N/A: Disculpen la tardanza, tuve algunos problemas personales y algunos compromisos. Muchas gracias a todos los que se toman su tiempo para decirme si les gusta o no los capítulos, me ayuda mucho para continuar . Para los que preguntan, no se preocupen, terminaré la historia. Siento si a veces no puedo actualizar tan rápido :(
CAPÍTULO 12: War
Sus sentimientos fueron los culpables y Lexa odió el segundo en el que permitió que nublaran su juicio. Diez días. Habían pasado diez días y Lexa no tuvo la forma de saber si Clarke había muerto. En la tercera noche de aquel eterno calvario, Costia apareció en sus sueños. Estaba sentada junto a Clarke y ambas se quedaban mirando hacia Lexa con una sonrisa. Por eso, en el cuarto día, Lexa entró en cólera. Quería conocer con urgencia quién se había atrevido a cuestionar sus órdenes y traicionarla. Al séptimo día, supo el nombre del traidor, aquel que había disparado a Clarke, y ese mismo día lo colgó en la plaza de Polis. Titus no mostró arrepentimiento ni en el último segundo de su vida y jamás reveló la verdadera causa de sus actos. Titus fue su mentor y su hombre más fiel, Lexa no podía entender que la hubiera traicionado de aquella forma sólo porque pensara que Clarke traería su perdición.
Gestionar el miedo era nuevo para Lexa. Aquel mal que la atormentaba llevaba el nombre de Clarke, y a menudo la comandante se encontraba confusa y dudaba de sí misma. La incertidumbre corroía sus entrañas y espantaba la serenidad que otra veces era dueña de su cuerpo. Olvidó comer, a veces dormir, le obsesionaba la idea de traición, de que a sus espaldas se estuviera urdiendo un plan para matarla, de que Pike encontrara la forma de someterla, pero aun temía más el momento en que Octavia se le apareciera para decirle que Clarke había muerto.
La mañana del octavo día, sin noticias de la suerte de Clarke, la comandante convocó a los doce clanes y de forma unánime decidieron marchar hacia Arkadia con la tarea de vengar a sus muertos y cobrarse la traición del pueblo celeste.
Aún guardaba la esperanza de evitar más muertes, pero sabía que Pike se lo había puesto muy difícil. Los suyos sólo aceptarían su muerte y Lexa así se los prometió. Sin embargo, cuando vio la silueta de Octavia junto a una mujer de pelo rubio, su corazón la hizo dudar. Cayó en una nube de angustia y desesperación y accedió a acercarse a hablar con ella, aceptando sus condiciones: sola con un único acompañante. Una completa estupidez.
Lexa miró hacia su soldado, el que había acompañado a Octavia con anterioridad. Él le devolvió una mirada de confusión. No hubo tiempo de explicaciones cuando Octavia la miró a los ojos y se lo dijo:
—Lo siento, Lexa.
Cuando la mujer de pelo rubio retiró su capucha y le mostró que no era Clarke, Lexa supo que todo era una trampa, tal y cómo le gritaba su instinto, silenciado por culpa de su maldito corazón. De pronto, soldados celestes emergieron del suelo. Llevarían horas escondidos entre la maleza, esperando hasta que llegara el ejército terrestre y luego a que se produjera aquel encuentro. Lexa y su guerrero sacaron sus armas con tanta rapidez que sus atacantes no se esperaron la velocidad de su acto. La comandante arremetió contra varios que se llevó por delante y pudo escuchar el grito de su guerrero que hizo exactamente lo mismo. Detrás de ellos, su ejército se aventuró en carrera hacia su posición. Pero ya era muy tarde. Una explosión elevó a Lexa por los aires y rodó varios metros hacia delante. Largas llamaradas llenaron todo de humo y, por un momento, sólo fue capaz de escuchar un fuerte pitido en sus oídos. Tardó varios minutos en recuperar el aliento y el sentido. A su alrededor todo se había oscurecido. Vio cuerpos tendidos por el suelo, hecho pedazos, envueltos en llamas… Su ejército se había quedado atrás. La explosión la había separado de ellos. Sintió la amenaza inminente y buscó su espada, pero la había perdido. Unas figuras borrosas se acercaron a ella para atraparla. Lexa se puso de pie de un salto y aunque su cuerpo estaba dolorido por la caída, golpeó el rostro del primer soldado con su puño y éste cayó al suelo. Los dos que llegaron detrás la placaron y Lexa fue incapaz de esquivarlo. Un tercero cayó sobre ella, inmovilizándola por completo. Entre la conmoción vio el cuerpo de su guerrero tendido en la tierra húmeda, con su larga barba negra teñida en sangre, seguramente muerto.
