Disclaimers: Los personajes deHarry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Adivinen quien ha vuelto, así es, primero que nada, quiero pedirles una enorme disculpa por demorar un año cuatro días en actualizar esta historia, pero... tal y como lo prometí, que así pasaran tres meses, volvería, no dejé en ningún momento el fic, por el contrario, todos los días me torturaba porque no podía continuarlo, las ideas no salían por más que quisiera, y realmente no quería escribir cualquier cosa, ya sabía que pasaría, como pasaría y en qué momento, pero el proceso de llegar a todo eso era lo que me mantenía en Hiatus, y mil disculpas por ello, sé lo molesto que puede llegar a ser la espera de tu fic favorito (uno de mis fics favoritos duró dos años y meses en hiatus) así que los comprendo, bueno, tienen que saber, que según mis cálculos, terminaré de publicar este fic el 31 de Diciembre (si todo sale bien) sólo restan ocho capítulos más el epílogo, espero que sea de su agrado el capítulo, y que tanta espera, valiera la pena.

Muchas gracias por el apoyo que me han estado brindando durante todo el tiempo que mantuve el fic en Hiatus, Camel, quiero en especial, dedicarte este capítulo, porque a pesar de la desesperanza, bueno, la espera terminó, iba a actualizar el pasado 2 de Diciembre, justo en el aniversario luctuoso, como bien lo dijiste, pero quería terminar de escribirlo, para no tener más desesperanzas y más hiatus entre capítulo y capítulo, así que quiero que sepan, que por problemas de contenido no me detendré, el fic está a punto de ser terminado, por eso y porque mi meta es el 31 de Diciembre darle fin a la historia, he decidido actualizar, muchas gracias por el apoyo, y ojalá te guste.

Muchas gracias por sus favoritos, sus follows, sus reviews a lo largo de este tiempo, no saben lo afortunada que me siento por todo su apoyo.

Atte:

Muffliat0.


Capítulo 11: Algo Llamado Amor.

La sonrisa apareció de inmediato iluminando el rostro del rubio, escucharla decir eso provocaba una sensación extraña, que le inundaba el pecho y quería ahogarlo, no de una manera aterradora, sino todo lo contrario, quería dejarse ahogar en ese sentimiento, Ginevra estaba volviéndolo indefenso, corría a sus brazos cada vez más, de forma inconsciente, y eso sólo significaba que estaba realmente enamorado.

—Créame –acaricio su rostro suavemente –no necesito tenerla de esa manera para no querer separarme de usted en ningún momento.

—Tenemos que mantenernos en este camino, no podemos desviarnos, mi señor, de hacerlo...

—Se nos iría la vida al separarnos, lo sé –escondió el rostro en el pecho cálido de la chica –déjeme estar entre sus brazos de todas las formas sanas que existan –ella sonrió y beso la coronilla del rubio.

—Duerma, es mejor dormir.

Draco se fue perdiendo en el suave confort que los brazos de Ginevra y el cansancio le daban, desvaneciéndose lentamente en un profundo sueño.

—oOo—

Draco estaba recargado en el respaldo de la silla en el despacho del señor Greengrass, no podía quitarse de la mente la confesión de Ginevra, su corazón se aceleraba de manera frenética, de tal forma que le hacía sentirse extraño, ajeno a sí mismo, era la primera vez que sentía algo como eso Usted sin duda es mi perdición.

Observó a todas las mujeres, estaban en sus propios asuntos, así que se acercó a la única que le importaba, sentándose junto a ella, sujetando su mano para besar su dorso, otorgándole una sonrisa ladina, ocasionando un ligero sonrojo.

—Que hermoso –se mofó Astoria –La Belle et la Bête, sin duda la mejor representación –rió.

—La Bella y la Bestia –tradujo Draco para Ginny.

— ¿Es acaso que no sabe francés? –entrecerró los ojos.

—Bueno… -comenzó a titubear la joven pelirroja, observó a la mujer y después a "su esposo", que negó de tal forma que se relajó, dejando la explicación en el aire y a la mujer enfadada.

—Francés –se burló Demelza –odio el Francés, tal vez por eso fingí aprenderlo, sólo lo necesario, claro.

—Es uno de mis idiomas favoritos –admitió Draco.

