CAPITULO II
MESURA.
Había pasado casi una hora desde que la noticia de la muerte del rey había llegado a los oídos del mal humorado padre de Chikane, pero su hija aún no aparecía. La humedad en sus manos sólo dejaban ver su gran ansiedad. Contemplaba como la gente seguía divirtiéndose alejada de la realidad, algunos lo miraban permanentemente, ellos ya sabían que hoy seria un día inolvidable, pero tenían que mantener las apariencias, no podían acercarse al señor Himemiya, no aún al menos.
El perfume inconfundible de su hija lleno sus pulmones y rápidamente se giró sobre sus talones, todo para verla parada junto a él, la miró un segundo con desaprobación y tenso su mandíbula.
¿Donde estabas? - quiso saber calmando sus ansias de abofetearla.
Ocupada – dijo la chica, casi intentando provocar a su padre.
¿Crees que esa es una respuesta? ¿Acaso quieres echar todo a perder? - cada segundo las mejillas de su padre se tornaban más y más rojas.
Tranquilízate, todo esta en orden – dijo con algo de desden.
¡No me hables así! – regañó entre dientes – soy tu padre – le recordó apretando sus puños.
Por desgracia – murmuro ella, mientras oscilaba un desprecio con sus labios.
¿Qué es lo que te sucede? - preguntó descolocado y con los ojos sorprendidos.
Quiero respuestas … Nuevamente tuve esos sueños extraños – le comentó la mujer disimulando estar platicando amablemente con su padre, para que nadie sospechara de la discusión.
¿Vas a empezar nuevamente con eso? Te he dicho mil veces que sólo son sueños – sentenció arrugando su frente.
¡No son sólo sueños! - ella alzó tenuemente su voz pero de inmediato se arrepintió. Tomó una bocanada de aire para tranquilizarse – Se que me escondes algo, algo de mi pasado el cual no recuerdo
Chikane, me tienes cansado con ese tema … - El hombre miró fugazmente hacia el cielo y luego volvió la vista hacia su hija – Te lo volveré a explicar. Tienes una extraña enfermedad en la cabeza, una que no ha podido ser diagnosticada aún … seguirás con dolores toda tu vida pero si eres estricta con tus pastillas puedes llevar una vida normal
¿Una vida normal dices? - la mujer se burlo en una sonrisa imperceptible – Yo no llevo una vida normal, tener pesadillas todas las noches no es normal, no poder recordar mi pasado no es normal, sentir que mi vida es una mentira no es normal … - ella iba a decir algo más pero se contuvo.
Ya es suficiente, muchacha – el hombre la tomó muy fuerte por su antebrazo y la llevó hasta un rincón del lugar – Todos tenemos problemas en la vida y déjame decirte que mucho más importantes que tus estupideces, así que compórtate. Dentro de los próximos días seras la reina de Japón y tendrás en tus hombros la responsabilidad de hacer surgir el fundamentalismo. Si sigues con esos dolores tan fuertes, me veré obligado a llevarte nuevamente a tratamiento – de inmediato el semblante de la mujer cambió, tornándose oscuro... ella sabia perfectamente lo doloroso del "tratamiento".
Esta bien – dijo resignada – me calmaré, por ahora.
El comandante que hace una hora puso en bandeja de plata al rey frente a Chikane se hizo presente en el lugar. Con gran disimulo pronunció un cordial saludo, como si fuese la primera vez que se veían en toda la noche, a lo que los aludidos respondieron como unos perfectos actores.
Es cosa de minutos que encuentren el cuerpo del rey – mencionó el comandante exagerando felicidad por todo su cuerpo.
Lo sé, estoy impaciente por ver la cara de todos – el padre de Chikane estaba seguro que aún quedaba mucho por disfrutar de ésta noche.
Lo único que me preocupa es que no he visto a la princesa, ¿sera que ya sabe todo? - preguntó el comandante ensimismado.
Ahora que lo comenta, tiene usted razón. Yo tampoco la he visto, sólo cuando la saludé.
Seguramente esta ocupada – comentó Chikane, esbozando una ligera sonrisa.
¿Ocupada? - el comandante levantó una ceja sin entender el extraño tono de voz de Chikane.
Si, ya sabes, "cosas de princesas" – dijo alzando levemente sus hombros.
Bueno, cualquier cosa que haya estado haciendo ya la concluyó. Ahí viene, junto con ese hombre de la guardia real – el padre de Chikane indicó con su cabeza la dirección de su mirar. De inmediato Chikane la contempló unirse a la muchedumbre, disimulando perfectamente todo lo que había acontecido entre ella y su sirviente momentos antes.
Ahhhh – exclamó de pronto el comandante – la noche es casi perfecta, ¿no lo cree usted así? - sonrió al mirar su compañero de espacio.
Si – dijo llenando sus pulmones de un aire fresco
Permiso – se excusó de pronto Chikane
¿Dónde vas? - quiso saber de inmediato su padre, casi con desesperación
Tranquilo, no me perderé. Iré a platicar con mi futura esposa – le avisó con una sonrisa oscura a lo que el padre accedió inmediatamente, orgulloso de la maldad en su hija.
Chikane recorrió en silencio todo el trayecto que la separaba de la princesa, observando de vez en cuando a las personas a su alrededor, brindando una que otra falsa sonrisa con quienes cruzaba miradas.
Pronto se dio cuenta que ya casi no había distancia que la separara de Himeko, así que reafirmó sus pasos hasta colarse en su espalda, justo entre ella y aquel curioso sirviente.
La chica estaba ocupada conversando con algunos hombres amigos de la corona, por lo que no se percato de la presencia de Chikane. Ésta última aclaró su garganta suavemente, llamando la atención del pequeño grupo.
Pero si es la señorita Himemiya – anunció uno de los hombres con voz áspera y arrugando su nariz.
Buenas noches caballeros – dijo ella con elegancia – disculpen si interrumpo algo importante, pero no pude aguantar las ganas de saludar a la princesa.
Himeko nuevamente se vio envuelta en ese mar de sensaciones, no entendía por qué aquella mujer buscaba saludarla de nuevo, ni mucho menos el extraño rechazo que le provocaba, eso entre muchas sensaciones más que simplemente no deseaba analizar.
Señorita Himemiya, creo haberla saludado ya – le recordó Himeko, demostrando abiertamente no tener interés en su compañía
Lo sé, pero creo que no fue la mejor manera de saludarla, majestad – hizo una pequeña reverencia – sí me diera el honor de invitarla a caminar por su hermosa fiesta – alzó los brazos, mostrando el lugar.
