Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola de nuevo, bueno, pues paso a dejarles nuevo capítulo, espero que sea de su agrado, muchas gracias por sus reviews, sus favoritos y sus follows, significan mucho, nos leeremos después.


Capítulo 07: Sobreactuar.

Ginny lo observó, no tenía la menor idea de por qué ese comentario, una cosa era que no le gustara mentir, que prefiriera siempre decir la verdad, a ser pura, no era una mala persona, pero tampoco era una santa, no tenía ningunos de los requisitos para ser una santa.

—Te molestó que tu mentirita te quitara lo puro ¿no es cierto? –sonrió el rubio.

—No sé a lo que se refiere con eso –admitió.

—No eres muy lista –se acercó a ella y la rodeó inspeccionándola mejor –Demelza me mintió, dijo que eras inteligente –ella lo observó seria –ahora me pregunto si tu poca inteligencia y tu diminuto cerebro te ha permitido ver más allá –se encogió de hombros –no lo sé, como las verdaderas consecuencias de todo esto.

—Mi diminuto cerebro y yo, podemos arreglárnoslas solos, si la persona que habla, es un poco específica ¿qué tiene que ver mi pureza con mi desagrado por las mentiras? –elevó una ceja, Draco sonrió, así que la chica dócil y temerosa era una buena pantalla, en el fondo, tenía que ser muy parecida a Demelza, porque de lo contrario, no se le hubiese acercado o hecho su amiga, la rubia sabría si buscaba sólo los favores, y por lo mucho que la adoraba, era la primera opción.

— ¿Qué tan honesta eres, Ginevra? –interrogó Draco sentándose en la silla de la pequeña mesa junto a la ventana.

— ¿Qué tan honesta soy? –Sonrió –disculpe si no comprendo, pero para mí sólo hay dos clases de personas, los que son honestos y los que no.

— ¿A qué se dedican tus padres? –preguntó.

—Mi padre es mercader –contestó –es respetado, pero no de los más acaudalados, vivimos modestamente, mi madre le ayuda algunas veces pero pasa la mayor parte del tiempo en casa, mis hermanos aportan lo que pueden en casa.

— ¿Y usted? –se cruzó de brazos a la espera.

—No hago nada, ayudo en mi casa, y cuando Demelza pide, voy a la mansión de los Robins a pasar un tiempo ahí, ellos me han enseñado modales, y la mayoría de las cosas que sé –contestó.

—Sólo estás esperando encontrar a un hombre y que él te mantenga, tus padres son mercaderes, te gusta pasar tiempo en la casa de los Robins, imagino que conoces muy bien la casa ¿no es cierto?

—Lo es, Demelza me ha mostrado toda la mansión muchas veces.

—A pesar de eso, no has pensando en pedirle ayuda y que te empleen como una más de las sirvientas ¿verdad? –Negó –no hay mucha diferencia en la naturaleza humana, prefieres mil veces fingir ser una señorita de clase, que ser una sirvienta en una gran casa, eso no está muy alejado de mentir, mi señora.

—Yo no finjo ser una señorita de clase –contestó –soy la compañía de Demelza, todos en Londres saben quién soy yo, quien es mi familia, mis padres no son millonarios, ni siquiera ricos, pero mi padre es un hombre respetado, es honesto y trabajador, posiblemente más que su padre, a pesar de ocupar una silla en la cámara de Lores.

—Ni a mi padre ni a mí, nos importa si las personas como tú creen que él no hace nada, no cambia lo mucho que se hace o lo que no –admitió –Demelza es una cosa, por ser quien es, pero tú –sonrió –deberías evitar esa clase de comentarios.

Draco observó a la pelirroja dormir, la cama no era tan amplia como las que él tenía acostumbradas, por lo tanto, podía verla casi a la perfección con los pocos rayos de luz que la luna brindaba, su piel era blanca, su rostro estaba salpicado de pecas, y su cabello rojo fuego sujeto en una larga trenza.

Le dio la espalda, estaba celoso, por supuesto que estaba celoso, no era justo que Demelza tuviese algo que la rescatara de la soledad, la manera en la que se defendían una a la otra, la pelirroja realmente la quería, la apreciaba y la consideraba una amiga a pesar de que el resto de la sociedad creyera que sólo veía los favores que pudiese obtener, pero nadie tomaba en cuenta los favores que Demelza tomaba de ella, iba a develar el misterio, la razón por la cual Ginevra Weasley realmente había permanecido junto a Demelza, esa amistad tuvo que surgir con el tiempo, pero… los pensamientos de esa chica al inicio de la amistad, era lo que le interesaban, quería demostrarle a Demelza Robins, que Ginevra Weasley tal vez no era la clase de persona que ella creía, y que su afecto y miedo a estar sola, la cegaban, él iba a demostrarle eso.

