esa pausa para asimilar la horrible información que acaban de recibir. "¡ERES UNA EGOISTA ROSE! ¡UNA DESCONSIDERADA!" Chilló con aquel tono tan agudo. "¡CON TODO LO QUE ESA MALDITA FAMILIA LE HA HECHO A LA NUESTRA, TU VAS Y TE DEJAS ENBAUCAR POR ESE... ENGREÍDO, ARROGANTE Y-"
Pero no pudo terminar su sarta de insultos porque Rose la interrumpió, gritando aun más por encima del sonido de su voz. "¡MALDITA SEA DOMINIQUE! ¡ESO PASÓ HACE AÑOS!" Su respiración se agitaba por momentos en algo que se parecía más a un jadeo intenso por el esfuerzo y la cólera. "¡TIENES QUE DEJAR DE CULPAR A SCORPIUS POR COSAS QUE TÚ NI SI QUIERA HAS VIVIDO-"
"¡DA IGUAL QUE NO LO HAYA VIVIDO!" Interrumpió ahora Dominique. "¡NUESTROS PADRES TENDRÍAN UN HERMANO MÁS SI LOS MALFOYS NO-"
"¡LOS MALFOYS NO MATARON AL TÍO FRED!" La discusión ahora no era más que una serie de gritos superpuestos en la que las chicas intentaban herir a su contrincante con cada aullido, más, cada vez más.
"¡PERO ESTUVIERON EN EL BANDO DE LOS QUE LE MATARON!" Protestó Dominique, también jadeando visiblemente. "¡MATARON AL TÍO FRED, A LOS PADRES DE TEDDY, DEFORMARON LA CARA DE MI PADRE Y... Y TORTURARON HASTA LA LOCURA A LOS ABUELOS DE ALICE!" El esfuerzo de su respiración se incrementó aun más por la dureza de aquellas palabras que nunca habían sido pronunciadas en voz alta, tan claramente, tan directamente. Alice, de repente, se encogió de miedo y volvió a retroceder hasta esconderse en su esquina. Les había contado a sus amigas lo que les había ocurrido a sus abuelos después de que su padre le relatase la historia verdadera al salir de una de las vistas a St. Mugo. Se lo había contado porque estaba asustada, asustada de cargar con una información tan cruel, demasiado cruel para digerir ella sola. Pero jamás se había imaginado que se pudiera utilizar aquello para acusar a alguien, alguien de ahora, a quién la chica conocía, con quién había hablado, con quién había compartido clases y pasillos. Alguien con quién habían visto abrazarse a una de sus mejores amigas.
Rose no pudo aguantar más. No iba a convencer a su prima, ni a nadie, de la estupidez de aquellos prejuicios. No iba a convencerla, de la misma forma que Scorpius realmente no había podido convencerla ella. Porque había que comprender por uno mismo, había que ver, que entender el daño de esos prejuicios, la crueldad irracional que ejercían malvados sobre un pobre muchacho de apenas dieciséis años, para poder darse cuenta del sin sentido que escondían. Y Dominique, simplemente, no iba a escucharla, no hasta que abriera su mente y mirarse a la realidad por voluntad propia. Tras unos segundos en los que las chicas siguieron atravesándose con la mirada, repleta de odio, de indignación, Rose salió del dormitorio, corriendo escaleras abajo, llorando, llorando enfadada, rabiosa, triste,... No sabía a dónde ir. No podía huir de la torre de Gryffindor y buscar a la única persona con la que deseaba estar; y no porque fuese demasiado tarde y ya estuviera impuesto el toque de queda, eso ahora no le importaba nada en absoluto, sino porque tampoco estaba preparada para contarle a Scorpius lo que había pasado, para hacerle participe de los gritos terribles y extremadamente crueles de su prima. Finalmente, después de caminar, dando tumbos y vueltas alrededor de la sala común que ya se había quedado completamente desierta, como un animal encerrado, se acabó sentando en uno de los sofás más apartados y se quedó dormida. Exhausta, horriblemente exhausta, por tantos alaridos y peleas, por tantas mentiras, por el inmenso peso de las lágrimas lacerantes que le arañaban las mejillas y el corazón.
