Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Sé que ha pasado mucho tiempo desde que subí capítulo, y quiero disculparme; pero es que este fic me está costando demasiado, mucho más de lo que pensé en el inicio que me costaría, aun así, no he dejado la historia y no lo haré, así tarde otros tres meses en subir otro capítulo, no sé como agradecer el apoyo, a veces creo que las palabras no son suficiente, muchas gracias por añadir a sus follows, favoritos y por la insistencia de algunos en los reviews, espero que la espera sin duda valga la pena, he puesto todo de mí en ella, cualquier error, no duden en decirme, lo corregiré.
Sin más, dejaré éste capítulo agradeciendo a todos los que ha tolerado bastante bien el hecho de que inicie con otras historias sin continuar ésta.
Por el apoyo, gracias.
Muffliat0.
Capítulo 10: Donde los Problemas Terminan.
Draco salió de la habitación enfadado, no podía creer que de la nada, todo Londres decidiera pasar una temporada en un pueblo tan insípido y sin chiste, lo único que le faltaba era que su padre se presentara en la puerta de los Greengrass y exigiera conocer a la nueva esposa de su hijo.
Tenía que solucionar pronto todo aquel embrollo en que lo había metido Demelza, de tratarse de cualquier otra persona, lo hubiese hecho en su momento, desmentirla y dejarla en ridículo, pero no con ella, Demelza siempre evocaba el mejor lado de Draco, o eso pensó, hasta que conoció a Ginevra, era ella la que le hacía darse cuenta que había algo más de él, algo más profundo, que no era el típico hombre superficial que sólo quería dinero, fornicar, comer y dormir, había algo más en él, algo que le hacía necesitar, Ginevra Weasley le había hecho darse cuenta de que no importaba cuánto dinero tuviese, cuanto poder, o cuanto miedo pudiese imponer su apellido. Jamás podría tenerla. Ella jamás podría ser la señora Malfoy. Y eso le dolía a Draco.
El restaurant estaba un poco lleno, había un evento al fondo, lo poco que Draco prestó atención, alguien se estaba comprometiendo, pobre idiota, pensó, pero avanzó sin más con paso decidido hasta la mesa donde se encontraba su amiga y su falsa esposa.
—Se ha desocupado antes, mi señor –sonrió Ginny.
—Sí, tengo que admitir que tengo esta necesidad de no dejarle sola por mucho tiempo, temor de que alguien pueda robarla, posiblemente –sonrió y la sujetó de la mano.
—Pero querido, no puedes perder lo que ya es tuyo –sonrió Demelza delicadamente –es tu esposa, así ella quiera huir de ti, estas leyes machistas lo impedirán, la atarán a tus tobillos y le impedirán alejarse.
—Cierto, pero agradezco que algo la retenga conmigo, si no es amor, al menos la ley –se encogió de hombros Draco haciendo sonreír a la pelirroja.
—Patético, pero tontamente romántico –se burló Demelza.
—Ella no dice nada, como si quisiera correr lejos de mí en cuanto me dé la vuelta o me distraiga un poco.
—Bueno, no he dicho nada para no arruinar las cosas –admitió Ginny.
—No hay mucho que pueda arruinar –la animó haciendo que se sonrojara.
La mayoría de los presentes les observaron de mala manera cuando los atendieron primero, pero con la sola presencia de Draco, no había nada que no les hicieran o dieran, les preferían sin importar qué, cosa que incomodaba a Ginny, después de todo, estaba acostumbrada a ser tratada como una más, y no le molestaba, ser parte de los menos favorecidos.
La riqueza tenía sus cosas grandiosas, como las comodidades, pero también traía grandes vacíos, sabía que Demelza era su amiga, pero con ese poco tiempo viviendo ahí, siendo tratada como una Malfoy y no una Weasley, le hacía sentirse vacía, sola, rodeada de lujos y comodidades, pero entre sombras pretendiendo ser amables.
