Capítulo cinco.
Verdad a medias.
Le había devuelto el auto a Neeji el domingo a mediodía. El castaño no hizo preguntas, sólo tomó sus llaves y volvió al interior de su hogar; posiblemente la resaca no le permitió hablar.
Cuando volvió a casa, Mikoto limpiaba la cocina. Ella había preparado el desayuno para todos muy temprano, y siendo que él no consiguió dormir, no tuvo problemas para levantarse y acompañar a sus padres. Todo lo contrario a Itachi. Aquel chico llegó casi a las seis de la mañana y parecía que no iba a despertar hasta el día siguiente. No sabía que su hermano podía disfrutar tanto de una fiesta.
— Cariño, tu padre y yo iremos a visitar a tu tío Madara — comienza a decirle su madre con una pequeña sonrisa—. Hubiese querido que nos acompañaran tú y tu hermano, pero él no parece muy... dispuesto. Me gustaría que te quedes y lo vigiles.
Sasuke está acostumbrado a las órdenes pasivo-agresivas de su madre, así que asiente con simpleza y emprende el camino hacia su propia habitación. De cualquier modo, no tenía planes y tampoco tenía el humor para ellos. Su cabeza volaba hasta los eventos de anoche, siempre hacia la misma persona, a una mirada verde que se opacaba más y más.
"Tal vez Sakura no quiere nuestra ayuda y ni que nos metamos en sus asuntos. Ella es muy lista, seguro que quiere ajustar sus cuentas por sí sola".
Puede que Naruto tuviera razón. Era Sakura de quien se trataba, después de todo; no era ninguna idiota dispuesta a aceptar que alguien la dañe y dejarlo así, como si nada pasara. No sabía el qué, pero en Sakura había algo que te erizaba la piel y te obligaba a dar diez pasos atrás.
Sin embargo, era difícil mantenerse al margen. No se sacaba la imagen de ella tendida sobre la cama, tan pálida que hacía pensar lo peor. Naruto fue quien la encontró, y al no poder despertarla, salió a buscar ayuda tropezándose con él. Según el rubio, aquella chica castaña que conoció lo invitó a un lugar a solas para pasarla bien, y pasó que todas las habitaciones tenían seguro menos aquella donde estaba Sakura. Pero no había nadie más, ni siquiera alrededor como para sospechar de alguien.
Y encima la única pista que podía haber la conocía Sakura y ella se daba el lujo de mentir. Alguien tuvo que llevarla a esa habitación, alguien debió darle la dosis para que perdiese el conocimiento. Sakura sabía quién y él quería tenerlo enfrente.
— Sólo me aseguro de que estés vivo —dice al abrir la puerta del cuarto de Itachi. Efectivamente, aquel dichoso aún respira, pero no despierta y ni se mueve—. Estoy seguro de que papá va a darte un sermón, así que deberías espabilar de una vez por todas.
Se acerca y comienza a darle palmadas fuertes en la cara a su hermano.
— Cada vez serán peores, levántate y date un baño—ordena justo antes de darle la bofetada definitiva.
Itachi gruñe y se toca la parte afectada. Con pereza abre sus ojos, se le nota bastante demacrado e incluso incapaz de hablar. Además, no sólo apesta a alcohol, sino a algo más que molesta la nariz de Sasuke.
— ¿Que... hora...
— Serán las dos en veinte minutos y mamá está preocupada.
Itachi vuelve a cerrar los ojos y murmura algunas palabras para sí mismo. Por alguna razón se maldice y después se sienta, aunque eso pareció costarle el alma.
— No recuerdo haber vuelto a casa.
— Tus amigos te trajeron y dejaron tu auto frente a la casa —responde Sasuke al mismo tiempo que nota una coloración morada en la barbilla de Itachi. O se cayo y se golpeó, o tuvo una pelea—. En fin, toma un baño y baja a ver a mamá.
Y salió de la habitación antes de que aquel olor le causara náuseas.
Para cuando pudo darse cuenta, otra vez estaba pensando en Sakura.
El que le abrió la puerta no fue Sasori, sino aquel rubio de cabello largo llamado Deidara. Cómo olvidarlo a él y su boca inoportuna. Parecía un bufón bastante alegre, de esos que tienen que sacarle la burla a cualquier cosa.
— Oh..., Sakura.
Inusual para lo que creía del chico, aquel rostro expresó sorpresa y luego fue él quien pareció incómodo.
— ¿Y Sasori? Debo hablar con él.
Entró al departamento pasando por un lado de Deidara. Éste boqueó dos veces, queriendo o no responder, pero en ese momento el susodicho pelirrojo apareció por el pasillo. Él también le enseñó esa expresión de sorpresa y pasó rápido a la preocupación.
— Sakura, ¿cómo estás? Anoche te busqué en todos lados y no...