Cuando Draco abrió los ojos, era un poco tarde, la mujer ya no estaba a su lado, pero su ropa estaba acomodada perfectamente con lo que usaría, no estaban casados, pero ella se comportaba como su esposa, o como su madre, o como si realmente él le importara, y eso no le agradaba, eso significaba que era una hipócrita, tenía dos noches ahí, y ella se comportaba así, tenía que haber algo detrás de todo eso.

Bajó las escaleras y se sentó junto a su esposa en el comedor, los demás sonrieron, y continuaron con su plática, el desayuno transcurrió más tranquilo de lo que había sido ayer, la pelirroja charló tranquila con Demelza.

Después del desayuno, fueron al patio trasero, por fortuna para él, Potter fue a ver a Demelza, pero él lo acaparó, no era de su completo agrado, pero tenía que hablar con alguien de otro tipo de cosas, más que quedarse a observar la tranquilidad de ese lugar.

—No sé cómo la gente puede venir a esta clase de lugares –se quejó.

—Bueno, la mayoría para descansar, las mujeres para lo mismo, supongo.

—Demelza dijo que tú vives aquí, que no es una casa de campo la que tienes.

—Soy doctor –le recordó –mis días tranquilos suelen ser atareados de todos modos –se burló –los que realmente son tranquilos los paso aquí.

—Realmente te interesa Demelza –lo observó.

—Totalmente, me gusta como es, lo complicada y sencilla que es, cuando piensas que te complicará las cosas, en realidad se muestra tan accesible que asusta, y cuando propones algo sencillo, lo toma como si fuese la peor idea del mundo, me gusta.

—Aun así, le gusta corromper almas –se burló Draco.

—Mi alma no es tan pura –se encogió de hombros Harry y siguió la mirada del rubio, así que sonrió –tal vez te has dado cuenta también ¿no?

— ¿De qué? –lo observó con el ceño fruncido.

—Ya lo dijiste, Demelza tiene la facilidad de corromper a las personas, pero la chica a lo lejos, sigue siendo inocente, a pesar de estar en vuelta en el mayor de los chismes, y de que se ha enfadado a tal grado con la situación, sigue así, con esa sonrisa cálida en sus labios, con esa bondad, que tanto le gusta a ella.

—No creo que sea tan inocente como dices, tiene que tener algo escondido, Potter, las personas no solemos ser así.

—Demelza vive constantemente protegiéndola, evitando que la podredumbre que nos rodea la alcance, pero Ginevra no es tan débil como todos la vemos, tu estas a bordo de esto por Demelza, y creo que Ginny también.

Los dos observaron a la pelirroja, que dejó de charlar con la señora Greengrass y se hincó a charlar con la niña que traía a uno de los gatos alzados, la chica le dijo algo y una de las niñas salió corriendo, regresando unos minutos después con unos trapos sucios, la pelirroja lo enredó en la pata del gato y después les sonrió, les dijo algo y las niñas se fueron corriendo, así que ella se vio en la libertad de seguir su charla.

—Están bastante entretenidos ¿no? –se burló Demelza y frunció el ceño cuando supo a quién veían.

—Nos has abandonado, ciertamente –se defendió Draco.

—Fui a pedir que prepararan la comida favorita del señor Potter, porque va a quedarse a comer ¿cierto? –sonrió.

—Si no surge algún imprevisto, tenga por seguro que me quedaré.

—Más le vale, y bien, díganme a que es guapa Ginevra ¿cierto? –sonrió.

—Sin duda lo es –admitió Harry –pero la belleza de Ginevra no es mi tipo.

—Te gustan las chicas malas –se burló Draco.

—Me gustan las mujeres, no las niñas –aclaró haciendo sonreír a Demelza.

—Te dejaremos solo, tenemos cosas de que charlar, Draco –se disculpó la rubia.

Se alejaron lo suficiente como para que no pudiesen escucharlos, pero no tanto como para perder de vista a la pelirroja siendo observada por el rubio.

—Pareces celosa –informó Harry.

—No me fio de Draco, es todo –admitió.