Ni siquiera podía estar con él, pensó, de todas las formas en las que podría estar con él, de la forma en la que deseaba no era una de ellas, no iba a ser nunca la señora Malfoy, aunque él fingiera que deseaba que lo fuera, que hombre con el poder y el dinero, se quedaría con ella.
—Todo bien –preguntó Draco cuando la pelirroja dejó los cubiertos.
—No tengo mucho apetito –musitó, las telarañas en su cabeza la estaban afectando demasiado para su gusto.
—Si no te gustó, puedes decirlo, haré que despidan al chef –se estiró para sostener su mano.
—No es necesario –se soltó, haciéndole fruncir el ceño –es justo lo que no quiero que haga, les esperaré afuera, mis sinceras disculpas.
Draco y Demelza se observaron el uno al otro confundidos, ni siquiera la rubia sabía la razón para que su amiga reaccionara de esa forma.
—Discúlpame un momento, Demelza.
Ginny avanzó entre las mesas, escuchando los murmullos, y los descarados «lo ves, estos ricos sólo se lucen y cuando nos han humillado ante lo que su dinero puede y hace, se marchan como sí nada, mientras nosotros tendremos que seguir esperando» se detuvo y volvió hasta la mesa del hombre regordete.
—Mis enteras disculpas, mi señor –hizo una reverencia –no ha sido mi intención que les brincaran.
—Ginevra –carraspeó Draco detrás de ella –quisiera hablar con usted un minuto, mi señora.
La sujetó del brazo y la arrastró fuera del lugar, era la maldita «señora Malfoy» no podía ir por ahí disculpándose con gentuza, tenía que cuidar el prestigio de todo Malfoy.
—No puedes ir disculpándote con la gente por tener mejores posibilidades que ellos.
—Yo soy como ellos –le recordó –y contrario a lo que piensa, no me avergüenzo de ser parte de ellos, mi señor, por el contrario me enorgullece serlo.
—Eres «mi» esposa, tienes que comportarte a la altura de un Malfoy.
—No lo soy, tengo que recordarle, mi señor, y creo que ahora lo veo claro, ni su padre ni el mío permitirían que entre nosotros hubiese un lazo como ese.
—Dudo que tu padre se negará a entregarte a mí, te quiero con o sin dote ¿es difícil de rechazar para un pobre Mercader?
—Creo, sin duda, que pobre Mercader, y todo, pero con más honor y lealtad que todos los suyos juntos, con su permiso, discúlpeme con Demelza.
—Voy a recordarte que eres mi esposa –sonrió –por las leyes, por Dios o por mentiras, pero lo eres, y tienes que comportarte, porque el único que tiene algo que perder soy yo, no usted.
—Soy una pobre chica de dieciséis años, compartiendo el lecho con un hombre que no es y jamás será usted mi esposo ¿quién tiene algo realmente importante que perder?
—Regresaremos al lugar, y comerás, porque tienes que hacerlo, afectará tu salud sí no lo haces, y no quiero que te enfermes.
La pelirroja volvió obligada al lugar, se sentó enfadada y observó por la ventana mientras que su amiga observaba a la pareja recién llegada.
—Tu amiga se ha ido disculpando con todo el lugar porque les han brincado por nuestra culpa –informó.
—Oh cariño, no pensé que eso te fuese a molestar.
—Tal vez para ustedes es lo más común, pero no para mí, a eso le llamó yo una falta de respeto.
—Respeto o no, no ha sido nuestra culpa, en ningún momento he pedido trato preferencial –respondió Draco observándola.
—Mis enteras y sinceras disculpas de todas formas.
—De mí no tienes que preocuparte –admitió Demelza –me he quedado de ver con Harry ¿no les molesta que los deje solos?
—A mí no, a mi bella esposa, posiblemente.
Ginny observó suplicante a Demelza, en otro momento no le importaría, pero en ese preciso momento sí, había cometido un error, no tenía que olvidar que por farsa, era una Malfoy, y tenía que actuar como una de ellos, arrogante, cruel y sin sentimientos.
