Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola de nuevo! Bueno, paso a dejarles un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado el capítulo, muchas gracias por sus reviews, sus favoritos y sus follows, significan mucho, espero que tuviesen un feliz día de la madre, nos leeremos próximamente.
Capítulo 03: Una Cita.
Demelza observó a su tía, tenía un serio semblante, ordenó lo que se haría de comer y cenar de esa manera, ella no dijo nada, se limitó a recargarse en el respaldo de su silla, su tía Anne era una buena mujer, dentro de lo que se podía, al igual que las demás, por tener un poco más de dinero, se sentían intocables, si le hubiese dicho que Ginevra era la hija de un mercader, no la trataría de la misma manera que ahora, así que le había hecho un favor en lugar de arruinar su vida, bien, posiblemente había hecho ambas cosas.
—El tío Nail sigue ocupado ¿no es así?
—Basta Demelza –pidió –conozco muy bien tus comentarios desagradables.
—No son comentarios desagradables, que no te guste escuchar la verdad es diferente, si tu hija y tú dejaran de ser tan superficiales, mi tío pasaría más tiempo aquí, pero comprendo que huya, aquí solo son cosas aristocráticas, mientras que en su otra casa, posiblemente no salga de la cama.
—Quieres que sea una cualquiera –gruñó.
—Creo que mi tío lo quiere, no yo –se burló y se puso de pie –he sido una maceta presentable toda mi vida, tía, pero a diferencia de algunas, no pienso en ropa, corsés, y materiales frívolos, escucho lo que ellos platican, y por lo tanto, lo que ellos quieren de una mujer –se acercó a su tía –te diré algo, vírgenes, ellos pueden tener miles, si lo desean, jóvenes y vírgenes, toda clase de mujeres, si van a los burdeles no es más que porque les gusta que una mujer sepa lo que le gusta en la cama, no porque son frígidas en la cama. Para eso. Se quedarían en casa, con sus mujeres, si la próxima vez, que mi tío busque yacer contigo, no finjas dolor de cabeza, es más, si quieres, puedes pensar en alguien con quien nunca te revolcarás, te aseguro, que eso te hará sentir más, y a él le gustará.
—Tus ideas liberales y absurdas como estas, son lo que te han mantenido soltera, y así morirás, Demelza.
— ¡Qué bien! ¡He de morir libre, porque nací para ser libre! No para vivir en una jaula de oro, ellos me compraran la luna, si lo deseo, pero a consecuencia de eso, me encerraran en una jaula de diamantes y de oro, un bonito lugar para envejecer, pero seré como las aves, moriré en la más desesperante soledad, cantaré para mantenerme cuerda, como ellos, para no llorar, mejor morir soltera a casada, al final, moriré sola, y tal vez jamás amada realmente.
Se giró para quedarse de pie, su tío Nail estaba junto a ellas observando la discusión, observó a su esposa y su sobrina, negó y señaló a la rubia.
—Mi despacho ahora –ordenó.
—Yo no soy tu hija, así que no me hablarás de esa forma, ni siquiera mi padre...
—Pues tu padre debió hacerlo, además, eres mi invitada, que no se te olvide eso.
—Por supuesto que no se me olvida, tío Nail, como olvidarlo.
Lo siguió cuando se dio media vuelta, cerró las puertas a su espalda sin quitar la vista del hombre, era guapo, viejo, pero guapo, se quedó de pie, aunque avanzó hasta el escritorio, junto a las dos sillas.
—Demelza.
—Tío Nail –contestó en el mismo tono.
— ¡Jesús sabe que hubiese deseado que fueses hombre! –soltó con una sonrisa.
—De ser así, ya te hubiese roto la cara.
—De ser así, no tendrías todas esas ideas liberales de las que tanto te identifican ¿no es así?
—Bien, al menos Dios ha hecho algo bueno por el mundo a pesar de ser hombre ¿no lo crees?
—No llegarás a nada si sigues por ese camino, cariño.
—Hay muchas mujeres escondidas que comparten mis pensamientos, que no sea una agachada sin carácter y por lo tanto, no tema a expresar mis pensamientos, no es mi culpa.
