Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Me siento tan feliz de poder al menos actualizar este fic, en serio, después de tanto tiempo en hiatus, ya era justo y necesario cerrar el círculo con él, espero que la historia esté siendo de su completo agrado, muchas gracias por el apoyo que le han brindado desde el 26 de abril del 2016 hasta este momento, mil gracias por sus follows, sus favoritos y sus reviews, gracias por soportar la espera y la frustración que un fic en pausa puede causar, en fin, espero que sea de su agrado el final de la historia y nos leeremos el domingo para el epílogo :)
caro, Bueno, espero que disfrutaras mucho tu Navidad y Noche Buena, yo lo hice, y sigues sorprendiéndome ¿Eres un miembro perdido de la familia Malfoy quizá? Jajaja, muchísimas gracias por tu review.
Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.
Capítulo 19: Verdad.
Seis años.
Seis malditos y desgraciados años habían pasado, y ninguna, absolutamente ninguna noticia de Ginevra había tenido, había visto a sus hermanos en la ciudad, a su madre, pero no se había animado a preguntarles por ella, a la mujer el luto por su marido y su hijo le había durado hasta esos días, su rostro era triste y sin esperanza alguna, a pesar de los cinco hijos que le restaban, habían podido reponerse de la perdida de la tienda y del barco, y sin duda eso le daba esperanzas para poder verla a ella volver, pero no era así.
Año tras año, en Navidad, se acercaba a la casa de los Weasley, esperando por verla, pero ella nunca estaba ahí, así que rendido regresaba a su hogar, sin ánimo de festejar absolutamente nada.
—Llegaste –murmuró Astoria con una sonrisa.
—Sí.
— ¿Cómo está Londres? –cuestionó intentando darle ánimos.
—Como siempre –fue todo lo que dijo y avanzó hasta la habitación.
Draco se había casado con Astoria poco después de que regresó a Londres y que Ginevra se hubiese marchado, pero como se lo había propuesto, no la había tocado ninguna vez a lo largo de esos seis años, ni siquiera compartían la misma habitación, fue un hervidero de chismes al inicio de su matrimonio, cuando recién ocuparon la Mansión en Wiltshire, pero ya todos estaban acostumbrados, lo raro sería que vieran al varón siendo afectuoso con su mujer.
Todos los años, se marchaba a Londres, dejándola a ella ahí, sola, sin remordimientos de nada, Astoria había tenido la oportunidad de no casarse con él, pero había decidido hacerlo, así que ahí estaban sus consecuencias.
Estaban a mitad de Febrero, cuando él volvió, se dedicó a hacer el trabajo que su padre le había ordenado, en Julio tendría que regresar a Londres, para regresar para las fechas de Navidad, con la nueva esperanza de toparse con Ginevra, a eso se habían reducido sus años, y ninguno variaba.
Ni para él, ni para su "flamante esposa", las cosas hubiesen sido diferentes si Ginevra no se hubiese marchado, en su camino a Wiltshire lo había decidido, se escaparía con ella, a donde fuese necesario, pero al volver, ella ya no estaba esperándolo.
Al final, y después de todo, Ginevra y él no habían estado destinados el uno para el otro, y no había nada peor que eso, porque a pesar de los años, seguía añorando la idea de tenerla con él, de que un día apareciera por su puerta, y pudiera sostenerla en sus brazos, a veces, a mitad de la noche, se despertaba sobresaltado, pensando que ella podría volver y amarlo como lo hacía antaño, y ahora se torturaba con eso ¿Ginevra lo amaría todavía? No lo creía, o hubiese vuelto.
—oOo—
Rodolphus Lestrange observó a la madre de Ginevra Weasley avanzar despacio, con el mismo dolor mostrado en su rostro, la siguió hasta la modesta tumba de sus dos hijos, el nombre de Ginevra y Frederick estaba marcado junto al nombre de su progenitor, que había muerto de un infarto poco después que su hija.
El varón sopesó la idea de informar a Draco de aquella verdad, ya habían pasado los años suficientes, y aún seguía albergando la esperanza de verla caminar algún día por una calle de Londres, y eso, sin duda, jamás pasaría, no de nuevo, ni en esa vida, ni en otra, quizás.