—La llevaré a mi reunión con Harry –le informó a Draco –y más te vale no hacer escándalo respecto a eso, tendrás la tarde libre, la mayoría de los esposos buscan huir de sus mujeres.
—Yo no –soltó –me gusta pasar tiempo con ella ¿tiene algo de malo?
—Los dos sabemos la respuesta –su mirada fue retadora, pero Draco Malfoy no se dejó intimidar, si a miradas intimidadoras se trataba, él podía ser un campeón mundial –vayámonos, querida Ginevra.
Se pusieron de pie, Ginevra tragó saliva cuando él también y la sujetó de la mano, sus ojos tenían un brillo distinto, se acercó a ella en un suave movimiento; le sonrió y depositó un casto beso en los labios de la pelirroja, que de inmediato sintió sus mejillas arder, él acarició su rostro y la abrazó.
—Espero que tenga una bonita tarde, mi señora –se alejó de ella y observó a Demelza –cuídala.
—Siempre lo hago –contestó seria –vamos.
Les sonrió a los demás mientras salía seguida de Demelza, que sólo observó la actitud amable de su amiga.
—Gracias por no dejarme con él –soltó el aire que había estado conteniendo.
—No te preocupes –le golpeó el hombro suavemente con su abanico –comprendo lo incómodo que puede resultarte todo esto a ti, después de todo eres muy noble y cálida, es un juego diferente y peligroso, Ginny –aceptó –y no hay un día que no me arrepienta de haberte metido en este alboroto.
—Ocurrió algo ¿qué fue? –cuestionó.
—No ha pasado nada, es sólo que… sin duda eres la mejor chica que él pudiese tener, y es una lástima que sea un maldito cobarde que no es capaz de luchar por ti, por eso me odio por ponerte en sus manos.
—Demelza –habló par llamar su atención –te lo diré, estoy en esta situación no sólo por tu mentira, yo ayudé a crearla y acrecentarla, estoy justo en donde mis malas decisiones me han llevado, es culpa de ambas, no sólo tuya.
—Es que el propósito de todo esto ya no es, y eso hace que me sienta mucho más culpable, lo quería para mí, pero ahora en una ciudad como ésta –hizo un mohín –encontré a un hombre tan encantador como tú –sonrió –posiblemente algún loco pensaría que tú y él serían la pareja perfecta.
—Pero tú no –sonrió.
—No es porque mi corazón se acelere cada que lo veo, pero te he visto con Draco, ir de un lugar a otro, la forma en la que se miran, la persona en la que se convierte estando contigo, he visto lo mejor de mi amigo estando contigo, y sin duda si estuviese en mis manos, los casaría, sin importarme más, pero no voy a traerte a este mundo, te lo prometo, no flagelaré tu alma en este mundo frío y pobre, hay una razón por la cual Draco y yo te buscamos, y es porque nos haces mejores personas, porque eres cálida, y haces que nos sintamos normales estando contigo –la abrazó –eres una luz en la oscuridad, una flama enorme y muy roja –señaló su cabello.
—No es el dinero el que los hace así –le informó Ginny un poco dolida –ahí tienes al señor Potter, es una persona agradable y encantadora, a pesar de que tiene dinero.
—Lo sé –se giró y le dedicó una extraña mirada, completamente ajena a Demelza –pero es mejor culpar a alguien o algo, sobre nuestras actitudes, que admitir que simplemente fuimos bendecidos con tanta fortuna porque estamos vacíos por dentro, Ginevra, hay personas como Harry, que podrían perder todo lo económico, y no le importaría, porque es de los pocos que son algo más que su dinero, pocos como él –admitió –y cada determinado tiempo nace alguien así en el mundo de los ricos, y siempre son los rechazados.
—Tú eres una rechazada –intentó animarla.
