Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Como lo prometí, aquí estoy el miércoles, subiendo nuevo capítulo, esperando que sea de su completo gusto, la verdad que se siente bastante bien poder actualizar esta historia, bueno, muchas gracias por el apoyo, sus reviews, sus follows y sus favoritos, significan mucho para mí, mientras tanto, nos leeremos el próximo viernes, que estén bien ;)
Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.
El agua se desparramó de la tina con el movimiento de Draco al jalarla más contra su cuerpo, estaba relajado, podía notarlo, y ella, por primera vez dejó de pensar lo que ocurriría con ellos al final del viaje, se sentía viva, segura entre los brazos de ese hombre de cabellos rubios y rostro aristocrático y engreído, que en ese momento había decidido comenzar a recitarle algo en francés, no lo entendía, por supuesto que no, pero el tono de su voz en esa lengua extranjera hacía mella en ella.
El líquido que estaba perdiendo el calor se agitó cuando se movió, un poco para poder acallarlo, no sabía si tenía derecho a sentirse de esa manera después de lo que había ocurrido entre ellos hacía unos momentos atrás en la cama de una de las habitaciones de huéspedes en la casa de campo de los Greengrass; por primera vez en su vida, Ginevra Weasley había dejado de pensar en los demás, en lo correcto para su familia y había hecho algo que ella deseaba más que nada desde que él había estado en esa tina con ella.
Había yacido con Draco Malfoy, y nada en el mundo le importaba, si el resto del mundo iba a tomarla como una mujerzuela, hubiese ocurrido o no, él no iba a decir que ocurrió, ya se lo había prometido en cuanto el coito terminó, que eso se quedaría entre esas paredes, y nadie más que ellos y los muros lo sabrían.
—Le amo –repitió en su pecho, mientras las manos del varón la recorrían de nuevo –más que a nada, más que a todo –musitó.
—Le amo –repitió, uniendo sus labios a los de ella, regalándole uno de los más dulces y suaves besos que le hubiese otorgado jamás.
Las mejillas de Ginevra ardieron cuando él comenzó a secarla, apretó los ojos y se sujetó de la tina cuando sintió sus manos entre sus piernas, mientras su respiración se agitaba una vez más, el aprovechó lo que sus manos ya habían ocasionado para pegar sus labios a la piel desnuda y pálida.
El suave contacto hizo efecto en su parte sur, haciendo que sus manos volvieran a recorrer la piel aun desnuda frente a él, sonrió cuando la sintió estremecerse entre sus brazos, así que se levantó y la tomó en brazos, llevándola consigo hasta la cama.
—Tiene algo que me nubla el pensamiento y no me deja pensar –susurró contra sus labios.
Mientras más cerca estaba de él, mientras más dejara que sus manos siguieran acariciando la piel que nadie más había tocado antes de él, unieron sus labios en un beso brusco, mientras ella demostraba que confiaba en él más que en nadie, al dejarlo tenerla esa y más veces.
Acalló sus gemidos con sus labios, no podían darse el lujo de que alguien los escuchara, lo que para el resto de los habitantes sería normal que estuviesen cumpliendo con sus "obligaciones maritales", para Demelza sería la señal de entrar con el arma de su tío y matarle en ese momento preciso, y Draco no quería morir, no de esa manera al menos.
Él había estado muerto antes de conocerla, y por mucho que Ginevra lo hiciera sentir como una nueva persona, sabía que volvería al mismo camino marchito y desolado en el que había estado antes de llegar a ese sitio.
Ginny se levantó de la cama cuando Draco se había quedado dormido, hizo un gesto incómodo, los músculos internos de sus piernas le dolían, sonrió cuando el calor en sus mejillas se extendió hasta sus orejas, ese dolor era por haber yacido con él.
Respingó cuando el trapo mojado tocó la piel sensible de su intimidad, él le había sujetado fuertemente contra él, y hasta ese momento no pudo levantarse, ahora estaba limpiando el rastro que su semilla había dejado en ella.
