N/A: Hello, it's me... No les quiero aburrir con mi vida y por qué no actualicé antes, les dejo con el capítulo que ya era hora que lo publicara, perdón :(

Pero, me gustaría agradecer a EoloWind que me dejara una review tan bonita :_ y a Triptan porque siempre me comenta todos los capítulos :_ y bueno, gracias a todos en general, que he visto mi historia en una lista de fanfics recomendados y me he emocionado y todo :_ Espero poder estar a la alturas de las expectativas :_


CAPÍTULO 7: Lie to me... (Miénteme)

No podía dormir. No después de todo lo que había pasado aquel día. Aún su cuerpo temblaba por el miedo que pasó viendo la batalla entre Roan y Lexa. Cada vez que Lexa fue golpeada, cada vez que cayó al suelo y pensó que iba a morir… Clarke tuvo que sentarse en el borde la cama cuando todas aquellas imágenes volvieron a su cabeza para atormentarla. Sus manos temblaban al recordar la lanza que casi la golpea en la cabeza… Clarke no podía evitar recordar la imagen de Lexa malherida en la arena… Había estado a punto de perderla dos veces. Se sorprendió al pensar así, pero era cierto, no podía ni pensar en la posibilidad de su muerte. Le importaba, quizá más de lo que se había parado a pensar.

Clarke suspiró y se puso de nuevo de pie. Caminó hasta la ventana de su habitación y trató de distraerse con la oscuridad de la noche. Miró el cielo lleno de estrellas. Desde allí abajo el espacio se veía diferente. Todo era diferente a cómo ella se lo había imaginado. Había encontrado una Tierra salvaje, donde cada minuto de vida parecía un regalo. Se sintió agotada pensando en que todo lo que había hecho desde que llegó había sido tratar de vivir un día más. Ni con la promesa de paz de Lexa parecía que las cosas pudieran calmarse. La Nación de Hielo así lo evitó cuando destruyó Mount Weather. Fue el golpe maestro para tratar de acabar con Lexa y evitar la unión con la gente celeste. Clarke no podía terminar de comprender el odio férreo que sentía la Nación de Hielo hacia ellos.

De pronto, escuchó unos golpes en la puerta. Enseguida su corazón dio un vuelco porque solo había una persona que llamaría a su puerta a aquellas horas de la noche. Y allí estaba ella, con su semblante serio y sus ojos verdes fijos en Clarke en cuanto ésta abrió la puerta. Lexa se quedó mirándola en silencio, esperando que Clarke dijera algo. Llevaba el pelo suelto, recogido sobre su hombro, y un vestido negro, que era apenas una tela fina, algo holgado, pero con grandes aberturas que dejaban ver algunos de sus hematomas y heridas. Incluso si no parecía aquella guerrera feroz, aquellas marcas le recordaron a Clarke la batalla que había acontecido hacía unas pocas horas.

—Cumplí mi promesa, la reina Nia ha pagado su traición con su vida —dijo Lexa con cierta calma.

La chica celeste sintió una opresión en su pecho y agarró con fuerza el borde de la puerta. Observó cómo Lexa fruncía el ceño, quizá confundida por su silencio, pero es que ella no podía imaginar el torbellino que sentía Clarke en su interior. Los nervios, el terror que sintió en la arena, la angustia… parece que todo afloró de repente porque Clarke había tratado de contenerlo y de permanecer fuerte en todo momento.

—Simplemente quería ver si estabas bien —dijo Lexa—. Han pasado algunas horas desde que nos vimos en la arena y…

Lexa se quedó en silencio y totalmente rígida cuando Clarke se abalanzó sobre ella y la envolvió con sus brazos. La abrazó como si en vez de horas hubiera pasado años desde la última vez que la vio.

—Lo siento… es que… —balbuceó mientras se separaba de ella. Clarke no sabía muy bien qué decir y Lexa la miraba casi tan sorprendida como se sentía ella por aquel gesto espontáneo.

—No necesitas disculparte.

Clarke asintió en silencio y dio un paso hacia atrás, dejándole paso a Lexa para que entrara a su habitación. Demasiados gestos espontáneos estaba teniendo Clarke en cuanto tenía a Lexa delante. Aquello la hizo sentir muy estúpida e infantil. Parece que su capacidad de razonar se evaporaba cuando la tenía enfrente.

Lexa entró en la habitación con un movimiento que parecía ensayado para una reunión con los consejeros. Al verla en aquel vestido se había olvidado de que era Heda quien tenía delante de ella.

