Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, primero que nada, perdón por tardar en actualizar, pero ya por fin estoy subiendo capítulo de ésta historia, muchas gracias a todos aquellos que se toman un minuto y leen el capítulo, y muchas gracias a los que se toman otro minuto y lo comentan, y a los que agregan la historia a favoritos y follows, muchas gracias también, significa mucho, espero que el capítulo sea de su agrado, nos leeremos próximamente, espero no tardar mucho en actualizar.
Capítulo 08: Atrevimientos.
Las manos del rubio fueron al rostro de la chica para evitar que se alejara, como siempre lo hacía, mientras sus labios se quedaban quietos, estuvo a punto de alejarse por el rechazo, pero cuando ella acercó su rostro aún más cuando adivinó sus intenciones entendió la razón por la cual sus labios seguían quietos, y sonrió, olvidaba que Ginevra no era como las otras mujeres con las que había estado, ella le había dicho que ese beso insignificante en la cocina había sido su primer beso, y contando eso, este era el primer beso real que alguien le daba.
La besó suavemente, mientras atraía su cuerpo al de él de forma suave para no asustarla, cuando se alejó de ella, la observó con una tímida sonrisa, así que acarició su mejilla con la suya.
—Bonito vestido, por cierto –musitó en su oído.
—Me alegra que sea de su agrado –contestó en un suave tono de voz.
—Tenemos que unirnos al resto, además, está comenzando a temblar aquí afuera y no tengo mi abrigo para cubrirla.
—No es necesario –sonrió pero aun así lo siguió.
Los dos notaron la mirada de Potter, Astoria y Demelza sobre ellos, y Draco supo que la única que podría ir más allá en sus pensamientos era la rubia, después de todo, las mejillas de Ginny seguían sonrojadas, y no sabía si era por el frío o por el beso que le había dado hacía un minuto atrás.
Pasearon entre los invitados, bailaron un poco y la dejó reunirse un rato con Demelza para volver a reclamarla como su compañía, Draco Malfoy estaba disfrutando presentándola a todos los invitados, y a pesar de que eso le había molestado en un inicio, en un momento de la velada, se sintió tranquila, Demelza tenía razón, en un momento llegó a creerse la mentira, pero él estaba siendo tan convincente, estaba siendo tan perfecto, y cada que sus ojos se topaban con los de él, se veían cálidos, como si en realidad fuese un hombre enamorado de ella.
—No es más que una mentira –se recordó a si misma –no es más que una mentira, no tienes que creerla, sólo actuarla, Ginevra –se suplicó.
Se giró al verlo entrar al baño, tenía su pijama puesta, a ella sólo le faltaba hacer su trenza para ir a la cama, él le sonrió y besó su mejilla, acarició su cascada pelirroja y con un suave "no tardes", se alejó rumbo a la recámara.
—Te estás enamorando –se dijo a sí misma –muy rápidamente de él, y no puedes, no puedes darte ese lujo, Ginny, no puedes enamorarte de él –se cubrió el rostro.
Él es un Malfoy, el próximo en ocupar un lugar en la cámara de Lores, el que todos buscan para conseguir favores con remuneración, él podía tener a cualquier mujer ¿Por qué iba a decidir tenerla a ella? Si era una simple chica tonta, que no servía para nada, que era la hija de un mercader, ella no era nada comparada con Astoria Greengrass, con todas las jóvenes hermosas y adineradas que habían estado presentes en el evento, ella no podía compararse en nada. Si bien no era fea y horrenda, no era una belleza espectacular, sabía que era bonita, pero había mujeres más bellas que ella, y con todo el poder y el dinero de los Malfoy, Draco podría tenerlas a todas ellas, o a la más bonita que quisiera.
Se metió a la cama y lo observó sonreírle, le devolvió la sonrisa y se recostó dejando el espacio justo entre ellos, se tensó un momento pero sus hombros se relajaron cuando el aliento de Draco golpeó en su cuello, su brazo le rodeó, cerró los ojos nerviosa, y se quedó dormida.
