Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola, estoy de vuelta con un nuevo capítulo y con una nueva disculpa, ya sé que no importa lo que diga no van a creerme, pero seré honesta, no es que no haya inspiración o tiempo para escribir, es sólo que estoy pasando por esa crisis de abrir el documento y aunque las ideas rondan en tu cabeza queriendo salir, simplemente te distraes en algo y dejas el documento abierto por horas y no escribes nada, hasta que vas a apagar el ordenador y ves que tenías abierto el fic, exactamente así mismo, y no sólo en escribir, no he avanzado en nada las series en Netflix siguen abandonadas, mis libros literalmente están llenos de polvo, no reviso whatsapp, ni facebook como antes... en fin, espero que con el fin de las vacaciones pueda comenzar a quitarme esa crisis, así que espero, ahora si, no tardar en actualizar.

Muchas gracias por todo su apoyo, por sus favoritos, por sus follows, por sus reviews (a las que volvieron a ejercer presión de forma anónima también) muchas gracias por todo.


Capítulo 09: Visita.

No podría estar con nadie que no fuera usted.

Draco sacudió la cabeza para borrar la imagen de esa tonta chica, la mirada de añoranza y desesperación, y sabía perfectamente a lo que ella se refería, pero por un momento quería darse la ilusión de que sí estaban juntos, no poder estar con otro implicaba algo sentimental y no a la verdadera connotación de su confesión.

Los ojos verdes frente a él le observaron con fastidio, en todos los intentos por besarlo siempre se alejaba, a pesar de que estaba sumergido en sus pensamientos.

—No sé la razón por la que estoy aquí –bufó la chica, logrando que él la observara, aunque después puso los ojos en blanco.

—No sabía que eras tan idiota, estás aquí porque es tu casa, y puedes estar en donde quieras, importunando a los invitados, si no es a tu prima y a mi esposa, es a mí, simple como eso.

—Hago algo más que importunarte, y lo disfrutas bastante bien –refutó la chica.

—Tu boca es cálida –contestó encogiéndose de hombros –sólo eso, nada especial.

—Ha sido tu decisión el de no pasar esto a nada más interesante que eso –sonrió y tomó su mano para colocarla en su seno.

—Prefiero mantener tu castidad entre dicho, que no me conste, no quiero sorprenderme, por hallarte virgen, o por hallarte desvirgada –suspiró –es claro que no hubiese dicho nada en cualquiera de los casos, pero no soy estúpido, no arriesgaré mi apellido a un escándalo, que corras a Londres lloriqueando en que he robado lo que es posible que ya no esté, y no pienso facilitarte las cosas.

— ¿Amas tanto a tu esposa para no hacerlo? A pesar de que...

—A mi mujer no la someto a ese tipo de cosas –contestó ofendido.

—Pero a mí sí –chilló indignada.

—Yo no le he enseñado esos trucos a mi mujer, y tú ya lo sabías, ahí se marca una diferencia abismal entre la señora Malfoy y tú.

Draco entró a la habitación, la pelirroja estaba terminando de arreglarse para la cena a la que lo habían invitado, la observó atento, Ginevra Weasley no era la mujer más hermosa, ni la más culta y educada, pero era bonita, con la facilidad de sorprenderse, escuchar atenta, te miraba con esos enormes ojos chocolate brillando por lo que le decías, eran mundos que ella no conocía, por lo tanto, gustaba de escuchar de ellos, mientras aprendía poco a poco con las conversaciones, además su sonrisa cálida te hacía sentirte en confianza de inmediato, tal vez por eso le gustaba verla con atención, amaba el entusiasmo en su voz al preguntar sobre el tema que del que se le habla, se había enamorado de la sencillez de la chica, de forma rápida para su sorpresa. Pero era normal, él estaba acostumbrado a lo ostentoso, a los pretenciosos que fingían simpatía y a las mujeres tontas que aburrían, y esa pelirroja era la parte sencilla de la vida, podía relajar su postura, encogerse de hombros cuántas veces quisiera, incluso sonreír, sin que le dijeran que era demasiado.

Ella era, sin duda, un escape a la farsa y frivolidad que envolvía su vida. Ginevra Weasley era cálida y suave, como un atardecer.

La quería en su vida, y no de manera falsa.

