Capítulo siete
Gracias a Sasori
Conoció a Sasori cuando tenía doce años; él le ganaba por tres años y recién se mudaba a la casa de al lado, junto a sus padres. Sus familias congeniaron de maravilla, como si estuvieran destinados a conocerse, y al menos tres veces a la semana los Haruno y Akasuna cenaban en la misma mesa.
Sasori era un adolescente cascarrabias pero de buen corazón, bastante divertido y que de ninguna manera la excluía por ser menor que él. Podían hablar durante horas y del tema más ordinario; él se decía fascinado por la madurez e inteligencia de ella, alegando que sus compañeros de clases eran idiotas sin sentido común.
Pasaban tanto tiempo juntos que se conocían mejor que a nadie. Sakura sabía que Sasori era todo un artista, y que su especialidad eran los trabajos a madera; su habitación estaba llena de diferentes decoraciones hechas por él. También sabía que era impaciente, que las personas ruidosas lo exasperan y que no le gustaba ser pelirrojo. Y en contraste a ella, Sasori sabía que a Sakura no le gustaba su frente, que no necesitaba estudiar para pasar con excelencia sus exámenes, que ella subestimaba su belleza y no entiende cómo puede gustarle a los chicos...
La conocía casi en su totalidad, pero dejar que la conociera así de bien arruinó las cosas.
Un día Sasori empezó a salir con una chica llamada Nanami. Era linda, inteligente y de su edad, y Sasori estaba loco por ella. Sakura le sonrió cuando le dijo aquella noticia y lo animó a dar lo mejor como novio, pero dentro, muy dentro de ella se había abierto un hueco de intenciones amargas. Se sorprendió al sentirse celosa, como si Sasori la hubiese traicionado. Fue una desagradable manera de descubrir sus sentimientos por él.
Pero mantenía la calma, porque estaba siendo ridícula y no debía perder la cabeza. Pensaba que, si se quedaba al margen como debía hacer, Sasori tarde o temprano se aburriría de aquella chica y volvería a pasar tiempo con ella.
Eso no sucedió.
Sasori parecía enamorarse más y gradualmente fue alejándose. Sus visitas se volvieron nulas, sus pláticas y momentos quedaron atrás, y cuando llegaba a verlo, él tenía prisa en ir a otro lado. Con Nanami, seguramente. Un día los vio juntos. Volvía de la escuela y Sasori estaba saliendo de casa junto a una chica muy bella; iban tomados de la mano, sonriendo el uno al otro y charlando algo divertido. Quiso correr, pensó hacerlo, mas Sasori alcanzó a verla y la llamó. Debió aparentar no escucharlo.
" Sakura, ella es Nanami..."
Se la presentó con amor y orgullo, como aquel día que le mostró por primera vez sus obras de arte a las cuales dedicó tiempo, paciencia y esfuerzo. Tan feliz, tan emocionado...
" Y Nanami, ella es mi vecina, Sakura".
Estrecharon sus manos sin apretar. Nanami le sonreía con sinceridad, diciéndole que era un gusto, y ella tuvo que responder algo parecido. Pero fue incapaz de hacerlo, ni siquiera la miró a los ojos. Quería irse de ahí y arrancarse la pesadez en su pecho, así que dio una torpe excusa para poder alejarse de ellos. Sasori le pidió que esperara, pero ella ya no miró atrás.
Pasaron tres semanas en las que no se vieron. Tres semanas de fácil evasión, donde sólo se aseguraba de no encontrarse con él fuera de casa. Ya no se buscaban, y eso estaba bien, eso era mejor. Sakura se convencía de que, poco a poco, iría saliendo de esa amargura. Iba a superarlo. Y pronto Sasori y ella podrían hablar sin ningún problema...
" Me dijeron que Sasori irá a vivir con su abuela Chiyo. Parece que la escuela estará más cerca" había dicho Mebuki después de visitar a la madre de Sasori.
Dejó de oírla después de eso. Salió corriendo de su habitación, con el corazón hecho un lío, y cuando abrió la puerta para salir de casa, se topó de frente con él.
Con rostros sorprendidos, se miraron un par de segundos hasta que él simuló un saludo casual.
"¿Podemos hablar?"
Se quedaron en la puerta y tomaron asiento en los dos escalones frente a la misma. Empezaron con un cómo estás, luego hubo silencio y entonces ella se animó a preguntar si era verdad que se iría. Y sí, sí lo era. Sasori había ido a despedirse. Estaba ahí para decirle adiós.
"Ya veo..., bueno, entonces te deseo mucha suerte, Sasori".
Ese día el corazón de Sakura terminó de romperse, pero también fue el día en el que su orgullo le enseñó a mantener secos sus ojos y a no desviar la mirada.
