Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, una vez más otra actualización temprana, espero que estén notando mi compromiso por no llevarla al hiatus (es porque ya está casi terminada, sólo faltan unas cosas del epílogo) así que bueno, la próxima vez que nos leamos será 24, bueno, vale, la próxima vez que actualice será 24, no sé hasta cuando lo leas ustedes, bien, pues no queda más que decir aparte de que agradezco mucho sus reviews, sus favoritos, sus follows, muchas gracias desde mi humilde y oscurito corazón.

caro, una vez más, muchísimas gracias por tu review, creo que tienes conexión psíquica con Lucius Malfoy en la historia, jaja, este capítulo responderá bastante bien a tu teoría, muchas gracias y ojalá te agrade el capítulo.

Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.


Capítulo 17: Sin Decir Adiós.

La puerta se abrió lentamente, Ginny se giró asustada, no sabía que esperar y había pasado suficiente tiempo como para creer que Draco entraría por esa puerta, para su sorpresa, el hombre que echó llave, era el rubio que había robado todo de ella, le sonrió y se acercó, acarició sus brazos y la arrastró hasta su pecho, la pelirroja no dijo nada, se limitó a inhalar el aroma del hombre.

—Pensé que no vendría –admitió ella.

—Me costó un poco escapar de la atención de mi padre, pero ya estoy aquí ¿ocurre algo?

—Ocurren muchas cosas, para ser honesta, mi señor –él sonrió, negando un poco.

—Ya sé que ocurren muchas cosas, pero… algo en específico, para que tenga ese rostro tan triste.

—Sólo quiero que sepa que no importa nada –sonrió, acariciando la mejilla del rubio –estoy dispuesta a luchar por lo nuestro, si es que usted me quiere, sin importarme quien se interponga entre nosotros, sólo… dígamelo ¿me ama?

—Ginevra –sonrió –le amo más de lo que realmente puede creerme, de no hacerlo ¿cree que estaría aquí? Mi padre me ha advertido que no vuelva a acercarme a usted, pero es algo más fuerte que yo –la besó.

—No importa que sólo podamos mirarnos el uno al otro, siempre estaré luchando por lo nuestro, mi señor.

—Le amo –murmuró, sus manos se colocaron en la delgaducha espalda de la mujer, acercándola todavía más a su cuerpo, mientras sus labios se pegaban a los de ella, en un beso tan apresurado como necesitado de ambas partes.

Draco Malfoy se dio el tiempo de desnudar a la pelirroja, por fin, después de tanto tiempo, tendrían la oportunidad de yacer de nuevo en una cama, ya no más lugares incómodos, al menos por esa noche.

Las caricias de Draco recorrieron cada parte de la piel pálida de Ginny, mientras esta se estremecía debajo del cuerpo del rubio, que besaba su cuello, y se agachaba un poco, atrapando el pezón rozado entre sus labios, sus yemas rozaban con suavidad el interior de la pierna derecha de la mujer, mientras esta seguía moviéndose a causa de las sensaciones que todo eso le estaba produciendo, él era el único hombre con el que había compartido su cuerpo, y estaba por lejos, de ser una experta en ese aspecto, pero en cuanto las manos de él se posaban en su cuerpo, era suficiente para llevarla automáticamente a otro mundo, se movía conforme el placer aumentaba, guiándose más que nada por las sensaciones que su cuerpo tenía, y que le aseguraba que esa sensación de placer continuaría.

Contuvo el aliento una vez más, cuando el peso del varón estuvo sobre ella, le acarició la pierna, y la separó un poco, para tener un mejor acceso a su intimidad, que estaba suficientemente húmeda para recibirlo en su ser.

Draco no perdió oportunidad, albergó su miembro en la cavidad de la pelirroja, aguardando un momento por el placer, antes de que ese mismo, le incitara a moverse en ella, dentro y fuera, empujando su cuerpo lentamente, al tiempo que hacía estocadas certeras, haciéndole gemir, así que cubrió sus labios con los de él, en un beso apasionado, la sujetó de los hombros, moviendo las caderas más rápido, empujando su cuerpo al de ella, buscando adentrarse tan profundo como no lo había hecho antes.

