Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, es 31 de diciembre, oficialmente es el último día del año, y aquí estoy, como lo prometí, dejando el epílogo de esta historia, y con eso, cerrando el ciclo de la historia, quiero agradecerles por el apoyo que le han dado desde abril del año pasado, por haber soportado el hiatus que sufrió y estar aquí, capítulo tras capítulo hasta este momento, mil gracias por todo su apoyo, incluso a quienes hayan llegado a esta parte una vez que la historia este completa, no importa cuanto haya pasado desde que finalizó hasta el momento en que llegaste a leer, muchas gracias, por tomarte tu tiempo y leer, espero, de todo corazón, que la historia en general, sea de su entero agrado, no me queda más que despedirme, desearles un muuuuy feliz año nuevo, lleno de felicidad, amor, salud y esperanza, sobretodo, de muchas historias para leer, o mucha inspiración para que creen las propias; nos leeremos próximamente en un nuevo proyecto, espero.

caro, Muchísimas gracias por tu review, como siempre, tan atinada en tus predicciones, Draco si ha soportado mucho por ella, pero siempre ha sido un poco dócil (al menos en la historia) respecto a su padre y desobedecerlo es algo que no le agrada, sobretodo por lo agradecido que se siente por haberlo librado de su abuelo, pero el amor le llega a todos, y bueno, hay errores, pero al final, el amor siempre gana ¿o no dicen eso? xD me leí bien cursi, bueno, espero que el epílogo sea de tu agrado, y muchas gracias por el apoyo :)

Cualquier error que encuentren no duden en decirlo.


Epílogo.

Draco Malfoy se observó a sí mismo en el espejo, habían pasado dos años de que se había enterado de la muerte de Ginevra, y a pesar de que las cosas para él habían pintado bastante mal, tenía que Admitir que Astoria se había comportado a la altura, ahora comprendía mucho más la postura de él, si por el rubio fuera, dejaría que su mujer fuera corriendo a los brazos de Longbottom, él lo haría de tener a la pelirroja que aun amaba, en frente, las cosas no eran tan favorables para él como para ella, claro estaba.

Así que se había vuelto una persona extraña incluso en su mismo cuerpo, había hecho amistad con Longbottom, todo para que Astoria y él pudiesen verse sin que la gente murmurara de ellos.

En cuanto a él, se había dedicado a enviar carta, tras carta a Demelza, que jamás se había dignado a contestar, eso le había vuelto un poco más histérico y hosco con las demás personas, se estaba volviendo todo lo que su padre quería, incluso, su cabello era largo, y su barba y bigote igual, aunque no era nada exagerado, Astoria le había dicho repetidas veces que ese aspecto le hacía ver bastante gallardo, no es como si eso le importara.

En todo ese tiempo, no había podido encontrar a Rodolphus Lestrange para reclamarle por asesinar a Ginevra, no sabía si su tía lo ocultaba de él, o aceptar que ese tipo realmente se encontraba de viaje, viaje que había durado un año completo, posiblemente, a finales de ese mes, su tío regresaría a Londres, y él podría encargarse de él.

Jamás había matado a nadie, pero siempre había una primera vez para todo, y no había mejor venganza que deshacerse del asesino particular de su padre, dudaba que encontrara a alguien tan eficiente como Rodolphus para encargarse de sus asuntos, así que una extraña y completa felicidad vibraba en su pecho.

Desvió la vista de la ventana cuando escuchó que Astoria se aclaró la garganta, él había estado distraído en toda la plática, sumergido en sus propios deseos, en esa burbujeante esperanza de terminar con la vida de su propio tío.

—Veo que está completamente distraído –murmuró la mujer –creo que le dejaré en paz.

—Lo siento, es sólo que…

—Pensaba en ella, lo comprendo –admitió –no es algo importante, creo que le preguntaré a mi hermana, ella tiene más experiencia que yo en organizar cenas navideñas.

—Sí, vaya con su hermana, no se preocupe, pasaré por usted más tarde.

—No es necesario –sonrió.

—Nunca le he agradecido ¿cierto? A pesar de nuestras diferencias en estos años, usted se ha comportado como la dama que es.

—Debí comportarme de esa manera siempre, mi señor –hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación.

El rubio pudo dedicarse mejor a imaginar la muerte de Rodolphus, ya lo había pensado bien, y realmente no le importaba que lo acusaran de asesinato, sería la mejor venganza contra su padre, posiblemente, hubiese sido menos escandaloso que lo dejara casarse con Ginevra, o esperar y morir, para poder dejar a su hijo ir con la mujer que amaba, pero no, había tomado la decisión de privar de la vida a Ginny, así que él, se desharía de su trabajador favorito, y para terminar, con el grandioso escándalo que dejaría en la extinción a los Malfoy, con él preso.

La tinta chorreó un poco en el papel, iba a escribirle una carta a su padre, claro que iba a decirle a Astoria que se la entregara en un momento preciso, conociendo a Lucius Malfoy, tanto como lo hacía, sabía que usaría todo su poder, y los favores que le debían, para librarlo de un castigo como ese.

Draco se iba a encargar de que hiciera lo que hiciera, no le funcionara, y si lo lograba, no le interesaba, atentaría contra la misma Reina, si eso lo mandaba a prisión o a la muerte, cualquiera de las dos opciones, no le interesaban ni un carajo.

La cera plateada escurrió un poco sobre el papel antes de que usara el escudo familiar para sellarlo, la más grande vergüenza que pudiese existir en la familia Malfoy estaba por ocurrir, y tendría la gran satisfacción de ser él, quien terminara con todo aquello.