De inmediato Himeko se vio envuelta entre la espada y la pared. Cómo decirle que no, ella era la princesa y no podía dejar la cortesía de lado, por mucho que le desagradara. Maldijo internamente lo que seria su respuesta y tomó un suspiro de valor.
De acuerdo, con gusto aceptare – sonrió fingidamente, mientras se despedía de aquellos hombres.
Comenzaron a caminar por todo el lugar, completamente en silencio. Chikane no decía nada y Himeko moría de ganas por preguntarle cual era el sentido de caminar sin hablar. Muy cerca de ellas, Souma le seguía los pasos, sabia perfectamente que no debía dejarla sola, mucho menos lo haría luego de la maravillosa noche que acababan de pasar.
De vez en cuando Himeko miraba de reojo a la hija del duque y casi podría jurar que en una de sus fugaces miradas vio en el rostro de aquella chica una mueca de contrariedad.
Luego de unos minutos más caminando en su compañía y manteniendo una extraña guerra con sus sentimientos se decidió a romper el hielo y clavó su primera pregunta, no con la voz sutil que imaginó en su cabeza, pero ya había hablado.
¿Qué se supone que estamos haciendo? - preguntó Himeko algo molesta, pero Chikane ni siquiera la miró, solo siguió caminando tranquilamente. A Himeko le tomó unos segundos comprender que por primera vez en su vida, alguien no respondía a una de sus preguntas – Disculpa, ¿acaso eres sorda? - inquirió ésta vez deteniendo su marcha. Chikane dio unos cuantos pasos más y luego se giró para mirarla, llena de curiosidad.
No majestad, escucho todo perfectamente. Y aveces tiendo a escuchar y ver cosas que no me corresponden – no pudo evitar sentir algo de complicidad maquiavélica en esas palabras.
Que alegría saber que usted no es sorda. Ahora ¿puede ser tan amable de decirme qué es lo que quiere? - Himeko la miró directamente a los ojos, dejando de lado todo el miedo que eso le provocaba.
Ya le dije, saludarla – le recordó de forma relajada.
Pues no ha hecho nada más que estar en silencio – contra respondió la princesa. Cruzando los brazos a la altura de su pecho.
Tiene razón, perdone mi timidez. He intentado buscar las palabras adecuadas para saludarla, pero no estoy acostumbrada a caminar con una princesa y eso, debo confesar, me pone un tanto nerviosa – Por un momento Himeko deseo no haber escuchado esas palabras, definitivamente hubiese preferido silencio entre las dos.
No parece ser una persona tímida – intentó salir airosa del asombro que le ocasionó Chikane. Pero ésta ultima al escuchar las palabras de la princesa dejo ver una aperlada sonrisa
Quizás … – musitó con ausencia de vida – Fue un placer caminar a su lado – Chikane miró al chico quien las acompañaba en todo momento – la dejo tranquila, que tenga una feliz noche, princesa – se reverenció delicadamente y se preparo para alejarse de ellos.
Espere un segundo – la voz de Himeko la detuvo en su decisión. Pero inmediatamente la vio dudar, tal parecía que ni siquiera la misma princesa sabia muy bien por qué había evitado que ella se alejara de ahí
¿Sí, princesa? - la animó. Mientras que se quedaron viendo fijamente, por primera vez su mirada duró más de cinco segundos que se hicieron eternos en Himeko. Sintió brotar en ella un mar de sensación desconocidas hasta ahora.
Nada … puede retirarse – dijo al fin en un estado de desconcierto.
Chikane le sonrió nuevamente, sabia que no debía abusar de su precaria fortuna. Ya logró su objetivo, el cual era poner a prueba su cuerpo e intentar entender por que al estar cerca de aquella rubia le hacia sentirse ligeramente con vida. Pero unos pasos apresurados la obligaron a fijar su mirada en la dirección del sonido. Vio como un hombre de la guardia real con un pálido semblante se acercaba al guardia personal de la princesa a toda velocidad. Rápidamente giró sus ojos por el lugar, muchos de los guardias corrían desesperados para todos lados … ya era un hecho, habían descubierto el cuerpo sin vida del rey.
El apresurado hombre llamó la atención de la princesa quien de inmediato le dio la espala a Chikane para ver como él decía algunas palabras al oído de su amado, quien la esperaba a unos cuatro metros de distancia. Instintivamente se llevó la mano a su pecho, casi presintiendo que existían malas noticias … presentimiento que fue corroborado por la expresión en el rostro de Souma, quien no le quitaba la vista de encima, con los ojos completamente desorbitados.
El chico se acercó lentamente a la princesa, con los ojos acongojados y antes de hablar apretó su mandíbula y cerró sus ojos. Sus brazos le temblaban al igual que las piernas, pero sabia que debía ser fuerte, en momentos así no hay espacio para sentir, sólo debía razonar en sus próximas palabras.
¿Qué es lo que sucede, Souma? - el terror recorrió el pecho de Himeko, entumeciéndole el corazón.
Princesa … - balbuceó el chico, totalmente acomplejado – Ha ocurrido una terrible tragedia y necesito que sea fuerte – le avisó como quien avisa a un niño que éste año no habría navidad.
¿Qué tragedia? - su rostro palideció más de lo normal, la sangre en sus oídos martillaba ferozmente.
Es el rey, princesa …
¿Qué sucede con mi padre? - la voz de Himeko sonó desesperada y se estremeció por completo.
Lo acaban de encontrar muerto, bajo el balcón de su oficina … al parecer tuvo un accidente - Souma intentó sonar mesurado en sus palabras, pero él sabia perfectamente que ésta noticia no hallaría jamas una cuota de mesura.
¿Mi padre … qué? - dijo con voz ahogada la princesa, intentando digerir aquellas palabras que le parecían una mala broma.
Lo siento princesa – nuevamente el chico volvió a hablar, muriendo de ganas por abrazarla.
¡NOOOOOOOOO! - el gritó casi fue audible en cada rincón del palacio. De inmediato los murmullos de la gente cesaron y se concentraron en la princesa. Todo el mundo estaba pasmado, intentando comprender que estaba sucediendo – ¡NOOOOOOOOO! ¿POR QUÉ PAPÁ? ¿POR QUÉ? - gritaba Himeko, al borde de la locura, el dolor la invistió con la furia de un tornado al pasar sin siquiera darle un momento para que lograra prepararse .
