Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, paso a dejarles nuevo capítulo, espero que sea de su agrado, perdón por tardar en actualizar, pero no ha sido larga la espera ¿cierto? Bueno, muchas gracias por sus reviews, sus favoritos y sus follows, saben que significan mucho para mí, nos leeremos el siguiente capítulo.


Capítulo 04: Una Voz Propia.

Demelza lo observó un instante, seguro tenía algo más en mente, pedir que se quedara en su casa, tal vez, creía que sus ideas libertinas le harían caer entre sus sábanas.

—Es una lástima –se burló –tal vez es esa la razón por la cual no me agrada del todo, no concibe la imagen de un hombre atrevido, señor Potter, tal vez deba quedarme en casa, y salir un día que no sea necesario que permanezca una noche en su casa.

—Es su decisión –sonrió, y recordó la razón por la cual había accedido de primera instancia a salir con él.

—Bien –frunció el ceño y salió.

—Nos veremos mañana –se despidió él y la siguió.

Cuando la alcanzó, ya no era necesario que la ayudara en nada, su mozo lo había hecho y se encontraba teniendo una charla con él, con una bonita sonrisa en su rostro, haciendo que Harry sonriera, sabía que Demelza Robins no era tan brusca como trataba de aparentarle a todo el mundo.

—Listo, Ben, vamos a casa –ordenó Harry sentándose junto a Demelza.

—Por favor –terminó la mujer haciendo que Harry la observara confundido –un por favor después de algo no le hace menos hombre y menos rico, Potter –soltó –por el contrario, ellos son personas, como nosotros, ni siquiera los animales deberían ser tratados como los ricos tratan a sus sirvientes.

—Lo dice la chica que posiblemente robó eso de una de las mujeres de servicio ¿o me equivoco? –observó el vestido que Demelza tenía puesto.

—No lo robé, lo tomé prestado, le he pedido a la dueña, es más, lo he cambiado por unos cuantos de los míos propios, porque sé, que este vale incluso más que los que yo uso.

—Eso sería imposible, mi señora –Harry observó el cielo.

—Usted no siempre tuvo dinero ¿no es así? Por lo que mi padre dijo es que hizo una buena carrera y es hábil en los negocios, pero no siempre tuvo tanto dinero.

—Y esa es la razón por la que no le agrado tanto como Draco Malfoy ¿cierto? Él le agrada porque siempre ha sido rico, sin necesidad de nada, en cambio yo.

—Me agrada Draco, me gusta Draco, pero no porque toda la vida hubiese sido rico, no le encuentro el chiste en tener las cosas sólo por tenerlas o por pedirlas, me agrada ganarlas, eso es todo, y una persona que no siempre ha tenido dinero, debería tratar con humildad a sus sirvientes, pero disculpe si le ha molestado mi opinión, al final es eso, la opinión de una mujer.

—No, por favor continúe, a mí me interesa su opinión.

—Considero que el valor de una cosa no la da cuantas libras ha costado, por el contrario, cuanto ha costado conseguir esas libras, yo tengo vestidos que valen mucho dinero, pero no me ha costado ningún esfuerzo conseguirlos, incluso algunos son regalos de más personas pretensiosas o de pretendientes.

—Supongo que en Londres tiene muchos.

—Pues su tono de burla me ha ofendido, señor Potter, he rechazado a la mayoría, nadie va a imponerme a que marido tener, al final, será mío y de él mismo.

—Me gusta su forma de pensar –admitió Harry.

Ella no dijo más, sólo quería llegar a la casa de Potter y terminar con esa absurda cita lo antes posible, todo lo que hacía por Ginevra, bueno, no es como si Ginevra se hubiese metido sola en ese embrollo.

Se detuvieron en la entrada de una casa común, el tamaño era el normal, no el imaginado por la chica, observó a Potter, no eran recibidos por los sirvientes, por el contrario, él mismo se abrió las puertas y la dejó pasar primero.

El lugar era bonito, cálido y acogedor, digno de un hogar, diferente a todo lo que ella estaba acostumbrada, a la inmensidad de casas en su mayoría vacías, recorridas por el día y silenciosas por la noche, sin embargo esa casa, por muy silenciosa que estuviese en la noche, no dormirían los miembros de una familia de un lado a otro, por el contrario, se sentía acogedor, feliz.

—Es una linda casa –admitió frente a Harry.

—Me alegro que le guste, perteneció a los padres de mi padre.