Arqueó la espalda a causa del placer; los labios de Draco estaban en su pecho, subiendo por su cuello hasta su boca, le sonrió suavemente, él limpió el sudor de la frente de la chica, sin moverse un centímetro, salió de ella, y se recostó suavemente a su lado, atrayendo el cuerpo desnudo y sudoroso de la pelirroja sobre él.

—No va a echarme de su cama ¿o sí, mi señora?

—Claro que no, mi señor –admitió, hundiendo el rostro en el cuello del rubio –le amo –susurró –sólo a usted, nunca a otro.

—Yo también le amo, mi señora.

El sueño los venció, hacía mucho tiempo que no compartían el lecho, más que nada, para dormir, con esa tranquilidad que el amanecer les arrancaría, esa habitación fue testigo de las dos veces que se entregaron el uno al otro, antes de que el varón tuviese que irse, o su padre se preguntaría donde pasaría la noche, y no quería que tuvieran más problemas por no poder estar alejados.

—XxX—

La pelirroja se vistió tranquilamente después de su baño, no podía quitarse esa sensación de felicidad que tenía desde la noche, cuando Draco había entrado a la habitación de huéspedes.

—Aquí está mi adorada pelirroja –sonrió Demelza.

—Buenos días, señores Potter –les hizo una reverencia.

—Dime ¿pensaste lo que te propusimos?

—Sí, lo pensé, de hecho, ni siquiera lo he hablado con mis padres.

—Tienes suerte –sonrió Harry –mi suegro ha sugerido una luna de miel, así que… tienes dos meses para pensarlo, Ginny –el moreno la sujetó del hombro –pero quiero que lo pienses bien, y hables del tema con tus padres.

—Lo haré, espero que tengan un buen viaje, y disfruten de su luna de miel.

—Nosotros también lo esperamos ¿cierto, señora Potter? –sonrió Harry.

—Un poco –soltó una risita.

Demelza llevó a Ginny consigo, con el pretexto de que le ayudara a elegir que prendas llevar, ya que tenía muy buen gusto, ya en la habitación, la rubia suspiró.

—Sé que estás pensando en quedarte por él, pero cuando Draco y mi prima se casen, se irán a Wiltshire, a esperar que Lucius muera y él vuelva aquí, a tomar su lugar en la Cámara de Lores, así que, te lo suplico, Ginny, por favor, piénsalo, sé que se aman, pero él no dejará de ser un Malfoy jamás, ni por ti, ni por nadie, por mucho que te amé –Ginny asintió, con una sonrisa triste.

—oOo—

El viaje de Demelza con su marido tenía apenas una semana y media, y a pesar de todo intento del varón por hacer que se distrajera, no podía hacerlo, así que se dio por vencido en los besos y las caricias de ese momento.

—Sigues en otro lugar –argumentó serio.

—Oh, lo que te molesta es que frustro tus planes de sexo ¿no es así? –soltó enfadada.

—No, Demelza, lo que me molesta es que sigues igual, a pesar de que ya hablaste con Draco al respecto de la situación con Ginevra.

—No puedo evitar sentirme culpable, Harry, eso es lo que ocurre, si yo hubiese mantenido a Ginevra como mi acompañante, Draco no se hubiese interesado en ella.

—Dime ¿y si sí? –Demelza lo observó extrañada.

—Al menos eso ya no hubiese sido mi culpa, pero tú mismo lo dijiste, los forcé a compartir una cama por tanto tiempo y en mi idiotez pensé que ella no caería ante las redes de él.

—Al menos no han cruzado más allá esa relación.

—Ginny no es tan idiota como para entregarse a él, vamos, no es como yo.

—Sin embargo, se llevan muy bien.

—Harry, ya lo hemos hablado, Ginny se preocupa por su familia demasiado, ella es la hija de un mercader, tú te conformaste con una mujer que yació con otro sólo porque soy de alta cuna.

