Disclaimers: Los personajes deHarry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Estoy de vuelta con un nuevo capítulo, ¿ya ven que no tardé tanto como pensaron que lo haría? Espero que la historia siga siendo de su agrado, que vaya que me ha costado bastante, así que bueno, ojalá siga siendo de su total agrado, muchas gracias por sus reviews, que vaya que creí que al tardar tanto en actualizar, ya nadie más volvería a comentar xD que sin más que decir, nos leemos el Miércoles ;)
Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.
Capítulo 12: Antes de Partir.
Demelza se acercó de nuevo a Harry, aprovechando que Draco se había acercado a ellas, y sin pudor alguno, había sujetado a la pelirroja y besado, tomando eso como señal para dejarlos solos, pero sin perderlos de vista.
—Realmente siento pena de ellos –murmuró el hombre, observando la escena.
—Ni me lo diga –musitó, dándole la espalda a la pareja al fondo de la habitación –necesitamos pedirte un enorme favor –admitió.
—Lo que sea, puede pedir lo que sea –aceptó él.
—Ginevra me ha dicho que quiere volver a Londres, y si no vuelvo con ella, temo que cometa una locura, como marcharse sola.
— ¿Y en qué necesita mi ayuda? –interrogó.
—La última vez que le comentamos a Draco, sobre volver, se opuso rotundamente, alegando que se hará lo que él diga, por ser el esposo de Ginevra.
—Ya veo –se quedó pensativo.
—Así que retomaré su oferta de ir a Londres, y hablar con mi padre.
—Nos usará como pretexto para que puedan volver, pero ¿han encontrado una solución apropiada?
—A ella ya no le interesa, pensé que Ginevra sería inmune al encanto Malfoy –soltó decepcionada –no es como las demás chicas, pensé que él no le ocasionaría la más mínima cosquilla, sobretodo, porque no tenemos el mismo gusto en hombres.
—El señor Malfoy y yo no podríamos ser más diferentes, mi señora –sonrió.
—Cierto, mi señor, volviendo al tema ¿podría hacernos ese favor?
—Todo depende –sonrió.
— ¿De qué? –interrogó.
—Estando en Londres, ¿podré hablar con su padre realmente? –la rubia sonrió.
—Desde luego, mi señor, su silencio, su favor, tiene que ser recompensado con algo, por muy frívolo que sea, como la pedida de mano –le guiñó un ojo.
—Eso suena maravilloso ¿cuándo pretende marchar allá? –cuestionó.
—Lo antes posible, si no tiene inconveniente.
—Bueno, a decir verdad, tengo un par de pendientes aquí, no me tomarán más de dos semanas –la observó –dígame ¿cree que le resulte inconveniente a Ginevra?
—Supongo que puedo convencerla de esperar dos semanas, pero de ahí, ni un día más soportará si es lo que se le promete.
—Dos semanas y seré todo suyo, para ir a Londres, y pedirle a su padre que me permita casarme con usted.
—Yo, podría hacerlo aquí mismo, de ser necesario, pero mis padres son tan del siglo pasado –los dos rieron.
—Podríamos hacerlo –musitó –casarnos aquí, en una ceremonia secreta, y volver a hacerlo en Londres de manera pública, sólo depende de usted.
—No es tan aburrido como pensé, supongo que está desesperado por yacer conmigo, pero sigue queriendo hacerlo por todas las formas decentes primero –se burló.
—Yo no encuentro nada de malo en eso, permítame darle una boda clandestina, tan usted, y tengamos una correcta, tan de sus padres.
—Me agrada, señor Potter –le sonrió coqueta.
—oOo—
El picnic fue idea de Demelza, y como pareció buena idea, todos la aceptaron, la casa Potter era una de las propiedades más grandes del lugar; así que pudieron tener un rato bastante agradable, bromeando de cualquier cosa, sin preocuparse de fingir nada, dejando por primera vez que Ginevra no tuviera que mentir pretendiendo que lo sabía todo de su "esposo".
