Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Es 24 de diciembre y aquí estoy actualizando, espero que tengan una GRAN y FELIZ Navidad, las fechas no son de mis favoritas, tengo que admitirlo, pero a mí me encanta comer, así que lo bueno de esto, es la cena abundante y el ponche delicioso, mientras la familia se pelea pero tu comes mientras miras televisión ;) esas sí que son las buenas fiestas, jajaja, no, pero espero que ustedes aspiren a algo mejor que yo, espero que tengan un día increíble, lleno de felicidad, de comida y calor de hogar, nos estaremos leyendo pronto, y espero, que les agrade el capítulo, ya sólo queda uno, y el epílogo ;)

caro, Tu conexión psíquica con Lucius en serio me sorprende, en éste capítulo también, estará la respuesta a tu review, así que no diré más spoilers ;) muchísimas gracias por tu review, y felices fiestas c(:.

Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.


Capítulo 18: No Tan Fuerte.

Lucius Malfoy estaba sentado en su silla, observando a un punto incierto frente a él, desvió su atención de sus pensamientos cuando la puerta se abrió lentamente, alguien había estado tocando y nunca había dado la orden para que entraran, así que supuso que quiso asegurarse de que no estaba.

La vista chocolate se posó en él, tenía una actitud dócil y tímida, pero si algo tenía en claro de ella, es que era más valiente de lo que aparentaba, tanto, que había brindado de un poco de valor a su hijo, para que saltara en su contra, ella pasó, quedándose de pie al otro lado del escritorio, como nunca le dijo que se podía sentar, permaneció ahí, callada, esperando que fuese él quien iniciara, al menos tenía un poco de conocimiento y educación, sobre todo respeto, por él, todo lo que representaba.

—Pensé que no tendría que verte de nuevo –admitió él, sobresaltándola cuando se dignó a hablar –realmente no sé qué le diste a mi hijo, que está tan idiotizado contigo.

—Yo amo a su hijo, mi señor –contestó suavemente, evitando mirarlo a los ojos.

—Repite eso –se puso de pie –dímelo en la cara ¿Cuánto le amas? –interrogó.

—Más de lo que usted cree –lo observó, un pequeño destello brillaba en sus pupilas, un destello que parecía fuego ardiendo.

—Entonces, vas a alejarte de él ¿cierto?

—He estado alejada de él, mi señor, sólo le he visto cuando iba a visitar a Demelza, pero no hemos cruzado palabra alguna, más de la necesaria.

—Pues… él ha repentinamente, tomado valor de ponerse en mi contra por ti –ella intentó ocultar su sonrisa –eso te alegra ¿no es así?

—Saber que me ama, sí, me alegra, mi señor.

—Realmente eres muy valiente o muy estúpida, no lo sé –admitió –pero… quiero que le rompas el corazón o yo… haré algo terrible.

—No voy a romper el corazón de su hijo –soltó valiente –le amo, y eso no cambiará, así usted… y no importa que haga conmigo.

—Bien ¿estás segura de que no quieres cambiar de opinión al respecto?

—Estoy segura, se lo prometí a él, que mi amor era tan fuerte que…

—Es bueno saberlo, que su amor es fuerte, bien, si logra soportar con entereza, mis pruebas, Ginevra, daré permiso a que usted y mi hijo, se casen, ahora, márchese.

—Gracias –le hizo una reverencia y salió del lugar con el corazón latiéndole a prisa.

Lucius observó a la chica que salía de su oficina, negó, caminó hasta la ventana, y después de unos momentos, la observó atravesar el patio del lugar, apresurada, una mueca apareció en su rostro.

En algo se parecía a su hijo, esa chica era ingenua y tonta, algo que venía acompañado con el valor, tal vez, por eso, él pensaba que eso estaba sobrevalorado, se giró y tomó la campana sobre el escritorio de madera, tocándola tres veces, y su sirviente apareció, hizo una reverencia y aguardó por la orden de Sir Lucius.

—Benjamin –su voz fue un suave susurro –por favor, haz que el señor Lestrange venga a mi oficina en cuanto esté desocupado, necesito que me haga un favor.