— Sasori —interrumpió ella y su voz sonó peligrosamente suave—. Quiero hablar contigo a solas. Que tu amigo se vaya ahora mismo.
Sus órdenes fueron absolutas. Ni Sasori ni Deidara respondieron, pero escuchó la puerta cerrarse cuando el segundo se fue. Una vez estando en la privacidad que ella pidió, su viejo amigo tomó asiento en el sofá y la invitó a sentarse también. Ella prefirió quedarse de pie.
— Explícame qué pasó anoche, Sasori —al obtener silencio por parte de él, sus ojos verdes brillaron como hace mucho no hacían. Con furia—. Aren Fukui es un amigo de mi padre que tiene una exitosa carrera como abogado —continúa a pesar del confuso rostro del joven—. Y en lo que a mí concierne, necesito a alguien como él para que te meta a prisión por violación, añadiendo el hecho de que aún soy una menor. Drogarme...
— ¿De qué estás...
— Drogarme y aprovecharte de mi estado aumenta el grado del delito, y no creo que sea difícil encontrar testigos que te vieran cerca de mí...
— ¡¿De qué mierda estás hablando, Sakura?! —exaltado se levantó del sofá y caminó hasta ella. Pero la pelirosa no retrocedió ni un sólo milímetro—. ¿Crees que te violé? ¡¿En serio crees que yo te haría algo así?!
Y Sakura, inconmovible, le sonrió como si le causara gracia.
— Sí, y haré que un juez también lo crea si no me das explicaciones ahora mismo.
El silencio que hubo después fue asfixiante para Sasori. Sintió como si la punta de un cuchillo se presionara contra su garganta y Sakura lo empujara.
— Yo..., lo siento tanto... —a pasos lentos regresó al sofá. Se pasó las manos por el cabello, mirando hacia el suelo para escapar del veneno en la mirada de Sakura—. No lo hice yo..., y tampoco fuiste violada..., pero sí lo tuvo la intención.
— Dime quién, Sasori.
Él suspira con gran pesar y se muestra reticente. Antes de saber la respuesta, Sakura dio por hecho que era alguien conocido. Alguien importante.
— Fue Itachi.
El recuerdo de aquel pelinegro golpeó su mente de forma abrumadora. Se sintió helada por un instante, tenía que admitirlo, mas se mantuvo imperturbable y firme en su lugar.
— ¿Itachi quiso aprovecharse de mí?
— ¡Pero él no sabía lo que hacía! —esas palabras molestaron a Sakura, sus cejas se arrugaron, pero le permitió al pelirrojo seguir—. Cuando te dejé en la habitación y fui por tu jugo, me encontré con Deidara y Hidan. Ellos buscaban a Itachi por todos lados, y para que esos dos se preocupen está difícil. Me uní a la búsqueda y Hidan confesó que le dio a Itachi una pipa cargada con hielo y lo fumó todo. Es la primera vez que lo hacía y perdió el control —el chico realmente luce preocupado al hablar y Sakura entiende hasta cierto punto. Esa droga es una de las más agresivas, destructivas y adictivas—. Estuvimos buscándolo y preguntándole a todos si lo habían visto, hasta que llegamos al segundo piso y me acordé de ti...
Sasori le contó lo que sucedió entre disculpas y lamentos. Itachi había llegado, ahora sí, por casualidad a la habitación donde ella estaba dormida. Al verla en la cama, quizá en su psicosis creyó que era aceptado, nadie lo sabe y por ende nadie lo daba por hecho, pero afortunadamente Sasori llegó cuando Itachi se encontraba encima de ella y lo detuvo.
Itachi se opuso, reclamaba por la interrupción y alegaba que ella deseaba estar con él, que se querían. Incluso acusó a Sasori de querer hacerles daño y, cuando se puso agresivo, el pelirrojo lo golpeó. Hidan y Deidara entraron después para sacar a Itachi, pero como no podían dejarlo así en casa, decidieron llevarlo al apartamento de Sasori.
La turbulencia había sido tal que todos ellos la dejaron olvidada, y cuando Sasori quiso volver por ella, ya no estaba. No tenía manera de disculparse en esta vida y así se lo hizo saber.
— No sé cómo pude olvidarme de ti..., lo lamento. Lamento todo lo que ocurrió, Sakura..., pero por favor, no acuses a Itachi. Él es una buena persona y perdió todo el control y la conciencia de sí mismo, tú sabes cómo es eso, tú conoces lo que eso te provoca.
Paranoia, fantasías, euforia y el sentimiento de poder hacer todo sin pagar nada. Sakura recuerda cada cosa con amargura.
— Más tarde me reuniré con los chicos para hablar de esto. Vigilaremos a Itachi y también al imbécil de Hidan, no dejaremos que pase otra vez, te lo aseguro —le promete Sasori esperanzado.
Cuando Sakura respira profundo y lo mira, ya no hay agresividad en sus ojos verdes. El cuchillo se ha alejado de su cuello.