—Por las razones equivocadas, no porque tenga algo en mí que merezca la pena salvo las ropas lujosas que llevo.
—No digas eso –pidió en tono dulce.
—Lo diré porque es cierto, sin todo lo que nos adorna no somos nada, ni siquiera somos igual a ti y a los tuyos, somos la mierda humana que sólo huele bien porque está podrida en dinero y puede comprar costosos perfumes a los franceses.
El camino en dirección a donde Demelza se encontraría con Harry fue silencioso, Ginny había sido demasiado cruel con su amiga, si bien ellos jamás habían pedido trato preferente, y sabía cómo funcionaban las cosas en ese mundo, lo había visto demasiadas veces como para que la tomaran por sorpresa, su actitud había sido sin duda infantil y tonta, los ricos no tenían la culpa de que todo mundo quisiera quedar bien con ellos para ganarse sus favores, pero sin embargo ella siempre los culpaba a ellos, y no a la gente como ella, que los trataba diferente y se dejaban pisotear.
—Debió ocurrir algo malo para que vengan con esas caras –sonrió Harry.
—No ha sido nada –lo tranquilizó Demelza.
Ginevra observó la forma en la que los ojos de Harry brillaron al ver a la rubia, que le sonrió encantadora, Demelza estaba encantada con él, pero a veces no se lo ponía tan fácil, y ella podía hacer que el más santo perdiera la paciencia, pero hasta el momento, Harry Potter había sido mejor que un santo, soportado los cambios de humor, y las críticas que a cualquier hombre alejarían, sonrió encantada de que al menos Demelza encontrara a un hombre digno de ella, y no se conformara con el más rico sólo porque su padre la obligó a contraer nupcias ya que no se decidía por ningún partido.
—Insisto, mis señoras –las observó y se alisó el chaleco –están muy serias, y de la señora Malfoy puedo entenderlo, pero no de ti –acarició los nudillos de la chica que le sonrió dulce –hoy estás tranquila, y aunque me encanta, extraño la espontaneidad de tus comentarios agresivos y vivaces.
—No nos gustó la comida, es todo –insistió Demelza –me pongo de malas cuando no me alimentan bien, puedo ser una chica y fingir delicadeza, pero soy peor que un pirata comiendo –rió.
—Puedo imaginarlo, incluso podrías ser su capitana.
—Me agrada saber cuánto aprecio siente por mí, mi señor –bromeó.
Harry se dedicó a hablar con la pelirroja ya que Demelza se aisló un poco en su propio mundo, observando el paisaje, Ginny se encogió de hombros cuando le miró cuestionándola, las acompañó hasta la casa de campo de los Greengrass cuando el sol comenzó a ocultarse.
—Fue una gran tarde –admitió Demelza –muchas gracias por el paseo, a veces es complicado para las mascotas pasear sin su dueño –bromeó.
—Los dejaré despedirse –se disculpó y entró a la casa.
—Ya se ha ido, puedes decirme que ha pasado entre ustedes.
—No ha pasado nada, salvo que con esta mentira –le recordó –a veces me cuesta recordar que ella siempre ha sido demasiado honesta, sus padres a diferencia de los míos, siempre le enseñaron a decir la verdad, lo que para mí es normal y correcto callar, para ella es una falta de respeto.
—Bueno, es normal, para ellos es más fácil que para nosotros vivir diciendo verdades.
—Quisiera poder ser así –observó a Harry –poder decir lo que pienso sin que se escandalicen, sin que me llamen mujerzuela sólo por querer ser yo, sin que los demás me digan cómo vivir mi vida.
—Puedes hacerlo –le animó.
—Cualquier hombre en sus cabales huiría de mí.
—Yo no –se acercó a ella –ya te lo he dicho, me encantan tus comentarios ácidos llenos de verdad oculta en bromas, quiero una mujer libre junto a mí, que sea capaz de decirme en qué estoy fallando en lugar de bajar la cabeza y aceptar las cosas porque se supone que tiene que aceptarlas. Yo, Demelza, sin duda no podría huir de ti, ni aunque pusiera todo mi esfuerzo.