Lucius Malfoy había terminado con todos los sueños de Draco, ahora era su turno, de derrumbar desde los cimientos, todo lo que le había costado esperar para conseguir, no era el mejor plan, pero sabía que eso llevaría al desprestigio y a la miseria a su padre.

Se puso de pie, guardó la carta en el cajón y lo cerró con la llave que siempre guardaba en su bolsillo, así que pidió que le prepararan el baño y abandonó su despacho.

—El baño está listo, mi señor –informó el ama de llaves.

—Puedes retirarte, no te ocuparemos el resto del día.

—Con su permiso –hizo una reverencia y se alejó.

Draco se desparramó en la tina, cerró los ojos, dejando que el líquido tibio lo cubriera casi completamente, se acomodó un poco, y dejó que su cerebro lo llevara a aquellos recuerdos de hacía nueve años, cuando la hermosa pelirroja había compartido su cuerpo con él, extrañaba la suavidad de sus labios, el brillo en sus bellos ojos cafés, claro que también extrañaba la calidez de su interior, el olor de su piel.

—Ginevra –murmuró en un tono grave, que dejaba en claro toda la frustración sexual que tenía, porque ninguna mujer era ella, nadie le hacía sentir igual.

—oOo—

El corazón de Astoria latía frenéticamente, y por el calor en sus mejillas, sabía que debía estar roja como un tomate, pero no podía evitarlo, la cercanía con Neville Longbottom provocaba eso y mucho más en ella, era una lástima que sólo podían ser "amigos", y no podían permanecer más de cinco minutos charlando cuando Draco no estaba con ellos, no quería que hablaran de más.

Comenzaba a comprender los pesares que su marido debería tener al respecto de Ginevra, debió dejar de entrometerse en su camino, y dejar que ese romance destinado al fracaso terminara como debía, más no mencionar sus ganas de humillar a la pelirroja y tenerla como sirvienta, si no hubiese hecho ese comentario, podía jurar que Lucius Malfoy no hubiese creído que la joven era una amenaza para su familia y la prosperidad del apellido.

Claro que ya no tenía más remedio que seguir con lo que sus acciones le habían deparado, era muy tarde para arrepentimientos, eso no le devolvería la vida a Ginny Weasley.

Su mirada se topó con la de un varón atractivo, de cabellos negros y ojos esmeraldas, tenía un traje a medida y su semblante era serio, entrecerró la mirada para ver mejor, efectivamente, era Harry Potter ¿pero dónde estaba Demelza? Hasta donde sabía, ninguno estaba separado del otro, eran uno de los pocos matrimonios amorosos y felices.

—Pare el carruaje –pidió ella –ahora.

—Mi señora…

—Ahora mismo –ordenó.

Astoria bajó a trompicones, y corrió, aunque no debería, detrás del varón, que ni siquiera se había percatado de la persecución de la que era partícipe.

—Señor –lo llamó –señor Potter.

Harry no se detuvo, más que nada, porque el murmullo que había en la calle, acallaba la voz de la mujer.

—Creo que le hablan –murmuró un varón interponiéndose en el camino de Potter.

— ¿Perdón? –gruñó en un tono enfadado.

—La joven, ha estado siguiéndole y llamándole por un par de calles –señaló a sus espaldas.

—Oh, gracias –asintió y se giró.

Astoria Malfoy lo sujetó de los brazos, con una respiración agitada, no podía creer que le hiciera correr toda aquella distancia sin percatarse jamás de que le estaba llamando, quería gritarle y golpearlo por ser tan grosero, pero era el marido de su prima ¿Qué podía esperar?

—Señora Malfoy ahora, supongo –murmuró Harry.

—Así es, lo siento –jaló más oxígeno a sus pulmones.

—Dígame, señora ¿en qué puedo ayudarle?

—Supe que les enviaron una carta, informándoles sobre la muerte de Ginevra, y que Demelza sólo contestó que era lo mejor.

El rostro tranquilo de Potter se volvió una mueca de enfado, haciendo que la mujer frunciera el ceño, había algo que no sabía y estaba a simple vista ¿era acaso que el buen matrimonio se había tornado en un infierno?

—Lo siento, no comprendo su incomodidad –admitió.

—Tal parece que no ha estado al tanto de las noticias familiares, señora Malfoy, claro, supongo que ahora lo Greengrass y Robins han dejado de importarle, ahora se centra en la buena familia Malfoy.

—Desde luego que no –soltó ofendida.

—Pues entonces no comprendo otra razón –admitió.

— ¿Dónde está Demelza? –interrogó.

—Falleció –contestó, en un tono tan grave que notó el dolor.

—Y-Yo no… lo sabía ¿Cuándo? –observó a Potter.

—Hace cuatro años –contestó, después de un momento en lo que le costó encontrar la voz.

— ¿Cuatro años? Pero…

—Lo siento, no tengo tiempo, ni ánimos de contarle –se disculpó y se alejó de ella.

—XxX—

Astoria observó a su hermana completamente incrédula por lo que le había dicho. —Pero entonces… pensé que…

—Ella también lo creyó, posiblemente no somos los únicos con una maldición familiar ¿no lo crees? –Negó –por lo poco que la tía contó, Potter quedó devastado, no pudo salvar ni a su hijo, ni a su mujer, ha sido un ermitaño huraño desde entonces, sólo vuelve a Londres por asuntos de negocios y se marcha lo más pronto posible.