—El abuelo Potter tenía muy buen gusto –sonrió y permitió que él le quitara el abrigo.

—Muchos lo piensan, y lo cierto es que sí.

—Ahora que sabe que no escaparé…

—No me fiaría mucho de eso con usted, es todo, menos predecible.

—Bien, ahora que no escaparé ¿me dirá porque me trajo a pasar la noche aquí?

—Tenía la esperanza de que disfrutara de mi compañía y pudiésemos ser amigos.

—No suelo ser amiga de todas las personas a las que conozco –le aclaró –necesitan ser un poco diferentes al resto.

—Además, quiero ayudarla a buscar una solución rápida para el embrollo en el que usted y Ginevra se han metido, no creo que las cosas le sean tan fáciles ahora que Lucius es quien realmente lleva a la familia Malfoy.

—Yo lo arreglaré con Draco, además, no creo que nadie se entere, iremos a Londres y será la palabra de Astoria con la mía.

—Sería la palabra de los Greengrass contra la de usted y Ginevra, que para todo esto, ni siquiera sé de donde viene o porque la conoce, tal vez es su sirvienta.

—Eso es tan ofensivo –frunció el ceño –es mi amiga, la conozco desde años atrás, y ella tiene todo el apoyo de la familia Robins.

—Debería retractarse, no ha pasado mucho tiempo y las cosas, junto con la reputación de su amiga, no están en serios problemas, aun.

—Por supuesto que no lo haré, eso dejaría que Astoria estuviese libre para casarse con Draco y no permitiré eso.

—Pero si hará de su amiga una burla sólo por celos y un capricho.

—No es un capricho.

— ¿Por qué en vez de venir aquí, no fue en busca de Malfoy y habló con él? Si es tan liberal como dice, no debería importarle buscar a un hombre y proponerle matrimonio usted a él y no él a usted.

—Usted es un tonto que ni siquiera sabe el significado de las palabras, solo las escupe sin temor alguno ¿cierto? –Fue hasta la ventana –buscar la igualdad no es ser libertina en otros aspectos, idiota, no pido que me dejen ir a burdeles, acostarme con cuanto hombre me complazca ni toda la clase de porquerías que ustedes hacen cuando quieren y como quieren, pido, que se nos deje de tratar como un simple objeto, que me dejen elegir cual hombre es con el que quiero compartir el resto de mi vida, que nos dejen de tratar como un objeto sin valor, quiero tener las oportunidades de un hombre, pero por supuesto que sé que no somos iguales, ni siquiera físicamente lo somos ¿por qué hemos de serlo en todo? –negó –no quiero ser superior ni inferior, quiero ser igual, estar junto a mi esposo en una reunión y opinar de asuntos políticos, no sé otras, pero yo conozco muy bien a todos ellos, puedo tener una charla interesante con un hombre a pesar de que él quiere hablar sólo de negocios, eso es lo que quiero, no ponerme de reposapiés para mi marido.

El jardín de la parte de atrás era amplio, sonrió al ver los cojines sobre la manta, con todo preparado para un buen picnic, con una botella de vino por abrir.

—Quiere embriagarme ¿no es así? –lo observó.

—Bueno, no sé qué tanto tolere el alcohol.

—No tan bien como usted, no olvide que sigo siendo una dama –hizo un ademán delicado que lo hizo sonreír.

—No me importaría que una mujer soporte beber más que yo –la observó –me encantaría, de hecho.

—Cuidar borrachos es algo que ningún hombre, mujer o niño tuviese que soportar.

—Cierto, pero no era al punto al que quería llegar, sino al que no me enfadaría que la mujer que me gusta fuera mejor que yo en muchos aspectos, sólo hay uno en el que no me ganaría –sonrió.

— ¿Tan engreído es? –elevó una ceja.

—No –se acercó a ella y susurró algo en su oído.

—Es un descarado –soltó ella con una sonrisa en sus labios.

Se sentó con ayuda de Harry, tomó un pequeño trozo de pan y queso y lo probó, siendo tan maleducada como para exclamar por lo delicioso que sabían, pero no fue juzgada en ningún momento, cosa que le agradó, por muy pretendientes que fueran, los hombres no permitían todo, sólo algunas muestras de desfachatez, pero ella ya había superado todas, y Potter jamás decía nada, salvo para burlarse, y no es como si él la estuviese cortejando.

