Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
Hola, pasando a dejar el segundo capítulo de la historia, espero que sea de su agrado, y no lo sientan muy aburrido, muchas gracias por sus reviews, sus favoritos y sus follows, saben que significan mucho.
Nos leemos próximamente.
Capítulo 02: Casa de Campo.
—Demelza, querida, es un placer tenerte aquí –la mujer se levantó del sofá y fue hasta la chica, para saludarla amablemente.
—Hola, tía, mi padre pensó que sería maravilloso un poco de aire fresco para mí –sonrío –permíteme...
— ¡Mamá! –se escuchó una voz suave acercarse –necesito que alguien me confeccione algo, si planeo conquistarlo con lo que tengo en el armario, creo que me quedaré soltera como Demelza –chilló, y se quedó quieta frente a ellas –oh, Demelza, viniste.
—Hola, Astoria, sí, he venido ¿conquistar a quién?
—Veo que mi tío te ha enviado con una niñera –se burló Astoria.
— ¿Conquistar a quién? –insistió.
—Al hijo de sir Lucius, la invitación se la enviaremos… –sonrió la tía de Demelza.
—Por cierto –interrumpió Demelza a su tía, la sonrisa tensa de Demelza no pasó desapercibida para Ginevra –no es ninguna niñera, es una gran amiga mía.
—Ya puedo imaginarme qué clase de amiga –se cruzó de brazos Astoria –en fin, llegaste a tiempo, estoy preparando mi baile, será en invierno, en Londres, podrás ayudarme ¿sabes quién es el invitado principal? –le sonrió.
—No, ¿quién?
—Sir Lucius, y su hijo que sigue soltero...
—Oh, querida, lo lamento tanto, no te han informado, supongo.
— ¿Le ha pasado algo malo? –Inquirió preocupada.
—Para él, no, supongo que para ti, pero no me interrumpas, déjame hacer la presentación, ella es Ginevra –jaló a su amiga –se ha casado hace unos meses atrás. Su apellido de soltera era Weasley –la sonrisa de Ginny fue débil.
— ¿Y qué? –soltó Astoria.
—Ahora es Malfoy. Así es, se ha casado con Draco, la boda fue tan repentina, que me sorprendió, a todos, la verdad, pero, si le vieras junto a él, no verías pareja más enamorada.
—Vaya, sí que ha sido una noticia inesperada, supongo que la invitación para Sir Lucius deberá cambiar un poco.
—Así es –sonrío Demelza –si nos permiten, quisiéramos descansar un poco y tomar un baño.
—Por supuesto, y un placer conocerla, señora Malfoy.
—Gracias –susurró Ginevra y le otorgó una mirada enfadada a su amiga que sonreía divertida.
Ginevra se sentó sobre la cama mientras los mozos dejaban las cosas en la habitación, les sonrió educada cuando se disculparon y salieron, suspiró y se recostó sobre la cama y observó el dosel, tenía que hablar con Demelza, una cosa es que estuvieran ahí para evitar que su prima se apoderara del hombre que según ella amaba, y otra muy diferente que la involucrara en una mentira tan enorme, a esto se refería a que no fuera una trampa.
La puerta se abrió lentamente, y su amiga pasó, cerrando la puerta con llave, se sentó junto a ella y la sujetó de la mano.
—Tienes todo el derecho de estar enfadada, Ginny –habló –pero fue la única forma que encontré ante la situación.
—Eres una chiflada, Demelza ¿Qué pasará cuando llegue el día del dichoso baile? ¡La reputación de mi familia está de por medio! ¡Te pedí que no hicieras algo así! –chilló y se cubrió el rostro.
—Hablaré con él, te lo prometo, hablaré con Draco y le pediré que haga como si jamás…
—Tus tíos son una familia importante en Londres –le recordó –es su palabra contra la de la hija de un simple mercader –soltó furiosa, se levantó y comenzó a andar de un lado a otro.
—Les diré, sólo espera a que envíen las invitaciones, si en la de Sir. Malfoy no le ponen que la invitación es para que su hijo casadero conozca a Astoria, me daré por bien servida –la sujetó de las manos –por favor –le dedicó una mirada inocente.
—No quiero problemas después, Demelza –advirtió.
