N/A: Muchas gracias a los que han seguido la historia, la han marcado como favorita y sobre todo a los que han dejado un comentario para que la continúe (es muy motivador). Espero que les guste este capítulo.


CAPÍTULO 2: No coloring around us (Sin color que nos rodee)

A veces se atrevía a mirarla a los ojos, en una búsqueda desesperada por saber si había sido real. Buscaba en el verde de su mirada un atisbo de lo que había encontrado horas atrás en su tienda. Clarke necesitaba encontrar respuestas a las millones de preguntas que había en su cabeza. Pero Lexa volvía a ser la comandante fría de siempre y ella, por su parte, trataba de ser una especie de guía para su gente. Debería estar concentrada en la batalla que iban a librar en Mount Weather, en el enrevesado plan que habían ideado para derrotar a los hombres de la montaña; pero no podía evitar sentir aquel hormigueo en el estómago cuando su mirada se cruzaba con la de Lexa. Casi no habían hablado, era imposible con todos los generales de la comandante siempre acompañándola, y tampoco hubo tiempo por los preparativos para la batalla. Sentía que tenían tantas cosas de las que hablar y se maldijo a sí misma por haber huido de la tienda de Lexa como una chiquilla asustada. No podía dejar de preguntarse qué significó aquel beso, si el hecho de que Lexa retirara la orden de matar a Octavia lo dotaba de más significado, Clarke quería saber por qué la había besado en primer lugar, quería entrar de nuevo a través de aquel muro de frialdad y conocer a la mujer que se encontraba tras la figura de la temible comandante. Sin embargo, aquel no era el momento.

La noche había caído sobre ellos. Cada hora que pasaba sin saber qué era de Raven, Bellamy y los suyos incrementaba los nervios de Clarke. La energía de Mount Weather continuaba operativa, lo que significaba que la puerta seguía sellada y el ejército no podía entrar en el complejo de la montaña. Clarke miró el pequeño detonador de la bomba que Raven había diseñado para reventar la cerradura una vez la puerta se quedara sin energía. Sintió el pesó del aparato en su mano y tomó una larga bocanada de aire, intentando no agobiarse con la incertidumbre de la suerte de sus amigos.

—Tardan demasiado —dijo a nadie en concreto, sólo se sentía tan nerviosa que necesitaba desahogarse de alguna forma.

—Tardan lo que tienen que tardar —le respondió con tranquilidad Lexa.

Clarke volteó la mirada hacia ella y de pronto se dio cuenta que estaban relativamente solas, a pesar del ejército que las rodeaba, pero se encontraban lo suficiente lejos para que ellas tuviera una conversación más o menos privada. Lexa tenía la vista fija en la gran puerta frente a ella que separaba a los hombres de la montaña de todo el ejército que les aguardaba allí afuera.

—¿Qué harás cuando todo esto termine?

—Yo… —A Clarke le tomó por sorpresa esa pregunta—. No lo sé.

—¿Qué es lo que quieres? —le preguntó mirándola esta vez de reojo.

—Tener de vuelta a mi gente. No puedo pensar en nada más ahora —respondió, aunque sabía que sí había algo más en su mente: Lexa; pero no se atrevió a decirlo.

—Deberías venir conmigo a la capital, a Polis. —El corazón de Clarke dio un vuelco y se quedó mirándola en silencio esperando a que aclarara eso—: Cambiaría la forma en la que nos ves.

Le tomó algunos segundos poder responderle algo y en esos segundos no vio a la fría y temible comandante, vio a la Lexa de la tienda, aquella que añoró volver a ver durante aquellas largas horas en Mount Weather. El estómago de Clarke se encogió más, le pareció imposible teniendo en cuenta la situación en la que estaban.

—Tú ya has hecho que cambie.

Se miraron directamente a los ojos y Clarke pudo ver la sutil sonrisa que asomó en la boca de Lexa, que provocó que sus mejillas ardieran. Fue una suerte, o quizá no, el hecho de que estuvieran en medio de una batalla:

—¡La puerta! —gritó de pronto Lincoln.

Al parecer, Raven había tenido éxito en su misión: la energía de Mount Weather había caído.

—Tenemos un minuto, Clarke —le dijo el sargento Miller.

Clarke miró a Lexa, la mano con la que sostenía el detonador le temblaba. La comandante la sostuvo entre la suya mientras miraba fijamente a Clarke.

—Ahora —le susurró y eso pareció calmar a Clarke durante unos segundos.

Ella asintió más segura y ambas apretaron el botón del detonador, pero no ocurrió nada. Lo volvieron a intentar. La bomba de la puerta no estalló.

—¿Qué pasa? —preguntó Lexa alterada.

Clarke alzó el detonador hacia la puerta y pulsó repetidas veces el botón, pero no ocurrió nada.

—Los inhibidores de frecuencia deben estar interfiriendo. Debo acercarme más.

Pero en cuanto Clarke dio un paso hacia la puerta, disparos comenzaron a producirse sobre sus cabezas, desde la montaña.