—Podemos dar por finalizado el conflicto con Azgeda, los culpables del ataque a Mount Weather han sido expuestos y castigados. —Clarke suspiró mientras cerraba la puerta y la escuchaba, no entendía cómo podía estar tan serena después de todo lo que había pasado si ella creía que en cualquier momento le daría un infarto—. Con la muerte de la reina y la proclamación de Roan como sucesor, skaikru puede comenzar los preparativos para formar parte de la coalición. Yo demostraré mi compromiso de paz entregando a tu gente el cuerpo de Nia.

—¿Cómo lo harás? —preguntó Clarke, tratando de relajarse y concentrarse en todo lo que se les venía encima. Tenían mucho que planear.

—Lo haremos juntas. Mañana saldremos temprano hacia Arkadia para entregar el cuerpo de Nia y… Clarke…

—¿Sí? —El cambio en el tono de la voz de Lexa la puso nerviosa.

—Gracias por apoyarme.

—Era lo correcto… para mi gente —logró decir con cierta torpeza.

—¿También era lo correcto para tu gente besarme?

—Eso… —Clarke sintió un súbito calor invadirla. Su corazón casi salió disparado de su pecho y su cuerpo se quedó petrificado. ¿Había escuchado bien o todo era producto del cansancio y los nervios?

—Está bien, Clarke —dijo Lexa con una suave sonrisa—. No tienes por qué decirme nada, ha sido un día muy largo. Buenas noch-

—Espera, Lexa. Yo… —Clarke no estaba muy segura de lo que le iba a decir, pero tampoco podía dejarla ir como la otra noche—. Estoy hecha un lío, no te voy a mentir —confesó con una sonrisa nerviosa—. Intento seguir hacia delante pero no puedo olvidar lo que pasó en Mount Weather. Trato de entender la situación que nos rodea, las necesidades que tienen nuestros pueblos, pero es que no puedo olvidar cómo me sentí… y cómo me siento al recordarlo… y al recordar todo lo que ocurrió antes de Mount Weather… Y no sé cómo sentirme al respecto, es como si no supiera a qué realidad enfrentarme.

Lexa la miró durante unos segundos y luego dejó salir un largo suspiro.

—Abandonarte en Mount Weather fue un error —le dijo bajando la mirada hacia el suelo—. Estaba tan asustada de tomar una decisión equivocada por culpa de mis sentimientos que al final tomé la peor de las decisiones. Pensé que estaba usando la cabeza, pero fue miedo, me dejé llevar por mis generales, por los otros líderes… Jamás creí que pudieras sobrevivir a Mount Weather y viví aterrada de que hubieras muerto por mi culpa, igual que cuando murió Costia. —Lexa tomó aire, como si alguien le hubiese asestado un golpe en el pecho que le impidiera respirar, pero continuó con rapidez—: No sólo sobreviviste sino que acabaste con los hombres de la montaña. Tenías razón, demostraste que soy débil. Merezco todo esto, y entiendo que me odies y que tu gente también lo haga, lo acepto. Me equivoqué al huir para salvar a mi gente, pensé que la gente de la montaña era invencible y fui idiota. Tu pueblo demostró su fortaleza y si tu pueblo no acepta la alianza nos espera una guerra, pero entenderé sus razones y…

—Lexa, para —la interrumpió Clarke—. He visto lo difícil que es hacer políticas aquí. Todo es tan volátil… Y tú y yo tenemos demasiadas responsabilidades. Lo que quiero decir es que me gustaría que dejáramos Mount Weather atrás y nos centremos en el presente, en la alianza de nuestros pueblos; pero también hay algo dentro de mí que no me deja avanzar...

—Clarke, es importante que entiendas que soy Heda ante todo. Mi propósito es mucho más grande que yo misma.

—¿Qué quieres decir?

—Que si las dos entendemos eso, no volverá a ocurrir nada como lo de Mount Weather y ambas haremos siempre lo que es correcto para nuestro pueblo, sin sentimientos que nos hagan débiles.

—Sí, eres Heda, ¡pero también Lexa! Y eso no te hace débil… —Clarke hizo un ademán para añadir algo más, pero simplemente suspiró con exasperación y bajó la vista al suelo.

—¿Y quién es Lexa, de todas formas?

