Capitulo ocho

Café negro

Estaban ahí, en el hogar de Sakura Haruno. El nerviosismo era notable en Naruto, porque él sabe que no deberían estar ahí, pero la terquedad de Sasuke ha salido triunfal de la discusión. El moreno se ha obsesionado, ¡ha perdido la jodida cabeza!, incluso a pesar de las palabras de Sakura exigiendo distancia.

— Sabes que nos correrá en cuanto nos vea —dice el rubio, pidiendo al cielo que su amigo recobre la razón —. Sabes que ella no nos quiere aquí.

Sasuke lo mira de reojo, lo insulta con su mirada y luego presiona el timbre. A Naruto le entran escalofríos. Ya está, Sakura se encargará de acabar con su vida social, ¿de qué se arrepiente?, al menos ya no es virgen...

Pero pasa un minuto y nadie atiende. Así que Sasuke insiste, porque con las ganas de lo que sea que él quiere no se iba a quedar. Llama una y otra y otra vez, aquel timbre quedará en las pesadillas de Naruto para la posteridad, sin embargo, la puerta sigue sin abrirse. El Uzumaki ya siente un tic.

— No hay nadie en casa, hay que irnos. El señor de arriba nos concede una última oportunidad, ¿por qué no lo ves?

Y Sasuke vuelve a llamar, presionando con más fuerza el botón, como si ahí estuviera el error. Permanecen ahí durante varios minutos más. Naruto está que se arranca el cabello de frustración, porque no entiende la actitud de Sasuke, está fuera de su comprensión. ¿Es que Sasuke estaba preocupado por Sakura? ¿O lo hacía sólo por llevar la contraria?

Pum, pum, pum.

— ¡Hey-

Ahora no sólo usa el timbre, sino que también golpea la puerta con fuerza un poco más de la necesaria.

— Ya basta, idiota —interviene el rubio deteniendo aquel puño insistente. Sasuke vuelve a mirarlo de mala gana—. ¿No te estás sobrepasando?

Naruto emplea su poco recurrente seriedad, cosa que molesta al Uchiha porque le hace dar un paso atrás e iniciar la reflexión. Bueno, quizá sí está armando un lío. Se zafa del agarre y le devuelve su oscura mirada a la puerta, abriendo forzosamente su mente a la posibilidad de que en verdad no hay nadie en esa casa. Bien, puede lidiar con eso..., volvería mañana.

— Al fin —respira Naruto al ver a su camarada dar la vuelta. Tenía que hablar con él sobre su nueva fijación, no estaba en sus planes acompañarlo en semejantes aventuras.

Pero tres pasos dieron antes de escuchar a sus espaldas el ruido de la cerradura. La puerta se había abierto. No, mejor dicho, alguien abrió la puerta. Y cuando miraron por encima de sus hombros, conocieron la frágil persona que es Mebuki.

— ¿Les puedo ayudar en algo, niños?

Se le escucha cansada, incluso enferma, y Sasuke se siente un poco culpable por quebrantar su paz.

— Disculpe la molestia —dice, y recuerda los regaños de Mikoto respecto a su cortesía —. Mi nombre es Sasuke y él es Naruto. Somos compañeros de Sakura, ¿ella se encuentra en casa?

Naruto sonríe a como puede y hace una torpe reverencia. Pero a pesar de la educación que han demostrado, la mujer les mira incrédula y sorprendida.

— ¿Son amigos de Sakura?

— Bueno-

— Sí, somos buenos amigos —interviene Sasuke y calla a Naruto a la vez.

Mebuki parece analizarlos en silencio, algo debe rondar en su mente porque luce incómoda. Y el hecho de que nadie diga nada por un largo momento empeora todo.