—Tengo lista su ropa –se puso de pie con una suave sonrisa.

—Bien, me arreglo rápido, no quiero ser grosero.

—No es como si eso fuera a sorprender mucho –sonrió.

—Tiene razón –le guiñó un ojo.

Ginny se aferró a su brazo, esa noche no iban con Demelza y Harry, por lo tanto no conocía a nadie en ese lugar, no quería que la abandonara en medio de un festín de cuervos, él sabía cómo tratarlos y mantener la distancia, y ella, ella era demasiado cálida y honesta, dejaba que todo mundo obtuviera algo emocional de ella, lo sentía como un intercambio, pero la mayoría de las veces nadie compartía, sólo tomaban la información, y se alejaban, admiraba la destreza que tenían Draco y Demelza para que esa clase de hipocresía no los afectara.

—Señora Malfoy, luce usted hermosa –sonrió uno de los hombres y sujetó su mano para besarla.

—Muchas gracias –sonrió.

—Es un placer tenerla aquí, su esposo no es nada feliz sin usted, al parecer.

—En algún momento podremos pasar ¿cierto? –Frunció el ceño Draco –no quería que le dijeran lo mucho que su humor empeoraba cuando no estaba cerca de ella o cada que peleaban por una tontería.

—Sé que viene a hablar de negocios, pero… en lo posible, espero que no me deje sola toda la velada –suplicó.

—Luce encantadora, mi señora –dijo en su oído en un tono suave –aunque lo intentara, no podría mantenerme alejado de usted esta noche, sólo trataré el negocio por el que he venido, y le prometo ser suyo –besó sus labios y ella sonrió.

La cena fue tranquila, él soltó su mano hasta que tuvo que dejarla comer, y agradeció no tener que explicarle el orden de los cubiertos, el resto de los invitados parecía bastante interesados en ella, era educada, alegre, amable y cálida, comenzaban a sospechar de que fuera de alta cuna, porque era torpe moviéndose entre tanta hipocresía.

—Ha estado bastante ocupada esta noche –murmuró haciéndola sonreír.

—La mayoría de las palabras que me dirigen son sobre usted y lo apuesto que es.

—Es que soy bastante apuesto –sonrió fanfarrón.

—También bastante sencillo por lo visto –negó divertida.

—Te prometo que no te someteré a pasar toda la velada aquí, el negocio es después de la cena, extrañamente, así que procuraré apurarme.

—No es necesario que haga malos negocios sólo por apurarse, puedo pedir que me lleven a casa y vuelvan.

—Eso jamás pasará –contestó frunciendo el ceño.

—Bien, aun así, puedo esperar lo necesario.

Se alejó de ella después de un rato que la cena terminara, habían paseado por el salón, evitando que todo mundo los observara, pero eran algo así como la novedad, pero no entendía la razón. Ya habían tenido tiempo de acostumbrarse a verlos juntos.

—Ginevra Malfoy ¿cierto? –sonrió un hombre, sujetó su mano y besó el dorso.

—Sí –contestó con una suave sonrisa incómoda y retiró su mano.

—Recién he llegado al pueblo –explicó tranquilo –así que soy nuevo en toda la novedad de su matrimonio con el joven Malfoy, comprenderá, en Londres no se sabe nada aun, ni siquiera en… la familia –la pausa que hizo la incómodo, a decir verdad, todo en ese hombre la incomodaba.

—Se suponía que era un secreto, pero se ha corrido la voz y ahora todo el mundo aquí lo sabe.

—Ya lo veo, los secretos son algo curioso, cuando es tuyo quieres guardarlo, pero cuando se trata del de alguien más, y aumentando la fama de los Malfoy, imagino porque no se pudo quedar oculto en una clase de tejido –se burló.

—Disculpe, yo…

—Perdón que me meta, pero, sería tan amable de decirme su apellido de soltera, es curiosidad, simple como tal.

—Weasley –contestó, y no supo la razón, Draco le había dicho que podía contestar lo que quisiera y omitir el resto y nadie le criticaría, mucho menos él.