—Demelza y yo jamás fuimos unas buenas primas la una con la otra, pero la verdad, es que –guardó silencio un momento –jamás le desee algo parecido.

—Pues cada quien tiene lo que merece ¿no lo crees? –Se burló Daphne –si me preguntas, ha sido lo mejor, sus ideas estúpidas murieron con ella y no trajo al mundo otro ser con esos pensamientos –negó.

—Debió ser bastante doloroso para Potter –musitó suave, Demelza y Ginny muertas, tenía que ser una buena amistad esa.

La mujer tuvo que permanecer ahí hasta que su marido fuese por ella, odiaba eso, y comenzaba a comprender los ideales de su prima, si algo como eso alguna vez se viera, ella se separaría de Draco y sin duda correría a los brazos de Neville sin dudarlo un momento; sacudió la cabeza, al parecer, todas las mujeres llevaban a una Demelza Potter interna, aunque no les gustara admitirlo, todas ellas en algún momento, deseaban tener los privilegios de un varón.

—oOo—

Draco leyó con atención el papel que tenía en la mano, sonrió satisfecho, volvió a guardarlo y salió de su oficina, Astoria estaba sentada en el sofá frente al de Longbottom, que charlaban alegremente, las mejillas de la mujer estaban ligeramente sonrojadas, y por extraño que pareciera, eso le agradaba a Malfoy.

—Disculpen la intromisión –interrumpió la charla –pero, Astoria ¿podemos hablar unos momentos?

—Desde luego, con su permiso, señor Longbottom.

El matrimonio se dirigió de nuevo al despacho del rubio, la mujer le observó completamente curiosa, ya que su mirada gris estaba un poco nostálgica, nada que ver en él y su constante frialdad para con todos, menos con ella, había comenzado a comportarse como un verdadero caballero con ella.

—Dígame, mi señor ¿Qué es lo que ocurre? –interrumpió el silencio.

—Tengo un pequeño obsequio para usted –admitió él, extendiendo el pergamino en dirección de su mujer.

—Vaya, muchas gracias –sonrió.

—No –la interrumpió antes de que lo abriera –no lo abra, no por ahora.

—Oh –frunció el ceño en desconcierto –está bien, entonces, lo guardaré en mi habitación, hasta que usted me diga que puedo abrirlo.

—Esa me parece una gran idea, ahora, vuelva con el señor Longbottom.

—Con su permiso –hizo una pequeña reverencia y salió del despacho.

Draco también salió del lugar, subió a su habitación, para darle más libertad a su mujer de platicar con Longbottom, no servía mucho estando presente, de cualquier modo, siempre se recluía en sus recuerdos, en la época donde Ginevra aún le sonreía cada que lo veía en un pasillo de la mansión Robins.

—XxX—

Astoria entró a la habitación de Draco después de llamar y no recibir respuesta alguna, el varón estaba recostado en la cama, con una botella en la mano, su mirada se giró hasta la mujer, que suspiró aliviada, así que él sonrió, ni aun enamorada de Longbottom, Astoria se alegraba de que algo malo le pasara.

—He descubierto la razón por la cual sus cartas enviadas a Demelza jamás han sido contestadas –murmuró la mujer, sentándose a la orilla de la cama, mirándole tristemente –mi hermana, Daphne, me ha informado que Demelza murió en el parto. Hace cuatro años.

—Sin duda lo explica –la voz de Draco sonó sin un poco de esperanza –dime ¿su hijo? –Astoria negó triste.

—Sé que no éramos las mejores primas, pero… conozco mi destino, y créame, que no se lo deseo a ninguna mujer.

—Gracias por decírmelo –le tomó la mano.

—oOo—

Rodolphus Lestrange se sentó en su gran silla en el despacho de su casa, hacía un año que no estaba en Londres, ni siquiera en Inglaterra, y se sentía bastante extraño estar de vuelta en su hogar, lo único que echaba de menos de ese lugar, era a su esposa, pero ésta no había querido ir con él, así que terminó viajando a solucionar algunos problemas que tenía, y que le habían tomado demasiado tiempo.

La cantidad acumulada de trabajo era abrumadora para él, tenía que conseguir a alguien que le ayudara, y comenzaba a cuestionarse ¿qué pasaría con toda su fortuna cuando él y Bellatrix murieran?

—Eres increíble, regresas después de tantos meses fuera, y lo primero que haces es volver al trabajo –reprochó frunciendo los labios su mujer.

—Pensé en pasar un rato en cama –admitió él –pero tengo demasiado trabajo pendiente.

—Lo sé, deberías decirle a Draco que te ayude, ha estado insistiendo en verte.

— ¿Para qué? –elevó una ceja consternado.

—No lo sé –respondió la mujer.

Rodolphus meditó un momento las palabras de su mujer, sobre decirle a Draco que le ayudara con sus negocios, claro que le daría parte de las ganancias, ya que Lucius no le daba nada, si bien no le faltaba nada al rubio y a su mujer, no era nada de él, así que él podía darle cierta independencia económica, esperaba que le agradara la idea.

—Espera ¿no se supone que Draco tiene que permanecer en Wiltshire? –interrogó confundido.

—Se supone, pero han estado aquí desde hace dos años, a Lucius parece no molestarle.

—Porque no hay forma de que se vuelva a topar con Ginevra, por eso.

—Bueno, jamás volverá a toparse con ella, ni en esta ciudad, ni en ninguna otra –rió divertida.

