Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, primero que nada, mil gracias por sus reviews, Elisabloom, significan mucho para mi, quiero disculparme de antemano, por si el capítulo tiene algún error, pero no me dejaba subirlo, me decía que había un error en la extensión del archivo y tuve que volverlo documento 97-2003, y cambió un poco el formato, en fin, muchas gracias por todo el apoyo, espero que sea de su agrado el capítulo. Nos leeremos después.
Capítulo 06: Mejores Privilegios.
Cabalgó apresurado, quería llegar pronto a la casa de campo de Kingsley, mientras más rápido llegara, más rápido sería su regreso a Londres, tal vez esa era la razón por la cual había decidido hacer ese viaje sólo con los hombres necesarios, y siempre bastante alejados de él, mientras él avanzaba rápido, los cuatro hombres que le seguían con sus cosas iban unas leguas detrás.
El hombre se bajó del caballo y se quitó el sombrero, tenía calor, su cabello rubio platino estaba húmedo a causa del sudor, su ropas finas se cernían pegajosas en su piel, no necesitaba girar la cabeza, sabía que necesitaba un baño y un lugar para descansar, posiblemente utilizaría la posada del pueblo.
Caminó sin vacilar en dirección a la posada, tomaría una de las mudas de ropa que tenía en su mochila y listo, podría estar como nuevo en lo que continuaba con su camino, de todos los hombres en el negocio, había tenido que ser precisamente él, al que enviaran a negociar con Kingsley, negó para sí mismo, no era la gran cosa, pensaba, de todos modos, era mejor que quedarse a discutir con su padre sobre la mejor mujer para casarse, no quería casarse, no por el momento, arruinar su vida teniendo que soportar a una mujer que es insoportable sólo para mantener en lo alto el apellido Malfoy.
—Señor Malfoy –el chico se giró, reconoció el escudo de los Greengrass en el saco del mozo, le sonrió lo menos arrogante que pudo, su padre y Nail Greengrass eran conocidos y posibles socios, sin olvidar que una de las candidatas para su esposa era precisamente la hija menor del hombre.
—Buenas tardes –soltó como único y avanzó.
—Diría que es un milagro tenerlo por aquí, pero me imagino que ha venido a ver a su esposa –comentó alegre el mozo –si me permite decirlo, su esposa es una hermosa joven.
—Ya lo has dicho y no lo he permitido –gruño –además, no sé de qué me hablas.
—Se hospeda en casa de mis amos, los Sres. Greengrass, no es ninguna equivocación, han estado desde que el verano comenzó aquí.
— ¿Mi esposa? ¿Paseándose por aquí? –Elevó una ceja y una sonrisa petulante apareció en su rostro –no creo que sea posible eso –bajó la voz –de tener una maldita esposa no dejaría que se paseará como si nada.
— ¿Disculpe? –Interrogó el mozo –supongo que vino por ella, o al menos vino a verla.
—Estoy de paso –negó –tengo unos negocios, pasaré la noche aquí –aventó una bolsita de cuero con monedas –espero que esto quede entre nosotros y que no le digas nada a mi esposa, y a tus amos.
—Por supuesto que no diré nada, amo Malfoy.
—Bien.
—oOo—
Dos semanas le había tomado convencer a Kingsley Shacklebolt de hacer negocios con ellos, no era tan temible como todo el mundo lo decía, o posiblemente la edad ya no lo dejaba serlo, no tenía idea de la razón, pero le parecía blando y débil, por fortuna, estaba viajando de nuevo a Londres.
Se detuvo en el mismo pueblo en el que se detuvo de ida, para que su caballo se alimentara y descansara, después de eso, se marcharía, no quería quedarse, e incluso pensaba que dejar que su caballo descansara, era una muy mala idea, pero ya que estaba en ese lugar, podría aprovechar para un par de cosas.
Entró a la posada del pueblo, pidió una habitación y tomó un baño largo, odiaba tener que viajar tanto tiempo por solo unos días, pero no podía hacer nada, por lo menos la visita a Kingsley había dado frutos y ya no tenía nada más que hacer que regresar a Londres en un insoportable viaje de un mes.
—Señor Malfoy –le sonrió un hombre.
—Buenas tardes –fingió una sonrisa cordial.
—Su esposa nos dijo que no tenía planes de venir por aquí, me sorprende verlo.