—Claramente dije un hombre en sus cabales, Potter, tú no tienes todos los cabales bien colocados, o huirías –sonrió.
—Tal vez estoy cansado de pretender sólo porque soy un hombre que puedo solucionarlo todo, que mientras esté nada faltara y todo estará bien –la observó –siempre esperé poder encontrar una mujer con la cual pueda derrumbarme y llorar, o reír hasta llorar de felicidad, y creo que eres esa mujer.
—Yo no soy esa mujer –negó ella –deberías buscar a alguien como Ginevra, tú podrías casarte con ella porque sabes que lo que pasa aquí es mentira y…
—Demelza –la reprendió.
—Harry, yo no soy lo que pides, si te viese llorando me reiría de ti y te levantaría de un fuerte jalón, pero jamás te dejaría caer –aceptó –y ella, Ginevra no sólo te dejaría llorar, ella lloraría contigo, secaría tus lágrimas y después, ambos se levantarían, irían a la par, iguales, y yo… yo no.
—Sé que es una mujer adorable y bastante hermosa, pero no es la mujer que quiero para mí, Demelza, sé que a pesar de que ella es demasiado seria y hermética en el fondo es igual de liberal y soñadora que tú, de lo contrario, hubiese huido de ti, ella tampoco tiene cabales –sonrió.
—Soy una mujer llena de inseguridades –confesó –en toda mi vida, mi madre me ha dicho que lo único mío que vale la pena es mi virginidad –lo observó –y ya no la tengo –se burló –no hay nada valioso…
—Bueno, yo no soy virgen, creo que no tengo nada valioso en mí tampoco.
—Sabes a lo que me refiero, Potter, tu eres hombre, mientras más mujeres tengas en la cama, en tu lista, más hombre te vuelves, y yo, si no tuviese el dinero de mi padre respaldándome, sería una mujerzuela, una cualquiera a la que su familia la echó a la calle por deshonrar el apellido de la familia, no quiero que eso le pase a Ginny, por eso te lo pido.
—Yo te quiero a ti –habló –sólo dígame si al menos siente algo por mí y no me haga tener esta tonta ilusión de no ser así, porque al final de todo, tengo la esperanza de poder conquistarla, dígame, mi señora ¿Tengo una oportunidad de conquistarle?
—Lo escogí a usted sí, a usted, porque me di cuenta que encontró mi punto débil… y fue el único que encontró la forma de calmar esta alma indomable. Lo escogí porque me di cuenta que valía la pena, valía los riesgos, valía la vida.
—Entonces deje de insistirme que vaya a otra dirección, porque está frente a mí –se acercó un poco más y acunó el rostro de la chica entre sus manos –le amo a usted, Demelza Robins, feminista, liberal, loca y con telarañas, entera o rota ¿quién soy yo para juzgar su pasado cuando el mío propio es un desastre? –Negó –cuando un hombre encuentra a la mujer de su vida, tiene que jugarse el todo por el nada, pídame lo que sea, incluso la luna y se la daré –aseguró.
—Es usted un tonto, la luna jamás podría bajar de donde está.
—Bueno, eso es lo que usted cree, además, no le he dicho que esa luna, simplemente cualquier luna –acercó su rostro y sin más espera la besó, porque sin duda deseaba probar sus labios y saber qué tan dulces eran.
—oOo—
Ginevra observó a Draco, que estaba esperándola en la sala, se acarició el brazo, había pospuesto la charla, pero al final la tendrían, lo sabía, lo había visto enfadado, no con ella, pero sin duda sabía lo aterrador que podía lucir enfadado; y se reprimía a sí misma, porque sabía que en cuanto levantara la voz o intentara zarandearla, ella no lo permitiría; podía ser amable y dulce, como todos decían, pero no iba a dejar que nadie la maltratara; eso era lo que su hermano Charlie siempre le había dicho, incluso le había enseñado en donde golpear a un hombre si era necesario para huir.