Sintió como sus rodillas se hacían agua y el piso estaba cada vez más cerca de su cuerpo, pero antes de golpearse contra él unos brazos la arroparon y sostuvieron.
Princesa, tranquila … por favor – le dijo Chikane al oído, demostrando una falsa preocupación. Toda su vida ha sabido fingir muy bien y hoy no seria menos.
¡PAPÁ …. NO QUIERO, PAPÁ! - la chica estaba absorbida por el dolor, ni siquiera era capaz de pensar … Su cuerpo se agarrotó y sus manos aprisionaron los delgados pero fibrosos brazos de la mujer que la abrazaba, escondiendo su frente entré el mentón y el pecho de Chikane.
Tranquila … tranquila – decía la mujer de hielo una y otra vez. Afianzó el abrazo, por alguna razón su cuerpo no quería dejar de contenerla, su corazón comenzó a golpear las paredes de su pecho y comprendió en un segundo que no estaba fingiendo, ella en realidad estaba sintiendo compasión por la princesa.
¡Era mi padre, mi padre! - repetía Himeko en un trace de incertidumbre ante el futuro.
Lo sé, estoy aquí – la acunó con paciencia, pero pronto se dio cuenta que no debía inmiscuirse más. Revolvió su cabeza sutilmente y continuó hablando – Todos estamos aquí, no estará sola.
Princesa … yo no la dejaré sola – Souma no pudiendo aguantar más, se inclinó hasta chocar una rodilla contra el suelo y así poder encontrar aquella mirada amatista.
¡Souma! - exclamó la princesa, pero esta vez separó bruscamente los brazos que la soportaban y corrió hasta el cuello de su chico, sin importarle la presencia de las personas – Por favor no te vayas, no me dejes sola, no ahora – le susurró con desesperación enredando sus dedos en la corta cabellera del muchacho. De inmediato el chico se aferró a su cintura y la contuvo con todo el amor que corre por sus venas .
Nunca princesa, nunca lo haré – el joven le juró con el corazón. Mientras la ayudaba a ponerse de pie.
Llévame con él, por favor – suplicó la mujer, quien a esta altura llevaba la cara empapada en llanto.
Mientras Chikane contemplaba la escena inamovible, aún de rodillas en el suelo casi como si en su interior no tuviera sentimientos, pero en realidad estaba pasmada. Podía sentir el sufrimiento de aquella mujer, lo desgarrada que estaba su alma y nuevamente sintió un estremecimiento al contemplar su pena. ¿Cómo era posible que una hija amara tanto a su padre? ¿Cómo ella pudo causarle tanto dolor a esa joven?.
Movilicen a toda la guardia real, quiero que el perímetro este cubierto. Por ahora será mejor despachar a los invitados – ordenó el joven Ogami a sus colaboradores, mientras la princesa seguía refugiada en su pecho.
Lo siento mucho, princesa – murmuró Chikane aún sabiendo que Himeko no la escucharía.
Decidió apartarse de la escena lo más pronto posible, con la mirada congelada caminó en dirección a su padre, intentando que su estado extraño de transe desapareciera.
El lugar en menos de un minuto se volvió todo un caos, aún habían personas que no comprendían por qué la princesa lloraba y gritaba el nombre de su padre, mientras que otras ya se habían enterado del lamentable deceso... Aires de cambio estaban invadiendo al reino y no precisamente aires alentadores.
Es mejor que nos vayamos de aquí – aconsejó el padre de Chikane, apenas la chica volvió a su lado – esto se volverá un completo infierno.
Si … - dijo ella obstaculizando sus pensamientos. Comprendía que esa idea era la mejor y no estaba dispuesta a quedarse ahí ni un minuto más.
Vamos entonces, en casa nos espera una larga reunión – el hombre comenzó su recorrido orgulloso de que todo hubiese salido tal cual lo habían planeado, sabia que la gloria estaba tocando las puertas de su vida y él no demoraría en responder a su llamado.
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
Había pasado más de cuatro horas desde que me avisaron de la terrible tragedia. El lugar seguía inundado de personas, pero ya no eran invitados, sino que peritos y diferentes autoridades políticas del reino. Muchos de ellos se acercaban a mí para poder brindarme algo de consuelo, pero mi alma no encontraba reparos para el dolor que me estaba carcomiendo por dentro.
Repaso una y otra vez la idea de que mi padre haya caído de ese balcón, pero no me concuerda. Primero que todo ¿Qué hacia mi padre ahí en ese momento? Y segundo ¿Por qué se asomó por el balcón? … Nada de esto tiene lógica …
Veo como la gente pasa y pasa por mi lado, escucho sus murmullos, siento sus miradas acongojadas por mi estado, pero mi realidad no me permite abrir la boca, estoy atónita, descolocada, muriendo cada segundo por esta pena.
La noche ésta dando pasa a la madrugada y el frió se hace cada vez más insoportable, siento como mi cuerpo no deja de tiritar, la pequeña manta que cuelga sobre mis hombros no ha ayudado en nada hasta ahora.
Princesa … - alguien clamó por mi atención con suma cautela y compasión. Levanté lentamente mi mirada nublada hasta dar con el hombre frente a mi
Señor Tosu – dije sin animo, bloqueada completamente, con la mirada opacada.
Yo … yo lo lamento mucho – el hombre bajo su mirada, pero pude ver como sus ojos se humedecían.
No logro entender cómo pasó todo esto – comenté enredada con mis pensamientos.
Yo le aconsejo que por ahora no se preocupe por eso. Lo mejor ahora es estar junto a su padre y luego, cuando tengamos los resultados de su … defunción, podremos aclarar todo tipo de dudas.
¿Y si esto fue un atentado? Muchas personas querían ver muerto a mi padre – exclamé horrorizada por la idea de que fuera así.
Princesa por favor … por ahora no se siga atormentando con eso – suplicó él.
No puedo no hacerlo – dije abatida – es que no comprendo, esto no debió pasar – nuevamente mis lágrimas comenzaron a brotar.
He ordenado a más hombre para su seguridad, ahora lo más importante es que usted este a salvo – mencionó con hidalguía.
Entonces usted también piensa como yo – inquirí asustada.
Es mejor tomar precauciones, majestad – contestó algo confuso.
No quiero más hombres … Con Ogami es suficiente – dije "calmada". En estos momentos sólo necesitaba de su compañía, él era la única persona donde podría encontrar consuelo y algo de sosiego.
¡Pero majestad! - intentó contradecir mi deseo, lo interrumpí antes de que terminara su frase.