—Desde luego, Sir Malfoy –hizo una reverencia y salió, cerrando la puerta tras él.

Rodolphus Lestrange tardó lo suficiente en ir a su oficina que le dio tiempo de poner en orden la mayor parte de sus pendientes, al casi final del día, el varón apareció, con ceño fruncido y mala cara, así que su día no había sido mejor que el de él.

—Querías verme –soltó.

—Así es, me dijiste que los hermanos de esa… mujer, con la que mi hijo está obsesionado se dedican ¿a qué?

—Principalmente, fabrican cosas que utilizan pólvora –informó Lestrange.

—Bien –aceptó –entonces, tu cerilla deberá aterrizar en su tienda cuando termines de encender tu pipa.

—Bien.

—Y no te preocupes si hay alguien.

— ¿La joven hizo algo que te molestó, Lucius?

—Digamos que sólo espero que ella esté ahí, ayudando a sus inútiles hermanos –sonrió –ahora vete, eso tiene que estar hecho por la madrugada, a más tardar.

Rodolphus no dijo nada, se limitó a asentir y salir del lugar, el varón rubio sonrió satisfecho, sin duda le agradaba tenerlo de matón, las cosas con él eran tan fáciles, hacía las cosas sin protestar ni pedir explicaciones, además de que era demasiado bueno en lo que hacía, hasta el momento, de todos los encargos que le había hecho, ninguno había sido relacionado con él o Lestrange.

Salió temprano de la oficina y se dirigió a su mansión, con una amplia sonrisa, vería si eso era necesario para que Ginevra pensara dos veces las cosas antes de asegurarse de retarlo, a ella no le haría nada —por el momento— pero la chica tenía demasiada familia con la cual dañarla.

Su hijo estaba sentado a la mesa cuando él llegó, no dijo nada, pero intentó controlar su buen humor, después de todo, Draco no era tan idiota, si lo veía un poco feliz, sospecharía de algo, y terminaría yendo a donde no quería que estuviera.

—Buenas noches –saludó en tono cordial, el de siempre.

—Buenas noches –saludó su mujer y le sujetó la mano –Astoria y yo hemos estado…

—No interesa, eso de las bodas es de mujeres –contestó –haz lo que sea que implique buen gusto y no importa más, no es como si tu hijo estuviese impaciente por contraer nupcias ¿o sí?

—Soy el hombre más feliz –arrastró las palabras en un tono lúgubre.

—Lo ves –se burló.

La cena trascurrió tranquila, sin que nadie más intentara forzar una conversación.

—XxX—

Draco se detuvo a mitad de sus pasos, con Astoria del brazo, cuando la pequeña procesión pasaba frente a él, la mujer vestida de negro y de cabellos de color del fuego llamó su atención de inmediato, iba sujeta al brazo de otro pelirrojo, mientras se limpiaba las lágrimas, se veía demasiado afectada, él no podía ir hasta ella y consolarla, porque ni siquiera sabía que había ocurrido.

Observó a la mujer a su lado, que tenía una pequeña sonrisa, logrando que la vista del rubio volviera a las personas que pasaban, los ojos de la pelirroja estaban en él, y su corazón dio un enorme vuelco.

—Sabes lo que ocurrió ¿no es así? –interrogó en un tono tranquilo.

—Todo Londres lo sabe querido, es obvio que usted no, porque pasa de largo de los chismes.

—Entonces ¿por qué Ginevra está ahí?

—Supongo que lo que quiere escuchar es que su pretendiente murió ¿cierto? –El corazón del varón volvió a agitarse violentamente –pero no –cortó su felicidad –la tienda de sus hermanos tuvo un percance, lamentablemente para la familia, uno de los gemelos aún quedaba en el lugar, murió.

—Uno de los gemelos –soltó intranquilo.

—Frederick Weasley –murmuró Astoria –es una lástima que no puedas… -la chica se aferró más a él cuando intentó ir hasta la pelirroja –si das un paso más, te juro que tu padre lo sabrá –bramó enfurecida la chica.