—Es una lástima que tu esposa no te hable al oído en francés ¿no? –sonrió con cierto triunfo la chica.

—No necesito que me hable en francés, para ser honesto.

—Sí, lo supongo –le dedicó una mirada extraña a la pelirroja, que no supo distinguir, pero algo en ella se revolvió, si Astoria se lo proponía, podría enterarse de todo.

— ¿Quiere venir al pueblo conmigo, mi señora? –sonrió.

—No, creo que me apetece quedarme aquí.

—A mí me encantaría ir al pueblo –se removió feliz la morena.

—Mis disculpas, tengo que ir a ver a mi tío, y quería llevar a mi esposa, será mejor que vaya con alguien más, porque yo no puedo… llevarle –se puso de pie.

—Lo acompaño, mi señor.

—Desde luego –extendió su brazo y la ayudó a levantarse.

Caminaron lentamente, Draco observó a la chica junto a él, tenía una sonrisa bonita, en lugar de molestarse, sonrió, esa mujer sí que tenía una extraña influencia en él.

— ¿Me dirá de que se ríe? –la observó detalladamente.

—No me río de nada –se defendió.

—Sea honesta –elevó una ceja en expectativa de sus palabras.

—Es sólo que… no sé cómo es que la gente ha creído todo esto, ya que soy una tonta ignorante.

—No es tonta, ni es ignorante –frunció el ceño enfadado –usted es mía –la sujetó de la mejilla –y eso, es todo lo que importa ¿bien?

—Dígame ¿usted es mío? –él sonrió por el cuestionamiento.

—Eso depende –acercó su rostro al de ella –completamente de usted, si realmente quiere que lo sea.

—Algo me dice que se está mofando de mí.

—Oh no, no, no, para nada –sonrió.

—Sí, lo está haciendo.

—Sólo dígame ¿Qué tanto quiere que sea suyo?

—No quiero que sea mío, sino que sea suyo.

—Si soy mío, significa que puedo ser suyo ¿no es así? –sonrió animado.

—No importa lo mucho que lo quiera –admitió –sabemos que no podemos ¿no es cierto?

—Gusta de romper mis ilusiones, pero se lo diré, no importa cuán lejos estemos, la mujer que siempre querré será usted, y nadie más que usted, la que deseo esté junto a mí.

—En otra vida, tal vez.

Draco sonrió mientras negaba, iba a alejarse, pero la besó, era todo lo que podía tener de ella, sus besos, por mucho que quisiera tenerla completa para él.

—Tengo que irme, pero sin duda, extráñeme –pidió.

—Lo haré, siempre mi señor, siempre lo hago.

—oOo—

Draco observó a su tío, Rodolphus Lestrange que escribía tranquilamente, sin prestar atención a lo que él decía, normalmente, las personas no lo ignoraban, pero el idiota frente a él, era de su familia, así que se sentía demasiado bueno, más que él, como para hacerlo.

— ¿Entonces? –cuestionó.

—Quieres a esa chica, esa sirvienta para ser la señora Malfoy –lo observó –dime ¿ya te acostaste con ella?

—No, y no lo haré.

—Bien, porque eso no va a pasar, a menos que la quieras para que sea tu amante.

—Eso no pasará, a ella la quiero para que sea mi mujer, no mi amante, si ella no es la Señora Malfoy, no será otra cosa –bufó.

—Entonces, deja de quitarme el tiempo, tu padre jamás lo permitirá, ella es muy osada para mandarte a pedirlo.

—Ella no sabe nada.

—Pues mejor, así no se romperá su corazón –sonrió burlón.

—Estoy hablando en serio, tengo que encontrar una forma para estar con ella.

—Confórmate con tenerla de amante.

—Y sí… me casara con ella en secreto ¿hay forma de que mi padre acepte eso?

Rodolphus Lestrange dejó todo lo que estaba haciendo, recargando los brazos en su escritorio, mientras le otorgaba una mirada incierta a su sobrino, no entendía porque tanta insistencia por la pelirroja.

—Dígame Draco ¿ama a esa mujer?

—Eso no importa, lo que importa es que por mis mentiras, ella no podrá encontrar un esposo, no ha yacido conmigo, pero hemos dormido en la misma habitación, en el mismo lecho ¿crees que alguien le crea que no pasó nada?