La mirada de Demelza estaba fija en Ginny y la forma en la que observaba a Draco, sin perder un solo detalle de él, dejando una vez más en claro que mentir no era lo de ella, le había dicho la verdad sobre sus sentimientos para con Draco; ahora, sólo faltaba saber cuáles eran realmente los sentimientos de él, por la pelirroja, después de todo, lo conocía, sabía que tan encantador y perfecto podía comportarse, hasta que conseguía lo que quería, al final, siempre demostraba, porque era un Malfoy digno del apellido.
—Eso debió ser bastante gracioso –rió Ginny.
—Lo fue, claro que para él, no mucho –admitió Draco, sin quitar la vista de "su esposa".
—Tiene bastantes anécdotas de juventud –admitió Harry.
—Me gusta viajar, por el momento, el único lugar que desconozco, es el nuevo continente.
—Bueno, por alguna razón sigue siendo "El nuevo continente" –bromeó Demelza.
—Cierto, no descarto en ir.
— ¿Por qué no lo ha hecho, mi señor? –interrogó Ginny.
—Mi padre –se encogió de hombros –dice que América, es sinónimo de basurero, que un Malfoy jamás, pero jamás, lo pisará.
—Eso debe ser duro ¿no?
—Un poco, pero lo cierto es que… realmente no hay nada en ese continente que me llame.
—La curiosidad le pide ir allá, al menos una vez.
—Supongo que lo haré, cuando mi padre muera.
Ninguno de los presentes rió, de lo que pretendió sonara como una broma, no quería sonar tan patético delante de Ginevra.
—Éste día está resultando ser maravilloso –comentó Draco, sujetando la cintura de la pelirroja.
—Sí, el clima se ha prestado, y, me ha gustado saber más de usted, mi señor –sonrió.
—Yo no sé mucho de usted, mi señora –argumentó.
—Padre mercader –respondió –seis hermanos mayores, dos en países lejanos, los demás en casa.
— ¿Se dedican? –interrogó.
—Mis hermanos gemelos –contestó alegre por el interés de Draco –son algo así como visionarios, bastante locos –sonrió.
—Los echa de menos ¿no es así?
—Nunca he estado tanto tiempo lejos de casa, así que sí, desde luego que les echo de menos.
— ¿A qué se dedican los demás?
—Bueno, mi hermano Ron, él ayuda a papá con su trabajo, mi hermano Percy, él sueña con tener el puesto más grande en…
—Es hora de volver a la casa, ya casi es la hora del té –interrumpió Demelza.
—En seguida…
—Vamos –la rubia sujetó el brazo de Ginny y se alejaron.
Los varones regresaron en silencio a la casa de Potter, pero las mujeres iban muy alegres, al menos eso parecía, Demelza no paraba de parlotear y Ginevra sonreía o reía divertida, de una forma honesta.
—Este lugar es hermoso –musitó Ginny, observando la terraza donde estaban tomando el té.
—Gracias, fue mi madre, quien lo decoró y todo eso.
—Tiene un gusto hermoso –sonrió la pelirroja.
—No le he preguntado ¿qué ocurrió con sus padres? –interrogó Demelza.
—Enfermaron, y murieron, mi madre después que mi padre –sonrió triste.
—Mis disculpas, mi señor, no era mi intención…
—No se preocupe, mi señora, de todos modos, es algo de dominio público, y tiene que saberlo.
—Es verdad –sonrió.
La mirada de Ginny fue extraña, no sabía mentir, y su rostro era tan fácil de leer como un libro abierto.
—Íbamos a decirlo en la cena –sonrió la rubia –pero… lo adelantaremos, en dos semanas, volveremos a Londres, el señor Potter –lo señaló con un movimiento ligero de cabeza –quiere hablar con mi padre, para casarnos.
— ¿Esta vez no lo rechazarás? –bromeó Draco.
—Claro que no –frunció el ceño.
—Menos mal, pero felicitaciones –sonrió el rubio.
—Gracias –Harry asintió, y Demelza sonrió, dándole una mirada a Ginny, indicándole que en ese tiempo, volverían a Londres.
—Muchas felicidades, en verdad.