—Mi esposa –frunció el ceño divertido –supongo que se equivocó.
—Supongo, después de todo, no tiene por qué mantenerla al tanto de sus asuntos, después de todo, es el hombre ¿no es cierto?
—Sí, claro, desde luego –contestó, iba a soportar la broma de una forma normal, y no reírse de esos pobres en su cara.
—Nos sorprendió saber que se casó tan deprisa y más cuando se hablaba de que su padre pensaba aceptar el compromiso con la hija menor de los Greengrass.
—Ah –es que según esta broma no estaba casado con la Greengrass menor –así es el amor, supongo, o la conveniencia, lo que surja primero.
—Bien dicho –sonrío el hombre de amplio bigote –conveniencia o amor, su esposa es una mujer encantadora, me la he topado un par de veces aquí en el pueblo, en compañía de la hija de Robins.
—Oh, ha venido a pasear con Demelza –sonrío.
—Así es, si pasará, le sugiero que le lleve algo bonito –le palmeó el hombro.
Draco comió un poco incómodo, no habría querido desviarse de su objetivo de ir a Londres de inmediato, pero la jodida broma de su esposa lo estaba enfureciendo.
—oOo—
La sonrisa de Ginny se desdibujó cuando escuchó una voz masculina completamente diferente a la de Harry Potter, era el único invitado, y eso, porque Demelza había cruzado la línea de ignorarlo a salir con él algunas veces, le agradaba de sobremanera para su amiga.
—Buenas tardes –dijo el hombre arrastrando las palabras.
—Buenas tardes mi señor –dijo la mujer –por aquí.
Demelza observó a Ginny y una sonrisa tensa apareció en su rostro, se giró rápidamente tapando a Ginny y avanzó hasta Draco.
— ¡Draco! –Soltó haciendo que la sangre de la pelirroja se congelara –no tenía idea de que pensabas venir.
—Hola, linda, en realidad no sabía que estabas aquí, habría pasado a visitarte desde hace un poco, no pensaba venir, fui por negocios con Kingsley –soltó.
—No era necesario que vinieras, ha sido encantador de tu parte pero...
—No vine sólo por eso, sino porque me han dicho mucho sobre mi supuesta esposa, hospedándose aquí.
—Ah, sobre eso –se encogió de hombros y se movió.
El hombre le dedicó una mirada a la pálida pelirroja, que sólo se retorcía un dedo a causa de los nervios, no dijo nada, provocando una sonrisa en Demelza, que ninguno de los dos notó, se quedaron ahí, observándose uno al otro.
— ¿Se conocen? –interrogó Demelza.
—En realidad no lo creo ¿quién se supone que es mi esposa? –se giró frunciendo el ceño a la rubia.
—El señor Potter ha llegado.
— ¡Perfecto! –soltó Ginevra y se giró preocupada.
— ¿Qué hace Potter aquí? –Inquirió Draco.
—Estoy intentando cortejar a Demelza, hola –la saludo, apretó la mano de Malfoy y observó a la pelirroja que le daba la espalda –buenas tardes, Ginevra ¿es acaso de que no está feliz de tener a su esposo en casa? –sonrío, haciendo que los ojos grises se posaran de nuevo en la pelirroja.
—Estoy indispuesta en este momento –susurró –creo que iré a descansar.
La rubia observó a Draco y lo sujetó de las manos, siempre se habían llevado bien y no mentía en eso, Draco la apreciaba y ella igual, después de que Harry apareciera, comenzaba a agradarle la idea de tener a Draco con una chica que valiera la pena realmente ¿y quién mejor que Ginevra?
—Ha sido cosa mía, no de ella –habló –pensaba aclarar las cosas, pero una mentira me ha llevado a otra.
— ¿Y ella no ha podido desmentirte? –bufó.
—Estaba celosa de que mi prima te quisiera para ella, así que le pedí a mi padre que me enviara para detener eso, y cuando llegue, y supe que realmente eras el candidato más fuerte no me quedó más remedio que mentir.
— ¿No te quedó más remedio? ¿Pensaste por un momento en que tu prima me interesa realmente?
—No creo que sea el momento –soltó Harry observando a la pelirroja y a las Greengrass que se acercaban hasta el salón.
—Por favor –suplicó la rubia.
—No –soltó Ginevra –prometiste que esto pararía, que hablarías con él para que desmintiera todo, no, yo no...