—Suenan a celos para mí –se encogió de hombros.

—No me fio en que aceptara tan rápido ayudarnos, y su excusa de es porque somos amigos –negó –puedo ser lo que quieran, pero no idiota, él trae algo entre las mangas, pero ya se lo he advertido, si se atreve a hacerle daño a Ginny, se las verá conmigo.

—No me gustaría toparme contigo el día que estés realmente enfadada –bromeó Harry y ella sonrió.

—Independientemente de lo que Ginny signifique para mí, está metida en esto por mi culpa, y no voy a dejar que nadie se aproveche de ella por su desventaja ¿me comprendes? Ni Draco, ni nadie –admitió.

—Es lo que me gusta y admiro de ti –besó la mano de la rubia –pero creo que a Draco si le atrae Ginevra –Demelza lo observó como si hubiese perdido la cabeza.

—No puede ser –se burló.

—Draco Malfoy siempre ha sido un tonto y orgulloso, pero lo noto disperso y confundido, y no creo que tu amenaza lograra alterarlo a ese nivel ¿con cuantas mujeres ha tenido que dormir sin tocarles un solo cabello? –Sonrió –quieras o no, las cosas siempre caen por su mismo peso.

—Draco no es capaz de rebelarse contra su padre, en contra de las reglas de la sociedad, y si llegase a sentirse inspirado y querer llevar la mentira a la realidad, Lucius Malfoy diría que no, y él aceptaría sin chistar a cualquier mujer que su padre le eligiera, me lo ha dicho y le conozco, después de todo, fuimos educados así, Harry.

—A lo que me refiero, es que él puede cumplir los caprichos de su tonto padre, pero a ella puede tenerla de la misma manera en la que tu tío Nail tiene a su otra familia viviendo a las afueras del pueblo –le recordó –o de la misma manera en la que nos hizo creer a todos que estaría en Londres pero está con su amante y sus tres hijos –negó –puedes decir que era mentira, pero ellos duermen en la misma habitación, tu tía y tu prima se encargarán de hacer saber que ella no es más una mujer pura porque ha yacido con un hombre que ni siquiera ha sido su marido.

—Así que tú piensas que Draco podría convertirla en su amante.

—No le conozco tanto como tú, pero sé que es una posibilidad, por la forma en la que la observe, tú los conoces a ambos ¿hay posibilidad de que surja algo entre ellos? –Demelza negó ante la pregunta.

—Ella es muy dada a la amabilidad, por mucho que se comporte como la esposa perfecta con Draco a pesar de que lleva aquí sólo dos noches no significa que lo ame o busque algo más, está consciente de que Draco no se casará con ella, porque su padre es un mercader.

—Entonces no hay nada de qué preocuparse, al menos por que ella caiga en las redes de Draco.

—Ella está enamorada de un jardinero en Londres, no creo que eso cambie, es Ginevra de quien hablamos y no de mí –sonrió.

—Eso significa que se olvidará de mí en cuanto regrese a Londres, y cuando vaya a pedir su mano, me rechazará rotundamente porque estará enamorada de otro.

—Eso depende, claro –sonrió.

— ¿De qué depende? –inquirió curioso.

— ¿Me traería a vivir con usted a esa bonita casa o me dejaría en Londres? –Harry sonrió ante la pregunta.

—Usted iría a mi lado, a donde quiera que yo fuera, qué más da lo que diga el mundo, sería mi esposa, tendría que estar a mi lado, no detrás, no enfrente, a mi lado.

—Entonces es mejor que vaya planeando el discurso que le dará a mi padre, porque tiene que sorprenderlo, y puedo ser encantadora con usted, pero mi padre siempre me dice: hija, no le has de poner fácil a cualquiera el cortejarte, incluso si vienen a pedir tu dote, has de darles batalla, son ordenes de mi padre, y como una dama, no puedo desobedecerle –sonrió y se alejó.

La comida transcurrió con la charla de Draco y Harry sobre negocios, mientras Demelza charlaba con Ginny de otras cosas que las distrajeran del tormento de tener que escuchar sobre negocios.

—Ahora que lo recuerdo, Gin, cuando regresemos a Londres me encantaría que tu madre hiciera unas cuantas galletas, por los cielos, son tan deliciosas, creo que moriré a causa del propio antojo que me provoqué –se burló la rubia –no sé cómo las hace, y eso que ha intentado enseñarme más veces de las que me gustaría admitir.