—Ya veo –se pasó los largos dedos por su barbilla, con la vista perdida en la obscuridad de la noche y dio un paso hasta ella –no es un apellido muy sofisticado ¿cierto? –Dio otro paso más hasta ella –así que digamos que el joven heredero de los Malfoy ha contraído nupcias con la hija de cualquier cantinero y de cualquier campesina –gruñó –a menos que sea una farsa, no veo a Draco desobedeciendo las órdenes de su padre, disculpe, pero es usted bonita, pero ni siquiera tan inolvidable, si alguien le ha dicho lo contrario aquí, dígase que es por su nuevo apellido, no porque sea realidad.

—No sé quién sea usted y…

—Ya saben lo que dicen en la familia ¿no? –Negó educadamente –no lo sabe, es porque no ha sido instruida en las familias de alta cuna, porque no pertenece a ninguna de ellas, soy Rodolphus Lestrange y como eso tampoco le dirá nada, soy el tío de Draco.

—Tío de, Draco –musitó y observó a los lados en busca de Draco.

—Así es, y por extraño que le parezca, su esposo y yo somos un tanto cercanos, me hubiese dicho si en algún momento le hubiese conocido, pero no, ha sido bastante discreto de que nadie se entere en Londres, eso quiere decir muchas cosas, pero apuesto por dos, es sólo una diversión temporal para él, y como usted pidió matrimonio antes de poder yacer con él, mi sobrino, sabiamente la ha timado, o dos, es sólo una mentira, pero no entiendo porque o para qué.

—Es mejor que lo hable con él.

—No, no, no –se negó –lo hablaré con Lucius, sin duda será el más interesado en todo esto, Draco le pidió tiempo, pero que al final se casaría con la mujer que Lucius decidiera sin chistar, y ahora está aquí, con una joven, paseándola por todos lados como su esposa, sin duda la noticia traerá consecuencias para mi sobrino, veamos qué tan sanadas estaban las heridas, buenas noches –se alejó.

Le sonrió amable al rubio cuando volvió, la sujetó de la mano y la llevó con el resto, sujetándola de la cintura, le otorgó una sonrisa educada al anfitrión y se dedicó a guiar a la pelirroja por la pista, otra cosa favorable, la chica bailaba bastante bien, se acoplaba bastante bien a él.

—Realmente comienzo a pensar que no le gusta estar entre mis brazos –comentó.

— ¿Disculpe? –le observó confundida.

—Está incómoda ahora mismo, y es tan obvio que todos lo han notado ¿Qué le preocupa? –se alejó un poco.

—No es nada –aseguró.

—Observe a su alrededor, y dígame que es lo que los demás piensan de nosotros.

—Pensé que no le importaba lo que opinaran de usted –su mirada fue a las personas alrededor que los observaban y murmuraban algo.

—Ciertamente a mí no, pero a mi padre si, así que más que nada, hago lo que hago por la familia de mi padre.

—También es su familia –contestó con el ceño fruncido.

—No en realidad –le sonrió sin darle importancia –no estoy casado oficialmente –susurró en su oído y se alejó –y él sigue siendo la cabeza de la familia, quien se sienta en la Cámara de Lores es él, así que no es mi familia, y antes de ser la familia de mi padre, era de mi abuelo –informó despreocupado –así lo maneja mi familia, necesito dar buena imagen a la familia, el apellido, el dinero que heredaré.

—Ya veo, pero cuando usted sea el dueño de su familia, podrá cambiar esas reglas ¿no es cierto?

—No realmente –la sonrisa en los labios de Draco era fría y vacía.

—Y eso le afecta –murmuró ella.

—Le prometí a mi padre casarme con la mujer que él decidiera –giró con ella rápidamente, haciendo que Ginny se aferrara a él por el miedo a caerse frente a todos, eso hizo que la sonrisa cambiara un poco, así que ella se mantuvo pegada a él –pero lo primero que planeo hacer llegando a Londres es hablar con él y pedirle que me deje casarme con usted.

Todos se quedaron callados en el salón ante el repentino arrebato de Ginevra al alejarse de él. No era cierto, tenía que estar jugando con ella.

—Pueden seguir en sus cosas –pidió Draco y se alejó siguiendo a la desconcertada pelirroja.

—Señor Malfoy, su esposa lo espera afuera –informó el mozo.

—Gracias.

Se colocó su abrigo y su sombrero y salió, por las prisas ella ni siquiera se había tomado el tiempo de recoger su abrigo, así que se lo quitó y lo puso sobre sus hombros.