—Es bueno que ya esté casado, sólo esperar a que preñe a su mujer.

—No lo hará, a ella se le está escapando la juventud ¿no lo crees? Y a mi sobrino, no le veo intención alguna de preñarla, ni a ella ni a nadie.

—Y eso, que aún no sabe el destino que sufrió Ginevra.

—Pues alguien debería terminar con sus sueños e ilusiones respecto a ella, de cualquier forma…

—Señora Lestrange –los interrumpió una mujer del servicio –perdón la interrupción, pero su sobrino, el joven Draco Malfoy, quiere verla.

—Supongo que aún no sabe que has vuelto a casa –murmuró seriamente –gracias, en un momento iré a recibirlo –la mujer salió –dime ¿quieres tratar con él el asunto de los negocios ahora? –interrogó.

—Sí, dile que venga aquí, y déjanos solos, Bella, por favor.

—De acuerdo –murmuró poco convencida.

El hombre levantó la vista en cuanto la puerta se abrió, el rostro impasible de Draco estaba a unos metros alejado de él, pero lo veía un poco extraño, al parecer, ya no era ese mismo niñito que corría a esconderse, intentando que su abuelo no lo tocara indebidamente para golpearlo por las mañanas por ocultarse.

Rodolphus Lestrange podía ser lo que quisieran, un asesino, loco, sin sentido, pero jamás un maldito pervertido que veía a los niños pequeños de esa manera, posiblemente por esa razón, había disfrutado de sobremanera asesinar al viejo Abraxas Malfoy, más que un mandato, fue un placer.

—Así que te dignaste a volver –murmuró Draco dándole la espalda a su tío.

—Podría decirse que sí, aunque gran parte de mí, quería quedarse allá más tiempo, pero me parecía imposible hacerlo con Bella aquí.

—Pues tiene que ser un lugar bastante bueno y especial –soltó en un tono frío Draco.

—El lugar no es muy especial, para ser honesto –admitió –pero me gustaría saber la razón por la cual estás aquí.

Draco soltó una risa pesada y para nada divertida, se giró hasta su tío, dejándole saber todo lo que lo despreciaba, así que Rodolphus lo supo de inmediato, alguien había comunicado a su sobrino de la muerte de Ginevra Molly Weasley, y era claro, que si ella, yacía muerta, sólo Lucius Malfoy podría quererla así, y no recurriría a ningún otro más que a él.

—Por eso la insistencia –pronunció.

—Quiero que sepas, que a pesar de todo, te agradezco lo de mi abuelo –admitió, haciendo que el varón de cabellos oscuros sonriera orgulloso –tal vez por eso seré piadoso y te enviaré rápidamente al infierno.

—Entonces me siento demasiado afortunado –admitió con una sonrisa –al menos serás tú quien me envíe allá, y no un mero idiota matón de cuarta que enviaría tu padre.

— ¿Por qué él querría matarte? Eres su matón.

—Porque había estado insistiéndole en que te dijera la verdad de Ginevra.

—Que está muerta –Rodolphus asintió.

—Pero no te detengas, mátame.

El rubio tomó su arma de fuego y la apuntó directo al pecho de su tío, para asombro del varón de cabellos oscuros, en ningún momento el pulso le tembló, al parecer, había pasado demasiado tiempo con esas fantasías de acabar con él, y nadie mejor que Lestrange, para comprender lo bien que se sentía, terminar con una vida que habías estado fantaseando por terminar.

—Lo siento tanto por la tía Bella, es un poco desequilibrada, pero se ve que te ama.

—Y yo le amo a ella, muchacho –admitió, se levantó y avanzó hasta él, sentándose al borde del escritorio –jala ese gatillo ya.

—XxX—

Astoria se levantó apresurada cuando escuchó fuertes golpes en la puerta de su casa, había estado dormida y el gran alboroto la despertó, se puso su bata de seda de color uva y bajó apresurada, esperando ver a Draco en la parte de abajo listo para insultar a cualquier barbaján que se hubiese creído con el derecho de molestar así la paz de una buena casa, para su sorpresa, el barbaján era su suegro, Lucius Malfoy.

— ¿Dónde está? –bufó enfurecido.

—Yo… no sé de lo que habla, Sir Lucius –admitió confundida, observando a todos los hombres esperando por el mayor de los Malfoy.

—Mi hijo ¿dónde está? –interrogó furioso.

Astoria observó a la servidumbre que estaba igual que ella de consternada, sin comprender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo.

—Susie –musitó Astoria –mi marido ¿lo ha visto llegar? –el ama de llaves negó.

—No, lo vi salir por la tarde, mi señora, pero no lo vi ni escuché regresar.

—Cesar –murmuró la mujer –por favor ¿puede revisar la parte de arriba y asegurarse de que no esté en algún otro lado?

—En seguida.

—Si me disculpa –intervino un policía –me encantaría que mis hombres…

—No –sentenció Lucius furioso.

—Lo siento, señor Malfoy, pero en este momento, usted no puede tomar decisiones así.

Varios hombres subieron siguiendo a Cesar, pero nadie se atrevió a decir nada, Astoria se limitó a ver a su suegro, al igual que Draco, estaba acostumbrado a tener rostro impasible, pero ahora se podía notar la furia en cada músculo facial, al igual que por la forma en la que sostenía ya movía su bastón.