—Bien –suspiró –considera esto como un favor, volviendo a Londres, tendrás que decirle a tu padre lo que hiciste –el rostro de Draco fue una mueca de clara sorpresa –a cambio, le conseguiré un esposo a tu sirvienta, uno digno.

—No sé porque decirle a mi padre…

—Más vale tener todo cubierto, y no quiero que tu padre desconozca de esto, será más fácil si los chismes le llegan poco después, se pondrá furioso, y sabes lo mucho que tu padre adora deshacerse de todo lo que pueda manchar el buen apellido Malfoy, y quítate esa idea de casarte con ella a escondidas, si la amas, no la meterás a esto, dime ¿qué tanto quieres que su cuerpo aparezca por el río bocabajo?

—No lo haré, no me casaré con ella, si eso te deja más tranquilo.

—A mí no me digas lo que crees que quiero oír –se puso de pie –porque a mí no me interesa de que burdel sacaras a tu futura esposa, pero algo tiene que tener, aparte de un buen dote –se inclinó hasta su sobrino –un buen apellido, te lo diré así, a tu padre no le importaría que tan pobre es la mujer si tiene el mejor apellido de Inglaterra, todo, absolutamente todo, va en el apellido.

—Sabes a quién intenta que me case –observó a su tío sonreír.

—Por el momento, está interesado en cumplir el trato que hizo contigo, pero si te tardas demasiado, créeme, te casará con la primera cortesana que se le cruce en el camino a la Cámara de Lores.

—No lo dudo un segundo.

—oOo—

Demelza sonrió encantada en cuanto vio a Harry, sin duda no podía creer cuanto habían cambiado las cosas entre ellos, anteriormente, ese hombre de cabellos rebeldes y ojos color esmeralda realmente no le agradaba del todo; pero ahora, su corazón se aceleraba de una forma, que a veces, creía que saldría de su lugar.

—Mi señora –saludó el hombre, tomando la mano de la rubia y pegando sus labios a los nudillos flacuchos de ésta.

—Mi señor –sonrió, su corazón latiendo desbocado.

—Espero que se alegre de verme.

—Por supuesto que me alegro de verlo –admitió, con una sonrisa traviesa.

— ¿En serio? –interrogó, en un tono alegre y entusiasta.

—Sí, verá, últimamente, me he sentido un poco extraña; y usted es el único médico por aquí, así que sí, me alegro de verlo.

—Oh –sonrió apenado –por un momento, pensé que mi visita le agradaba, pero no al respecto de mi profesión, pero siendo así ¿en qué puedo ayudarla?

—Pues –hizo una pausa, mientras jugaba un poco con su chalina –es el pecho, creo que mi corazón está dando problemas –hizo un mohín.

— ¿Problemas? –Interrogó preocupado -¿qué siente?

—Una fuerte agitación, sobretodo, cuando lo veo.

La mirada de Harry se dirigió hasta la de ella, quería ver si se estaba mofando de su ingenuidad, pero si lo hacía, no había señales de ello.

—Bueno, mi señora, mi diagnostico al respecto es rotundo, está usted absoluta y profundamente, enamorada de mí.

— ¿En serio? –Sonrió –rotundo, no hay medicamento para ello ¿o sí?

—Desde luego que lo hay, hay tratamiento, pero me temo que su enfermedad es perpetua.

— ¿Me lo jura? –sonrió.

—En realidad, lo deseo con el alma, que jamás se cure de ese mal que siente por mí, que yo no voy a curarme del mal que siento por usted.

La mujer sonrió, feliz de escuchar que a pesar del mal trato que le había dado en un inicio, él seguía sintiendo eso por ella, sin duda su trato cambiaría, pero no tanto, o no sería ella misma, y Demelza Robins, no quería un amor que le suprimiera, todo lo contrario, quería un hombre que la dejara ser ella, del mismo modo, que ella le aceptaría, ser suya, sin pertenecerle como una propiedad, y él siendo de ella, sin atarlo.

—He pensado, muy seriamente en ir a hablar con su padre a Londres –admitió.

—No podemos volver hasta solucionar el asunto de Ginevra, así que su charla con mi padre, tendrá que esperar.