Ni Dominique ni Alice bajaron a buscarla o a ver como estaba. La primera, demasiado enfadada, demasiado indignada por aquella noticia y aquella discusión. La segunda, demasiado dolida. Dolida por el recuerdo de las atrocidades de unas guerras pasadas, dolida por la dificultad de digerir todo aquello que no podían entender del todo, simplemente porque nunca lo habían tenido que vivir. Pero sobre todo, dolida por la culpa, por la culpa de darse cuenta de lo mal que se habían comportado con Rose, por haberle fallado a su padre. Su padre, que a pesar de todos los horrores que él si había vivido, siempre le había enseñado a ella que el valor de un ser humano no está en quién es, o que sabe hacer; sino en cómo trata a los demás. La que sí que bajo a comprobar el estado de su prima fue Lilly. Había oído a Lois contarle aquello a las demás en la sala común y había estado pendiente también de los gritos que habían salido desde el dormitorio de Rose, así que había bajado para encontrársela dormida sobre un sillón de la sala común. No apaciblemente, sino luchando en su interior como en medio de una pesadilla. Sin embargo, no la despertó, y simplemente, la tapó con una manta suavemente y apagó las velas de su alrededor, esperando que las sombras cálidas de la torre de Gryffindor, de su hogar, le diesen a su pobre prima un resquicio de paz en aquella tormenta que seguramente continuaría bramando al día siguiente. Quería arreglar aquello, quería de verdad que el temporal amainara y Rose y Scorpius pudiesen ser felices, sin más, pero en el fondo, a veces, Lilly era solo una niña; y aunque acabaría dando con la solución a aquello, como siempre parecía conseguir con todo, en ese instante, en aquella noche, no estaba muy segura de que poder decirle a su prima.
A la mañana siguiente, Rose se despertó sobresaltada con el ruido de los primeros alumnos madrugadores. Se sentía como si hubiese caído dormida tan solo unos segundos atrás, como si no hubiese descansado absolutamente nada, un dolor generalizado y muy profundo extendiéndose por todo su cuerpo. No quería ver a Dominique, ni Alice. Tampoco estaba preparada aun para enfrentarse a Scorpius, y posiblemente a Albus, quienes seguramente estarían esperando explicaciones sobre lo que había pasado con Lois. Simplemente, no estaba preparada para ver a nadie en absoluto, así que se escabulló, sin cambiarse de ropa ni coger sus cosas, al único sitio que conocía donde podría intentar esconderse: a la biblioteca. El lugar estaba prácticamente vacío, con el buen tiempo estival, los únicos alumnos que se resignaban a encerrarse entre los gruesos muros del castillo era los séptimo o quinto, con sus exámenes a la vuelta de la esquina y estos estaban demasiado ausentes, hundidos en la perspectiva que se les avecinaba, que no repararon en aquella chica de ojos llorosos y mirada cansada que caminaba pesadamente entre las estanterías. Rose no se sentó en sus butacas de siempre, temerosa de que alguno fuera allí a buscarla, no era una sorpresa o un misterio que si Rose Weasley estaba escondida en algún lugar, ese sería la biblioteca, seguro. Pero esta vez necesitaba estar sola de verdad, necesitaba sudar la tristeza que llevaba dentro, en silencio, dejándola salir de ella con las lágrima, hasta que tuviera fuerzas suficientes para hacerlas parar, para encararse al mundo. La discusión de ayer con Dominique y Alice no había sido más que la punta del iceberg. ¿Qué iban a decir los demás? ¿James, Fred, su hermano...? ¿Qué iban a decir sus padres? Sin embargo, el miedo de Rose se rendía solo y exclusivamente ante el terremoto de gritos despiadados que posiblemente se le venía encima, como la noche anterior. Pero en el fondo, quizás bastante en el fondo, le daba exactamente igual lo que dijeran su maldita familia. Desde que hubiese oído la voz de Lois, descubriéndola en medio de su supuesto crimen, aquella idea se había ido construyendo en su interior, más y más fuerte, más y más alta, como una inmensa torre que ahora se veía desde todas partes. No iba a renunciar a Scorpius, no. Y de verdad, por muy extraño que sonase aquello, por muy débil, le importaba una mierda lo que le fuese a opinar el resto del mundo.