—Volviendo al tema desagradable –interrumpió Harry la paz momentánea –el asunto con Malfoy ¿en verdad vale tanto la pena para hacer algo tan grave?

—Es una pequeña mentira blanca –se justificó.

—Una red de mentiras blancas, querrá decir, su padre ha venido a mí preocupado por la salud de Ginevra, y ha comentado que ha perdido a su primogénito, y a menos que ella se hubiese entregado a alguien antes…

— ¿Tiene eso algo de malo? –observó a Harry en una forma seria, no fingiendo, no enfadada, era una etapa que jamás había visto en ella.

—Sólo estoy tratando de ayudarle, no pensaba decir nada de la mentira, y no importaba si no aceptaba salir conmigo, fue sólo la excusa perfecta para forzarla a mi compañía cuando sé muy bien que no me tolera.

—No es que no le tolere, señor Potter, es sólo que estoy acostumbrada a ser yo, todo el tiempo, no importa quien esté frente a mí, digo y hago lo que siento, la mayoría de las veces, luego cambio de opinión y hago otra cosa, posiblemente contradictoria, pero sigo siendo yo, cambio mucho de opinión e ideas.

—Sólo le pido que mantenga las mentiras al mínimo, después seremos aplastados por todas ellas.

—Seremos ¿por qué estaría hablando en plural? –mordió un trozo de queso.

—Quiero ayudarlas, ella me agrada y bueno, a pesar de que es usted una necia, enfadosa, que cree saberlo todo, todo el tiempo a todo momento, que cree saber las intenciones de todos a su alrededor, pero es tan tonta como para no notar el interés que muestro por usted –sonrió ante la incredulidad de la chica –me intereso por usted y me preocupo por usted, eso es lo que quiero decir, y a pesar de que la que al final, tendría mala reputación sería Ginevra y no usted, es quien ha iniciado todo, y quiero ayudarle con eso, si me lo permite.

—Digamos que lo permito, sería con una sola condición.

—Por supuesto –sonrió Harry.

—Que Ginny no se entere de que lo sabe, o ella sola podría arruinar los planes de solucionar todo esto –negó –como es posible que Abraxas pasara a mejor vida, no en un momento como este.

—Así es la muerte, tan impredecible, tan usted –Demelza sonrió ante las palabras de Harry.

—Me ha llamado muerte, quiere decir que nadie me quiere y todos me temen.

—Habremos muchos interesados en develar los misterios de la muerte –tomó del vino sin quitarle la vista.

—Que terminan consumidos por su interés, no lo olvide.

—Es algo definitivo, no importa con cuanto interés le busquemos, o con cuanta desesperación huyamos, la muerte es tan definitiva, que al final, nos quitará la ventaja y los años que hayamos logrado huir de ella.

—Cierto –sonrió –debemos encontrar un buen plan, Ginny casi no quiere salir de su cuarto.

—Posiblemente sea su prima ¿no lo ha pensado?

—Nadie la quiere –se encogió de hombros –no entienda mal, es una buena chica, es sólo que… no sé qué esté pasando por su mente y por su vida, algo que no vemos y sin duda le afecte.

—Que no pudo conseguir al esposo que deseaba.

—Ella no ama a Draco, sólo está obsesionada con él, porque me escuchó decir lo mucho que me interesaba para matrimonio, si le hubiese dicho a mi padre antes de que ella dijera que le interesaba, posiblemente estaría casada con él ahora.

—Le llevaré flores a su prima la próxima vez que vaya a verla, en agradecimiento –aclaró –por no dejarle hablar primero.

—No sea tonto –negó.

—Es la verdad, me interesa, y si las cosas siguen tan bien como hasta ahora, posiblemente vaya a Londres a pedir su mano, digo, si es que usted me eligiese como marido, tampoco voy a forzarla por el secreto que sé de usted –sonrió.

—Es todo un manipulador, Potter, creo que comienza a agradarme realmente –sonrió y le quitó la copa.

—Lo digo en serio, Demelza, me interesas, quiero hacerte mi esposa.

—No insista en eso –negó devolviéndole la copa.

— ¿Por qué no lo haría? Sé que no le interesa un hombre con una inmensa fortuna, pero la tengo, puedo darle una buena vida y…

—He sido de otro hombre –le informó –tal vez eso detenga toda esta galantería –soltó y suspiró.

— ¿Ha estado íntimamente con otros hombres? –soltó Harry sorprendido.