Draco apretó la quijada y tuvo que mantenerse en ese lugar, quería ir hasta ella, aventar al tonto pelirrojo que la llevaba del brazo y ocupar su lugar, pero no podía y ella lo comprendió, por la pequeña y diminuta sonrisa en sus labios, que terminó por desvanecerse, mientras dirigía su vista al frente.

A Ginevra le restaban cinco hermanos, pero por sus ojos llenos de dolor, podía suponer que de todos los que tenía, precisamente el muerto, era su favorito.

Siguió paseando con su prometida, escuchando las pláticas de los demás, sus opiniones al respecto de lo que había ocurrido con la familia del mercader, muchos especulaban que estaban en malos pasos, porque se dedicaban a cosas bastante turbias utilizando el pequeño barco de su padre.

Draco no creía nada de lo que se decía, después de todo, Arthur Weasley sería uno de los hombres más poderosos de ser cierto todo aquello, o sus hijos estarían triunfando de la noche a la mañana, y por lo que Ginevra le había contado, les había tomado más de ocho años a los gemelos, tener el éxito que estaban teniendo, claro que ahora, con toda la pérdida, se las verían muy mal.

—Quítate eso de la cabeza –murmuró la mujer a su costado –sólo te torturas por nada, las cosas ocurren por algo, Draco.

—O las provocan –murmuró enfadado.

—XxX—

Draco entró enfadado a la oficina de su padre, cosa que no le agradó al patriarca Malfoy, le dedicó una mirada indignada, pero no podía igualar a la chispa de furia pura que tenían los ojos de su hijo, tanto que parecían plata derretida.

—Es usted el peor hombre que existe en el mundo, ahora más que nunca lamento la suerte de mi madre por haberse tenido que casar con usted –bufó.

—No sé de qué me estás hablando, Draco –soltó su padre.

—Hoy, mientras me veía obligado a pasear con la mujer que me ha obligado a cortejar, me he topado con un cortejo fúnebre.

—Ajá ¿y eso en qué me hace el peor hombre que existe, Draco?

—En Ginevra…

— ¿Ella murió? –no pudo evitar sonreír.

—Para su desgracia, padre, no, ella sigue viva, y aunque usted hiciera algo para afectarla, ella podrá con todo esto –soltó furioso.

—Bueno, sin duda ella también lo espera –se puso de pie –digamos que… si quieres que sea tu esposa, tengo que saber cuánto está dispuesta a dar por ti.

—Planea medir su amor por mí –se burló –es usted un monstruo.

—Puede que lo sea, pero si lo logra, bueno, digamos que tendrás a la mujer que quieres como tu mujer.

—Ella ya es mi mujer –bufó sin percatarse de su respuesta guiada por la furia y salió de la oficina de su padre.

Lucius Malfoy tuvo más de lo que su hijo hubiese deseado para meditar esa respuesta, que por supuesto, le disgustó por completo.

Salió de su oficina, atravesó el lugar, hasta la de Lestrange, que estaba con una mujer, que moqueaba mientras pedía algo, el rubio engreído y altivo la echó del lugar sin miramientos.

— ¿Qué quieres, Lucius? –soltó.

—Felicitarte por tu buen trabajo –dejó caer el dinero acordado en el escritorio –y he venido a pedir otro trabajo.

— ¿No crees que es muy apresurado?

—He tenido a mi gente esparciendo chismes, así que ahora todos pensarán que ayudaban al contrabando o algo parecido, así que… si mal no me equivoco con lo que me informaste, el padre tiene un barco ¿no es así? –sonrió.

— ¿Quieres que lo queme también?

—No, por supuesto que no –se burló –quiero que lo hundas, con toda la tripulación, quiero que sean alimento para los peces –sonrió –no voy a ponerte fecha, es un trabajo, de varios, tú verás cuando lo haces.

—Bien, espero que tu hijo…

—Oh, es que él ya sabe todo –sonrió.

—Y no te ha dicho nada –negó.

—Él cree que al final de mis actos, los dejaré casarse, es un tonto ingenuo –salió.

