Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Muchas gracias por todo su apoyo, como ya están viendo, he estado cumpliendo mi palabra respecto a no enviar esta historia al hiatus de nuevo, por material no paramos, si no actualizo un día, no es porque no tenga el capítulo listo, sino que me ocupé y no pude subirlo, bueno, pues muchas gracias por su apoyo, ojalá siga siendo de su agrado, mil gracias por sus favoritos, follows y reviews, significan mucho ;) nos leemos el miércoles.

Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.


Capítulo 15: La Cena de Compromiso.

—Me gustaría seguir haciendo esto en una cama –admitió –no hacerlo en un lugar así, como…

—Shhh –lo calló besándolo –no me ha obligado –le recordó –además, ver al gran Draco Malfoy yaciendo con una donnadie, en un lugar como éste…

—Usted no es una donnadie ¿está claro? Si lo fuera, mi señora, no estaría aquí.

Se quedó un minuto, acariciando la piel suave de la mujer, y fue todo lo que pudo permitirse tenerla, tenía que irse antes de que alguien los encontrara de esa manera, ya había arruinado suficiente la vida de la pelirroja, no podía seguir haciéndolo.

— ¿La veré después? –le besó suavemente.

—El señor Robins me ha pedido que les acompañe en la cena que tendrán, para anunciar el compromiso del señor Potter y Demelza.

—Entonces, será la mejor cena que podré tener desde esa estadía en…

— ¿Cree que a su padre le moleste mi presencia?

—Usted es encantadora, estará en una cena importante, él no preguntará su linaje, así que la adorará.

—Hasta que le interrogue a usted, sobre mi linaje.

—Así es.

—Le veré ahí, hasta entonces –le hizo una reverencia y salió del gallinero, sin decir más.

Le tomó gran parte de su ser irse de ahí sin ella, no sabía por qué; pero le habían castigado con la cobardía, si fuese otro, lucharía por ella.

Desgraciadamente, él era Draco Malfoy, el cobarde que amaba a una chica que a los ojos de su padre, y de la sociedad, era indigna de él, y de la familia Malfoy, aunque fuese al revés, el indigno fuesen él y su familia para poder tener algo tan puro y bueno en su vida, y para colmo, así como veía las cosas, terminaría casado con Astoria Greengrass, y no había peor destino que ese.

Cuando llegó a su casa, todo estaba en silencio, al menos eso no había cambiado mucho, a sus padres no les interesaban sus asuntos, así que volvía a la libertad, que ahora, más que nunca, se sentía como una prisión.

—oOo—

Ginevra observó el caro y hermoso vestido sobre la cama de su amiga, era de un tono verde, no dijo nada, era evidente que buscaba que luciera digna de los Malfoy, y según por lo que había estado escuchando de los demás, eran una familia muy especial, que creían que todo a su alrededor era indigno de ellos, si pudiesen usar magia y flotar, sin duda lo harían, para evitar así tocar el suelo.

—Mi padre insistió –argumentó la rubia.

—No se preocupe…

—Por favor, sabes que odio que me hables de usted, Ginny.

—Los demás…

—Me importan un pedazo de estiércol los demás.

—Intentaré no avergonzarlos –sonrió.

—Sólo espero que Draco pueda quitarte los ojos de encima, o será muy sospechoso.

—En serio, él podrá comportarse.

—Señorita Demelza –interrumpió una chica de servicio –le busca el señor Malfoy.

—En seguida iré –soltó en tono serio.

—Con su permiso –salió, después de echarle una mirada a la pelirroja.

—Ven conmigo, seguramente, vino para verte.

—No es pertinente…

—No, lo que no es pertinente, es que una mujer próxima a anunciar su compromiso, se reúna con otro hombre a solas.

—Como si eso te importara.

—Lo sé, ven –la tomó del brazo y salió.

