CAPITULO III

PALACIO

Hemos sondeado el pensamiento del pueblo en general y hayamos que temen a una posible guerra institucional.

Por supuesto, yo le temo a eso … ellos no están tan alejados de la realidad.

No entiendo … hay muchos cabos sueltos aún. La autopsia del rey ha sido tajante … Fue un accidente.

Pero eso no significa nada, no al menos para mí. Estoy seguro que los fundamentalistas están detrás de todo esto.

Pero no tenemos pruebas para demostrar nada.

Sugiero paciencia …

¿Paciencia? … No hay tiempo para la paciencia

Tampoco hay tiempo para lo vertiginoso … ¡No se olviden que estamos hablando de nuestro reino y su seguridad!

Pero entre más tiempo dejemos pasar menos posibilidad de reacción tendremos.

¿Y que sugieres? ¿Dejar la constitución de lado y todas nuestras leyes? …. No, eso sería lo peor.

Pero les estamos entregando el reino en bandeja de plata a esos desgraciados.

¡Yo no permitiré que se derrame sangre inocente!

La sangre que hoy se derrame, puede ser el agua que haga florecer las flores de un mañana …

No, lo siento pero no … Ya hemos pasado por esto y no seré yo quien apruebe una guerra nuevamente.

No me conformo … no puedo conformarme con la idea de que esa mujer llegue al trono.

Algunos hombres discutían fervientemente sobre los pasos a seguir de ahora en adelante, entre ellos se encontraba Tosu, primer ministro de Japón, quien por ningún motivo dejaría de hacer cumplir la ley.

Los días pasaban rápidos y las ideas se acababan, la desesperación comenzó a reinar en ellos y todos los liberales, ya no había escapatoria o se decidían por llevar a Japón a una guerra o simplemente aceptaban la idea de tener a una fundamentalista sentada en el trono.

Princesa … ¿Princesa? … ¿Princesa me oye? - Tosu intentó llamar la atención de Himeko con suaves palabras, pero al parecer ella estaba perdida en algún lugar del tiempo - ¿Se encuentra bien majestad? - tocó su hombro como último recurso y le resultó. Al fin la chica pudo cruzar con su mirada.

Lo siento … ¿me decían? - quiso saber aún notando la expresión de enfado por parte de los hombres al ver su poca atención.

Todos se encontraban en una sala del palacio, se trataba de una reunión no oficial y a escondidas del mismo parlamento con el fin de llegar a un acuerdo.

Queremos saber su opinión, majestad – le informó uno de los hombres que apoyaba la guerra. Himeko centró su mirada en la hermosa pintura de ángeles y hombres que cubría todo el cielo de aquella sala, pensando millones de cosas al mismo tiempo.

Mi opinión no es importante, se lo que debo hacer – dijo con serenidad fingida.

¡Aún podemos oponernos! - insistió aquel hombre un tanto alterado.

Lo siento, pero no pondré mis deseos por encima de mi pueblo. Se respetaran las leyes y mantendremos el orden institucional del reino.

¿Por cuento tiempo? Alteza, piense por favor. Cree usted que ellos no desataran la anarquía entre los ciudadanos, todo para poder imponer sus ideales.

Yo no he dicho que confiare en ellos … simplemente no apresurare una guerra. Le recuerdo que yo también seré la reina y no dejare que arruinen lo que tanto trabajo nos costó conseguir – la delicada voz de Himeko parecía estar revestida de fuego y lozanía.

Pienso como su majestad, es mejor tener a tus enemigos cerca – acotó el señor Tosu.

Sí, es por eso y porque quiero entregarles seguridad al pueblo que he decidido que … - Himeko pensó un momento sus ultimas palabras, se le notó tensa por sobre la piel – La señorita Himemiya venga a vivir conmigo al palacio real.

¡¿Qué?! - fue un grito ahogado y al unisono de los hombres, incluso el señor Tosu no tenia idea de aquella decisión.