—oOo—

Ginny Weasley observó a su madre sentada sobre la pequeña silla, observando a la nada, con las lágrimas cayendo por sus mejillas, así que no dijo nada, se dedicó a ayudar con los deberes del hogar.

—Querida –le sonrió su padre –perdón por todo esto, pero tu madre está un poco…

—No tiene nada que explicarme, padre –lo tranquilizó –la muerte de Fred ha sido un golpe para todos, sabe que en lo que yo pueda ayudar…

—Lo sé –la besó en la frente y ocupó su lugar a la mesa, mientras ella servía la comida.

La charla no fue tan animada, George comía mecánicamente, como si no supiera que estaba haciendo, mientras su hermano Ron, no levantaba la vista del plato, mientras engullía todo lo que había en él.

—Creo que deberíamos vender el barco –murmuró Ron, logrando que todos lo observaran.

—Pero… no podemos, si hacemos eso perderíamos el único ingreso que tenemos –contestó su padre.

—Lo sé, pero tenemos que hacer algo, invertir lo que nos den por el barco y…

—Ron –negó su padre –no haremos eso.

—Ya estás viejo, padre –soltó el pelirrojo enfadado –y tienes que admitir que incluso con mi ayuda, no podemos hacer mucho, no tenemos para pagarle a los hombres, ir nosotros, es un riesgo muy grande si lo hacemos solos.

Ginny apretó los labios, no podía intervenir, y de poder, no sabía a quién apoyaría, ambos tenían razón en sus argumentos.

—Si vendemos el barco, podemos utilizar el dinero para abrir la tienda de nuevo –argumentó George –Ron me ayudaría, en lugar de… bueno, incluso tú podrías, papá, ayudarnos a atender, Ron no es tan idiota en las cuentas, yo trabajaría, mientras uno hace cuentas y el otro atiende.

—El barco es muy viejo –argumentó su padre –no creo que consigamos el dinero que estés pensando que tendrás, George.

—Algo es algo, papá, pero Ron tiene razón, es muy peligroso arriesgarnos a ir solos los tres.

—Voy a ofertarlo, mientras tanto, seguiremos trabajando.

—Bien –asintió George.

Ginny sonrió un poco más tranquila, a pesar de la muerte de Fred, las cosas se veían un poco más claras, esperaba, con todo su corazón que las cosas para los varones de la familia resultaran bien.

—Oye, cariño ¿podemos hablar un momento? –la detuvo su padre cuando terminó de hacer los quehaceres de la casa y se disponía ir a descansar.

—Sí ¿ocurre algo? –cuestionó intranquila.

—Si tu hermano Ronald te pregunta, no hemos tocado el tema ¿bien?

— ¿Ocurre algo malo? –cuestionó con más entereza.

—Sé que estuviste prestando atención a lo que nos está ocurriendo, eres una chica inteligente ¿cierto? –Ella asintió –ahora que tu amiga Demelza se ha ido y todo lo que ocurrió con Fred –suspiró –no soy el más feliz de decirlo, pero tu madre y yo comenzamos a pensar que es momento de que tú y Michael se casen.

La cara de Ginny perdió alegría, quedándose seria y sin gesto alguno que mostrar, observó a su padre, suponía que creía que las cosas serían tan desastrosas como para querer casarla de inmediato.

—Padre, yo… -se quedó muda, no tuvo el valor de decirle la verdad, de admitirle a su padre que Michael Corner ya no le interesaba y que para colmos, se había entregado a otro hombre, porque jamás sospechó que una desgracia como esa les ocurriera, y sí, había pensado quedarse soltera el resto de sus días.

—Lo sé, y Ronald se niega rotundamente a que eso sea una posibilidad, él es el más optimista con todo esto, no cree que sea necesario, pero tu madre y yo, creemos que es lo mejor, cariño, si él y tú se casaran, no sufrirías de hambres aquí, con nosotros, y no queremos que pases hambre…

—No me hagas casarme por algo así, son mi familia, padre, si tengo que…

—No –la cortó en tono serio –lo hemos decidido, y siento mucho que eso tenga que pasar, cuando me negué desde un inicio a permitirlo, pero es lo mejor, así que si tu hermano Ronald te pregunta, ha sido decisión meramente tuya y de Michael ¿está claro?