Así que la mujer de Draco, no se atrevió a hacer pregunta alguna a su suegro, no en ese momento, al menos, los hombres inspeccionaron toda la finca, hasta que se cercioraron de que efectivamente, la estirpe Malfoy no estaba en el lugar, le pidieron una disculpa a Astoria por el disturbio, la hora y las molestias y se retiraron, a seguir haciendo su búsqueda de Draco.

—Lo siento –interrumpió la mujer, deteniendo a Lucius –pero ¿puedo saber que está ocurriendo?

—Lo peor que pudo pasar a la familia Malfoy –soltó enfadado.

— ¿Ha ocurrido algo con mi esposo? –interrogó preocupada.

—Se ha vuelto más estúpido, eso pasa, y lamento decírtelo, pero no soy el único que ha caído en desgracia y en chismes, eres su mujer, y bueno –sonrió enfadado –desde ahora no cuentas ni con mi apoyo ni con el de mi mujer, has caído, junto con Draco, en la deshonra, así que… ahora perteneces al lado equivocado de las familias prestigiosas caídas en desgracia.

—oOo—

Haber caído en desgracia, sin duda no comprendía para nada las palabras de su suegro, había pasado toda la madrugada esperando a Draco, sentada en el sofá, con una cobija, aguardando por él, sin duda quería una explicación a todo lo que ocurría, pero la quería de su marido, no de nadie más.

—Lamento venir sin aviso –Astoria se giró hasta la voz de Neville.

—Yo… perdón la… -se observó a sí misma.

—No se preocupe, mi señora, comprendo lo que está ocurriendo y que lo que menos tenga en mente es estar vestida apropiadamente.

—Ni siquiera sé lo que está ocurriendo –admitió –nadie me ha dicho nada, Draco… él ni siquiera…

El rostro apenado de Longbottom hicieron que se preocupara por su marido, se puso de pie lentamente y fue hasta el varón que seguía sin observarla directamente, lo sujetó de los brazos, en petición para que le mirara y le dijera lo que estaba ocurriendo.

—Dígamelo, por favor, tengo derecho a saberlo.

—Bellatrix Lestrange ha acusado a Draco de querer asesinar a su marido –murmuró –al parecer, Rodolphus Lestrange volvió y… su marido le ha disparado en el corazón, está agonizando.

—Él jamás haría algo… -se detuvo en sus palabras –oh, Draco ¿Qué has hecho?

Se alejó de Neville, abrazándose a sí misma, no le importaba lo que fueran a decir de ella, de su marido asesino y todos los chismes que inventarían a partir de ese momento, le preocupaba él, jamás había creído que sus largos periodos de silencios se debían a que planeaba algo tan atroz como arrebatarle la vida a alguien.

Alguien que le había arrebatado la vida a una joven chica, sólo porque se había enamorado de la persona incorrecta.

—Él está bien ¿cierto? –interrogó.

—Huyó –admitió Longbottom.

—Pero no lo hirieron, sigue bien.

—Si intentar terminar con la vida de alguien se considera estar bien, sí –admitió.

—No conoce las circunstancias, mi señor, usted no debería opinar al respecto.

Longbottom rió tímidamente, pero no hizo comentario alguno, sujetó la mano de la mujer y un segundo después, acarició su rostro.

—Se ha marchado, ensuciando el apellido Malfoy –murmuró Neville –y le ha atado a usted a la soledad y al sufrimiento –murmuró –ha manchado su destino con lo que hizo, y es lo que le reprochó a su marido –admitió.

—Sin embargo, yo lo comprendo –admitió con una sonrisa.

—XxX—

La gente seguía señalándola cuando avanzaba por la calle, inventando cuanta cosa se le ocurriera al respecto de los hechos que habían ocurrido con Lestrange, por supuesto, que con la intervención de buenos médicos, había logrado, y por un enorme milagro, sobrevivir, claro que Bellatrix se había negado a retirar toda acusación, haciendo que Narcissa Malfoy se enemistara hasta el último de sus alientos con ella.

A Bella parecía no interesarle la molestia de su hermana y su cuñado, y era claro que Astoria no la juzgaba, posiblemente no tenía idea de los actos atroces que su marido hacía.

Lucius se había vengado; por supuesto que lo había hecho, lo había acusado de todos los crímenes que le había encargado, así que aun convaleciente, Rodolphus Lestrange, había terminado en la cárcel.

La mujer revisó sus cosas, le sorprendió notar el pergamino que el rubio le había dado aquella vez, con todas las cosas que ocurrían a su alrededor, había olvidado aquello.

Astoria,

Lamento hacerle algo tan atroz como lo que hice, no sé qué tanto pueda comprender mis acciones ahora, pero espero que en algún momento lo haga, hay un cajón, en el escritorio de mi despacho, tiene llave, y ésta la he dejado oculta entre sus cosas, para que no la encontraran, dentro, hay una carta, dirigida a mi padre, así que le ruego, que se la haga llegar, también, hay otra cosa, para usted.

No había despedida ni nada, la mujer bajó una vez encontrada la llave, y en efecto, ahí, había algo más para ella, abrió el sobre y rápidamente se dedicó a leer.

—Mi señora, me han dicho que… ¿le ocurre algo? –interrogó Neville yendo hasta ella un poco preocupado.

—Draco –murmuró entre sollozos.

— ¿Se ha comunicado? –inquirió, pero Astoria negó.

—Ha pedido una anulación de nuestro matrimonio –observó al varón.

—Pero… ustedes… -ella asintió –entonces…

—No hemos yacido… sólo fue una ocasión, y no sé si… eso ha contado del todo –admitió.