El salón estaba solo, y por la mirada de Draco, Ginevra notó que no estaba ahí por ella, como la rubia había dicho, es más, que le sorprendía encontrarla en ese lugar, su corazón se encogió, sonrió educada y se soltó de su amiga.

—Les dejaré solos, para que charlen tranquilos, mi señor –se inclinó y salió sin esperar una palabra por parte del rubio.

Caminó tranquila, hasta el jardín, buscando un poco de aire y tranquilidad, sonrió al jardinero, que estaba sentado sobre el suelo, comiendo su almuerzo.

—Hace mucho que no pasea por aquí –sonrió alegre.

—Por lo general, sigo a la señorita Demelza a donde ella lo pide –contestó amable.

—Espero que la señorita Demelza le otorgue el placer a mi mirada de verle más seguido por aquí.

—Bueno, no sé qué tanto pueda complacer eso.

—XxX—

Se miraron un momento en silencio, sin nada que decir, si Draco había tratado de ese modo tan indiferente a Ginevra, significaba que no la quería ahí, porque iba a hablar de ella, la rubia suspiró, no había una buena forma de ayudar a sus amigos a estar juntos, y lo mejor era que terminaran ese amor por lo sano.

—Dime ¿a qué viniste? –inquirió dura.

—Mi padre sospecha lo de la cena de unas horas.

—Bueno, entonces no es tan inteligente ¿cierto?

—Ha estado hablándome sobre casarme con tu prima –soltó enfadado –y no quiero casarme con Astoria, prefiero ahorcarme.

—Pues entonces hazlo –soltó reacia –o que te crezcan los pantalones y dile sobre Ginevra –sonrió al ver su mueca –creo que será Astoria tu elección.

— ¿Por qué estás comportándote así? –cuestionó.

—Porque ya estoy harta, sé que es mi culpa todo esto, pero tienes que dejarla ir, no buscarla, si la sigues ilusionando sólo le romperás el corazón y yo romperé tus piernas y tu cabeza.

—Yo no la ilusiono, Demelza, y lo sabes.

—No, no lo sé, y no quiero saberlo, lo único que te estoy diciendo, es que después de ésta cena, yo no voy a ayudarte a seguir viéndole, y si vuelves a ir a su casa, te prometo que le diré a tu padre sobre ella.

Draco se alejó enfadado hasta la ventana del lugar, y su vista fue de inmediato a Ginevra, que charlaba con un varón con ropa sucia, haciendo que su sangre hirviera en celos, tenía tantas ganas de ir hasta ellos, y golpear hasta el cansancio a ese tipo por atreverse a cruzar palabra con ella.

— ¿Quién es ese idiota?

—Harry –soltó ella tranquila, viendo al hombre que recién entraba al salón.

—El que está con Ginevra, en el jardín –aclaró.

—Oh –expresó al llegar a él –su nombre es Michael Corner, es el jardinero, antes de ir al campo, Ginny –sonrió cuando el rubio le prestó atención a ella –bueno, tu pelirroja estaba o está, no lo sé, enamorada de él.

—Córrelo –espetó.

—No lo haré, él puede casarse con ella, los sentimientos en un momento fueron mutuos, posiblemente…

—Ella me ama a mí –soltó furioso –ella es mía, soy el amor de su vida, así como ella es el mío.

— ¿Usted es de ella? –cuestionó Demelza.

—Más de lo que alguna vez he sido mío.

Draco salió del lugar, ya que al parecer, no obtendría la ayuda de su amiga para evitar que lo casaran con Astoria, fue tan rápido como podía rumbo al jardín donde estaba Ginevra.

—Fuiste muy ruda con él –murmuró Harry yendo hasta su esposa y observó el jardín junto a ella.

—Tienes razón, en sobre que ninguno de los dos puede seguir encariñándose más con el otro, lo que menos queremos es que ocurra lo que hemos estado evitando en ese lugar ¿cierto?

—Cierto, y realmente lo siento mucho por ambos.