Se retiró antes de que la mujer se percatara de su presencia, en remordimiento de sus acciones, posiblemente, él dejaba un pequeño ramillete para la pelirroja, porque posiblemente sería lo que Draco hiciere si lo supiere.
—Necesito un favor –murmuró Lucius Malfoy.
—Dime, Lucius ¿cuándo vas a decirle a tu hijo que me enviaste a matar a su pelirroja? –cuestionó.
—Jamás, Draco no tiene por qué enterarse de eso.
—Bueno, si lo supiera, posiblemente desvirgaría a su mujer ¿no lo has pensado?
Lucius gruñó ante la respuesta de su cuñado. —Draco es un idiota, si lo supiera, las cosas serían peor, jamás me daría un nieto.
—O tal vez, en estos seis años, se le hubiese olvidado, y a sabiendas de que su tonta pelirroja no volverá, se hubiese consolado con su mujer ¿no lo has pensado?
—Posiblemente, pero Astoria no ha sido una buena mujer para mi hijo, ella hubiese encontrado una forma para meterse a la cama de su marido, pero no lo ha hecho, así que supongo que no ha de querer tenerlo, como toda mujer santurrona –contestó –ahora, necesito que te encargues del número siete de la lista que te di hace unos meses ¿está bien?
—Sí, muy bien –contestó sin darle más importancia a su cuñado.
—Y… si no quieres que tu nombre aparezca en la lista de cualquier matón de cuarta, es mejor que ni se te ocurra decirle a Draco algo sobre esto, por el medio que sea ¿te queda claro?
—Sí, Lucius, me queda más que claro –repitió en tono cansado.
Su cuñado salió de su oficina, dejando a Rodolphus sumergido en sus pensamientos, jamás le había dado remordimiento terminar con la vida de alguien, por contrario, se atrevía a decir que lo disfrutaba, de cierta forma, le relajaba asesinar a los demás, pero… esa chica.
Ginevra Weasley rondaba su cabeza la mayoría del tiempo, con todo eso que le dijo antes de que la daga atravesara su estómago, antes de que su cuerpo terminara en el río Támesis.
—XxX—
Ese día era particularmente frío, aun así, compró el ramillete y lo dejó sobre la tumba de la chica pelirroja, no dijo nada, se quedó tranquilo cuando sintió la presencia de alguien más.
—Mi madre me ha dicho que alguien la ha estado siguiendo y observando cuando viene a visitar a mi familia ¿puedo saber la razón por la que está dejando flores en la tumba de mis hermanos y mi padre? –Rodolphus sonrió ante la voz de Ronald Weasley.
—Tu hermana era alguien a quien solía conocer, sólo eso.
— ¿De dónde alguien como usted conocería a mi hermana? –interrogó.
—Soy amigo de los Robins, me topé con su hermana muchas veces mientras visitaba a los Robins, siempre estaba con Demelza.
—Aun así, su amistad debió ser muy cercana para que le traiga flores.
—En realidad, es un favor que le hago a la señora Potter, ya que como verá, está lejos, no puede traerlas ella misma.
—Por supuesto –sonrió incómodo por no notarlo –mis disculpas, en ese caso.
—No se preocupe, señor Weasley, comprendo que le sorprenda que alguien extraño le traiga flores a su hermana.
—Le diré a mi madre que no tiene de que preocuparse.
—Gracias, y con su permiso.
El varón salió del lugar antes de que Ron lo relacionara un poco más, no es como si fuese un completo desconocido, así que se apresuró en su ida rumbo a su oficina, tenía trabajo que hacer, aunque ahora, con la diminuta charla con Ronald, estaba cada vez más tentado a decirle la verdad a Draco.
La mirada de su ayudante fue seria en cuanto lo vio, así que no necesitó más pistas, Lucius Malfoy le había pagado una buena cantidad para que evitara que le enviara una carta a Draco, diciéndole lo que había hecho.
—Frank Longbottom ha vuelto a incurrir en sus pagos –le dijo a su ayudante, anótalo en la lista y dime ¿cuál es el número siete?