No quiero más hombre … por favor no insista – suspiré cansada de tantas emociones que no lograba ordenar en mi interior.
Agradecí que el primero ministro no insistiera en su posición y me dejara nuevamente "sola", sola entre muchas personas que me rodeaban, todas con una tarea especifica, moviéndose frenéticamente de un lado a otro como si el tiempo apremiara. En cambio todo para mi pasaba en cámara lenta, los latidos de mi corazón retumbaban en mis oídos, las luces artificiales centellaban más de lo habitual en mis hinchados y enrojecidos ojos, mis labios estaban secos y sedientos, pero mi alma estaba tan pesada que no podía moverme.
– ○ –
Mientras tanto en la mansión Himemiya se celebraba una reunión a escondidas del gobierno, diferentes actores políticos y autoridades de las fuerzas armadas exponían como deberían proceder ahora que ya era un hecho la muerte del rey. Reunión que de vez en cuando subía de nivel casi rozando la discusión, todos sabían perfectamente que habían muchas cosas en juego y nadie quería perder ni siquiera un pedazo de la torta.
Era un grupo aproximadamente de quince personas que estaban en el gran salón, con una luz tenue y llena de humo producto de algunos fumadores empedernidos, que bajo estas circunstancias fumaban más de lo habitual. Quien presidia la reunión era el padre de Chikane, muy altanero y orgulloso como suele ser, recibiendo a gusto las felicitaciones de sus cómplices, aún sabiendo que él en la practica no había hecho nada.
Mientras Chikane no despegaba su vista del cielo oscuro e inmenso de la noche, apoyada contra un gran ventanal con sus brazos cruzados a la altura de su pecho dejando que la luna plateada alumbrara su perfil a media luz. Su mente no pensaba muchas cosas, por momentos solo la mantenía en blanco, pero la imagen de la princesa devastada la rondaba de vez en cuando, tal como aveces lo hacen los recuerdos de sus pesadillas. Crispó severamente su ceño y por un momento se odió a si misma, al no ser capaz de encontrar una respuestas a las pocas preguntas que se ha hecho en su vida.
A lo lejos una mujer no le quitaba la vista de encima, se trataba de una de las hijas de una familia fundamentalista al igual que ella, pero que pocas veces habían compartido una platica y no porque les faltara oportunidad, sino que Chikane no era una mujer dispuesta a socializar con las personas, por mucho que lleven conociéndose.
"En que estarás pensando" se preguntó mentalmente la mujer de larga cabellera castaña algo ondulada, con ojos almendrados color cielo, y labios sugerentes.
Amaya, ¿por qué no vas y le dices a Chikane que se acerque a nosotros? - le sugirió su madre al percatarse la forma en que su hija miraba a la futura reina de Japón.
No creo que esté muy interesada en la reunión, madre – aseguró la joven, intentando controlar la ilusión que le produjo poder tener al fin una escusa para acercarse a esa chica.
Bueno, ve y dile … no pierdes nada – la animó
Claro … - dijo envuelta en nervios, pensando miles de formas en como hablarle.
Lentamente se incorporó del confortable asiento y se dio cuenta que la temperatura del lugar ya no era tan agradable, quizás los nervios le bajaron la presión … su pulso comenzó a acelerarse con cada paso que daba y casi podría jurar que el retumbar de sus latidos eran perceptibles por todos ahí. "cálmate" "cálmate" se repetía una y otra vez, mientras movía sus dedos de forma sutil pero ágil.
¿Qué haces? - preguntó intentando sonar casual. Estaba lo suficientemente cerca de ella como para que su temblorosa voz pudiese ser escuchada. Chikane no dejó de mirar por la ventana, sin demostrar un segundo interés por responder a su pregunta, por lo que la chica no tardo en sentirse estúpida. Sabia como terminaría este intento de acercarse a Himemiya y aún así se ofrece a saltar al vacío, como si no tuviese una pizca de amor propio. Ya se estaba girando de vuelta a su antigua posición, totalmente resignada cuando escucha la suave voz de aquella mujer, casi como un murmullo
Medito … eso creo – Chikane parecía estar sumergida en una dimensión paralela. Y Amaya por primera vez en su vida escuchó a la joven responder con vacilaciones a una pregunta.
¿Estás bien, Himemiya? - quiso saber Amaya, no pudiendo ocultar su preocupación. En ese momento Chikane giró su vista hacia ella quien no tardo en estremecerse.
Perfectamente – contestó de mala gana y luego volvió su vista hacia el oscuro cielo, dando a entender que ésta platica había llegado a su fin.
A la joven Amaya no le quedó otra alternativa que retirarse derrotada de su lado, con un nudo en la garganta, quizás Himemiya nunca asimilaría cuanto la amaba y todo lo que debía luchar para contenerse de estar cerca de ella. Sólo en sueños la ha podido alcanzar y si esos sueños son favorables ha tenido la oportunidad de besar esos tentadores labios, que con toda seguridad sabrían mejor en la realidad. Sufría en silencio al saber que nunca seria correspondida, ella tenia claro que su amada debería casarse a la fuerza con la princesa y que el futuro sólo la alejaría aún más de sus pobres esperanzas de tenerla a su lado.
¿Qué te dijo? - preguntó preocupada su madre al ver la triste mirada de su hija al regresar.
Nada, como siempre habla sin decir nada – comentó acongojada la muchacha volviendo a tomar asiento.
Es una chica complicada, deberás tener paciencia – le susurró su madre intentando dar algo de consuelo a la pena que brotaba por cada poro del cuerpo de Amaya.
Ni siquiera sabe que existo, madre – le recordó con pesar. Y justo cuando su madre iba a decir algo más, la voz gruesa del señor Himemiya la detuvo.
Hija, por favor acércate a nosotros – pidió con gran autoridad. Chikane demoró un momento en obedecer, a ella le parecía mucho más apetecible seguir observando la eterna noche que reunirse con aquellas personas, pero si quería llevar la fiesta en paz no le quedaba más remedio que fingir interés, después de todo fingir es una de las cosas que mejor sabe hacer.
¿En qué le puedo ayudar? - preguntó cordialmente parándose junto al asiento de su padre. Mientras él sonreía incrédulo al ver el actuar de su hija. Ella sabía perfectamente que esa pregunta estaba de más, pero le encantaba sacar de quicio a ese hombre.
¿Qué pregunta es esa, muchacha? - simuló el padre estar entre una curiosa broma de su única hija – Tu eres nuestro elemento estrella en todo esto – mencionó al fin, aprovechando de recordar ese detalle a todos los presentes.