—No darás detalles ¿bien? Dirás que te han pedido ser discreta, en lo que se hace el anuncio formal.
—Bien.
Evitó reunirse con la familia de Demelza lo que restó del día, así evitaría cualquier interés, posiblemente entendieran que estaba muy poco interesada en compartir mucho de ella con los demás.
Se colocó su ropa de dormir y se metió a la cama temprano, dejó la charola con los alimentos, tenía el estómago revuelto a causa de la mentira de su amiga, no estaba muy convencida de todo eso, y de haber desmentido la información, debió ser en el momento, no después.
Gimió a causa de la culpa, su padre no había educado a una mentirosa, y se había vuelto una, sólo esperaba que las invitaciones fueran enviadas pronto, y no soportar más las mentiras de Demelza, por primera vez en años, comenzaba a creer que ser su amiga, no era para nada bueno.
Se reunió con los demás en el desayuno, les saludó cordialmente y se sentó junto a Demelza, que le sostuvo su mano.
—Me han dicho las chicas de la servidumbre que ayer estuvo muy inapetente, señora Malfoy –habló la Sra. Greengrass.
—Un poco, tenía el estómago revuelto, supongo que por el largo viaje –sonrió.
—Oh tal vez es el motivo del primogénito ¿no lo cree? –Sonrió la mujer y le brillaron los ojos –su marido es un hombre bastante atractivo, si me permite opinar, y usted es una mujer muy bonita, su primer hijo tendría que ser hermoso.
— ¿Dónde se conocieron? –Interrumpió Astoria –él no la ha mencionado nunca, y ese matrimonio muy aprisa, disculpe que lo diga, pero posiblemente… su malestar estomacal sea la razón de la repentina boda.
—Hace seis meses que se casaron –soltó Demelza –si has podido verla, no luce de seis meses o a punto de dar a luz a un bebé, Astoria.
—Hay muchos trucos para ello –se defendió la morena.
—Me sorprende que una señorita decente como tú conozca de esos trucos, ni siquiera yo que soy una libertina los conozco –sonrió triunfante Demelza.
—Las sirvientas lo comentaron una vez –contestó apenada.
—Una señorita escuchando chismes de sirvientes –negó.
Ginny contuvo una risita, Astoria podía ser una joven muy guapa, pero su amiga realmente le ganaba, tenía más estilo y clase, posiblemente porque era mayor que Astoria, pero sabía desenvolverse bastante bien en sociedad, su único defecto, decían los hombres, era esos pensamientos de libertad y de igualdad para la mujer y el hombre.
El desayuno transcurrió tranquilo, las dos fueron a dar un paseo, no estaban muy entretenidas, y era más aburrido que en Londres, así que lo único que les quedó, fue sentarse bajo un roble, viendo directo a la casa, pero lo suficientemente alejadas de ahí.
—No sé cómo puede un hombre fijarse en ella –soltó Demelza –en serio, de ser uno, nunca me fijaría en ella, es bonita, educada, pero tiene algo que no termina de convencerme.
—En realidad no sé qué toman en cuenta los hombres para fijarse en una mujer –admitió Ginevra.
—Vamos, cariño eres hermosa, si no ha llegado nadie a tu vida, es que no es el momento, tampoco vas a aventarte a los brazos del primer hombre que te hable bonito, y te baje las estrellas –señaló el cielo –que mira que para eso, nosotras solas podemos –terminó con un tono de suficiencia.
—Suena muy bien –se burló.
—Sólo dime como y puedo darle batalla a un hombre en el trabajo –sonrió –lo que importa no es la fuerza, sino el ingenio –le guiñó un ojo a Ginny que sonrió.
—Aun así, estás chalada por uno –se burló.
—Ya te lo he dicho, lo conoces, y es imposible no enamorarte de él, es realmente atractivo ¿por qué crees que Astoria estaría tras él?
— ¿El título? –sonrió.
—Sí, es una buena respuesta, pero no, los Malfoy son ricos como descarados y engreídos –se burló –tienen fama, poder, y encanto.
—Dijiste que son descarados y engreídos –frunció el ceño.