— ¡Draco! –soltó Astoria y se echó a sus brazos entusiasmada.
—Hola, Astoria –la alejó de él –estoy un poco cansado.
— ¿Has venido una temporada o sólo has venido por mi sobrina y tu esposa?
—La verdad, es que sólo vine por trabajo, ya he terminado todo en mi lista, y bueno, aprovecharé para decir la verdad –negó y se acercó a la señora Greengrass –ya no soporto estar lejos de mi esposa –avanzó hasta la pelirroja y la abrazó, haciendo que Demelza suspirara aliviada y sonriera, igual que Harry.
—Tienes que amarla mucho –sonrío la señora Greengrass.
—Demasiado –Ginevra lo observó al notar el sarcasmo en su voz, lo empujó y subió a su habitación, se sentó sobre la cama y tomó una de las medicinas que Harry le había dicho.
La mano le temblaba a causa de los nervios alterados que tenía, lo último que le faltaba, que el susodicho llegara sin aviso previo, no podía creer su mala suerte, nunca mentía, y la primera vez que lo hacía, para ayudar a una amiga, las cosas le salían bastante mal.
—Hola –saludó Demelza –te traen las cosas de Draco –los ojos de Ginny se abrieron como plato, y no gritó enfurecida porque los mozos comenzaron a meter el equipaje del rubio.
Observó a las chicas del servicio ir y venir, pero para poder hablar seriamente con su amiga, las corrió de mala forma, raro en ella.
—Esto, esto es el colmo, Demelza, se supone que...
—Ya lo sé, pero Harry y yo lo hemos estado hablando, y no hay forma de que esto salga muy bien si él lo desmiente.
— ¡Has estado hablando de esto con él! ¿Es que estás loca? –Chilló enfurecida –Demelza...
—Sé que es mi culpa, lo sé –soltó.
—Que lo sepas no soluciona mi problema.
—Bueno, al parecer le gustaste, las cosas...
— ¡Soy la hija de un mercader! –Soltó –y estoy orgullosa de eso, pero a él y a sus padres no les gustará, él ni siquiera me gusta, no puedo creer que me hicieras esto a mí.
—Ginny...
—No, le enviaré una carta a mi hermano Charlie, pidiéndole que venga a rescatarme de tus malditas telarañas, él sabrá cómo ayudarme.
—Tienes que bajar a cenar, van a hacerse preguntas.
—Diles que no me siento bien, y es cierto.
Demelza asintió y salió de la habitación, Ginevra suspiró al ver toda la ropa sin acomodar, se quiso golpear a sí misma se puso de pie, y comenzó a doblar bien la ropa y acomodarla en los cajones.
—Largo Demelza, no quiero hablar, no estoy de humor para ello.
—No soy Demelza –soltó el rubio y cerró la puerta.
—Oh –dijo sin cambiar el tono.
—Oh, ¿será todo lo que dirás? Eso es muy común en ti ¿no?
—Usted no sabe nada –soltó enfadada girándose para enfrentarlo.
—Tu nombre es Ginevra Molly Weasley, vives en Londres, eres la mejor amiga de Demelza desde hace años, el señor Robins te adora, nos conocimos gracias a Demelza –que no va del todo equivocado– fue amor a primera vista y hemos estado casados desde hace siete meses y medio ¿algo más que tenga que saber? –sonrío.
—Demelza le ha entrenado bien –cerró la gaveta.
—Pues para estar molesta, te estás comportando como una verdadera esposa.
—Haré que alguien acomode esto mañana, en ese caso.
—No me recuerdas ¿cierto?
— ¿Tendría? –frunció el ceño.
—Yo me acuerdo de ti –la señaló –y es muy raro, fue hace tres meses, chocaste conmigo mientras caminabas con un mozo de los Robins, te metiste a la tienda de esos gemelos extraños.
—Esos gemelos extraños son mis hermanos –gruñó.
— ¿Cuñados míos? –se burló el rubio.
—Creí que Demelza le había entrenado –se acercó a la ventana, Astoria estaba en el jardín, con la vista en la ventana de ella.
—Mira, estamos metidos en esto los dos, gracias a Demelza.
—Debió desmentirla –se cruzó de brazos.
—Mi reputación también depende de esto, te recuerdo que todo el maldito pueblo piensa que somos marido y mujer, y para colmo, que soy un idiota embelesado por tu belleza.