Nadie se movió de la terraza el tiempo que duró el sol en el cielo, fue cuando oscureció, que Demelza sugirió entrar a la sala, los demás la siguieron, aunque para Draco, el resto de la tarde había resultado un poco incómoda, le agradaba saber que su amiga por fin había encontrado un hombre capaz de estar a su lado, sin importarle los altibajos, pero él no estaba preparado para regresar a Londres, quería permanecer más tiempo ahí, junto a Ginevra, necesitaba hablar con ella, pedirle que esperara más, a su lado, antes de volver a la ciudad, aunque sabía que no había posibilidades de que Demelza la dejara con él, sola.
—oOo—
Demelza observó a su amigo, mientras ocultaba su sonrisa por la desesperación que desprendía, posiblemente las dos personas ahí no lo notarían, pero ella sí, y le parecía divertido, ver como su amigo sentía que la vida se le iba si no hablaba, posiblemente era una banalidad, pero tal vez no lo era.
— ¿Me permite hablar con usted cinco minutos, mi señor? –sonrió Demelza.
—Desde luego –asintió Harry.
—Discúlpenos un momento –la mirada de la rubia fue hasta su amigo, como una tregua entre ellos.
Harry avanzó hasta el patio, siguiendo a la mujer, se quitó el saco y lo colocó sobre sus hombros, esperando la charla por la cual lo había llevado hasta ahí, sin embargo se quedó callada, observando hasta la negrura de la noche.
—Bueno ¿de qué quería hablar? –interrogó.
—De nada en particular –le sonrió –es sólo que Draco ha estado inquieto, y me contagia su desesperación, así que le he concedido un momento de privacidad.
—De acuerdo pero ¿qué hemos de hacer con ellos? –Interrogó –es bastante tarde como para que regresen a la casa de campo de los Greengrass.
—Tiene mucha servidumbre aquí, no queremos que haya rumores ¿o sí?
—Tiene razón –admitió suspirando –las cosas no se hacen menos complicadas aunque así lo queramos.
—No es cosa de magia, mi señor –rió suavemente.
—A veces lo desearía, solucionaría muchas cosas de la vida diaria.
—Como las enfermedades ¿no es así?
—Bueno, de todas las cosas que pudieron venir a su mente fue algo bueno, sin duda cada día me convenzo más de que es la mujer para mí.
—No sé si es sensatez o idiotez, eso que le convence, pero me alegro que lo haga –admitió con una bonita sonrisa.
—Dígame que es lo que está pensando.
—Estoy pensando, que tal vez si él se lo pide, ella no querrá volver tan pronto a Londres –admitió.
— ¿Por qué no lo haría? Si fue ella misma quien se lo ha pedido antes.
—Es una mujer, está enamorada de un hombre que no puede tener, si él se lo pide, en nombre de lo que siente, ella no va a reusarse, la conozco demasiado bien, es ingenua, noble y fácil de engañar, es por eso que me odio por ponerla en este predicamento –aceptó.
—Sigue firme en eso de que ellos no podrán estar juntos ¿no es así?
—Dígame, mi señor ¿conoció usted al abuelo de Draco? –inquirió.
—Escuché muchas cosas.
—Bueno, si bien Lucius es terco, intolerante y un poco inestable, lo aprendió de su padre, ese hombre era un monstruo, y le enseñó a su hijo, que un miembro de su familia, jamás se involucraría con alguien de menor categoría, sus sirvientes son nobles que han caído en desgracia, así de selectivos son –bufó.
—Sin embargo Draco se ha enamorado de la hija de nadie –Demelza asintió.
—Las personas no podemos elegir de quién vamos a enamorarnos, mi señor –comentó la rubia, bastante pensativa –de ser así, yo me hubiese casado con el primer caballero guapo que pisó el despacho de mi padre, pero no fue así.
—Se enamoró de un viejo que le habló bonito.
—No va a perdonarme eso ¿o sí?
—No tengo que perdonar, es sólo que aún me sigue sorprendiendo el hecho de que un hombre mayor… la enamorara.
—Tienen buenos conocimientos, son mayores, han pasado la adolescencia, saben cómo las chicas de esa edad se sienten, así que es fácil saber que decir, sin embargo… Remus Lupin no sabía que decir, era caballeroso, elocuente, divertido, los dramas adolescentes no eran lo de él, le gustaban las mujeres inteligentes, que no tuvieran miedo de expresar lo que sentían o pensaban.
—Por eso la animó a ser más valiente de lo que supongo ya era.