—Se creen la mejor familia de todo el país, son guapos, todos ellos son guapos, Narcissa es una mujer elegante, guapa, atractiva, se desenvuelve perfectamente en los ambientes sociales, Lucius, él es engreído, se cree lo mejor del mundo, es guapo, querida, pero ni por un poco tan guapo como su hijo, creo que fue una mezcla bastante excelente de sus padres –suspiró.
— ¿Cómo dices que se llama? –la observó.
—Es tu marido y no sabes su nombre, apuesto que ni siquiera como luce –se burló.
—Tú me has metido en este asunto ¿te lo recuerdo? –frunció el ceño.
—Draco Malfoy –sonrió –unos maravillosos ojos…
— ¿Puedo unirme a ustedes? –sonrió Astoria.
—Claro –sonrió Ginevra.
—Para ser amiga de Demelza, tú eres bastante amable y educada, creo que encajas bastante bien en la familia Malfoy –sonrió –pero no has terminado de contarme como es qué tú conquistaste a Draco, él siempre dijo que no estaba listo para el matrimonio, posiblemente un compromiso largo, pero no matrimonio.
—Bueno –tragó saliva –él es bastante… agradable.
—Cariño, creo que estamos hablando de dos personas distintas ¿no lo crees?
—Que no fuera muy amable contigo, es porque no le interesaba cortejarte.
—Lo que me sorprende es que sigas siendo su amiga, Demelza, casi me quisiste arrancar la cabeza cuando dije que me interesaba.
—Lo dijiste porque me escuchaste decir que me interesaba, no por otra cosa.
—Él es atractivo ¿Qué idiota no se fijaría en él? –sonrió.
—Me dejó de interesar a decir verdad –sonrió –y los presenté, fue como si el amor a primera vista no fuese una mentira, el interés en esos ojos grises cuando la observaron, fue instantáneo, y mira, se han casado, son felices, y si está aquí, es porque él está muy ocupado, y ha querido un tiempo, para anunciar y celebrar a lo grande el enlace.
— ¿Y la argolla? –sujetó la mano de Ginny.
—Discreción –soltó Demelza, abriendo su abanico en un movimiento fluido y comenzando a abanicarse –se los he contado a ustedes, porque no quería que hicieran un ridículo al enviar la invitación como hijo único casadero.
—Ya, ya –suspiró enfadada Astoria.
—Para ser una boda discreta, te veías preciosa, Ginny, cariño –le guiñó un ojo.
—Gracias.
— ¿Y él no vendrá por ustedes? –sonrió Astoria.
—Si se desocupa pronto de los negocios, posiblemente lo haga –mintió Ginevra un poco incómoda, las palabras amenazaban con atorarse en su garganta y ahogarla por mentirosa.
—Sería increíble, me encantaría saludarlo ¿cuánto tiempo estarán aquí?
—El verano completo –informó Demelza observando al frente, con una mirada impasible.
Tomaron té, comieron panecillos, hicieron el tonto, y fueron a cenar, el señor Greengrass parecía muy ausente, pero según su mujer, estaba en un proyecto que absorbía mucho de su tiempo.
—Mi tío trabaja mucho –la observó delicadamente la rubia –si sigue trabajando tan duro, tendrá un colapso de nuevo ¿no?
—Sí, le he insistido que no es bueno para su salud, pero no hace caso.
—Así son los hombres, necios, aunque les vaya la vida –se encogió de hombros y le dio un largo trago a su taza de té.
La conversación fue un poco forzada después de eso, a veces Demelza Robins cruzaba los límites, no se había mencionado nada, pero por la reacción de las dos mujeres Greengrass, el tema sacado fue incómodo.
—Espero que descanses –sonrió la rubia –iremos al pueblo a comprar unas cuantas cosas.
—De –la detuvo –la charla de la cena…
—Mi tío es el típico hombre, Ginny –suspiró –no está muy ocupado, las ha traído acá para poder ir con su otra familia, la no oficial, es un secreto a voces, sufrió un infarto mientras se revolcaba con su otra mujer.
—Ya veo –bajó el rostro.
—Ahora vez la importancia de que se deje que cada uno decida con quien casarse y cuando marcharse –negó –mi tía no ha hecho nada más que ser una buena mujer, como fue educada, pero los hombres quieren algo más que una buena ama de casa –le guiñó un ojo.
— ¿Acaso tú? –interrogó sorprendida.