Se colocó su camisón limpio y entró de nuevo a la cama, acurrucándose contra su pecho, haciendo que él se quejara, aun así, sujetándola con fuerza contra él.
Era la mujer más feliz del mundo en ese momento, cerró los ojos, sintiendo de nuevo el rubor en sus mejillas, con el corazón golpeando fuertemente contra su pecho, en señal de que al menos él, aprobaba lo que había pasado entre ellos.
—oOo—
Ginny abrió los ojos cuando escuchó ruidos en la primera planta de la casa, suspiró, en unas horas marcharían a Londres, y tenía que estar lista, sonrió cuando notó al rubio, recargado a los pies de la cama, observándola, estaba completamente vestido y arreglado, y con una pequeña flor en la mano que extendió para ella, que aceptó completamente feliz.
—Buenos días, mi señora.
—Buenos días, mi señor –sonrió, gateando en la cama hasta él.
—Vístase –pidió después del beso –vayamos a dar un paseo antes de marcharnos.
—De inmediato –sonrió.
El rubio negó con una sonrisa, después de volver de la casa de Potter y que la relación ficticia que había entre ellos había dado un paso demasiado importante, la actitud de la pelirroja era cada vez más fresca, la sentía más viva que nunca, feliz todo el tiempo, el brillo en su mirada transmitía más de lo que quería admitir, no sólo para él, sino para el resto de las personas.
—Estoy lista –informó, acomodándose el cabello después de unos minutos.
—Bien, está preparado todo, desayunaremos nosotros dos.
—Me parece bien –aceptó ella y avanzó hasta la puerta, seguida de su "esposo", ni siquiera avisaron a donde irían, ya que todos estaban ocupados.
—oOo—
La mente de la pelirroja voló de inmediato, la última vez que habían estado en el caballeriza de la casa Greengrass, ellos dos habían terminado entre la paja, entregándose a esa pasión que Ginny parecía que había tenido siempre, claro que muy bien guardada.
—Parece que no soy el único que tiene pensamientos insanos, ¿no es así mi señora? –la abrazó desde atrás, besando su hombro descubierto y después su cuello.
—Supongo que no estamos aquí por una segunda experiencia –él sonrió, negando.
—Iremos a desayunar, ya lo he dicho, alejados de todo lo que pueda arruinar nuestro último y maravilloso día.
—Tiene razón, después de todo, es nuestro último día como marido y mujer –admitió ella.
—No arruine las cosas –la giró hasta él –tenemos un mes de viaje por delante –la besó de nuevo –y aunque mis trabajadores y los suyos, saben la verdad, aun puedo escabullirme a su tienda.
— ¿Usted cree que Demelza…? –Los labios del hombre bajaron más en el pecho de la mujer, haciendo que guardara silencio.
La manta que estaba destinada para el pasto en el que se sentarían a desayunar, estaba cubriendo la paja de nueva cuenta, mientras el cuerpo desnudo de Ginevra estaba sobre el de Draco Malfoy, que tenía su mano derecha en el cuello de la mujer mientras sus labios besaban la otra parte del mismo, y su extremidad restante reposaba en su cadera, acariciando suavemente con la yema de los dedos esa piel suave que sólo él había y podía acariciar.
Gimió suavemente cuando lo sintió una vez más, adentrarse en lo profundo de su ser, ya no era una sensación completamente nueva para ella, pero no sabía si algún día se cansaría del placer que tenerle dentro, empujando una y otra vez, como si el mundo fuese a terminar mañana.
Posiblemente lo haría, terminaría, y ambos sabían, que una vez en Londres, jamás volverían a verse, y en caso de volver a encontrarse, y sus miradas se encontraran, Ginevra Weasley volvería a ser indigna de merecer aunque fuera una sola mirada de su parte.
Draco salió del interior de la mujer, aun así, gimió notablemente cuando la fricción de su erección en el estómago de la joven lo terminó por liberar, la observó detenidamente durante un rato, quería ser capaz de recordar su rostro pecoso el resto de sus días, cerró los ojos cuando la suave caricia de la hembra recorrió su mejilla.