—Es algo que tengo que decirle si su intención realmente es seria conmigo, he yacido de forma íntima con otro hombre y no me arrepiento de ello.

— ¿Le amaba? –la observó.

—No importa que liberal crea el mundo que soy, jamás yacería con un hombre por el cual no siento nada, así que sí, le amaba, en una manera muy mía, claro está, pero lo hacía.

— ¿Draco Malfoy? –tragó saliva observando a otro lado.

—No –admitió –no ha sido él.

— ¿Puedo saber con quién?

—Un hombre, un amigo de mi padre, era joven, inexperta y él era todo lo que yo deseaba, un hombre elegante, inteligente, capaz de ver en una mujer a una persona, no un objeto, él era mayor, yo tenía quince años y bueno, mi padre no lo hubiese tomado muy bien, él aceptó el hecho de que lo nuestro sólo había sido un afortunado error.

—Posiblemente se aprovechó de usted –soltó Harry enfadado.

—Ahí vamos de nuevo –negó –todo el mundo cree que somos incapaces de decidir a quién entregarnos, por amor, por deseo o por lo que nosotras queramos, creen que ustedes deberían decidir…

—Era una niña –soltó enfadado –fácilmente pudo seducirla…

—Muchos antes lo intentaron, con mejor galantería, con mejores regalos ¿sabe acaso como me sedujo él? –Sonrió –me preguntó mi opinión sobre algo, la tomó, le importó y la usó, posiblemente fue él quien me animó a ser la liberal que siempre fui y quise ser, posiblemente a él le debo mi voz propia.

—Siempre ha tenido una voz propia, no se la debe a nadie.

— ¿De qué sirve una voz propia si siempre está en silencio, señor Potter? ¿Cuáles aves cantan mejor por la mañana? Las libres o las en cautiverio, le responderé, las aves que mejor cantan son las en cautiverio, las aves libres pueden cantar cuando quieran, son libres, a las aves encerradas, es lo único que tienen, se cantan a sí mismas, para recordar lo que se siente ser libre, es lo único que les queda de recuerdo que un día fueron libres, posiblemente canten, para no volverse locas, ver a las demás volar mientras ellas se quedan ahí, de pie, en una bonita jaula de oro, con pomposos humanos que creen que cantan para ellos, tal vez quien siempre ha tenido la oportunidad de hablar no sabe lo que es ser mudo, aun teniendo voz, ser invisible para los demás aunque chocan contigo, usted es un hombre señor Potter –sonrió –no sabe de opresión, de subyugo, incluso los esclavos hombres son más libres que una mujer –negó de nuevo y suspiró para controlarse –él liberó esa voz que tenía, al inicio temía, me asustaba hablar, decir lo que pensaba y sentía, pero él siempre me sonreía, y abiertamente me animaba a opinar, él no me dio una voz como tal, posiblemente, pero la hizo más fuerte, ya no susurraba, ya hablaba, ya no agachaba la cabeza, ya decía las cosas de frente, con la dignidad que tengo por ser una persona, más que una mujer o un hombre, una persona.

— ¿Por qué dejarle ir si era tan magnifico? –soltó enfadado.

—También me enseñó que la única igualdad en la vida, viene de la muerte –se puso de pie y lo observó –la muerte es la única que arranca la vida de mujeres, hombres, jóvenes, viejos, niños, ricos y pobres, la muerte nos ve como lo que somos, seres vivos, y su único deber, es arrebatarnos esa vida, así que eso responde su pregunta, señor Potter, murió.

Cuando Harry se animó a regresar con todas las cosas del picnic, ella estaba en la cocina, sentada junto con los pocos sirvientes, ni siquiera la ropa modesta la hacía lucir como uno de ellos, se veía diferente, más refinada, educada, sin embargo, los sirvientes se movían libremente, como si formase parte de ellos, no como cuando él estaba, que se movían mecánicamente, tensos, incómodos.

—El señor Potter es un gran hombre –sonrió Eloísa una mujer de mediana edad.

—Posiblemente lo sea –admitió –pero es un hombre y los hombres siempre son necios –rió.

—No es como si nosotras les pusiéramos fácil las cosas ¿cierto? –le interrogó Eloísa.

—Bueno, teníamos que tomar cualquier cosa, siempre hemos estado en desventaja en todo, así que si podemos complicarles la existencia un poco, posiblemente sea fantástico.

—Cierto –admitió la mujer –pero hay muchos buenos hombres afuera.