—No voy a privarme de las cosas, no importa lo que digan de mí, si un hombre llega a amarme, no quiero que sea por una idea vendida y prefabricada, la virginidad es algo que cuidan las que no tiene nada más que ofrecer ¿de qué sirve? –Se burló –la mayoría de las mujeres casadas se han entregado por primera vez a sus maridos, se ha usado, y no vuelve a ellas, ser virgen, no te garantiza amor en un matrimonio, deberías pensar en eso –sonrió –tampoco digo que te entregues al primer idiota.
— ¿Fue Malfoy? –levantó la vista hasta su amiga.
—Ve a dormir –le dedicó una sonrisa de suficiencia.
Se acostó con las palabras de su amiga dando vuelta en su cabeza, tal vez por eso estaba tan interesada en ese Malfoy, porque se había metido con él, cosa que no debería importarle, después de todo, no es como si estuviese casada con él, pero después de eso, no quería pensar en el matrimonio, no quería pensar en que su padre posiblemente también engañara a su madre, sacudió su cabeza para quitarse la idea de la mente, sólo había una forma de saberlo, se puso de pie y buscó un poco de pergamino y tinta, escribió una carta para su madre y la selló, mañana por la mañana haría que alguien la llevara a Londres, mientras más rápido la carta llegara a manos de su madre, más rápido contestaría.
oOo
Despertó un poco agotada, no había podido dormir muy bien desde la confesión de su amiga, le entregó la carta a uno de los sirvientes que dijo que iría a dejarla personalmente.
—Buenos días –sonrió Demelza –si continúas con esa cara, todo mundo pensará que estás en cinta –admitió con una sonrisa.
—Le dijiste que no conocías formas de…
—De ocultar un embarazo, no –admitió –de evitar uno, conozco varías –sonrió.
Se adelantó al comedor, se sentó junto a su amiga y sonrió a las otras dos mujeres, que le dedicaron una mirada de curiosidad, pero se omitieron sus comentarios, así que lo agradeció mucho.
Llegaron al medio día al pueblo, Demelza bajó con una sonrisa encantadora, le encantaba lucirse, era una mujer bastante complicada de entender, y hacía años que Ginevra había decidido dejar de intentar comprenderla, simplemente quererle, porque siempre había sido una buena amiga y había defendido mucho de ella, a pesar de las diferentes posiciones sociales, seguía siendo su amiga.
—Vamos por acá –sonrió la rubia y la dirigió a un pequeño local, el pueblo no era la gran cosa, así que posiblemente ese lugar sería el más refinado y donde una señorita de alta cuna, como Demelza, compraría.
Pasearon de un lado a otro por la pequeña tienda, buscando tela, encaje y un montón de cosas que no le llamaban la atención, después de una hora en ese lugar, por fin salieron.
—Este lugar es muy pequeño –sonrió Demelza.
—Lo sé, eso no ha impedido que vayas de un lado a otro ¿cierto? –sonrió.
—Posiblemente, no hay mucho que me impida lo que me gusta.
Se sentaron en la plaza, con una de las chicas de la servidumbre cuidando de ellas, y el chofer un poco más allá, haciendo lo mismo, logrando que Demelza pusiera los ojos en blanco.
—No sé qué sea, pero te lastimarás el cuello si sigues creyéndote un búho –se burló.
—Es ese hombre –musitó –ha estado detrás de nosotras desde que llegamos al lugar.
— ¿Quién? –se giró de forma poco prudente.
—De, deberías ser un poco más discreta.
—Que le den a la discreción ¿por qué ellos pueden vernos como si estuviésemos expuestas y nosotros no? –se encogió de hombros.
El hombre sonrió haciendo que Demelza le devolviera el saludo y se girara de nuevo a su posición original.
—Si conozco también a estos animales, que se dicen hombres, sólo por caminar en dos piernas, no tardará en acercarse, entonces, podremos encararle al simio ese –se burló.
— ¿Qué simio? –la voz de un hombre hizo que Demelza sonriera y observara con recato al hombre.
—A uno que ha estado siguiéndonos desde que llegamos al pueblo, a ese simio.