—No importa –musitó ella depositando su casto beso en sus labios –no interesa, siempre seré suya, aunque usted no pueda ser mío; porque le amo.
—oOo—
El trayecto había sido completamente tranquilo, y bastante en silencio, la tía de Demelza les había persuadido de esperar y marcharse antes de que saliera el sol el día siguiente, y por supuesto que Draco coincidió, pasar una noche más en los brazos de la mujer que amaba no iba a desaprovecharla, los demás aceptaron a regañadientes.
—Ya ha salido el sol, por si no lo han notado –informó la rubia en un tono tranquilo.
—Claro ¿y qué? –soltó de mal humor el rubio.
—Comprendo tu mal humor, ya no tienes que fingir amor ¿no es cierto? –sonrió, observando del rubio a la pelirroja, haciendo que él, le observara como si quisiera asesinarla.
—Tal vez tengo que acostumbrarme a fingir indiferencia hacia alguien que provoca todo, menos eso en mí.
—No van a pelear, tenemos un mes de camino y quiero que sea pacifico –soltó Potter, calmando a los dos rubios y recibiendo un gesto de agradecimiento de la pelirroja.
Draco y Demelza siguieron entre platicando y peleando, pero Harry y Ginny no intervinieron en cuanto comprendieron que más que discutir, era la forma que se llevaban, así que se dedicaron a sus propios pensamientos, escuchando de vez en cuando a los rubios.
—Tengo que ir al baño –soltó Demelza.
—Ahora les diré –asintió Harry.
La pelirroja se bajó con su amiga, estirar las piernas sin duda era algo que agradecía, el sol había pasado lo más alto del cielo, así que tenía que dentro de poco se detendrían, para comenzar a poner el campamento antes de que anocheciera.
—Estás bastante seria –musitó la rubia –pero ve el lado positivo, has soportado lo peor, hemos dejado la pesadilla atrás, volveremos a casa, Draco se irá, no tendrás que preocuparte.
—Salvo de olvidarle y sacarle de mi corazón, ambas sabemos que eso no será para nada fácil.
—Lo sé, sabes, que si pudiera, tú y él, no sufrirían el tener que separarse.
—Yo sé que te decepcioné en el momento en que a pesar de jurarte que no me enamoraría de él, lo hice, sabía que él sería mi perdición, y como idiota caí ante su rostro guapo –guardó silencio, intentando no llorar –la forma suave en la que él me besa, o su forma de… de… hablarme –sollozó –soy una pobre chica estúpida que se enamoró del hombre guapo y rico.
—No eres estúpida, Ginevra, las personas no elegimos de quién vamos a enamorarnos, ni siquiera elegimos donde naceremos ¿bien?
—Eso no me deja más tranquila –admitió.
—Al menos sabes que él te ama ¿no es así? –la pelirroja asintió.
El campamento no tardaron en colocarlo, como lo había pensado Ginny, Demelza compartiría con ella la tienda, Harry y Draco dormirían en separadas, pero eso no importaba, los planes del rubio se habían visto frustrados de todos los modos posibles.
—Iré a descansar –informó el rubio –estoy un poco harto, odio los viajes largos.
—Ve –aceptó la rubia, sin poner mucha resistencia, más que nada porque Ginevra estaba sentada frente a ella, unos metros a lo lejos.
—Iré por algo de madera –se levantó la pelirroja después de unos minutos.
—Los sirvientes se encargarán de ello –intervino Harry.
—Entonces daré una vuelta, no me alejaré mucho, lo prometo.
—Con cuidado –pidió Demelza, observando el lado contrario al que se iba la pelirroja.
Ginny les sonrió a los hombres, pero no dijo nada, siguió caminando, tenía que encontrar su propia fuerza de voluntad para empujar lejos de su mente a Draco Malfoy, pero parecía que él no quería abandonar su mente.
—Esto será más difícil de lo que pensé –admitió Harry.