Ginny observó al cielo, él se acercó y la sujetó del hombro, apretando un poco.
—Desearía jamás haber venido a este maldito sitio –negó.
—De haber sabido que no era una maldita broma, no pisó un solo pedazo de tierra de aquí, hubiese seguido mi camino a Londres.
—Debió hacerlo –aceptó.
—oOo—
Ginevra soltó un grito cuando la puerta se abrió, tenía media hora despierta, mientras el rubio dormía plácidamente en la cama, habían acordado que aunque la mentira les hiciera quedarse juntos en esa habitación, no ocurriría nada, y así había pasado.
— ¿Qué ocurre? –Se levantó apresurado Draco y la buscó – ¿estás bien?
—Lo siento, no era mi intención asustarla –se disculpó Astoria –quería decirles que el desayuno está listo.
— ¿Quieres que Astoria pida que suban el desayuno? ¿O estás bien para bajar? –La interrogó el rubio –puedo quedarme y desayunar juntos –se cubrió el rostro y se dejó caer sobre las almohadas de plumas.
—Romántico –se burló Astoria.
—Cierto –se levantó de la cama en un salto –no te preocupes por nosotros, la llevaré a desayunar al pueblo.
—Bien –frunció los labios la castaña y salió enfadada.
—No sabía que tenía esos pocos modales –la observó sorprendido.
—No sé si es algo normal, pero desde que estoy de visita, ha sido imprudente, y la mayoría del tiempo, diciendo que se casaría contigo, que no sabe que viste en mí, bueno, en teoría tiene razón, puede casarse contigo, porque no has visto nada en mí.
—En realidad ese camisón es un poco transparente, así que he podido ver bastante –se encogió de hombros y cerró los ojos ante el impacto de la mano de la chica en su mejilla.
—Voy a dejar pasar la bofetada, pero te lo advierto, devolveré cada una que te atrevas a darme a partir de este momento, Demelza pide igualdad, la tendrá, si tú puedes golpearme, yo también puedo hacerlo ¿te queda claro?
—Sólo inténtelo –le retó la pelirroja –soy la menor de siete hermanos, sin duda sé cómo defenderme de uno, y lo que más les duele.
La vista de Draco la siguió, no había mentido, ese camisón era transparente, bueno, con la luz que entraba por la ventana hacia que su cuerpo se notara, y más aún, que a pesar de que el trato era sólo aparentar, no quitó la mirada de ella mientras se colocaba su vestido, por muy discreta que fue al vestirse.
— ¿Qué edad tiene? –Preguntó sacándolo de su ensoñación.
—Veintidós –contestó, mientras la observaba deshacer la trenza pelirroja –y si no es mucha indiscreción ¿cuántos años tiene mi esposa?
—Dieciséis –musitó cohibida.
—Dieciséis –repitió y se acercó a ella, él era más alto que ella, Ginevra lo observó por el espejo y no dijo nada, el cabello rubio estaba alborotado, y se notaba que seguía agotado, lo más seguro que el viaje hubiese sido muy largo.
— ¿No quiere quedarse a descansar? –Inquirió.
—No, he dicho que te llevaré al pueblo y eso haré, mi palabra está de por medio.
—No estoy segura de querer ir al pueblo.
— ¿Por qué no?
— ¿Por qué es aburrido? –Negó –prefiero quedarme aquí... El reto del día, si es posible.
—Bien ¿Y qué significa aquí exactamente? –Frunció el ceño –significa la habitación, la casa, la finca, el pueblo, sé más específica.
—La habitación –contestó terminando de arreglarse –no estoy de humor para más interrogaciones –gruñó.
—Recién he llegado al pueblo ¿recuerdas? No planeo quedarme encerrado en la habitación.
—Usted puede hacer lo que se le plazca, no es mi asunto.
Draco pasó su brazo izquierdo por la cintura de Ginevra y la pegó a él, la pelirroja intentó soltarse, pero no pudo, era bastante fuerte para ella.
—Recién he llegado –le recordó –según Demelza nos amamos con locura, así que si usted pretende quedarse en esta habitación, no podría salir –susurró en la oreja de la chica –sería bastante extraño para todos ¿no lo ha pensado? Así que bien, aclaremos la razón por la cual estamos los dos en la misma habitación –bajó más su voz en un tono suave y profundo –no somos amantes, sino esposos para el resto –recordó y su mano descendió más al sur hasta el vientre de la chica –si vamos a quedarnos atrapados en la habitación, será para yacer juntos en la cama como normalmente lo hacen los esposos, de otra forma bajaremos a desayunar o iremos al pueblo a desayunar, creo que ya sabe la respuesta ¿cierto? No me quedaré encerrado si la respuesta es tan obvia.