Llevaba ya media mañana encerrada en aquel rincón, con la mirada y el semblante perdidos sobre las páginas de un enorme tomo, antiguo, ajado. Páginas que no había pasado ni una sola vez, porque lo único que la chica podía ver realmente eran las formas borrosas que se dejaban intuir a través del agua amarga de sus lágrimas. ¿Cuánto más podía llorar una persona? De repente, entre el espeso murmullo silencioso que siempre habitaban entre las grandes estanterías de la biblioteca, se empezó a oír el rasgueo de unos pasos airados, rápidos. Estaba claro que aquella persona, aun invisible para Rose, no conseguía encontrar lo que buscaba, porque se intuía por el eco de su andar como iba y venía por las hileras de mesas y libros, sin pararse a mirar. "Ah, ahí estás" Le dijo repentina Dominique, al asomarse por fin tras la esquina donde se escondía Rose. Al parecer, era ella la dueña de aquellos ecos ceñudos. "Venga, levanta. Nos vamos a Hogsmade" Añadió al llegar hasta ella.
"¿Qué?" Preguntó Rose, extrañada. Después de un instante recordó que aquel fin de semana, tendría lugar otra de las excursiones al pueblo de al lado y que ella, Dominique y Alice, había acordado ir juntas. Sin embargo, por la expresión en el semblante de Dominique, aquello no parecía una inocente y agradable excursión.
"Qué nos vamos a Hogsmade" Volvió a repetir exasperada Dominique mientras cogía el libro que Rose había estado fingiendo leer y lo colocaba sin cuidado en la balda más cercana, en el primer sitio que tenía a mano. Rose hizo una mueca ante tal atrocidad, inconsciente, involuntaria, no podía evitar que sus entrañas, ajenas a las circunstancias del momento, gruñeran descontentas por la blasfemia de desordenar aquel santuario. Sin embargo, hizo de tripas corazón e ignoró aquello, siguiendo a Dominique fuera de la biblioteca y a través del castillo, una esperanza aleteando vibrante en su estómago. ¿Y si aquella era la forma que tenía Dominique de olvidar su terrible discusión? Tal y como habían solucionado sus conflictos Albus y Scorpius, sin hablar, sin disculpas innecesarias, simplemente siguiendo con su vida como si nada. Pero era una esperanza ilusa. Ilusa, soñadora y demasiado idealista, porque ni aquella forma de comportamiento era típica en Dominique, ni parecía que la chica estuviese muy dispuesta a perdones o 'lo sientos'. Caminaron a paso ligero por los terrenos del colegio, rápidas, y silenciosas, con Dominique siempre un par de pasos por delante de ella y apretando la boca en una fina línea que parecía estar conteniendo algo en su interior.
"Dominique, ¿qué está ocurriendo? ¿A dónde me llevas?" Preguntó Rose al cabo de un rato, cansada de corretear detrás de su prima sin entender nada. Sin embargo, cuando las muchachas llegaron por fin al final de los terrenos del colegio y cruzaron la enorme valla de forja, Rose pudo comprender de que iba todo aquello. Apoyados, alrededor del murete de piedras irregulares que enmarcaban el sendero de tierra que llevaba hasta Hogsmade, se arremolinaban la mayoría de sus primos, incluidos Fred y James, quienes ni siquiera estaban ya en el colegio. "¡¿Qué demonios es todo esto?!" Gritó Rose.
Sus familiares, alertados por el sonido de su grito, se giraron ahora para mirarlas. Rose sintió una punzada de dolor al ver a su hermano Hugo entre ellos, e intentó que la mirara a los ojos, pero el chico, al cual se le veía notablemente avergonzado, solo se observaba con demasiado interés los cordones de sus zapatos, con el cuerpo medio escondido detrás de sus primos mayores. Dominique, avanzó un poco más y se situó entre su hermano Lois y la prima Roxane, mirándola con los brazos cruzados. "Si no me vas a hacer caso a mí, a lo mejor nos haces caso a todos nosotros" Comenzó a decir la chica, relajando aquella línea apretada en la que se habían convertido antes sus labios, claramente, era aquello lo que había estado conteniendo en su interior.
Rose no daba crédito a sus ojos. En cuestión de una mañana, Dominique no solo se lo había contado a todo el maldito clan Weasley-Potter, sino que encima, se las habían ingeniado para congregarles a todos allí, incluso sacando a Fred y a James de sus prácticas de aurores. "¡No se a que viene todo esto, pero no vais a conseguir nada!" Gritó de nuevo Rose mientras giraba sobre sus talones para marcharse por donde había venido, aquella mirada de basilisco que ponía cuando se enfadaba, le empapaba ahora las aguas azules, bravas de sus ojos. Aquello era indignante.