—Yo más, porque ha sido mi culpa.

—El mundo seguirá su curso, no te preocupes por eso, en un tiempo, se olvidarán el uno del otro.

—Eso espero.

La rubia se quedó callada, a Draco no le tomó mucho llegar al jardín, sus zancadas eran grandes, intentando verse controladas, pero ella notó los celos brotando por cada parte de él, negó nuevamente, no había mucho que hacer, salvo convencer a su amiga de irse con ella y Harry a París, y olvidarse para siempre de Draco Malfoy.

—Mi señor –saludó el jardinero al percatarse de la presencia del rubio.

—Mi señora –ignoró a Corner, colocándose entre ellos, la sonrisa de la pelirroja se desvaneció, hizo una reverencia y no le miró a los ojos.

—Demelza ocupa su presencia ahora mismo.

— ¿Lo ha enviado a usted? –su voz fue un poco incrédula –en ese caso, le pido una disculpa, hubiese podido…

—Quiere que me ayude con un par de cosas, así que me he ofrecido –soltó.

—Bien –asintió ella –mis disculpas –le sonrió al jardinero.

—No olvide iluminarnos con su visita en esta parte del jardín, Ginevra.

—No se preocupe –rió suavemente y se alejó.

Al parecer, el rubio conocía bastante bien la casa de los Robins, porque la guio a una de las partes más alejadas, y entró con ella a un almacén que estaba un poco oscuro.

—Mi señor, no creo que…

— ¿Puedo saber lo que hacía charlando con ese tipo? –la acusó sin dar rodeos.

—Yo… charlábamos de…

—De lo poco que le visita ¿no es así?

—Con todo respeto, usted no tiene ningún derecho de hablarme así…

—Tengo todo el derecho de hacerlo –bramó, empujándola contra la barda y estampando su puño a unos centímetros de su rostro en la barda.

—Por favor –susurró asustada.

—Tengo todo el derecho de interrogarla sobre lo que hace hablando con otro hombre que no soy yo ¿lo entiende? –Se acercó a él –por favor, mi señora, no me coloque en este estado, no ahora que no puedo…

La frente del rubio se pegó a la de ella, mientras sus manos la sujetaban de las caderas, su respiración se agitó, un momento después, los labios suaves y un poco carnosos de Draco Malfoy estaban sobre los de ella, en un beso violento a causa de la furia que tenía, pero sin lastimarla.

Recorrió todo su cuerpo, con suaves caricias y húmedos besos, antes de sentirle invadirle de una forma apresurada, gimió sin tapujos, como hacía mucho tiempo no se había permitido hacerlo, Draco empujaba su cuerpo contra el de ella, en vaivenes suaves y rítmicos, mientras sus labios estaban ocupados en uno de los pechos de la pelirroja y su mano derecha acariciaba distraída el rostro de Ginny, al tiempo que seguía invadiendo su cuerpo, aumentando el ritmo, hasta que su semilla terminó rociada en la piel de su estómago desnudo.

— ¿Qué me ha hecho? –le interrogó, con la mirada culpable y la voz dolida.

—Lo mismo que usted a mí, mi señor –admitió –le amo –rezó en sus labios antes de besarlo nuevamente –por favor, jamás lo olvide, es el único hombre al que yo…

Acalló sus palabras con sus besos, perdiéndose de nuevo en la intensidad de sensaciones que tenerla así le provocaba ¿es que alguna vez todo eso se reduciría dejando un amor tranquilo? Lo dudaba.

—oOo—

Ginevra tomó un baño en la casa Robins, ya que Demelza le había pedido que se quedara y que ahí se arreglaría para la cena, sin duda estaba nerviosa, era la primera vez que conocería a los padres de Draco, y aunque jamás podría formar parte de su familia, se preguntaba ¿qué tan ciertos eran los comentarios de los demás sobre ellos? Ya que le constaba que el rubio no era, en el fondo, como todos los demás que le conocían presumían.