—Creevey –murmuró –al parecer está dándole problemas al señor Malfoy respecto…
—No necesito saber que le está dando al señor Malfoy, yo sólo cumplo órdenes, necesito el nombre y sólo eso ¿alguna forma que el Sir prefiera? –cuestionó.
—Lo ha dejado libre, no tiene un modo específico.
—De acuerdo –asintió –ahora, déjame solo, necesito terminar unos papeles antes de que mi otra obligación me consuma.
—De acuerdo –hizo una pequeña reverencia y salió, sin quitarle los ojos de encima, esperando que tomara pluma para escribir, pero no lo hizo, se dedicó a leer los montones de trabajo que tenía.
Rodolphus sonrió divertido, Lucius tenía que aprender a encontrar buenos espías, porque lo meterían en serios problemas de no hacerlo.
—oOo—
Astoria Malfoy entró al despacho de su marido, dejó la bandeja de té en el escritorio, pero el rubio ni siquiera la miró, así que ella se sentó en frente, esperando que la notara, debió hacerles caso a sus padres cuando le dijeron que no se casara con él.
Su marido nunca la había tocado, incluso en el pasado, había sido ella la que se había dedicado a darle placer, cuando creía que realmente estaba casado con esa tonta de Ginevra, pero poco después le había pedido que desistiera de él, y… bueno, todo lo demás era historia, tenían seis años juntos, por decirlo de alguna forma, ya que la Mansión era enorme, y él siempre encontraba la manera de estar al otro lado de esa casa, para no tener que coincidir con él.
—Te traje té –murmuró cuando él ni siquiera la notó después de unos minutos.
—Ahora no quiero té, gracias, puedes marcharte, Astoria.
—Sabes que yo no tengo la culpa ¿no es así? –soltó enfadada.
—Sí, sé que tú no tienes la culpa ¿de qué esta vez? –la observó por fin.
—De que Ginevra fuese una muerta de hambre y que por ello no pudiesen estar juntos, no es mi culpa.
—Claro…
—Quiero ir a Londres, a ver a mis padres.
—No, querías ser la señora Malfoy ¿no es así? –Se burló –tu lugar es aquí, si no me crees, pregúntale a mi madre, pasó la mayor parte de su vida en esta mansión.
—Pues tu madre y yo no nos parecemos en nada, porque al menos a ella, tu padre pudo engendrarle un hijo, tú ni siquiera has podido con eso –explotó la mujer.
—Pues hay muchos sirvientes aquí, puedes pedirle al que sea de tú a grado, que te desvirgue –se burló –porque yo no lo haré.
—Si vienes conmigo a Londres, te llevaré con Ginevra después.
El rubio se detuvo en todo lo que estaba haciendo, levantó de nuevo su vista hasta su esposa y ni siquiera tuvo que pensarlo dos veces.
—Prepara tu equipaje –ordenó.
—Sabes mi otra condición ¿cierto?
— ¿Quieres que te desvirgue? –se burló.
—Sí, eso quiero –contestó enfadada.
—Bien, ven aquí.
Draco hizo los papeles a un lado, ella sonrió dulcemente y fue hasta él, le besó la mandíbula, pero Draco la alejó bruscamente, la sentó sobre el escritorio y subió toda la tela del vestido de su esposa, por fortuna, jamás había tenido problemas en la intimidad, no sentía nada por Astoria, pero ahora con la cara cubierta por las telas, le era más fácil, una vez que su miembro estuvo erecto, se adentró en su esposa sin miramientos, la escuchó quejarse de dolor, repitió la acción un par de veces más, y salió de ella, bajó las telas y le sonrió divertido.
—Listo, mi señora, le he desvirgado.
Se alejó de ella, acomodándose la ropa, abrió la puerta y con un simple "Ve por tus cosas para ir a Londres", la dejó sola en la oficina, con un dolor punzante, y las lágrimas cayendo por su rostro por la gran humillación a su persona.
—XxX—
Draco jamás había sido tan feliz en su vida, posiblemente a Ginevra no le gustaría saber lo que tuvo que hace para lograr llegar hasta ella, pero todo valía la pena por esa pelirroja que rondaba todos los días en su mente.