—No son tan difíciles de hacer, Demelza –se burló Ginny.

—Sabes hacerlas, a que sí –aplaudió cuando Ginny asintió afirmativamente –maravilloso –se aclaró la garganta llamando la atención de Harry –Ginny ha decidido hacer galletas, así que si no surge nada más en su ocupada vida ¿le gustaría probarlas? Son deliciosas, su madre mejoró por mucho la receta.

—Vaya, parece que Draco ha elegido a una mujer perfecta –se burló Astoria –cocina, y al parecer todas las labores domésticas son bien manejadas por la señora Malfoy ¿Qué opina tu madre de eso, Draco? –Le sonrió enfadada –tal parece que sacaste a tu esposa de la servidumbre y no de una familia adinerada.

—Yo no… -Ginny se quedó callada cuando Draco levantó la mano.

—No tiene nada de malo que mi esposa sepa sobre cómo se deben hacer las labores domésticas –sonrió de lado –quiero una mujer, no un parásito en casa ¿eso te deja más feliz? –puso los ojos en blanco –y mi madre es feliz, porque desde un inicio quería que mi mujer fuera educada, amable y cordial.

—Sí, parece que es todo eso –admitió elevando una ceja.

Astoria observó a su madre que le dirigió una mirada enfadada, ella se había quedado en el salón de música en lugar de unirse a su prima y sus invitados.

—Ya basta de esa actitud infantil, Astoria, tienes que aceptar que él está casado con esa muchacha.

—No –negó la chica –algo en toda esa actitud perfecta no me agrada, mamá, Draco… le conozco bien, lo he observado, lo he visto con las mujeres cortejándolas, y hay algo extraño, incluso en mi prima –observó a su madre.

—Al inicio expresaste que temías que Demelza mintió sobre su matrimonio, pero él está aquí y confirmó todo.

—Él jamás actuaría bajo las órdenes de su padre, y si yo estaba siendo considerada como su esposa, no creo que él se arriesgue a desobedecer a Sir Lucius como si nada, ya los has visto, ella no se ve muy enamorada y él…

—Bueno, cuando fui a avisarles del desayuno, estaban en una situación un poco comprometedora, Astoria, posiblemente no se entiendan más que entre las sábanas –contestó la mujer con las mejillas sonrojadas –puede ser una mujerzuela cubierta con la piel de oveja, hay muchas así, piénsalo, por algo es amiga de Demelza ¿no?

—Puede ser –admitió la chica y negó después de unos segundos –pero si lo fuera, él no actuaría así y no saldrían mucho de la habitación, mamá –bufó y salió del lugar hasta donde los demás estaban.

Ginny se puso de pie cuando la vio acercarse, por alguna extraña razón no la soportaba, y no sabía si era porque la creía una hipócrita mustia, o porque estaba casada con Draco, pero no la toleraba, y era algo más grande que ella, porque en realidad, Ginevra Malfoy, jamás se había comportado de forma grosera o ruda con ella, pero la odiaba.

— ¿Qué ocurre linda? –interrogó Demelza y siguió la vista de Ginny.

—No es nada, pero si el señor Potter se ha quedado para probar las galletas, lo mejor es que me ponga a ello de inmediato, con su permiso –se disculpó.

Astoria observó a Draco que no hizo gesto alguno, simplemente la dejó alejarse, si para Demelza eso era estar completamente y locamente enamorados, no tenía idea si ella sabía realmente lo que era estar enamorada.

—Si continúa así, tendremos que pagarle un sueldo –se burló Astoria.

—Si el problema es el dinero que ella les ha hecho gastar, lo apagaré –informó Draco observándola completamente impasible –los veré en un rato –se disculpó y entró a la casa.

Se quedó de pie en el umbral de la puerta de la cocina, la pelirroja estaba diciéndoles a las mujeres de servicio que ocuparía, mientras ellas trataban de persuadirla sobre que ellas se encargarían de preparar las galletas si los señores querían.

—En realidad puedo hacerlo sola –le sonrió a la mujer –no soy una completa inútil aunque admito que soy un poco –la mujer sonrió –además, mi esposo no ha probado las galletas que mi madre hace.

—Es un poco extraño, señora –contestó la mujer encargada de la cocina.

—Es un hombre ocupado –contestó suave –y quiero complacerle –sonrió encantadoramente y su mirada se topó con la de él –mi señor –saludó.