Pero majestad, eso es algo apresurado – musitó casi abatido por el asombro el primer ministro.

Créame cuando le digo que ese no es mi deseo, pero entiendo que es lo mejor. Si el pueblo ve que acepto mi destino con tranquilidad y logramos traspasar a ellos aquel sentimiento todo nos sera mas fácil.

¿Qué nos sera más fácil, majestad? ¡Eso es descabellado! - sentenció uno de los hombres notoriamente molesto.

Todo, todo nos sera más fácil … Ella, la señorita Himemiya se comprometió conmigo personalmente a esperar por un tiempo más su adjudicación como reina si es que yo la dejaba vivir en el palacio – aclaró Himeko resignada.

¿Pero qué es lo que pretenden? ¿Por qué ahora quieren esperar? - las preguntas de Tosu más bien sonaban personales aunque las manifestó a viva voz.

No lo sé … Pero el tiempo es algo que no podemos rechazar – aseguró Himeko.

¡No es tiempo lo que necesitamos, sino actuar rápido! - la voz de uno de los hombres rompió el ambiente, dejando entrever su negativa ante la determinación se su princesa.

Como se ve que no ha entendido nada de lo que he dicho – renegó Himeko con su cabeza – Ninguna gota de sangre se derramara en mi reino, no mientras yo viva. Ya lo he decidido, ella vivirá conmigo hasta que … nos casemos y espero que para ese entonces tengamos medidas tomadas para conservar la democracia.

La princesa tiene razón … Si el pueblo ve que ella acepta a la señorita Himemiya lograremos calmar las aguas. ¿No es eso lo que todos queremos aquí? - quiso saber Tosu de manera inquisitiva mirando directamente al hombre que era partidario de la guerra.

Por supuesto – dijo resignado – Siento mucho mi desenfreno, majestad – el hombre se inclinó ante su futura reina.

Descuide, todos estamos nerviosos – dijo ella restándole importancia.

¿Cuando vendrá a vivir con usted, alteza? - preguntó Tosu delicadamente.

Hoy … ella llegará hoy mismo, en unas horas …

– ○ –

¿Qué es lo que pretendes conseguir? - preguntó enfurecido el señor Himemiya a su hija. Los dos se encontraban a solas en su gran comedor, tan solo la anaranjada luz del atardecer los iluminaba - ¿Cómo que te iras a vivir con ella sin ser reina aún?

Tiempo, padre. Es eso lo que quiero conseguir – respondió hartada de los cuestionamientos.

¿Tiempo para que? Tu debes asumir el trono lo antes posible, ya han pasado algunos días los suficientes para que el pueblo tome su "duelo"

No, no han pasado los días suficientes …

No quieras pasarte de lista conmigo, Chikane – le amenazó él – Si tu decisión es esa, yo iré a vivir con ustedes – de inmediato la joven frunció su ceño.

¿Qué es lo que te preocupa tanto? ¿Piensas acaso que no haré mi trabajo? - quiso saber la mujer

No te queda otra alternativa que hacer tu trabajo – le recordó el hombre – Pero me preocupa la estupidez que estas mostrando con tus actos.

Estúpido seria actuar como tu quieres que se actué – ella se levantó de la mesa – Tendré a la princesa en mis manos, la destruiré desde adentro y para cuando llegué nuestro matrimonio ella me temerá tanto que no sera capaz de contradecir mis ordenes – al fin su padre formulo una sonrisa, entendió el verdadero motivo de su proceder.

Eres inteligente muchacha, pero eso no te dará el triunfo. Estarás rodeada de lobos y por eso debo estar contigo. A parte, debo convencer a los demás que esto es lo mejor, aunque sigo insistiendo que no hay que esperar.

Pues ya lo decidí. Hoy mismo me iré al palacio y tú no vendrás conmigo – decretó la mujer.

No eres tú la que me das ordenes, sino todo lo contrario …

Puede ser, pero ese palacio no es mío aún … Y de seguro la princesa no te querrá ahí.