La puerta se abrió, así que Draco giró el rostro para toparse con la señora Greengrass, que observó atenta la escena y se sonrojo.
—Lo siento, les estamos esperando para el desayuno –soltó.
—En un segundo iremos –le sonrió Draco educadamente.
—Desde luego –sonrió y salió cerrando la puerta.
Demelza sonrió cuando los vio llegar hasta el comedor, Ginny sujetada del brazo de Draco, el rostro de desagrado de su prima fue un bonus a la dicha que le daba ver a su mejor amiga con un hombre digno de ella, el hombre recorrió la silla y después tomó asiento.
—Pensé que irían al pueblo a desayunar –soltó Astoria en un tono burlón.
—Eran los planes, pero como por desgracia no puedo negarle nada –acarició la mano de la pelirroja –me ha dicho que no le apetecía ir al pueblo, así que he accedido a quedarme aquí, con ella.
—Recién ha llegado mi señor –soltó Ginny en un tono suave –se ve agotado, así que no veo sentido de ir al pueblo si puede descansar –sonrió.
—Recién llegó, es verdad, quiere decir que no saldrán de la habitación buscando engendrar al primogénito –soltó Astoria.
—Podría ser una buena idea –se encogió de hombros él, haciendo que Ginny lo observara como si hubiese perdido la cabeza –pero tengo que pedirle algo, señora Greengrass –observó a la mujer madura.
—Por supuesto –sonrió encantada.
—Sé que sólo somos sus invitados, es su casa y sus costumbres, pero lo referente a la habitación que comparto con mi esposa, se mantengan las buenas costumbres, es un poco molesto que todos entren sin ni siquiera llamar a la puerta.
—Ha sido mi error –admitió la mujer – tal vez la costumbre, como su esposa es del tipo de personas que no les gusta ocultar nada…
—Sé qué clase de persona es mi esposa, me casé con ella –contestó en un tono firme, su rostro era serio, Demelza sonrió, Draco Malfoy estaba buscando intimidar a las mujeres Greengrass para que dejaran a Ginevra en paz.
—Bueno, ella no sabe qué clase de persona eres tú, ciertamente –soltó Astoria.
—La persona que elijo ser estando con ella, no es algo que les incumba al resto, sino a ella y a mí, en nuestra intimidad.
—Basta ya, Astoria, el señor Malfoy tiene razón –admitió la mujer –no volverá a ocurrir, y si vuelve a pasar –observó a su hija –hágamelo saber de inmediato y solucionaré las cosas.
—Perfecto.
Ginny observó a su amiga que tenía una sonrisa maliciosa mientras observaba a Malfoy, y evitaba por todo dentro de ella, observar a Astoria, que la pequeña charla la había dejado incluso más furiosa con ella, en el momento en el que Draco Malfoy aceptó ser parte de la treta, ella pensó que calmaría a la mujer, al ver que era "real" el matrimonio.
—oOo—
Draco tomó una copa mientras observaba por la ventana a la sonriente pelirroja, paseaba con Demelza, como era su costumbre, según lo que le informaron los sirvientes cuando pidió un amplio informe a detalle de cómo se comportaba la mujer, y todo lo que dijeron sonó bastante normal, era una chica educada, amable, se recluía en su habitación la mayor parte del tiempo a causa del constante acoso e interrogaciones que le hacían por la familia Malfoy, y para evitar hablar de más, prefería el aislamiento, de ahí en fuera, paseaba con Demelza, charlaba con Potter cuando venía a ver a la hija única de los Robins, pero después de un tiempo prudente se disculpaba y se recluía de nuevo, sin duda esa clase de actitudes le encantarían a su madre, para ella, mientras más dócil, callada e inútil fuera la esposa de Draco, mejor, claro, no olvidaba el detalle de la inmensa fortuna que tenían que tener amasada la familia de la futura señora Malfoy, era el único requisito, que Ginevra no llenaba.
—Querido ¿no es muy temprano para que inicies a beber? –elevó una ceja Demelza.