—Vayamos al despacho, mi señora, necesito hablar con usted.
—De acuerdo.
Draco la siguió y cerró la puerta detrás de él, se recargó en la madera fina y pulida y suspiró, observando el techo un instante, dejándola confundida y encerrada; si se quedaba ahí, no podría escapar.
—Comprendo que huyeras de mí esta tarde –comenzó y se quitó de la puerta –voy a quitarme de ahí –señaló –y pido que no te marches hasta que terminemos la charla.
—Yo…
—Estoy dispuesto a hacer lo que me pida después de eso –admitió.
—Bien –bajó la vista y después de un largo suspiro lo observó.
—Necesito que comprenda que la reputación de mi familia es algo delicado, también sé que no estamos casados, que ambos nos estamos haciendo un favor al mantener la farsa por Demelza, que es lo único que ambos tenemos en común al parecer –Ginny asintió –comprendo también que esto es algo completamente nuevo para usted, y que a diferencia de mí y de los míos, usted tiene un bello corazón que late en su pecho, yo no –aceptó sentándose en el escritorio y sonriendo –soy frío, distante y mi pasatiempo favorito es burlarme de los demás por la posición privilegiada que poseo.
—Eso es espantoso –soltó.
—Soy un monstruo vacío, carezco de sentido común, digo lo que quiero sin importar que sea grosero porque sé que nadie me dirá nada gracias a mi apellido y al dinero de mi padre, pero mi señora, ya se lo he dicho, ésta no es mi familia, es la de mi padre, y si queremos que esta mentira termine bien y pronto, no tenemos que hacer lo que usted hizo, porque mi tío está en este pueblo, y cualquier chisme, él irá directamente a la cámara de Lores y avisará a mi padre.
—Lo comprendo –aceptó –pido una sincera disculpa por mi actitud, pero es difícil pretender que soy parte de algo que no soy, espero que me comprenda en eso.
—No le estoy pidiendo que deje de ser usted, después de todo, usted me encanta tal y como es –aceptó haciendo que las mejillas de Ginny se enrojecieran –es usted fascinante –sonrió y se relamió los labios –si fuese viable, sin duda haría de esto algo real, aunque usted no posea ni dote ni tierras ni título.
—Ambos sabemos que eso no pasaría jamás –aceptó ella.
—Si mi padre fuese tan sólo un poco flexible y yo menos obediente, sin duda lo sería, Ginevra –se levantó del escritorio y fue hasta ella –no dude que cuando esté en el altar, sin duda estaré deseando que sea usted, aun en el último momento, desearé que algo ocurra y me impida casarme con alguien que no sea usted.
El corazón de la chica latió aprisa cuando sintió los labios del hombre sobre los suyos, moviéndose lentamente y suavemente, la boca de Draco Malfoy era dulce, en comparación a lo amargo que a veces hablaba; sus manos rodearon su cuello, mientras él la sujetaba de la cintura.
—Dímelo –pidió a centímetros de su boca –dímelo, que si reúno valor, escaparías conmigo.
—Lo haría –pasó su dedo pulgar por los labios suaves –escaparía con usted sin pensármelo dos veces, pero no funcionaría. Porque no soy capaz de pedirle que renuncie a todo lo que es usted, por seguir a nadie.
—Eres más de lo que piensas, Ginevra, eres capaz de darle alma al monstruo –volvió a besarla –siempre estaré pendiente de ti –le prometió.
La chica se refugió en el pecho de su esposo, mientras él acariciaba su espalda, levantó el rostro una vez más para besarlo.
—Perdón, no era mi intención interrumpir, pensé que estaba solo, mi señor –gruñó Astoria dedicándoles una mirada furiosa.
—Nunca estoy solo –le sonrió a Ginny –ella siempre va conmigo a todos lados, en mi mente.