Te estaré vigilando, Chikane – advirtió su padre con maldad.

Siempre lo haces … - dijo ella dejándolo solo.

PERSPECTIVA DE HIMEKO.

Luego de terminar de convencer a los demás de que mi decisión era la correcta salí de aquella habitación para recorrer los jardines del palacio. Aún y a pesar de los cuatro días que han pasado de la muerte de mi padre me encuentro conmocionada, se que no nada ha sido casualidad y que aquella mujer es malvada, pero … pero …

Majestad, la he estado buscando por todos lados – la voz de Souma logró espantarme un poco. Un estremecimiento resurgió desde mi corazón y me giré para encontrar su rostro – Lo siento, no quise asustarla – se excusó

Souma … - mencioné mirándolo unos segundos – estaba en una reunión – dije al fin

¿Una reunión? - preguntó extrañado. Mientras decidimos tácitamente seguir caminando por los jardines.

Sí, una reunión para resolver el futuro … Si es que se puede resolver – suspiré

¿Todo está bien? - consultó en un murmullo.

No … hay algo que debo contarte – le dije tomando valor. Él sólo me miró con inquietud, esperando que yo terminara de hablar – Hoy llegará alguien a vivir al palacio.

¿Quien? …

La señorita Himemiya – de inmediato su expresión cambió a una indescifrable.

¿Por qué? - quiso saber apresurado.

Porque así lo hemos decidido – dije con amargura

¿Quienes lo decidieron? Nadie puede imponerle nada majestad – me recordó enfurecido.

Nadie me lo impuso, Souma – miré para todos lados y me aseguré de que nadie estuviese viéndonos y al fin acaricie su mejilla con amor – Yo lo decidí, yo y ella … hace unos días.

¿Por qué no me habías dicho nada? - reclamó enseguida, podía sentir al pena en su mirada.

Lo siento, no he tenido tiempo … Tú sabes mejor que nadie que tengo muchas cosas que hacer y …

Himeko – él me interrumpió – Desde que ella vino tu has cambiado, puedes engañar a todo el mundo pero a mí no me engañas … ¿qué fue lo que te hizo o dijo? - Velozmente mi mente viajó hasta ese día, recordándome lo que no me he podido sacar de la cabeza …

Flash B.

Sus labios seguían recorriendo mi boca, colonizando un sentimiento que prefiero olvidar. En mi interior una lucha casi de titanes se debatía entre oponerme o terminar vencida ante su suavidad, ya me estaba perdiendo en el silencioso beso cuando al fin ella se desprendió de mi boca. Apoyamos nuestras frentes, pues supe que las dos habíamos quedado aturdidas por lo que acabábamos de hacer.

Te odio … - le susurré en los labios con arrebato.

Yo te odio mucho más – respondió con aliento de menta que congeló mis mejillas.

Abrí rápidamente mis ojos y la vi, ella seguía con los ojos cerrados y enseguida en mí surgió un espanto y asco tremendo que no pude evitar … Ocupé todas mis fuerzas y la utilicé para alejarla por los hombros. Toqué mi boca sorprendida y atónita, ella me miraba endurecida y con rabia como si me culpara de el crimen más horrendo.

Vete de aquí – le exigí con la respiración alborotada y sin mirarla esta vez.

Como quiera su majestad … pero antes déjame decirte que en cuatro días volveré – amenazó

No seras bienvenida – le informé inmediatamente.

No me entiendes … Yo no vendré de visita.

¿Ah, no? - Levante mi ceja y la volví a mirar. Estaba nuevamente serena, pero esa serenidad seguramente era peligrosa.

No, viviré contigo te guste o no – sentenció con inmoralidad.

¿Qué? ¿Acaso estas loca? - no demoré en desesperar.

Como lo oye, majestad – su cinismo rodeaba su rostro – Eso calmara al pueblo y al parlamento … debemos preparar la tierra antes de cosechar.