Señorita Himemiya, estamos pensando que mañana mismo deberíamos hacer cumplir la ley en el parlamento. No vemos necesidad de seguir aplazando su adjudicación como reina – le comentó uno de los hombres que estaban presentes. Chikane inmediatamente frunció su ceño, dejando entrever su desacuerdo con aquella idea.
Pienso que eso no sería conveniente – dijo sin un rastro de temor en sus palabras. Ella sabía perfectamente que aquella habitación estaba inundada de personas ambiciosas por poder y más dinero, pero eso no le importó.
Discúlpeme usted señorita, pero ninguno de nosotros vemos el por qué de seguir esperando – le comentó un comandante del ejercito ésta vez.
Si hemos esperado siglos por este momento, no veo por qué no podemos esperar un par de días más – insistió en su posición, aún sabiendo que su padre podría explotar en cualquier minuto por su rebeldía.
¿Esperar? - repitió su padre con burla – cuando tienes a tus enemigos en el suelo no debes tener compasión.
¿Quienes son mis enemigos, padre? - quiso saber ella con algo de desafío en sus palabras.
¡Ya es suficiente! - el hombre no demoró en ponerse de pie – No es el momento de que comiences con tus cuestionamientos, mañana reclamaremos tu reinado y punto.
Eso sólo nos delataría frente al pueblo y los liberales – contestó Chikane, con esa infinita paciencia y desinterés.
No hay pruebas que nos puedan imputar, lo que ellos digan o piensen me tiene sin cuidado – le recordó su padre.
Lo siento mucho señorita, pero le recuerdo que usted esta acá para obedecer nuestras ordenes – uno de los hombres que la observaba en silencio se decidió a hablar. De él emanaba casi la misma maldad que hacía sentir el padre de Chikane. Se trataba de un parlamentario muy respetado por los fundamentalistas y un connotado médico y científico, hijo de padre israelí y madre japonesa al cual Chikane conocía muy bien, pues él fue el encargado de estudiar su extraña enfermedad y es quien le da aquel "tratamiento" cuando la situación lo amerita.
Señor Hatam, disculpe que insista pero yo no estoy dispuesta a arriesgar años de preparación y espera, por la codicia de algunos. Todos aquí queremos lo mismo, soy al igual que usted una ferviente fundamentalista pero tengo educación y es ella la que no me permite pasar por alto la muerte del rey … Darle un tiempo de luto al pueblo y la princesa sería una razón menos para que sospechen de nosotros – dijo Chikane mirando al médico de forma desafiante.
Creo haber entendido mal, pero ¿está usted sugiriendo que no tengo educación? - El médico la miró absorto de tranquilidad y cinismo, sintiendo que su pregunta podría dejar en mate a la joven altanera.
Por supuesto que usted cuenta con educación, creo que nadie en este lugar podría dudar de eso. Pero esta claro que el tipo de educación que tenemos no es la misma.
Que ingeniosa señorita Himemiya – sonrió el hombre mirando a los presentes buscando apoyo – Pero este asunto va más allá de la educación y déjeme decirle que no importa el momento en que reclamemos su reinado, ellos siempre buscaran alguna escusa para menospreciarnos.
Alguien tosió para intentar distender el momento, pero no resultó.
Nada tiene un aspecto más horrible para nosotros que la razón, cuando no está de nuestro lado – Determinó Chikane sin una gota de nervios en su sangre. Ella no tenía ni idea por qué seguía con esta discusión. Sabía que lo mejor era seguir la corriente y no desconcertar con sus puntos de vistas, pero su corazón era el que no le permitía acatar las ordenes … ¿cómo no tener compasión con aquella princesa?.
Que tenga usted una mente brillante señorita no significa que haya vencido a la ignorancia, nada que ha dicho hasta ahora me hace pensar que su punto de vista es el correcto – Lentamente el rostro de aquel hombre dejó de ser sereno.
No seré yo tan vanidosa como para pretender dejar de ser una ignorante y superar sus limites intelectuales. A menos que usted se vea amenazado con mi humilde intelecto – Las palabras dichas por Chikane no fueron al azar. Ella las seleccionó minuciosamente, púes aquel médico sabía que la inteligencia de aquella mujer era impresionante, lo que siempre le ha producido celos.
¿Se cree usted tan lista ostentando su "cuestionable perspicacia"? ¿Por qué no me ataca en el punto, muchacha? - intentó que su voz siguiera sonando mesurada, pero un temblor en sus cuerdas bocales delataron la rabia contenida.
He aprendido a no confrontar a alguien desarmado, señor – replicó Chikane
¿Esta jugando conmigo acaso? - quiso saber el hombre completamente sobrepasado. Chikane sabía que su padre no demoraría en acabar esta discusión, así que ella se apresuro a contestar.
No, esa nunca ha sido mi intención – fingió disculpare – Es más, tan sólo parafraseé palabras ya dichas por grandes mentes de siglos pasados. Quizás si usted enriquece más su lectura que su codicia podría comprenderlo mejor.
¡Ya es suficiente, Chikane! - La voz exacerbada de su padre la contuvo de seguir torturando al viejo médico, una de las mentes brillante de Japón que acababa de ser desnudada por una joven que apenas había adquirido los dieciocho años – No estamos preguntando tu parecer – le recordó.
De todas formas no lo haré, no al menos aún. Esperaré a que la princesa tenga su duelo – insistió en su posición.
Creo que la señorita tiene razón – la madre de Amaya salió al auxilió de Chikane – No tenemos que apresurarnos, tenemos todo a nuestro favor, un poco de paciencia nos vendría bien a todos.
El silencio de inmediato reinó en el ambiente, nadie sabia con exactitud si era algo incomodo o por el contrario sólo inofensivo, pero fuese como fuese al fin disidieron aplazar sus planes, era eso o seguir discutiendo con Himemiya Chikane, quien siempre encontraba una forma de hacer valer su posición por sobre el resto.
– ○ –
Himeko se encontraba viviendo una de sus peores pesadillas, la noche pasada había sido eterna y todo vaticinada que éste día también lo seria. Sentada en una de las privilegiadas sillas de la catedral de Tokio, admiraba como el pueblo hacía una larga e interminable fila para poder despedirse del que fue por años un rey noble y admirado por la mayoría de las personas.
