CAPÍTULO 6: Back to the start (Volver al principio)

Clarke se quitó la chaqueta de cuero y la dejó sobre el césped. Se secó el sudor de la frente con el reverso de la mano y miró fijamente al muchacho frente a ella. El chico se pasó una mano apartando su flequillo rubio hacia un lado y luego agarró la vara con las dos manos, colocándose en posición de ataque.

—Venga, otra vez —le dijo.

Clarke se agachó y agarró su vara del suelo decida a no dejarse humillar nuevamente por aquel crío. Lo fulminó con la mirada y él le devolvió un gesto serio.

—¿Lista? —le preguntó, pero antes de que pudiera contestarle el chico arremetió contra ella. Clarke elevó el palo sobre sus ojos en un gesto de reflejo y pudo parar el golpe.

—¡Eh! —se quejó ella; sin embargo, él continuó su ataque, con una velocidad que apenas le dio tiempo a Clarke a defenderse y terminó por resbalarse por culpa de la humedad del césped. Cayó por enésima vez al suelo.

El chico comenzó a reírse apoyando un extremo de la barra en el suelo y sosteniéndose contra ella a modo de bastón.

—Oye, no te rías, esto es más difícil de lo que parece —se quejó Clarke mientras se sentaba sobre el suelo y sacudía la suciedad de su pantalón.

—No lo haces tan mal… pero mejor descansamos un rato —dijo él sin poder borrar la sonrisa de su boca—. Te llevo algunos años de ventaja en el entrenamiento, pero tienes buenos reflejos y fuerza, sólo tienes que pulir tu técnica… bastante.

—Los niños del Arca no nos dedicábamos a la lucha —respondió ella con un suspiro—. La vida en el espacio era muy diferente… Pero gracias por enseñarme, Aden.

—No hay problema —le respondió el chico mientras se sentaba a su lado—. Lexa me lo pidió a mí personalmente y estoy encantando. La gente dice cosas sobre el pueblo celeste, pero tú eres genial. Ya entiendo por qué a Lexa le gustas.

El corazón de Clarke dio un vuelco y enseguida sintió un rubor incontrolable en sus mejillas. Aden la miró confuso.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó al ver su reacción.

Clarke suspiró con nerviosismo y le sonrió después, tratando de disimular. Seguramente fue un comentario de lo más inocente y el niño ni se había dado cuenta de lo que significaba. Clarke se sintió muy idiota en ese momento, pero no pudo controlar la reacción de su cuerpo al escuchar aquellas palabras.

—Nada, hace calor —le dijo y trató de cambiar de tema con rapidez—: ¿No eres muy pequeño para saber luchar tan bien?

—Tengo 14 años —respondió él un poco molesto.

—No quiero ofenderte, es que en Arkadia los niños de tu edad hacen… otras cosas.

—Mis padres no querían que luchara —dijo encogiéndose de hombros—. Si hubiera sabido luchar los habría salvado.

—Lo siento, Aden —le respondió bajando la mirada, avergonzada.

—No pasa nada. Lexa me ayudó mucho y cuidó de mí.

Clarke levantó la mirada y vio la brillante sonrisa en la boca de Aden. No pudo evitar sonreír también al verlo.

—La admiras mucho.

—Ella me salvó, pero también trajo la paz a nuestro pueblo. Hizo que todo el mundo la respetara, que la venera y temiera. Ella jamás se arrodilla ante nadie. No sé qué imagen te da eso, pero sólo quiere acabar con la violencia y que los niños, como ella y yo, no tengan que sufrir con tanta muerte, simplemente ser niños como los niños celestes que no necesitan aprender a luchar, supongo.

La sonrisa de Clarke se borró al escuchar aquello último. No pudo evitar la punzada de dolor que cruzó su pecho.

—¿A Lexa… le pasó lo mismo que a ti?

Él asintió con lentitud, desviando la vista hacia el cielo azul que estaba sobre ellos.

—Es bastante común, al menos antes de la gran coalición de Lexa —le explicó—, pero no debería hablar de eso contigo.

—Tranquilo, sé que es algo personal, no pretendía ser indiscreta.

—Sí y además está viniendo —dijo mientras se ponía de pie de un salto.