—Supongo que tiene razón, perdón por mi desesperación.

—Si lleva tanta prisa, me hará dudar de que sus intenciones sean honestas, mi señor –sonrió divertida.

Harry y Demelza caminaron por el jardín de la casa de campo, hablando de los planes que tenía Draco para solucionar todo eso, siendo el siniestro Rodolphus Lestrange por el momento, la única esperanza para lavar el buen nombre de Ginevra.

—Se ve bastante preocupada –informó Harry.

—Lo estoy, cuando vine aquí, tenía claramente detener a mi prima de conquistar al hombre que me interesaba –aceptó y observó el rostro incómodo de Harry –involucre a una buena mujer en mis chismes y mentiras, y no me detuve en la primera, sino que fui haciendo cada vez más grande ésta telaraña.

—La gente sólo sabe que son marido y mujer…

—Le he dicho a mi tío que si Ginevra vino aquí, ha sido porque perdió a su primogénito, que el campo le sentaría bien y le daría tiempo a los dos enamorados de solucionar las cosas.

— ¿Por qué ha dicho eso?

—Para ser honestos –suspiró –ya ni siquiera lo recuerdo, sólo sé que cada que veo a mi prima, me da gusto que no pueda acercarse a él, tal vez no lo parece, pero Draco necesita una buena mujer, no alguien como mi frívola prima.

—Es una lástima que esa buena mujer no pueda estar con él –informó Harry.

—Lo sé, desde luego que lo sé ¿y si se casaran en secreto? –cuestionó esperanzada.

—Bueno, creo que no es la mejor opción, o ya lo habrían hecho ¿no es así, mi señora? –Demelza asintió triste.

—Lucius Malfoy es un hombre al que está bien temerle –aceptó ella.

Siguieron paseando por el lugar, cambiando de tema y regresando al mismo, mientras Harry intentaba tranquilizarla, diciendo que encontrarían la mejor de las formas para solucionar el embrollo que había causado.

—Pero dígame ¿cómo sigue esa niña? –interrogó, haciéndole sonreír.

—Bien, sin contar su nueva condición, las cosas siguen mejorando poco a poco, como tiene que ser.

—Me alegro por ella, pero ¿qué pasará con ésta gente cuando usted decida marchar para Londres?

—Enviaré una carta mañana por la mañana a un buen amigo, para que cubra mi ausencia, le dejaré quedarse en mi casa, así la gente no tendrá que irlo a buscar a otro lado.

— ¿Y las manos de ese amigo suyo son tan capaces como las suyas? –interrogó.

—Es bastante bueno, mejor que yo en muchos aspectos, no creo que él salga huyendo tras una hermosa dama como yo lo he hecho –admitió con una sonrisa.

—Eso no siempre se sabe –comentó Demelza tranquila.

—Tiene usted razón, aun así, siempre quedará un amigo más, soltero, dispuesto a encontrar al amor de su vida en una pequeña ciudad.

—Las pequeñas ciudades son las mejores ¿no lo cree usted? Aquí se encuentran los verdaderos amores –sonrió.

— ¿Lo dice por nosotros? –la sonrisa en la cara de Harry creció.

—No, lo digo por ellos –señaló con la cabeza a la pareja a lo lejos.

—oOo—

Ginevra salió al encuentro de Draco, que había regresado del pueblo, una chica de servicio había sido tan amable para avisarle del arribo del hombre a casa, así que había dejado el bordado sin importar más y había ido a recibirlo.

—Ha regresado antes de lo esperado, mi señor –sonrió, llegando hasta él, para acomodar un poco el atuendo que estaba mal acomodado.

—No tenía más asuntos que tratar, así que he vuelto antes de lo planeado –admitió –me alegro que saliera a recibirme –acercó el rostro hasta el de la joven y unió sus labios en un suave beso.

El rubio dio un paso más, para poder sujetarla de la cintura, mientras que ella colocaba sus manos en el pecho de él, cerrando los ojos dejándose llevar en el beso que le estaba otorgando, olvidando casi por un momento, que todo aquello era una mentira que había iniciado la amiga en común de ellos.

—Esto es lo más romántico que se ha visto en días –bromeó Astoria detrás de ellos.