—Bueno, antes era una malcriada, ahora soy la hija liberal de los Robins –sonrió.
—Él sólo trajo a la luz lo que ya era, y me alegra haberla conocido.
—Lo mismo digo –admitió con una sonrisa –es usted bastante… diferente.
—Mi padre se casó con una mujer indigna, digamos que la historia de amor entre Draco y Ginevra me recuerda a mis padres, claro que a mi padre… no le interesó mucho la opinión pública, se casó con mi madre y fueron un muy feliz matrimonio, hasta que enfermaron y murieron.
—Siento escuchar eso –admitió.
—Es por eso, que me sorprende que Draco no sea capaz de luchar por lo que siente por ella, si es que lo siente realmente.
—La vida familiar de Draco es complicada, mi señor, y no somos nadie para juzgar sus razones para no luchar.
Harry observó a Demelza, que se giró dando por terminada la charla, ella sabía más cosas de las que compartía, y le encantaba la discreción que tenía, porque alguien más, ya hubiese hablado sobre las razones de Draco Malfoy para no luchar por la mujer de la cual se había enamorado.
—Es una lástima que no puedan estar juntos –aceptó ella –lucen encantadores.
—En otra vida, tal vez podrían estarlo.
—Las almas gemelas siempre encuentran la forma de encontrarse –informó la rubia observando a la pareja a través de la ventana –lamentablemente, no siempre se encuentran una a la otra en el momento preciso, a veces es antes de lo previsto, otras veces, muy tarde.
—Dice que el amor de nuestras vidas, no siempre es con quien compartimos nuestra vida ¿no?
—Exactamente, no significa que la persona a nuestro lado no sea amada –lo observó y sonrió.
—Me está diciendo que no soy el hombre de su vida ¿no es cierto?
—Le estoy diciendo, que a pesar de que ellos dos, se encontraron en el momento perfecto, su final no será feliz, sólo uno terminará con el corazón roto, porque por desgracia, uno siempre ama más que el otro.
—Así que Ginevra…
—Yo no hablaba de ella –musitó y caminó rumbo a la puerta, la pareja estaba a punto de besarse cuando ella los interrumpió.
La tensión podía sentirse en el aire cuando Harry entró al lugar, así que prefirió no decir nada, sólo les otorgó una diminuta sonrisa que pedía una disculpa por el mal momento en que habían decidido regresar a la habitación.
—El señor Potter ha sido tan amable de permitirnos quedarnos por ésta noche.
—Muy amable de su parte, no era nuestra intención importunarle en su casa, haciendo que… –contestó la pelirroja completamente sonrojada.
—No se preocupe Ginevra –sonrió mientras negaba –no tiene porqué disculparse, es un lugar grande.
—Además, será una noche que descansarás de la presencia de mi adorada prima.
—Yo no he dicho nada –murmuró Ginny.
—No, porque eres una chica educada, y tu nueva familia –echó una mirada a Draco –es muy estricta con eso ¿cierto?
—Es una Malfoy –se encogió de hombros –sólo es incorrecto lo que nosotros queremos que lo sea.
—Vaya –suspiró y se alejó de ellos.
—oOo—
Ginevra Weasley observó la habitación, completamente sorprendida, sabía por su amiga que los Potter se habían hecho ricos porque uno de sus antepasados había inventado algo, que no recordaba que era, pero les mantenía ricos, los problemas financieros de los Potter habían terminado con la muerte de los parientes, así que el único que quedó, y con una inmensa fortuna, fue Harry Potter.
—Se ha quedado maravillada con tanta simpleza, mi señora –sonrió Malfoy.
—Tal vez para usted sea simpleza, mi señor, pero le aseguro que no para mí.
—Has crecido entre los corredores de la casa Robins, que es mucho más lujoso que esto –le recordó.
—Puede que tenga razón –admitió –pero es algo a lo que nunca me acostumbraré –suspiró.
—Lo mejor será dormir –sugirió el rubio, mientras se comenzaba a desvestir.
La mujer se sonrojó, en recuerdo ante la imagen de él, sin ropa alguna, una extraña sensación viajó por todo su cuerpo, haciendo que se concentrara en el estómago, y el calor de su cuerpo aumentara considerablemente.