Clarke sintió su cuerpo tensarse cuando vio la figura de Lexa, con su maquillaje de guerra y su armadura, acercándose a ellos a través del campo.

—Ponte de pie —le hizo señas Aden—, no quiero que piense que no estaba cumpliendo sus órdenes.

A pesar de que se sentía un poco dolorida por los golpes y el entrenamiento incansable de aquellos días, Clarke se puso de pie sin problemas mientras Lexa se acercaba. Sus ojos verdes se fijaron con dureza en Aden.

—Tienes dos horas de entrenamiento con Clarke —dijo elevando la barbilla con aires de superioridad—. No puedes desperdiciar ni un sólo segundo de ese tiempo.

—Le pedí un descanso —la interrumpió Clarke.

Los ojos de Lexa se fijaron entonces en ella, con la misma dureza con la que miraba a Aden. Eso la puso nerviosa.

—Él puede responder por sí mismo —le dijo, luego volvió la mirada a Aden—. Ve a entrenar con los demás. Rápido.

—Sí, Heda —respondió y obedeció inmediatamente, alejándose de allí.

Clarke se sintió incómoda. Todo lo que había visto de Lexa esos días había sido eso. Después de lo que había ocurrido cuatro noches atrás, se volvió hermética, parecía más distante y fría. Llevaba puesto su modo comandante las veinticuatro horas del día. Una vez pareció sonreír cuando Clarke estuvo en desacuerdo con Titus, pero ella no sabía si realmente lo hizo o fue una ilusión. Desde la noche en la arena, para Clarke era imposible tratar de acercarse a ella. Lexa la trataba con respeto, procuraba que estuviera cómoda en Polis, pero era imposible hablar con ella de cualquier cosa que no fuera el pacto de paz con skaikru. Eso ponía a Clarke nerviosa e incómoda, no sabía por qué, pero le molestaba esa gran distancia y el empeño de Lexa en ello. Clarke pensó que quizá era lo mejor para todos, después de Mount Weather todo había cambiado y ella no podía permitir poner a su gente en peligro por algo personal.

—No seas tan dura con él, es sólo un niño.

—Lo estoy preparando —le respondió sin ni siquiera mirarla—. Cuando sea comandante todo será duro para él, no tendrá un respiro, no importa lo que sienta. Muchas personas dependerán de él y nadie va a darle unas palmaditas en la espalda diciéndole que lo ha hecho bien, nadie le consolará cuando alguien a quien quiera muera o cuando tome una decisión difícil, ni siquiera podrá tener un amigo porque cualquiera es una amenaza para su seguridad, porque tendrá que traicionarlo en algún momento por el bien de su pueblo…

Lexa dejó de hablar y pareció incómoda cuando dijo aquello último, como si no hubiese sido su intención decirlo en primer lugar. Clarke supo que ella hablaba de su propia experiencia y de pronto no se encontró muy bien. No pudo evitar que su estómago se revolviera al pensar en lo que pasó en Mount Weather.

—Vine a buscarte. Tu gente está aquí —habló de nuevo Lexa.

Clarke la miró y vio los ojos de Lexa fijos en los suyos. De pronto su corazón se aceleró inexplicablemente.

—Gracias —le dijo en un susurro.

—Todos nos merecemos vivir en paz.

Eso fue lo único que dijo Lexa en todo el camino de vuelta a la ciudad. Clarke intentó dos veces iniciar una conversación, pero sólo recibió unas respuestas vagas por parte de Lexa. Durante el silencioso camino junto a ella, recuerdos llegaron a su cabeza. Fue inevitable caminar entre aquellos árboles y no recordar las caminatas en el bosque que habían hecho juntas, antes de Mount Weather, compartiendo pensamientos, costumbres de sus pueblos o simplemente conociéndose un poco más. Clarke sintió una terrible nostalgia. Todo podría ser tan diferente ahora si Lexa no la hubiera abandonado en Mount Weather…

Llegaron a la torre sin compartir ni una sola palabra, salvo un «tu gente está arriba, en la sala del trono». Antes de llegar allí, Clarke sintió que algo no iba bien y parece que Lexa también porque instintivamente se puso frente a ella en modo protector.

—Algo ha pasado en la montaña —les dijo un guardia.