—En realidad no me interesa –admitió Harry –ni que seas de alcurnia, ni que yacieras con otro, porque lo hiciste porque lo amabas.

—Sí, en realidad lo hacía –admitió ella.

—Ya deja de pensar en ellos y torturarte, al final de cuentas, las cosas pasan por algo, ven, vamos a dar una vuelta.

Demelza sonrió, se arregló las ropas y salió del brazo de su esposo de la habitación, fueron a dar un paseo, el lugar era tranquilo y bonito, sabía que esa era la razón por la cual su padre los había enviado ahí, la paz, y el aburrimiento, los llevaría a intentar reproducirse como conejos, claro que eso no le había funcionado del todo bien, tenían una semana en ese sitio, y si realmente no hubiesen estado casados desde antes, ese matrimonio todavía no se hubiese consumado, lo bueno, es que en ese pueblo, se habían casado y cansado en consumar.

—Es mejor que volvamos –musitó la rubia –está oscureciendo, y tengo frío.

—Bien, no quiero que se enferme.

—Vamos –sonrió.

Harry la besó suavemente y la guio hasta la vieja casona de los Robins, le ayudó a quitarse la capa, y la colocó en el perchero, junto con su sombrero y su saco, fueron hasta el fuego, él aprovechó para servirse una copa de whisky, ella negó con una sonrisa divertida.

—XxX—

Los labios suaves y rojizos de la rubia se posaron en el cuello de su marido, él pensó que cuando le dijo que fuesen a la habitación, era porque estaba cansada y un tanto aburrida de la monotonía, y que por lo tanto, dormirían, vaya forma de Demelza de engañarlo, pensó que ese sería un día más sin intimar, pero no sería así.

La sujetó de la cintura, acercándola a él, la rubia se colgó de las caderas de su marido, que la guio a la cama, pero ella negó, sin romper el beso.

—Sea más creativo, mi señor –sugirió, con una mirada intensa, y una sonrisa en los labios un poco hinchados.

Harry Potter se deshizo de la ropa interior de su esposa, dejándole el camisón puesto, la llevó hasta la pequeña mesa junto a la ventana, con una mano libre aventó sus libros de medicina al suelo, sentando a la mujer en ella, con sus manos, acarició los muslos de la rubia, subiendo el camisón en el trayecto, se bajó los pantalones un poco, y sin esperar más, se adentró por completo en la mujer, que enterró las uñas en la tela de la camisa de su marido.

— ¿Es suficientemente fuera de lo común para usted, mi señora?

— Una mesa, sin duda –sonrió divertida, cerró los ojos y se mordió el labio inferior cuando Harry se movió en ella –dígame ¿dónde me tomará después?

—El cielo es el límite, mi amor –pronunció antes de besarla de forma voraz, al tiempo que le penetraba rápidamente.

Tenía que agradecer que estaban casados, porque a la rubia le costaba demasiado ser discreta en cuanto se trataba de intimar, y no le molestaba, por el contrario, sus gemidos y los sonidos de excitación de la mujer lo estimulaban más de lo que pensó que lo haría.

El cabello de Harry terminó más alborotado de lo que normalmente era, podía jurar que ante el clímax de su esposa, había perdido un mechón de cabellos, era tan intensa y entregada, que le fascinaba.

—Feliz luna de miel, señor Potter –se giró hasta él, ya que estaban recostados sobre la cama.

—Vaya que nos hemos tardado en consumar este matrimonio, señora Potter.

—Ha dado sus frutos ¿no es así? –Rió –se ha comportado como un vándalo en lugar de como un caballero, mi señor –le besó.

—Mientras a usted le guste que lo sea, lo seguiré haciendo –argumentó.

—Eso me agrada –se incorporó y se subió a horcajadas sobre su marido –pero, no perdamos más tiempo en cuestiones morales y si es vándalo o caballero.

La rubia meció sus caderas de forma circular, logrando que Harry cerrara los ojos y la sujetara de las caderas.