—Demelza Robins, a veces me enfurezco de saber que no llevas mi sangre, las mujeres con tu carácter y determinación, es algo bueno –suspiró –no le digas a nadie que lo dije, por favor.
—No lo haré –sonrío.
—Veo a como tu padre te defiende de los demás, está orgulloso de ti –se puso de pie –hubiese deseado tener al menos una hija con tu templanza, Dios me dio dos hijas, huecas y frívolas, tus padres sólo te tuvieron a ti, pero tienes el valor, la fuerza y la inteligencia de cualquier hombre, es más, posiblemente, mejor que uno.
—Soy algo más que un bonito accesorio –sonrío.
—El hombre que te conquiste, merecerá una ovación de pie por semanas enteras, tendrá que tener la paciencia de un sabio, y los cojones de acero, mi niña.
—Ese hombre tendrá que aceptarme tal y como soy, no he de cambiar ni un cabello de mí, sólo por casarme.
—Nunca dejes de ser tú –acarició la mejilla de la chica –que nadie pueda hacer de ti, un bello ejemplar para ponerlo en una jaula de diamantes y oro.
—Seré yo, quien lo ponga dentro de esa jaula, tío –besó la mejilla del hombre –intenta pasar más tiempo con ellas, que por las cuencas del rosario de mi tía, es un martirio, que al final de cuentas, tú elegiste, no hagas con ella lo que no quieres que les pase a tus hijas y a mí.
—Lo intentaré.
—Gracias.
—Por cierto, el señor Potter te ha enviado sus saludos.
—Dile que los he votado a la basura en cuanto los escuché –sonrío y salió.
Paseó un rato con Ginevra, que había decidido salir de su posible hibernación de verano, pero comprendía que se sintiera incomoda, se quejaba de que las mujeres no pudiesen elegir con quién casarse, pero ella había hecho exactamente lo mismo con su mejor amiga, le había dado en un matrimonio falso a un hombre guapo y poderoso, sin ni si quiera preguntarle, era un caos, pero hablaría con su tío para que la ayudara a salir de ese embrollo, él no le negaría nada.
—He de suponer que usted es Ginevra Weasley –sonrío el señor Greengrass.
—Sí –sonrío la pelirroja.
—De hecho, es la señora Malfoy, cariño, pero es normal que muchos la llamen por su apellido de soltera.
—No sabía que Draco se hubiese casado, y menos con una chica tan hermosa, supongo que tendrás que desistir de él, Astoria –sonrío.
—Supongo que tus influencias con Sir. Lucius fueron inútiles ¿no es así?
—Astoria –pidió la señora Greengrass.
—No, le dije que lo quería a él, como esposo, y dijo que Sir. Lucius era buen amigo suyo, que lo diera por hecho.
—Cuando yo hablé con él no mencionó que su hijo hubiese contraído matrimonio, de hecho, muchos de nuestros amigos en común no lo saben.
—Fue algo rápido –soltó Demelza –fue una boda muy linda, es una lástima que no pudiésemos traer las fotos, son hermosas.
—Seguramente lo son –sonrío el hombre.
Ginny se dedicó a cenar en silencio, mientras el hombre hablaba de otras cosas, interesado por lo que su esposa e hija habían hecho, indagando sobre si su otra hija había enviado alguna carta, queriendo saber cómo le iba en su matrimonio.
—oOo—
El señor Greengrass pasó una semana en la casa de campo, la llevaba al pueblo todos los días, cosa que no le agradaba a Ginevra, gastar lo poco que su padre le había dado no era algo que ella deseara, y aunque no comprará nada, se le hacía fastidioso desperdiciar tanto tiempo en cosas absurdas como esas.
—No se ve nada feliz, señora Malfoy –Ginny se giró y le dedico una sonrisa agradable al hombre.
—Digamos que... No es lo mío lo de las compras.
—Veo que comparte pensamientos liberales con su amiga, la señorita Robins ¿no es así? La próxima vez que la vea tal vez traerá un pantalón –se burló.
— ¿Tiene algo de malo? –Interrumpió Demelza –el que una mujer decidiera usar uno, algún día.
—Bueno, es una idea extraña...
—O su cerebro muy pequeño para concebir una idea así.