Sasori se había ido poco después de eso.
Y así empezó la adolescencia de Sakura, con sus sentimientos en reparación y un entorno desafiante; no sabía si sus compañeras de escuela la querían o la odiaban, no tenía idea de si podía confiar en alguna, o si los chicos se acercaban para consiguir a su primera novia y conocer la piel de una chica.
" Sakura es la más bonita, pero Rin tiene unas delanteras de infarto..."
Como si cualquiera de ellos tuviera oportunidad con alguna de las dos. Todos los días tenía que escuchar algo así, siempre a lo lejos, siempre haciendo caso omiso. También tuvo que lidiar con el coraje de las otras chicas, quienes la llamaban zorra por ser tendencia con los chicos, o presumida por no aceptar ser novia de alguno. Decidió que nadie merecía ser de su confianza. Se enseñó a ignorar todas esas palabrerías e incluso a verle lo divertido. Así, Sakura se volvió aquella chica linda sin amigos de la secundaria, y lo mejor es que aprendió a disfrutarlo.
Desde su punto de vista, no hubo mejor forma de llegar a sus quince años.
Pero no todo podía irle genial. Imposible. Y como todo estaba a su gusto en la escuela, los problemas empezaron en casa.
Llegó a la misma hora de siempre. Cuando entró a casa, Mebuki estaba en la sala, llorando fuerte y con las manos en el rostro. Sakura recuerda la opresión en su pecho, que se acercó a su madre y la llamó suavemente.
Y luego Mebuki entró en cólera.
La había sujetado fuerte por los hombros, con ojos grandes y enrojecidos, gritándole la traición de Kizashi. Que él las estaba dejando, que él tenía otra mujer, que él quería irse para siempre de sus vidas..., y que él ya no era su padre.
Después llegó Kisazhi y ellos comenzaron a pelear. Mebuki estaba tan alterada, que le dio una fuerte bofetada a Kizashi cuando éste pidió el divorcio. Todo delante de Sakura. Su familia caía justo frente a ella. Su padre había sido infiel y debía irse.
"Tu madre no hizo nada, cariño..., estas cosas pasan todo el tiempo. Por más que ames a una persona, nada garantiza que será para siempre"
Fueron meses muy difíciles. Kizashi ya no estaba en casa, sino que vivía con la mujer que eligió; se casaron y fue invitada a la pequeña ceremonia, pero pensó que si iba, Mebuki se sentiría traicionada también por ella. Y su madre ya estaba lo suficiente devastada.
Aún así, investigó por su cuenta a la nueva esposa de su padre. Era hermosa, con una impresionante carrera en medicina y muy reconocida en su área. Se preguntó como su padre pudo conocer a Tsunade Senju, si sus trabajos no parecían tener conexión alguna. Pero si su padre era feliz...
Al menos alguien lo era.
Mebuki ya no salía, su sonrisa se había perdido en la tinta que usó para firmar el divorcio. Sakura intentaba cuidarla lo mejor posible, pero no se puede ayudar a alguien que no quiere ayuda. En lugar de avanzar, su madre iba cayendo más y más, e inevitablemente llegó el día en que la vio tomando pastillas, supuestos antidepresivos que le servirían para ser feliz otra vez. Pero eso no funcionaba, sólo creó adicción y empeoró la vida de ambas. El lazo madre-hija se borraba día con día a pesar de los esfuerzos de Sakura.
Ah..., pero al menos Kizashi era feliz, se decía una y otra vez.
No le gustaba pensar demasiado, no quería saber cómo pasó, o cuándo su padre decidió que no era feliz con Mebuki. Lo que quería saber era si el amor era tan peligroso y voluble, si las personas buenas también eran capaces de hacer un daño tan grande como el que Kizashi hizo a la mujer que amó alguna vez.
¿Qué tan malo era el amor?
Esa pregunta se respondió un domingo por la mañana. Ella hacía el desayuno para Mebuki, quien seguramente lo comería frío cuando despertara, pero al menos lo comería. Ya estaba a unos meses de cumplir dieciséis; su cabello era tan largo que le llegaba más allá de la espalda y su cuerpo se había adueñado de curvas llamativas. Ahora era la sexy sin amigos de la escuela. La que unos cuantos rechazados ardidos juraban haberse llevado a la cama ya.
Mientras servía el desayuno en un plato, llamaron a la puerta. Pensó que sería algún vendedor, de esos que te convencen para comprar productos innecesarios, pero al abrir la puerta sintió su sangre helarse.
Era Sasori. Más alto, más apuesto y con 19 años. Sus miradas volvian a cruzarse después de tanto tiempo.