—Significa que al final de cuentas, él se preocupaba por usted, sabía que si usted ya no estaba casada con él, yo le pediría matrimonio ¿no es cierto?

—No lo sé –admitió.

—Supongo que lo esperaba –admitió con una sonrisa –dígame, mi señora ¿me permitiría ser su esposo? –acarició la mejilla de Astoria.

—oOo—

Draco Malfoy podía decir ahora lo mucho que odiaba viajar en barco, la mayoría del tiempo la había pasado en el camarote, intentando no vomitar, eso no era digno de un Malfoy, tampoco atentar contra la vida de uno de tus parientes lo era, claro está, pero era la mejor forma de poner en la humillación pública a su padre, quedarse y dejarse arrestar, desde luego que haría que todo fuese discreto y haría pensar al resto del mundo que se fue de Londres o Inglaterra, según le conviniese, así, escapando, complicaría las cosas para su padre.

Una vez que hubo pisado el muelle, se sintió la persona más feliz del mundo, por fin estaba en tierra firme, iría en busca de la persona que su tío Rodolphus, como última obra de caridad ante su arrepentimiento, le había dicho que le ayudaría a establecerse y le daría un buen trabajo.

Muy a su desgracia, pidió indicaciones, por fortuna había viajado a un lugar donde hablaban su idioma, sino, todo aquello sería bastante frustrante.

—Busco al señor…

—Británico –murmuró un hombre saliendo de una oficina –seguramente eres conocido de Rodolphus Lestrange –argumentó.

—Su sobrino, de hecho, Draco Malfoy –extendió la mano para saludarlo.

—Adam Kennedy –saludó –gran amigo de tu tío, estuvo viviendo un año aquí, pero supongo que ya lo sabías.

—No somos muy cercanos, para ser honesto, pero me envió, me dijo que usted podía ayudarme a establecerme aquí, y bueno, conseguir un trabajo.

—Sí, claro, ven, sígueme.

Draco entró a la oficina, pero no observó alrededor, así que Adam sonrió ante la carencia de curiosidad del varón frente a él.

—Supongo que sabes la razón por la que te envió ante mí.

—No –admitió.

—Hay un pecado que tu tío cometió, muchacho, y que siempre le persiguió, tú eras su tormento, desde hacía unos años.

— ¿Lo dice por la mujer que mató y que resultó ser la mujer que amaba? –soltó enfadado.

—Justamente esa chica adorable y pelirroja –admitió.

—Es bueno que viviera atormentado –admitió Draco.

—Lo divertido de todo, es que ella en realidad, no murió –murmuró –pero sí decidió abandonarte por decisión propia.

—Creo que estamos hablando de una mujer distinta, señor Kennedy.

—No lo creo, no te dije como nos conocimos tu tío y yo ¿no es cierto? Estaba de negocios por Londres, hace algunos años, traigo a personas que quieren huir por crímenes que cometieron, es uno de mis barcos en donde viajaste, en realidad –murmuró –la chica pelirroja –murmuró –me pidió ayuda para escapar de un hombre que la perseguía.

—Ginevra me amaba, ella jamás…

—Lo cierto, es, Draco, que ella encontró a otro hombre al cual amar, y que en realidad, amaba más de lo que te llegaría a amar a ti.

—Es mentira –murmuró enfadado.

—Puedes creer lo que quieras, pero Ginevra Weasley viajó hasta aquí, con el hombre que ama más que a nadie en el mundo.

—Engañó a todos…

—Sí, todos deberían creer que realmente murió, no quería a nadie de su pasado en su nueva vida, y sacrificó a todos, incluso tú.

— ¿Viajó a París con Demelza?

—Eres mal entendedor, muchacho, ella viajó conmigo y ese hombre hasta aquí, Rodolphus le dio una fuerte cantidad de dinero, y siguió mandando dinero para ellos, estuvo aquí, de visita.

—Quiero verla –soltó desesperado, yendo de un lado a otro –necesito verla y que me diga lo que usted me ha dicho en la cara.

—Sam –llamó al varón que estaba en el escritorio afuera de la oficina.

—Sí señor ¿Qué ocurre?

— ¿Sabes si Ginevra estará en casa hoy?

—Sí, no me ha dicho nada hoy que salí por la mañana, preparó el desayuno, hizo mi almuerzo y me besó tan cariñosa como siempre, si…

—Así que eres tú el maldito bastardo…

Draco fue hasta el varón y lo sujetó del cuello, intentando con todas sus ganas, de que dejara de respirar, por atreverse a robar a la mujer de su vida de su lado.

—Basta, basta –lo golpeó en el hombro –vayamos a verla, es la que debería decirte por qué lo hizo.

Draco avanzó rápidamente, al parecer el lugar donde encontrarían a Ginevra era bastante cerca, ya que no necesitarían un carruaje para llegar, las emociones en el joven eran intensas, un remolino lleno de caos ¿cómo reaccionaría realmente al verla? Quería, sin duda, estar seguro de que fuera ella y no otra cruel broma del destino, después de todo, fingir su muerte y huir con otro hombre, era algo que no sonaba a Ginevra.

Se detuvieron a la entrada de una casa grande, de color blanco, al igual que su cerca, lo único que Draco pudo ver, fue a un niño corriendo, siendo perseguido por un perro y un grupo de niños de diferentes edades, desde de cuatro años hasta el más grande, de catorce, sabía que no todos podían ser de Ginevra, pero… él la había deshonrado, posiblemente, se había escapado con un hombre viudo, un joven de dieciséis años salió con un bebé de escasos ocho meses, sus cabellos pelirrojos eran inconfundibles, así que su corazón martilló lento, dolorosamente matando todo en él.