¿Por qué simplemente no te largas y me dejas ser feliz? - mis lágrimas nuevamente comenzaron a brotar, pero esta vez producidas por la impotencia.

No puedo hacer eso … Pero usted elije … ¿O nos casamos mañana mismo o permite que viva con usted? - supe que no tendría más opción.

¿Si acepto lo que me propones te iras ahora mismo? - pregunté esperanzada de no verla más.

Si …

Vete entonces – respondí con ira. Ella sonrió y me guiñó un ojo de forma presumida.

Nos vemos … - fue lo último que dijo antes de que la viera marchar.

FIN FB.

Himeko, respóndeme ¿Qué sucedió entre ustedes ese día? - cuando oí esa pregunta temí que Souma sospechara algo, así que no dude en responder.

Entre ella y yo no ha sucedido y nunca sucederá nada – aclaré algo desesperada. Él tomó mi cara entre sus manos y me miró intensamente.

Eso ya lo sé amor, no debes alterarte. Se que la odias, pero por favor dime qué te hizo … ¿Cómo logró convencerte? - pensé un momento mi respuesta.

Me puso entre la espada y la pared … Me hizo elegir entre aceptar su compañía en mi palacio o casarme con ella al día siguiente – por supuesto que nunca le diría a Souma lo de ese beso, ni a el ni a nadie, era algo que quería olvidar pronto.

¡Es una perra! - escupió con odio. Yo no demoré en sorprenderme ante sus palabras, nunca lo había oído hablar así – Juró que si te hace algo la matare y no me importara que ella sea la reina … Para mi nunca sera mi reina, sólo una designada – comenzó a decir cosas de forma acelerada, por lo que me vi en la obligación de interrumpirlo.

Souma, tranquilo, por favor – le pedí aferrada a su cintura – ella no me hará nada y sabes por qué – él me miró intentando encontrar su centro – porque estarás tú ahí, siempre para protegerme de todo.

Eso dalo por hecho, siempre te protegeré de todo y de todos – besó mi frente con fuerza y yo me perdí en su aroma varonil, rogando porque este momento nunca acabara.

Espero no estar interrumpiendo nada – el mágico momento fue quebrado por esa voz de hielo, que de manera presta inundó mis sentidos. La vi parada frente a nosotros, quienes aun seguíamos abrazados, nos miraba divertida y extravagante. Me separé con suavidad de Souma y aclaré mi garganta

Él es Ogami Souma, miembro de la guardia real – le presenté al instante, incomoda sin saber por que.

Señor Ogami … - Chikane dio unos lentos pasos hacia él, mirándolo con desden – Un fiel sirviente me imagino – esta vez se dirigió a mí.

En mi palacio no es apropiado usar la palabra sirviente – le advertí con osadía.

Uhmm disculpe mis palabras alteza, será mejor llamarle ¿caballero? - su tonó de voz demostró causticidad.

¿Y usted es … ? - quiso saber Souma intentando despreciar su orgullo. Chikane lo asechó con la mirada unos segundos pero luego le sonrió, obviamente de forma fingida.

Himemiya Chikane, le diría que a sus ordenes pero creo que es usted quien esta a las mías … caballero – vi como Souma tensaba su mandíbula al no poder refutar esas palabras.

Temo que se equivoca, una vez más se equivoca – salí a la defensa de mi chico – Él sólo obedece mis ordenes señorita Himemiya, y ni a usted ni a nadie le debe más respeto.

Claro … De todas formas si besar es su forma de demostrar respeto créame que lo quiero a millones de kilómetros de mi presencia – no supe que responder, me acababa de sorprender en una situación muy comprometedora. Lo único cierto en estos momentos es que mis mejillas estaban coloradas.

No tengo intenciones de respetarla señorita, en ninguna de las formas posibles – manifestó él poniendo ligeramente su cuerpo como medio de escudo.

Debería replantearse su convicción, caballero … pronto seré su reina y deberá respetarme por tal – le recordó ella sonriendo con la mirada.