—Tal vez ambas cosas, un gusto saludarla, espero que no tire mis saludos, pensé en enviarle Flores, pero creí que usted no es de esas mujeres, a las que conquistaría con un ramo.
—Es la segunda vez que busca ofenderme, señor Potter –suspiró –agradezco que una de mis virtudes sea que todo lo que dicen de mí se resbale, como si estuviese cubierta en aceite que lo facilita, no me importa lo que usted crea, piense o diga, me daré la vuelta e incluso seré capaz de olvidar su presencia –observó a Ginny –cariño, no es muy... Conveniente que te vean con él.
—Creí que no le importaba ¿qué tiene de malo que charle con la señora? ¿Tiene prejuicios sobre la amistad entre un hombre y una mujer? Usted, la dama con pensamientos de igualdad y libertad, ha herido mis sentimientos, creí que usted, mejor que nadie comprendería mi amistad con la señora Malfoy.
—Basta, por favor, no vayan a pelear.
— ¿Por qué pelearía? –Se encogió de hombros –para pelear, se necesitan dos, Ginevra, y después, un conflicto, una molestia, no estoy molesta, porque para estarlo, primero tendría que importarme lo que el señor piense, y no me importa –le hizo una reverencia educada, con una sonrisa amable y se alejó.
—Es un caso muy peculiar ¿no es así? –sonrío.
—Sí, sin duda lo es –rió divertida.
—No tiene ni un minuto para aburrirse con ella ¿cierto?
—Usted...
—Espero que pueda ser nuestro pequeño secreto –le guiñó un ojo y se alejó.
Ginevra se acercó con una sonrisa cálida en su rostro dibujada y con la vista en el hombre que iba saliendo del lugar.
—No habla muy bien de ti eso –musitó Astoria –ya sabes, estás casada con un hombre, muy guapo, por cierto, para que estés poniendo tus ojos en otro soltero, a todo esto no me has dicho ¿a qué se dedica tu familia? Digo, quiero saber cómo se conocieron Draco y tú.
—Creí que había quedado claro que Demelza nos había presentado.
—Fue una fiesta entonces –negó –es muy raro.
—No sé qué es lo que se le hace raro –centró su vista en lo más cercano a ella.
—Draco suele a ir a las fiestas con su padre y su madre, es muy raro que Sir. Malfoy no le comentara nada a mi padre sobre ti, conociendo a su único hijo, y menos, cuando le sugirió que deberían comprometernos.
—Bueno, posiblemente se le hizo grosero decirle que está casado conmigo.
—Volvemos a lo mismo, querida ¿segura que hablamos de las mismas personas?
—Lo mismo –se giró hasta ella para afrontarla –no creo que les sea agradable saber cómo la hija de uno de sus íntimos amigos, se expresan de ellos ¿no lo crees?
—Pues te reto a que le digas a Draco como he llamado bruja a su madre y a su padre un cerdo –sonrió –puedes ser muy su esposa, pero quiero verte después de que le digas eso, eres su esposa –repitió –pero sigue siendo tu palabra, contra la mía y la de mi padre.
—Sigue siendo tu palabra contra la de su esposa y su mejor amiga –soltó Demelza –y posiblemente sea yo quien se lo diga a Sir. Lucius –se encogió de hombros –si mal no estoy, es más amigo de mi padre que del tuyo, así que será la palabra de un medio amigo de él, a su mejor amigo –sujetó a Ginny del hombro –no te preocupes, querida, Draco te ama tanto, que es capaz de romper lazos con la familia de mi tío, vamos a ver eso.
Se alejaron de Astoria para cruzar el lugar, la mirada de enfado de Ginevra no se quitó de encima de la prima de su amiga.
—La dulce y tierna Ginevra asesinando a alguien con la mirada –se burló Demelza.
—No me está gustando su actitud conmigo –suspiró –me has metido en muchos líos, Demelza, esto se nos saldrá de las manos.
—No seas tan negativa, querida, no se nos saldrá de las manos, ya verás.
—Siempre pasa, siempre se salen las cosas de control, porque no tenemos el control, son mentiras, la verdad siempre se sabe, y no me va a agradar lo que pasará conmigo.