El viaje, por primera vez en su vida no lo sintió tan largo, a pesar de que llegaron a mediados de Mayo a Londres, dejó que los sirvientes bajaran las cosas, dejó que su esposa descansara ese día, para el siguiente, ir rumbo a donde podría encontrar a Ginevra Weasley de nuevo, quería verla, ver con sus propios ojos lo hermosa que se había puesto en seis años.
La espera por Astoria fue desesperante al día siguiente, la mujer tenía una mirada enfadada, posiblemente porque yacer con él no sería lo que tanto había estado esperando por tanto tiempo, y muy en el fondo, comenzaba a sentirse culpable, a él no le hubiese gustado que a Ginevra le ocurriera lo mismo.
Observó la sonrisa de Astoria en cuanto se detuvo, y supo que había estado aguardando todo el viaje por ese momento, aunque él no lo comprendía del todo bien.
—Ven un poco aquí –estiró su mano y él, extrañamente, la sujetó –aquí está, la mujer por la que tanto has estado esperando encontrar.
Frente a Draco, se encontraba una tumba, con flores frescas, y en la lápida se leía el nombre de Ginevra Weasley, escuchó una suave risa divertida de su esposa ante su expresión, mientras todo el mundo del rubio se estaba derrumbando por completo.
—Iba a decírtelo, de una forma más sensible –musitó la mujer a su lado –pero después de lo que hiciste en tu oficina, la forma en la que me humillaste –negó –no sabes lo mucho que imaginé este momento, pero ha sido más placentero de lo que imaginé –besó la mejilla de Draco –tu asquerosa y desagradable mujerzuela, ya estaba muerta cuando volviste de Wiltshire hace seis años –golpeó su brazo en señal de lástima –que bueno que ya lo sabes.
Astoria salió del cementerio, sin esperar a que su marido dijera algo, o siquiera el entendimiento le llegara y la atacara.
Releyó y releyó una y otra vez, no podía haber algún error, el nombre de Ginevra estaba entre el nombre de Frederick y Arthur Weasley, Ginny estaba muerta.
—oOo—
Todos los sueños, las esperanzas que Draco conservaba para cuando volviera a verla oficialmente estaban junto a su última morada, no podía creer que Ginny estuviera muerta, ahora comprendía más de lo que en su momento lo hizo.
Cuando su padre lo había enviado a Wiltshire, se había marchado tranquilamente, ya que había decidido, que sin importar nada terminar el compromiso que le unía con Astoria, iría por Ginevra, fingiría que todo está bien, y en la madrugada del día de la boda, huiría con la mujer que realmente amaba, para que su padre no sospechara nada y no pudiese impedirlo, desgraciadamente, su valor llegó muy tarde para Ginny.
Se había casado a la fuerza, pensando que ella había engañado, mintiendo sobre amarlo, yaciendo con él, para que no sospechara, posiblemente su padre había tenido razón sobre ella, había tenido tantas cosas en la mente.
Astoria Greengrass se había "apiadado" de él, casándose a pesar de que sabía que sería un infierno, pero no quería dejarlo solo, consumido por no saber nada de la única mujer que había amado, se dejó caer en el banco de madera, pidió algo fuerte de beber, y no prestó atención a su alrededor, porque nada le importaba.
El alcohol quemaba su garganta, pero incluso eso, con el tiempo se desvaneció, no sabía cuánto le tomaría olvidarse del hecho de que Ginny estaba muerta.
—XxX—
Dos semanas, y para su sorpresa, quien le buscó fue Astoria, estaba sucio, con rastro de vómito y todo el cabello por si ningún lado, desde que había entrado hacía dos semanas, no había vuelto a salir, y no es como si le interesara hacerlo, así que volvió a negar cuando su mujer le pidió que saliera con ella.
—Draco –suplicó y observó a su alrededor.
—No quiero –contestó arrastrando las palabras, más que de costumbre, seguía ebrio, y no quería dejar de estar en ese estado.