¿Mi reina? - puso en duda las anteriores palabras – Pero que mendacidad demuestra usted señorita.

Oh no, por favor no confunda las cosas. No acostumbro a mentir y mis palabras sólo han sido revestidas por el futuro ineludible.

¡Usted nunca será mi reina! - ahora Souma gruñó desde su pecho. Pero Chikane simplemente sonrió - ¿Algo aquí le parece gracioso? - quiso saber él.

Todo aquí me parece gracioso, caballero. Hasta usted y su insustancial argumento moralista, que no deja sino ver su arrogante intelecto y supravalorada imaginación – comprendí en ese momento que Chikane sólo estaba jugando con la paciencia de Souma y él había caído ciegamente en aquel juego.

Ya es suficiente de esta conversación – dije agotada pero molesta – Souma, por favor déjanos a solas – le pedí con dolor en mi mirada, pero comprendía que esa era la única manera de protegerlo. Él intentó refutar mi decisión con un gesto casi imperceptible, pero al fin ser reverencio sin decir nada y se retiro lentamente.

Vaya … que impetuoso su sirviente, pero reconozco que posee mucha valentía – comentó observándolo marchar.

Que ocurrente señorita Himemiya, pero ya le dije que la palabra sirviente no se usa en este palacio – insistí en lo dicho anteriormente, pues me desagradaba la manera en que menospreciaba a Souma – Ahora si es tan amable de seguirme, la llevare hasta su cuarto.

Espera un momento – dijo, nuevamente tomando cercanía con sus palabras.

¿Qué es lo que quieres? - pregunté hartada.

Quiero que mi cuarto quede junto al tuyo – quedé en completo silencio, absolutamente desconcertada – Y no es una petición sino una orden – amenazó nuevamente con esa mirada perversa.

Yo no recibo ordenes de ti – le recordé poniendo la mirada más retadora que pude, sabia que no debía darle posibilidad de que me viera vulnerable.

Pero me obedecerás … - susurró en un vaticinio.

¿Qué te hace pensar eso? - quise saber no pudiendo ocultar mi molestia.

Sólo lo sé – aseguró sin más argumentos.

Eso nunca sucederá – le indiqué arrugando delicadamente mi nariz.

Ahora me obedecerás por miedo pero lentamente dejaras de temerme y luego simplemente me seguirás a todos lados aún en contra de tu propia voluntad … Porque tu voluntad la doblegare y te aseguro Himeko que querrás estar cerca de mi, a cualquier precio incluso lucharas contra ti misma para evitarlo – me quedé ahogada, atónita, estupefacta, no pudiendo dar crédito a los que acababa de oír … nunca en mi vida había escuchado tanta idiotez en una sola persona.

Ya … claro, sí como tú quieras – dije entre risas, intentando sonar incrédula y relajada pero por dentro esas palabras me atormentaron.

¿No me crees? - preguntó desafiante.

Sí, te creo – dije con ironía frunciendo mi ceño - ¿Acaso consumes drogas? - pregunté con altivez. Vi como ella cortaba su palabra de improviso, casi como si hubiese descubierto algo que me quisiera ocultar.

Mi única adicción será verte sufrir – aseveró vilmente.

¿Tu maldad no tiene limites? - mi pregunta sonó más a una confirmación.

¿Acaso tu belleza lo tiene? - contra preguntó y nuevamente quedé pasmada. Sabia que jugaba conmigo, pero no podía evitar que mi cuerpo reaccionara liberando extrañas hormigas ácidas en mi estomago.

¿Juegas conmigo?

No … Realmente eres bella – aseguró. No supe que hacer así que sin pensarlo di unos cuantos pasos hacia el palacio esperando que ella me siguiera pero no lo hizo

¿No vienes? - le urgí – te llevare a tu cuarto.

Quiero que … - no la deje terminar su frase.

