N/A: Disculpen la tardanza, ha sido un mes difícil ;-; pero este mes he escrito varios capítulos que iré subiendo según los vaya corrigiendo. Gracias por sus comentarios *love*
CAPÍTULO 10: Something off
Volvió la vista atrás. El corazón le bailaba sobre un cuchillo afilado que amenazaba con partirlo en dos. Sólo fue capaz de vislumbrar sombras que se perdían en la más absoluta oscuridad al fondo del corredor. Regresó su mirada al camino frente a ella. Sus ojos escudriñaron el trecho que tenían que recorrer hasta llegar a la salida del túnel. Al menos, ya se veía el final.
Se detuvieron un instante para reajustar el peso del cuerpo inmóvil de Clarke. Octavia echó un vistazo hacia Lexa y ésta le devolvió una mirada dura. No se dijeron nada. Continuaron por el camino a toda la velocidad que el estado maltrecho de Clarke les permitía. Octavia volvió a mirar de soslayo a Lexa después de un rato. La comandante sujetaba uno de los brazos de Clarke y con la otra mano presionaba la herida que ésta tenía sobre el vientre. Había mucha sangre y el rostro de Clarke parecía cada vez más pálido.
—Lexa… —balbuceó entre la inconsciencia.
—Shhh… Rid yu op, ai niron* —le respondió Lexa en un tono dulce.
Octavia observó el gesto de Lexa, cómo se dirigía a Clarke y cómo sus ojos verdes, antes fríos e intimidantes, ahora destilaban un cariz de ternura. Tragó un molesto nudo que se había instaurado en su garganta y sujetó el cuerpo de Clarke con más fuerza.
—¿Estás segura de que esto es buena idea? Está perdiendo mucha sangre —le dijo tratando de evadir los pensamientos que rondaban por su cabeza.
—Dame una mejor opción. Han intentado matar a Clarke a mis espaldas.
Octavia asintió, le parecía sensato. No era seguro dejar su vida dependiendo de las manos terrestres, las mismas que habían apretado el gatillo contra ella. Aun así, no podía quitarse la sensación amarga que invadía su cuerpo, como un mal presagio de que algo peor estaba por ocurrir. Quizá es que todo se estaba desmoronando demasiado rápido a su alrededor y Octavia no tenía tiempo de asimilar nada. Ni siquiera había tenido tiempo de llorar a Lincoln de forma apropiada. Nunca había tiempo de nada. Su dolor parecía insignificante para aquel mundo lleno de tragedia.
Los haces de luces al final del túnel se fueron haciendo cada vez más intensos. La salida estaba a unos cuantos metros por delante. Lexa redujo la marcha hasta detenerse y Octavia también hizo lo mismo.
—Indra te está esperando al final del túnel con un caballo, debéis llegar cuanto antes a Arkadia.
Octavia se quedó mirando fijamente a Lexa mientras ésta cogía una de sus manos para que presionara ella la herida sangrante de Clarke. Había algo en la expresión de Lexa…
—Yo no puedo ir, no puedo abandonar… Polis —le dijo con la voz quebrada—. Asegúrate de que Clarke esté bien, por favor.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Octavia cuando los ojos de Lexa se volvieron vidriosos. La muchacha asió el cuerpo de Clarke contra el suyo mientras Lexa daba un paso hacia atrás.
—Te haré llegar noticias de Clarke en cuanto haya novedades.
Lexa asintió como gesto de gratitud y en sus labios apareció una ligera curvatura que pretendía ser una sonrisa.
—Siento lo de Lincoln…
La voz de Lexa llegó como un susurro afilado que hirió el centro de su pecho. Octavia tragó el nudo de dolor que se asentó en su garganta y trató de mantenerse firme ante el torbellino que parecía arrasar todo bajo su piel. Tomó aire y miró a Lexa por última vez, antes de irse.
—Lo nuestro fue difícil ante los ojos de los terrestres y los celestes, pero él no era el comandante de los doce clanes. Ten mucho cuidado.
Y estas fueron las últimas palabras de Octavia antes de emprender el camino hacia la salida de los túneles, dejando a Lexa atrás.
Cabalgó junto a Indra hasta que el sol salió del horizonte y les bañó la cara. Llegaron a Arkadia cuando habían pasado unas pocas horas de aquella mañana. Durante el camino, su mirada se desviaba de vez en cuando hacia el cuerpo inmóvil de Clarke. Octavia no podía dejar de darle vueltas a todo, de pensar en Lexa, en todo lo que había sucedido aquella noche… ¿Acaso Lexa no era esa figura arrogante y fría que ella pensaba? ¿Acaso Clarke conocía una cara diferente de la comandante? Y también a todo lo que había sucedido antes de eso. A Lincoln…
—¿Estás bien, muchacha? —La voz de Indra pareció sacarla de un trance.