Y cuando Clarke entró tras Lexa en la sala, lo primero que vio fue la cara larga de Bellamy mientras sujetaba un walkie-talkie. A través de la radio se escuchaba un llanto que a Clarke le pareció muy familiar.

—¿Qué está pasando? —preguntó Clarke.

Kane, su madre y Octavia la miraron con el rostro desencajado, lo cual la asustó aún más.

—Pregúntale a ella —dijo Pike, que también estaba entre los presentes, dirigiéndose directamente a Lexa en un tono de evidente desprecio.

—Yo no sé qué está pasando —le respondió Lexa en el mismo tono.

—Habéis volado por los aires Mount Weather —respondió Bellamy con la voz rota—. Nuestra gente estaba allí… Sólo escaparon Raven y Sinclair.

—Ellos no tienen explosivos ni nada que se les parezca —dijo Clarke, incrédula.

—Mount Weather tenía un mecanismo de autodestrucción, Clarke. Ellos debían de saberlo —le explicó Bellamy.

Clarke sintió una punzada horrible en el pecho y dirigió la vista hacia Lexa. No… ella no podía haberlo hecho otra vez…

—Yo no he hecho esto —le dijo Lexa como si hubiera adivinado lo que pensaba—. Clarke…

La tensión en la sala se disparó. La comitiva celeste miraba amenazante a los guerreros terrestres, pero nadie dijo nada ni se movió, como si esperaran a que Clarke y Lexa hicieran algo.

—Quiero la paz, de eso trataba esta reunión —dijo Lexa sin dejar de mirar a Clarke—. Es evidente que alguien quiere comenzar un conflicto.

—Eso dices tú, quizá fue todo una trampa —se quejó Pike de nuevo—. Todavía hay un ejército a las afuera de Arkadia, quién sabe lo que estáis planeando...

—¡Basta! —le reprendió Kane.

—Ese ejército evita que alguien os ataque mientras negociamos una paz —dijo en tono amenazante Lexa—. Quiero que vuestra gente se una a la coalición, pero ya sabíamos que no sería un proceso fácil.

—Queremos lo mismo —intervino Kane— y alguien quiere justo esto, que nos enfrentemos.

—Descubriremos quién ha hecho esto y pagará por su traición —le dijo Lexa.

—¿Eso es una promesa? —preguntó de pronto Clarke.

—Lo prometo —le respondió Lexa enseguida.

Clarke miró a su gente y todos la miraron con atención, como si buscaran su aprobación en algo. Ella suspiró un poco molesta.

—Me quedaré para asegurar de que cumple con su promesa —dijo mirando a su madre. Ella negó con la cabeza, pero no se opuso:

—Entonces nosotros volveremos a Arkadia, podrían planear atacarla.

Abby se acercó a su hija y la abrazó. Los demás comenzaron a salir de la sala. Clarke suspiró entre los brazos de su madre, como si de pronto volviera a sentirse segura con ella, como cuando era niña. Estaban pasando tantas cosas… Clarke empezaba a desear tranquilidad, disfrutar de cosas banales y no de políticas ni guerras. Incluso comenzaba a echar de menos sus dibujos.

—Cuídate, por favor —le dijo al oído.

—Lo haré, mamá —le respondió mirando de reojo a Lexa, que estaba al lado suyo en silencio—. Cuidaros vosotros también.

Abby salió tras Kane, quien le dirigió un gesto de aprobación y ánimo, al igual que Octavia; sin embargo, Bellamy se quedó plantado frente a Clarke con el ceño fruncido y mala cara.

—Deberías volver a casa —le dijo él—. Allí estarás segura.

—Bellamy…

—Te necesitamos allí, Clarke. Ya has estado suficiente tiempo fuera. Tienes que volver.

—Estará a salvo bajo mi protección —le dijo Lexa.

—Clarke —insistió Bellamy.

Ella dejó escapar un bufido y agarró a Bellamy por el brazo llevándolo fuera de la sala.

—Clarke, ¿qué te pasa? —se quejó él—. Nos abandonó en Mount Weather, contrató a un matón para que te trajera a rastras hasta aquí… ¿no ves que te está usando a su favor?