—Se ven hermosas –sonrió el señor Robins, acarició el rostro de Ginevra y besó a su hija en la frente, con una mirada orgullosa –vamos, los Malfoy no tardan en llegar, junto con el resto de los invitados.

—Vamos –sonrió Demelza.

El salón estaba reluciente cuando llegaron, el personal de servicio estaba perfectamente presentable, con su uniforme de gala, y cada uno perfectamente derecho, con la mirada al frente, sin hacer ninguna clase de gestos.

Poco a poco el lugar se fue llenando, mientras los Robins y Ginny saludaban amablemente, los últimos en llegar, y como supuso la pelirroja, fueron los Malfoy, su mirada de inmediato fue al joven que le había robado el aliento, lucía demasiado atractivo, después, su vista se desvió hasta la pareja frente a él, el rubio platino, al que Draco parecía casi una copia, llevaba del brazo a una hermosa mujer perfectamente refinada, nariz afilada y su piel era pálida, y de rasgos refinados, bajó el rostro.

Después de ver la clase de mujer que era la madre de Draco, sin duda, acababa de confirmar que jamás sería digna de él, no era para nada tan bonita o refinada como ella, y el hecho de que el chico ni siquiera la mirara se lo confirmó, se había entregado a él hacía unas horas, y… todo lo que recibía en ese momento, era pasar desapercibida.

—Por cierto, les presento a Ginevra –el señor Robins la mostró –es casi una hija más para mí –informó a los Malfoy.

La mirada gris de Lucius Malfoy la observó a detalle, así que ella rehuyó su mirada, haciendo una corta reverencia, cuando pensó que la atención del hombre se había quitado de ella, percibió una sonrisa extraña, para después girarse hasta el patriarca Robins.

—Narcissa Malfoy –la saludó la rubia –encantada de conocerla.

—Lo mismo digo –sonrió.

—Saluda, no seas maleducado, Draco –recibió un golpe en el estómago por parte de su madre.

—Un placer –soltó en tono frío y distante.

—El placer es mío –sonrió.

—Sin duda tiene que serlo –observó a su padre y después a su madre –iré por un trago.

—Lleva a la señorita contigo, sé educado –ordenó la mujer.

Draco puso los ojos en blanco y le ofreció su brazo. —Venga conmigo, mi señora.

Ginny sujetó el brazo del rubio, y lo sintió acariciarla suavemente y de forma discreta, sin quitar esa cara de fastidio de su rostro.

—Si le muestro interés, mi madre jamás me pedirá que la escolte –murmuró antes de tomarle a su copa –así, me "obligarán" a estar a su lado toda la velada.

—Dígame entonces ¿cómo tengo que comportarme?

—Encantadora, como siempre –le sonrió suavemente.

—Eso no es de mucha ayuda –sonrió.

—Me encanta, mi señora –murmuró –si fuese por mí, estaríamos en una capilla, jurándonos amor eterno uno a otro.

—Por favor –suplicó.

—Tiene razón, no es el momento –sonrió incómodo.

Para la desgracia de Draco, no tuvo la buena suerte de sentarse cerca de Ginevra, que había quedado entre Nott y Zabini, que al parecer, estaban completamente encantados, luchando por llamar su atención, mientras que él tenía que pretender que eso no le molestaba.

El anuncio de la futura boda de Demelza y Potter no le hizo mucha gracia a su padre, pero aun así, observó a Ginevra con interés ese "es casi una hija más" por parte del señor Robins, había alegrado a Lucius, pero todo se iría a la basura cuando se enterara de que no tenía ni una gota de sangre azul, como él quería.

La sangre de Ginevra era tan roja como su cabello, y él mismo lo había corroborado arrebatándole la doncellez que no tendría que haberle quitado, había robado gran parte de ella, sin entregar un poco de sí mismo.