—oOo—
Ginevra abrió los ojos lentamente, el brazo del rubio la rodeaba y ella estaba recostada sobre su pecho, sonrió y lo observó, acarició la barba que apenas amenazaba con salir, había pasado un mes desde que se les había hecho costumbre dormir así, se estaban acostumbrando a la vida como esposos, se preguntaba si él también comenzaba a creerse el papel o sólo estaba siendo una gran actuación para lograr conseguir ir más allá.
Se levantó apresurada y asustada, le había asegurado a Demelza que no tenía nada de qué preocuparse respecto a esto, lo más seguro es que a él le pareciera lo más divertido actuar tener una esposa, al final de cuentas, él saldría bien parado de toda esta actuación, ella no podía darse el lujo de perderse en los buenos tratos, en los suaves besos que él le daba en público, porque siempre eran en público, y aunque siempre era amable y cálido con ella, siempre las actitudes eran más obvias en público, él sólo veía esto como ayudar a Demelza a salir de la mentira, no la veía a ella. Nunca había sido ella.
—Buenos días –le sonrió.
—Buenos días –contestó con una sonrisa débil.
—Al parecer hoy será un buen día –se incorporó para quedar frente a frente –podríamos hacer algo que quiera hacer –acarició suavemente su mejilla y se acercó más a su rostro.
—Deberíamos alistarnos –giró el rostro y se levantó dejando el beso en el aire.
—Será lo mejor.
La charla en el comedor siguió como siempre desde hacía un mes, Astoria seguía enfadada todo el tiempo, asesinando a la pelirroja en cada mirada, y frunciendo el ceño cada que descubría la mano de Draco acariciando la de su esposa, o sujetándola contra él, la señora Greengrass parecía haberse unido al equipo Ginevra y abandonado a su hija, porque era cada vez menos entremetida y más alegre y amigable, cosa que incluso a Demelza le sorprendía.
—Pero si son los enamorados –sonrió Demelza.
—Muy buenos días –saludó Ginny.
—Al parecer si son muy buenos –admitió la señora Greengrass –espero que hoy no llueva, he preparado un picnic –sonrió.
—Sería maravilloso –sonrió Demelza.
Demelza sonrió cuando a mitad del picnic llegó Harry, se habían estado frecuentando más de lo normal, así que posiblemente terminarían casados pronto, eso le agrado a Ginny, tal vez no se casaría con el hombre que la hizo ir hasta ese lugar, pero sí con uno completamente guapo y caballeroso.
—Falta al menos un mes y medio –admitió Draco y sonrió observando a Ginny.
—Así es –admitió Harry –no sé a qué fue Nail a Londres, pero sin duda sólo le gusta desperdiciar tiempo en tanto viaje.
—A mí no me molesta –se encogió de hombros.
—Realmente no estás pensando en jugar con ella ¿cierto? –la mirada de Harry fue precavida.
—Claro que no –se burló –no sé porque me tomas, es un papel que tenemos que hacer, no es como si ella estuviese enamorada de mí.
Draco se quedó callado, era cierto lo que le había dicho a Harry, se estaba divirtiendo pretendiendo ser un esposo enamorado y fiel, y a decir verdad, Ginevra lo hacía fácil, si el matrimonio era así, no sabía a qué le rehuía tanto, aunque también le interesaba las obligaciones en la cama que tenía que cumplir la esposa, era lo único que le faltaba en esa actuación casi perfecta, y más porque dormir todas las noches con ella, comenzaba a provocarle algo que jamás pensó, él fácilmente ya hubiese aprovechado la oportunidad, pero ella era un poco tímida, así que posiblemente un mes y medio le iría bien.
Se acercó a ella y sus labios iban directo a los de ella, pero se alejó con una sonrisa apenada y se sentó entre Demelza y Astoria, así que le sería imposible acceder a ella, que comenzara a rehuirle de nuevo no le agradaba, ya habían adquirido la confianza necesaria para toda la actuación pública, pero comenzaba a comportarse como al inicio, sin duda le frustraba y le atraía más.
La persiguió toda la tarde, buscando besarla o tocarla, pero se excusaba, se alejaba o se quedaba hablando con Demelza, cosa que lo hizo fruncir el ceño, eso ya no le estaba agradando mucho.