—Nunca había probado nada de tan… dudosa procedencia –levantó la botella.
—De acuerdo, fue un regalo, un contrabandista, supongo.
—Ya lo creo, mi padre está bastante interesado en que este vino no entre al país –se burló –si lo supiera, supongo que me encarcelaría por tomarlo.
—Aprovechemos el hecho de que no hay nadie que pueda interrumpir nuestra plática –se acercó a él y se sirvió un poco.
—Así que eso es lo que te hizo venir a hacerme compañía –sonrió.
—Somos amigos, Draco, desde hace tiempo y creo que tenemos la suficiente confianza –se sentó en el pequeño sofá junto a la ventana.
—Sí, eso parece, aunque me uses en tus mentiras.
—Bueno, si no le hubieses interesado tanto a Astoria, no estaríamos en esta situación.
—Sigo sin ver el problema en eso, Demelza.
—No quería que te casaras con ella, y sabía que si mi tío le decía a tu padre, sin duda terminarían casados.
—Tal vez ella me interesa ¿no lo pensaste?
—Usaste tal vez al inicio de la frase, es un no me interesa, pero vamos, dime ¿te interesa Astoria? –interrogó Demelza.
—Eres una mujer inteligente, Demelza, más que cualquiera que conozca, así que puedes hacerlo mejor que eso.
—Como esposa –terminó y Draco sonrió.
—No me interesa ninguna como esposa, por ahora –aclaró.
—Dime la razón por la cual aceptaste tan rápido entrar al circo, en ese caso ¿es por rebelarte en contra de la autoridad de tu padre? ¿Por qué ahora quiere y espera más de ti?
— ¿Por qué tendría que retar la autoridad de mi padre? –Elevó una ceja divertido –no es como si me estuviese enviando a una secta o a un monasterio, Demelza, él y yo acordamos que me daría un poco de libertad, un par de años y terminaría casado con la mujer que él eligiera, así fuera Astoria y le daría otro Malfoy varón.
—Sigue sin ser claro para mí, aceptaste realmente bastante rápido, puedo apostar que ni siquiera le diste una buena mirada a Ginevra como para decir que ella te convenció –sonrió –a mí no me engañas, puedo ser lo que el mundo quiera, pero idiota no.
—Me agradas porque eres como yo –le tomó al vino –aprendiste bastante bien a dominar en el juego de máscaras, todos ven lo que quieres que vean, pero no detrás, y eso es bueno, muchos nos llaman hipócritas, otros cuantos manipuladores, pero la única diferencia entre ellos y nosotros, es que nosotros sabemos que aparentamos, mientras ellos creen ser totalmente fieles a sí mismos y sus ideales.
—Sigues evadiendo –soltó enfadada.
—Eres mi amiga –la observó –sin importar nada, lo eres, con tus ideas locas y revolucionarias, sigues siéndolo, recuerdo cuando fuimos a la corte y quemé accidentalmente las cortinas, te culpaste y no tenías que hacerlo.
—Fue divertido ver tu cara, eras un niño asustadizo –sonrió.
—Desde ahí juré que serías mi amiga, e hiciste lo mismo para conmigo, y no hay ninguna locura que no secundaría por muy molesta que fuera.
—Así que si hubiese dicho que te casaste conmigo en secreto…
—No hubiese sido del todo una mentira –se encogió de hombros –tenías siete, nos casamos en el jardín trasero de la Mansión Malfoy fingiendo que un arbusto era el sacerdote.
—Cierto –se burló ella divertida –así que eres mío.
—En realidad creo que ese corazón le pertenece a alguien más ahora, así que te lo diré, Demelza, si tan interesada estabas en mí en el pasado, tanto, como para viajar un mes, y meterte en este embrollo ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no se lo dijiste a mi madre? Hubiésemos estado casados en menos de una semana, en cuanto lo expresaras, y lo sabes.
—Me gustan las cosas complicadas, y mi padre me prohibió expresar lo que sentía, posiblemente él y mi tío llegaron al acuerdo de que sería Astoria la única que apareciera en tu larga lista.
—Te hubiese elegido sobre todas ellas, y lo sabes.
—Lo que ocurre, Draco, es que no me amas, no te gusto, sólo soy tu amiga.
—De casarme con alguien inteligente, divertida y tolerable, a casarme con un… adefesio, preferiría casarme contigo.
—Ginevra es incluso mejor que yo.