¡Sí, ya lo sé! … - solté un efímero grito – Quedaras justo frente a mi cuarto – dije girándome para verla nuevamente – pero que te quede claro, no te doy en el gusto por miedo sino por cansancio – intenté mantener toda mi dignidad intacta al decir eso y simplemente caminé. Al poco andar logré sentir sus pasos tras de mi.

Así comenzamos a introducirnos más y más al centro del palacio, algunos trabajadores pasaban por nuestro lado y yo aprovechaba de presentarles a la nueva "inquilina", por ponerle un nombre, mientras que ella sólo hacia como si nadie existiese. Estaba sorprendida, no daba cabida a los desaires que ella regalaba a cada persona que intentaba comunicarse con ella de manera cordial. Comprendí en ese momento que ella despreciaba a cualquier persona que no estuviese en si mismo estatus social, otra razón más para odiarla … Mi vida definitivamente estaba condenada a ser un verdadero infierno junto a su lado, pero en ese momento me juré que no permitiría que ella humillara a los empleados, de alguna u otra manera la obligaría a respetar.

Al fin llegamos al largo pasillo que lleva a mi cuarto y a unos cuantos otros, no tuve necesidad de indicarle cuan cerca quedaría del mí pues en la entrada de la puerta estaba escrito mi nombre y frente a ella otro pedazo de fina madera color roble aguardaba por lo que de ahora en adelante seria su guarida.

El sonido de la puerta abrirse hizo que ella volviera su atención en todo lo que guardaba su interior y dejara de mirar la puerta de mi cuarto. Dejé que pasara primero que yo, pues no me gustaba sentirla a mi espalda, me hacia sentir extremadamente vulnerable.

Ella observó la decoración con detención, era casi una copia exacta de mi cuarto. Dos grades balcones le regalaban la privilegiada vista de los jardines del palacio, una alfombra gris traída directamente de Tel Aviv cubría todo el suelo, una enorme cama con cuatro pilares resaltaba en el centro del lugar, junto a ella un sorprendente armario casi de dos metros ocupaba gran parte de una de las paredes. Una delicada puerta blanca de madera escondía el baño personal y algunas pinturas estaban repartidas por aquí y por allá.

Es algo deprimente el lugar – mencionó criticando la decoración.

No esperabas que te tuviera un par de bufones, ¿cierto?

No, por supuesto que no. Me basta contigo – bromeó de forma pesada.

Eres tremendamente desagradable, sabes – aprecié sin sutileza.

Creo que sobreviviré a eso

Lamentablemente – mascullé

¿Decías? - supe que no pudo oír mi última frase.

Nada, te dejó en paz para que te acomodes – apenas pronuncié aquello me di cuenta de que ella no traía equipaje - ¿No traes maletas? - pregunté con demasiado interés a mi gusto y ella se percató de eso.

Si, las tengo en mi automóvil – anunció tenuemente.

De acuerdo … adiós – me di media vuelta para retirarme pero ella habló nuevamente.

Nunca digas adiós sólo hasta pronto – aconsejó. La miré analíticamente por unos instantes intentando memorizar cada uno de sus gestos.

Adiós – afirmé con mayor énfasis ésta vez y cerré la puerta tras de mí soltando un gran suspiró de alivio.

– ○ –

Ya era casi la hora de la cena, dispuse que la comida fuera lo más sencilla posible quería de todas las maneras posibles hacer que la estadía de Chikane en mi palacio fuese desagradable. No tenía que tener demasiada suspicacia para comprender que a ella le veían los lujos y la extravagancia, pero si se pensaba que aquí se le iba a tratar como ella ha de estar acostumbrada se encontraría con una gran sorpresa.

Majestad, tiene una llamada del primer ministro – me avisó una de mis damas quien sostenía una bandeja de plata en sus manos amparando un teléfono inalámbrico.

Gracias – dije amablemente tomando el aparato - ¿Señor Tosu?

Alteza, que agradable escuchar su voz. Espero no interrumpirla – se disculpó apresuradamente.

No, claro que no. Por favor, hábleme – pedí mirando la comida frente a mí sin mucho apetito.