—oOo—
Una semana después, la actitud distante de Ginevra lo tenía de mal humor, incluso había colocado una de las almohadas entre ellos para evitar que él se le acercara de más.
—Iré al pueblo –informó cuando ella despertó.
—Se levantó temprano –musitó somnolienta aún.
—Sí, veré si puedo hacer un par de negocios antes de irme –se encogió de hombros.
— ¿Irse? –su rostro de sorpresa le hicieron enarcar una ceja.
—Llegará un momento en el que tenga que marcharme de aquí ¿no lo has pensado?
—Claro, desde luego –negó.
—No volveré en la noche –salió de la habitación sin decir más.
Ginny volvió a dejarse caer sobre la cama, hacía una semana él se hubiese acercado, acariciado su mejilla y besado suavemente unos segundos en los labios, pero comprendía que su actitud con él lo habían llevado a esto, y lo agradecía, no quería seguir creyendo esa mentira, era una bonita mentira, después de todo, no sabía en qué momento, pero sabía que todas las actitudes de él la habían llevado a sentir eso por él, aunque fueran fingidas, por un momento pensó que eran reales, y ahora le tocaba recordar su lugar en toda esa función de circo.
El día fue tranquilo para ella, aunque era extraño no tener a Draco dando órdenes a todos, se le daba bien dar órdenes.
—Veo que extrañas a tu esposo –se burló Astoria.
—Me he acostumbrado demasiado a su cercanía –admitió.
—Puedo imaginarlo, si en público es tan afectuoso, no me imagino que tanto pueda serlo en la cama –sonrió –espera, puede que no sólo lo imagine –se disculpó y se alejó.
Paseó nada feliz por el jardín un rato, después de la comida hizo lo mismo, Demelza había salido con el señor Potter, así que se había quedado sola, normalmente Draco le hubiese pedido ir con él, o se habría quedado ahí, con ella, enseñándole francés, pero no, ahora estaba sola, a merced de los comentarios fuera de lugar de Astoria.
—oOo—
Draco entró a la habitación, frunció el ceño más de la cuenta cuando no la vio ¿dónde se había metido? Si no estaba con ninguna de las Greengrass, ni con Demelza ¿dónde se había metido? Él había ido al pueblo y en ese lapso ella había desaparecido, observó a la sirvienta entrar con unas toallas limpias y dejarlas sobre la cama.
— ¿Y mi esposa? –la pregunta sonó brusca y enfadada.
—Tomando un baño, yo misma lo he preparado, mi señor –informó y se retiró sin necesidad de que él la echara.
Se desvistió casi por completo, sólo se dejó sus calzones puestos, entró al baño, la pelirroja aún estaba dentro de la tina de bronce, se echó agua sobre el hombro izquierdo.
—Puedes dejar las toallas en la silla, no tardaré mucho, quiero terminar mi baño antes de que el señor llegue –informó en un tono suave.
—El señor ya ha llegado –contestó arrastrando las palabras.
— ¡Pero qué hace! –Chilló al verlo sobre su hombro, se abrazó a sí misma para cubrir su desnudez, sus mejillas estaban sonrosadas, mientras pegaba más las rodillas al pecho para cubrirse –salga de aquí, ahora mismo, salga ya –ordenó.
—No voy a irme, eres mi esposa –le recordó, Ginny se tensó cuando él se adentró en la tina, haciendo que el agua se desparramara.
—Hicimos un acuerdo, le recuerdo que ese acuerdo establecía que...
—Sí, sé que decía que no pasaría nada en la cama, mientras tuviésemos que compartirla, recuerdo bien mis palabras, pero sabe algo –bajó la voz, y observó a detalle la espalda desnuda frente a él, tan blanca como porcelana, manchada de pecas, estaba un poco delgada, para sus gustos, pero Ginevra comenzaba a despertar algo demasiado pasional en él –no necesito estar en la cama, para tenerla de todas las formas en la que se puede tener a una mujer –susurró acercándose más a ella.
Los labios de Draco se posaron sobre la columna vertebral de la chica, haciéndole tensarse aún más, podía imaginar su cara completamente sorprendida y sus mejillas ardiendo, descendió un poco más en la columna de su esposa, para después jalarla hacia él, donde tuvo mayor acceso al resto de la espalda desnuda, mientras quitaba mechones mojados que estaban pegados a la espalda, y así besaba el hombro de ella.