Octavia carraspeó y asintió con firmeza. Indra le devolvió una mirada llena de incredulidad, pero no volvió a insistir en ello.
—¿Después de lo que ha pasado en Arkadia no tendrás ningún problema en entrar?
—Lincoln… —Se detuvo unos segundos, su recuerdo le había dado un puñetazo en el estómago y perdió durante unos instantes la respiración—. Él se aseguró de que no me descubrieran… aunque no sirviera para nada.
—Tú estás viva y ahora Clarke tiene una oportunidad gracias a ti.
Octavia no le respondió. No podía aceptar que la muerte de Lincoln estuviera justificada por eso, sólo por eso.
Cuando atravesó las puertas de Arkadia, casi nadie le pidió explicaciones. Supuso que sacarían sus propias y erróneas conclusiones al verla llegar con el cuerpo de Clarke. Uno de los primeros en dirigirse a ella fue Bellamy. El verlo de nuevo hizo que su estómago se pusiera del revés.
—¿Qué diablos ha pasado? —le preguntó mientras algunos avisaban a Abby y tomaban a Clarke para llevarla a la enfermería.
Octavia clavó sus ojos en los de su hermano y le pareció ver el rostro de Lincoln reflejado en ellos. El torbellino de dolor se convirtió en un incendio dentro de su cuerpo.
—Que te den, cabrón de mierda.
Octavia se fue de allí, ignorando las voces que la rodeaban, porque si se quedaba… si se quedaba no estaba segura de lo que sería capaz de hacer. Se introdujo por los pasillos del antiguo Arca, huyendo de un fantasma que parecía perseguirla, una sombra que le recordaba que en ninguna parte iba a volver a encontrar a Lincoln y su interior se hizo pedazos. Se detuvo y se apoyó en una de las paredes. Las lágrimas anegaron sus ojos. Lo había perdido y a nadie le importaba, nadie sabía lo que había sucedido. Seguramente todos creerían que era sólo otro terrestre asqueroso más, que estaba mejor muerto. Octavia golpeó con un puño la pared una vez. Otra vez. Otra vez. Otra vez… Hasta que se dio cuenta de que aquello no podía consolar la pena que la arrasaba por dentro. Apoyó la frente sobre la superficie vertical y dejó correr las lágrimas por su rostro.
Un golpe tras ella pareció despertarla. Aunque nada de aquello era un sueño, sino la más horrible realidad.
—Oh… Lo siento. —Era Raven.
—No importa —le respondió tratando de limpiar su rostro con las manos—. Pensaba que estaba sola.
—Es que me enteré de que Clarke… Bueno, y coja de mí, el sigilo no es mi fuerte en estos momento.
Octavia trató de sonreír, pero de su boca sólo pudo salir una mueca.
—¿Estás bien?
—Sí, es que… —Octavia fue sólo capaz de balbucear algo sin sentido. No tenía la fuerza suficiente para contar lo que había sucedido y de todas formas, era mejor que Raven no supiera nada.
—Tienes cara de necesitar un trago y yo tengo el jarabe… y de todas formas también necesito un poco de esa mierda. En fin, lo de Clarke va a tardar un rato y este ambiente que hay en Arkadia con tanta tensión me tiene de los nervios…
Raven torció una sonrisa socarrona y esperó alguna reacción por parte de Octavia, que se tomó unos segundos para volver a recomponer los añicos que quedaban de ella.
—¿Vas a seguir dándome la brasa o me vas a invitar de una vez?
Raven alzó una ceja y su sonrisa se acentuó con más gravedad. Levantó la mano y le hizo señas a Octavia para que la siguiera. Ella agradeció que no insistiera en saber qué era lo que le pasaba.
Fueron a su habitación y allí Raven sacó una botella de un zócalo movible del techo. Le hizo jurar a Octavia que jamás diría dónde estaba su escondite secreto o la tendría que matar y echar su cuerpo a los generadores de Arkadia, o algo de eso, sólo Raven supo lo que quiso decir con aquellas palabrejas que le dijo en verdad.
El contenido de la botella bajó más rápido de lo que se esperaba Octavia. Raven empezó a contarle anécdotas estúpidas que provocaron alguna risa en Octavia, aun siendo eso lo último que le apetecía en ese momento, pero a medida que la bebida iba desapareciendo, las cosas en la mente de Octavia se iban volviendo más difusas.
—Joder, esta mierda es fuerte.