—Lo sé, hay quienes no nos ven como si fuésemos el adorno de las mesas, pero se vuelven más mudo que un gato al que el ratón le comió la lengua cuando se trata de defendernos.

—Totalmente de acuerdo –sonrió –bien ¿qué le gustaría cenar señorita? El señor no ha dejado órdenes directas, me imagino que esperando que usted pidiese algo que le gustase.

—Yo sólo soy una invitada, no voy a tomarme libertades que no me corresponden, pero sólo diré, como sugerencia, que lo que tú quieras, no lo sé, el más fácil, el que no te tome mucho tiempo.

—Me gusta cocinar, mientras más elaborado sea un plato, mejor –negó Eloísa.

—Bien, entonces que sea ese, y como tu jefe se ve que estará ocupado, quisiera ayudar, estoy harta de no hacer nada.

—Posiblemente al señor Potter…

—Nadie tiene que decirle o pedirle permiso ¿Qué soy acaso, su mujer? –Se burló –eso jamás pasará.

— ¿Por qué no ha de pasar? Mi amo es guapo y atractivo.

—Pero no hay ningún hombre que tolere lo que le confesé hace poco.

—No quiero ser entrometida pero…

—Hay muchas cosas que a los hombres no les gusta, pero sólo una, que odian en una mujer, y eso es que no sea pura y casta, no ser los primeros en una mujer.

— ¿Ha sido casada? –la observó incrédula.

—En realidad no, tengo diecinueve, es para que tuviese ocho hijos, pero no.

—Debió amarle mucho, porque por su rostro, no fue forzada.

—Fui forzada a dejarlo –rieron –era un hombre mayor, un buen hombre.

—Aun así no se casaron.

—Lo deseábamos, sin duda, él era parte del ejército, un General, le atravesaron el pecho en un ataque sorpresa, regresaban a Londres y los atacaron.

— ¿Hace cuando fue de eso?

—Dos años –suspiró.

Harry irrumpió en la cocina, observó a las dos mujeres y no dijo nada.

— ¿El señor dispone de algo específico para la cena? –preguntó Eloísa.

—Estaba pensando en…

—Señor Potter –interrumpió un chico, el mozo que los había llevado –ha venido Sophie, dice que su hermana se ha caído del caballo, y el animal la ha arrastrado un tramo, que está sangrando mucho.

Harry no dijo nada, Demelza fue tras él, que salió casi corriendo del lugar.

—Lleva a Sophie, yo iré en mi caballo –ordenó Harry apresurado –esto me tomará un tiempo si es que está sangrando demasiado.

— ¿Quieres que vaya contigo? –indagó preocupada Demelza.

—No, por favor, quédate aquí, Eloísa cumplirá cualquier cosa que necesites o quieras.

—De acuerdo.

Harry tomó su maletín y observó a Demelza cuando le extendió su abrigo, negó pero ella insistió, así que lo tomó, y salió apresurado.

—Tranquila, todo estará bien, Sophie –habló Ben.

—Está sangrando, mucho, tal vez esté muerta –chilló la mujer.

—No te preocupes, él la salvará, es el mejor doctor que hay en el país.

—Gracias –se secó el llanto.

— ¿En serio es el mejor doctor del país? –Preguntó Ben, que se ganó una mirada severa de Demelza –claro que lo es.

Después de que ella y Eloísa calmaran un poco a la joven, le dejaron ir con Ben, incluso la misma Demelza seguía preocupada.

—El mejor doctor del país, nadie había dicho eso ¿lo es? –interrogó Eloísa.

—No lo sé, sólo he visto solucionar los problemas de mi amiga, pero nada más.

—Sé que es bueno, hay algunos días que vienen así, de la nada, posiblemente pidió que se quedara la noche por si algo así llegara a pasar, uno nunca sabe, a veces apenas abre los ojos, vienen a buscarlo por emergencias y no regresa hasta cuando oscurece.

Ceno a fuerzas, pero no tenía mucha hambre, les dijo a todos que podían irse a descansar, y ella se quedó en la sala, a la luz de las velas, esperando a que regresara, sabía que había sido una emergencia, pero estaba tardando demasiado en volver, y más que él, le preocupaba la seguridad de la accidentada.

Se giró apresurada cuando escuchó la puerta, Harry entró cubierto de sangre, desde sus hombros, brazos y piernas, ella avanzó hasta él rápidamente.

— ¿Todo está bien? –lo interrogó.