Ginevra cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, cuando sintió el pecho del rubio contra su espalda, las manos del hombre acariciaban suavemente sus costillas, su estómago, su vientre, mientras sus labios devoraban su cuello y sus manos bajaban a sus piernas aún flexionadas, subiendo de nuevo hasta sus pechos desnudos, la sujetó de la cadera, y la jaló más hacia él fuertemente desparramando más agua de la tina, mientras sus manos iban a sus senos y alguna protuberancia proveniente del rubio picaba en su espalda.
Ya se habían besado varias veces en público y estando a solas, también él había capturado sus labios y la había sostenido de las mejillas asegurando que no se alejaría, aun así, había sido un beso suave, y había sido bastante duradero, comparado con los anteriores, que habían durado dos segundos para complacer a los demás aristocráticos.
Más agua cayó sobre el suelo cuando Draco la hizo girarse, sonrío cuando ella desvío la vista, acercó su rostro para besar los pechos de la chica, rodeó la cintura con su mano derecha y la recostó sobre su pecho y unió de nuevo sus labios con los de ella, que no opuso resistencia, pero estaba tensa, así que apartó sus labios y la observó.
—Puedo tener a cualquier mujer en tu lugar ¿sabes? –le informó –y todas ellas estarían aquí por voluntad propia –la soltó, el rostro enfadado de Draco la hizo retroceder, agitando el agua en la tina aún más, él se acercó a ella, quedando entre sus piernas y sonriendo –pudiese obligarte, pero no es lo mío forzar a una mujer a yacer conmigo.
Se levantó y salió de la tina, se detuvo en la puerta y la observó sobre su hombro.
—El día que estés suplicando por yacer conmigo, recuerda que hubo un día en que en realidad lo quise, pero fuiste muy idiota para permitirlo.
—oOo—
Había pasado una semana desde el accidente del baño, como lo llamaba ella, y él estaba incluso más rudo de lo que alguna vez había estado, su humor era huraño, incluso Demelza decía que jamás le había visto de tan mal humor, era obvio que jamás le diría la razón, preferiría morir a decirle.
Se detuvo frente a la ventana de la oficina del señor Greengrass, Draco estaba ahí, con los pantalones y los calzoncillos a las rodillas, y Astoria estaba hincada, con el rostro entre las piernas del rubio, yendo de arriba a abajo y viceversa, su corazón se estrujó y subió la vista, los ojos grises de Draco estaban fijos en ella, y una sonrisa enfadada apareció en su rostro, como diciendo te dije que podía tener a cualquier mujer. Pero tenía que ser exactamente Astoria Greengrass, para humillarle más.
Ambos reaparecieron juntos a la hora del té, tan tranquilos como si nada hubiese pasado, así que ella tuvo que preguntarse si habían estado haciendo eso desde que él había llegado.
—No te ves nada bien –soltó Demelza y frunció el ceño.
—Estoy bien –sonrío.
—No me digas que estás de encargo –soltó, por su mirada seria Ginny supo lo que pensaba.
—Claro que no –la tranquilizó, para lo que a los demás les parecería natural en un matrimonio, para Demelza significaría asesinar a Draco, y aunque había hecho un intento, se quedó en eso, un intento.
Ginny observó a Draco Malfoy colocarse su bata y avanzar a la puerta de la habitación, se giró a ella.
—Pasaré la noche con Astoria, así podrás estar segura de que no voy a tocarte, cuando puedo tocar a una verdadera mujer.
Ginny avanzó hasta él y le acomodó la bata, por mucho que los besos de Draco fueran dulces, y sus caricias provocarán fuego en sus venas, no podía estar con él, ella no era una mujer de alta cuna como Demelza y Astoria, si ella se entregaba a Draco, no habría forma ni poder humano que la salvara, él era su perdición, y lo sabía.
La sujetó de la cintura atrayéndola a él, se agachó hasta quedar a su altura, sabía que se acostaba con Astoria para provocarla y herirla.