—oOo—

Ginny Weasley no había vuelto a ver a Draco Malfoy desde la boda de su mejor amiga, claramente quería por lo menos verlo un momento, a lo lejos, como fuese, pero sabía, como Rodolphus se lo había prometido, que sería la última vez que lo vería, ahora mismo, se lamentaba de jamás haberse despedido, bueno, lo había hecho, se había despedido de él de esa forma, claro que había sido un adiós donde él desconocía que lo era.

El sonido de una risa divertida la trajo de nuevo a la realidad, así que se giró, sonrió al ver a Demelza y a Harry, fue rápidamente hasta su amiga, feliz de volver a verla.

— ¡Volvieron! –soltó feliz.

—Claro que volvimos, gracias por desearnos la muerte –se burló la rubia.

—No lo digo por eso, sino porque pensé que les agradaría tanto allá, que decidirían no volver, así como eres de extraña –sonrió la pelirroja.

—Cierto, sí, soy extraña –rió Demelza.

—Vamos, lo mejor es que descansen un poco antes de la comida –sonrió Ginny.

—Serás una muy buena ama de llaves –argumentó Harry –iré a hablar con tu padre, cariño, no tardo.

—No lo hagas –le guiñó un ojo.

—Cuanto amor –sonrió la pelirroja y fue con su amiga hasta la habitación.

—Dime ¿qué es ese olor? –olfateó por todo el lugar.

—No lo sé, tu madre ordenó colocar manzanilla por tu habitación.

—Manzanilla –olfateó –no, huele más… delicioso –frunció el ceño y fue hasta la pelirroja, le olfateó el cuello –eres tú –pegó su nariz, mientras la sujetaba de los brazos –podría comerte –admitió.

—Suéltame, Demelza –la empujo, alejándola de su cuerpo.

—Lo siento, es que realmente hueles delicioso.

—Corner me regaló el perfume –admitió.

—Sigues siendo cortejada por él –la chica asintió.

—En fin, iré a ponerme algo más cómodo –se señaló.

Ginevra se encargó de ayudar a desempacar las cosas de la feliz pareja, mientras la rubia tomaba un baño, no dijo nada cuando Harry entró a la habitación y fue a reunirse con su esposa, sonrió divertida cuando el poco discreto matrimonio cambió el baño por algo más íntimo.

Una sonrisa vagabunda la acompañó, recordando cuando Draco y ella, habían hecho lo mismo en aquella Casa de Campo de los Greengrass, se aclaró la garganta, se limpió la lágrima que amenazaba con salir, dobló lo último que le faltaba y salió de la habitación, dejando a Demelza y a Harry poder tener más intimidad de la que ella les estaba brindando.

Salió de la habitación, caminó hasta la cocina, y en el recibidor se topó con él, con Astoria sujetada de su brazo.

—XxX—

La escena de Draco y Astoria juntos, besándose, había ocasionado mucho en ella, esa sensación no le agradaba para nada, y a pesar de todo, le había prometido a él que lucharía por ellos, así él no lo hiciera, tenía que cumplir esa promesa.

Entró a la habitación de Demelza, hacía un mes que había regresado con Harry, y ya habían hablado al respecto de que se quedaría en Londres, sin importar lo que pudiese pasar.

—Demelza –la nombró, pero no contestó –Demelza, traje sábanas limpias.

Un ruido en el baño hizo que dejara las cosas sobre la cama, pensando en volver después, si Harry y ella estaban teniendo intimidad, lo mejor es que les diera privacidad, pero no se escuchó nada, los conocía suficientemente bien, para saber que no se detendrían sólo por ser escuchados.

Así que avanzó hasta el baño, abrió la puerta, y salió rápidamente, buscando ayuda, para su fortuna, Harry estaba con el señor Robins, entraron corriendo, tomó en brazos a su esposa y la colocó en la cama, después de unos minutos, la rubia abrió los ojos, y le sonrió a su marido.

—Bonita forma de despertar –sonrió divertida.

—Es usted una insensata, no vuelva a asustarme así ¿quiere?

—Lo siento –se quejó.

—Debería comer bien, en lugar de brincarse los alimentos como se le está haciendo costumbre –la reprendió.