—Ya te dije que hablaré con Draco, él dirá que no es cierto, que en efecto, nunca te ha visto ¿Qué puede pasar? Nadie va a creerle a Astoria, usaré a mi tío para que todo quede como un malentendido.
—Dudo que todo quede como un malentendido, sólo espero que esas invitaciones se envíen pronto, antes de que termine metida en serios problemas.
—Lo sé, y lo siento, he visto tu amistad con Potter, posiblemente he arruinado un poco las cosas para ti, hacen una bonita pareja –sonrió.
—Él no me interesa –frunció el ceño.
—Sigues con el jardinero –se burló –mejor contesta el cortejo de Potter –acarició el cabello de Ginevra y se alejó.
— ¿A ti no te interesa? –sonrió.
—No lo creo –se burló –ni siquiera me agrada, no es de mis gustos, puedo olvidarle cuando mis ojos no lo ven, no es la gran cosa –se encogió de hombros.
—Pues es bastante guapo como para pasar tan desapercibido ante los ojos de muchas otras.
—Te interesó más de lo que admites –le guiñó un ojo –no diré nada, señora Malfoy.
—oOo—
—Tengo una duda –soltó Demelza sentándose frente a si tío.
— ¿Qué duda? No sé si asustarme por esa duda –sonrió.
— ¿Realmente hablaste con Sir Lucius? Por lo de Astoria y Draco.
—Por supuesto que lo hice –frunció el ceño –por lo regular he cumplido los caprichos de mis hijas, esta vez no pude con Astoria.
— ¿Cuándo comenzarán a enviarse las invitaciones?
— ¿No crees que es muy pronto para ello?
—No, no, por supuesto que no, es oportuno comenzar a enviarlas, si te esperas, comenzará a nevar y complicará mucho la entrega, así que si no quieres que mi prima se vuelva loca, comienza ya.
—Hablaré con Anne mañana, le diré que comience a enviarlas –sonrió.
—Será bueno, ya verás.
—Demelza –la detuvo –dime otra vez ¿cómo pasó lo de tu amiga y Draco?
— ¿Por qué quieres saberlo? –sonrió.
—Cuando hablé con Lucius parecía encantarle la idea de su hijo casado con mi hija ¿cómo pasó tan rápido a casarlo con otra chica extraña?
—No fue muy rápido, tío Nail –sonrió Demelza –digamos que Sir Lucius… no lo sabe.
— ¿A qué te refieres con que no lo sabe?
—Fue un amor a primera vista, hermoso –avanzó hasta él –te pido que tengas discreción respecto a todo esto, ellos no han querido decir nada todavía, hace seis meses que se casaron a escondidas –se mordió el labio –ella… perdió el primogénito que esperaban, están superando algo así, no quiero que la atosiguen con tanta pregunta cuando tiene tanto dolor guardado.
—Comprendo –asintió Nail Greengrass –es una pena, se ve que es muy joven.
—Lo es –sonrió –por favor, no comentes nada ¿sí?
—No, no lo haré –acarició a su sobrina y abandonó el salón.
—Un hilo más, a la telaraña –se cubrió el rostro.
—oOo—
Demelza observó por la ventana hacia el jardín, su tío había cumplido su palabra de comenzar a enviar las invitaciones al día siguiente, lo que no había contado era con su insoportable prima. Tal vez esa pequeña bruja sospechaba algo, porque había dicho que ella quería entregarles la invitación en persona a Lucius Malfoy y a su esposa, y que Draco ya no requeriría una, porque su esposa, podría decirle personalmente.
—Si se le ocurre siquiera sugerirlo la asesinaré –gruñó en voz baja.
— ¿Ahora habla sola? –se burlaron a sus espaldas, así que se giró hasta el hombre.
—Creo que está un poco desorientado ¿no lo cree?
—No, no he venido a ver a su tío, a su prima o a su tía.
—Claro –sonrió –iré a avisarle a Ginevra que su amigo ha venido a verla, supongo que eso ayudará a animarla un poco, ya que se siente un poco… fuera de ambiente.
—Lo comprendo, esto luce muy sencillo, comparada con la vida que tiene que tener en la mansión Malfoy.
—Supongo, sí, iré por ella, espere un momento.
—Será bueno –sonrió y se arregló el saco.