"¡Rose, espera!" Gritó James, acercándose a ella y cogiéndola por los hombros, cariñoso. "Dominique y Lois nos lo ha contado. Solo queremos... hablar"
Rose la miró ceñuda. Para ella, James siempre había sido el hermano mayor que nunca había tenido, siempre pendiente de ella, siempre preocupado, pero ahora, verle ahí, del mismo bando de Dominique, le dolía en lo más profundo de su ser, en lo más hondo de su infancia, mucho más de lo que habría esperado. Intentando serenarse, intentando que los gritos no se atropellaran en la boca como había ocurrido la noche anterior, dijo "Quieres decir, que Dominique os ha escrito chivándose y os ha mandado venir a todos para echarme la bronca ¿verdad?"
Dominique soltó un bufido, a punto de contestar, pero James volvió a intervenir, extendiendo una mano para hacerla callar. "No Rosie...No es eso"
"¿Ah no? ¡¿Entonces qué es?!" Espetó, cada vez más nerviosa.
"Mira, Rose." Intervino entonces Fred, acercándose también a ella.
Pero no le dio tiempo a decir demasiado porque Dominique, que ya no aguantaba más saltó repentina, gritando de nuevo, casi colérica, como la noche anterior. De alguna forma se sentía responsable por haber dejado que aquello pasara, como si el hecho de que ella no lo hubiese cortado de raíz desde el primer momento en el que intuyó lo que se avecinaba, la hiciera totalmente culpable de que estuviese pasando ahora mismo. "¡NO PUEDES SALIR CON SCORPIUS MALFOY!"
"¡SÍ, SÍ QUE PUEDO!" Bramó en respuesta Rose. "¡NINGUNO DE VOSTROS VA A DECIRME LO QUE TENGO QUE HACER!"
"¡Callad las dos!" Gritó ahora James, autoritario, dando otro paso para interponerse más entre las dos chicas, que se quemaban la una a la otra en la distancia con las centellas que bramaban en sus ojos. "Escúchanos Rose" Dijo más calmado ahora que había recuperado la atención de su prima.
"Dominique tiene razón" Añadió Fred colocándose en paralelo a James, para mirar también a la chica de cerca.
Rose hizo el amago de volver a intentar marcharse, pero James volvió a sujetarla por los hombros, forzándola a mirarles. "No Rosie, no te vayas. Tienes que escucharnos de verdad" Rose no dijo nada, solo perforando a sus primos con la mirada, Enfadada, muy enfadada. "Sé que el chico te gusta y todo eso, pero no puede ser" Rose intentó ahora contestar pero James la previno. "Déjame terminar. Da igual lo que pienses de él, lo que te haya dicho. Da igual como sea, su familia y la nuestra no pueden mezclarse"
"Eso es un poco hipócrita por tu parte ¿no?" Le espetó ahora Rose. "Os he visto hablar con él en las vacaciones, jugar con él al Quidditch en casa de los abuelos, ¡a todos vosotros!" Dijo mirando ahora a los demás, a Fred, a Roxi, incluso a su hermano Hugo, que seguía emperrado en esquivarla, concentrado ahora en patear unas piedrecitas del camino. "¡Ha estado en tu casa un millón de veces, James!" Volvió ahora a dirigirse a quién la tenía agarrada por los hombros
"Eso es distinto Rose" Dijo él "Si he sido amable con él ha sido por Albus, porque era su amigo, y nos pidió que lo fuéramos. Pero eso no significa que apruebe que un Malfoy se pase la vida rondando a nuestro alrededor" Rose se dispuso a contestar de muevo, pero James volvió a prevenirlo, dejándola con las palabras a medio hacer en su boca. "Además, esto es distinto. Albus simplemente es colega de su compañero de cuarto, ya está, cuando salgan de Hogwarts cada uno seguirá con sus vidas. Pero tú,... tú has estado metiéndote mano con él, y según Dominique, no es la primera vez que lo haces" James hablaba con aquel extraño tono paternalista, pero Rose no se dejó embaucar.
"James, sí crees que tú hermano y Scorpius solo son... colegas de dormitorio, si crees que dejarán de ser amigos solo porque salgan del colegio, de verdad no sabes absolutamente nada de tu hermano" Le acusó duramente Rose. James no apartó al vista, pero en su semblante se pudo ver el temblor de la duda, aunque el chico hubiese deseado esconderlo.