—Espero que puedas ser atento con la pelirroja –soltó su padre –veo que Nott y Zabini no pierden el tiempo, pero somos la mejor familia, así que ¿por qué no le propones un poco de aire? –sonrió.

—Pero…

—No vas a repelar, pensé que habías dicho eso –le recordó.

—Bien.

Fue hasta el trío al fondo, intercambió un par de palabras y le tendió una mano a Ginevra, que la tomó dudosa, así que la dirigió al jardín, donde por fin podrían ser más libres, sin pretender que no se conocían.

—Conozco a mis padres mejor de lo que ellos creen –sonrió acercándola a él para poder besarla.

—Mi señor –rió divertida y lo alejó.

—Cierto, tenemos que tener cuidado.

—Sus padres lucen como una pareja adorable –admitió.

—Lucen, tú lo has dicho, para mi padre, no hay nada más fabuloso que él.

—XxX—

Habían pasado gran parte de la velada en el jardín, ocultos de la vista de cualquier curioso, besándose suavemente, acariciándose y siendo ellos mismos en esos momentos, sin tener que recordar que uno de ellos no tendría que estar ahí.

—He estado teniendo suerte en los negocios –admitió –creo que es mi amuleto.

—Yo lo dudo, es bueno en lo que hace –acarició su rostro.

— ¿Seguimos hablando de los negocios? –sonrió socarrón.

—No, hablamos de que es capaz de lograr todo lo que quiera y se proponga.

—Es sorprendente la manera en la que confía en mí –sonrió –pero ahora mismo, sólo me estoy proponiendo una cosa –sus labios se apoderaron de la piel del cuello de la pelirroja –dígame ¿podemos?

En respuesta, ella se estiró un poco más, hasta alcanzar los labios del rubio, que de inmediato, se agachó un poco, se ocultaron un poco más entre los arbustos, Draco sabía muy bien que donde estaban, era imposible que los observaran, a menos que fuese alguien que conociera bien el lugar, para su fortuna, no los descubrieron, besó el pecho y el cuello de la pelirroja, antes de alistarse y regresar de nuevo con los demás.

—Es bueno verlos regresar –habló Lucius –tenemos que irnos, Draco.

—Desde luego –avanzó hasta él.

—Eh –observó a la pelirroja y después a su hijo.

—Desde luego, hasta luego, mi señora –pronunció arrastrando más las palabras, el rostro de la chica permaneció impasible, aun y con la mirada intensa que le dedicó, antes de sonreír de lado.

Los Malfoy desaparecieron por la puerta principal, la mirada de Demelza se posó en su amiga y no dijo nada, al parecer, seguía sin darse cuenta de lo que pasaba entre ella y Draco, y lo agradecía, no podría mentirle si le cuestionaba al respecto.

—Dormirás en casa hoy, querida –sonrió el señor Robins –quédate tranquila.

—Se lo agradezco –sonrió haciendo una reverencia, antes de que el hombre se alejara.

Se había perdido gran parte de la cena de compromiso de Demelza, pero nadie pareció notarlo, estaban demasiado ocupados siendo amables con los demás, que la ausencia de Draco y ella había pasado desapercibida.

—Tal parece que Malfoy la ha dejado sola –saludó el varón de piel oscura, acercándose a ella, regalándole una sonrisa de lado, que no le llegaba ni a la mitad de atractiva a la de Draco.

—Sí, por fin –sonrió, un tanto incómoda.

—Me agrada escuchar eso –admitió él, elevando su trago.

—oOo—

El camino a la mansión Malfoy fue tranquilo, nadie dijo nada, ni siquiera para hablar de la "nueva posibilidad de que Draco se casara con la chica pelirroja" por supuesto iba a actuar todo lo que pudiera, hasta que pudiera ser un hecho casi tangible, sólo esperaba que a su padre no se le ocurriera investigar de más a Ginevra.