Demelza le hizo una pequeña caravana y se alejó, haciéndolo fruncir el ceño, o realmente él no era del agrado de la rubia, o era un poco tonta para adivinar porque estaba en ese lugar, si Ginevra era casada, por muy hermosa que era, no podía hacer nada, además, la que le interesaba era ella, Demelza Robins.
—Señor Potter –saludó Ginny con una sonrisa –diría que es una sorpresa verle por aquí, pero lo cierto es que no –se burló.
—Su amiga fue a buscarla –se encogió de hombros.
— ¿Por qué iría a buscarme a mí? Si es lógico que venga a verla a ella.
—Bueno, es lógico para todos, menos para ella –se burló.
— ¿Quiere un poco de té? No es mi casa, pero…
—Comprendo lo incómodo que puede ser estar en de invitado –la reconfortó.
—Sí, es un poco… incómodo –suspiró.
—Oh, aquí estás, tal parece que ambos tienen una atracción innegable –se burló Demelza –te buscaba para decirte que el señor te buscaba.
—Bueno, pues… muchas gracias, ya lo encontré –sonrió –pero no quiero ser grosera, los dejaré solos, iré a descansar, no me encuentro muy bien -se disculpó.
— ¿Se encuentra bien, Señora Malfoy? –interrogó Harry.
—A decir verdad, he estado teniendo un poco de frío, y no, prefiero recostarme un poco.
—Permítame acompañarla –pidió.
—No… no es…
—Insisto –la sujetó del brazo –señorita Robins ¿podría pedirle a uno de sus mozos que baje mi maletín? ¿Por favor?
—Por supuesto, en seguida lo enviaré.
—Gracias.
La rubia fue por lo que Harry le pidió y subió hasta la habitación de Ginevra, se quedó en el umbral, observándolo mientras la ayudaba a acomodarse.
—Así estará más cómoda –sonrió.
—Gracias, pero no es…
—Está un poco pálida, sus pupilas están un poco dilatadas.
—Aquí está su maletín, señor Potter –Demelza se lo tendió y se colocó junto a su amiga.
—No soy doctora, pero creo que sólo es un simple resfriado –le sonrió tranquilizando a la pelirroja.
—Pues yo si lo soy –habló Harry –con su permiso, la revisaré.
Demelza se sentó en la cama y acarició el cabello de Ginny, intentando reconfortarla.
—Si resulta que la vida aburrida te daña, regresaremos –sonrió.
—Creo que no es lo que quieres ¿cierto?
—Posiblemente no –admitió –pero te traje aquí, y si el clima te afecta, nos iremos.
—No es el clima –la tranquilizó Harry.
—Al menos ha dicho algo bueno –sonrió la rubia.
—Deja de ser tan grosera –la reprendió Ginevra.
—Bien –sonrió.
Harry salió después de que terminó de revisarla, le entregó algunos frascos con un poco de medicina.
—Lamento que estés así por mis mentiras, Ginny, realmente no supe la magnitud que tomaría ésta mentira.
—Lo sé –suspiró –sólo espero que la mentira de que soy la esposa de Malfoy no se extienda y no podamos detener esto.
—No se extenderá, lo prometo –sonrió.
Salió de la habitación, topándose con el rostro sorprendido de Harry, se acercó a ella y en un susurró habló.
—No está casada con Draco Malfoy.
— ¿Ahora escucha detrás de las puertas, señor Potter? –contestó en tono bajo.
—Iba a decirle que olvidé darle éste frasco, cuando escuché eso ¿cómo se le ocurre mentir en algo así?
—No es de su incumbencia el asunto –lo sujetó del brazo y tiró de él rumbo al jardín.
Avanzaron en silencio, hasta un lugar donde nadie pudiese escucharlos, no quería que nadie se enterara de su mentira y meter en problemas a Ginevra.
—Si su interés por ella es genuino…
—Ella no me importa, no de la manera en la que usted cree –aclaró.
—Bien, mejor aún, no se meta en eso.
—Demelza –la sujetó de los brazos –sabes que Lucius ahora es parte de la cámara de los Lores ¿cierto?