"Sakura..., ¿puedo pasar?"
No pudo decir que no. Estaba demasiado atrapada por la sorpresa que se hizo a un lado y lo dejó entrar. Y entonces él comenzó a hablar como si nunca se hubiese ido. Le compartió cosas de su graduación, de sus amigos y de los trabajos artísticos que ha hecho. Ella simplemente escuchó en silencio, permitiéndoselo.
Y entonces Sasori sacó el tema de sus padres. Le preguntó por Mebuki, por Kizashi, por el cómo ha estado con todo esto. Al parecer la madre de Sasori le contó del divorcio y él apenas tenía el valor de visitarla.
Fue educada y recordó cómo ser amable con los chicos. Le respondió cada pregunta sin entrar en detalles, lo tranquilizó diciéndole que ella se las ha arreglado para continuar y que la escuela va bien. Hablaron durante mucho tiempo, casi igual a como hacían antes. Era nostálgico. Sakura realmente lo había extrañado.
"¿Y ya tienes... novio?"
Aquella pregunta fue un punto y aparte en todo lo que habían estado hablando. Ella se sintió tímida repentinamente, mas le contestó con honestidad, añadiendo que los chicos de su escuela eran unos idiotas. Sasori había reído y, sorprendida, se encontró riendo a ella misma.
Una semana después Sasori volvió. Llegó temprano y hablaron de cualquier cosa, siempre procurando no hacer ruido, pues él no quería molestar a Mebuki. Intercambiaron números de teléfono también. Al parecer, volvían a ser amigos y Sakura estaba feliz con la idea. En una de esas charlas por mensaje, Sasori le contó que su relación con Nanami había terminado hace poco; ella ni siquiera preguntó por tal cosa y no supo qué fue esa emoción que sacudió su pecho al enterarse.
Se creía madura, pero vaya que no lo era.
Un mensaje de texto por parte de Sasori fue lo que inició el último ataque a su corazón. Él estaba pasándola mal y quería verla, necesitaba su compañía a pesar de que ya era muy noche. Era sábado y ella aceptó. No quería alejarlo otra vez.
Cuando Sasori llegó y le abrió la puerta, él la tomó entre sus brazos y la pegó a su cuerpo con desesperación. Ella recuerda sus latidos y su aroma. Recuerda cerrar la puerta y preguntarle qué estaba mal, pero él no quiso responder. Permaneció abrazándola, acariciándole el cabello, y tras un largo silencio, Sasori le hizo una pregunta al oído que le frenó el corazón:
"¿Aún estás enamorada de mí?"
Él lo sabía. Él se había dado cuenta de todo y, según sus palabras, se alejó al ver el daño que estaba haciéndole. Se disculpó una y más veces, sin que Sakura pudiera contestar palabra alguna. Le dijo que todos los días pensaba en ella, que le había dolido tanto irse, y que siempre preguntaba por su persona cuando hablaba a casa.
Luego la tomó con cuidado por las mejillas y la besó. Fue suave, lo suficiente para envolverla en esa primeriza sensación y embriagarla. Sasori dijo que la quería antes de volver a besarla y enseñarle más que besos castos.
Fue culpa de ambos lo que sucedió esa noche. Uno sedujo y el otro se dejó llevar. Sakura imaginó amor en aquellas caricias, creyó ciegamente en las hermosas palabras de Sasori y le permitió adueñarse de su cuerpo inexperto. Esa noche Sasori le hizo el amor, y esa noche Sakura finalmente confesó su amor hacia él. Tuvo la ilusión de que estarían juntos.
Vaya que era ingenua.
Cuando despertó por la mañana, Sasori hablaba por teléfono con Nanami. Parecía feliz y había una gran sonrisa en su rostro. Se habían reconciliado mientras ella dormía desnuda en la cama.
"Me ha llamado y quiere que nos demos otra oportunidad..., lo siento mucho, Sakura..., pero yo la amo a ella..."
Eso fue todo, no necesitó escuchar más. Sasori tomó sus cosas y se marchó por segunda vez.
Así que..., ¿eso era el amor?
No lloró. Se amenazó a sí misma con arrancarse los ojos si una lágrima salía de ellos. Y aunque dolía demasiado, se obligó a no hundirse por sus sentimientos rotos. Sasori no iba a joderle la vida.
Nadie lo haría.
Por eso ahora, años después de tantas cosas aprendidas y de saber que Sasori la drogó en la fiesta, se encuentra delante de la puerta del pelirrojo. Nadie iba a meterse con ella. Ya no había nada qué romper, maldición.
Y cuando Sasori abre la puerta, es una fuerte cachetada lo que recibe antes de que encontrarse con la furiosa mirada de Sakura.