Lamentablemente no son buenas noticias … - yo roté mis ojos exhausta de lo mismo.

¿Qué sucede? …

Los fundamentalistas hicieron un escandalo en el parlamento, exigiendo prontamente su matrimonio con la señorita Himemiya – suspiré temiendo gastarme el alma luego de tantas veces que la he invocado en el día.

¿Lo exigieron con palabras o amenazas? - quise saber.

Un poco de ambas … desgraciadamente.

¿Qué tipo de amenazas?

No mencionaron directamente la toma de armas, pero lo dejaron ver …

Eufemismos - aseveré

Exacto – en ese preciso momento vi entrar a Chikane al gran comedor con su mirada fija en mi, presentí que su intención era intimidarme y vaya que lo estaba consiguiendo, pero eso ella no tenía porque saberlo.

Supongo que ellos están al tanto que su mesías ha venido a vivir conmigo – pronuncie sin despegarle la vista a mi invitada de piedra quien rápidamente demostró interés por mi llamada. Sonrió sutilmente y tomó asiento junto a mi. Yo cogí un tenedor y comencé a jugar atolondradamente con él.

No majestad, ellos no sabían nada. Se han llevado una gran sorpresa cuando se los mencioné – instintivamente levanté mis cejas al escuchar eso.

Vaya … De seguro la castigaran por la desinformación – Chikane posó su mano bajo su mentón y comenzó a curiosear mi mirada.

Espero que los Dioses la escuchen – mencionó él divertido por mi comentario – Lo bueno es que aquello sirvió para calmar, al menos, de forma momentánea las aguas.

Gracias por su amabilidad, señor Tosu – hablé en forma de despedida.

Que tenga una buena noche, princesa – deseó

Igualmente – colgué la llamada y deposité nuevamente aquel aparato en la bandeja de plata. La dama quien me esperaba se reverencio para luego retirarse.

Ahora me he convertido en un mesías – comentó Chikane aludida por mis palabras.

¿No lo es acaso para su gente? - desafié

Yo no tengo gente … princesa

Puede ahorrarse conmigo su cordialidad, de todas formas prefiero no tenerla – escupí con orgullo.

No querrá usted verme en estado natural, majestad – declaró como una advertencia.

¿Es peligrosa como un animal salvaje? - reí fríamente – aunque no veo diferencia entre usted y una bestia – Al fin mi primer golpe directo a su honra.

En ese caso permítame expresarle mi apreciación también – unos hombres comenzaron a servir los alimentos, mientras las dos nos colocábamos unas finas servilletas en nuestras piernas – Usted me recuerda a una pequeña marmota – declaró sin anestesia. Y no fui la única en impresionarse, el chico encargado de servir el vino blanco casi derramó un poco al oír la osadía con la que ella se dirigía a mí.

¡Perdón! - exclamé ofendida y pasmada.

Ah, por favor no piense que mi intención es injuriar a aquel hermoso animal … tan sólo es una apreciación, una que cambia según la persona.

¿Me esta diciendo que compararme con una marmota es una desonzara para el animal? - quise saber ofuscada.

No me imagino una marmota amargada y mal humorada – insinúo mi carácter.

Nunca he visto a una morir de risa exactamente - la ilustré.

Pues yo la veré algún día – me aseguró con mucha confianza en sí misma.

Cuando llegué ese día procure tomar una foto, quizás me gustaría ver aquel grandioso descubrimiento – me mofé.

Téngalo por hecho, el día que la vea sonreír a su majestad me aseguraré de registrar aquel momento – abrí la boca con toda la intención de defenderme, pero mi mano actuó más rápido que mi instinto y tapó la comisura de mi labio fugazmente, luego toqué mi oreja para intentar hacer pasar el tiempo y salir de aquel incomodo momento.

Su ocurrencia no deja de sorprenderme – solté luego de unos segundos.

Espero que de forma agradable – anheló sin interés.

No espere imposibles … Tómelo como un consejo desinteresado – le recomendé.