—Mi señora –contestó impasible –pueden irse –ordenó a la servidumbre y todas se disculparon y salieron de la cocina.

—No es necesario que permanezca aquí –informó.

—Estoy aburrido, no hay mucho que hacer en un lugar tan pequeño como éste, no hay muchos lugares a los cuales ir –se encogió de hombros y ella sonrió ocultando su rostro –bien ¿puedo saber qué es lo gracioso?

—Me gusta observar a las personas –informó ella –y he notado su amor desmedido por encogerse de hombros –negó aun con su sonrisa.

—Sí, mi padre dice que no tengo modales por hacerlo –admitió –pero es más fuerte que yo –volvió a encogerse de hombros y le sonrió.

—Ya lo he notado, no se preocupe, no soy nadie para juzgar sus malos modales.

—Puedes hacer lo que quieras, ser mi esposa te da muchas ventajas –le informó.

—Ventajas que no pienso tomar y no quiero –le informó.

—Eso dices ahora porque no has tomado ninguna ¿cierto? –se burló.

—Si digo algo, tendrá que hacerse mi voluntad, es lo que dice ¿no es así?

—Desde luego, las peticiones de un Malfoy son como palabras sagradas.

—En ese caso, mi señor ayúdeme con las galletas, le aseguro que no se aburrirá mientras trabaja y mantiene su mente ocupada.

—Ocupada dices –negó.

—Puede ser una hazaña peligrosa el arte de hacer galletas –le sonrió.

Ella se alejó y se colocó el mandil, y no insistió en que él usara uno y lo agradeció, se colocó junto a ella y volteó cuando alguien se aclaró la garganta.

—Lucen tan enamorados –sonrió la señora Greengrass –venía a ver cuál era la razón por la que mi servidumbre no estaba en su lugar, pero ya he visto.

—Me disculpo por ello –soltó Ginny sonrojada.

—He sido yo quien les ha dicho que se marchen.

—No hay problema –estrechó los ojos –no les he visto besarse desde que llegó, señor Malfoy –sonrió.

—No sabía que teníamos que besarnos para complacerlos –soltó Draco y sujetó a la pelirroja de la cintura y unió sus labios a los de ella, el contacto duró unos segundos y después los ojos grises se enfocaron en la mujer –espero que eso sea de su entero placer, a menos que cuestione el resto de nuestra relación y quiera dormir entre nosotros para asegurarse de que yacemos por las noches –frunció el ceño Draco.

—Mis disculpas –enrojeció y salió de la cocina apresurada.

—Ella sospecha algo –musitó Ginny con las mejillas sonrojadas.

—Desde luego que sospecha algo, no lucimos como la pareja de esposos más enamorados de todos, y te sonrojas por todo –le informó y ella colocó sus manos en sus mejillas.

—Ese ha sido mi primer beso –admitió haciéndole reír.

—Siento no haber hecho de su primer beso algo digno de recordarse –negó y se alejó de ella.

—Usted va a ayudarme –lo sujetó de la camisa y él la observó sobre su hombro.

—Dijiste que querías complacerme, no será lo mismo si le ayudo yo, eso podría ser después –se encogió de hombros y se maldijo a si mismo mentalmente por hacerlo.

—De acuerdo –se encogió de hombros con una sonrisa.

La pelirroja se dedicó a preparar las galletas, mientras él le contaba muchas cosas sin sentido, como hacían los capitanes para guiarse a través de las estrellas y llegar a su destino, le dijo unas cosas en francés para impresionarla, y lo logró, por la forma en que sus ojos chocolates brillaron al verlo hablar cosas sin sentido, ella se rió dulcemente cuando tradujo lo que había dicho, comprendía porque Demelza se había adueñado de ella, porque la quería y protegía, no había que pretender ser, sólo ser con ella, el nombre y el apellido de alta cuna no la impresionaban, las personalidades lo hacían. El conocimiento lo hacía.

—Sólo falta esperar un poco a que estén –informó y se limpió las manos en el mandil, le sonrió y se sentó frente a él –debe ser increíble saber todo eso –suspiró.

—No es la gran cosa –volvió a encogerse de hombros y ella le dedicó una mirada sorprendida.

—Claro que es la gran cosa, hay muchos hombres que no saben todo eso –contestó –así que no todos tienen la misma capacidad de aprender como usted.

—No todas saben hacer galletas –le sonrió.

—He querido enseñarle, pero se ha negado –se defendió.