Se dirigió a su habitación, después de una corta charla que no giró en torno al tema que él quería, se quedó en el salón, bebiendo un poco más, hasta que la emoción en sus venas se pudiese atribuir al licor.

—Draco, cariño ¿sigues despierto?

El varón se giró, su madre estaba de pie en el umbral, con su bata de seda blanca, su cabello rubio atado en una trenza. —Sí.

—Me imagino que el deseo de tu padre porque no te separaras de esa chica ¿no es así?

—Vas a decirme la razón por la cual no quería que me apartara de ella.

—No quería quedar en ridículo con el resto, había rumores de que él quería casarte con esa mujer.

—Y ahora pretende a la pelirroja ¿no? –se burló, mientras la observaba, en la expectativa de que dijera los planes de su padre, en secreto.

—No –soltó burlesca –tu atención en otra mujer disiparía los chismes, él está pensando en la hija restante de los Greengrass.

—Ya –hizo una mueca.

—Yo, sin embargo –sonrió –he pensado en la hija de unos grandes amigos de mi familia –se giró hasta él –es hija única, igual que tú, su nombre es Pansy, Pansy Parkinson, tiene más clase que los Greengrass, si me lo preguntas.

—La hija Greengrass no es opción, así que por favor, madre, convéncele de que me permita esperar un poco más para…

—Haré lo mejor que pueda –acarició su rostro –ahora, deja de beber, que no quiero que eso le dé razón a tu padre para estar de mal humor por la mañana.

—Nos veremos por la mañana –sujetó el hombro de su madre, dejó el vaso en el mueble y subió rumbo a su habitación.

—XxX—

Draco tuvo que viajar durante dos semanas hasta el pueblo donde estaba la casa de Zabini, le sonrió amablemente a Daphne, la hermana mayor de Astoria, sin duda eran demasiado… iguales en su personalidad, eso explicaba porque su marido, Blaise, buscaba cualquier pretexto para alejarse de su casa y visitar todos los prostíbulos a su paso.

—Tu padre me dijo que vendrías tú –admitió saludándole con una sonrisa –dime algo ¿Qué tal la pelirroja de los Robins?

—No sé de quién me hables –contestó, intentando contenerse.

—Hermano, pasaste toda la velada con esa mujer.

—Olvido fácilmente la compañía no deseada –soltó y avanzó hasta la casa.

—Supongo –admitió –para ti fue no deseada, pero… me gustó, según lo que mi mujer ha dicho, es la mascota de Demelza Robins, significa que todo en ella está nuevo, ya sabes, antes de que mi prima se case, puedo intentar estrenar a la mascota que tiene, no puede ser complicado desvirgarla, es como las demás sirvientas ¿qué opinas?

—No tengo opinión al respecto –soltó en un tono cortante –estoy aquí por el negocio que tú y mi padre…

—Sí, ya lo sé.

Se levantó de su silla, ya que habían llegado al despacho y había ocupado su lugar, Draco suspiró, intentando contener sus ganas de golpear a Blaise, sabía que no podía tomar la doncellez de la pelirroja, porque eso lo había hecho él, pero la sola idea de ese maldito intentando tocarla, o forzarla, lo ponía de un tremendo mal humor.

—Mi señor –saludó Daphne al entrar, la sirvienta colocó galletas y té, pero él rechazó el ofrecimiento.

—Estoy bien así, gracias.

—Supongo que se quedará a pasar la noche ¿cuánto tiempo piensa quedarse?

—No lo sé, por ahora –contestó amable, pero cortante.

—Mi hermana me envió una carta, contándome un poco de su estadía en la Casa de Campo, pero creo que ha dejado volar su imaginación ¿cierto? Comentó algo de una hermosa esposa, pero…

—Su hermana tiene una gran imaginación, sin duda, señora Zabini –contestó incómodo.

—Lo sé, mi padre me ha comentado en una carta, que su padre ha estado charlando sobre comprometerlo con mi hermana ¿sabe usted que eso la haría muy feliz a ella?