—Lo siento –musitó la pelirroja, mientras se alejaba de su esposo.

—No se disculpe, mi señora –la tranquilizó Draco, quitándose el guante para poder acariciar la mejilla cálida y sonrosada de la mujer –luce encantadora.

—Usted siempre luce atractivo, mi señor.

—Cursilería –soltó Astoria, regresando al interior de la casa.

— ¿Qué hacía antes de que llegara?

—Bordaba un poco, nada de provecho.

—Bien, tomaré un baño ¿quiere unirse? –sonrió.

—Sabe muy bien que no es correcto, aun así, lo prepararé.

—La servidumbre puede hacerlo ¿lo sabe?

—Sí, pero quiero hacerlo ¿hay algo de malo en eso, mi señor?

—No hay nada de malo en lo que usted quiera –admitió sonriendo.

Entraron a la casa, ella sonriendo alegre ante las palabras, mientras que él inexpresivo, más que nada, porque adentro estarían las mujeres Greengrass, y no le apetecía que vieran ese lado de él.

—Volvió pronto, señor Malfoy –sonrió la mujer mayor.

—Sí, ahora si nos permiten, mi esposa y yo, subiremos a nuestra habitación, si se ocupa algo, toquen antes de entrar, por favor.

—De acuerdo, le hablaremos para…

—No, recibiremos la cena en nuestra habitación –contestó en orden y le indicó el camino a Ginevra, que avanzó sin decir más.

Una orden directa de un Malfoy no podía desobedecerse, no si querías los favores de éstos en un futuro lejano o no, y ya fuera que se ocuparan, o no, los Malfoy eran expertos en usar todo aquello en su favor.

—En seguida regreso –sonrió ella y salió.

Ginevra Weasley preparó el baño para Draco, que estaba en la ventana de la habitación observando hacia el jardín, donde se encontraban Demelza y Potter, suspiró casi inaudiblemente, envidiaba la suerte de su amiga al poder estar con el hombre que ella quería, porque él no podía estar con Ginevra, por mucho que realmente lo deseaba.

—Está listo –informó Ginny.

—En un segundo iré –contestó, viendo un momento más a la feliz pareja.

Ginevra se sentó sobre la cama cuando el rubio desapareció en el baño, tomó uno de los libros que estaban en el buró y comenzó a leerlo, hasta que se dio cuenta de que no había preparado la ropa de Draco, así que cerró el libro, se levantó y buscó entre las gavetas ropa limpia, la mirada sobre su cuello la hizo voltear.

—En un momento… -se quedó muda.

La desnudes de Draco Malfoy la sorprendió demasiado, observó el cabello que goteaba y la piel desnuda de su pecho aún tenía pequeñas gotitas que comenzaban a resbalar hasta el suelo, las mejillas de Ginny se encendieron violentamente, así que desvió la vista cuando llegó hasta la parte sur de él.

—No había ropa limpia –se justificó, yendo hasta ella.

—Lo sé, lo siento, me distraje un poco, mi señor –murmuró nerviosa.

—No se cohíba, sigo siendo yo –susurró en su oído.

—Pero… pero está completamente desnudo –murmuró apenada.

—Me gusta pensar en una forma de solucionar las cosas.

—Yo no…

Los labios del varón se posaron en los de ella, mientras se acercaba un poco más, los ojos de la pelirroja se cerraron instintivamente ante el beso suave que le estaba brindando, llevándola a olvidarse que él estaba completamente desnudo, si alguien los viera en ese momento, posiblemente no creerían que entre ellos no había pasado nada, ninguna clase de intimidad sexual.

—Es usted tan encantadora –admitió separándose un momento de ella, acariciando la suave piel de la mejilla, y haciendo a un lado el cabello rojo, para besar el cuello desnudo y la parte del hombro descubierto.

Él la acercó a su cuerpo, jalándola fuertemente contra sí, con el brazo derecho, mientras incrementaba el beso a uno más apasionado, el corazón de Ginevra se agitó aún más por el atrevimiento, tenía que alejarlo de ella, sabía eso, pero cada vez iba perdiendo más el control de ella misma, quería que él la besara y jamás se detuviera.

—No –susurró agitada, después de un momento en el que creyó que no podría hacerlo, él no opuso resistencia, sabía que no podían hacerlo.