—Están de un humor que no se soportan –admitió ella –pero no puedo imaginarme estar en su situación.
—Creo que puede, de no entenderlo, jamás hubiese venido aquí en un primer caso.
—Bueno, fueron más mis caprichos que mi amor por Draco lo que me han traído, pero ahora, si las cosas entre nosotros, mi señor, fueran así, creo que tendría el carácter peor que el de Malfoy.
—Su carácter es un poco… fuerte, para ser honesto.
—Lo es –suspiró.
—Aun así, se llevan muy bien, tengo que admitir que su amistad me intriga.
—Nos conocimos de niños –contestó –tengo que admitir que tenemos debilidad el uno por el otro, pero no en aspectos amorosos, ahora lo sé.
—Sabe muchas cosas de él.
—Demasiadas cosas que me hubiese gustado que mi mente no tuviese.
El hombre no dijo nada, principalmente porque la mirada de la mujer dejaba notar que cuando decía eso, no era de las mejores cosas que pudiese saber, aunque la mente de Harry burbujeaba en completa curiosidad ¿sabría ella los detalles más íntimos de la vida de Draco? Sus intereses en la cama o iba más allá de un simple conocimiento de lo que él hacía con esas mujeres, Demelza era tan impredecible, que cualquier cosa que supiera de un Malfoy, podía ser no tan malo o muy malo, todo dependía de que tan amplia era la moral de la persona que escuchara el relato que la rubia, no contaría, posiblemente necesitaría tenerle más confianza, o eran asuntos que no debería involucrarse.
Ginevra no tardó en regresar, entre tranquila e inquieta, y Malfoy no salió de su tienda hasta que no lo llamaron para cenar, su rostro estaba impasible, así que Harry no supo cómo interpretar eso, pero Demelza no dejaba de verle ¿había algo por lo cual tenía que preocuparse y ni siquiera lo notaba?
—oOo—
Harry regresó hasta Demelza que seguía sentada frente a la fogata, con la cara seria y el ceño fruncido, le observó, esperando malas noticias, él negó, completamente tranquilo.
—No hay nada de qué preocuparte –musitó él –la he seguido, está sentada en un tranco, sola, y lo ha estado por media hora que la he estado observando.
—Tengo hambre –musitó Draco, saliendo de la tienda, completamente despeinado, con los ojos cansados a pesar de que había estado durmiendo.
—Va a tardar un poco, al parecer –informó ella.
—Bien –refunfuñó y entró de nuevo.
—Te lo dije –contestó Harry.
—Lo siento, estoy nerviosa, tal vez es la culpa que no ha dejado de torturarme una vez nos pusimos en marcha.
—Ya sólo falta poco para llegar a Londres, el viaje ha sido tranquilo y sin contratiempos, no hay nada mejor que eso –besó su mejilla.
—Lo sé –asintió.
Ginny se sentó en una roca que encontró, observó discretamente sobre su hombro, notando que el señor Potter continuaba siguiéndola, seguramente por órdenes de Demelza, no dijo nada, lo dejó que observara y se aburriera mientras ella se quedaba viendo a la nada, intentando que su pensamiento no fuese hacia el rubio.
—Le dije que encontraríamos la forma de vernos a solas ¿no es así? –escuchó a sus espaldas cuando se puso de pie, ella se giró sobresaltada, mientras que él detenía la mano de la mujer que estaba dispuesta a golpearlo.
—Me asustó –soltó agitada.
—Lo sé, Demelza y Potter ni siquiera notaron el momento en el que salí por atrás de la tienda –sonrió.
—Ha tenido suerte de que el señor Potter se marchara antes de que usted llegara.
—Así que continúa siguiéndote, como si sospechara que te reúnes con alguien en secreto –ella sonrió, mientras el rubio la sujetaba de la cintura y le acercaba cada vez más al árbol más cercano, hasta que la espalda de la mujer se recargó en el tronco, los labios del rubio se apoderaban de los de ella, Ginny lo sujetó de las mejillas y siguió el beso como si la vida dependiera de ello.