—Tiene todo el derecho a enfadarse por lo que hice –admitió.

—No estoy enfadado –soltó.

—Por supuesto que lo está.

—Si le desagrada tanto la idea de ser mi esposa realmente sólo lo hubiese dicho, no era necesario que les diera de que hablar.

—Usted y yo nunca vamos a casarnos realmente, no soy tan ingenua para creer eso.

— ¿Por qué no?

—Soy la hija de un mercader, mi apellido es Weasley, lo primero que hará su padre es preguntarlo, no lo reconocerá, y usted le dirá la verdad, él dirá que no, y usted no pensará ni siquiera un segundo en desobedecerlo.

—También podríamos no volver a Londres –sugirió él.

—Mis padres posiblemente no tendrán los recursos para una búsqueda, pero, los suyos –negó.

La ayudó a subir, el camino fue un poco en silencio, por la forma en la que evitaba observarlo, y aunque dijera que no era la razón, posiblemente la mentira había sido más bella que la realidad, decir que era esposa de él mientras él no estaba era mejor que mentir teniéndolo cerca.

—Volveremos a ese trato frio de nuevo ¿no es cierto? –Ginny se giró a observarlo.

—Por supuesto que no, mi señor –negó y le dedicó una sonrisa cálida –es sólo que el lugar que elige para decir las casas… a veces no es el indicado.

—Soy un Malfoy, siempre es el lugar indicado para decir lo que quiero y pienso.

—Seguramente su apellido le da muchos beneficios, pero no se trata de beneficios, sino de ser un poco humano con las personas, le recuerdo, que bajo esa máscara fría y vacía, hay un rostro y sentimientos.

—Así es el juego, Ginevra, y no he inventado las reglas, eres tan libre, como el peso de tu apellido.

—Pues yo le veo atado y sumiso, cayendo bajo el peso de su apellido –se disculpó y fue al baño a colocarse el camisón.

Como siempre, la pelirroja tenía razón, en todo lo que le había dicho desde que salieron de la cena, por mucho que deseara hacer de ella su esposa, sabía que su padre se negaría, no iba a querer a la hija de un mercader como la madre del futuro heredero Malfoy; y él, como siempre, débil y temeroso, agacharía la cabeza y aceptaría a cualquier mujer que su padre nombrara, por muy desagradable que fuera.

Ginevra se sentó junto a Demelza, hacía días que no hablaban y era más culpa de ella que de la rubia, su amiga la observó alegre y ofendida, esa capacidad de Demelza Robins para ser encantadora aunque te asesine con la mirada, pensó Ginny.

—Pensé que había quedado claro que no podías pasar mucho tiempo con él a solas.

—No ha intentado nada, se ha comportado como lo que es.

—Un hombre rico, con un poder casi ilimitado, que le gusta meterse a la cama con cuanta mujer le guste ¿no?

—Pues yo no soy de su agrado ¿te deja tranquila eso?

—Si fuese verdad, me dejaría tranquila, pero no puedo obligarte a nada, te he suplicado que no te quedes a solas con él más de lo necesario, te he perseguido pero aun así te las ingenias para que me quede atascada con mi prima y mi tía, mientras tú y él no sé qué hacen realmente.

—Me enseña francés e italiano –sonrió.

—Por supuesto, porque no le interesas –negó la rubia –nunca lo había visto tan interesado en una mujer como para enseñarle un idioma, menos dos.

—Mientes.

—Él ya hablaba fluidamente italiano cuando yo comenzaba a aprender, le pedí que me ayudara con una de mis lecciones y sólo se rió de mí por mi torpeza, dijo que si no podía aprenderlo sola, no era buena para ello, así que ahora está contigo, enseñándote no sólo italiano, sino que también francés así que ¿te besa apasionadamente cada que logras concretar una lección? –La mirada traviesa de Demelza la hizo sonrojar –lo sabía, las lenguas son lo de él ¿no piensas lo mismo?

—Él sólo es agradable conmigo porque son amigos, sólo por eso.

—No te has enamorado de él ¿cierto? –elevó una ceja.

—Por supuesto que no –giró el rostro ofendida, pero claro que no podía sentirse ofendida realmente, porque en realidad, sé se había enamorado de él –pero si te deja más tranquila, no pasaré tanto tiempo a solas con él.