Raven se rio y le contestó que para ser una terrestre era una floja. El rostro de Octavia se contrajo en un gesto de dolor, porque aunque Raven no se lo dijo, supo que aquella bebida la había hecho Lincoln mientras estuvo en Arkadia. Sus ojos se anegaron de lágrimas y sintió las manos de Raven sobre las suyas. No recordaba muy bien de qué hablaron después. La bebida bajó más rápido aun. Cuando la botella rodó vacía por el suelo, Octavia descansaba sobre el cuerpo de Raven, en su cama. Atinó a quitarse las botas y se quedó dormida.
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Un golpe la despertó. Un latido terrible en la cabeza casi la tumbó sobre la cama de nuevo. Maldita bebida terrestre… Y recordó que Lincoln estaba muerto. Un latido todavía más doloroso atravesó su pecho.
Otro golpe.
Octavia abrió los ojos con mucho esfuerzo, su visión borrosa apenas la dejaba vislumbrar la habitación.
—Qué… mierda… —murmuró una voz a su lado—. Joder… debimos racionar mejor la bebida…
Se frotó los ojos y luego se sentó en la cama. Sintió a Raven desperezarse a su lado, pero al rato se volvió a quedar inmóvil.
De nuevo, un golpe.
—Vaya, por dios, en esta puta nave no se puede una coger una buena sin que la molesten. —Y Raven siguió maldiciendo cosas, pero Octavia no le prestó demasiada atención.
La mujer se puso de pie, y ayudándose de las paredes, llegó hasta la puerta de la habitación, que no tardó demasiado en abrir. Se sostuvo la cabeza con una mano mientras se asomó por el pasillo. Dos guardias pasaron a toda velocidad por delante de ella.
Otra vez, golpes. Esta vez si fue capaz de distinguirlos y también las voces, aunque no entendió lo que decían.
Raven se apoyó en su brazo y se asomó también.
—Hemos estado durmiendo como cuatro horas… tampoco me parecen tantas para la que tienen montada por aquí…
—He visto dos guardias corriendo —señaló Octavia.
Intercambiaron miradas, apenas duraron unos dos segundos. En aquella dirección estaba la enfermería. Algo no iba bien con Clarke.
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Bellamy arremetió con su hombro contra la puerta y ésta terminó abriéndose de par en par. Al lado de él, tres hombres ataviados con subfusiles y armaduras se introdujeron en la habitación. Detrás de ellos, apareció Pike, aparentemente desarmado, esbozando una tenue sonrisa y levantando las manos. Entró con paso ligero y se dirigió en todo momento a Abby, que permanecía al lado de la camilla de su hija, alzando un bisturí contra aquellos hombres que habían irrumpido en la enfermería.
—Mi hija acaba de pasar por una maldita operación y necesita reposo.
—No digo que no, pero tu hija viene del territorio enemigo —le dijo en un tono tranquilo Pike, sin borrar aquella sonrisa de su boca—. Debemos tomar precauciones. No le vamos a hacer nada a tu hija, pero evidentemente, que te encierres con ella en la enfermería no nos ayuda a pensar muy bien de todo este asunto.
Un sólo gesto de cabeza bastó para que dos de los hombres se abalanzaran sobre Abby, la desarmaran y la inmovilizaran.
Clarke no sabía lo que estaba pasando. Una niebla espesa se movía en su mente. Más hombres entraron en la habitación y sintió que alguien le agarraba la muñeca con fuerza. Cuando levantó la vista, vio la mirada de Bellamy fijarse en ella.
—¡Alejaos de Clarke! —gritó su madre a través de la bruma.
Distinguió la figura de Abby forcejear con los hombres que la sujetaban. «Mamá», quiso decirle, pero no encontró la voz necesaria para hacerlo.
—¡Llevad a Clarke a la celda! —escuchó a Pike.
Y alguien la sujetó, además de Bellamy. Su cuerpo se estremeció de dolor y entonces el sonido volvió a su garganta en forma de grito. Pero sus quejidos no los detuvieron. Abby trató de alcanzar a su hija. Clarke pudo ver su mano frente a su rostro. Entonces, un estruendo retumbó por la habitación.
—¿Pero qué demonios haces? —dijo Bellamy en un tono alterado.
Lo siguiente que vio Clarke fue a su madre desplomarse sobre el suelo. Mientras la sacaban a rastras de la habitación, Clarke volvió a buscar a Abby. Sus ojos la encontraron todavía en el suelo, inerte. El pánico cernió unos dedos alrededor de su corazón que lo apretó con furia, y como si de un mal sueño se tratase, Clarke se alejaba cada vez más de su madre y no podía moverse hasta ella.
(*) Rid yu op, ai niron = duérmete, mi niña
CANCIÓN: The Neighbourhood - Prey