—Es un tanto repugnante, tomando en cuenta lo que hemos hecho en este mismo lugar –se burló.
—Estaré en la habitación, con permiso.
Draco observó a la mujer restante, que tenía una mueca victoriosa en la cara, estaba rogando que cuando volvieran a Londres, su padre no le pidiera que se casara con Astoria Greengrass, cualquier mujer, menos esa, pidió internamente.
—Veo que te es muy placentero gritar a los cuatro vientos que eres una ramera –bramó.
—Puedo gritarlo en el pueblo, que he sido tu ramera –sonrió y caminó hasta él –dime Draco ¿qué tiene Ginevra que no tenga yo?
—Aparte de dignidad, está claro ¿verdad?
—Es una puritana –se encogió de hombros –puedo jurar que no es tan divertido coger con ella, dime ¿te pide que sea a oscuras? ¿Te ha visto desnudo como yo? ¿Te la ha mamado? –rió a carcajadas –es obvio que no, sólo te deja metérselo porque es su obligación como esposa, pero no porque le guste, Draco, vamos –lo jaló hasta ella –sé que gozaré más que ella al tenerte dentro de mí –besó la línea de la mandíbula del hombre.
—Voy a decírtelo esta vez, y no quiero tener que repetirlo –se alejó de ella y sus ojos grises fueron fríos, como un témpano –lo que te permití hacer fue un error, antes de tu moral distraída, eres una mujer, lo que hice contigo fue por enfado y venganza para con ella, pero no porque signifiques algo para mí, supongo que podrás encontrar a alguien digno de ti, Astoria, pero deberías comenzar a darte tu lugar y así, posiblemente, sean los hombres los que te rueguen y no al revés, eres bonita, posiblemente si quitas todas esas capas de fastidio, puedas tener a mi esposa de amiga, incluso a tu propia prima, no sé qué es lo que quieres ocultar o lo que esperas del mundo, pero tu actitud no te llevará a él.
Salió del lugar dejando a la chica enfadada, ya que escuchó como las cosas que habían estado en el escritorio cayeron al piso, se detuvo cuando vio a Demelza observando el cielo nocturno, así que tomó un abrigo del perchero y salió.
—Está serenando, tonta –la reprendió con una sonrisa mientras le ponía el abrigo sobre los hombros.
—Lo sé, es sólo que después de que Harry se fue, no quise entrar.
—Tuvieron una mala charla después del restaurant ¿Cierto?
—Bastante honesta y cruel –aceptó –no la culpo por tener la razón, simplemente que es difícil escuchar lo vacía que estás por la persona que te hace sentir un poco como un ser humano y no como una muñeca frívola.
—Quisiera echarla a mi hombro y huir con ella –aceptó observando a su amiga –pero ambos sabemos que eso no es posible.
—Claro que es posible, sólo ve y dile a tu padre que la quieres a ella y listo.
—El tío Lestrange está aquí –le informó, la rubia se giró a observarlo completamente asombrada –me dijo que tenía que volver a Londres pronto, y sin ella, o terminará en el mismo lugar donde terminan los problemas de Lucius Malfoy –negó –ambos sabemos que no puedo llevarla a Londres y decirle a mi padre que es la mujer que quiero para compartir mi vida ¿cierto?
—Tu tío es un maldito –aceptó.
—Ambos sabemos dónde terminó el problema de tu madre con Lupin ¿cierto? –negó enfadado.
—Lestrange es bueno quitando problemas –gruñó –somos las peores personas del mundo, no me sorprende porque Ginny se siente asqueada de mí –negó.
—Bueno, ella sólo carece de dinero, Demelza, nosotros carecemos de humanidad desde el momento en que nacemos –aceptó negando –y por si las dudas, tienes un poco, te la arrancan de la peor manera, lo sabes.
—Él ya está muerto –lo reconfortó abrazándolo.