Un camión se acercó a toda velocidad hasta su posición. Lexa luchó, pero del vehículo salieron varios soldados que frustraron todos sus intentos. Vio cómo dos hombres apresaban a Octavia y la subían al camión. Dejó de luchar, sintiendo la culpa de haber sido tan estúpida embargarla y apoderarse de ella como un enorme peso dentro de su pecho. Clarke seguramente había muerto. Lexa sintió cómo la fuerza la abandonó. La arrastraron, la tiraron contra el piso, le gritaron... Lexa dejó que le hicieran lo que quisieran.
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Clarke caminó junto a Bellamy. Él la miró de reojo y le sonrió. Ella se mordió el labio y evitó su mirada. Se llevó la mano al costado. Todavía le dolía.
—Pronto todo esto habrá acabado —le dijo él—. Gracias a ti.
El muchacho ensanchó su sonrisa y colocó una mano sobre el hombro de Clarke. Ella torció sus labios y le sonrió también.
Salieron del pasillo y se encontraron en el exterior de Arkadia. Clarke suspiró. En las calles sólo se distinguían soldados armados. La gente curioseaba desde las casas y lugares seguros, guardando la distancia. Ella y Bellamy se reunieron con Pike y varios soldados más, aguardando frente a las puertas de Arkadia.
El corazón de Clarke estaba en un puño y aquella mano se cernía tan fuerte sobre él que creía que iba a dejar de latir en cualquier momento. Apretó los dientes. Tomó aire.
—Tranquila, el plan está funcionando —le dijo Bellamy, dándose cuenta de su estado. Si tan sólo él supiera…
Las puertas de la gran muralla que guardaba Arkadia se abrieron y el camión, conducido por Raven, entró a toda velocidad. Cuando clavó los frenos, las ruedas se deslizaron unos pocos metros levantando una gran polvareda.
La primera que emergió de la nube fue Octavia. Dos soldados la sostenían por los brazos maniatados. Estaba amordazada y únicamente le dirigió una mirada de odio a su hermano. Se la llevaron a rastras hacia las celdas.
Después, otros dos soldados acercaron a otra figura. La opresión que sentía Clarke en su pecho se fue acentuando tanto que todo comenzó a darle vueltas. Arrojaron el cuerpo de Lexa al suelo con tanto desprecio que Clarke tuvo que sostenerse del brazo de Bellamy para no caerse.
Lexa levantó el rostro y sus ojos fueron directos a Clarke primero. Hileras de sangre bajaban desde su nariz y frente. Su rostro estaba lleno de magulladuras. Lexa se arrastró de rodillas por el suelo hasta que un soldado encañonó su rifle contra su nuca. Se quedó quieta, sin poder hacer nada más. Sus brazos estaban amarrados hacia su espalda, su boca estaba amordazada, impidiéndole decir nada. Sus ojos verdes ardían de rabia y, desafiantes, se fijaban en todos los que estaban frente a ella.
Clarke la miró, tragando el terrible nudo que estaba apoderándose de su garganta.
—¿Clarke?
Ella ignoró la voz de Bellamy. Dio un paso y luego otro. Los ojos verdes de Lexa se fijaron en los de ella. Se quedó a escasos centímetros de ella y entonces su puño impactó contra el rostro de Lexa. La comandante se tambaleó y cayó al suelo de lado en un quejido de dolor.
—¡Maldita traidora!
Y cuando los ojos verdes volvieron a buscarla, el corazón de Clarke se hizo añicos. Las lágrimas enjuagaron su mirada y se dio la vuelta para no verla más. Emprendió un paso rápido, alejándose de todos, escuchando cómo los soldados volvían a tomar a Lexa y alguien la seguía.
—¡Clarke! —la llamó, pero ella no le hizo caso hasta que Bellamy la alcanzó—. Espera… ¿Te encuentras bien?
Clarke se pasó una mano por el rostro, apartando las lágrimas que rodaban por él y luego lo miró.
—Quiero ser yo quien acabe con su vida y apriete el gatillo.
—¿Estás… estás segura?
—Díselo a Pike. —Fue la única respuesta que le dio Clarke.
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La multitud se reunió en torno al centro de Arkadia, donde se encontraba un gran solar. Hombres y mujeres, fuertemente armados, guardaban la calma y las distancias mientras Pike hablaba en el centro hacia el pueblo. Clarke no escuchaba nada. Bajó la vista hacia la tierra húmeda bajo sus pies, incapaz de mirar a Lexa a los ojos.
En algún momento, sintió que Bellamy golpeaba con suavidad su brazo y Clarke levantó los ojos para ver frente a ella a Pike, que le ofrecía una pistola. Clarke tomó una larga bocanada de aire y trató de disimular el temblor de su mano cuando agarró el arma. Esta vez no le quedó más remedio que encontrarse con la mirada furibunda de Lexa. Sus ojos verdes se le metieron en el pecho como si pudieran cortar su carne y aplastar su corazón. Clarke caminó hasta ella, elevando la pistola y apuntando a su cabeza. Lexa trató de ponerse en pie, aunque algunos soldados se lo impidieron.