—Supongo que soy el simio ¿no es así? –sonrió, Ginny observó con detenimiento al chico, era de cabello azabache y ojos verde esmeralda, tenía un poco de barba, pero eso lo hacía lucir por mucho demasiado atractivo. Le devolvió la sonrisa cuando él le sonrió –soy Harry –se presentó.
— ¿Ha nacido sólo con nombre de pila, señor? –se burló Demelza.
—No –sonrió –Potter es mi apellido.
—Oh, Harry Potter, he oído de usted –admitió la chica con una sonrisa.
—Espero que muy bien, se dicen muchas cosas de mí, a decir verdad.
— ¿Qué trae a un joven inversionista a estos lares? –interrogó.
—Veo que sí ha escuchado de mí ¿puedo saber con quién hablo?
—Claro –Demelza se puso de pie –usted no quiso invertir en un negocio con mi padre hace casi seis meses –soltó.
—No he invertido en muchos lugares, para ser honesto, sólo estrategia.
—Una muy mala estrategia –le sonrió y se encogió de hombros de forma delicada.
—Bueno, no creo que sepa mucho de mis negocios.
—Pero sí de los de mi padre, las mujeres, señor Potter –le golpeó en el hombro con el abanico –hacemos más que quedarnos quietas como una linda maceta mientras ustedes platican, puede vernos en faldas, delicadas y yendo a tomar siestas en fiestas para que ustedes hablen de negocios –soltó haciendo sonreír a Harry –pero habremos algunas, que pensamos incluso mejor que un hombre.
—Ya –sonrió más ampliamente –supongo que eres la hija liberal del Sr. Robins ¿no es así? –Negó –es un placer, Srta. Robins.
—Oh, la hija liberal –se cubrió la boca con el dorso de su mano –eso ha sido bastante ofensivo, Sr. Potter –habló unas octavas más arriba de lo normal y sus ojos se cristalizaron, Ginny bajó el rostro.
— ¿Ocurre algo, señorita? –se acercó un hombre de amplio bigote blanco y observó al chico.
—Este señor –soltó y se limpió las falsas lágrimas –cree que puede acercarse a dos señoritas decentes a faltarles al respeto –sollozó, pero para sorpresa de Ginny, Harry sólo se mostró divertido y observó al hombre de amplio bigote.
—Me disculpo, Srta. Robins, no era mi intención llamarla liberal.
—Debería lamentarlo –soltó digna elevando el mentón –se ha perdido de una retribución neta de 200 mil libras –sonrió –gracias, por hacer que mi padre gane cerca de 500 mil, por no invertir –se encogió de hombros, le dedicó una mirada angelical y se alejó, sujetando a Ginny del brazo.
— ¿Puedo saber dónde se está alojando? –interrogó.
—La casa de campo de los Greengrass, está invitado a tomar el té mañana –sonrió, agradeció al hombre que se acercó a defenderla y se alejaron.
La expresión de Demelza siguió siendo la misma que antes de toparse con ese hombre, ningún hombre, salvo Malfoy, lograba perturbarla, y admiraba eso de su amiga, ningún hombre podía robar su tranquilidad, tal vez por esos locos pensamientos liberales, pero admiraba esa fuerza de voluntad, su carácter fuerte y gentil cuando era necesario.
Llegaron a la casa de campo de los tíos de Demelza, los mozos bajaron las compras de la rubia y las llevaron a su habitación, mientras ella pedía té, lo tomarían en el patio trasero.
—Ha sido un día agotador, he comprado casi todo el pueblo.
—Lo he notado, no puedo creer que te gastaras tanto dinero en esas cosas que te disgustan tanto.
—Es justo –sonrío –gasto el dinero, que para algo se ha inventado, y le doy gusto a mi padre, comprando cosas pretenciosas y banales ¿te ha gustado algo? Puedes tomarlo, mi padre no se disgustara, ni siquiera lo sabrá, y podemos decir que ha sido con el dinero de los Malfoy, que tampoco les vendría mal otra mujer para gastar esa inmensa fortuna.
—Dudo que el patriarca lo permita –se encogió de hombros.
—Hay algo que debes saber sobre el dinero, Ginevra, las grandes fortunas salvo la de Potter, tardan años en mazarse, pero segundos –chasqueo los dedos –para esfumarse –es por eso que los ricos son infelices, trabajan tanto para mantener el nivel, mientras los pobres, viven al día, sí, pero con la libertad y la felicidad que a los ricos le faltan, le llamo yo, justicia.