—Ahora está presentable –colocó ambas manos en el pecho del hombre y lo alejó –no quiero que piense que le tengo mal atendido respecto a su apariencia –bajó la voz y sonrío –porque es obvio que sabe que eso de yacer con usted no es lo mío, de lo contrario no la buscaría.
—Incluso tu verdadero esposo, se revolcará con otras, porque lo que tienes entre las piernas, lo tienen muchas más, y no sólo necesitas una para complacernos, necesitas más que eso –besó la mejilla de Ginny –y puedes tener lo que según las mujeres hacen a la esposa perfecta, pero nosotros sólo buscamos la perfección en la cama.
Salió de la habitación dejándola completamente sorprendida, cerró los ojos y se mordió el labio hasta que sangró, pero no lloró, Draco Malfoy no merecía una sola de sus lágrimas.
Demelza observó a Draco aparecer de otra dirección diferente, la sonrisa de Ginny fue cortés, no alegre y discreta como había sido semanas atrás, eso significaba que había problemas en el paraíso, incluso en un matrimonio falso, había problemas ¿cómo era eso posible?
—Buenos días –saludó animadamente Astoria, observó a la pelirroja con clara superioridad y se sentó, Draco ocupó su lugar junto a Ginny.
—Buenos días –contestó Ginevra en el mismo tono educado y suave de siempre.
—No son para nada buenos –contestó Demelza –he estado hablando con Harry, Ginny, sobre la posibilidad de volver a Londres.
—Eso suena excelente –sonrió animada.
—No sé qué le dices a ella, si es obvio que soy su esposo y se hará lo que yo diga –le sonrió Draco.
—Cierto –admitió la chica –pero tu estadía aquí ha sido una sorpresa, y recuerdas, que aún no se hace oficial, así que técnicamente, ella no tiene que obedecerte.
—Quiero ver qué dirán en Londres cuando yo lo diga –sonrió.
—Cambiando de tema –pidió la señora Greengrass –dime ¿Cuál es la razón por la que el señor Potter y tú han pensado eso?
—Está pensando en pedir mi mano –admitió con una sonrisa.
—Eso es maravilloso Demelza –sonrió Ginny completamente feliz.
—Espero que el señor Potter no busque en otra cama lo que no puedes darle –el comentario de Astoria fue directo a Ginny, porque ni siquiera se dignó a ver a su prima para disimular –vamos ¿qué? Señora Malfoy.
—Nada –sonrió –nada, es sólo que el señor Potter merece todo nuestro respeto, no lo creo capaz de una bajeza como tal –admitió –mi padre suele decir que un hombre que se respete a sí mismo, sabe respetar a su esposa y a su familia.
— ¿Es acaso que está de encargo? –se burló Astoria.
— ¿Por qué hablaría de mí? –Negó y sonrió –y no, no estoy de encargo.
—Que fortuna –admitió Astoria sonriendo.
—Es un poco extraño que tan enamorados que están no ha podido quedar de encargo –comentó la señora Greengrass.
—Tal vez Draco no tiene la suficiente hombría que presume –sonrió Demelza.
—Puedo dejar preñada a quien yo quiera, si no lo he hecho con ella es porque no se me ha dado la maldita gana –gruñó enfadado –y basta de peleas, si es hombre o no por meterse con un burdel entero o sólo quedarse en casa con su mujer –bufó –que tu padre sea un idiota fiel es diferente.
—Señor Malfoy –le reprendió la madre de Astoria.
—Lo siento –se disculpó de dientes hacia afuera.
El desayuno fue incómodo para Ginny, porque tenía la sonrisa burlona de Astoria en su dirección y las miradas indiscretas de Draco al escote que la prima de Demelza estaba usando.
—Fue el peor desayuno de todos –admitió Demelza y la abrazó.
—Dímelo a mí –negó con una sonrisa.
—Ya dime que es lo que está pasando.
—Tu prima y el señor Malfoy se están entendiendo.
— ¿Qué? ¿En la cama? –indagó sorprendida.
—Claro que en la cama, dudo que tu prima sea buena en los negocios, Demelza.
—Cierto, cierto, mi culpa ¿cómo lo sabes? Espera, ¿eso te afecta?