—Por favor –le dijo a dos personas que estaban a su espalda, y de inmediato la pasaron y lo sujetaron.
Draco peleó todo lo que pudo para evitar que lo sacaran de ese lugar, pero era más que obvio que en su nivel de alcoholizado, no era mucha competencia para los dos mozos que su esposa llevaba consigo.
La mujer lo sujetó en cuanto estuvieron en el carruaje, la luz del sol daba directo en su rostro, iluminando sus ojos grises, ella sonrió, y sin miramientos comenzó a acariciarle, no en intención romántica, simplemente para hacerle saber que estaba ahí, para lo que necesitara.
—XxX—
Fue revisado por el nuevo médico favorito de la Cámara de los Lores, era un hombre rubio y de mejillas regordetas, había ido a revisarlo todos los días mientras la resaca le duró, para asegurarse de que todo estuviese correctamente.
— ¿Demelza lo sabe? –cuestionó Draco a su mujer, que estaba de pie en la ventana, haciendo que su vestido verde le diera un aspecto más bonito en su mirada.
—No estoy al tanto de todo, mi señor –contestó en un tono tranquilo –sé lo que le ocurrió porque fue un escándalo enorme, su padre murió de un infarto un poco después, la mala suerte de esa familia se terminó con la muerte de ella –lo observó.
—Insinúas que mi padre…
—Su padre no es un idiota, supongo que su interés por ella le preocupó para el futuro de su familia –desvió su mirada al jardín –además ¿no le dijo que cuando él muriera, correría a los brazos de Ginevra? –Sonrió –bueno, no habría brazos a los cuales correr si ella también yaciera muerta ¿no lo cree muy oportuno?
—Pero…
—Sabe, creo que pensó en todo, mejor actuar pronto, antes de que la mala suerte le persiguiera y usted preñara a esa chica ¿se imagina que ocurriría con el prestigio de los Malfoy si usted tuviese un hijo bastardo? –negó.
—Siento lo que ocurrió en mi despacho.
—No, está bien, creo que de algún modo lo merezco, por ser tan estúpida y aferrarme a un hombre que no me ama y jamás lo hará.
—Por su insistencia en esa ventana, supongo que hay alguien que le interesa.
—El señor Neville Longbottom –confesó con un suave suspiro –si me hubiese esperado tan si quiera un poco, en lugar de precipitarme a comprometerme con usted para vengarme de Ginevra, las cosas hubiesen sido diferentes, para ambos.
—Las cosas ocurren por algo, es algo que ya tengo que aprender.
Ninguno dijo nada más, se quedaron viendo a la nada, con sus pensamientos surgiendo como si fuesen capaces de leer la mente del otro, volvieron a la realidad cuando la puerta se abrió, la ama de llaves se disculpó e informó que Lucius Malfoy estaba en la casa, así que a Draco no le quedó más remedio que alistarse y bajar, a recibir a su padre.
El varón rubio estaba tomando un trago de Whisky, con una sonrisa burlona en su cara, pero la mueca impermeable de su hijo lo descolocó, así que Draco supo que no estaba al tanto de que sabía la suerte a la que había condenado a Ginevra, tal y como su tío Rodolphus le había advertido.
—Supongo que ya te encuentras mejor –soltó en un tono divertido.
—Sí, ya he mejorado bastante, padre –admitió.
—Tu horripilante mujer no permitió que el estúpido médico nos informara lo que ocurría, ni siquiera porque soy miembro de la Cámara de los Lores –bufó.
—Tengo que agradecerle por ello –soltó en un tono duro.
—Así que, Draco ¿vas a decirme por qué ha estado viniendo el hijo de Frank Longbottom a atenderte?
—Estuve un tiempo considerable ingiriendo cantidades exageradas de alcohol.
—Y no soportaste.
—No sé cuándo fue la última vez que consumiste alcohol sin parar durante dos semanas, pero sí, no lo soporté tan bien –admitió.
—Te estás comportando raro ¿puedo saber qué es lo que te ocurre?
—Bueno, me ocurren muchas cosas, padre, lo principal, es que… Ginevra Weasley murió hace seis años, sin embargo, me enteré hace tres semanas.