—Creo que no necesito verla –murmuró con un tono tenue.

—Yo creo que sí necesitas verla –contestó el anciano, sacando algo de su saco, y pasándolo a él, que lo sujetó, era una foto de Ginevra, con un bebé en brazos.

—Esto es cruel de su parte, apenas le conozco ¿sabe?

—Ginevra lo nombró igual que a su padre –admitió.

— ¡Draco! –La vista del rubio fue hasta el joven que sostenía al bebé –Ginny te está buscando y no está para nada contenta.

De un pequeño lugar alejado, la melena rubia se asomó de inmediato, un pequeño varón de siete años se asomó, el corazón de Draco comenzó a acelerar conforme el niño se acercaba más, los cabellos rubios no era lo único que le hacía saber que realmente era un Malfoy, no importaba que sus ojos fueran de un café con pequeños destellos grises, ese niño era su hijo.

—Iván –murmuró la voz de Ginevra, en un tono enfadado –no estés tratando de restarle importancia le he mandado a… Draco –musitó cuando sus ojos se toparon con el rubio, lo que llevaba en la mano se le cayó por completo, ante la incredulidad de la persona que estaba a unos metros de distancia de ella.

Todos los niños lo observaron, su hijo, en específico, la pelirroja ignoró todo a su alrededor, avanzó como si fuese un sueño hasta el rubio, que fue bajando el rostro hasta la mujer conforme estuvo más cerca.

Le miró escéptico, de la misma manera en la que ella le observaba, y cuando un amago de sonrisa iba a aparecer en su rostro, la mano de la pelirroja se estampó con gran fuerza en su mejilla, los niños se encogieron de hombros cuando el sonido del golpe se escuchó.

—Sí, es él –argumentó un niño –no veo la razón por la cual Ginny tenga que golpearlo.

—Supongo que no es su culpa haberse perdido y tardar ocho años en llegar ¿o sí? ¿Tú qué opinas, Draco? –interrogaron al niño, que no contestó.

Los adultos seguían en silencio, Adam pasó a la pareja e incitó a los niños a que fueran a jugar, pero no dijo nada cuando el pequeño Draco no se movió, suponía que tenía derecho a presenciar el regreso de su padre.

—Me abofetea, mi señora –soltó en un tono serio –cuando ha sido usted, la que ha escapado de mí.

—Sólo he querido cerciorarme de que es realmente usted, mi señor –admitió –Rodolphus me prometió que hablaría con usted, pero no creí que le fuese a enviar a mí –admitió conteniendo el llanto.

—Si lo hubiese sabido, hubiese tomado el primer barco hasta usted.

—Su padre fue inflexible sobre mi muerte, su tío no iba a pensarlo dos veces antes de arrancarme la vida.

—Entonces ¿Por qué no lo hizo?

—Porque… -Ginny suspiró –cuando la punta de su daga tocó mi estómago, le dije que estaba esperando a su hijo, así que se negó a completar el mandato de su padre, pero no era tan fácil como él pensó que sería, así que… lo mejor era que todos lo creyeran, preferí la vida de nuestro hijo antes de quedarme y ocasionar que ese niño yaciera muerto junto a mí, lamento que…

Los labios de Draco se apoderaron de los de ella, sin importarle si estaba casada, si todos esos niños que se habían marchado eran sus hijos o no, lo único que le importaba es que ella estaba ahí, frente a él, diciéndole que le había dado un hijo, un varón fuerte y sano, se veía tan hermosa, que se le hizo imposible no besarla.

—Perdón mi atrevimiento –murmuró aclarándose la garganta.

—No se preocupe, mi señor.

—Pero me preocupo, no quiero meterle en problemas con su esposo.

— ¿Mi esposo? –Cuestionó sin comprender –temo que no entiendo sus palabras.

—Antes de venir aquí, un caballero dijo que…

— ¿Sam? –interrogó.

—Trabaja para el señor Kennedy.

—Creo que Rodolphus no le ha contado todo, la casa es grande, porque con su ayuda y la del señor Kennedy, tomamos custodia de todos los niños que se han quedado sin padres, así que Sam, un joven, es uno más de ellos, pero no mi esposo –sonrió encantada por los celos del rubio.

—Bien, eso me agrada más –aceptó en tono orgulloso –porque nada va a impedirme que la convierta en mi esposa.

—Tengo a alguien a quién presentarle.

Los dos adultos se acercaron al pequeño niño que aún seguía observándolos, sin saber de lo que hablaban, estaba bastante sorprendido de que su padre hubiese vuelto, su padrino, Rodolphus Lestrange, le había contado muchas cosas de él, pero nunca creyó que lo conocería.

—Sigo sin saber la razón que le ha dado para mi ausencia –murmuró Draco.

—Se extravió, el barco en el que venía, se perdió, no habíamos vuelto a saber de usted… hasta ahora.

—Muerto –comentó él.

—Sí –asintió apenada.

—En realidad, mi señora, así me he sentido desde que no le volví a ver.

—Tengo que admitirle, mi señor, que de no tener una parte de usted, hubiese preferido mil veces la muerte que a perderle.

Draco besó a la mujer, cuando llegaron hasta el niño, se acuclilló frente a él, las facciones eran demasiado parecidas a las suyas, salvo que no era para nada frío, y su cara demostraba todo, como un pequeño pergamino.