—Muchos prefieren ser ricos a felices –suspiró.
—Idiotas han de ser, ¿qué sabrán ellos de la soledad que maldice al millonario? El dinero corrompe al más puro de los seres, se termina si no eres hábil para reproducirlo, y te abandona, dejándote solo, triste y vacío.
—Sabes mucho de eso ¿no?
—Te veo como una hermana, he de ser honesta en eso, contigo he cubierto gran parte de la soledad que he mantenido, mi padre se dedica a trabajar, y mi madre a ser pretenciosa, jactándose del dinero que posee mi padre, cuando no somos más que larvas asquerosas, puede rosearse los perfumes más exquisitos ¿sabes porque? –Ginevra negó –para cubrir el hedor de la mierda en la cual se arrastra, vive, come y morirá –sonrío –ser mujer trae buenas cosas, comodidad, te haces la mártir, y tendrás al mundo a tus pies ¿pero porque tenerlo sólo por tenerlo? ¿Qué hay de ganarlo?
— ¿Cómo lo ganarías? –interrogó.
—Luchando, querida Ginevra, ellos tienen fuerza, nosotras el cerebro ¿porque no ser uno solo, en lugar de un complemento? La fuerza en una persona no lo puede hacer todo, se necesita esto –se golpeó suavemente la sien –para echar a andar la fuerza, ser uno solo, no ser el adorno el uno del otro, igualdad de forma, es lo que busco.
—Suena interesante –sonrío.
—Tampoco quiero terminar perdiéndome en los defectos del hombre por igualarle, tener un valor como persona, no como objeto.
oOo
Ginevra se quedó en su habitación después de pasar un largo rato con Demelza, cuando su prima se unió a ellas, Ginny prefirió retirarse, merendó en su habitación, para evitar preguntas, porque cuando menos lo pensaba, Astoria cambiaba el tema abruptamente tomándola desprevenida, ya le había dicho sin querer que no conocía a ningún Draco, y es que era eso mismo lo que odiaba de mentir, la mentira sola termina volviéndose una inmensa telaraña, pronto toda la casa estaría envuelta, y para deshacerse de ella, sería algo imposible de hacer.
Al día siguiente hizo lo mismo, le pidió a las chicas de servicio que la disculparan, pero se sentía indispuesta.
—Creo que tendré que pedir un médico –habló la señora Greengrass –se ha estado sintiendo indispuesta, creo que es momento de saber si es causa o no de un embarazo, para saber qué métodos utilizar.
—Ha estado comiendo, es sólo que Astoria, ha estado hostigándola con preguntas personales.
—Es sólo curiosidad, Demelza –se defendió.
—Es su marido ¿cómo te sentirías tú si una mujer sintiera tanto interés sobre tu marido? Es descortés de tu parte interrogarle sobre todos los gustos de su marido.
—Demelza tiene razón, cariño, su relación con el joven Malfoy es algo que no tiene que importarte, ellos ya están casados, deberías buscar otro pretendiente al cual poner tu interés.
—Draco es de mi interés.
—Es una lástima que esté casado ya –sonrío con suficiencia Demelza –y no creo que a tu padre le agrade la idea de que seas la ramera de Malfoy.
— ¡Eso jamás! –soltó la madre de Astoria.
—Pues entonces, tía, deberías hacer que tú hija se controle, le han ganado a Draco, hay más.
—Señorita Demelza –la interrumpió uno de los mozos.
— ¿Qué ocurre? –Indagó sorprendida.
—Ha llegado su invitado.
— ¿Mi invitado? –Frunció el ceño –me temo que debe haber un error, mi única invitada es la señora Malfoy.
—El señor ha dicho que fue invitado por usted a tomar el té.
—Bueno, si él lo dice, supongo que es cierto, páselo al jardín trasero, en unos minutos me reuniré con él.
—De inmediato.
—Lo lamento –se disculpó con su tía –no recuerdo haber invitado a nadie, debió ser una cortesía que se tomó demasiado literal.
—Así de anciano tendrá que ser, Demelza, para aceptarte una invitación.
—Buenas tardes –la voz masculina las hizo voltear.