Clarke levantó la mirada con timidez hacia Lexa. La comandante parecía más una muchacha indecisa que la líder de los terrestres, miraba hacia otro lado, con los ojos apartados de Clarke, y se mordía el labio inferior. Clarke sintió algo dentro de su pecho al verla, como un anhelo muy antiguo pero intenso. Observó su pelo largo y brillante cayendo sobre su hombro de forma casi perfecta, la tela fina y negra de su vestido apenas cubriendo su cuerpo, con aberturas sugerentes… Clarke la miraba y sentía en cada molécula de su ser que se iba a morir porque Lexa representaba aquello que quiso aunque nunca empezara, sentía que la ansiedad asesinaba cada atisbo de entereza en su cabeza y la anulaba por completo, sentía la incertidumbre de un sentimiento frustrado por miles de causas ajenas a ella que simplemente quería nacer y vivir.

—Ella es la chica de ojos melancólicos… —comenzó a decir Clarke sin ni siquiera pensar en sus palabras, embriagada por la imagen que tenía frente a ella—, que me muero por besar… —concluyó con un hilo de voz.

Lexa la miró de repente mientras Clarke daba un paso hacia ella. Las pupilas de sus ojos verdes se dilataron y su mirada era pura expectación.

—Clarke…

—No, Lexa, si no quieres esto puedes irte por esa puerta, pero no me digas nada, por favor. Yo lo entenderé.

Clarke juró que aquellos segundos se convirtieron en los más aterradores de su vida. Sostuvo la respiración, y hasta casi los latidos de su corazón, mientras sus ojos se fijaron en los de la mujer frente a ella. Lexa bajó la mirada hacia el suelo y suspiró como si estuviera agotada. Clarke pensó que algo dentro de ella se rompió, intuyendo lo que significaba ese gesto. Respiró profundamente y reprimió las súbitas ganas de llorar que la embargaron. No pasaba nada, al fin y al cabo, en aquel mundo no había espacio para sentimientos —tal como le había dicho Lexa una vez. Era mejor así, dejar aclaradas las intenciones y ya no volver a pensar nunca más en eso.

—No te preocupes, yo…

Las manos de Lexa se aferraron al cinto de su vestido, tirando de su cuerpo para acercarla. De pronto sus labios buscaron los de Clarke y la chica celeste olvidó lo que estaba diciendo. La besó de vuelta y se estremeció mientras las manos de Lexa bordeaban su cintura y se deslizaban por su espalda. Creía que en cualquier momento iba a desaparecer porque no era capaz de procesar toda la tormenta de sentimientos que arrasaba el interior de su cuerpo.

Se miraron fugazmente. Dos segundos donde Clarke comprobó que todo era real mientras se sostenía entre los brazos de Lexa. Otros dos segundos para volver a alcanzar sus labios. Al menos cinco segundos saboreando el calor de la boca de Lexa. Luego perdió la cuenta del tiempo y de la realidad porque lo único que existió para ella fue Lexa.

De pronto, el cinto de Clarke se aflojó y su vestido se abrió. El hormigueo de la tela deslizándose sobre su piel la dejó sin respiración. El sentir su desnudez expuesta provocó un acalorado pulso entre sus muslos y arrancó un tenue jadeo de su boca. Sus dedos se aferraron a los hombros de Lexa. Deslizó el rostro sobre su cuello acariciándole la piel con la punta de la nariz. Escuchó la fuerte respiración de Lexa y sintió los dedos de ella moverse sobre su cintura… Clarke le dejó un beso sobre la curva del cuello. Entonces inclinó su cabeza hacia atrás y la miró en silencio, trazando un camino con la mirada desde sus ojos a sus labios y de nuevo a sus ojos. Ella la imitó, pero sus ojos verdes no se detuvieron en sus labios y continuaron un camino descendente por el cuerpo de Clarke. Sintió su piel erizarse como si Lexa fuera capaz de acariciarla sin tocarla. Se estremeció, se ruborizó y el deseo de tenerla incrementó. Los dedos se deslizaron por sus hombros, apartando las tiras del vestido de Lexa y la tela negra dejó al descubierto su ansiada desnudez cuando cayó al piso.

Se besaron como si acabaran de darse cuenta de que llevaban casi toda sus vidas necesitando que sus cuerpos estuvieran juntos. Cuando sus pieles desnudas se rozaron, ambas casi gimieron a la misma vez. Hicieron el camino a la cama compartiendo un beso torpe pero voraz. Sus manos, aún tímidas, trataban de aferrarse al cuerpo ajeno, desprendiendo un calor insoportable.