—Ya ni mi padre me reprende –soltó con el ceño fruncido.

—Ahora es deber de tu marido, hija –soltó el señor Robins con una sonrisa –venga, ya que está bien, sigamos en nuestros negocios, gracias por avisarnos, Ginevra –le apretó el hombro.

Las mujeres esperaron a que los varones salieran, y un momento después, la rubia suspiró aliviada de que no la reprendieran bien, le sonrió a la pelirroja que seguía con la mirada severa, y los brazos cruzados.

—La razón por la que has estado así, dime ¿es lo que yo pienso? –enarcó una ceja.

—Lo más probable es que sí –sonrió –no estoy del todo segura, mis síntomas comenzaron al llegar aquí, y no se han ido, veré cuanto tiempo le toma al Doctor Potter relacionar mis males al embarazo –sonrió.

—Estoy tan feliz por ustedes –admitió Ginny con una sonrisa.

—Lo comprendo –admitió ella –es una lástima que tú y Draco no puedan estar juntos.

—Cambiemos de tema –pidió incómoda.

—Cierto, perdón –se disculpó.

—oOo—

Draco Malfoy observó a su padre y a su tío, tal y como Rodolphus lo había prometido, no había dicho nada sobre la noche de hacía tres meses, la última que había visto a Ginevra, a decir verdad la había visto en más ocasiones, claro que simplemente había podido verla, no habían cruzado ni una sola palabra, lo había prometido a su tío, una última noche, y sólo eso, no más acercamientos, no más nada.

No estaba de buen humor, la mujer a su lado parloteaba sobre idioteces que a él no le interesaban y no podía callarla porque estaba informando a todos lo que los señores Greengrass habían estado pensando para la boda, Narcissa, la madre de Draco, parecía encantada con la mujer que sería su nuera, si bien al inicio ella creía que no era digna de ser una Malfoy, su facilidad para ser callada era perfecta para la mujer de su hijo.

—Suena realmente encantador –admitió Narcissa –dime Draco ¿qué opinas?

—No me interesa –soltó sin darle importancia.

—Mi hermana me ha dicho que la criada que tiene mi tío quedará desamparada ahora que Demelza se vaya con su marido, así que ha sugerido que Draco y yo la contratemos –observó al rubio –Ginevra Weasley no tendrá mucho apoyo una vez Demelza se marche –sonrió discreta ante la mandíbula tensa de Draco.

—Así que planeas llevarla voluntariamente a tu casa –soltó Lucius observando a la joven con interés.

—Es una criada ¿qué importa? Sirve para fregar pisos y es para lo que la quiero.

La mirada gris de Lucius Malfoy se posó en su hijo, pudiendo adivinar que él no tenía nada que ver al respecto de lo que la jovencita Greengrass estaba pidiendo, así que negó con una sonrisa, esa mujer no era tan tonta como lo aparentaba, estaba al tanto de lo que esa mujer pelirroja significaba para Draco, y sólo buscaba humillarlos, siendo criada y patrón, sin embargo, él era hombre, y sabía que si vivían en el mismo lugar, nada iba a impedirle a su hijo cruzar la línea con esa chica, había muchas formas de yacer con la servidumbre sin que la mujer se enterara.

—No creo que sea buena idea –argumentó Draco, que a pesar de que le encantaba imaginar que podría yacer con ella todas las veces que quisiera, sin tocar a Astoria, pero no podía darle la impresión a su padre de que lo quería.

—Ya veremos, todavía falta mucho para que la nueva señora Potter se marche de aquí –habló Lucius –además… hay que hablarlo con ella, después de todo, no es una esclava a la cual compres y vendas fácilmente.

Draco resopló aliviado de la respuesta de su padre, así que no volvió a intervenir en todo lo que su madre y su odiosa prometida estaban alegando sobre el compromiso.

—Iré a fumar un cigarrillo –se disculpó Draco y salió al patio.