—Esperaré mi ropa limpia adentro, creo que el agua fría de la tina ayudará un poco en éste momento.

Le sonrió cuando abrió los ojos sorprendida y sus mejillas arreboladas, sonrió, lucía encantadora cuando se avergonzaba por algo, así que se alejó de ella, antes de que le fuera imposible respetar su propia palabra y no tocarla de esa forma que deseaba en todo momento, Ginevra Weasley estaba llevándolo al grado de la locura.

Cuando Ginevra entró al baño, él estaba dentro de la tina, le sonrió con el mismo tono rosado en su rostro pecoso y salió después de dejar la ropa limpia.

Estaban recostados en la cama, con ella quedándose dormida sobre su pecho cuando alguien tocó, la sirvienta entró con la charola de la cena, mientras Astoria esperaba en la puerta, viendo la escena con el ceño completamente fruncido al verlos así.

—Alguien volverá por eso más al rato –informó.

—Alguien puede volver por eso por la mañana –informó en tono irritado Draco.

—Como usted guste, mi señor –soltó enfadada y dio media vuelta, la sirvienta hizo una reverencia y salió de la habitación, cerrando suavemente la puerta para no despertar a la pelirroja.

—oOo—

Demelza levantó el rostro cuando Ginevra bajó por la mañana, bostezó cubriéndose el rostro y se sentó en el mismo lugar que siempre, Draco no tardó en bajar, con el ceño menos fruncido que de costumbre, así que observó de uno a otro, esperando una mirada cómplice de haber cometido una estupidez, pero no, todo parecía normal entre ellos esa mañana, igual que todas.

—El señor Potter nos ha invitado a almorzar a su propiedad –informó la rubia sin observarlos directamente.

—Es un bello gesto –sonrió la pelirroja –pero ¿a qué se debe?

—No lo sé, tal vez quiere hacerse amigo del esposo de mi mejor amiga –sonrió.

—Yo no me opongo –soltó Draco tranquilo.

—Entonces no se diga más –soltó tranquila Demelza.

El desayuno transcurrió tranquilo, sin comentarios fuera de lugar por parte de Astoria, asombrando un poco a su prima, ya que desde que habían llegado, no paraba de molestar a la pelirroja, fuera lo que fuera, todos lo agradecieron.

— ¿A dónde va, mi señora? –la sujetó del brazo Draco.

—Bueno, pensaba en preparar unas galletas al señor Potter –contestó tranquilamente.

—Pienso que estaremos siendo invitados en repetidas ocasiones, no lo atosigues con galletas cada una de esas veces –pidió.

—No pensaba llevarlas siempre –contestó confundida.

—Draco tiene razón, no lo acostumbres a tus buenas galletas, después querrá vivir con ustedes –bromeó la rubia.

—De acuerdo –volvió a sentarse junto al rubio.

—oOo—

Draco ayudó a su esposa, a bajar del carruaje, mientras ella se sonrojaba al sentir las manos de él en su cintura, para después, al estar en suelo firme, ser besada por éste, le otorgó una sonrisa traviesa y se hizo a un lado, para entrar a la casa de Potter.

Inmediatamente Demelza sujetó a Ginny y se alejó de los hombres, que de inmediato comenzaron una larga charla de negocios, que a ninguna de las dos les interesaban, así que con gusto se alejaron.

—Se ven muy enamorados los señores Malfoy –bromeó la rubia.

—Basta de bromas –pidió Ginny.

—Lo siento, es que son muy buenos actores en eso de fingir amor –sonrió –casi me la creo, son tan encantadores.

—Creo que tenemos que volver pronto a Londres –pidió Ginny con las mejillas arreboladas de nueva cuenta.

— ¿Ha hecho algo? –soltó enfadada.

—No, no es algo de eso –contestó y suspiró, girándose a observarlo, para sorpresa de las mujeres, él ya observaba en dirección de la pelirroja.

—Entonces ¿qué es?

—No puedo más, me he enamorado –contestó –no sé en qué momento, si su cercanía lo provocó, su buena actuación –soltó desesperada –pero no puedo más, por favor, permíteme volver a mi casa, Demelza.