La recostó sobre la hierba húmeda, mientras se subía sobre ella, sin importarle más y le poseyó, como todos los días desde que había sido suya aquella noche en la casa Greengrass, así como desde que habían comenzado ese viaje de regreso a Londres, gimió para él, como siempre, haciéndole moverse dentro de ella un poco más, hasta que su semilla terminó, una vez más, en el vientre de la mujer.
—Estamos a poco menos de una semana de llegar a la ciudad –informó él, mientras limpiaba el líquido blanco de la piel suave y pecosa del estómago de la pelirroja, que una vez más, rió por las cosquillas que eso le ocasionaba.
—Entonces es momento de volver a la realidad –lo besó suavemente.
—Me rehúso a volver, debería echarla sobre mi hombro, desnuda como está, y huir con usted.
—Ya hemos hablado de eso, mi señor.
—De lo cobarde que soy para hacer realidad eso también.
—Es su deber para con su familia, es el único hijo que sus padres tienen, no puede, y no les hará algo así –lo tranquilizó.
—Regresar a Londres es un infierno, mi señora –murmuró desde sus labios.
—Lo sé –admitió, acariciándole las mejillas para hacerle saber que también era complicado para ella.
Después de estar un rato a solas, hicieron lo mismo que habían estado haciendo desde que comenzaron ese viaje, regresaron cada uno por un lado, como si nada hubiese pasado, la rubia había dejado de sospechar de ellos, no del todo, porque Harry seguía siguiendo a Ginny, pero al menos ya no les observaba de forma acusadora.
—Supongo que ustedes en algún momento van a querer charlar ¿no es así? –cuestionó, observando de uno a otro –no han interactuado mucho estando de viaje.
—Tenemos que irnos haciendo a la idea –soltó el rubio –dormir separados ha comenzado a hacerlo más fácil, al menos para mí –soltó en un tono frío –dígame ¿para usted es igual, Ginevra?
—Ha sido un avance –musitó –mi cama en Londres no es muy grande de cualquier modo, no tendré espacio libre para extrañarle.
—Vaya, creo que deberían hablar, los dejaremos solos, pero… no nos alejaremos mucho.
Esperaron a que se alejaran lo suficiente, posiblemente de donde quiera que se hubiesen ido, podrían verlos, aunque no al revés, así que Draco se limitó a acercarse a Ginny, que no dijo nada, simplemente lo abrazó, hundió su rostro en su pecho y aspiró su esencia, todo lo que pudo, para no olvidar jamás su olor, aunque el tiempo al final siempre alteraba los recuerdos, siempre pasaba, nada era para siempre, al final de cuentas.
—Me he dado cuenta de que no quiero separarme de usted –musitó ella.
—En algo coincidimos, mi señora –besó su frente.
—No quiero seguir mintiéndole a Demelza sobre lo nuestro.
—Está omitiendo contar algo íntimo, no es mentir, y lo mejor es que nadie aparte de nosotros lo sepa, eso ayudará a que crean nuestra versión de que no yació conmigo.
—Pero…
—No se preocupe, haré lo necesario para que…
—Para que alguien me despose ¿es lo más sencillo para usted? –se alejó frunciendo el ceño, un poco enfadada.
—Las cosas no son fáciles en ninguna forma para mí, debería saberlo.
—Eso es lo que presume, pero ni siquiera hemos llegado a la ciudad y me imagino que usted ya está pensando en cómo conseguirme un marido –lo empujó –y dígame ¿Qué hará? Me colgará un saco de dinero en cada oreja y dejará que el más desesperado nos tome –negó –eso es lo que hará, con dinero hará que cualquier hombre olvide que realmente yací con usted.
—Ginevra, por favor…
—No –soltó –no quiero su ayuda, he de solucionar mis propios problemas sola, sin su ayuda.
—No podrás…
—No voy a casarme con otro hombre –sollozó furiosa –no he de yacer a la fuerza con ningún hombre ¿me comprende?