—La próxima vez, haré las galletas para usted, si las merece, claro.

—Bueno, no es como si usted las mereciera tanto –se defendió.

—Soy su amado esposo –se acercó a ella y por el rabillo del ojo percibió a Astoria, así que besó de nuevo a Ginevra, para evitar que volvieran a pedirlo, el contacto con los labios de la pelirroja duró si acaso tres segundos, y se separó.

—Lamento interrumpir –soltó Astoria.

—No interrumpes –contestó Draco –pero sería educado de tu parte informar si podemos ser de ayuda.

—Claro que no, sólo busco a mi madre –contestó lo más educada que pudo.

—Se ha marchado hace unos minutos –contestó Ginny sin quitar la vista en Draco, que estaba esperando a que Astoria se marchara.

—Ellas dejarán de molestar si comenzamos a comportarnos como un par de esposos normales –contestó al ver su rostro sorprendido.

—Por supuesto –contestó y se alejó.

Draco frunció el ceño, a ninguna mujer le había incomodado que la besara nunca, y ahora venía esta pelirroja y se incomodaba, siempre había una primera vez para todo, pero no le agradaba el hecho de que precisamente la mujer que se suponía que era su esposa, le rechazara tan evidentemente.

Todos probaron las galletas, para disgusto de Astoria sabían bastante bien, así que no pudo hacer comentario sobre eso, observó la forma en la que desde que los había visto en la cocina se comportaban, su actitud había cambiado, lucían como esposos y no como farsantes, y pudo ver que su madre pensaba lo mismo, por la forma en la que la observó, en clara advertencia.

—Tengo que irme –informó Harry Potter poniéndose de pie.

—Debería llevar galletas –le sugirió Ginevra y fue a la cocina para buscar donde darle unas cuantas.

—Su esposa es adorable –informó Harry y Draco sonrió –ha elegido bastante bien.

—Usted no se está quedando atrás –abrazó a Demelza que puso mala cara.

—Aquí tiene señor Potter –le extendió las galletas en una pequeña canasta.

—Es muy amable de su parte, señora Malfoy.

—No agradezca, debería agradecerle a la señora Greengrass, he tomado sus cosas y no he pedido permiso y…

—Repondremos las cosas –la tranquilizó Draco –vamos cariño, no vamos a irnos así como así, no nos aprovecharemos de la hospitalidad.

—Gracias –musitó y le sonrió, Draco se acercó de nuevo a ella y le besó unos segundos, haciendo que Harry y Demelza se observaran entre sí y después a la pareja.

—Lo acompañaré a la puerta –informó Draco y salió guiando a Harry.

La rubia elevó una ceja pidiendo una explicación, pero después sonrió encantada, abrazó a la pelirroja.

—Se les ha quitado la pena ¿cierto? Ya no les importa que todos sepan que están casados.

—Él ha pensado que es lo mejor –admitió con una débil sonrisa incómoda.

—Bien, no importa, ya era hora que demostraran su amor fuera de las sábanas –elevó las cejas divertida.

Ginevra comprendió de lo que hablaba su amiga, tal vez las dos mujeres frente a ellas no lo comprendían, pero ella la conocía muy bien, como para saber lo que le estaba preguntando.

—Nada de eso –se sonrojó.

—Está bien, está bien, a mí no me importa.

Aprovechó cuando las dos Greengrass se disculparon y se fueron a sus habitaciones, aun así, la voz de Ginevra fue prudente, conociendo a Astoria lo poco que la había conocido, la hacía tener precauciones a veces innecesarias.

—Entre él y yo no ha pasado nada –susurró la pelirroja.

—Te besó con tanta familiaridad, que pensé que la farsa se la habían creído, eso es todo, perdón por sorprenderme.

—Estaba en la cocina y él llegó, hablábamos de algo cuando tu tía entró y nos dijo que jamás nos había visto besarnos, él le contestó enfadado, así que me ha besado para mantener tranquila a tu tía –explicó –y también lo hizo cuando Astoria entró, me ha dicho que mientras mejor actuemos en público, menos dudas tendrán.

—Exactamente –le recordó Demelza –sé que te he metido en este embrollo, pero no hagas nada por empeorarlo, actuar como su esposa y totalmente enamorada de él, les hará dudar de que no fueran más allá, durante la farsa.

—Eso no pasará, él no me gusta, es atractivo –admitió –pero no es de mi tipo, y yo jamás podría ser de la clase de mujeres con las que les gusta casarse.

