Polonia, Cracovia 1939
Capítulo 3: Dorota
Esta preciosa, perfecta, es como una delicada muñeca de porcelana. Recuerda la época en la que se miraba al espejo y veía su belleza vacía y sin alma y se decía que eso era lo único que tenía, ahora es otra persona. Todavía tiene ramalazos de la antigua Daphne que la acosan como punzadas en las costillas, comentarios envenados y muecas de asco cuando sonríe a sus padres muggles. En un principio casi estuvo a punto de matarles… Cuando no sabía ni quien era, cuando tenía la cabeza tan confundida y se escapaba por las noches buscando cualquier rastro de magia, de sus amigos. Cuando se tenía que mirar al espejo y repetirse que era Daphne y no Dorota una y otra y otra vez. Entonces se dio cuenta que la iban a internar, estaban a punto, ella se iba a ir de casa y buscar la forma de ir a Inglaterra y de pronto apareció. Su profesor de piano, y al verlo lo supo, lo quería. No ella, no Daphne, Dorota o lo que quedaba de esa niña mimada y tonta en su cuerpo le paró el corazón y contuvo el aliento al verlo. No era especialmente guapo, era flaco y alto y tenía el pelo caoba y los ojos a juego. Pero con su voz aterciopelada y sus dedos finos sobre el teclado la ayudaba a tocar y la metió poco a poco en Dorota.
—Este mes sin tocar no te ha hecho bien, pareces haberlo olvidado todo—.
Algo en sus palabras le entristeció y a la vez enfadó. Los hombres no la menospreciaban, la veneraban, la adulaban y admiraban pero no la cuestionaban así o le fruncían el ceño. Él no parecía encantado y embelesado y eso le dio un reto. Ya no soñaba con su antigua vida y se repetía al espejo quién era, ni desquiciaba a sus padres. Se ponía guapa, se maquilló y se apretó la ropa y los vestidos todo lo que pudo. Se esforzó por tocar y en esas notas empezó a encontrar una paz increíble, era como tener una varita y sentir el escalofrío de un hechizo otra vez. Miraba a sus padres y no veía unos extraños, es más los sentía como los antiguos. Su padre un ser orgulloso y que la tenía en un pedestal y su madre asquerosa e infeliz. Ella la tenía calada, siempre la miraba recelosa y le decía a su marido cuanto había cambiado, que no era la misma, que tenía algo distinto. Astoria no estaba, pero eso era lo mejor, no había quien le quitase la atención. Era siempre ella recibiendo todas las alabanzas, porque eso no cambiaba, allí era la guapa, la envidiada de sus amigas, la que siempre iba perfecta y a la que todos los chicos querían. Lo curioso es que, a diferencia de Daphne, no era odiada. Allí no era mala o borde o la llamaban zorra. Sonría y era educada, recibía los halagos y piropos con educación y cortesía, las mujeres la envidaban pero querían ser su amiga. Todas le decían que era la mejor, que tocaba el piano genial, tenía una casa genial y que les enseñase a vestir y a peinarse del mismo modo. De una forma extraña se parecía a su otra vida, pero a la vez distinta. En vez de alimentarse de su odio y pudrirlo en su interior mientras se decía que eso la hacía mejor que ellos, se alimentaba de sus alabanzas y su amor.
Comenzó a esforzarse en ser perfecta, a estudiar en la universidad de la que su padre era profesor y a permitirse ser algo que nunca había sido, feliz y normal. Claro que añoraba la magia, claro que sabía que eso era falso. Como la bebida, era como una droga que la alejaba del horror y la realidad, pero esto estaba durando y se permitió sumergirse hasta el fondo y ser así. Se permitió enamorarse de ese profesor y de dejar que él lo hiciera de ella, se dejó besar tímidamente y llevar al cine mientras sus amigas le decían que salía con el chico más guapo de toda Cracovia y que tenía mucha suerte. No había más, no era un deseo animal, ni él deseaba solamente acostarse con ella porque solo era una cara y un cuerpo bonito. La quería, la quería por lo que tenía dentro, ahí estaba su padre mirándola con orgullo y cariño, o su inteligencia en clase que sobresalía por la de muchos, o lo que le daba las teclas del piano al tocarlas y hacer magia con ellas.
Entonces todo cambió, no fue un clic, ni se dio cuenta el primer día, no. Que los invadían, ¿qué más daba? ¿qué le importaban a ella unos alemanes? Lo más duro fue cuando se marchó su padre y lo detuvieron, lo llamarón a la universidad y antes de irse le dijo que todo estaba bien que solo iban a informarles del nuevo sistema educativo. No supieron nada más, los habían detenido a todos. Lo segundo peor fue que Antoni se marchó a la guerra y no volvió, le besó y le dijo que detendrían a los alemanes y recuperaría el país. Lo tercero y más increíble fue que le cosieron una estrella en pecho y le dijeron que era judía. Sus amigas dejaron de hablarle, la gente le miraba extraño y los alemanes comenzaron a llamarla zorra judía. Ese momento fue como volver a los pasillos de Hogwarts, llevaba la serpiente en el pecho y todos la juzgaban por eso. Pero esta vez estaba sola, esta vez no se lo esperaba y dolía más. Había algo en sus ojos, un desprecio y un asco que le era muy familiar, así miraba ella a todo el mundo antes. Así miraba a los muggles y nacidos de muggles sus padres, ella y medio Slytherin. Lo supo, el destino no le había dado una segunda oportunidad, la iba a castigar y mucho.
Un alemán la comenzó a sobar y a manosear en su casa mientras otro le pegaba a su madre que intenta detener al que está destrozando la casa cogiendo todo lo de valor. Ella no los entiende pero ve sus sonrisas y la superioridad en sus ojos, para ellos no son nada. Después entra una vecina llorando y les dice que han tenido suerte en su casa han matado a su marido a golpes por intentar detenerles. Daphne se queda en el suelo donde le ha pateado ese alemán antes de marcharse, y aunque Dorota le hace soltar unas lágrimas y asustarse por lo que va a pasar, algo en su fuego interno, una bilis conocida, reprimida y casi añorada le cubre todo y piensa:
"Morirán, morirán gritando mientras les arrancó la piel a tiras y ojalá vuelva a tener una varita en mi poder"
Siento la incoherencia, siento las seguras y posibles faltas, lo siento todo pero porfas leer y comentar aunque sea para decir que es una caca. Darme las fuerzas que necesito para seguir porque aunque el comienzo sea una malo prometo que para Daphne tengo muchas cosas interesantes que contar. Pd: lo que les sucedió a los catedráticos en Cracovia, en cuanto la invadieron es cierto.