—Dejadla —les dijo Clarke.
Y Lexa se puso en pie, erguiéndose con todo el orgullo que su estado le permitió. Clarke apretó la mandíbula y caminó hasta que el cañón de su pistola estuvo contra la frente de Lexa. Ella le sostenía la mirada sin titubear, tranquila, como si su entereza pudiera quebrar a Clarke. Permaneció quieta sin romper el contacto visual con ella, incluso cuando los soldados que la custodiaban se alejaron algunos pasos.
Lo siguiente ocurrió en apenas unos segundos. Clarke disparó tres veces y luego se abalanzo sobre Lexa para cubrirla con su cuerpo. El gentío entró en conmoción mientras los dos soldados que custodiaban antes a Lexa y Pike caían muertos sobre la tierra del piso.
—¡Clarke! —gritó Bellamy.
Y Clarke se giró hacia él, sujetando a Lexa contra ella y encañonando su arma hacia Bellamy.
—Te juro que si alguien da un paso o toca a Lexa, te vuelo la puta cabeza.
—Clarke… —Su voz tembló y sus ojos se volvieron acuosos. Todo el mundo permaneció en silencio y sin moverse—. ¿Qué cojones haces?
—¿Qué cojones haces tú? ¿No tuviste suficientes muertes después de acabar con la gente de la montaña?
—Lo hicimos juntos.
—¡Porque no había otro remedio! ¡Eso fue lo que me dijiste!
—¿Y por qué fue? Porque los malditos terrestres nos traicionaron. —Dio un pasó hacia ella, pero Clarke le amenazó con su arma y se detuvo.
—Ellos hicieron lo que creyeron que era mejor para su gente, tampoco tuvieron otro remedio.
—Sabes que no fue así.
—¿Y qué quieres ahora? ¿Acabar con todos los terrestres? ¿No tuviste suficiente con los que mataste el otro día? ¿También vas a matar a todos los que no queremos esta estúpida guerra?
—Sabes quién es la artífice de todo esto —dijo mientras señalaba a Lexa.
—¿Quieres cobrarte tu puta venganza matando a la comandante? Adelante, ¡vas a tener que arrancarla de mi cadáver!
Clarke fijó la vista en Bellamy. Su interior ardía en un rabia que la cegaba completamente. Su dedo temblaba sobre el gatillo de la pistola, pero el cañón del arma apuntaba hacia la cabeza de Bellamy con total firmeza. Entonces, Clarke supo que iba a morir, cuando los ojos de Bellamy se llenaron de lágrimas y dirigió la mirada hacia los soldados que apuntaban a Clarke y a Lexa. Antes de que sonara el primer disparo, Lexa tiró de Clarke y ambas rodaron por el suelo. Clarke disparó su arma a ningún sitio en particular, y aunque la acción rápida de Lexa le salvara la vida en ese instante, de nada iba a servir a continuación. Estaban atrapadas en Arkadia. Lexa también lo sabía. Se colocó sobre el cuerpo de Clarke y la abrazó con tanta fuerza que supo que aquel iba a ser su último acto.
Comenzaron los disparos. Quizá por eso nadie escuchó acercarse el camión que arremetió contra la multitud. Octavia saltó del interior y agarró a Lexa por los hombros para levantarla. Raven y Kane disparaban desde las ventanillas del vehículo. También pudieron ver a Monty y a algunos más que las ayudaron a subirse al camión. Raven circuló a toda velocidad por Arkadia sin importarle quién se atravesara delante. Las balas impactaron sobre el vehículo y algunas atravesaron los cristales, haciendo que se rompieran.
—Maldita sea, Raven, sácanos de aquí.
—Un poco de paciencia, Pocahontas, que esto no es una nave espacial.
Clarke se pegó al suelo del vehículo, protegiéndose de las balas que volaban hacia ellos. Sintió una mano sobre su brazo, y cuando elevó el rostro vio a Lexa junto a ella. La tomó de la mano y se arrastró hacia donde estaba. La abrazó con todas sus fuerzas y las lágrimas cayeron por su rostro al sentir sus manos aferrarse contra su cuerpo.
—¿Raven? —escucharon decir a Kane.
—Oh, dios —exclamó alguien.
—Bueno, agárrense todos —dijo la mecánica con una sonrisa maliciosa en su boca.
Clarke vio con horror cómo una hilera de soldados disparaban contra ellos frente a las puertas de Arkdia, que estaban completamente cerradas. Lejos de detenerse, Raven se abalanzó sobre las puertas del enclave, que saltaron en pedazos junto con los pocos valientes que se quedaron frente al camión. El impacto hizo que salieran disparados hacia delante. Clarke rodó por el compartimento del vehículo hasta que fue a parar sobre alguien que estaba en un rincón. Cuando Clarke levantó la mirada, se encontró con los ojos de su madre. Estaba viva, Bellamy le había mentido.
CANCIÓN: These New Puritans - We Want War
