Capítulo 2: Mata a la Virginidad
Por un momento Chelsea opuso algo de resistencia ante el beso. Su carácter fuerte le impedía demostrar cualquier cuota de debilidad ante alguien y mucho más frente a un muchachito mirón, como ella misma Lo había definido.
Sintiendo la indecisión de la chica, Lubbock ejerció más presión con la mano tras la nuca y la aferró más fuerte por la cintura. La lucha de voluntades se extendido por algunos momentos más, ambos trataban de imponer la supremacía por sobre el otro y demostrar quien salía victorioso del curioso reto que se impusieron silenciosamente.
Finalmente fue Chelsea quien relajo la postura y se entregó al momento, pues ya había decidido sacar un beneficio de su derrota.
Se separaron lentamente con la respiración agitada. El la miró divertido con aire juguetón , sintiéndose ganador y ella abrió los ojos lentamente fijando la vista en él mientras parecía meditar sus palabras.
- Debo reconocer que este punto te lo has llevado tu...nunca pensé que un chico con esa cara de idiota pudiera besar tan bien- finalizó con tono mordaz.
-Ya resignate pecosa, has perdido y yo gané- bufó molesto al tiempo que comenzaba a salir del agua. Chelsea le sujeto un brazo firmemente.
- espera, quedate...aun no he terminado y nadie me deja hablando sola, entiendes-
-pues esta será tu primera vez entonces...¿para Qué quieres que me quede? ¿para seguirme insultando?...Yo no soy tu monigote preciosa...No te equivoques conmigo- contestó atravesandola con una mirada fría. Entonces le dio la espalda acercándose a la orilla.
Chelsea relajo el agarra y sonrió de forma socarrona.
- Pues a mi me parece que tienes miedo de lo que vaya a decirte y huyes al igual que un niño luego de robarse una galleta de su mamí- Lubbock paró en seco cuando escuchó esas palabras y se volvió a mirarla.
-Sé que has dicho todo lo anterior para llamar mi atención...pues bien la conseguiste...continúa...-
Ella se cruzó de brazos y mantuvo la misma actitud orgullosa de siempre.
- ¿todavía no te has preguntado por qué te he dejado espiarme por dos semanas sin haberte castrado?- interrogó de manera directa.
- Pues tu misma Lo dijiste antes...No te molesta y ya...eres egolatra, a las personas como tú les encanta recibir atención...existen tantas explicaciones que no se por cual inclinarme y no es algo que me quite la tranquilidad- contestó tratando de parecer desinteresado, pero en el fondo hace ya bastante rato rondaba por su cabeza aquella duda.
Chelsea achicó los ojos y ladeó la cabeza demostrando que no se tragaba nada del parloteo de Lubbock.
- Está bien, te lo diré- suspiró cancinamente- La primera vez que te descubrí estuve tentada a pararme y caparte tal y como le dije a la Tatsumi que lo haría, pero luego pensé que sería un mejor castigo dejarte mirando y con las ganas...pensé que no volverías más, pero aun así lo hiciste y comencé a darme cuenta como me mirabas durante el día...La misma forma en que miras los Langostinos cada vez que puedes comerlos cuando hay alguna cena especial...-
-¿Qué te miro como a un langostino? Si esa es tu forma de suponer o insinuar que estoy enamorado de ti estas bastante equivocada...Así que bajale dos rayitas a tu ego-
- tsk...No me interrumpas- chasqueó la lengua hastiada- Nadie ha hablado de amor, la forma en que me miras es como la de un cazador a su presa, la de un asesino a punto de conseguir su víctima. ..Me miras con hambre Lubbock, con hambre de mi como mujer ...y eso, no puedes negarlo-
Se acercó peligrosamente a él de forma sensual dejándolo con las palabras atragantadas por el nerviosismo- hace mucho tiempo que nadie me ha mirado así y la última persona que lo hizo ahora está muerta...Nuestro oficio es de lo más ingrato, arriesgamos la vida a cada minuto y podemos morir privados de experiencias y sensaciones que yo por mi parte me he negado a vivir, pero he decidido ponerle fin- había llegado a su altura diciendo lo anterior casi a centímetros del desorientado muchacho.
- ¿Cuál es tu juego? Todo esto no ha sido casualidad ¿verdad? ...me hiciste creer que ganaba, cuando en el fondo la presa he sido yo...te informo que yo no soy el ratón de nadie Chelsea. No puedes ponerte como un queso y esperar que caiga en un trampa sólo para que pruebes tus límites...ademas hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta que tu gustas de Tatsumi- respondió con cierto tono ofendido.
-Te repito, nadie ha hablado de amor o de gustar, para esas cosas ya habrá tiempo después si es que Sobrevivo. Tatsumi me gusta, es cierto- dijo sonrojada- Así como a ti Najenda San, pero lo que yo busco ahora él no es la clase de hombre que me lo puede dar, el no me mira como tu y no te hagas el ofendido y menos el puritano conmigo...Lo que te propongo es muy simple...Solo quiero pasarla bien y vivir al máximo antes de que la muerte me alcance- aquellas palabras salieron como un susurro y la invitación vibraba en el aire esperando confirmación o negación.
Sopesaba obnubilado todo lo que ocurría, el perfume femenino lo estaba embriagando y la cercanía no ayudaba a aclarar los pensamientos. Una parte de él quería ofenderse, molestarse e irse dejándola sola con sus locas ideas de usarlo como a un juguete sólo por satisfacer sus instintos. Mientras la otra parte de él le pedía a gritos que siguiera adelante y que aprovechará la oportunidad que no se repetiría.
"Bien Lubbock, siempre te estas quejando de que sólo a Tatsumi le pasan estas cosas y que actúa como un Gay...mírate. Estas haciendo exactamente lo mismo..."
Se crítico mentalmente él mismo. Luego la observó detenidamente, sus ojos brillantes, la boca entreabierta y la respiración levemente agitada. Todo aquello bastó para convencerlo a dar el siguiente paso.
- ¿Con qué amigos con Privilegios eh?- la volvió a tomar por la cintura y acercó sus labios a los de Chelsea, que por inercia cerró sus ojos- jugaremos tu juego entonces amiga- finalizó para besarla nuevamente.
Solo la luna escarlata fue testigo de lo que allí aconteció y como dos cuerpos jóvenes se entregaron aquella noche por primera vez.