—Lo mejor será dormir –admitió en un tenue tono.
—Antes de dormir, dígame algo, ¿se quedaría aquí un tiempo más si se lo pidiera?
—No –admitió –no lo haría, principalmente porque mi padre me ha dejado venir con Demelza, si ella vuelve y yo no –negó –mi padre no me lo perdonaría, yo misma no me lo perdonaría.
—Y si le pidiera que nunca regresáramos –avanzó hasta ella.
—Ambos sabemos que no haría eso, mi señor –Draco sonrió, ella tenía razón.
No pudo pegar el ojo en toda la noche, pensando y calculando su valor, para su desgracia, cinco minutos le habían bastado para juntar todo el que tenía, y sabía que en cuanto Demelza partiera a Londres con Potter, él les seguiría, porque no tenía el carácter que gustaba de presumir, seguía siendo ese mismo mocoso miedoso, que ante la voz firme de su abuelo o su padre, las piernas le temblaban y corría de inmediato, a hacer lo que le ordenaran, porque era lo que se esperaba de él, el siguiente Malfoy en la línea de sucesión, él único.
La mujer se acurrucó contra él, tranquilizándolo un poco, siendo una pequeña porción de valor para él, si la amaba haría lo correcto para ella, porque eso es lo que se hacía cuando se quería a alguien; iba a respetar todos los aspectos de Ginevra a como diera lugar.
—oOo—
Habían pasado unos días desde que habían ido a la gran casa de campo de los Potter, y no habían regresado a la de los Greengrass, más que nada, por la libertad de ser ellos, no sólo de Ginevra, sino de Draco mismo, mientras Potter acudía a sus enfermos, las mujeres pasaban la tarde haciendo cosas de mujeres, mientras él aprovechaba las caballerizas de Potter para montar.
—Estamos siendo un poco… aprovechados con el señor Potter ¿no lo crees? –interrogó Ginny, al ver a Draco cabalgar lejos.
— ¿En qué piensas? –la cuestionó la rubia, al ver que suspiraba.
—Hace una semana que él usa los caballos del señor Potter, se marcha y no vuelve, hasta dentro de horas.
—Cabalgar es uno de los pasatiempos que él más ama ¿Qué es lo que te tortura?
—El pensar que va con ella –admitió observando a otro lado –para obtener todo lo que no puede de mí.
—Sí, puede que yazca con el caballo –contestó Demelza.
—Eso es desagradable –informó con desagrado la pelirroja.
—Él no acude a Astoria, Ginevra, él está para nuestra fortuna o desgracia, enamorado de ti –se observaron un momento –sé lo difícil que se te hace escucharlo, y también sé que no importa lo mucho que lo diga, no voy a solucionarlo y mucho menos podré volver y solucionarlo, pero lo siento, por ocasionarte éste problema.
—Ha sido culpa mía también, dejé que me arrastraras en esa mentira y he contribuido en reforzarla, he yacido con él, no de esa manera –la tranquilizó –pero no es como si el resto del mundo fuese a creerme ¿cierto? –se burló.
—Quiero que sepas que si puedo hacer algo por ayudarte, nunca dudes en acudir a mí, yo te ayudaré en todo lo que necesites, y Harry también lo hará.
—Ya sé que están por comprometerse, pero no deberíamos ser una molestia para él, es su hogar y debe sentirse realmente…
La rubia sonrió y por un momento un ligero rubor apareció en sus mejillas, así que Ginny dedujo que entre ella y Potter, había pasado algo más que un sencillo beso y sujetarse las manos mientras se veían con ojos de borrego a medio morir.
—Ustedes dos han… ¿yacido? –interrogó sorprendida.
—Mejor que eso, mi querida Ginevra, y he aquí otra cosa por la cual debo disculparme, nos hemos escapado, y casado, mi lugar es con mi esposo ¿no es así? Y tu lugar es donde yo esté, para cuidarte de Draco.
— ¡Felicidades! –La abrazó completamente feliz –sin duda todo esto ha valido la pena, has encontrado un buen hombre con quién compartir tu vida…
—Y lo mejor, es que no nos hemos quedado a vestir santos –ambas rieron.