—Perdió mucha sangre, pero vivirá, por fortuna –resopló aliviado.

— ¿Qué fue lo que pasó?

—El caballo se topó con una serpiente, iba galopando, así que el impacto fue demasiado severo, así sobreviva, tendrá consecuencias graves.

—Al menos sigue viva ¿no? –se encogió de hombros.

—Una tullida, tiene diez años –le informó.

—Por Dios –volvió a observarlo –deberías tomar un baño, lo prepararé.

—No es necesario, le diré a Eloísa que lo prepare.

—Envíe a todos a dormir –se encogió de hombros –y ya lo sé, es mucho atrevimiento, pero estoy acostumbrada a dar órdenes también –se encogió de hombros –soy la única persona despierta aparte de ti, así que no prives del sueño a alguien que tiene la dicha de tenerlo.

No dijo nada, discutir con ella era como hacerlo con la pared de la casa, así que la vio desaparecer, después de instruirla en donde estaban las cosas, después de unos minutos, Demelza le indicó que podía tomar su baño, y lo hizo, quería quitarse el olor a sangre que había tenido consigo toda la tarde.

—Adelante –indicó cuando escuchó que tocaron la puerta.

—Preparé té, para que duermas relajado, no me mires así, dicen que funciona, yo no lo sé, no soy doctor.

—Es sólo que me sorprende, tal pareces mi esposa más que una invitada a la que le desagrado.

—Volveremos al mismo circo –puso los ojos en blanco –ya le he dicho que no me desagrada, señor Potter y usted ha salvado la vida de una niña de diez años, que en realidad no es ni mi conocida ni mi familiar ni nada, pero es lo mínimo que puedo hacer –sonrío –que descanse.

—oOo—

Ginevra se levantó con una sonrisa cuando escuchó la voz de Demelza, estaba más que agradecida de que por fin llegara, no quería pasar más tiempo a solas con los Greengrass, después de todo, ella no sabía nada de los Malfoy, y Demelza siempre la salvaba de decir tontería alguna.

—Señora Malfoy –saludó Harry.

—Se ven muy alegres, me imagino que las cosas ayer fueron buenas para ustedes dos –le sonrió al hombre.

—Fue un día entretenido, al menos lo que duró –admitió Demelza –el señor Potter tuvo una emergencia y tuvo que salir, así que me la pasé encerrada como aquí, no hubo mucha diferencia.

—La invitaré a dar una vuelta al pueblo, si eso quita la mala impresión que sigue teniendo de mí –sonrió.

—No, seguro que sólo una impresión basta, señor Potter.

—Me imagino que para alguien como usted, eso no es cierto.

—Acertó, mi primera impresión de usted fue un hombre espeluznante acosador de mujeres solas.

—Es bueno dejar de ser un acechador.

—Yo nunca dije que dejara de serlo, ahora es un acechador y un manipulador.

—Demelza –la reprendió Ginny.

—Era mi punto de vista, pero claro, en la mejor de las opiniones, ese tipo de personas me agrada –tranquilizó a la pelirroja.

— ¿Qué tal su día señora Malfoy? –interrogó Harry.

—Bien, gracias por preguntar –asintió.

—Está siendo modesta para no decir que Astoria la tiene fastidiada ¿cierto?

—Es un poco… apasionada por ciertos temas…

—Como su esposo ¿cierto? –Negó Harry –comprendo que sea así, como nadie sabe del matrimonio, pero todo pasará en un tiempo, alguien más se casará o alguien hará un escándalo y dejarán de molestarla, siempre es lo mismo, debería saberlo.

—Lo sé y lo tengo claro, es sólo que ya quiero que dejen de interesarse en mí y mi vida personal, eso es todo.

—Pronto será, pero tengo que irme, tengo trabajo, cualquier cosa, estoy a sus órdenes, y si vuelve a tener algún otro malestar, no dude en avisarme.

—Muchas gracias –sonrió y se sentó cuando se alejó acompañado de Demelza.

Las mujeres se sentaron en el jardín, Ginny cerró los ojos y dejó que el sol diera de lleno en su rostro, Demelza suspiró apenada, ella tan tranquila y ni siquiera se imaginaba el lío en el cual la había metido.

—No has dicho nada ¿Qué tal realmente tu cita con el señor Potter? –sonrió sin abrir los ojos.

—No muy bien, para él, claro.

— ¿Qué le has hecho ahora? –negó y la observó atenta.