Parado a los pies del féretro del rey se encontraba Souma, con su traje de honor, perfectamente arreglado para despedirse de su rey, aquel que siempre lo trato como a un hijo más y quien le brindó toda su confianza. En su cabeza no dejaba de repetirse la imagen dolorosa de ver a su amada sufrir y llorar a gritos, jurándose él mismo que cueste lo que cueste le devolvería la alegría a su vida.
Centenares de medios de comunicación estaban esperando a la salida de la catedral, el mundo entero quedó conmocionado con la trágica noticia, las diferentes monarquías y repúblicas ya habían movilizado a sus agentes diplomáticos para acudir a la ceremonia de despedida y no sólo por cortesía, sino que también lo hacían por precaución. Muchos de ellos leían entre lineas las consecuencias de éste deceso tan inesperado y esas consecuencias seria que Japón tendría una nueva reina, una que impone la misma constitución.
Estados Unidos estaba muy claro de esa situación y temiendo que las ambiciones fundamentalistas no se hicieran esperar, el ministro de relaciones exteriores en pleno corazón de Washington DC ordenó una reunión urgente con una de sus mejores colaboradoras para éste tipo de cosas. La comunicación no se hizo esperar, de inmediato tomó linea directa con esa mujer en Tokio a quien le dio ordenes claras de mantenerlo al tanto de toda la situación política. Si era necesario, mandaría tropas del ejercito para imponer orden en aquel lugar y hacer ver a los fundamentalistas que la Princesa y todo Japón no están desamparados.
¿Cómo está la situación por allá? - preguntó el ministro preocupado.
Hasta el momento sólo es conmoción por parte del pueblo, pero no hemos tenido noticias de ninguna insinuación contra la corona democrática – comunicó su agente infiltrada en perfecto ingles, aún siendo ella Japonesa de nacimiento.
Dudo mucho que la muerte del rey haya sido un accidente, ahora menos que nunca debes bajar la guardia. Es preciso que no demores en darme las novedades, deberás ser muy cautelosa. A la más mínima sospecha activaremos el proyecto MK-ULTRA. – la mujer no tardó en sorprenderse al escuchar sobre el proyecto.
Señor, entiendo su posición, pero sugiero que lo mejor sería esperar. Si los fundamentalistas hacen caer el peso de la ley en su favor es nuestra oportunidad para apresarlos. Que actúen por un tiempo, pensando que tienen todo controlado, mandar tropas sólo los pondría alerta y les daría tiempo de tomar medidas de resguardo y ni hablar de activar el proyecto MK-ULTRA, primero deme la posibilidad de acercarme y ganarme su confianza.
De acuerdo … creo que tienes razón. Nadie quiere derramar sangre, no aún al menos. Recuerda que hay muchas cosas en juego, la paz del mundo puede verse afectada con esta situación
Si señor, lo tengo muy claro. Y lo mantendré al corriente de todo lo que éste sucediendo.
La misteriosa llamada terminó sin más avisos, pero esta era sólo una de tantas llamadas que se estaban haciendo a Japón, llamadas provenientes de todas las partes del mundo, cada cual con sus respectivos informantes requerían la información necesaria para saber como actuar.
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
Estaba sorprendida de mí misma, nunca pensé que podría derramar tantas lágrimas en tan pocas horas. Y es que la muerte de mi padre me ha dejado en un holocausto con mi propio interior. Estoy consiente de todo lo que se me viene encima, deberé llevar las riendas del reino aún siendo tan joven y estoy asustada.
También he pensado en que pronto deberé casarme, púes es prohibido por ley mi soltería en estas circunstancias, quizás en otro momento de mi vida lo hubiese podido soportar pero ahora … Aquella mujer, esa que es tan extraña y absorbente con su mirada, ella que me produce miedo y alboroto al mismo tiempo … ¡es que no puedo creer que deba desposarme!
Alteza, los medios de comunicación están esperando por usted – Shiro, el hombre encargado de las relaciones publicas de la corona me habló con cautela.
¿Debo hacerlo? - pregunté aún sabiendo la respuesta
Me temo que si, alteza. Son protocolos reales – contestó con aflicción.
De acuerdo – dije en un suspiro. Me paré lentamente de mi asiento y comencé a caminar. Como odiaba no tener privacidad, todo en mi vida era público incluso este momento tan amargo de mi vida. De inmediato unos guardias se acercaron a mi, debían mantener mi seguridad.
Al salir de la catedral me encontré con una manada de periodistas provenientes de todo el mundo, sino fuera por mi guardia personal no les hubiese importado embestir mi cuerpo con tal de obtener las primeras palabras.
Hola a todos – dije con pesar. Por nada del mundo podría haber dicho un "buenas tardes"
¿Alteza, podría decirnos que ha sucedido con su su padre, el rey? - un joven de rasgos asiáticos lanzó la primera pregunta, una que de inmediato me pareció absurda. El sonido y los flashes de las cámaras por momentos nublaban mi visión.
Mi padre la noche recién pasada ha sufrido un lamentable accidente … que le ha quitado la vida, comprenderá usted que por eso estamos despidiéndolo – le respondí sosegando mi rabia ante su pregunta – No daré mayores detalles de la situación y tampoco hablaré de nada más por ahora, sólo les agradezco su presencia y preocupación para conmigo y mi pueblo. Cualquier otra noticia será informada por el personal correspondiente, por ahora eso es todo – finalicé girándome inmediatamente y aunque ellos siguieron lanzando preguntas ellas no fueron atendidas por mi, sólo me retire del lugar lo más rápido posible para volver junto a mi padre.
– ○ –
Chikane llevaba dos días sintiendo la mirada severa de su padre, él aún no se conformaba con la idea de esperar, le parecía absurdo pero lo que más le preocupaba era ver como su hija se le iba lentamente de las manos. Sabía que debía tomar medidas en el asunto.
Deberías ir a visitar a la princesa – le comentó a su hija mientras tragaba un pedazo de pan.
¿Para qué? - quiso saber Chikane, aún sabiendo la respuesta que le entregarían.
Aprovechar el tiempo, es mejor que te vea como alguien confiable – contestó lo que ella ya presentía.
Quizás …
(…) - su padre la miró con determinación - ¿Cómo vas con tus dolores de cabeza? - preguntó inesperadamente.
¿Desde cuando te preocupas por mi? - le interpeló la mujer
Sólo intentó tener una conversación grata contigo – aclaró el hombre.
Tú no haces nada desinteresadamente – Ahora Chikane dejó caer con elegancia la taza de té que sostenía en sus manos.