—Confío en ti –admitió su amiga –ya he hecho suficiente metiéndote en este lío, creo que sabes mejor que nadie como actuar, sólo te pido que no cometas unas locuras, sólo piensa que si está en la posibilidad de que yo lo hiciera, es una locura.

—Eso es de gran ayuda, me diré: Demelza seguramente iría por ese camino, y elegiré el otro –sonrió.

—Así mismo, te adoro, pero ambas sabemos que muchas veces no soy el mejor ejemplo a seguir –se rieron.

La tarde con Demelza fue relajante y divertida, nada que ver con la seriedad de Draco, él rara vez mostraba signos de diversión, así le contaran la anécdota más divertida del mundo, él sólo era capaz de pretender sonreír, seguramente él tenía más restricciones al ser hombre, en aspectos de conducta por su familia, su padre debería ser un verdadero monstruo, si Draco prefería obedecerle en cualquier cosa.

—Estaba pensando en llevar la mentira a la realidad –admitió Draco.

—No voy a permitirte eso –frunció el ceño Demelza.

—Escucha, si nos casamos, alegaré que el matrimonio jamás se consumó, es la mejor opción que tenemos.

—No, sigue sin agradarme la idea, te conozco, sabiéndote casado, exigirás que ella cumpla con sus obligaciones.

—Jamás lo haría –soltó enfadado.

—Te enamoraste de ella.

—Sí –Demelza lo observó incrédula, no pensó que lo admitiría tan rápido –pero ella no, se lo propuse y se negó.

—Bien, su buen juicio sigue en donde estaba antes de que la trajera.

—Tengo que admitir que posiblemente es lo mejor.

La pelirroja estaba junto a la cama cuando él entró a la habitación, se sonrieron un instante y él fue hasta ella.

—Hablé con Demelza sobre lo que le propuse, de que te casaras conmigo.

—Ella no…

—No, no se preocupe, no está de acuerdo, pero si se siente incómoda por lo que le propuse, puedo pedir una habitación.

— ¿Una habitación extra o se irá corriendo con Astoria? –frunció el ceño.

—No lo sé, no lo he decidido aún –le sonrió ante la evidente mueca de enfado.

—Es totalmente su decisión, no la mía –comenzó a quitar los cojines de la cama.

—No sabía que le molestaba que fuera a los brazos de Astoria –siguió con el juego.

—No me molesta –se giró hasta él –ya sé, lo ha dicho que puede tener a la mujer que quiera, pero ¿por qué ella? De todas, precisamente ella, que goza de humillarme con el hecho de que usted huye a sus brazos.

—Creí que podía tener a la mujer que quisiera, pero es falso, porque no la he tenido a usted –besó su mejilla y fue al otro extremo de la cama.

—Pero posiblemente jugar con los sentimientos de una mujer como ella le traigan consecuencias.

Una mujer como ella, no sé a qué se refiere.

—Es la hija de uno de los hombres importantes, quiera o no, ejerce cierta presión en la sociedad, no tanto como la de su padre, pero si a su padre le importa tanto mantener la buena imagen de su nombre –negó –hacerla enfadar no es algo que debería pensar.

—Como siempre tiene razón –se metió a la cama.

—Entonces debería tener un poco de cuidado en eso –pidió y lo observó, se sentó en la cama y suspiró.

—No volveré a cometer el mismo error –la tranquilizó –y si le deja más tranquila, tampoco me acosté con ella.

—Yo les vi en el despacho del…

—Hay formas de tener intimidad sin tener que yacer de esa forma –le informó –y jamás he tocado nada de ella.

—Pero ella de usted sí –se recostó, haciendo que él se girara a mirarla.

—Muchas mujeres me han tocado antes –sonrió, sujetó su mano y la puso en su pecho –listo, ahora también me ha tocado –Ginny sonrió.

—No me refiero a eso y lo sabe.

—Hay mejores formas de tocar a una persona –admitió él con un semblante sombrío –para bien o para mal, hay muchas formas de tocar a alguien –se giró dando por terminada la charla.

En un solo instante la diversión y el brillo en sus bonitos ojos grises se había evaporado, como si algo lo oprimiera, ella se acercó a él y colocó sus manos en su espalda, apretando la suave tela de la playera del hombre, que se relajó ante el cálido contacto de la chica.