Quizá han pasado dos minutos hasta que ella se hace a un lado y les ofrece pasar. Por supuesto que aceptan. Probablemente sea la única oportunidad para entrar al hogar de Sakura Haruno. Llegan a la sala y toman asiento en el sofá, uno sentado al lado del otro, mirando disimuladamente cada cosa que podían. Era una casa grande, limpia, pero no había nada en las paredes ni en los muebles. No había nada personal, como fotografías o cuadros que pudieran dar información de los que ahí viven.

— Iré a avisar a Sakura que tiene visitas.

— ¡Gracias! —le responde Naruto de inmediato.

Cuando Mebuki sube las escaleras, Naruto respira hondo y exhala con fuerza. Se siente tan tenso que la piel se le eriza cada diez segundos.

— Mamá estará decepcionada si se entera que acoso chicas —se lamenta muy, muy en serio, porque Kushina Uzumaki es una dama salvaje de bien que desaprobaria tal comportamiento a base de golpes letales.

— ¿Te preocupa decepcionarla por esto, pero no por fumar hierba todos los días?

— Eso es harina de otro costal, viejo —defiende el chico ante la burla de su amigo.

Como fuera, Kushina encerraría a Naruto si supiera tal cosa. Pero no estaba para pensar en eso, no ahí, en casa de Sakura. Era seguro que ella iba a molestarse, porque estaba invadiendo su privacidad y blah blah blah. Ni siquiera está seguro de qué le dirá. ¿Un "hola, pasaba por aqui" sería aceptable? No para Sakura, lo sabe. Aun así, siente que lo que hace está bien. Hay algo muy malo en Sakura, algo podrido, y sí, a él le jóde eso. Sakura debería ser...

— Lo siento, parece que ella ha salido... —habla Mebuki mientras llega a ellos.

Sakura debería ser esa chica que él idealiza. Por eso se esfuerza en no seguirle el juego, porque su instinto le dice que ella no es así, o al menos no tan así.

— Quizá esté con Sasori, ella pasaba mucho tiempo con él —añade Mebuki —. Han sido amigos desde hace años..., aunque no estoy segura de si siguen en contacto. Él hace mucho que se mudó...

¿Sasori...? Sasuke se pregunta dónde escuchó ese nombre. Pero más importante, resulta que Sakura tiene un buen amigo, y dato número dos, si la mujer delante de ellos es madre de Sakura, entonces parecía no importarle demasiado dónde, cómo y con quién está su hija.

— ¿Le importaría darme el número de Sakura? Recién cambié de celular y he perdido todos los contactos —miente el Uchiha y espera una respuesta que jamás llega. Por un segundo cree que la mujer desconfía de él como para dejarle el número, pero luego entiende que no es eso.

— No..., no lo tengo, pero..., tal vez no tarda en llegar, pueden esperarla si gustan —Mebuki intenta sonreír, pero ni Sasuke ni Naruto se la compran—. Pueden tomar lo que quieran del refrigerador, yo estaré arriba..., y si deciden irse, cierren bien la puerta, ¿sí?

Ambos chicos quedaron desconcertados cuando la mujer se fue, dejándolos ahí como si los conociera de toda la vida. ¿Es que era tan ingenua, o en serio ellos parecían buenas personas incapaces de hacer algo malo? Era irresponsable a otro nivel. Era irreal.

— ¿En serio ella es mamá de Sakura?

Es Naruto quien pone voz a la pregunta más grande.

— Eso parece.

Era muy descuidada. Sakura debía ser quien mantenía limpio su hogar, aunque era difícil imaginarla barriendo y lavando los trastes. Se preguntó cómo sería el señor Haruno, y en el fondo deseó que fuese un buen ejemplo para la pelirosa.

— No podemos estar aquí, Sasuke. Debemos irnos.

El rubio tiene razón otra vez. Puede que Sakura llegue muy tarde y ellos no podían darse el lujo de esperarla tanto tiempo. Además, toda esa situación comenzaba a superarlo. Sakura merecía un modelo de mujer a seguir, alguien que la guie y le dé consejos, no a alguien que ni sabe si ha salido o no.