—Hablarle con la verdad y tal vez matar sus ilusiones, el muy descarado me ha dicho que me quiere como esposa –frunció el ceño.

— ¿Y es que no te gusta nada? Es bastante simpático y guapo, y al contrario de todos los hombres con los que has tenido que salir, él es el único que no se ofende por que seas "liberal" por el contrario, parece que le gusta que no seas un objeto bonito –se encogió de hombros.

—Sí él estaba siendo honesto, tenía que ser lo mismo, le he contado la verdad, no iba a casarme con él sin decirle que me he acostado con un hombre que no fue él, no iba a fingir ser casta y pura cuando no lo soy.

— ¿Qué le dijiste?

—Le conté sobre Remus Lupin –se encogió de hombros –claro que no le he dicho quien fue, sólo le dije que estuve con otro y que lo amé, eso es todo.

—No reaccionó muy bien ¿o sí?

—Como todos los hombres, no cabe esperar que tomen la noticia de otra forma, y en serio, más que gustarle, le parece gracioso, soy como la novedad para Potter por ser parlanchina.

—En realidad le gustas, parlanchina y todo, él realmente está interesado en ti.

—Bueno, pues al menos ya sabe la verdad de todos modos.

—No todos tenemos esa posibilidad ¿cierto? –negó.

—En serio lo siento, no fue mi intención.

—Por supuesto que lo era, no contabas que te gustaría otro en el trayecto.

—En eso tienes razón –hizo un mohín.

El resto del día estuvo tranquilo, aunque Astoria estuvo con ellas un rato, interrogando a su prima sobre la razón por la cual pasó toda la noche en casa de Potter, y por fortuna, esa fue su única duda al respecto al menos en ese momento.

—Astoria –contestó suavemente Demelza –si fueses otra clase de persona, sin duda Ginevra y yo estaríamos más que encantadas de contarte nuestras cosas, pero como no lo eres, no lo hacemos.

—Eres una mujerzuela, por eso te quedaste con él ¿no es así? –frunció el ceño.

—No había nadie que me trajera a casa –le informó –él tuvo un imprevisto, es doctor ¿sabes eso?

—Bueno, sí, pero…

—Cuando la gente tiene accidentes, es normal que acudan a algún doctor, y el señor Potter es por fortuna o desgracia el único en este lugar.

—Ya –bufó frunciendo el ceño.

—Y yo soy la maleducada de la familia –se burló Demelza.

—Señorita Robins –le habló una de las chicas de servicio –el señor Potter le ha enviado flores ¿qué quiere que haga con ellas?

—Póngalas en agua, por favor –sonrió –y colóquelas en mi habitación, gracias.

—En seguida –asintió y se alejó.

—No digas nada –le advirtió a Ginny que iba a decir algo, pero terminó riendo.

—No iba a hacerlo, sólo iba a decir que era un lindo detalle por parte del señor Potter.

—Posiblemente lo sea –sonrió –las flores no tienen la culpa, ya han sufrido bastante al ser cortadas, como para que aun así las desprecie ¿no lo crees?

—Tienes toda la razón –sonrió divertida la pelirroja.

—Al menos a ella le mandan algo, Draco no te ha enviado ni siquiera una carta desde que estás aquí y eso que es tu marido –se burló Astoria.

—Eres a la única que eso le afecta –contestó con delicadeza Ginny –no importa que no envíe nada, es mejor.

— ¿Por qué lo sería? –la observó como si hubiese perdido la cabeza.

—Porque cuando se vean, será un encuentro apasionado –le guiñó un ojo Demelza.

—Eso no lo discutiré –sonrió la chica y se alejó.

— ¿Eso qué significa? –interrogó Ginny observando sorprendida a Astoria alejarse.

—No tengo la menor idea ¿crees que esa entrometida se metió con él?

—Es una incógnita para mí –admitió Ginny.

—Por su bien espero que no sea así.

—Tal vez –interrumpió la pelirroja –sólo fueron unos cuantos besos.

—Apostemos a que sea eso, porque si no, realmente estarán casados en Diciembre.

—De todos modos ¿por qué seguir la mentira? Si te interesa Potter, y no lo niegues.

—Tienes razón, pero tengo que encontrar las mejores palabras, y le diré a mi tío, ni siquiera a ellas.

—Te lo agradecería mucho –sonrió alegre.

—Sólo dame tiempo, unos días –Ginny asintió a la petición de su amiga.