—Bellamy, por favor…

—No, Clarke, mírame —le dijo zafándose de ella y colocándose enfrente—. Desde el principio sois aliadas sólo porque le diste una oportunidad para acabar con los hombres de la montaña, pero en cuanto pudo te dio la espalda. Ahora te está usando porque eres Wanheda y cuanto dejes de servirle te dejará de lado.

—Lo siento, Bellamy. Esto es lo que tengo que hacer —le respondió dándole la espalda para volver a la sala.

—Sabes perfectamente que si tuviera que elegir entre tú y su gente, elegiría su gente. Lo sabes.

Clarke lo miró de reojo. Bellamy ya caminaba hacia donde estaban los demás. Ella se sintió inquieta con las palabras que le dijo y se mordió el labio con nerviosismo. Apretó los puños. Tenía que pensar en frío, tenía que pensar en Arkadia, en los suyos… todo esto lo hacía por su gente.

Con la cabeza más despejada, Clarke comenzó a caminar hacia la sala donde había dejado a Lexa antes, pero unas voces la detuvieron:

—¡Si te preocuparas por Clarke la mandarías a casa porque es la única forma en la que esté a salvo! —escuchó gritar a Titus—. No hagas que pague por tus errores como hiciste con Costia.

—¿Mis errores? Azgeda le cortó la cabeza a Costia y la dejó en mi cama —le respondió Lexa aún más fuerte—. Aun así dejé que se unieran a mi coalición. ¡Soy más que capaz de separar mis sentimientos de mi deber!

Y de pronto todo pareció volver a estar en silencio. Clarke tuvo que apoyarse en la pared más cercana porque sentía que se estaba mareando. Allí vio a Titus salir de la sala hecho una furia:

—Espero que sepas lo que estás haciendo —le dijo a Lexa desde la puerta.

Sus ojos miraron a Clarke cuando pasó por su lado. La mirada que le echó Titus estaba llena de odio. Clarke se irguió y le devolvió un gesto de indiferencia. Se sintió enferma de que sacara el tema de Costia a Lexa para tratar de persuadirla. Era cruel, aunque ella misma había intentado matarla no hace demasiado... Sonrió con ironía y luego se dirigió a la sala.

—Me pregunto cómo supieron los terrestres que había un mecanismo de autodestrucción en Mount Weather —dijo Clarke cuando entró.

—Pronto sabremos qué ha pasado —le respondió ella dándose la vuelta para mirarla.

—¿De verdad vas a ayudarnos?

—Podéis confiar en nosotros, quiero dejar atrás lo que pasó en Mount Weather —le dijo mirándola con seriedad—. Os demostraré que podéis volver a confiar en mí, que mi propuesta de paz y unión es sincera.

Fue ver sus ojos y un hilo de duda comenzó a destrozarla por dentro. Las palabras que le había dicho Bellamy llegaron a su cabeza con demasiada nitidez. ¿Y si Lexa la estaba usando, si la confundía para manejarla a su antojo? Era lo que había pensado todos estos meses en los que había estado lejos de Arkadia y de su gente, lo tenía claro, ¿por qué dudaba? Clarke encontró cierta verdad en lo que le había dicho Bellamy: Lexa preferiría siempre a su gente que a ella.

—Si me traicionas otra vez… —Clarke no pudo evitar que su voz temblara al decirle aquello.

—No lo haré —la interrumpió ella.

Lexa dio un paso hacia delante, tomó una larga bocanada de aire y se arrodilló frente a ella. Clarke se quedó sin respiración. La observó sin ser capaz de decir nada ni moverse, con el corazón galopando a toda velocidad en su pecho.

—Te juro lealtad, Clarke kom skaikru —le dijo clavando sus ojos en los de ella—. Trataré tus necesidades como las mías y a tu gente como si fuera mi gente.

Un nudo de emociones subió por la garganta de Clarke. Lexa continuó de rodillas, sin apartar su mirada de la de ella, y entonces recordó las palabras de Aden: «ella jamás se arrodilla ante nadie».