—Ella no me interesa, estoy a bordo de la mentira por ti, y haciendo un favor cuidando de la reputación de esa chiquilla tonta, porque sé que significa mucho para ti, pero ten por seguro que esta mentira no durará.
—Ella no podrá salir de esto tan bien librada como tú, y lo sabes.
—Eso debiste pensarlo tú, Demelza, en cuanto lleguemos a Londres, todo terminará, por el momento, sólo tenemos que esperar a que tu tío Nail regrese.
—Te lo advierto –lo detuvo cuando se dio la vuelta –ella es una chica inocente, si te atreves a dañarla en cualquier forma, no me detendré hasta que tu padre sea el último en ocupar ese asiento en la cámara de Lores ¿te queda claro?
—Ella no me interesa, Demelza, y no ato a mi infierno a cualquier mujer, deberías saberlo.
—Es mi amiga, pero no somos ni un poco similares –el rubio la observó, ella veía por la ventana, así que sólo veía el perfil de Demelza, cuando quería, sabía cómo lucir totalmente aterradora, después de todo, ambos conocían bastante bien el infierno que era vivir en una posición privilegiada, podría decirse que la envidiaba un poco, ella tenía a Ginevra para acallar las voces y la tortura en su cabeza, él no tenía nada –ella es pura, cree que todas las personas tenemos un lado bueno, te lo advertiré de nuevo, Draco, si la dañas –se puso de pie y lo encaró con un semblante sombrío –seré yo quien acalle todas esas voces en tu cabeza, y por mucho que eso te tiente, no será para nada agradable el proceso de acallarlas.
Draco llegó a la habitación, la pelirroja estaba sentada sobre la cama leyendo un poco, no levantó la mirada, después de todo sabía que era él, la observó atento, tenía que ser alguien completamente especial para despertar esa clase instinto en Demelza Robins, sólo una vez la había visto de esa manera, y había sido con él, cuando descubrió al idiota de Remus Lupin yaciendo con ella, la rubia había defendido a ese hombre con uñas y dientes, sabía que lo amaba, y que él tenía que sentir algo especial por la joven, porque era tonto y estúpidamente leal, así que jamás hubiese traicionado la confianza del padre de Demelza si ella sólo fuese una más.
— ¿Ocurre algo? –lo observó con una expresión confundida.
—Nada –contestó serio y se quitó el saco, la pelirroja bajó la mirada con las mejillas sonrosadas.
— ¿Es que nunca has visto a un hombre desvestirse? –elevó una ceja.
— ¡Por qué me toma! –soltó enfadada observándolo.
—Sólo fue una simple pregunta, no se ofenda, mi señora.
—Yo… -se puso de pie y fue hasta él para ayudarlo a desvestirse –quisiera saber ¿cuándo vamos a desmentir todo esto?
—Tienes mucho interés en desmentirlo ahora, pero no cuando Demelza mintió.
—Ella es mi amiga, antes que nada.
—Y es tu reputación la que terminará masacrada cuando regrese a Londres y mi padre, que está en la cámara de los Lores, se entere.
—Lo sé –admitió –debí pensarlo mejor, pero no hay nada que pueda cambiar ahora, y… con lo interesada que estaba Demelza en usted, creí que era lo mínimo que podía hacer por ella, que siempre ha sido buena conmigo.
—Por ahora tenemos un poco de tiempo extra en lo que Nail Greengrass regresa de Londres, le prometí a Demelza que buscaría la mejor forma de librarte lo mejor posible de esto, si es posible, usaré a mi padre.
—No –se alejó y se retorció las manos –se lo dije a Demelza, quiero que esto termine, sí, pero no quiero involucrar a más personas y enredarlas en más mentiras, siempre es así, mentira, tras mentira, tras mentira, quiero que pare, que paren las mentiras, no quiero mentir, no más, ya no.
—No te gustan las mentiras.
—Nunca las digo –admitió –salvo esta, claro.
—Vaya, quien lo hubiese pensado –se burló –los pobres tienen mejores privilegios que los ricos.
—No considero que sea un privilegio, para ser honesta, es una elección, es más fácil decir la verdad, así no hay problemas, sólo existe una versión, y no tiene que memorizar las millones de mentiras que se desencadenaron de una sola.
—Pues tu pequeña mentira blanca, te ha exonerado de toda pureza –sonrió.