—¡Clarke! —gritó Lexa.

Ella apenas se dio cuenta de lo que estaba pasando, no le dio tiempo a reaccionar. De pronto sintió el embiste de alguien sobre ella y cayó al suelo.

—¿Estás bien?

Clarke asintió con rapidez viendo a Lexa sobre ella, la había retirado de la línea de fuego y se habían quedado a cubierto tras una gran roca. Enseguida Lexa se retiró hacia un lado y se sentó sobre el suelo mirando a Lincoln y a los otros que se había cubierto detrás de otras rocas.

—¡Tenemos que llegar a esa puerta y accionar la bomba de forma manual! —gritó el sargento Miller.

—¡Haced un muro de escudos y escoltadlo! —ordenó Lexa.

Varios guerreros terrestres formaron juntos cubriendo al sargento celeste tras unas enormes planchas de metal en forma de escudos. Clarke se sentó al lado de Lexa y gimió viendo que el tiempo corría en contra de ellos. Si no abrían esa puerta se acababa la batalla, no podrían entrar a Mount Weather y todos sus amigos morirían allí dentro. De sólo pensar en todas las muertes que llevaría sobre sus hombros tembló. Entonces sintió la mano de Lexa agarrar la suya con fuerza.

—Todo saldrá bien —le dijo en un susurro.

Clarke entrelazó los dedos junto a los de Lexa. Creyó de verdad en sus palabras, fascinada por la entereza de Lexa en aquella situación. Clarke se preguntó por todo lo que había tenido que pasar para mostrar aquella fuerza. Suspiró sintiendo el calor de la mano de Lexa en la suya y eso le dio tranquilidad, hasta que un disparo certero impactó sobre un pie de uno de los guerreros. La formación que llevaba al sargento Miller hacia la puerta se rompió y uno a uno fueron cayendo acribillados por las balas.

—¡No! —gritó Clarke viendo como sus pocas opciones se desvanecían delante de ella y así mismo la vida del sargento Miller, uno de los suyos.

—Cuánto —le preguntó Lexa con frialdad.

—Diez segundos.

Las dos se miraron con angustia. El plan se desmoronaba y ninguna podía hacer nada. Tenían un inmenso ejército apostado en las afueras de Mount Weather, pero de nada servía. El plan fracasó.

—Aún no vamos a rendirnos —escucharon decir a Lincoln.

El terrestre tensó un arco con una flecha incendiaria que luego disparó hacia la puerta. De no ser por los incesantes disparos desde la montaña, no se hubiera escuchado nada. Todos mantuvieron la respiración mientras esperaban que la idea de Lincoln sirviera. Los segundos parecieron pasar más lentos. Clarke miró el reloj donde había activado la cuenta atrás de un minuto. Su corazón bombeaba rápidamente mientras la mano de Lexa se aferraba a la suya. Cuando la cuenta llegó a cero, sus ojos se levantaron con temor buscando a Lexa, Clarke no se atrevía a mirar a la puerta; pero la sonrisa de orgullo dibujada en el rostro de la comandante se lo dijo todo.

—¡Funcionó! —gritó eufórica Clarke.

Se escucharon el clamor de los guerreros que llenó la quietud de la noche, aunque ni si quiera el ruido de júbilo que provocaron le impidió que escuchara a Lexa con total claridad:

—Te lo dije, Clarke. Todo saldrá bien.

Ella no pudo evitar devolverle una sonrisa cuando vio esos ojos verdes brillando tan cerca de ella. Suspiró con alivio, aún seguían sosteniendo sus manos juntas y estuvieron así durante algunos segundos. Entre la alegría del momento y el aparente alivio que les dio que el plan saliera bien, se permitieron volver a recordar aquel beso. Lexa pasó su dedo pulgar sobre la mano de Clarke con suma lentitud y ésta sintió su interior estremecerse. ¿Qué diablos le estaba pasando con Lexa? Se humedeció los labios viendo las pupilas frente a ella dilatarse súbitamente. Entonces Lexa separó con rapidez la mano de Clarke y la comandante volvió a ella.

—Aún tenemos trabajo que hacer —le dijo con un tono neutral—. Lincoln se queda contigo. Aseguraos que esa puerta se abre y que el ejército pueda entrar a rescatar a los prisioneros. Los demás iremos a la montaña y acabaremos con esos malditos que nos disparan.

Luego se puso en pie y gritó a sus guerreros que la acompañaran. Clarke la vio desaparecer entre el ejército que corrió montaña arriba junto a su comandante, dispuestos a terminar con los tiradores. A penas pasaron unos cinco minutos y los disparos dejaron de caer sobre ellos.

—¡Vamos! —gritó Lincoln a los soldados celestes y terrestres que quedaron.