—Sí, por su forma discreta en mi estadía en la casa de sus padres, lo dejó muy claro –sonrió burlón.

—Supongo que mi madre no le contó la enfermedad de mi hermana ¿o sí?

—No, no lo hizo –admitió.

—Sufre de una enfermedad que fue heredada por la hermana de mi abuela –bajó la mirada –no la heredé, pero si me embarazo… puede que mis hijos sí.

—Esa es la razón por la cual no ha dado a luz ni una sola vez desde que se casó ¿no es así? –la mujer asintió.

—Lo siento por su hermana.

—Si se casa con ella, por favor, no le embarace, o morirá –lo sujetó del hombro y salió del despacho, dejando a Draco completamente incómodo.

No tenía planeado casarse con Astoria, ni en un futuro cercano ni lejano, preferiría mil veces a la desconocida Pansy Parkinson, tendría mucha mala suerte si su padre a pesar de tener una mejor familia, elegía a los Greengrass.

—He vuelto, espero que Daphne no interrumpiera aquí con historias tristes.

—La enfermedad de su hermana –contestó encogiéndose de hombros.

—Así que te lo dijo, aunque le ordené que no.

—No pienso casarme con ella, así que no te preocupes.

—Deberías considerarlo –sonrió –es la mejor opción, cuando te hacen casarte con una mujer que no quieres ni soportas, si muere pronto, mejor.

—No soy esa clase de personas –informó.

—Tú no la matarías, sólo la fornicarías hasta preñarla, el embarazo hará lo suyo.

—Sí, digamos que esa mujer no logra…

—Un verdadero hombre puede acostarse con cualquier mujer –soltó en un tono de burla.

—Lo sé, pero ella no…

—Te comprendo, por eso toco a mi mujer lo menos que pueda.

—Pensé que era esa enfermedad tan popular en los prostíbulos –se burló.

—Cierra la boca –bufó –Potter me ha dado medicina para ello.

—Es una suerte que fuera el prometido en esa cena ¿no es así?

—Sin duda.

La charla de negocios se extendió demasiado para el gusto de Draco, aun así, pudo cerrar el trato con Blaise, para su mala suerte, el deseo del varón por hablarle de la cena de compromiso, y la forma en la que le gustaría tener a Ginevra, no le agradó, tuvo que comportarse como normalmente lo hacía, lo que menos quería era que le comentara a su padre "su actitud extraña".

Se quedó en el cuarto de huéspedes un par de días, hasta que sus caballos estuvieron listos, para poder regresar a Londres, no quería pasar ni un minuto ahí, entre los deseos de Blaise y las charlas de súplicas de Daphne porque no embarazara a su hermana, como dando por hecho que se casaría con ella.

—XxX—

Observaba por la ventana de su despacho la calle, mientras tamborileaba los dedos completamente desesperado, no tenía excusas para visitar a Demelza, y por consiguiente, encontrarse con Ginevra, se estaba volviendo loco, hacía demasiado tiempo que no la tocaba, que no la besaba, iba a volverse loco.

Se levantó, caminando de un lado a otro, jamás se había sentido tan desesperado, la ansiedad estaba terminando con él, su respiración se agitó más de lo que pensó que lo haría, necesitaba verla, o sin duda se volvería loco.

—Señor, su padre quiere verlo.

—Después –soltó sin darle importancia y salió del lugar.

Cruzó la calle, Demelza estaba en los planes de boda, así que seguramente las encontraría de compras, si la conocía bien, estaría ahí.

—No, ese color es espantoso –bufó la rubia –dime ¿qué opinas, Ginny?

—Espantoso como tal no es –sonrió divertida.

—Es de mal gusto –pronunció, haciendo que Demelza girara.

—Oh, por fin alguien con buen gusto, ven aquí, dime ¿qué color preferirías?

—El color plata –contestó, sin quitar su vista de Ginevra.