—Draco, él es tu padre –murmuró Ginny.

—Creí que había muerto, señor…

—Papá –pidió –si no es demasiado el que me llames así, claro –sonrió encantado ante la mirada incrédula del niño, que de inmediato observó a su madre.

—Él lo ha solicitado, cariño –admitió la mujer.

—En ese caso –se encogió de hombros –puedo… ¿abrazarlo?

No respondió, de inmediato se estiró hasta él y colocando sus rodillas en el lodo, abrazó fuertemente a su hijo, no podía creerlo, tenía un hijo con ella.

—oOo—

Draco no podía terminar de convencerse de ser llamado "El Señor Weasley", ya que Ginevra siempre había usado su apellido, así que… al "volver él", la gente de la ciudad pensó que él era lógicamente "El señor Weasley", así que ahora lo llamaban así, y él se había cansado de corregirles, aceptando el apellido a regañadientes.

—El señor Kennedy vendrá a cenar hoy ¿le molesta? –la interrogó.

—Desde luego que no, mi señor –admitió con una sonrisa.

—No sé harte de mí, mi señora, pero tengo que decirle que le amo –la besó.

—Contrólese un poco, usted no es así –sonrió.

—Tiene razón, en ese caso, cuando todos los niños se duerman, voy a dejárselo saber de la manera correcta –le guiñó un ojo.

Salió completamente alegre, después de despedirse de su ahora oficialmente esposa, y de su hijo, rumbo al trabajo, no era el mejor de los trabajos, pero habían pasado un buen año, y se estaba acostumbrando a todo el mundo nuevo.

—Te ha llegado una carta de Londres –murmuró Adam, dejándola en el escritorio de Draco.

—Gracias –aceptó observándola.

La letra era de Astoria, suponía que su tío le había confesado a donde había viajado, y le agradaba saber que a pesar de haber hecho todo aquello, ella seguía apreciándolo un poco, o tal vez la carta era para decirle unas cuantas verdades.

Querido Draco,

Al fin he podido saber en dónde se encuentra y con quién, quiero que sepa que me he sentido feliz, de saber que a pesar de todo, usted es ahora feliz, le escribo, porque tengo que darle las gracias por lo que ha hecho por mí, darme la libertad de poder estar con el hombre que amo… muchas gracias.

A pesar de lo buena que ha sido mi vida, no todo son buenas noticias, me temo que cuando su tía Bellatrix se negó a retirar los cargos a su nombre, su padre ha tomado represalias y ha mandado encarcelar a su tío Rodolphus en venganza, las cosas para él en prisión no fueron muy buenas, me he enterado que ha muerto ayer, víctima de una revuelta, lo que me queda pensar, es que su padre ha encontrado un nuevo mandadero que solucione sus problemas.

En fin; no puedo expresar por medio de una carta todos mis sentimientos, sería injusto para los dos, ya que tengo mucho que agradecerle, pero dejaré que mis últimas líneas sean para decirle que espero, con todo mi corazón, que a donde quiera que esté, encuentre la felicidad que usted merece, y que yo, por egoísmo, arruiné, sea feliz, mi señor.

Con cariño,

Astoria Longbottom.

Draco sonrió alegre, la carta era un tanto agridulce, pero le alegraba saber que al final de cuentas, Astoria también había podido ser feliz, así que con ese peso menos sobre sus hombros, se dedicó a trabajar, arduamente, para poder darle una vida digna a su hijo, quizá no llena de lujos, como la que él había tenido, pero sí una vida llena de cariño, comprensión y apoyo incondicional, eso, era mejor que todo el oro del mundo.

—XxX—

Ginny Weasley observó encantada la manera en la que su marido, estaba enseñándole a su hijo, a leer, le agradaba saber que al final, ambos pudieron reencontrarse, y no hablaba de ella con Draco, sino de él con su hijo, nunca había querido negárselo, pero se había dado cuenta de su embarazo poco después de que Lucius Malfoy hubiese hecho la primera parte de su plan para alejarla de su hijo.

Así que, en cuanto Rodolphus propuso que se alejara de Inglaterra, aceptó sin chistar, había algo más en juego que su vida, y optó por salvar el resultado del amor que se tenían.

— ¿Va a enseñarme a hablar francés? –cuestionó el pequeño Draco.

—Oh, este… -se quedó confundido el varón de ojos grises.

—Mi madre me ha dicho que lo habla a la perfección, esa y otras lenguas más, así que me gustaría aprenderlas.

—Bueno, si es lo que quieres aprender, sí, sin duda te enseñaré –admitió con una sonrisa.

Después de un rato de trabajo, el rubio se alejó de su hijo y se acercó a su mujer, que no les había quitado la vista de encima ni un solo instante, así que la sujetó de las mejillas y le besó.

—Me encanta esta vida –admitió para ella –me encanta todo mientras usted esté a mi lado –besó su cuello.

—Aún no se han dormido los niños –le recordó soltando una risa divertida.

—Es lo único malo de vivir en medio de un batallón.

—La fortuna es de que duermen temprano.

Draco apretó las manos de su esposa, antes de llevarlas a sus labios y besarlos, por primera vez en la vida, se sentía feliz, estaba en paz, con la mujer que amaba y con un hijo que era asombroso, la mujer había criado a un buen jovencito, no podía quejarse de eso.

—Nada va a separarnos ahora, mi señora, se lo juro, sin importar lo que ocurra, siempre seremos una familia.