—Me alegro, sé que me gusta la pareja que tú y él hacen, porque se ven encantadores, pero su padre es un problema en este bonito romance.

—No tienes que recordármelo, Demelza.

—Harry y yo misma te consideramos incluso más digna que cualquier otra para él, pero hay cosas que ni siquiera yo puedo lograr, no por ahora –admitió.

—No voy a ilusionarme con él –la tranquilizó –por muy amable que pueda ser en público, no tienes de que preocuparte.

—Yo sé que contigo no hay de qué preocuparse, dicho jardinero está esperando por ti –le recordó y las mejillas de Ginny se encendieron.

—Mi padre no lo permitirá –negó.

—Si salimos bien de todo lo que te he ocasionado, te juro que si él es el hombre de tu vida, yo haré que mi padre te permita casarte con él.

—Gracias –sonrió.

Draco regresó después de un rato, Demelza lo reprendió por retener a Harry, posiblemente tenía cosas más importantes que hacer que quedarse platicando con él, pero comprendió cuando le dijo que se aburría entre tantas mujeres, sin poder tocar a alguna. Claro está.

—Que descansen –se despidió Demelza y avanzó por el corredor.

—Gracias, igual, que descanses –sonrió Ginny y entró junto con Draco a su habitación.

—Hablé con Potter y la posibilidad de rentar una casa, en lo que Nail regresa.

—oOo—

Habían pasado dos semanas desde la llegada de Draco Malfoy a la casa de campo de los Greengrass, y a pesar de que había planteado la posibilidad de marcharse de esa casa y tener un poco de privacidad, se negó, ya que en sus planes no estaba llevar a Demelza con ellos. Y la privacidad que él quería, le ponía los vellos de punta del cuello a Ginevra. No pensaba alejarse de la casa de los Greengrass hasta que se regresaran a Londres, de otra forma, nadie la sacaría de ahí, y menos Draco Malfoy.

—Lo que me agrada es el hecho de que no insistiera –admitió Ginny –si lo hubiese hecho, hubiese tenido que irme con él.

—Si hubiese insistido, yo misma le hubiese arrancado la posibilidad de tener descendencia, y si ya la tiene –contestó Demelza como dando una posibilidad –será un simple bastardo siempre.

—Eso suena cruel, viniendo de ti, que sólo pides igualdad –contestó Ginny.

—Cierto.

Después de un rato de estar en la cena que le habían hecho a Harry por su cumpleaños, Draco se acercó a ella y la llevó consigo presentándola, bajo la atenta mirada de Demelza y Harry, ya les habían advertido el sobreactuar sus roles, pero a él parecía no importarle.

—Creo que esto es lo que Demelza llamó sobreactuar –informó la pelirroja.

—Ella sólo te ha metido en problemas ¿no es así? –sonrió y bebió de su copa.

—No es como si usted estuviese haciendo lo contrario –lo observó apenada.

—Bien –la sujetó de la mano –vayamos a dentro y digamos la verdad, que no estamos casados, y que ha estado pasando la noche en mi habitación.

—Usted es quien ha pasado la noche en mi habitación –le recordó.

—Peor aún –negó –ella fue quien dijo que éramos unos tontos enamorados, no yo, así que en cualquier caso, sigue siendo su culpa, no la mía.

—No entiendo la razón por la que actúa así, ella me ha metido en el problema, pero usted sólo lo ha complicado al presentarme con todos como tal, al comportarse más de lo que un hombre actúa…

—Cuando un hombre se enamora, así actúa –negó y se acercó a ella –nunca ha visto a un hombre enamorado, significa que el matrimonio de sus padres no es tan bonito y perfecto –Ginny se puso roja al recordar como su padre se comportaba con su madre, siempre era educado y siempre preocupado por ella.

—El matrimonio de mis padres es un matrimonio sano y…

—Al menos finja que tiene uno, porque después de que todo salga a la luz, dudo que alguien quiera casarse contigo –acercó su rostro al de ella.

—Eso es grosero de su parte –frunció el ceño.

—Pero también es la verdad –sonrió.

El aliento de Draco olía a menta mezclado con vino, Ginny asintió y sabía que había perdido algo importante de la conversación, pero los ojos grises de Draco y su aliento ya la habían hipnotizado, así que cuando él rozó sus labios con los de ella, permitió que la besara, y esta vez, el beso no duró unos segundos.