Salieron rápido de ahí. Y sí, cerraron bien la puerta.


No notó que la noche ya estaba cayendo, o quizá sí, puede que no le importó. Estaba ensimismada, pensando en cómo Sasori pasó de usarla a enamorarse de ella, ¿cuándo pasó? ¿Por qué? Se había obligado a ser su amiga para demostrarle que no la rompió, aunque vaya que sí lo hizo. Pero ahora no tenía que demostrar nada. Sasori podía irse a la mierda y hacer lo que le plazca, siempre y cuando no la involucre a ella.

Imbécil, mil veces imbécil.

Mira la hora en su celular. Casi son las nueve. Y ninguna llamada, ni un sólo mensaje. No le extraña en absoluto, e incluso una sonrisa burlona se dibuja en ella por pensarlo.

¿Qué debía hacer? No quería ir a casa esa noche y ya no podía pasarla con Sasori. Y tampoco tenía dinero encima como para pagar un motel y dormir ahí. Recostarse en la banca donde está y encomendarse a los santos comenzaba a ser tentador.

Tal vez podría hablarle a Kizashi...

No. Joder, no. Sería como arrojarse a un río de aguas rápidas sin saber nadar.

— ¿Sakura-san?

Al mirar a la derecha, su cuerpo sintió un impulso de alerta pero permaneció en la banca. Era Itachi, y por supuesto, aún tenía muy presente lo que él intentó hacerle. Y por su expresión, el pelinegro igual.

— ¿Podemos... hablar? —le pide él, tan angustiado, tan lamentable.

Sakura mira a su alrededor y nota que no hay tantas personas, pero si algo llegara a pasar, habría quién hiciera algo. Además, Itachi no le parece una mala persona y no estaba en todos sus sentidos aquella noche.

En silencio, le ofrece sentarse a su lado.

— Gracias por permitirme esto—dice él sinceramente —. Sé que no quieres tenerme cerca y es comprensible. No pondré excusas. Soló quiero pedirte perdón por haber hecho lo que hice, fue algo tan bajo y despreciable, que justo ahora apenas puedo verte a la cara...

Se miran el uno al otro. Itachi no parece mentir y las palabras parecen haberse acabado. Sakura recuerda cuando dijo no quererlo cerca, lo había tachado de lo peor, pero ahora entendía que él no era así. Cometió dos errores en un sábado de fiesta y tuvo el valor de disculparse frente a frente.

— Está bien— dice ella y se recarga en el respaldo de la banca —. Lo que hiciste no fue consciente, pero debes tener más cuidado con lo que fumas.

— Incluso dudo que vuelva a tomar alcohol —admite él, avergonzado. También siente un ligero cosquilleo pero se dice que no es momento para tales cosas—. Mm..., ¿puedo saber porqué estás aquí tan noche? Tus padres deben estar preocupados.

Sakura lo mira de reojo. Itachi luce de verdad interesado y no le quita los ojos de encima. Otra vez, él le parece familiar, mas no lo identifica.

— Ellos están bien —contesta —. No importa.

Pero él no se convence.

— Es peligroso. Si gustas yo puedo llevarte a casa, mi auto está por allá.

No quería ir a casa, pero no tenía otro lugar para dormir. Además, no le apetecía caminar y con Itachi parecía haber buenos términos ahora. Lo perdonaba. Ella entendía eso de hacer cosas estúpidas cuando pierdes los sentidos.

— Bien, creo que aceptaré tu oferta. Gracias.

La sonrisa que le brinda acelera los latidos del Uchiha. Pero de nuevo él se regaña y se enfoca en comportarse como un conocido amable. No debía emocionarse por la novia de su amigo. Y sobre eso...

— ¿Querrás que te lleve a tu casa, o al departamento de Sasori?

Buena jugada para alguien que finge desinterés.