Sin embargo, no dijo nada más y Fred aprovechó el silencio."No puedes salir con un Malfoy, Rose. No puedes" Añadió. "Tú no lo comprendes, hay demasiado rencor en nuestras familias, demasiado odio. Lo que hicieron los Malfoys durante la guerra es imperdonable..."
"¿Vais a seguir anclados a esos malditos prejuicios toda vuestra vida, verdad?" Les preguntó Rose, mirándoles a todos. Ya no sonaba enfadada, al menos no del todo, sino que ahora la invadía una profunda tristeza, de la misma forma que le había atacado aquella pesadumbre al pelearse con Dominique la noche anterior. No podía convencerles, sencillamente no podía. Tenían que ser ellos los que se dieran cuenta de aquella estupidez a la que se agarraban como un clavo ardiendo.
Aquella pregunta les golpeó a todos en la cara como una ola de aire frío, no porque hubiesen descubierto, de repente, la trascendencia que escondía, la verdad; sino porque aun no podían contestarla. No podían, porque como sabía Rose, no serían conscientes de sus prejuicios hasta que se desprendieran de ellos y los vieran tal y como son, desde fuera, desde lejos, como meros odios infundados. Sin embargo, había alguien a quien esa ola no hizo la menor mella. "¡¿ES QUÉ TE HA SORBIDO EL SESO?!" Gritó de nuevo Dominique.
"¡NO! ¡NO ME HA SORBIDO NADA, DOMINQUE!" Le gritó entonces Rose. "¡ LO QUE PASA ES QUE TU NO QUIERES VER MÁS ALLÁ DE TUS MALDITAS NARICES!"
"¡ERES TÚ LA QUE NO VE MÁS ALLÁ DE LAS DE ÉL!" Contestó Dominique.
"¿Qué está ocurriendo aquí?" Interrumpió Llily de repente, que había llegado corriendo a través de los terrenos del colegio y se había acercado al grupo sin que nadie se enterase, en mitad del fulgor de los gritos.
Dominique miró a la chica asqueada. "¡¿Y A ESTA QUIÉN LE HA DICHO QUE VENGA?!"
"¡A MI NO ME HABLES ASÍ!" Gritó Llily. Ella y Dominique nunca se habían llevado especialmente bien. Eran demasiado distintas como para intentar entenderse, y tampoco tenían el vínculo de la edad y el tiempo compartido, como Dominique y Rose, para que se hubiese forjado un poco el cariño entre ellas.
"La he llamado yo, Dom" Intervino James. "Teníamos que estar todos"
"¡¿AH SÍ?! ¡¿TODOS?!" Volvió a bramar Rose. "¡PUES NO VEO QUE HAYAIS LLAMADO A ALBUS!"
James la miró, ligeramente culpable. Claro que no habían llamado a Albus. Tenían que estar todos, sí, todos los que no estuvieran de por sí en el bando de Scorpius Malfoy. "¿Albus lo sabe?" Preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
"¡CLARO QUE LO SABE!" Le contestó Rose, sin que fuera necesario. "¡ES MI MEJOR AMIGO!" Era verdad, Albus era su mejor amigo, pero Rose sabía también, en su fuero interno, que había pronunciado aquellas palabras, casi más lentamente, con la mera intención de hacer daño a Dominique, el mismo daño que ella le hacía con tanta incomprensión.
"¡SÍ, TU MEJOR AMIGO Y EL DEL INSUFRIBLE DE MALFOY!" Añadió Dominique, fingiendo que las palabras de su prima no la habían herido, fingiendo que su alma no había empezado a sangrar levemente. Ella era la mejor amiga de Rose, de verdad que lo era, y si había hecho todo aquello, si había preparado aquella encerrona, solo era porque estaba preocupada por ella, de verdad que lo estaba.
Rose soltó un bufido exasperado, la impotencia subiéndole como la bilis desde el estómago. "¡NO ES NINGÚN INSUFRIBLE!"
"¡SÍ, SÍ LO ES!" Replicó inmediatamente Dominique. "¡AL MENOS ESO PENSABAS ANTES DE QUE EMPEZARA A METERTE LA LENGUA HASTA LA GARGANTA!" Acusó.
"NO, NO LO ES!" Intervino de nuevo Lilly "¡Y A MI NO ME ESTÁ METIENDO LA LENGUA EN NINGÚN SITIO!" Aclaró. James y Fred tuvieron el ligero instinto de reírse por el comentario, pero la carcajada se les quedó atragantada, no estaba el horno para bollos.