—Sabe que si él me lo pregunta no voy a mentirle.

—Pues siempre hay una primera vez para eso, y no, no es correcto hacerlo, pero si le dices a Ron, se enfadará bastante, y no es momentos para eso.

—Está bien –asintió.

Su padre se alejó rumbo a su habitación, Ginevra tomó su capa y salió al patio, a tomar un poco de aire, jamás pensó que retar a Lucius Malfoy traería como consecuencias todo aquello, amaba a Draco y le había hecho una promesa, de pelear por su amor, y no quería romper aquello, pero también tenía un compromiso y responsabilidad con su familia.

Unas lágrimas resbalaron por sus mejillas ¿qué iba a hacer?

Tenía que decir la verdad, tenía que ser honesta con Corner antes de que tuviesen que unir sus vidas, posiblemente si éste le rechazaba, las cosas serían mejor para ella, aunque… si se sentía herido, el chisme se expandiría, y no podía darle ese disgusto a su padre, tenía que aclarar su mente.

De saber todo aquello, hubiese marchado lejos con Demelza y Harry.

Entró a su habitación pasada la noche, pero no pudo pegar el ojo en ningún momento, la angustia iba a terminar con ella antes de que contara la verdad, y tal vez eso era lo mejor que pudiese pasarle.

—oOo—

Rodolphus Lestrange dejó pasar una semana de la muerte de Frederick Weasley para hacer sus planes, ya que le había llegado la noticia de que el viejo Weasley estaba ofertando su barco, tenía que hacer las cosas rápido, antes de que Lucius se pusiera histérico si lograba venderlo.

Entregó el dinero a quien le había hecho el trabajo sucio, esperó a que ese mismo hombre fuese a casa, cenara con su familia, dejara la mayor parte de su ganancia con su mujer y saliera a la taberna cercana, para terminar con las cosas, el silencio en ese tipo de trabajos era vital.

Así que una vez, con el hombre muerto, y despojado de sus pertenencias, pudo caminar tranquilo a otro lugar donde pudiese tomar un trago sin que fuese relacionado con todo aquello.

Al entrar al lugar, pudo ver a su sobrino Draco, con sus amigos de costumbre, los hombres estaban prestando atención a las prostitutas, mientras el rubio se limitaba a beber para, posiblemente, sacarse de la mente a esa pelirroja, después de todo, ya habían yacido juntos.

No se quedó, caminó rumbo a la casa, era mejor tomar los tragos en privado, así que dejó que mucha gente le viera caminar tranquilo hasta su mansión, con su un poco inestable esposa.

—He llegado –murmuró.

La mujer le observó con una sonrisa perversa y fue hasta él, para besarlo con desespero, él no se negó, después de todo, si estaba con Bellatrix, es porque él la había elegido.

—Me alegra que estés temprano en casa ¿has terminado las enmiendas de Lucius pronto? –besó el pecho del hombre.

—Fui por un trago, pero estaba el hijo de tu hermana, así que mejor vine a casa, no quería charla ni sentimentalismo familiar.

—Hiciste bien, son una lata, ellos y su drama –besó a su esposo.

Lestrange se dejó guiar hasta la habitación, ni su esposa ni él, iban a desaprovechar la noche de sexo, jamás lo había hecho y no era como si fuese a comenzar ese día.

El varón se levantó de la cama una vez que su encuentro íntimo con su mujer terminara, fue a su despacho y comenzó con su propio trabajo, ya que no era el matón de Lucius Malfoy a tiempo completo, tenía un apellido importante, una buena fortuna, y tenía que seguir cubriendo las apariencias de sus actividades, así que suspiró y comenzó con los papeles, tenía la mente ocupada, sabía cuál iba a ser el resultado de esos trabajos que estaba haciendo para Lucius.