Clarke extendió su mano, no quería que Lexa se sintiera humillada, y cuando sintió los dedos de Lexa rozarla se estremeció. La mano de Lexa se afianzó en la suya y se puso de pie. Entonces lo vio: su lado vulnerable apareció de nuevo, bajando la mirada, incapaz de mirarla, sabiendo que se había expuesto por completo a Clarke. Clarke lo sabía, era totalmente consciente de lo que significaba que Lexa lo hiciera, justo en ese momento, como si hubiera leído todas sus dudas. Una intensidad la recorría por completo, dejándola sin respiración. Se dio cuenta, sí, había anhelado ver aquella parte vulnerable de ella.

Clarke tomó la barbilla de Lexa con la otra mano y la elevó con cuidado. Los ojos verdes se fijaron en ella, expectantes de su reacción. Clarke quiso decirle que creía en ella, que creía que sus intenciones en arreglar las cosas eran sinceras… Vio el rastro oscuro junto a su labio, un recordatorio del golpe que le había hecho en cuanto se volvieron a encontrar, y quiso pedirle perdón por ello también… pero Clarke no podía hablar. Sus dedos fueron delineando con extrema lentitud la mejilla de Lexa, casi de forma involuntaria. Vio cómo Lexa abrió sus labios, exhalando una gran cantidad de aire, y entonces, Clarke acomodó su mano sobre en el rostro de ella mientras los ojos verdes la miraban con cierto temor. «No tengas miedo, Lexa», quiso decirle Clarke, pero sólo podía decirlo en su cabeza en aquel momento: «entendí desde hace tiempo tu decisión, pero no podía perdonarte porque…», ni en su cabeza pudo saber la respuesta exacta.

De pronto, Clarke se encontró cerrando el espacio entre ambas y sus labios rozaron los de ella. Escuchó el jadeo de Lexa y sintió cómo sus labios le correspondieron ansiosos, como la boca sedienta a la que de repente le vierten unas gotas de agua. Clarke movió su mano por la parte trasera de la cabeza de Lexa, acercándola más para afianzar el beso. La delicadeza del principio se convirtió en una necesidad aplastante y los labios de ambas se deslizaron con un hambre latente que creó un hormigueo en el estómago de Clarke; pero tuvieron cuidado, como si una excesiva intensidad pudiera romperlas en mil pedazos.

Clarke separó ligeramente su boca y dejó que su frente descansara sobre la de Lexa mientras tomaba aire. Cuando abrió los ojos, su ser entero se estremeció al ver el brillo de una lágrima cayendo sobre la mejilla de Lexa.

—Clarke… —murmuró la otra con un hilo de voz.

Ella se asustó y se retiró un poco hacia atrás para verla mejor. Lexa temblaba y Clarke se apresuró en acunar su rostro con las dos manos, pero Lexa las retiró con sumo cuidado y dio un paso hacia atrás.

—¿Qué significa esto?

Clarke era un torbellino de emociones y no estaba segura de nada. No fue capaz de responderle, no quería decir cualquier cosa que hiriera los sentimientos de Lexa. Ni siquiera sabía por qué la había besado, ni lo que significaba aquella urgente necesidad de tenerla entre sus brazos, de protegerla… Pero si hace unos días la odiaba, ¿qué diablos estaba haciendo ahora, qué había cambiado?

Ante el silencio tenso que se formó entre ellas, Lexa asintió con lentitud y comenzó a alejarse y Clarke se quedó allí paralizada. Una sensación amarga se apoderó de su garganta y unas ligeras náuseas la invadieron. Se sintió enferma y asustada mientras veía a Lexa alejarse de su vista. Entonces, sintió una opresión en su pecho y tuvo que tomar largas bocanadas de aire para tranquilizarse. ¿Por qué Lexa la estaba haciendo sentir de esa manera?


N/A: Siento la tardanza. Sé que tardo más en actualizar y es muy feo :( intenté hacer un capítulo un poco más largo para compensar la espera (?). También estuve haciendo borradores de los próximos capítulos y así no me atasco en la escritura, así que todo está bastante planeado. Voy a intentar actualizar más seguido ahora que vienen las vacaciones y tendré más tiempo libre.

Espero que les haya gustado este capítulo. La verdad no sé si fui muy mala pero creo que Clarke y Lexa están lidiando con muchas cosas y sentimientos, pero ya me dirán qué les parece a ustedes xD. Y por último, muchas gracias por sus comentarios, de verdad, ayudan muchísimo ^^

CANCIÓN: The scientist - Coldplay