—¡¿Qué demonios es lo que quieres de mí?!
La mejilla le duele, pero la voz de Sakura es aún más peligrosa. Ve venir una segunda cachetada, pero esta vez atrapa la mano de la pelirosa y comienzan a forcejear.
— ¡¿Qué fue lo que te hice a ti, Sasori?! ¡Responde!
— ¡C-Cálmate, Sakura, por favor!
Pero ella se niega y él la jala hacia el interior del apartamento. No quiere a sus vecinos asomándose, así que también le cubre la boca y la empuja contra la pared para someterla. Es ahí que sus ojos vuelven a enfrentarse y Sasori siente que ella es capaz de asesinarlo ahora mismo.
— Por favor, Sakura..., dime qué sucede, habla conmigo...
Sin soltarla, le descubre la boca y ella no tarde en decirle la razón para atacarlo.
— Tú me drogaste en la fiesta, imbécil.
Es una afirmación pesada, pero llena de verdad. Sasori se encuentra atrapado por las esmeraldas filosas de Sakura. Se aparta de ella con lentitud y desvía la mirada con cobardía. No sabe cómo empezar a explicarse
— ¿Culparás a Itachi también? —presiona ella con coraje en cada letra—. ¡Eres un mentiroso! ¡Más vale que no te acerques a mí, o te jodo la vida, Sasori!
Se da la vuelta y camina hacia la puerta, pero el pelirrojo la regresa bruscamente por el brazo y entonces la besa. Ella se queja porque la ha lastimado, e intenta empujarlo, justo ahora le asquea tenerlo cerca, sin embargo, Sasori la sujeta con más fuerza por el rostro e insiste en besarla.
—¡Ya..., basta!
Él la hace avanzar hacia el sofá y Sakura imagina qué busca, pero no pasará, no de nuevo. Que se vaya una y mil veces a la mierda.
—¡Suéltame, Sasori!
Es arrojada al sofá más grande y cae de sentón. Él la mira desde arriba con ojos turbios, llenos de tristeza y furia.
— Al menos déjame explicarte, Sakura..., yo no quería hacerte daño, lo juro... — la detiene cuando ella intenta ponerse de pie y vuelve a sentarla, ganándose de nuevo esa mirada llena de odio—, yo..., yo te amo, Sakura...
Mentira, piensa ella de inmediato y niega con la cabeza. No quiere dejarse afectar, pero la ira está hirviendo en sus venas.
— Sé que te hice mucho daño...—continúa él —, y que no hay nada que pueda hacer para remediarlo..., pero Sakura, hoy soy yo quien está sufriendo al querer estar contigo. Te quiero sólo para mí, no soporto que estés con otros hombres..., por eso te di somníferos, para asegurarme de que no te fueras con nadie más.
Sakura busca el engaño en sus palabras y en sus ojos, pero no hay nada, o quizá es que no es suficientemente buena detectando mentiras como pensó que era.
¿Él decía la verdad? ¿Por eso no la dejaba sola en la fiesta? ¿Él... la ama?
— Quiero estar contigo, Sakura —asegura el pelirrojo y después se inclina buscando sus labios.
Está vez, ella lo permite, pero mantiene sus ojos abiertos para ver a detalle lo que sucede. Sasori la besa, él ha dicho que la ama..., y ella se siente feliz. Feliz porque nada de eso le importa ahora, porque el beso no le provoca ni la menor de las sensaciones que Sasori seguramente espera.
—¿Y bien, qué me dices?
Él le sonríe al apartarse y ahí se ve ella reflejada a sus quince años.
— Tus palabras de verdad me conmueven—le contesta, y en sus labios se dibuja una sonrisa pequeña. Por dentro se regocija, aquello le ha dado una vuelta entera a todo—. Pero sabes que no me gusta formalizar con nadie. Especialmente si eres tú. Yo jamás estaría contigo.
Observa la sonrisa de Sasori apagarse y ella disfruta, porque él se merece eso, quizá más. De haberlo sabido antes...
— Espero que comprendas, pero no me interesa verte más. Tú y yo no podemos ser amigos —en esta ocasión ella logra levantarse del sofá, aprovechando que Sasori parece algo perdido—. No te quiero a ti en mi lista dos veces.
No sabe si lo ha herido lo suficiente. Sasori ya no responde, tampoco la mira; la situación no ha salido para nada como ella esperaba, pero si fue capaz de dañarlo un poco, se sentiría satisfecha.
—Adiós, Sasori.
En esta ocasión él no le pide que espere. La deja marcharse, y Sakura lo toma como una victoria. Otra vez Sasori se iba de su vida y ella no le permitirá volver.
Gracias por el apoyo ;)