"¡TÚ QUE SABRÁS!" Le espetó Dominique. Tenía suficiente con tener que convencer a Rose como para que ahora viniera la otra niña a contrariarla. "¡SOLO ES AMABLE CONTIGO PORQUE ERES LA HERMANA DE ALBUS!"
Lilly se dispuso a gritarle de nuevo. "¡NO! ¡SCORPIUS ES AMABLE CONMIGO PORQUE YO SOY AMABLE CON ÉL!"
Rose la interrumpió, gritando también. Parecía que no iba a haber forma de que aquella estúpida conversación dejara de ser a base de gritos. "¡LILLY TIENE RAZÓN, DOMINIQUE! ¡NUNCA HAS INTENTADO DARLE UNA OPORTUNIDAD, NUNCA HAS INTENTADO TRATARLE BIEN!"
"¡PORQUÉ NO QUIERO TENER NADA QUE VER CON UN MALFOY!" Se justificó Dominique contrariada por tener que dar explicaciones a semejante obviedad.
"¡YA BASTA!" Interrumpió de repente James, cansado de aquella pelea que no parecía estar llevando a ningún sitio. Las chicas se callaron. Se callaron en un silencio agobiante, espeso, solo interrumpido por las exhalaciones de sus agitadas respiraciones y por los tenues sollozos de Roxane, la pequeña, que no había podido soportar por más tiempo los bramidos de sus primas, aquel odio contenido que salía como en explosiones de ellas, y se había abrazado a su hermano Fred para llorar en las mangas de su chaqueta. "¿De verdad quieres enfrentarte a toda tu familia, Rosie? ¿Por él?" James había intentado adornar la pregunta con un tono más suave, menos violento, más cariñoso. Pero la amenaza estaba ahí y no pasó desapercibida.
"¿Eso es lo que estoy haciendo? ¿Enfrentarme a todos vosotros?" Preguntó Rose, con aquella calma fingida mientras su corazón apremiaba por salírsele desbocado del pecho. Miró a James, luego a los demás, a cada uno de ellos. A Fred y a Lois que la miraban igual de gravemente, a Roxane que lloraba agazapada entre los brazos de su hermano, a Dominique, que estaba a punto de estallar en otra oleada de chillidos, contra ella, y contra Lilly, que le devolvía el gesto desafiante. Y miró también a su hermano Hugo, que seguía con la cabeza gacha, como intentando mantenerse ajeno de una lucha en la que estaba inevitablemente hundido hasta el cuello. Aquella evasión fue lo que más daño le hizo. Su hermano, su propio hermano, le daba la espalda igual que todos, la dejaba sola, totalmente sola. "Pues muy bien" Añadió como sentencia final. En algún momento de la vorágine de aullidos y puñales que se estaban lanzando, las lágrimas habían subido hasta anegarle los ojos y ahora se desbordaban en una cascada inmensa, torrencial, increíblemente hiriente, lacerante hasta el alma, hasta lo más profundo de sus entrañas y ya no aguantó más. No llegó a oír como Lilly gritaba de nuevo para defenderla, o como James y Fred la llamaban desesperados, instándola a volver. No llegó a oír nada de aquello porque Rose corría. Corría de vuelta al castillo, buscando desesperada un lugar en el que esconderse, unos brazos en los que ocultarse de la guerra, los brazos de la única persona que podría hacerla sentir bien ahora, los brazos de Scorpius. Porque, aunque seguía sin estar preparada para tener que explicarle todo aquello, eso ya daba igual. Porque le necesitaba más de lo que había necesitado nada en su vida, más que el agua, que el aire para respirar, que el sol para vivir. Necesitaba, con todas las ansias que un corazón podía albergar, confirmar que todo aquello, simplemente, merecía la pena.