—Revive cada noche para atormentarme en mis sueños, y lo sabes –observó a otro lado, esquivando la mirada de su amiga –no importa cuántos años pasen, Dem, él me persigue, cada que veo a Ginny… lo escucho susurrándome al oído como siempre lo hacía, y en vez de sonreírle, y decirle lo que provoca en mí, me cierro, como una ostra y huyo tan rápido, porque temo que él aparezca frente a mí y me recuerde como tengo que actuar.
—Ya no puede hacerte más daño.
—Pues lo hace –bramó.
—No, tú dejas que su maldito fantasma vuelva a perturbarte, pero está muerto, y los dos lo sabemos.
—Bueno, las personas se mantienen vivas en los recuerdos, y se vuelven inmortales cuando se les evoca en los malos recuerdos, eso pasa, no murió tan pronto como todos queríamos, y aunque escapé de ese destino, verle la cara era algo que me aterraba por completo, y lo sabes mejor que nadie.
—Si te deja tranquilo, le odio tanto como tú, por ser tan cruel contigo, mi madre al menos es una perra, pero no fue capaz de algo así, sólo mandó eliminar mi problema desde raíz, pero sólo eso –río dolida.
—No sé qué estemos pagando, pero tú al menos puedes tener al hombre que amas, ni creas que no sé qué estás loca por Potter.
—Estoy intentando convencerlo de que rescate a Ginevra del lío en el que le he metido, cuando tú digas que no eres su esposo y que jamás lo serías, la catástrofe caerá sobre sus hombros y los de su familia, Harry es el único que sabe que ella jamás ha yacido contigo porque… no han… ya sabes.
—No, y no es que yo no lo desee, pero comprendo que no puedo, aparte de que no puedo forzarla como lo haría con una chica normal, no sólo por ser tu amiga, sino por ser ella, estoy seguro que hace unos minutos cuando me observó, estaba calculando sus posibilidades de noquearme y huir –río –Demelza ¿por qué elegiste a una chica tan hermosa y adorable para hacerla pasar por mi esposa? Sería más fácil si hubiese sido espantosa y desagradable.
—Bueno, es la única chica que sabía que no te robaría de mi lado, y no porque no se enamorara de ti, sino por su lealtad a nuestra amistad.
—Es asombrosa, si mi padre fuese otra cosa, sin duda la llevaría a la iglesia y contraería nupcias en este mismo momento con ella.
—Lo sé, pero por desgracia, tu padre es peor que satanás, por eso mismo satanás se recluyó en el infierno –bromeó la rubia.
—No puedo negar a eso –aceptó.
Draco subió hasta su habitación, la chica ya estaba dormida, se había quedado hasta tarde platicando con Demelza y después se quedó solo observando el cielo estrellado, calmando su propia miseria, se desvistió en silencio para no despertarla.
—Estaba con ella ¿cierto? –la voz suave de Ginny lo asustó.
—Si te refieres a Astoria, la respuesta es no, estuve charlando con Demelza un rato, puede preguntarle, mi señora.
—De cualquier forma, no es mi asunto –se giró.
Draco sonrió, se metió a la cama y se pegó al cuerpo de ella, se estremeció ante la calidez de su cuerpo contra el de él, pegó sus labios a la mejilla pálida y un poco pecosa.
—Mis sinceras disculpas por recurrir a Astoria para lastimarte –confesó honesto –pero ya lo he dicho, soy un monstruo, y me es complicado con usted, porque no es como ninguna de las mujeres que he conocido, sin duda, usted es la única que me ha importado realmente y que me importa.
Ella se giró hasta él, acarició su rostro en un gesto cariñoso y cálido, besó los párpados de él para después besar sus labios.
—Sabe que es imposible ¿verdad? –Le miró triste –ya lo he dicho, usted es sin duda mi perdición, ya ha robado mi corazón, pero no puedo permitirle que arrebate todo de mí, porque sólo muerta me arrancarían de su lado –lo besó.