Eres mi hija y te quiero – le comentó él
Si claro, papá – respondió sin emoción – Hoy mismo iré a ver a la princesa y hablaré con ella – sin decir nada más se levantó de la mesa y salió del lugar, cualquier cosa que la alejara de su padre seria bienvenida por ella.
PERSPECTIVA DE CHIKANE.
Arranqué el motor de mi automóvil sin pensar muy bien que iba a decirle a la princesa. Por alguna razón cada vez que pienso en ella algo parecido al remordimiento me estremece el corazón. No me arrepiento de nada, pero odié verla llorar.
Estos días he pensado en alguna solución, no es posible que una persona me haga dudar de mi misma, menos una como ella, tan frágil e inofensiva. Ahora me debato entre la lastima y el odio que me provoca. Lastima por verla desamparada y odio por hacerme sentir tan confundida.
Llegué al cabo de una hora al palacio, supuse que me pedirían alguna invitación o cita preestablecida con la princesa, con la cual por supuesto no contaba. Así que no tuve más remedios que utilizar algo de prepotencia en mis palabras, eso siempre ayudaba.
Buenos días señorita ¿Tiene alguna invitación real? - preguntó un guardia al verme en la entrada del palacio. Bajé un poco más el vidrió de mi coche, lo suficiente como para que el pudiese ver por completo mi rostro.
No, pero exijo hablar con su alteza, la princesa – mencioné con poderío.
Lamento informarle que eso es imposible, deberá usted concertar una cita si quiere verla – sonreí ligeramente
¿Acaso no sabe quien soy yo? - él me miró con temor – Su futura reina y si no me permite el paso en este momento, juro que la próxima vez que nos veamos me clamara por clemencia – amenacé con veneno en mis ojos. Vi como el se debatía entre cederme el paso o mantenerse en su posición, pero esa batalla estúpida ya la tenia ganada yo.
Avisare a su majestad que desea verla – dijo a modo de solución
De acuerdo – inmediatamente volví a cerrar el vidrio de mi carro, preparada para entrar. No pasó más de dos minutos cuando el asustado hombre me hizo una ceña de que podía pasar. El rechinar de las ruedas demostraron la algarabía con la que yo misma quise llegar al lugar.
Una vez dentro fue cosa de segundos divisar las entrañas del lugar. Estacione frente al palacio mismo, un monumental bloque se hormigón. Me bajé con elegancia y observe el lugar que me rodeaba, simplemente era hermoso e inmenso.
Señorita Himemiya, su alteza la espera, acompáñeme por favor – dijo una mujer. No respondí nada, sólo la seguí por un largo pasillo, cada paso que dábamos era una orquesta de ecos, por un momento dude si éste lugar era un espacio infinito. Por donde mirara habían puertas y decoraciones exageradas a mi parecer. Olía a telas finas y cerámicas recién enseradas y de alguna forma la luz del sol lograba colarse en esta cueva de oro. Al fin nos detuvimos en una mampara gigante, donde la sirvienta abrió lentamente sus puertas y se inclinó – Majestad, la señorita Himemiya – anunció mi llegada.
Déjanos a solas, por favor – dijo ella con voz aterciopelada, aun no lograba verla. Estaba sentada de espaldas a mi en un gran sitial tapizado en color oro y cielo.
Me hice a un lado para que aquella sirvienta pudiese salir y cerrar la puerta tras de sí. No dije nada, ni me moví pues estaba concentrada esperando que fuera ella quien me diera la cara, al menos por educación.
¿Qué hace usted aquí? - preguntó desafiante. No pude dejar de sorprenderme ante su forma de hablar, supe que no era de su agrado.
Creo que debemos hablar, alteza – sugerí con voz neutral. Aún hablando a su espalda.
¿Hablar? - soltó una risa irónica, pude escucharla – Quizás quiso decir "imponer"
No vengo a imponer nada … majestad – dije con sutileza, aunque en realidad ese era el fondo de mi visita.
Le dejare las cosas en claro, señorita Himemiya – ella al fin se paró de su asiento y se giró hasta chocar con mi mirada. Estaba vestida de forma elegante pero relajada. Unos pantalones claros, blusa blanca y chaqueta de un solo botón color azul rey que contrastaban con sus lujosas botas de fino taco color negras – Usted no es grata para mi – sentenció con fuego en su mirada. Me tomó un segundo salir de su rostro y volver a pensar.
Es una lastima … Pero créame, su sentimiento encuentra reciprocidad en el mio – dije fríamente y me decidí a dar unos cuantos pasos hasta ella, no muchos claro, por ningún motivo invadiría su espacio personal.
Me ha hecho usted un gran favor con sus palabras – dijo desafiante. Ella se semi sentó en la punta de un escritorio de caoba, mientras cruzó sus brazos.
De nada, majestad – me reverencié con desden. Ella hizo una mueca con sus labios que no supe interpretar.
Se porque está aquí, ya me había extrañado que alguien como usted no se hubiera presentado antes – me miró con un rostro carente de emoción.
¿Alguien cómo yo? - repliqué algo divertida encarando una ceja.
Si, alguien cómo usted … llena de codicia – noté como mordía sus dientes al decirme la última palabra.
Tú no sabes como soy yo – dije dejando de lado todo protocolo. Ella no demoró en espantarse ante la fuerza de mi voz, pero recompuso su mirada rápidamente.
Todo el mundo sabe cómo son los Himemiya, o ahora me dirás que eres una santa – al parecer ella tampoco estaba dispuesta a seguir con el protocolo, pero por alguna razón no me desagrado que me tuteara.
No, tienes razón, no me acercó ni en lo más mínimo a una persona canonizada y te convendría tener cuidado conmigo – en algún momento pensé que me saldría fuego por mi garganta
¿Me estas amenazando? - quiso saber subestimando mis palabras.
Si, es una amenaza que deberías tomar en cuenta – sin siquiera pedirle permiso me senté donde ella estuvo momentos antes. Ahora tan sólo nos separaba un brazo de distancia.
No te temo Chikane, ni a ti ni a toda todo tu clan – Ella se puso completamente de pie en forma desafiante, pero cuando escuché mi nombre en sus labios algo se alborotó en mis entrañas, creí estar pisando hierro caliente.
Pues yo tampoco te temo a ti – sin que nos diéramos cuanta nos quedamos viendo directamente a los ojos, primero de una manera desafiante pero al cabo de unos segundos se torno en miradas absorbentes, casi como intentando saber todo la una de la otra, o al menos eso sentí yo.