—XxX—

Draco suspiró cansino, observó el reloj, los días no solían irse tan rápido como cuando estaba con ella, y eso era algo que no le agradaba, ¿por qué estar con ella era que el tiempo fuera desbocado y estar con Astoria hacía que las horas avanzaran tan despacio?

El rubio llegó a su casa cansado, aburrido y tenso, imaginando que el resto de sus días serían de igual forma, salvo que no podría escapar de eso, no podría irse a otro lado, no, dormiría y despertaría junto a esa mujer insoportable.

—Al fin llegas –la voz de su padre resonó en la oscuridad, la vela estaba opacada por su cuerpo.

—Estaba con Astoria –contestó en un tono tan neutral, que su padre supo que decía la verdad.

—Me sorprendió que tu futura esposa pidiera a tu amante como sirvienta ¿qué es lo que estás tramando, Draco?

—Bueno, para ser honesto, padre –admitió con una sonrisa divertida –me ha sorprendido tanto como a usted el atrevimiento de mi prometida, pero no me desagrada la noticia.

—Voy a decirte que esa chica no me ha decepcionado para nada, la pelirroja –aclaró para su hijo –sus valientes palabras de que ella lucharía por ti –sonrió divertido –es poético su amor –negó.

—Tal vez yo no puedo dejar de ser un Malfoy y ella una Weasley –admitió el rubio para su padre –tal vez puedas casarme con Astoria Greengrass, pero no podrás hacer nada para que yo deje de pensar en "esa pelirroja" como la has llamado, así que cuando tengas el nieto que tanto has deseado, sabrás, que seré libre de la mujer que me has impuesto, tendrás a tu heredero, y podrás dejarme en paz, para ir tras la mujer que realmente quiero.

—Es lo que vas a hacer, a pesar de la advertencia que te he hecho –Draco hizo una mueca parecida a una sonrisa.

—Usted mismo ha dicho, que planeaba que Astoria muriera, así que… yo sólo estoy sumando un poco a sus palabras.

—Mancharás el honor de lo que cada Malfoy ha hecho para lograr esta posición.

—Bueno, padre, si tú y ellos han sacrificado el amor por el dinero, sí, lo deshonraré.

—No, no mientras yo viva ¿lo escuchas?

— ¿Quién dijo que usted estaría vivo cuando eso pasara?

La mirada de Draco fue tan impermeable que Lucius no supo si era una amenaza, después de todo, él se había deshecho de su propio padre para ocupar por fin un lugar en la cámara de los Lores ¿por qué Draco no habría de hacer lo mismo con él? Todo por casarse con esa asquerosa pordiosera de apellido Weasley.

—Bueno, entonces, agradeceré al menos estar muerto, para no ver la burla de lo que harás con nuestro honorable apellido y legado, si vas a tirar todo a la basura por una mujerzuela, más vale me encuentre muerto.

Draco Malfoy jamás se habría atrevido a levantarle la mano a su padre, pero es que en cuanto la palabra "mujerzuela" salió de sus labios, refiriéndose así a Ginevra, su sangre se calentó, y su cerebro envió la orden, y ni siquiera lo notó.

Su puño se habría estrellado ya en la mandíbula de su padre, que le veía incrédulo por lo que había hecho, y posiblemente por ser la única vez que lo había hecho o intentado, lo dejó pasar, no dijo más, se fue en dirección a las escaleras y fue hasta su habitación.

El joven varón avanzó hasta el whisky y se sirvió un poco, tenía que contener la adrenalina que le había provocado enfrentarse a su padre, era la primera vez que lo hacía, y se sentía maravillosamente bien, un poco más de valor y se negaría a casarse con Astoria, correría hasta el hogar de Ginevra y le pediría que se fueran juntos.

Subió hasta su habitación después de un par de tragos, estaba más relajado y tranquilo, no podía esperar para hacer sus planes realidad.

—XxX—

La casa de los Robins tenía mucho movimiento cuando él llegó, observó a la servidumbre llevando las cosas que suponía eran de Demelza y Potter, así que avanzó hasta su amiga rubia, que estaba hablando alegremente con Ginevra, que estaba dándole instrucciones, significaba que no se iría con ellos, y eso le hizo sin duda ser la persona más feliz, aunque su rostro no lo demostrara.