—Perdón si le hice recordar algo malo –se disculpó.

—No ha sido nada –contestó restándole importancia, como siempre.

Un par de besos suaves sobre su columna vertebral la despertaron, la sonrisa en sus labios apareció de manera automática, cerró los ojos al mismo tiempo que mordía su labio inferior cuando la mano de Draco ascendió desde su pierna hasta sus costillas, acarició su brazo y sus labios besaron su brazo.

—Buenos días –saludó él –pensé que no pensabas despertar.

—Posiblemente eso era cierto –admitió con una sonrisa, girando hasta él, quedando atrapada en sus brazos y su pecho.

—Admito que me encanta la idea de permanecer así todo el día, pero tengo que salir de la cama, o Demelza vendrá aquí y me cortará lo necesario para hacer un heredero –la besó y se alejó.

Bajaron juntos a desayunar, los demás ya estaban casi terminando, las dos jóvenes les dedicaron una mirada nada simpática, ya que él la sostenía de la cintura y besaba suavemente su cuello.

—Buenos días –dijo la señora Greengrass de manera alegre.

—Buenos días –saludó Draco de un buen humor.

—Me ha llegado una nota un poco más temprano pero no quise molestarlo, su tío ha escrito, ha pedido hablar con usted.

— ¿Tío mío? –enarcó una ceja Draco.

—El señor Lestrange ha llegado hace dos semanas, y se enteró de la estancia de usted y su esposa, pero sólo ha pedido verlo a usted.

—Supongo que ha venido por negocios y a verificar la razón por la cual no he llegado a Londres –admitió –él puede esperar.

—Creo que debería ir a hablar con él –musitó la pelirroja.

— ¿En serio? –Hizo una mueca –no es de mis mejores planes, la verdad, pero podría acompañarme al pueblo y comprar algo bonito –besó los nudillos de Ginny.

—Eso suena como si no tuviese nada bonito –se burló Astoria.

—Desgraciadamente –la observó el rubio –me encanta como luce desnuda, su belleza no iguala a ninguna de las prendas, pero no voy a dejar que nadie más la vea así –sonrió y le dedicó una sonrisa a Demelza.

—Yo los puedo acompañar, también quiero comprar algo.

—Siendo así –habló Ginny –iré, no quiero estar sola en el pueblo, así sea comprando.

—Puedo… -intentó hablar Astoria.

—No –contestó tajante Draco.

—Bien.

Demelza ocultó su sonrisa ante la cara de su prima y observó el leve sonrojo de la pelirroja ante lo que había hecho Draco, si no estaba enamorada de él, era cuestión de tiempo para que se enamorara si él seguía comportándose como todo un caballero.

—Estás muy seria.

—No piensas muy en serio casarte con ella ¿cierto? –lo observó.

—Ella se ha negado rotundamente, y por un lado tiene razón, jamás desobedecería a mi padre.

—Sé por qué lo haces –sonrió –creo que es mucha lealtad de tu parte por hacer eso por ti, Draco, pero, si la amas, podrías hacer algo.

—No podría hacer nada, porque cada que intento avanzar, ella me detiene, por cualquier medio, me repele, así que no veo la razón para hacer algo.

—En eso tienes razón, jamás pensé que su amor por el jardinero fuera tan fuerte como para no enamorarse de ti, digo, sólo hace falta mirarte para caer como una tonta enamorada –admitió la rubia haciéndolo sonreír.

—Bueno, incluso tú creíste estar enamorada de mí, eso sin duda significa que soy demasiado atractivo –bromeó.

—No bromees, eres realmente un espécimen bastante sofisticado que cualquier chica quisiera obtener.

—Menos ella.

—Ella no es como nosotros, ella es libre de elegir las cosas en su vida, tú estás atado a una promesa y yo, a un hombre muerto –besó la mejilla de Draco y dejó que el mozo la ayudara a subir cuando Ginny se acercó.

—Estoy lista, disculpen la tardanza.

—No te preocupes –le sonrió y la ayudó a subir después de otorgarle una mirada severa al mozo cuando le tendió la mano.

El camino al pueblo fue tranquilo, las dos mujeres charlaban de cosas que no le interesaban mientras él se dedicaba a observar los árboles.