La mirada de Draco fue a otro lado, mientras su mandíbula se tensaba, la idea de ella siendo de otro no era algo que le gustara, y más porque sabía que ella tenía razón, una vez casada con otro, iba a tener que yacer en el mismo lecho, en algún momento tendría que procrear, la sola idea de imaginarla a ella siendo la madre del hijo de otro que no fuera él, lo hacía enfurecer, pero las cosas tenían que ser de alguna manera.
—Será un buen hombre –intentó convencerla.
—No, si he de casarme con alguien ha de ser con alguien que me quiera a pesar de que fui de otro –soltó.
—No hemos llegado al mundo de fantasía de Demelza, Ginevra, escúcheme…
— ¿Va a obligarme a casarme con otro? –dio un paso hasta él.
—No puedo obligarla a hacer algo que usted no quiera, nunca lo he hecho, y nunca lo haré.
—Pues entonces no diga más, arreglaré yo mi situación, para que usted no tenga preocupaciones.
—Mi única preocupación es usted –la sujetó de las mejillas –es por eso que me estoy tomando el tiempo de pensar esto, lo he estado pensando desde el momento en que me enamoré de usted, la mejor forma de sacarle de esto.
—Estamos por llegar a Londres, en cuanto pongamos un pie en ese sitio, dejaré de ser su problema.
—Como si fuera tan fácil.
—No he sido su primera mujer –contestó –y no he de ser la última, posiblemente termine enamorado de su esposa, y será feliz, y me volveré en algo menos que un recuerdo, sus negocios, sus hijos, todo eso para lo que fue criado llenará sus pensamientos, y ha de olvidarme.
—Igual de fácil ha de olvidarme a mí ¿no?
—Me he entregado a usted por todo este tiempo, aun cuando sabía que sería mi perdición, mi señor, si las cosas fueran un poco equitativas entre nosotros –sonrió –usted me amaría al menos un cuarto de lo que yo le amo.
—Ahora me acusa de no amarla, es que he de ser el peor de los hombres, para parecerle indigno de sentir ese sentimiento por usted.
—No he dicho que no me ame, sino que no me ama tanto como yo a usted.
—Quiero que entienda, que si usted supiera lo mucho que le amo…
—Es mejor que entierre ese amor en éste lugar, y que se libre de él, tan rápido como pueda, debería ser capaz de amar a la mujer con la que se casará, ella no tendrá la culpa de nada, usted debe estar con una mujer que le merezca, yo soy indigna.
El rubio la vio alejarse, apretó los puños, pero se quedó ahí, sabía que ir tras ella, e intentarla hacer entrar en razón complicaría más las cosas, se alejó, necesitaba pensar en algo diferente, en algo que no fuera ello; se sentó alejado, con la respiración aun agitada por la ira repentina.
—Creo que la charla no fue tan bien como esperaba –musitó Demelza.
—Tan bien como decirle a la persona que amas que le conseguirás a alguien que no le ame, sólo para cubrir su honor, que su idiota amiga arruinó.
—No sé cómo disculparme por eso –admitió la mujer.
—Es que sólo es parte tu culpa, tú nos casaste, fuimos nosotros, los idiotas que se creyeron el papel, los idiotas que se enamoraron aun sabiendo que jamás iban a estar juntos, hiciesen lo que hiciesen, pasara lo que pasara, jamás, ni en ésta vida ni en otra.
—Las almas gemelas siempre encuentran la forma de estar juntas.
—Claro ¿por cuantas almas gemelas has pasado tú, Demelza? –Soltó furioso –Por qué Potter no es la primera alma que igualas a la tuya, la mía antes, y la de Lupin antes de mí –le recordó.
—Eso fue un golpe bajo –soltó la rubia.
—Sí, y también sé que te has disculpado por lo que provocaste día tras día, pero un lo siento no es suficiente, Demelza, eso es lo que ocurre, que sin importar cuanto realmente lo sientas… no solucionas nada.
—Puedes casarte con ella… huir con ella…
—Olvidas que soy la única esperanza de no extinguir a ésta familia ¿cierto? Soy el único Malfoy que dará continuidad.