Ginevra le observó, hizo una reverencia y se alejó disculpándose, así que Demelza se giró hasta él, con una suave sonrisa.

—Me ha llegado la noticia de su embarazo –admitió y le sonrió.

—Así es –suspiró –ha sido la peor idea viajar en este estado, pero bueno, si no es ahora, no es nunca ¿cierto? –sonrió.

—Soy feliz por ti y tu marido –admitió.

—Gracias, quisiera decirte lo mismo de ti y tu matrimonio, pero no puedo con eso.

—Yo tampoco, para la buena suerte, en cuanto preñe a tu prima, no vivirá mucho tiempo, y podré ir tras ella –observó a la pelirroja que ayudaba a los demás a llevar las cosas.

—Es mi prima al final de cuentas –admitió la rubia –y no le deseo la suerte que tiene que llevar consigo –musitó.

—Lo comprendo –admitió –pero… Ginevra…

—Shhh –lo calló la rubia.

—Lo siento, si por mi fuese, lo gritaría a todo el mundo, pero todavía tengo un padre, que espero que envejezca pronto –admitió con una sonrisa divertida, así que la mujer junto a él negó con una suave sonrisa.

—Realmente deseo que encuentren una forma para vivir su amor, Draco, lamento haberles ocasionado todo este problema, si yo no hubiese ido y… bueno, lo lamento –lo abrazó.

—No te preocupes Demelza, si hubieses dicho que tu prima era mi esposa, créeme que jamás me hubiese sentido de esta manera por ella.

—Lo sé.

El matrimonio Potter pasó toda la mañana con su amigo Draco, charlando de cualquier cosa, mientras le permitía que estuviese dedicándose miradas con la joven pelirroja que aunque intentaba no mirar en su dirección, la tentación le ganaba.

— ¿Está bien? –cuestionó Draco.

—Sí, está un poco cansada porque ha estado dividida ayudándonos a nosotros, a sus padres y a sus hermanos, ha estado trabajando de más, aunque sabemos la razón a eso.

—Está intentando dejar de pensar en ti –admitió Demelza, completando la explicación de su marido.

—Eso no ayuda –musitó.

—Entonces suplica que tu padre muera pronto –sonrió Demelza.

—Cierto –negó.

Se quedaron callados cuando la joven se acercó a ellos, hizo una suave reverencia a Draco y se giró al matrimonio, que estaba tranquilamente tomando té, les sonrió y observó de reojo a Draco.

—Ya está todo listo –anunció.

—Gracias Ginny ¿quieres sentarte con nosotros y tomar un poco de té? –cuestionó Harry.

—No –se disculpó –Michael y yo… iremos a dar una vuelta –su rostro se arreboló ante la mirada y el enojo de Draco.

—En ese caso que disfrutes de tu tarde, Ginny.

—Gracias –hizo una reverencia a todos y se alejó.

— ¿A dónde vas? –cuestionó Demelza cuando Draco se iba a poner de pie.

—Ella no…

—Te recuerdo que no son nada.

El rubio se quedó en su asiento, como un pequeño niño regañado, que estaba a punto de rebatir el comentario de su amiga, diciendo que desde luego que eran algo, más de lo que pensaban que eran, Draco era de ella, y Ginevra era de él, y eso no iba a cambiar ni ese día, ni en mil años.

—Tengo que irme, aún tengo que ir a ver a tu prima, aun así, les deseo un buen viaje –se puso de pie.

—Muchas gracias por tus deseos –sonrió ella poniéndose de pie también.

—Y desde luego, les deseo un hijo sano y fuerte –acarició el vientre de la rubia, que le sonrió –te enviaré invitación cuando nazca, tendrás que ir a verlo –rió feliz.

—Desde luego que iré, no me lo perdería por nada.

—Eso espero, y ya lo has prometido, no puedes salvarte de esto, Malfoy.

—No lo haré.

—Intenta ser feliz –le pidió la rubia y le abrazó fuertemente.