—Lo sé porque yo misma los vi en la oficina de tu tío, y él lo dijo anoche, que pasaría la noche con tu prima, y no, no me afecta para nada que se acueste con ella, puede hacerlo, es soltero.
—Cierto, pero jamás pensé que cayera tan bajo –admitió.
—Eso no lo sé y no me importa –repitió.
—Bueno, para saciar sus instintos primitivos, es normal, supongo, pero aun así, ¿Astoria? Las chicas de servicio son más bonitas, no me mires así.
— ¿Por qué las chicas de servicio? ¿Sólo por ser de servicio merecen que el señor de la casa arruine sus vidas? –negó enfadada y se alejó.
—Yo sólo decía cariño, no te enfades –le gritó pero no se detuvo.
Se giró a ver a Draco, se sentó junto a él y no dijo nada durante unos segundos, desde que había llegado, ella se había dedicado a su romance con Harry en lugar de poner atención a él, pero le agradaba el hecho de que le había hecho caso respecto a que no se atreviera a hacerle algo a Ginny.
—Así que has caído bajo y te acuestas con Astoria –se burló.
—Es lo mejor que hay en esta casa –admitió.
—Has ido al pueblo en ocasiones, creo que encontraste solución a tus ganas en ese lugar al que todos van.
—Cuando fui al pueblo fui por negociosos, no por una prostituta –le informó –y no sé con cuantos ha estado tu prima antes que yo, porque es obvio que no soy el primero con ella por su buen desempeño –sonrió –pero sin duda no ha estado con tantos como las del pueblo.
—Supongo que en eso tienes razón –admitió.
—Además, supongo que has caído bajo y también te has estado revolcando con Potter, digo, si lo hiciste con Lupin ¿por qué no con Potter?
—Remus era diferente –le informó –además, con Harry quiero hacer las cosas diferentes –sonrió y besó la mejilla de su amigo –ya no te acuestes con Astoria, si la preñas, no podrás quitártela de encima, y conoces a tu padre, si embarazas a una de alta cuna, te casas con ella.
—Tengo formas de evitar que quede preñada, Demelza.
—Son idioteces y lo sabes, si eso fuera efectivo, no habría tanta prostituta preñada.
—No voy a dejar de meterme con ella ¿lo comprendes? No mientras no me aburra lo suficiente.
—Fui buena amiga al sugerirlo, tú no escuchaste, cuando estés casado con ella por haberla preñado, recuerda que un día te lo advertí, pero fuiste muy idiota para escuchar.
—Le pondré tu nombre si es una mujer –sonrió cuando la rubia se alejó.
Su vista fue de nuevo a la pelirroja, que por más que él quería, su rostro no demostraba nada, no había celos, no había enfado, estaba tranquila y normal, realmente él no le importaba, tal vez había sido mejor que ella detuviera toda la actuación, porque él estaba comenzando a creerla, y después, el regresar a Londres solo, sería un golpe bastante fuerte, tomando en cuenta que se estaba acostumbrando a tenerla junto a él a la hora de dormir.
—Estás muy serio –se burló Astoria junto a él.
—Estoy pensando –admitió.
—Ya –negó la chica –te lo digo en serio, no sé qué le viste cuando decidiste casarte con ella, es obvio que no te satisface, porque si lo hiciera, no tendrías necesidad de venir a mí por las noches –acarició su brazo y besó su cuello –y lo negarás como siempre, pero tiene toda la finta de ser una sirvienta y no una mujer de clase.
—Debo recordarte que a pesar de lo que aparenta, es ella la señora Malfoy y no tú ¿cierto? –la observó enfadado.
—Dime la razón del porque lo es, Demelza dijo que estabas locamente enamorado de ella y no es así, un hombre enamorado no tiene ojos para ninguna otra mujer –sonrió –y tú sí, eres capaz de dormir conmigo y dejarla a ella yacer sola y fría en su habitación mientras tú me calientas a mí –observó a Ginevra, que los observó.
—A ella no le molesta –se encogió de hombros.
—Draco, siempre me has gustado, y siempre te he querido para mí, y si tu mujer no estuviese humillada a tal grado, esto no sería ni divertido, ni placentero –admitió –no es la gran actriz, es demasiado simplona, se muere de celos, o tal vez no celos, pero de que no me tolera cerca de ti, no lo hace, es normal, el honor de una gran señora está en riesgo, después de todo ¿no? –se burló.
