El alba apenas se mostraba, mientras la luz develaba aquel cuarto de palacio en cuya amplia belleza se mostraba como lo más hermoso, aquella pareja que aun durmiendo podían reflejar el amor que se tenían.
Zen abrazaba la cintura de Yuki, mientras esta tenía sus manos entre su cabello blanco, al recuperar algo de consciencia esta empezó a acariciar ese cabello suave y sedoso, de ese hombre que amaba, no podía creer que le tenía, que él ahora le pertenecía. De igual forma Zen al sentir aquella delgada figura entre sus brazos, no pudo hacer más que sujetarla aún más fuerte, aún más cerca y hundir su rostro entre su pecho, que ahora, como toda ella le pertenecía.
"Buenos días mi amor" dijo ella mientras este respondía desde donde tenía sumergido su rostro con tanta naturalidad, "Buenos días mi princesa". Despegando su rostro para mostrarle una sonrisa cómplice y juguetona, esta no pudo hacer más que sonreír y depositarle un beso delicado en su frente.
Y así, con unos minutos de holgazanería para poco a poco estirarse y prepararse, iniciaba un nuevo día los príncipes de Clarines.
La primera en levantarse fue Yuki, luego de luchar con los brazos que aprisionándola no querían soltarla, esto ocurría cada mañana, pero esa pequeña lucha ya era algo a lo que estaba acostumbrara y honestamente le gustaba. Su trabajo iniciaba a las 8:00 am en punto, mientras Zen tenía un poco de libertad en cuestión de horarios, siempre y cuando terminara el trabajo pendiente para ese día.
La verdad es que a Zen le gustaba ver a Yuki alistándose, se acomodaba medio sentado con los brazos detrás de su cabeza en aquella gran cama. Por él no hubiera habido problema iniciar sus labores temprano si esta le dejara bañarse juntos cada mañana, pero ella sólo le dejaba hacer esto los fines de semana, aseguraba que no podría quitarse lo rojo de su rostro si iniciaba cada día "haciendo esas cosas" desde tan temprano en la mañana.
Y es así como iniciaba la danza de Yuki, de un lado al otro del cuarto, preparando sus utensilios, pensando en lo que tenía pendiente para ese día, anotando algo por aquí, marcando en un libro algo que debía revisar, alistando su bolso, su ropa, incluso daba más vueltas de las necesarias, pero qué más da, eso es algo que no puede dejar de hacer una mujer.
Al terminar, el desayuno ya estaba llegando al cuarto, a veces salían a desayunar con el Rey al jardín pero lo más usual era que desayunaran juntos en su terraza.
De lejos, algunos guardias observaban con un poco de envidia la escena, el príncipe era realmente afortunado pensaban, con una esposa tan atenta, de personalidad tan alegre y de hermosa apariencia, podían ver lo felices que ellos eran y como buenos súbditos, también se sentían felices por el príncipe.
Luego de terminar era hora de que Yuki se fuera, se despedían con un dulce beso y ambos se deseaban lo mejor en ese día.
Era el turno de Zen, de alistarse y preparase para ir a trabajar.
Fin