—Nos veremos aquí para ir a comer –indicó Draco –no quiero volver tan pronto a esa casa.

—Como usted diga –sonrió Ginny.

—Compra lo que quieras, el dinero no es problema –acercó su rostro a ella para besarla y se alejó –nos veremos, Demelza.

—De acuerdo, señor Malfoy.

Caminaron rumbo a la tienda que se había vuelto la favorita de la rubia, de todas, era la que tenía más cosas provenientes de Londres, así que podría pasarse horas ahí, revisando todas las cosas que nunca usaba, pero siempre apetecía comprar, parecía que eso hacía al señor Robins sentir que tenía una hija normal por un momento, al recibir las caras cuentas.

—Así que sigues perdidamente enamorada del jardinero de la casa –comenzó de la nada Demelza.

—No veo por qué eso tiene que salir al tema –frunció el ceño.

—Te niegas rotundamente a casarte con él ¿Por qué sería sino?

—Prefiero no arriesgarme más al ridículo, gracias.

—Tienes un pretexto mejor, eras una chica linda e inocente que cayó en sus redes y…

—Eso significaría que se consumó, y no pienso permitir que eso se crea –se quejó.

—Cierto, muy cierto, y no es como si él no fuese bastante astuto como para hacerte caer en sus redes para que lo consumes.

—Es todo lo que él quiere, y no lo permitiré.

Draco entró a la habitación del hotel, su tío estaba detrás de un escritorio lleno de papeles, hacía un tiempo habían sido un tanto unidos, tanto, que había sido quien lo había incursionado en sus primeras experiencias sexuales en los mejores burdeles de Londres.

—Me alegra que vinieras, pensé que no te darían mi recado –sonrió.

—No sé qué quieres –se sentó despreocupado.

—Veo que no te lo dijo.

—No sé de qué hablas –admitió.

—Conocí a tu esposa, en la cena, tuve una charla muy entretenida con ella, quería preguntarte la razón por la que nadie sabe de ella.

—Me gusta tener privacidad –informó.

—Lo sé, no es de una buena familia, Draco ¿cómo crees que reaccionará tu padre cuando se entere de lo que hiciste?

—Voy a hablar con él…

—Sabes lo que pasará ¿no es así? Y sabes quien se encarga de deshacerse de los problemas de tu familia –lo observó –es una chica demasiado bonita, pero hay mejores –regresó a sus papeles –te recomiendo que sigas buscando, porque se ve demasiado inocente para que termine en el mismo lugar que los problemas de tu padre.

—Ella no es un problema y por lo tanto no terminará en ese lugar –contestó enfadado.

—Voy a dudarlo, porque lo dudo, para ti no es un problema, pero para tu padre lo será, que una Weasley, que ni dote ni apellido tiene, se convierta en la nueva señora Malfoy, y tu madre posiblemente esté de acuerdo –le mostró un trozo de pergamino, la tinta seguía fresca –le escribí a tu padre informándole la situación –así que deberías comenzar a pensar que vas a decirle a tus suegros cuando tu querida esposa aparezca flotando en el río.

—Puedes mandar la nota, no me importa –admitió regresándola –pero si un solo cabello de Ginevra se ve alterado, tío, me aseguraré de hacer de tu funeral uno bastante lujoso.

—Me amenazas –se burló –eres un tonto, un joven arrogante y cobarde.

—Sí, puede que lo sea, pero tengo un buen apellido así que –se encogió de hombros haciendo que el hombre frunciera el ceño –así como mi padre no se ensucia las manos, no tendré más que extender un buen saco de oro, para que se deshagan de ti, no creo que la tía Bella me odie tanto si la libro de ti, así que ya lo sabes.

—Bien, pero si eso pasa, no evitará que tu padre siga enviando a alguien a intentar deshacerse del problema, creí que tu abuelo te lo había explicado en el tiempo que viviste con él.

—Mi abuelo me explicó muchas cosas –sonrió –lo sabes muy bien, aun así, hablaré con mi padre respecto a mi situación con Ginevra, y posiblemente acepte dejarla libre, siempre y cuando, la dejen en paz.

—Bueno, una mujer…

—No hemos consumado el matrimonio, y no lo haremos hasta que hable con mi padre ¿contento?

—Deberías emprender el viaje de vuelta a Londres pronto –dijo por último.