—oOo—
Cuando llegó mediados de la siguiente semana, regresaron a la casa de campo Greengrass, tenían que comenzar con el equipaje para poder marchar de vuelta a Londres, Astoria revoloteo completamente feliz cuando volvió a poner su vista en el rubio, así que el corazón de Ginny se estrujó lleno de felicidad, así que la rubia tenía razón y él no había ido a verla en ningún momento, de lo contrario no estaría muy feliz de verlo otra vez.
—Así que van a volver a Londres –comentó la señora Greengrass.
—Lamentablemente así es –contestó Draco sin quitar la vista de la pelirroja que estaba alejada, charlando con Demelza –Potter y Demelza han decidido marchar con su padre para poder casarse, así que no quieren esperar, y no hay nadie más aquí que les comprenda que yo –se encogió de hombros.
—Comprendo la emoción que se siente al inicio –admitió la mujer –pero los dos sabemos que cuando la novedad de la esposa termina, las cosas parecen perder interés y bueno –señaló, Draco simplemente le otorgó una sonrisa incómoda, era la primera vez que la mujer hacía un comentario como ese, pero no podía culparla, habían pasado meses encerradas en esa propiedad, mientras su esposo estaba de amante en amante.
Ginny apretó las manos de Demelza, en señal de apoyo por toda la felicidad que irradiaba, su rostro y sus ojos brillaban intensamente, no recordaba la última vez que le había visto tan feliz, tal vez desde la noticia de la muerte de Remus Lupin, ella había dejado de ser tan feliz, como en ese momento.
—Bien, iré a guardar las cosas, y a tomar un buen baño, no me he sentido tan cómoda en la casa del señor Potter como pensé que lo haría.
—Posiblemente porque has estado más tiempo aquí.
—Tiene que ser –admitió –nos veremos mañana, descansa.
— ¿No bajarás a cenar? –interrogó.
—No me sentiría cómoda con las miradas que tu prima le lanza –admitió –si él las permitirá o no, es su asunto, pero no estaré presente.
—Tranquila, faltan pocos días –la abrazó –sólo soporta unos cuantos días, sabes que nos hubiésemos ido mucho antes de no ser por los pacientes de Harry.
—Lo sé, no te preocupes por mí, que sé perfectamente cuál es mi lugar.
Le sonrió, pero por primera vez, la sonrisa que su rostro demostraba, dolía, en cuanto ellos se fueran de ahí, Astoria Greengrass podría tenerlo a él, convertirse en la señora Malfoy, y ella, Ginevra Weasley, sólo pasaría a ser la vergüenza de su familia.
Lo que más le dolía de todo aquello, es que lo amaba, tanto que era capaz de infringir tanto dolor como amor, y él no tenía la culpa, había sido ella, por ser tan tonta y caer en algo que no era más que simple actuación.
—oOo—
Draco Malfoy entró a la habitación cuando ella había terminado de guardar algunas de las cosas dentro de los baúles y estaba por entrar a tomar un baño que las mucamas habían terminado de preparar hacía un par de minutos, Ginny huyo antes de que los labios del rubio se pusieran sobre los de ella, y es que si le permitía que la besara todo en su interior le gritaría que le permitiera continuar, que yacer con él era un deseo tan intenso, que la volvía una mujerzuela a la que él estaba acostumbrado, se limpió el fino sudor de la frente, e intento controlar su respiración agotada que el recuerdo de él acariciándola hacía tiempo en la tina provocaba.
Las manos del joven la rodearon suavemente desde atrás de ella, besado el omoplato desnudo a causa de que el camisón le quedaba flojo, cerró los ojos, los labios cálidos de Draco le gustaban, la sensación de miles de mariposas revoloteando en su estómago al mismo tiempo la hizo soltar un leve suspiro agitado, posiblemente sentir aquello iba en contra de lo que debería sentir, sabía que cumplir con su obligación de procrear era inevitable, y también sabía que aquello tenía que ser espantoso y no disfrutarlo, algo estaba mal con ella, tenía que tener los bajos instintos de una mujerzuela, seguramente eso era, debió ser una y estar en un burdel al sentirse así con él.