—Seguro que lo sé, pero aun si huyes serás Malfoy…
—No, si huyo con ella, mi padre inmediatamente me sacará de la familia, y todo por lo que han trabajado los Malfoy se irá a la mierda ¡Todo porque el heredero se enamoró de una mujer que es nadie para la sociedad! ¡Pero lo es todo para él!
Demelza no tuvo el coraje de decir más, ni siquiera de detenerlo, su respiración se agitó y sus ojos se llenaron de lágrimas, se cubrió el rostro y de inmediato comenzó a llorar, cuando eran niños, se habían prometido no hacer nada que hiriera al otro, y ella había roto esa promesa con él, y no conforme con eso, había arruinado la vida de una chica linda y sencilla, que le había brindado su amistad sin pedir nada a cambio.
— ¿Se encuentra bien? –interrogó Harry preocupado cuando la encontró llorando.
—Sí, es sólo que… -sonrió –no puedo creer que estamos a menos de un día de llegar a Londres.
— ¿Es mi mujer y sigue sin confiar en mí? –curioseo Harry.
—Es sólo que he arruinado la vida de las dos únicas personas que me han brindado su amistad incondicional.
—No todo ha sido su culpa, mi señora –la tranquilizó el hombre.
Demelza sonrió, al notar el brillo en la mirada esmeralda de su esposo, se refugió en sus brazos y no quiso moverse en un rato, sintiendo el calor y el confort del abrazo, se alejó un poco y dejó que los labios de Harry Potter se pusieran sobre los de ella, en un beso suave y tranquilo.
—Le amo, y no importa que ocurra, siempre estaré aquí para usted.
—Le amo –repitió, volviendo a besarlo.
Regresaron a la fogata una vez Demelza se hubiese calmado, entró a la tienda, donde su amiga estaba recostada, dejó de llorar en cuanto la escuchó, se limpió las lágrimas y cerró los ojos, pretendiendo que estaba dispuesta a dormir.
—Si hay algo en que pueda ayudarte…
—Sí –admitió –jamás hablando de lo ocurrido.
—Ginny…
—No ha sido tu culpa, Demelza –la tranquilizó –Hemos sido nosotros los que dejamos que todo esto nos superara.
—oOo—
El humor entre ellos estaba más que tenso, Harry observó como la pelirroja le sonrió a la rubia y movía una vez más la cabeza, indicándole que no tenía de qué sentirse culpable, y sintió un pinchazo en el pecho, a pesar de todo, Ginevra Weasley estaba dispuesta a brindarle su amistad a Demelza.
La mirada de Draco se posó en el hogar de la pelirroja, era una casa pequeña, y sin chiste, cualquiera la olvidaría fácilmente una vez que quitase la mirada de ahí.
—Ha sido un placer, señor Potter –sonrió la pelirroja.
— ¡Cariño has vuelto a casa! –soltó una mujer regordeta, llamando la atención de Draco.
—Miren quien ha vuelto a casa –soltó un varón pelirrojo y alto.
— ¡Ron! –se echó a sus brazos emocionada, así que el chico abrazó a su hermana un poco incómodo y golpeteó su cabeza lo más suave que pudo.
—Sana y salva –argumentó Demelza.
—No esperábamos menos de usted, señorita Robins –admitió el pelirrojo.
—Harry Potter –saludó a los pelirrojos –el posiblemente prometido de Demelza.
—Un placer –saludó la madre de Ginny.
—Ron Weasley –saludó el chico –hermano mayor de Ginny.
—Ha sido un placer, espero verlos pronto, ahora tenemos que ir…
— ¿Es que no piensan quedarse a cenar?
—No –soltó Draco desde el carruaje, sin dejar que los otros dos Weasley lo vieran.
—Será otro día, con todo gusto –soltó Harry con una sonrisa encantadora.
—Desde luego –sonrieron los pelirrojos.
Draco observó a la chica, hasta que se perdieron de vista por la calle.