Lexa cayó sobre el colchón y Clarke se quedó paralizada. Ella se incorporó un poco, apoyando los codos sobre la cama, con sus mejillas rojas, su respiración fuerte y aquellos penetrantes ojos verdes que no podían dejar de mirar a Clarke… Sus brazos, su vientre, sus muslos tonificados… Clarke sintió su boca secarse y de pronto parecía que sus piernas tenía dificultades para mantenerla en pie. Se inclinó sobre Lexa, mordiéndose el labio con fuerza y luego la volvió a besar. Esta vez fue un beso cuidadoso.

La mano de Lexa se mezcló entre los cabellos rubios de Clarke mientras se acomodaban sobre la cama. Clarke permaneció a horcajadas sobre Lexa, sin apenas tocarla, aguantando el equilibrio con las dos manos y sus rodillas apoyadas sobre el colchón.

Se separaron para tomar aliento y Lexa se dejó caer sobre la cama. Clarke la miró, vio su sonrisa, el brillo de sus ojos y no pudo evitar que todo su cuerpo se estremeciera, por enésima vez.

—Eres preciosa… —susurró.

Y Lexa la miró totalmente ruborizada, tratando de reprimir la sonrisa estúpida que aquel comentario había provocado… El verde de sus ojos pareció volverse más vivo, quizá fueran imaginaciones suyas, pero Clarke no pudo evitar sonreír.

Se volvieron a besar, pero Clarke ya no podía conformarse sólo con sus labios. Su boca se deslizó sobre la piel tibia de Lexa. Primero por su barbilla, luego por su cuello… arrancando suspiros y jadeos de su garganta… fue acomodando su cuerpo sobre el de Lexa con lentitud. El roce de sus pieles, la necesidad de la otra mujer, su respuesta a cada caricia y beso que dejaba sobre su cuerpo… todo eso estaba volviendo loca a Clarke. Ella nunca había necesitado a nadie como en ese instante estaba necesitando a Lexa.

Sus manos tentaron los muslos de Lexa. Los jadeos de Lexa se iban volviendo cada vez más fuertes. La tensión entre sus muslos era ya insoportable. Cada centímetro de la piel de Lexa ardía bajo sus dedos y su boca, cada uno de los sonidos que emitía provocaba latidos desesperados en su sexo…

Se formó un silencio tenso y acalorado entre ellas. Sus miradas se cruzaron durante algunos segundos. Clarke se mordió el labio resistiendo los embistes de su propia excitación al acariciar la humedad de Lexa. Tentó su intimidad con cierta timidez hasta que un gemido rompió el silencio que las rodeaba. Sus dedos se deslizaron por el sexo de Lexa con facilidad. Clarke los movió con firmeza embriagándose del calor y la humedad, observando el cuerpo de Lexa arquearse y sus manos buscando alguna superficie a la que agarrarse.

Lexa movió su pierna y Clarke sintió una neblina en su mente cuando el muslo de ella rozó el centro de sus caderas. Clarke gimió contra la piel de Lexa y luego volvió a hacerlo cuando Lexa repitió el movimiento. Los dedos de Clarke, entonces, comenzaron a moverse erráticamente entre las piernas de Lexa, y había tanto acumulado dentro de ella, que el mero hecho de verla llegar al orgasmo, provocó una explosión en su interior que culminó en un clímax anticipado. Su mente se quedó en blanco y sus piernas comenzaron a temblar. Apenas se dio cuenta de los dedos de Lexa apartando los mechones rubios de su rostro, pegados a su piel por el sudor. Vio la sonrisa de ella mientras jadeaba y Clarke sonrió también.

Se volvieron a besar, acomodando sus cuerpos como si fueran uno. Clarke supo que la noche estaba lejos de terminar cuando sintió la mano de Lexa vagando por su vientre en sentido descendente. Y volvió a gemir, pero ahora en sus labios, mientras temblaba.

En el fondo tenía miedo de que en cualquier momento aquello terminara, que fuera la única vez que realmente pudiera estar con Lexa de esa forma, y Clarke quería guardar cada segundo en su memoria, cada escalofrío, cada sonido, cada beso, la sensación de sus dedos dentro de ella... su risa, sus ojos verdes, su respiración acelerada, el sonido de su segundo orgasmo… sus labios, su respiración calmada mientras le acariciaba la espalda, cada uno de los dibujos tatuados en su piel… Clarke quería recordarlo todo.


CANCIÓN: Coldplay - True Love

Ps, un apuntito, en la escena esa después de la batalla de Lexa y Roan, siempre pensé que debajo de esos vestidos no llevaban nada. Gracias, fanfiction, por dejarme explicarlo al mundo (?)