Los labios se movieron, besando su cerviz, la trenza lo permitió, sus manos fueron hasta los hombros de ella para descubrir el que tenía oculto bajo la tela y acariciar el desnudo, pego su boca a la piel que su mano había acariciado un segundo antes.
Volvió a alejarse de él, se giró a observarlo, así se controlaría, verlo a la cara le haría recordar la razón principal por la cual no podía permitirse entregarse a él, ser la mujer de Draco Malfoy de esa forma, la condenaría de más de una forma, no poder tenerle sólo para ella era la que más le dolía.
Draco avanzo hasta ella, agachando el rostro para pegarlo a sus clavículas, su mano fue automáticamente a su cabeza y sus labios se separaron para soltar un leve quejido placentero, la boca de Malfoy se pegó al cuello de forma pasional, la sujeto más contra él, para seguir el trayecto de su garganta hasta los labios de la pelirroja, que se había quejado de nuevo, siguió el beso con la misma pasión, dejándole masajear los pechos redondos y menudos; la tomo en brazos y la llevo hasta la cama, despojándola del camisón, pegando su cuerpo al de ella, no tenía ropa interior a causa de que estaba por tomar un baño, tragó saliva, las mujeres delgadas y con poca forma no eran lo de él, ¿entonces porque la desnudez de ella lo excitaba tanto? ¿Por qué la idea de tocarla, acariciar la piel suave y virgen lo ponía nervioso y ansioso?
—Me pareces la criatura más hermosa del mundo –aseguro para acercarse a besarla.
Había estado con algunas mujeres antes, pero jamás con una virgen, así que no sabía muy bien qué hacer con ella, se desvistió rápidamente mientras se colocaba entre sus piernas, como lo hacía con las otras, pero las mejillas rojas y la mirada temerosa lo hicieron contenerse un poco de adentrarse de inmediato, así que volvió a inclinarse contra ella, la beso apasionado, mientas sus manos recorrían el cuerpo delgado, y Ginevra acariciaba suavemente el de él, lo besaba en el cuello, la barbilla, lentamente, con esa suavidad tan característica de ella.
Intento darle más de esas caricias suaves y delicadas, pero necesitaba tomarla, poseerla, hacerla suya, reclamarla como su mujer, Ginevra sin duda lo sería, sonrió al verla, sería el primero al que ella albergara dentro.
Gimió cuando adentró un poco de su miembro en ella, mientras el gruñía, era tan estrecha que quiso adentrarse de un sólo movimiento, no lo hizo, espero un poco más y se movió un poco con lo que había introducido de él en ella, viéndola cerrar los ojos y arquearse ante la sensación nueva para Ginevra, empujo un poco más en su interior, lamió su pecho y mordisqueo su duro pezón, cerro las piernas un poco, complicándole introducirse pero apretando su miembro de una forma que lo hizo jadear. Le separo las piernas un poco y adentro media de su erección en el cuerpo de la mujer que tenía la respiración desbocada.
La beso para entrar el resto de él en la estrecha pelirroja, arrancándole a ambos un gemido auténtico; acaricio el rostro sudoroso de la joven, y comenzó a moverse en ella, haciendo embestidas descuidadas y moviéndose naturalmente a como estaba acostumbrado, Ginevra apretó las sábanas debajo de ella ante el dolor, después de todo no era tan magnífico como las caricias lo pintaban, pero en un momento se quedó quieto, dejando que se acostumbrara a tenerlo en su interior, era una sensación extraña, saco su miembro un poco, y continuo así, para volver a adentrarse en ella de la misma manera lenta en la que salió, lo hizo un par de veces, hasta que aumento gradualmente el ritmo, en un momento había dejado de dolerle, estaba gozando tenerlo dentro, gimiendo con cada embestida en su interior.
—Le amo –soltó para él.
Se detuvo abruptamente en el vaivén, su miembro resbalo y no pudo adentrarse a ella de vuelta, la observó, incrédulo con el corazón latiendo de una forma en la que jamás le había latido, Ginevra lo amaba, y no sólo se lo estaba demostrando al dejarlo tomarla de esa forma, sino que se lo estaba diciendo, con todas sus letras. Por primera vez en su vida, alguien lo amaba realmente, sonrió y acarició el rostro sudado de la mujer, antes de darle un suave beso.