—XxX—

Lestrange jaló a la joven pelirroja de un modo brusco, hacía poco que las cosas para los Weasley habían comenzado a ir de picada, primero la muerte del gemelo y la pérdida de su tienda, ahora el hundimiento extraño de la único ingreso estaba haciendo estragos, la joven se veía demacrada y más pálida de lo normal, suponía que ahora sí, tenían muy poco que comer entre todos ellos.

—Me asustó –murmuró la chica al darse cuenta que era él.

—Ginevra Weasley, creí que habíamos quedado que dejarías de darme problemas ¿no es así?

—Yo… bueno… no he hecho nada, no lo he visto, ni…

—Sabes de lo que hablo, Lucius no está feliz cuando lo retan, así que supongo que sabes que tu tonta valentía, ha causado todo esto.

La pelirroja se llevó una mano al pecho y se sostuvo de algo, posiblemente no lo había sospechado del todo, Rodolphus observó a otro lado, jamás había sentido tanta empatía por alguien, y extrañamente esa tonta chica sacaba el poco lado humano que le quedaba.

—Es mi culpa lo de Fred –se cubrió la boca y las lágrimas cayeron por su rostro.

—No sólo de la muerte de tu hermano Fred –admitió, alejándose de ella.

—El barco ¿qué más? –interrogó.

—Lucius envió a Draco a Wiltshire por unas cosas que obviamente no necesita.

— ¿Por qué Sir Lucius haría algo así?

—Niña ¿en serio quieres saber la respuesta? –ella asintió.

—Por qué le tomará el tiempo suficiente como para que tu muerte dejara de ser el nuevo chisme de la ciudad.

Ginny retrocedió asustada, cuando el hombre mostró la daga con la que lo había visto aquella vez que les había dejado a ella y a Draco su última noche, pero esta vez, por extraño que pareciera, su rostro mostraba un poco de incomodidad.

—No me agrada ser el causante de quitarle a mi sobrino el trozo de felicidad que le otorgas.

— ¿Por qué? –cuestionó en un susurró.

—Porque mi sobrino, en un momento de furia, le dijo a su padre lo que necesitaba para deshacerse de ti.

— ¿Le dijo que yací con él? –el corazón le dolió, sintiéndose un poco traicionada por Draco.

—Sí, se lo dijo, y aunque vayas a casarte con Corner, eso no deja a mi cuñado para nada tranquilo.

—Él y yo vamos a irnos de Londres.

—Draco y Astoria también, pero Draco le juró, que cuando Astoria muriera, te buscaría ¿sabes qué significa eso? Que hay una posibilidad de que arruines el legado Malfoy, y no va a permitirlo.

—Va a matarme –murmuró.

—Me temo que tendré que hacerlo –se acercó a ella, colocando la daga en su estómago –pero no es personal, me agrada, Ginevra.

—oOo—

Draco regresó a Londres con el tiempo suficiente para descansar antes de la boda, que estaba a tan solo dos semanas, no dijo nada, le otorgó una sonrisa incómoda a la mujer que le besó.

Los señores Greengrass le miraban un poco incómodos, después de todo, ambos estaban al tanto de la mentira que había ayudado a llevar con Demelza, no estaban muy de acuerdo con que fuese su yerno, pero Astoria estaba demasiado encaprichada con él como para perder la oportunidad de ser su mujer.

El rubio paseo por la ciudad, con la esperanza de toparse con la pelirroja, pero no la encontró por ningún lado, y sin duda eso lo tenía inquieto, fue a la mansión Robins, topándose con el idiota del pretendiente de Ginevra, pero no se atrevió a preguntar nada al respecto de la joven ¿con qué pretexto lo haría?

—Me imagino que está listo para la boda ¿no es así? –cuestionó Nail Greengrass.

—Claro –soltó en un tono intranquilo, que hizo que su padre frunciera el ceño enfadado.

—Draco, por favor, no seas irrespetuoso con tu futuro suegro.

—Si me permiten un momento –se levantó, la mirada de su futura esposa lo siguió, y al final se puso de pie también, yendo tras él.