—Pero Ginny, si volvemos sin solucionar esto…

—No me importa –admitió –jamás hemos yacido de esa forma ¿qué me importa lo que el resto diga? Si yo sé que…

—Ahora lo dices, pero cuando los chismes corran, cuando Astoria lo diga…

—Por eso –suspiró –creo que si le decimos a tu prima lo que ocurrió, ella podría aceptar guardar el secreto, si lo sabe soltero, libre para poder casarse con ella…

—Claro, no le convendría que los demás se enteraran, pero el pueblo entero…

—Eso no importa –repitió nerviosa –Demelza, sólo te pedí una cosa para poder acompañarte, y no lo hiciste, pero te prometo que si no me permites volver a Londres, lo haré yo sola, sin importarme nada.

— ¿Lo amas tanto? –cuestionó con una mirada dolida.

—Dios sabe que sí –aceptó.

Demelza no investigó más, sabía lo mucho que la pelirroja odiaba decir mentiras, y no la creía capaz de ocultarle si Draco la hubiese ultrajado, así que por ese lado se tranquilizó, pero la insistencia de Ginny por volver, la abrumaba, por no poder tener el tiempo suficiente para poder solucionar todo eso que ocasionó.

—Harry me ha dicho que quiere hablar con mi padre sobre comprometernos –informó –supongo que usaremos eso como pretexto.

—No necesitamos ningún pretexto para volver –contestó Ginevra.

—Y lo sé, pero… ¿recuerdas la última vez que se le informó a Draco que volveríamos a Londres y cómo reaccionó? –Sonrió –es por eso que necesitamos una excusa.

La vista de Harry se desvió un momento hacia la rubia que tenía gesto preocupado, no hizo mención de ello, así que siguió con su plática con Draco.

—Esa mujer se está robando mis cabales –informó desesperado.

—Suena a una tortura –sonrió Harry.

— ¿Cuándo ha sido la última vez que ha estado compartiendo el lecho con una mujer sin tener que tocarla? –cuestionó.

—Bueno, eso es debatible…

—Corrijo –soltó irritado el rubio – ¿cuánto es el tiempo que ha soportado estar en la misma cama con una mujer por la que mataría por poseer sin poder tocarla? –Negó –y no por falta de ganas.

—Su situación tiene que ser complicada.

—Jamás pensé que las cosas ocurrirían así, más bien, que me casaría con una mujer que no soportaría, y entraría a mi cama por obligación, negándome a tocarla porque realmente no me interesaría procrear ningún hijo con esa mujer, bien, he sido maldecido y mi situación ha sido completamente diferente, yazco con una mujer que muero por tocar, pero no puedo, por no manchar su honra.

—Vamos a encontrar una forma de solucionar el lío que ha ocasionado Demelza y podremos volver a Londres –lo tranquilizó.

—No voy a culparla por esto, en cuanto puse un pie en esa maldita casa de campo, mi deber como el hombre, el caballero que soy y por la familia a la que pertenezco, desmentirla, debí decir la verdad, que Ginevra no es mi esposa, y regresar a Londres, pero no, me llamó tanto la atención, como su cabello rojo hace contraste con su pálida piel, como sus ojos chocolate brillan, y sus labios finos –gruñó –me estoy comportando como un idiota –observó a Harry, que permanecía impasible –mis disculpas.

—Está enamorado de ella –argumentó –no sólo le desea, sino que está enamorado.

—Bueno, eso es lo que hace todo esto complicado –soltó él.

— ¿Por qué? –interrogó.

—Mi tío me ha dado la solución para salir de aquí y volver a Londres –murmuró –salir bien parado, hacer de ella mi amante, casarla con un buen hombre lejos de Londres.

—No conozco a muchos hombres que aceptarían casarse con la amante de ningún buen señor –admitió Potter.

—Es que la familia Malfoy se encargaría de dar una muy buena recompensa para ese valiente hombre.

—Oh –contestó sorprendido –sí que ha pensado todo, así nadie la conocería en Londres y los de aquí, pensarían que la hiciste pasar por tu esposa, para no crear habladurías, pero sólo era tu amante.

—Soy soltero, aún, así que se les olvidaría cuando decidiera con quien casarme, pero no quiero, ni puedo hacerle eso.

—Porque la ama –repitió Harry asintiendo.