Rose encontró a quién buscaba en uno de los patíos interiores del castillo. No sabía cómo, pero la chica había deducido casi inconscientemente que Scorpius estaría allí. A veces, él y Albus pasaban las horas libres en uno de los bancos con los demás alumnos de sexto de su casa. Con un último esfuerzo, ahogando las punzadas dolorosas de flato que sentía como si le apuñalaran en el costado, por la carrera, Rose llegó hasta ellos y sin pensárselo, se lanzó en los brazos del chico, quién la agarró casi en el aire, sin dudar, casi como si aquello no hubiese sido una sorpresa. Se hizo una especie de silencio sumamente incómodo entre los chicos de Slytherin que miraron asombrados como Rose hundía la cara y los sollozos en el pecho de Scorpius y este, como si aquello fuese lo más normal del mundo, la dejaba hacer, acariciándola el pelo suavemente. Al final, Blaise Zabini, que como siempre, no podía contener la bocaza, dijo "Creo que te has equivocado de Slytherin, Weasley. Tu primo no está aquí" Los demás soltaron una carcajada, destensando súbitamente aquel silencio, pero se callaron enseguida al ver la mirada severa de Scorpius. Rose le ignoró por completo, estaba demasiado triste, demasiado colérica para pensar lo más mínimo en lo que opinase Blaise Zabini, en lo que opinasen cualquiera de ellos. Ya le daba igual, toda su familia conocía su secreto y al parecer la odiaban por ello. Lo que opinase el resto de aquel maldito colegio le importaba una auténtica mierda.
"¿Qué ocurre, Rose?" Le susurró Scorpius cariñoso en la oreja, mientras seguía abrazándola, sin soltarla ni un ápice, sin dejar de pasar la palma de su mano lentamente entre su cabello; aunque no necesitaba demasiada respuesta para saber que el huracán se había desatado por fin, desvelado el pastel, desvelados los vientos.
"Ahhhh, vale" Dijo entonces Zabini, como si acabase de comprender un complicadísimo problema matemático. "Por fin" Añadió. Scorpius volvió a mirarle y esta vez, también Rose levantó la cabeza hacía él, ambos con la duda y la extrañeza marcadas en su semblante. "¿Qué te creías, Scorp? ¿Qué no sabíamos todos que llevas media vida colado por Weasley?" Les contestó Zabini a aquella pregunta que no habían formulado en voz alta. "Lo que pasa es que pensábamos que ella no tendría tan mal gusto como para enrollarse contigo" Terminó, con otra carcajada generaliza aun más fuerte. Scorpius miró a su colega con una media sonrisa socarrona, si sus brazos no hubiesen estado ocupados estrechando a Rose entre ellos, le habría soltado una colleja o algo así por la desfachatez de su comentario, pero se limitó a mirarle, acaballo entre el enfado y el divertimento. "¡Vámonos tíos!" Dijo hacía los demás y haciendo un gesto con la mano para que le siguieran. "Dejemos a la parejita resolver sus movidas..." Con un último guiño juguetón, se despidió de Scorpius y de una incrédula Rose y se marchó con los demás hacia el interior del castillo.
Rose soltó una especie de carcajada repentina, casi camuflada entre el hipo y los sollozos, y cuando Scorpius la miró ahora a ella, con una ceja levantada y una mueca curiosa, la chica simplemente dijo. "Es bastante irónico que sean los de Slytjerin los que mejor se han tomado esto..." Pero enseguida se acordó de nuevo de porque decía aquello, se acordó de los gritos de su familia que había sentido como dagas clavados en su espalda. De cómo, con indirectas, rodeos y medias tintas, la habían obligado a tener que elegir entre ellos y Scorpius. Se acordó de la inmensa sensación de soledad que se cernía sobre ella; y entonces toda la tristeza, toda la rabia de antes, volvió a golpearla de nuevo, subiendo en otra oleada de lágrimas, saldas, amargas, hirientes, hasta desbordarse por sus mejillas ya irritadas. De nuevo, Rose hundió la cara en el pecho del chico, sollozando con el cuerpo convulsionado y el alma rota, naufragando sobre él en aquel mar de miedo, de profunda angustia y desconsuelo. Scorpius no dijo nada más, pero notó como algo se le rompía también por dentro, aunque no sabía lo que era, descubriendo, de sopetón, que no había sentido nada tan doloroso, de ese dolor callado, discreto, que no te mata repentino pero sí te ahoga el corazón poco a poco, dejándolo sin aire. Algo tan doloroso como ver el sufrimiento en el semblante de Rose, como ver su desolación resbalando muda por su rostro, entre el mapa de pecas, entre su increíble belleza. Y supo, de repente, algo que a veces, nos cuesta toda una vida llegar a entender. Supo, que el amor, no es querer tener a otra persona, no, el amor es querer que ella tenga todo lo demás.
Muchas gracias a todos por pasaros a leer,
a los que lleváis siguiendo la historia desde el principio
y a los que acabáis de llegar.
Espero que os haya gustado el capítulo y no olvidéis dejarme un review ;)