— Si es la primera vez que Itachi se coloca así, entonces será más fácil alejarlo— opina Sakura con más calma—. Una dependencia no sea crea tan rápido, o al menos eso prefiero pensar.
Pero si Itachi lo hace una vez más, incluso si sólo respira un poco de ese humo, estará en graves problemas.
— No haré nada en su contra, pero lo quiero lejos de mí, Sasori.
A él no le queda de otra que aceptar y decide cambiar el tema a algo vanal. Y es que ya no quiere hablar más de la fiesta.
No quiere que Sakura descubra que fue él quien puso el somnífero en su vaso.
La rutina escolar empezó algo distinta el lunes. Ahora no sólo Ino la esperaba en la entrada, sino que Sasuke y Naruto estaban con ella. Y sí, la esperaban. Cuando la vieron, Ino la saludó con alegría y los otros dos se mantuvieron en silencio.
¿Le habrán contado a Ino lo que ocurrió? Joder, más les vale que no.
— ¿Necesitan algo, ustedes dos? —pregunta un tanto reacia sin dejar de caminar. Aquellos tres le mantuvieron el paso bastante bien para su gusto.
— A mí sí. Quiero hablar contigo —le ha respondido Sasuke en un tono mucho más duro que el de ella. Que iba en serio el muchacho, vaya —. No nos conocemos tanto, pero aquí te va algo que debes saber: soy muy terco e ignorarme no sirve.
Se enfrentan con la mirada, era un verdadero duelo de voluntades y ninguno queria ceder. Así que Naruto interviene con una sonrisa conciliadora para aminorar los ánimos.
— No te quitaremos mucho tiempo, Sakura, y si quieres puede ser en el almuerzo, donde tú quieras.
La joven pelirosa no suaviza su filosa mirada. Sin embargo, es consciente de la presencia de Ino y la curiosidad de la misma; estará haciendo preguntas y no podía permitir que esos dos chicos hablaran de más delante de ella.
— Bien —acepta con desgano—, yo les digo cuando hablaremos ¿contentos?
Contentos no, pero sí satisfechos.
Llegan a clases en silencio y van a sus lugares. Como siempre, Ino se encuentra a su lado y en sus movimientos nota que quiere hablar, informarse y opinar, pero no se atreve. Hasta ella debió captar la tensión que hubo con Sasuke.
— Así que... —la voz de Ino vacila–, ¿qué tal el fin de semana?
— No estuvo mal.
— Ah..., qué bien...
La rubia baja la mirada con derrota y parece replantearse algunas cosas. Simplemente no sabe cómo conversar con Sakura, ni siquiera se le ocurre un tema que pueda gustarle a la chica.
Pero por fortuna el profesor llega a tiempo y ya no tiene que preocuparse por eso hasta que acabe la clase.
De acuerdo, tenía que reconocer que los últimos eventos habían estado fuera de su control. No le gustaba para nada, pero tenía que mantener la cabeza fría y arreglarlo. Si Sasuke y Naruto querían hablar, entonces les diría lo suficiente para calmarlos y que dejaran el tema por la paz.
Les contaría parte de la verdad, una mentira a medias para librarse de ese problema y, de hecho, ya iba tarde para encontrarse con ellos. Los citó en el almuerzo, aprovechando que Ino tuvo que ir con las porristas, pero aún así eligió un lugar desolado para hablar. No podía arriesgarse. Nadie más debía saber...
— Ha... Haruno-san...
Se detuvo en medio del jardin un poco sorprendida y se dio la vuelta. Ahí estaba una chica algo agitada y acalorada queriendo recuperar el aire. ¿La había seguido? Estaba tan inmersa en sus pensamientos que se descuidó de manera patética.
— P-Perdón por quitarte tiempo...
¿Quién era esta chica? No recordaba haberla visto, aunque sus ojos eran algo bastante peculiar. Eran como perlas angustiosas, una mirada muy bonita a su parecer. En realidad, la chica frente a ella era bastante linda. ¿Pero por qué estaba hablándole?
— Mi nombre es Hinata —se presenta y hace una reverencia, algo que Sakura tenía tiempo sin ver. Espera a que levante la cabeza, sin embargo, Hinata se queda en esa posición —. Sé que tú y yo no nos conocemos. Jamás hemos hablado ni compartido clases, pero yo..., quisiera pedirte un favor.
Sakura alza una curiosa ceja. En serio, esa chica es muy extraña.
— Hinata, me resulta inquietante no verte la cara.
De inmediato Hinata se endereza. Luce nerviosa y a la vez decidida. Su angustia ha sido reemplazada. Y hay algo ahí que llama la atención de Sakura, pero no le interesa saber qué. Le agrada.
— Y bien, ¿cuál es tu favor?
Si alguien va a odiarme, que sea por algo grave :') Gracias por leer, gente 3