Con rapidez montaron cuerdas y cadenas para tirar de la puerta. Después de largos minutos, que a Clarke le parecieron horas, la gran puerta se abrió; pero no encontraron a ningún soldado de Mount Weather al otro lado. Los terrestres que habían sido prisioneros comenzaron a salir de allí. Clarke no estaba segura de lo que estaba pasando, su mente enseguida pensó en una trampa. Entonces alguien hizo sonar un cuerno y Clarke echó la mirada atrás buscando a Lincoln. Él levantó la mano y ella pudo entender un «tranquila» de su boca. Pero Clarke no entendía nada y eso no podía tranquilizarla. En ese instante vio a Lexa bajar por el camino de la montaña mientras sus soldados se apartaban dejándole paso. Traía su pintura de guerra mezclada con sangre que también manchaba su armadura oscura. Sus cabellos enmarañados y la respiración rápida e intensa, le indicaron a Clarke que había sido una lucha encarnizada. Verla de nuevo le produjo una mezcla de emociones. La acompañaba Emerson, que tenía las manos inmovilizadas con unas cuerdas alrededor de las muñecas. Pensó que habían ganado, que todo se había acabado, pero entonces no entendía el rostro sombrío que traía Lexa.

—¿Qué está pasando? —le preguntó Clarke cuando se acercó a ella, pero no le respondió—. ¿Lexa?

Entonces un guerrero terrestre cortó las cuerdas que tenía Emerson alrededor de sus muñecas y él torció una sonrisa arrogante hacia Clarke:

—Se terminó, chica.

Clarke buscó con desesperación la mirada de Lexa, pero ésta miraba hacia la puerta de Mount Weather, viendo salir a los suyos.

—¿Qué has hecho? —le preguntó Clarke a Lexa, su voz temblaba, pero más lo hacía su cuerpo.

Lexa dirigió la mirada hacia Clarke. Quiso permanecer fría e impasible, pero cuando la miró directamente a los ojos su rostro se tensó.

—Lo que tú hubieras hecho: salvar a mi gente.

Clarke la miró con incredulidad, ni siquiera le importó que se le llenaran los ojos de lágrimas. Ella no quería creer lo que aquello significaba, no creía a Lexa capaz de hacerle eso.

—¿Y qué pasa con los míos? —preguntó con un hilo de voz.

—Lo siento, Clarke. —Tragó saliva sin dejar de mirarla fijamente—. No eran parte del trato —concluyó.

Clarke sintió como si una bomba cayera sobre ella. Aun con todas las evidencias, era incapaz de creer, no podía creer. Lexa tenía que estar haciendo algún tipo de plan. Se negaba a creer que la abandonara. Imposible.

—Tomaste la decisión correcta, comandante —le dijo Emerson y acto seguido caminó hacia la puerta.

Clarke no pudo hablar. Aquel nudo doloroso de su garganta se lo impedía. Se quedó mirando hacia Lexa con los ojos llenos de lágrimas y el rostro desencajado.

—Soy la comandante, Clarke. Tengo que mantener a toda esta gente a salvo, sus vidas están en mis manos. La batalla hubiera sido una masacre para nosotros, ya he perdido suficientes vidas esta noche... Tuve que tomar una decisión y lo hice con mi cabeza… no con mi corazón.

Como si eso la hiciera sentir mejor, como si el tono frío de sus palabras no la matara por dentro, como si no provocara que algo dentro de ella se rompiera en mil pedazos y sintiera cómo los trozos quebrados la desgarraban por dentro. Más bien hubiera preferido que le dijera cualquier cosa menos eso, que la había engañado todo este tiempo, que había creado ilusiones, que había jugado con sus sentimientos… pero no eso, no que de verdad tomaba esa decisión aún importándole toda esa gente, incluso… Clarke ni se atrevió a preguntarle si era capaz de abandonarla allí, si acaso ya no era importante para ella. No pudo aunque quisiera. Algo la mantuvo paralizada.

—Que nos volvamos a encontrar…

Vio a Lexa darse la vuelta y alejarse de ella sin decir nada más. Todavía no lo podía creer… y cuanto más trataba de asimilarlo, peor era aquella dolencia que se había instalado en su interior. Aquel dolor la atormentó, no la dejó en paz. Incluso cuando bajó la palanca junto a Bellamy e irradió a todos los habitantes de Mount Weather —niños, ancianos, personas inocentes—, en lo único en lo que pensaba Clarke era en Lexa. Se había ido, la había abandonado. ¿Cómo fue capaz de hacerle algo así?

Clarke se miró las manos. Le pareció verlas cubiertas de sangre, como cuando mató a Finn. Se estremeció, tembló, se le llenaron los ojos de lágrimas… Salió corriendo de la habitación, dejando a Bellamy atrás. Había logrado salvar a los suyos, aun con la traición de los terrestres… con la traición de Lexa; pero a qué precio… Clarke corrió y tropezó con algunos cadáveres en su huida, personas que había asesinado. Profirió un grito desgarrador de dolor, golpeó una puerta que no pudo abrir y finalmente rompió a llorar en el piso, abrazada a sus propias piernas, acompañada de cuerpos inertes de aspecto desagradable por la radiación. Y aún seguía pensando en Lexa…


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Canción: Kevin Garrett - Coloring