—Buenas tardes –contestaron al unísono las tres mujeres.
—Soy el anciano que tomó la cortesía demasiado literal –avanzó hasta Astoria –Harry.
—Astoria Greengrass –sonrío.
—La madre de Astoria –sonrío la mujer ante el atractivo joven.
—Sólo se ha presentado con su nombre de pila, mi señor –soltó Demelza en burla –no ha de gastar más que una poca saliva.
—Cierto –sonrío el chico –soy Harry Potter.
—Un placer tenerlo aquí, señor Potter, pero vayan al jardín, allá podrán disfrutar mejor del té.
—Gracias por la hospitalidad, señora Greengrass –le ofreció el brazo a Demelza, que pasó de largo, la que lo sujetó fue Astoria.
— ¿Desde hace cuánto se conocen? –Interrogó Astoria.
—Ayer me acerqué a hablarle, pero ciertamente, he tratado con el señor Robins muchas veces en el pasado, se haber sabido que su hija era hermosa...
—Prejuicios –murmuró Demelza, haciendo sonreír a Harry.
Avanzaron hasta la mesa ubicada en el patio trasero, Astoria se comportó como toda una dama, y sirvió el té para Potter, que aunque tenía una difícil charla con Demelza, le prestó la suficiente atención a la chica.
— ¿Cuánto tiempo planea permanecer en este sitio? –Indagó, fingiendo indiferencia.
—Hasta invierno –sonrío Astoria –tendré un baile –comentó emocionada.
—Vaya, debe ser... Entretenido –sonrío incómodo ante su falta de respuesta y tacto.
—Supongo que le invitaras después de ese comentario tan inapropiado, Astoria –soltó en ayuda de Harry la rubia.
—Sí, por supuesto, le haremos llegar la invitación, señor Potter.
—Disculpe mi atrevimiento, pero ¿qué ha pasado con la hermosa pelirroja que la acompañaba? –Demelza sonrío y Astoria puso los ojos en blanco.
—La señora Malfoy –se encuentra indispuesta –soltó indiferente y fría la castaña.
—Ya veo, espero que se recupere pronto.
—Sí el señor desea verle, puedo pedir su presencia, espere un momento –Demelza se puso de pie, era la excusa perfecta para huir de ese lugar, ser cortés, a veces la metía en esos líos.
Subió despacio, para tomar su tiempo, mientras más tardará en volver, y si era con Ginevra, mejor.
— ¿Qué tan indispuesta te encuentras, querida? –sonrío.
—Sí se trata de convivir con tu prima, estoy al borde de la muerte –soltó.
—Astoria no puede ser tan insoportable como para quedarte encerrada entre estas cuatro paredes ¿o sí? Es más, estás vestida, mejor para mí, vayamos por un poco de té.
—No, en serio no.
—Tienes que rescatarme de Astoria –la sacudió –si sigues aquí, mi tía hará que traigan un médico para saber si estás de encargo –advirtió.
—No quiero soportar a tu prima.
—Yo soportaré a mi prima, mientras tú soportas a mi invitado por mí.
— ¿Tú invitado?
—El tipo de ayer –negó con fastidio –tomó muy literal la invitación para el té.
—Ya, bien, iré, pero en cuanto tu prima me enfade, la golpearé hasta el agotamiento.
—Tienes mi permiso.
Bajaron con una leve sonrisa, la educación antes que nada, dirían las nodrizas, el hombre se puso de pie para saludar a Ginevra, ignorando por completo la plática de Astoria, por lo visto, ni siquiera él la soportó en los cinco minutos a solas.
—Luce hermosa el día de hoy, ¿señora Malfoy? –hizo una mueca.
—Parece que le desagrada –sonrío Ginny.
—No, no, pero mi trato con su esposo no ha sido de los mejores. Ni con el resto de su familia, ese no es el caso, lo sé, usted parece una persona... Completamente diferente a ellos.
— ¿Qué puedo decir? –sonrío incómoda.
—Supongo que su marido no le ha hablado mucho de mí ¿cierto?
—No solemos hablar de trabajo, ni de nada –murmuró para sus adentros y sonrío.
El té fue un rato agradable, y agradeció que no se tocara más el tema sobre su falso matrimonio.