Logré apreciar aún a pesar de la distancia que nos separaban, la hermosura de aquellos ojos amatistas y sentí como mi corazón se sobresaltaba repentinamente. Decidí que lo mejor era evitar mirarla a los ojos y se concentré en sus cejas, luego en sus pómulos así fui bajando hasta su nariz y terminé por quedarme clavada en sus labios. Los apreciaba tiernos y tentadores, perfectos para ese rostro tan angelical. Dudaba internamente de que tanta belleza estuviera concentrada en una sola persona.
¿Por qué me miras así? - preguntó Himeko, con una mirada absorbente e hipnotizada con mis ojos.
¿Mirarte cómo? - inquirí lentamente en un susurro, hechizada por el rubor en las mejillas de Himeko. Me parecía cada vez más ¿tierna?
Como me estas mirando ahora – mencionó en un susurro y de pronto la vi temblar, seguramente de miedo … Yo me estaba embelesando de una manera estúpida y debía parar con todo esto.
En un rápido movimiento volví a ponerme de pie y corté el contacto de nuestras miradas, Tuve que darle la espalada unos segundos para volver a retomar mi carácter habitual y dejar de comportarme como una estúpida.
Cuanto antes debemos contraer matrimonio – solté con rabia esas palabras
¿Tanta es tu avaricia que no eres capaz de esperar un tiempo? - preguntó desesperada. Supe que la sola idea de ser mi esposa la atormentaba enormemente.
Ese momento debe llegar y ni tú ni yo podemos evitarlo – le recordé, dándole la cara nuevamente.
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
Sus palabras se clavaron como dos puñales de hielo en mi corazón. Pensar que debería estar cerca de ese monstruo espantaba todos mis deseos de vivir. Como podría casarme con ella sin con suerte aguanto su presencia … mi vida se había vuelto un completo infierno y lo peor es que recién estaba empezando.
Pero a pesar del rechazó racional que me provoca hay algo en ella, algo que me atrapa y no se como explicar. Su mirada tal vez, o sus gestos … quizás su forma de moverse o el contorno de sus labios carmesí … es hermosa por donde la mire y tiene el poder de cortar mi respiración … "Pero que estoy pesando" … Sacudí mi cabeza para volver a la realidad.
¡Puedes renunciar a ser mi esposa! - exclamé desesperada y rezando porque aceptara esa propuesta.
No, no puedo – musitó tensando su mandíbula.
Son claras entonces tus intenciones – acusé de inmediato
Yo también tengo responsabilidades que cumplir – dijo con calma, pero por un momento pensé que estaba disculpándose de alguna manera conmigo.
No son exactamente las palabras más consoladoras que me puedes dar – le aclaré con un nudo en la garganta.
Yo no intentó consolarte – ella se rió de mí elegantemente. ¿Cómo era posible que su sonrisa tuviera electricidad?
Por un momento me ilusioné pensando que podrías hacer algo humanitario. Demasiadas esperanzas al parecer – mi intención era ofenderla, quería conseguirlo a toda costa.
Dudo que algún día lo logre … Y menos contigo, que me eres completamente indiferente – algo pellizcó mi corazón al escuchar esas palabras.
Al menos los dioses me han escuchado en algo … no soportaría las nauseas si fuese de otro modo – disparé herida en mi orgullo, supongo.
¡Uy! Has herido mis sentimientos – tocó su corazón y simuló tener tristeza en su mirada, pero su pequeña sonrisa decía lo contrario.
Primero que todo, no creo que alguien como tú tenga sentimientos y segundo deja de fanfarronear.
Nuevamente con tus prejuicios … Te creí diferente, Himeko – me estremecí al escuchar mi nombre en su voz, una sensación de familiaridad me confundió la razón y casi divague en algo parecido a un recuerdo
¡Ya es suficiente! Tengo muchas cosas que hacer y tú sólo me quitas el tiempo – me disguste más que con ella conmigo misma al sentirme vulnerable. Debía sacarla de vista ahora mismo.
No me iré de aquí hasta llegar a un acuerdo contigo – ella escondió las manos en sus bolsillos y se apoyó sobre una muralla de forma relajada.
Tú y yo nunca llegaremos a un acuerdo – vaticiné agotada
Si fueras más inteligente, quizás podríamos lograrlo – infravaloró mis cualidades intelectuales y creó que eso sobrepasó toda mi paciencia.
Sin medir me lancé sobre ella a toda velocidad sólo con una idea fija, arañar ese rostro acabado para al fin quitarle esa sonrisa de triunfo de los labios, pero lamentablemente no pensé en que ella tuviera algo de reflejos. Inmediatamente me tomó con extremada fuerza por mis muñecas y comenzamos a forcejear con inconsistencia.
No debiste hacer eso – advirtió con odio en su mirada un odio que me paralizó el cuerpo de miedo.
Presentí que me golpearía el rostro y caería irremediablemente al suelo, pero la sorpresa fue mayor al sentir el contacto se su boca con la mía. Sus labios chocaron a la fuerza con los mios, y luché, luché como pude para separarme de ella, pero mis fuerzas eran diminutas, insolubles comparada con la potencia de su cuerpo.
Sentí su lengua y creí que caería derrotada, el aire comenzó a ser escaso y mi corazón palpitó alborotado por una corriente eléctrica mucho más fuerte que la corriente de su sonrisa. Un sutil gemido indomable se escabulló desde mi pecho hasta mi boca.
Dejé de patalear y me rendí sintiéndome esclava de esas sensaciones nuevas que comenzaron a brotar y la besé al igual que ella me besaba, con una desesperación inexplicable, el mundo dejó de girar completamente y llorando sin saber por qué busqué su cintura y me amarré a ella dejándome influenciar por esos labios extremadamente suaves . . .
Primero que todo MUCHAS GRACIAS, no saben lo enriquecedor que fue leer sus comentarios, saber que aún me recuerdan (como si hubiese pasado siglos xD) con tanto cariño y apreció me llena de alegría.
Quisiera dejarles en claro que son ustedes las protagonistas de cada historia, yo sólo hago el 20% del trabajo y ustedes el 80 restante ... No hay nada que me inspire más que sus palabras, eso nunca lo olviden.
Y bueno, espero les haya gustado este cap y no me maten por tener a Himeko enamorada de Souma, se que muchas lo odian pero bueno, no hay historia de amor sin un triangulo amoroso xD
Gracias nuevamente por leerme y darme la oportunidad de compartir con ustedes una de las cosas que más me gusta ... escribir.
Las adoro ...
Espero publicar pronto, de todas formas no pienso hacer una historia taaaaan larga XD