—Supongo que es por eso que abandonaste Wiltshire sin mi permiso.
—Lo sabía.
—Claro que lo sabía ¿crees que soy idiota? Tenía vigilada a tu mujerzuela, no quería problemas por si se le escapaba la lengua.
—Ella jamás…
—No me interesa, además, así no la hubiese tenido vigilada, me hubiese enterado, Draco, todo Londres se enteró.
— ¿La mandaste matar con el tío Rodolphus?
— ¿Yo? –interrogó en un tono burlón.
—Sí, tú, no creo que…
—Para tu información, ella misma decidió quitarse la vida.
Las palabras de su padre eran imposibles de creer para Draco ¿por qué Ginevra decidiría quitarse la vida? No podía creerlo, conocía a su padre, y la tranquilidad con la que lo dijo, todo en su interior se rompió por completo.
—Está mintiendo –lo acusó Draco.
—Dime, muchacho ¿por qué tendría que mentir al respecto? –lo observó Lucius, esperando a que le diera la razón.
—Porque ella jamás…
—Tal vez su amor por ti no era suficientemente grande ¿no lo has pensado? –se burló –y prefirió ahogarse en el río Támesis antes de tener que soportarte un minuto más, y prefirió hacerlo cuando no estabas, así la dejarías descansar en paz, sin tus chillidos impidiéndole –bebió del whisky.
—Es usted la persona más despreciable que he tenido la desgracia de conocer.
—Draco –fue hasta él –tienes que saber que tú brindaste a Ginevra esa mala suerte que tuviste, te libré de tu abuelo, con tu promesa expresa de que jamás, te atreverías a desobedecerme, sin embargo lo hiciste, me retaste, pensaste que esperar mi muerte o apresurarla, me da igual, iba a liberarte de esa promesa y harías de «MI» familia lo que tu quisieras, pues, lamento informarte que no ocurrirá de esa manera, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
—No tenías que asesinarla –contestó.
—Claro, y dejar que tus descuidos la preñaran, primero muerto, antes de permitir un bastardo en esta familia ¿comprendes eso? –soltó furioso y con su bastón, lo agitó rumbo al rostro de su hijo.
—Pues ni bastardos ni legítimos –informó el rubio sujetando el bastón de su padre antes de que lo golpeara –he decidido que mi esposa vale más que el apellido Malfoy, así que padre, a menos que tenga otro hijo, con mi madre o bastardo, su apellido Malfoy, desaparecerá, con usted.
—oOo—
Astoria caminó sujeta del brazo de su marido, para su desgracia, eso no había pasado cuando estaba enamorada, o mejor dicho, obsesionada con ser su mujer, ocurría ahora que su mirada iba en dirección a Neville Longbottom, se detuvieron frente a él, que les saludó amablemente.
—Así que usted es Neville Longbottom –Draco estiró su mano al varón.
—Sí –sonrió –es un gusto verlo tan mejorado, señor Malfoy –admitió.
—Mi esposa me ha dicho que es gracias a usted.
—Es mi deber –sonrió, con su vista en dirección de Astoria.
—Aun así, muchas gracias por acudir y ayudarme, sé que es su obligación, aun así –observó a su esposa, que tenía las mejillas sonrojadas por la presencia de Longbottom –iré por un trago –se aclaró la garganta, en un momento vuelvo ¿gusta algo? –interrogó a Astoria, que negó.
Se burló para sus adentros, las cosas sí que eran extrañas y complicadas, bueno, al menos, ahora Astoria comprendería como era estar enamorada de alguien y no poder estar junto a esa persona, aunque, admitía también, que independientemente de su pasada obsesión por él y ser «La Señora Malfoy» se había comportado a la altura durante ese tiempo, y había estado para él en su proceso de asimilar el destino de Ginevra.
—Draco –lo saludó su tía Bellatrix.
—Oh, hola, tía –saludó amable.
—Pensé que estarías en Wiltshire –usó un tono extraño y acomodó su saco.
—Sí, pero quise traer a mi esposa a ver a sus padres –mintió.
