Capítulo 3

Hacia lo negro

Kizashi Haruno se había ido cuando Sakura tenía quince años. Él era un hombre de trajes negros y corbata, dedicado a su trabajo y a sus deseos de llegar a más. Ciertamente había que admitir que era un buen ejemplo en esa área.

" Cielo, créeme..., nunca fue mi intención hacerles daño y siempre les daré mi apoyo..."

Había dolido verlo salir con sus maletas, pero nadie podía obligarlo a quedarse. Él amaba a alguien más y quiso arriesgarse; Sakura jamás lo culpará por querer ser feliz. Además, Kizashi le daba a ella más dinero del que necesitaba, la llamaba y de vez en cuando se veían. Era un buen padre.

Sin embargo, su infidelidad destruyó a su madre, Mebuki. No volvió a ser la misma tras el divorcio. La mamá alegre, enérgica y admirable se cayó pedazo a pedazo hasta volverse lo que es hoy: una mujer dependiente de los antidepresivos, mantenida por su ex-esposo e incompetente.

A veces Sakura se preguntaba si su madre hizo algo mal, si de algún modo lastimó a su padre y por eso él buscó calor en alguien más.

"Tu madre no hizo nada, cariño..., estas cosas pasan todo el tiempo. Por más que ames a una persona, nada garantiza que será para siempre".

Kizashi no fue consciente de lo pesadas y absolutas que fueron esas palabras para su hija.

— ¿Mamá?

Sakura abrió despacio la puerta de la habitación y entró con sus pies descalzos. Apenas conseguía ver algo, todo estaba en la penumbra absoluta y era justamente porque las cortinas estaban cerradas y las lámparas ya no servían. Aún así, se acercó a la cama donde su madre dormía.

— Hoy hice hotcakes —cuando sus ojos empezaron a adaptarse a la oscuridad, notó el frasco de pastillas sobre el buró y un pequeño vaso con rastros de whisky —. El primero se me quemó, pero los otros quedaron bastante bien... —siguió hablando suavemente, a pesar de saber que su madre no la escuchaba —, puedes comerlos con mermelada o miel. Y me acabé la leche, así que no pierdas el tiempo buscándola.

Sakura tomó el frasco de antidepresivos con la intención de alejarlo de su madre, como muchas veces había hecho ya. Sin embargo, esa mujer aprovechaba su tiempo a solas para volver a comprarlas.

Inspeccionó la habitación una vez más con la mirada y no encontró problema alguno.

— Aprovecho para decirte que iré a una fiesta y quizá regrese muy tarde, o puede que pase la noche en otro lugar — sacudió el frasco y dedujo que no quedaban tantas pastillas. ¿Cuántas se habría tomado su madre ayer? — ... Yo... —reprimió la angustia que intentó llegar a ella y suspiró —, yo te veré mañana.

Y cerró la puerta al salir del cuarto, dejando únicamente a la oscuridad como compañía para Mebuki.


La mente de Sasuke estaba hecha un lío. Había caído justo donde antes no quería y se dio cuenta tarde de ello; subestimó a Sakura, se dejó seducir por la cercanía y por las palabras que la chica dijo. ¡Joder!, y es que nunca hay que hacerle caso a Naruto.

— No le veo el problema —se había defendido el Uzumaki, recostado en la cama de Sasuke. Para él nada era un problema—. Si tienes suerte, está noche comprobarás si Sakura es tan sublime como parece.

Sasuke dudó que eso fuera cuestión de suerte. Además, ese era el problema, pues la pequeña probabilidad de acostarse con Sakura le era abrumadora; él estaba muy a favor del sexo casual y tenía chicas para escoger, lo disfrutaba, pero Sakura...

Sakura era peligrosa. Ella le hacía sentir.

— Recuerda usar protección —remató el rubio sinvergüenza.

Sabía que Naruto no era la mejor opción para discutir un tema sin decir estupideces. Sí, era su mejor amigo, el primero en saltar si alguien buscaba problemas con él, pero si de hablar iba la cosa, Naruto era un inútil. Tendría que explicarle el problema con manzanas, palos y una gráfica si quería su apoyo.

— De acuerdo, propongo una pausa para tu idiotez—comenzó a decir el Uchiha desde su escritorio. Naruto le miró ofendido—. Digamos... que me acuesto con Sakura—toma aire, luego exhala—, ¿qué tal... si ella se enamora de mí... ?

Lo interrumpió una fuerte, burlesca y sonora carcajada.

— ¡¿Enamorarse de ti?! ¡¿Ella?! —dijo su amigo entre risas— ¡Pero qué considerado eres, hombre!

La idiotez no podía ser pausada, vaya sorpresa.

— Te estoy hablando en serio, grandísimo idiota —responde el Uchiha, letal en cada letra pronunciada. Y de no ser por el plus homicida en su mirada, Naruto seguiría riendo. Lento pero seguro va controlando sus risas hasta ya no hacerlo.

— Uhm, si quieres saber lo que pienso... —él se estira sobre la cama mientras elige sus palabras. Vaya carcajada que se ha echado—, bien, no creo que un polvo ocasional baste para enamorar a Sakura. No es una princesa buscando a su príncipe. Ella es como tú y como yo, sólo quiere diversión y cero compromisos, ¡y eso es bonito! —exclamó Naruto a la par que se sentó en la cama. Tenía una gran sonrisa, creyendo haber resuelto el conflicto de su camarada. Pero cuando vio a Sasuke, leyó en su cara que no fue así. Aquel amargado miraba fijamente hacia el suelo, debatiendo algún asunto en su cabeza.

Y finalmente Naruto comprendió que algo importante sí estaba pasando. Su sonrisa poco a poco desapareció.

— Pero tú ya sabes todo eso, Sasuke. ¿Por qué te preocupa que Sakura se enamore de ti?

Cuando Sasuke alzó la mirada, se encontró con un azul extraño en los ojos de Naruto. Un azul alarmante que no le gustó.

— No seas idiota, yo no me preocupo —contesta enseguida y se pone de pie—. ¿A qué hora pasará Neeji por nosotros?

Naruto lo observa fijamente por unos segundos sin decir nada y eso molesta a Sasuke. Pero mantiene la calma, porque sabe que él mismo se buscó esa situación tan estresante. Pensó que costaría más cambiar el tema hasta que el otro respondió.

— Él nos llamará cuando venga en camino.

El pelinegro asiente y ninguno vuelve a hablar. Sin embargo, Naruto conoce a su amigo, vamos, que no es tan idiota. De algún modo ha llegado a la conclusión de que las cosas se pondrán difíciles de ahora en adelante. Era un mal presentimiento. A Sasuke se le estaba enredando una cuerda en el cuello.

¿Será que él se equivocó?

Sus pensamientos quedaron en el aire cuando su celular comenzó a sonar ruidosamente.

— Es Neeji —informó a Sasuke antes de responder la llamada. Del otro lado se escuchó bastante alboroto y apenas logró entender —. Si, ya vamos saliendo... —alcanzó a contestar antes de que Neeji colgara.

Así, Intercambió una mirada significativa con Sasuke, pero el moreno se adelantó hacia la puerta sin decir nada.

Naruto comenzó a arrepentirse de esa fiesta.