— ¿Qué? –La chica abrió los ojos sorprendida –eso no es posible…
—Abraxas Malfoy murió hace unas semanas, eres una chica lista, haces más que quedarte de pie en nuestras charlas, sabes que ningún Malfoy se permitiría estar en un escándalo de tal magnitud ¿cierto? Y mucho menos sir Lucius Malfoy.
—Abraxas era un hombre inteligente, sin duda él hubiese ayudado a deshacer este embrollo, pero… Lucius… ese hombre, creo que he arruinado la vida de mi amiga, realmente.
—Me temo que lo ha hecho, no sabiendo, claro ¿por qué lo hizo?
—Por qué no quería que mi prima Astoria se casara con él, con Draco.
— ¿Puedo saber la razón?
— ¿Es un inútil acaso? Me interesa Draco, como hombre –soltó.
—Es un poco extraño que si él le interesa de esa forma, le creara un matrimonio falso, con su mejor amiga.
— ¿Qué mejor? –Frunció el ceño –así sabría que ella no intentaría aprovecharse, Ginevra es una chica educada, tierna y noble, ha estado haciendo esta farsa por mí, si hubiese sido ella, no hubiese hecho esto, me habría desmentido de inmediato, ni siquiera conoce a los Malfoy, a ninguno –admitió.
—No se preocupe, encontraremos la forma de solucionar esto sin que se vuelva un escándalo.
— ¿Solucionaremos? –se burló Demelza –bien ¿a cambio de qué, precisamente?
—De que acepte salir en una cita conmigo –sonrió.
—Eso jamás pasará –se burló y se alejó un poco.
—No suelo ser así, pero… conozco su secreto, usted puede ser liberal y no importarle nada de lo que se diga de usted, pero la pobre de Ginevra, sin duda se escandalizaría si supiera que conozco su secreto.
—Está usted abusando de su suerte –regresó enfadada.
—Sólo una cita, es todo lo que pido –admitió con una sonrisa.
—Le prometo que sea cual sea su plan, fallará, pero por el momento, no puedo dejar que Ginny sepa que nos descubrió –suspiró y dudó dos minutos completos –está bien, acepto ir en una cita con usted –aceptó en una mueca de disgusto y sufrimiento.
—Pasaré por usted mañana, a las ocho –besó el dorso de la mano derecha de Demelza y se alejó.
Lo que hacía porque Ginevra no supiera que todo se había jodido, si, bien, no había sido su intención que todo se complicara de éste modo, jamás pensó que el viejo Abraxas fuera a morir tan pronto, dejando a Lucius como uno más de la Cámara de Lores.
—Estoy acabada –suspiró negando con pesadumbre.
Le fingió una sonrisa a Ginevra cuando pasó, no iba a decirle nada, ni siquiera de la cita que tendría con Potter, iba a terminar más pronto de lo que les tomaría iniciarla, no le gustaba que la chantajearan de esa forma, y él no era tan caballero como todos los demás pensaban que era, tonto Harry Potter.
—No tienes buena cara ¿Qué te dijo el señor Potter cuando salieron de aquí?
—No mucho –le mostró un frasco –me dijo que había olvidado entregarte éste.
—Eso es todo, me sorprende, tienes una cara de muy pocos amigos.
—Tengo pocos amigos, Ginevra, todos mis amigos se resumen a ti.
—El señor Potter podría ser un buen amigo también, es agradable y alegre, es sólo que no quieres darle una oportunidad.
—A menos que dentro de él viva el espíritu de una mujer, no me interesa ser su amiga, para ser honestas, algo me dice que no es el hombre honorable que todos dicen que es.
— ¿Te ha insinuado algo obsceno? –interrogó la pelirroja con sorpresa.
—No tanto así, de haber hecho algo así, sin duda estaría en un estado crítico.
—Es el único médico que hay aquí, así que sin duda su estado crítico se volvería a muerto.
— ¿Cómo sabes que es el único médico de aquí? –elevó una ceja.
—Hemos platicado mucho él y yo, me agrada sin duda.
—Estás muy interesada en él ¿cierto?
—No de la forma en la que piensas, es un hombre guapo, pero no es mi tipo, él es más… tu estilo ¿sabes?
—Claro que no –frunció el ceño la rubia.
—Por supuesto que sí, es sólo que quieres complicarle las cosas, incluso tu forma de ser parece no molestarle y mucho menos escandalizarle.