—Ya veo, es una lástima que Rodolphus no esté en Londres, así podrías pasar a verlo –le guiñó un ojo –hace mucho que no se ven.
—Nos vimos en Navidad, de hecho.
—Oh, es cierto –restó importancia con la mano –espero que pases a ver a Cissy, desde que te casaste, te echa mucho de menos.
—Sí, supongo que sí, iré a verla, gracias.
—No agradezcas, y cuida mejor a tu mujer, se ve muy feliz con el mequetrefe de Longbottom.
—Supongo que está en sus genes ser amable –Draco se disculpó y se alejó de su tía, de las dos hermanas de su madre, Bellatrix siempre había provocado un pequeño escalofrío en su cuello cada que la tenía cerca, y no sabía la razón.
Cuando Draco ya no pudo seguir recorriendo el lugar, regresó hasta su esposa y Longbottom, que seguían completamente entretenidos en una charla que no le interesó, observó a todos lados, no quería entrometerse y acaparar la conversación, porque también entendía como se sentía poder hablar con esa persona sólo cuando hay alguien más, para que nadie sospeche, o comiencen con los chismes baratos, que en ese ambiente, sin duda, se daban muy fácil.
—Tenemos que irnos –murmuró Draco despidiéndose de Longbottom.
—XxX—
Astoria Malfoy se detuvo frente al varón pelirrojo, que cargaba un par de costales, éste frunció el ceño sin comprender la razón por la cual le interceptaba el paso, aun así, no dijo nada, se limitó a mirarla.
—Perdón –se disculpó ella –pero ¿es usted Ronald Weasley?
—Sí, soy yo ¿ocupaba algo?
—En realidad sí, soy prima de Demelza Robins… Potter –corrigió.
El pelirrojo, que había estado dispuesto a escuchar lo que se le ofrecía, pareció cambiar de opinión cuando el nombre de la rubia salió a tema, la esquivó, con cuidado de no golpearla, y pasó a donde estaba acomodando los costales.
—Quiero saber si le informaron de la muerte de… su hermana Ginevra.
—Sí, lo hicimos, y sólo contestó que lo lamentaba mucho, pero que quizá era lo mejor que pudiese ocurrir –soltó enfurruñado.
—Lamento las palabras de mi prima pero… sabe, su hermana y yo nos conocimos en el verano de…
— ¿Qué es lo que se le ofrece? –interrogó enfurecido.
—Se me hace… imposible de creer que una chica tan dulce y encantadora como ella –la mujer se mordió la lengua –decidiera tomar un camino…
—Ella no se quitó la vida –soltó Ron Weasley –que todos prefirieran decir eso, antes de admitir que alguien la asesinó… es diferente.
—Pero… se ahogó en el río…
—Mi hermano Percy investigó, señora, a mi hermana la apuñalaron en el estómago, y cuando estaba muriendo, la arrojaron al río Támesis –negó enfadado –ella no se quitó la vida.
El pelirrojo dio por terminada la conversación, posiblemente si no le hubiese dicho de su parentesco con Demelza y que había conocido a la chica, no le hubiese dado la información, aunque… algo le hacía creer que todos los del mismo nivel económico de los Weasley, lo sabían y lo pregonaban a los cuatro vientos.
— ¿Dónde estaba? –interrogó Draco a su esposa.
—Fui a ver al hermano de Ginevra, al que fuera –admitió.
— ¿Para qué? –soltó incómodo el rubio.
—Porque quería estar segura de que lo que le dije tenía algo de cierto, y bueno, según Ron Weasley dice, que ella no se quitó la vida, sino más bien, alguien la asesinó, apuñalándola, y lanzándola al río cuando estaba desfalleciendo.
—Así que continúa acusando a mi padre de ello –la observó.
—Sólo de esa forma, podría separarlos realmente, mi señor –admitió la mujer.
El rubio se alejó sin decir nada, fue hasta su despacho, a disponerse a trabajar, no podía seguir tejiendo telarañas en su cabeza, eso sin duda no le haría nada bien, iba a volverse loco, si no obtenía respuestas claras, y esas, solamente podría encontrarlas con Rodolphus Lestrange.