— A casa está bien —responde ella, controlando su desprecio al nombre de Sasori. Era seguro que Itachi no sabía nada de lo que sucedió, no podía desquitarse con él. Y vamos, ella ignoraba que Itachi se moría de ganas por saber sobre su "noviazgo" con el pelirrojo.

Estando en el auto, Sakura notó un agradable aroma. Este chico debía ser muy limpio y dedicado a su automóvil, la mayoría lo usaba como vertedero.

— Estás algo lejos de casa, ¿qué hacías de este lado de la ciudad? —le pregunta el moreno queriendo hacer conversación. No es que el silencio le moleste, pero no quiere que la pelirosa piense que es aburrido.

— Supongo que estuve caminando mucho y no me di cuenta. ¿Necesitas que te dé indicaciones?

— No, no. Recuerdo bien donde queda tu casa.

Y de nuevo al silencio. Itachi no creyó que tendría tanta suerte; primero se la encuentra de casualidad, después ella lo perdona y ahora la lleva a casa. Si sólo no estuviera con Sasori..., ¡demonios, otra vez pensando en eso! No quería perder su amistad con Sasori. Él era genial, lo había entendido después del sábado, incluso se encargó de llevarlo a casa, ¿y él le pagaba así?

La pesadez se le escapa en medio de un suspiro y sonríe débilmente. Tenía que librarse de todo eso.

— Tú y Sasori son una buena pareja, Sakura. Admito que me siento-

— ¿Sasori y yo? —Sakura ríe. Ahora entiende porqué el pelirrojo no la dejó aclarar que sólo eran amigos—. Sasori y yo no somos novios.

Itachi casi frena de forma abrupta, pero de algún modo ha seguido en el camino. Mira a Sakura con sorpresa y de nuevo al frente.

— Pero..., pero él dijo que sí..., y ustedes..., tú estabas en su cuarto...

— Hay un pasado, pero fue hace años y quedamos como amigos —aclara Sakura un poco divertida por las expresiones graciosas de Itachi—. Pero ya ni eso somos. No te ofendas, pero Sasori es un idiota.

Itachi no sabe qué decir. La información está quemando su cabeza, porque Sasori había dejado muy en claro que tenía una relación con Sakura. Y no era así. Sasori estuvo mintiendo.

— ¿Qué fue lo que hizo?

Sakura se pregunta si está bien hablar de eso con Itachi. Él es amigo de Sasori, ¿no? Seguramente lo defenderá, y ella no quiere discutir.

— Él me mintió respecto a algo, es todo —contesta—. Quisiera no hablar de eso.

Él asiente, aún consternado. No sabe qué decir, pero ahí, en el fondo de su pecho, hay algo agradable y cálido. El resto del camino es de comentarios vagos y sin importancia, y no vuelven a mencionar a Sasori. Repentinamente se volvió algo tabú.

Cuando llegan a casa de la pelirosa, se miran un instante y se sonríen.

— Gracias, Itachi.

Ella baja del auto y rodea el vehículo hacia la entrada de su hogar. Pero la voz de él la detiene en el camino.

— ¿Crees que puedas darme tu número? O tal vez yo darte el mío, por si necesitas que te lleven a algún lado, o no sé, si quieres hablar.

Sakura se dice que es una mala idea, sin embargo, últimamente ella está hecha de malas ideas. Se acerca al auto otra vez y se recarga en la ventana para ver a Itachi más cerca. Sí, le resulta familiar, pero también es endemoniadamente guapo.

Saca su celular y se lo entrega a Itachi.

— Entonces guarda tu número en mi agenda. Tal vez te llame pronto.

Itachi lo hace encantado y le devuelve el teléfono. Se irá al infierno, lo sabe, pero al menos no se quedará con la duda de qué podría pasar.

— Espero tu llamada, Sakura.

Ella le sonríe en respuesta y se despiden. Puede que más de uno se vaya al infierno.


Gracias por sus comentarios, me ponen muy feliz x) ¿Ustedes qué dicen? ¿Quién se irá al infierno por ahora? Muchas gracias por leer~