—Si le doliera tanto como aseguras, no le importaría enviarme a tu habitación por las noches, muy bien presentable, claro –le sonrió y se alejó.
Se le hacía bastante complicado creerle a Astoria, si a Ginevra le dieran celos verlo con otra, se notaría más, más no se pasearía fresca como una lechuga, se detuvo en sus pensamientos y se burló, si él mismo intentaba lucir así con el rechazo que le hizo.
—Mi señor –le sonrió la pelirroja.
—Mi señora –la sujetó de la mano –hay una cena a la que he sido invitado.
—Espero que disfrute mucho su velada –intentó alejarse.
—Usted irá conmigo –le informó.
—No es mal momento para que comience a llevar a la señorita Greengrass con usted.
—Pretende que introduzca a una chica de alta cuna como mi amante en ese evento –negó.
—Que mis padres no tengan todo el dinero de los señores Greengrass no significa que pueda usarme a mí…
—Yo no la he usado en ninguna forma –le recordó –yo llegué a este sitio con la intención de descansar y regresar a Londres, cuando todo el pueblo me sonrió y me sugirió venir aquí a esta casa, a saludar a mi hermosa esposa –Ginny se sonrojó –no he sido yo el que ha dicho a todos esos inocentes que somos esposos, lo hizo Demelza y usted alimentó la mentira, así que es tan culpable como ella que la inició, sólo estoy pretendiendo…
—Sé la intención detrás de esto, mi señor, y le aseguro que soy la más interesada en volver a Londres y terminar con todo esto.
—Parecía que lo disfrutabas –se acercó a ella –no hubieron votos, no pasamos una noche de bodas, pero parecías disfrutar dormir entre mis brazos, hasta que un día, simplemente colocaste una almohada de plumas entre nosotros –acarició su mejilla con la yema de sus dedos y sus labios rozaron los de ella –pero puedo asegurarte que no es ni siquiera tan cómoda como mi pecho ¿cierto?
—Es usted un cínico –frunció el ceño, intentó alejarse, pero él volvió a besarla, por supuesto que estaba aprovechando el hecho de que Demelza no estuviese ahí para observarlos, a donde quiera que se hubiese marchado en esos momentos, lo agradecía por completo.
Los suaves dedos de Ginny acariciaron la piel del rostro de Draco, mientras sus labios torpes se dejaban llevar por los de él, las dos mujeres Greengrass los observaron, la más joven de ellas con el ceño fruncido y los labios apretados de coraje, se habían besado antes en público, desde luego, y bastante seguido, pero jamás con una intensidad como esa.
—Besa usted bastante mal –sonrió y volvió a besarla suavemente cuando ella se sonrojo y bajó el rostro –pero no hay nada que no pueda mejorar ¿cierto?
—No sabría –contestó con una sonrisa pícara, cosa que lo hizo sonreír de lado.
—Espero que esto vuelva a llevarnos a esa situación neutra ¿se podría?
—Nunca hemos estado en una situación diferente –admitió.
—Claro, por supuesto –se alejó de ella dándole la razón.
Posiblemente todo había estado en su cabeza, y ella sólo era una chica inocente intentando huir de él, y no la culpaba, sabía que tenía que ser recatada, pero eso lo dejaba con una duda, que posiblemente debió mantener para sí mismo.
— ¿Por qué huiste en el baño? –ella se tensó.
—Era lo correcto –admitió.
—Pero no lo que querías ¿cierto? –volvió a acercarse.
—Lo que yo quiera no importa, señor Malfoy.
—Quiero saberlo, porque por la forma en la que me besas, déjame decirte, Ginevra, que se pueden deducir muchas cosas, pero quiero que las digas.
—No voy a estar con usted de esa forma –le informó nerviosa.
—Ya lo sé ¿Por qué no?
—Porque los dos sabemos que cuando lleguemos a Londres, toda la mentira se descubrirá, y sólo seré la mujer que yació con Draco Malfoy y nada más importará, y si lo hago –suspiró –no podría estar con nadie que no fuera usted.