—Es cierto, parece que no le incomoda que sea una liberal ¿no?
—Posiblemente apoye esos pensamientos, si vienen de ti –se encogió de hombros Ginny.
—Lo dudo, los hombres no quieren competencia.
—Eso es lo que nosotras pensamos que ellos quieren, tal vez, tenemos la vida mejor y más cómoda si son ellos los encargados de mantenernos –sonrió.
—Ginevra, tu desfachatez me ofende –se llevó una mano al corazón en fingido dolor.
—Ya lo sé, pero no creo que todos los hombres nos crean unas inútiles.
—Ya sé que no, tendremos nuestra rebelión, llegará un día en que una epifanía nos golpeará a todas, y ahí sí, ellos sabrán de lo que somos capaces de lograr.
—Así se habla –se burló Ginny.
La puerta se abrió de golpe unos minutos después, Astoria apareció en el umbral, con una mirada enfadada dirigida a la pelirroja, pero no dijo nada grosero.
—Es hora de comer –informó.
—Genial, me muero de hambre ¿puedes pedir que nos suban algo? El señor Potter le ha recomendado que permanezca en casa descansando un poco.
—Por supuesto, no queremos que pierda a la criatura ¿cierto?
—No sé de qué hablas –frunció el ceño Ginevra.
—Está bien –elevó las manos con fingida derrota –ordenaré que les suban algo.
—Gracias –murmuró Ginny y Astoria salió.
—Es una maldita pesadilla, en serio que sí –bufó Demelza.
—Dímelo a mí, posiblemente nos hubiésemos llevado bien si no hubiese el pequeño detalle de: me casé con su único interés amoroso.
—Realmente no le importa mucho, sólo quiere reconocimiento, un esposo rico, guapo, terminaría siendo infeliz.
— ¿Por qué lo sería? –la observó Ginny.
La comida y la cena la hicieron en la habitación de la pelirroja, pasaron un rato bastante agradable, ya que nadie las había molestado, de haber sabido, hubiesen obtenido la seguridad que esas cuatro paredes les otorgaba desde hacía mucho tiempo.
—oOo—
Demelza terminó de arreglarse el vestido, ni siquiera era uno de los mejores que tenía, era uno tan común, que sin duda haría sentir mal a su padre y a su madre, de que saliera con algo así.
—Posiblemente debería pedirte algo a ti –le dijo a la muchacha que le ayudaba, que la observó como si hubiese enloquecido –es lo que haces cuando la persona no te interesa ¿cierto?
—Mi señora…
—No, ve por algo –la animó –lo más elegante que tengas –la chica le dedicó una mirada de súplica –ve –ordenó.
La chica llegó unos minutos después, con un vestido tan sencillo, que se le estrujó el corazón a la rubia, sin duda era lo más elegante que una chica de servicio podría tener, la observó, veía al vestido con una clara despedida.
—Me lo quedaré –informó haciendo que la chica arrugara su mandil y asintiera –pero como has hecho algo invaluable para mí –caminó hasta su armario y sacó uno de los mejores vestidos que tenía –tómalo, te lo cambio –la chica le observó sin comprender –cierto, tienes razón, tal vez ni siquiera es de tu gusto, puedes elegir el que quieras, es más, toma dos –comenzó a quitarse el vestido.
—Señorita…
—Ayúdame primero, después puedes elegirlos, no es necesario que sea ahora, simplemente, cuando lo elijas, me avisas, le diré a mi insoportable prima, para que no te acusen de nada ¿bien? –la chica asintió y corrió para ayudarla.
Demelza sonrió, el vestido no era tan lujoso, pero le quedaba bastante bien, y sin duda era demasiado más cómodo, se colocó la túnica y bajó cuando le informaron que había llegado por ella.
—Hola –sonrió Harry.
—Hola, señor Potter.
—Es mejor que nos marchemos.
—Sí, tengo que volver a las nueve –se encogió de hombros.
—Me he tomado el atrevimiento de pedirle a su tío que le permita pasar la noche en mi casa.
—No creo que sea algo conveniente –sonrió.
—No intentaré aprovecharme de usted, lo prometo –extendió su mano.