Draco estaba desesperado, yendo de un lado a otro, se detuvo en seco al verla y su rostro se mostró impasible, como siempre, la chica suspiró y fue hasta él, sujetándolo del hombro, pero él se soltó de forma brusca.

— ¿Va a decirme que es lo que ocurre? –cuestionó.

—Ginevra es lo que me ocurre ¿feliz?

— ¿Realmente le ama tanto? ¿O es sólo su orgullo de varón que no pudo yacer con ella lo que lo tiene así?

El rubio soltó una risa amarga que duró más de lo que ambos esperaban, negó aun con una amplia sonrisa en su rostro, observó a la mujer frente a él y acortó la distancia.

—He yacido con ella –le informó –y es por eso que no puedo quitarla de mi mente, porque le he arruinado, si no es conmigo, ella no puede casarse con alguien porque yo, en un momento de idiotez, le tomé.

—Usted… -la mirada de Astoria fue dolida –pero…

—Lo siento, Astoria –dijo honestamente –pero ni deseándolo, podría sentir por usted algo si quiera parecido a lo que Ginevra provoca en mí, la amo a ella, y siento condenarla a usted, junto conmigo, a la infelicidad.

— ¿Me está diciendo la verdad? –las lágrimas cayeron por sus mejillas, y Draco asintió con pesar.

—XxX—

Draco observó a su padre por la mañana, estaba tranquilo y de buen humor, así que desde luego que se le hizo extraño, se acercó a él, observándolo directamente, la noche pasada las cosas habían sido un poco complicadas con Astoria, aun así, su padre silbaba, a pesar de lo vulgar que eso le parecía.

—No he visto a Ginevra, y realmente quiero saber ¿por qué razón?

—Bueno, posiblemente este tiempo que pasaste lejos, se dio cuenta de que su amor por ti, no era tan fuerte como pensó que lo era, y decidió irse con su amiga Demelza –se alejó de ahí, tranquilamente.

Draco salió apresuradamente de la mansión, rumbo a la casa de su tía Bellatrix y su marido Rodolphus, él sin duda, le diría lo ocurrido.

—Vaya, has vuelto –se burló el varón.

—Dime, tú tienes que saberlo ¿qué pasó con Ginevra?

— ¿Pasar? ¿Qué crees tú que pasó? –inquirió incómodo.

—No soy estúpido –bufó –ella no se iría como mi padre dijo, ella me ama, lucharía por nuestro amor, lo juró y la única manera en la que ella…

—Draco –lo llamó su tía –tu pequeña niña pelirroja se fue de Londres –informó la mujer –llegó un momento en que su hermano, el mayor, vino por ella y la llevó consigo, y no pudo negarse ¿dónde estabas tú para evitarlo?

— ¿Por eso mi padre me envió a Wiltshire? –cuestionó a su tío.

Rodolphus observó a su esposa con desaprobación, negó al muchacho y salió del lugar sin dar más explicaciones, pero con un claro mal humor, así que Draco se giró a la única persona que podría decir algo.

—Su hermano ¿cómo era ese hermano?

—Pelirrojo, de cabello hasta media espalda y con ojos azules, su nombre es… Bill, o así le decían.

— ¿Cómo sabes todo esto? –inquirió.

—Vino cuando su padre murió.

Draco observó a su tía, y su corazón dolió un poco, no podía creer que Ginevra hubiese tenido una pérdida así de grande, pero él no hubiese estado para ella, sí que era el peor gusano, ella debió pensar que sólo había tomado todo de ella y se había olvidado de todas las promesas, del amor que le había jurado.

Salió de la casa de sus tíos, y se dirigió al trabajo, era lo mejor que tenía, era obvio que sus padres no le dirían donde estaba Ginevra con su hermano, y si le preguntaba a la familia viva que le quedaba, tampoco le dirían nada, así que se resignó, era mejor no darle más problemas a Ginevra, no, sí realmente la amaba, así que se dedicó al trabajo ese día, y así seguiría por los demás días que le restaban hasta la muerte, aunque, muy en el fondo, rogaba poder volver a verla, decirle la razón por la que no había estado para ella.