Capítulo 2: Gregori
Gregory Goyle es tonto. Gregory Goyle es una masa sin cerebro. Gregory Goyle está gordo, es un mortífago, es un bruto, una bestia, una persona sin corazón.
Todas esas cosas se las habían dicho mil y una veces a Gregory y él siempre pasaba, siempre miraba a Draco y hacía lo que él, porque así funcionaba su mundo. Siempre había hecho lo mismo y siempre lo haría, o eso pensaba, porque el día que Vincent murió todo se descolocó.
Podría haber superado cualquier cosa, se decía una y otra vez, pero no eso, nunca eso. Vincent era su otra mitad, la única persona que miraba y sabía que no tenía ninguno de esos insultos en la cabeza. Ahora que él se había ido solo quedaban los insultos y aunque nunca antes lo habían hecho, ahora escocían. Eran como pequeñas agujas que se clavaban en su cuerpo y no dejaban de sangrar.
Entonces, cuando menos sentido tenía, se complicó aún más.
Ahora era Gregori Gólubev, un muggle ruso y aunque no entendía el porqué, aunque todo era más confuso que nunca, había vuelto a una calma mental. Al principio no, eso fue lo peor, esperar a que apareciese alguien, los nuevos recuerdos y sensaciones. Era todo muy distinto y daba miedo, porque no sabía quién era.
Pero estaba Borya, su ¿hermano? Él era mayor, él le defendía y le sonreía. Iba con él a tomar cervezas con los demás al pub e iba con él a trabajar a la fábrica de tractores. También estaba en un partido político, era como los mortífagos pero sin el miedo. Aquella gente no estaba jerarquizada, no seguían a alguien ciegamente y no acataban órdenes, porque creían en lo que hacían. Borya odiaba a la Iglesia, al dinero y sobre todas las cosas al capitalismo.
—Greg, tienes que entender el capitalismo es la minoría gobernando sobre la mayoría, el comunismo es la mayoría gobernando sobre esa minoría. Y esos pocos son los que hacen que este mundo sea codicioso, que la gente se mate de hambre y vivamos como esclavos del dinero y de la religión. —Tenía los ojos brillantes cuando decía eso, como Draco cuando hablaba sobre Voldemort. Pero esta vez, aunque le costó, lo entendió. Ahora entonaba los cánticos y seguía a su hermano, pero no porque no lo comprendiese, sino porque de verdad creía en eso.
Entonces la guerra estalló y Hitler, que a su hermano nunca le había caído nada bien, rompió el pacto que tenía con Stalin y comenzó a invadirlos. En un abrir y cerrar de ojos comenzaron a cambiar los tractores por armas, y las cervezas por el entrenamiento militar.
Esta vez no tenía miedo, no iba con los ojos ciegos y mirando a Draco. Ni siquiera miraba a su hermano; miraba en su interior, en su convicción comunista. En la mano que esa ideología le había tendido cuando nadie se la había dado y le había hecho ver la verdad, que el mundo no se divide en magos y muggles. Se divide en gente explotada y gente que lucha para romper eso, y él nunca más iba a ser un esclavo.
No dudó ni un segundo para esta batalla y se preparó tan bien como pudo, pues aunque él no fuera el más inteligente, para ser un estratega como su hermano. Pero era fuerte y, aunque los hechizos nunca habían sido lo suyo, resultó que las armas sí lo eran.
Así que allí estaba, con su pelotón, en el infierno en la que antes era su ciudad. Stalingrado se había convertido en una trampa mortal y todo estaba lleno de rojo, gris y negro.
Pero no tenía miedo, no era un adolescente asustado. La sangre solo le recordaba el rojo de su escudo, el poder del proletariado, no se iban a aplacar. Llevaban mucho tiempo luchando contra eso, y no iba a dejar que SU ciudad cayera también ante esos fascistas alemanes, porque algo dentro de él se volvía rojo cuando los veía.
Y cada vez que disparaba a uno de ellos disparaba contra todos los que le habían insultado, todo su miedo anterior, todos los recuerdos que no conseguía olvidar: como la cara de Vin antes de caer a las llamas o la mirada de Draco llena de confusión.
En esta guerra no había ni una pizca de confusión, no se lo permitía. Estaban defendiendo su patria, y a todos los comunistas reprimidos de Europa con cada balazo, cada bomba y cada tanque, aunque se les fuese la vida en ello.
Ahora se encontraban en la misma fábrica de tractores en la que trabajaba su hermano, donde ahora hacían tanques y la defendían como podían. Los alemanes habían dicho que la iban a conquistar en tres días. Entre los soldados y trabajadores, con los que había estado toda su vida, se miraron y les dijo:
—Vamos a darles por el culo.
No me siento preparada para narrar una lucha en condiciones y no quiero cagarla, pero lo haré. Espero que os haya gustado, tal vez no sea tan "emocional" como el primero pero era una parte que tenía que contar. Gregori siempre ha sido menospreciado y en un fic aprendí que esos personajes que parecen ser los más simples son lo más complejos. Él está muy destrozado con la muerte de Vin y ¿quién no se ha sentido atraído por la dulce utopía del comunismo en algún momento? Creo que le pegaba enormemente que, por una vez, siguiera a su corazón y tomara él una decisión. Me lo imagino lleno de sangre, grande, con la bandera comunista tatuada y siempre con la granada en la mano. Espero que os guste este Goyle tanto como a mí. Si queréis más caps de la historia comunista de Gregori (que es un nombre ruso verdadero) decídmelo. Gracias.