El sonido de unos pasos me hicieron desviar la vista de aquella mujer. Por el lumbral de la puerta pude ver como la figura de Souma aparecía de entre las sombras, para pararse de forma segura y protectora justo a mi lado derecho.

Majestad – dijo en forma de anunciar su presciencia que ya era notoria a la vista.

Buenas noches, Souma – le sonreí intentando respirar su aroma y calmar mi sed.

Caballero … - musitó Chikane sin forzada cordialidad pero despreciando la posibilidad de mirarlo.

Señorita … - respondió él mirando un punto muerto en el horizonte.

Comenzamos a comer en silencio, tan sólo el sonido del cubierto sonar era la pesada melodía de aquel habiente ambiguo. Yo intenté mirar disimuladamente la expresión en el rostro de Chikane, buscando un desaire a la comida ofrecida pero ella permanecía inexorable, casi como si estuviese falta de vida.

¿Por qué no les contó a sus secuaces que viviría conmigo? - me decidí a preguntar antes de seguir en aquel silencio que me asustaba más de lo que pude imaginar. Ella limpió en toques sutiles sus labios con aquella blanca servilleta, tomó un sorbo de agua y luego me miró.

Las bestias no solemos tener consideración … con nadie – enfatizó y sin darme cuenta una rebelde sonrisa se escapó por mis labios. De todas las respuestas posibles nunca imaginé que ella estuviese dispuesta a tratarse de esa manera. Vi que Souma me miraba sorprendido y ella satisfecha.

¿Reconoce entonces que es usted una bestia? - pregunté triunfante. Ella miró a su derecha pensando lo que respondería.

Una muy peligrosa, por supuesto – en sus palabras no noté maldad sino complicidad … La miré y me perdí en ella, algo en mi interior me gritaba que siguiera descubriéndola y como mala jugada del destino la imagen de aquel beso entre las dos nuevamente me inundo los recuerdos. Aclaré mi garganta avergonzada y desvié la mirada.

Muchas gracias por la cena, majestad – ella se levantó demostrando tranquilidad, pero sus ojos me decían otra cosa – buenas noches – dijo retirándose del lugar.

La vi marcharse y me pregunté que era lo que le había sucedido. Por qué su expresión cambió tanto, acaso algo le incomodo, quizás que la mirara de la forma en que la mire … ¿Y cómo la habré mirado? Esa pregunta me asustó más que cualquier cosa … No puedo permitirme bajar la guardia con ella, es mi enemiga y la odio, los dioses saben que la odio como nunca pensé odiar a nadie … pero … eso, es ese maldito "pero" que no me deja tranquila, ese "pero" que me limita y me libera a …

¿Qué fue todo eso, Himeko? - la voz mascullada de Souma me sacó de mis pensamientos

¿Qué … qué cosa? - pregunté intentando disimular no sé que.

Esa risita cómplice que se acaban de dar – era un hecho, nada me lo había imaginado. Ese momento de tregua realmente ocurrió.

Estas desvariando – dije perseguida por mi propia consciencia.

Claro que no, yo sé lo que vi – dijo él enfadado.

Souma, cariño … Por favor, no digas esas cosas ni en broma – respiré profundo – Yo aborrezco a esa mujer, nunca podría tener complicidad con ella ni nada parecido – me concentré en mi cena para no mirarle.

Lo sé, es que me pareció que te divertías discutiendo con ella – declaró algo confundido.

¿Divertirme con ella? - ironicé incrédula – Es lo más descabellado que te he oído decir.

¿Entonces no debo preocuparme? - no supe exactamente el por qué de su pregunta.

Por supuesto que no – aseguré frunciendo mi ceño – Yo sólo te amo a ti – dejé de respirar cuando dije eso … ¿Por qué lo dije?

¿Por qué has dicho eso? - él se extrañó al igual que yo - ¿Qué tiene que ver el amor? - me urgí en buscar una respuesta cuerda.

Lo digo por si estás celoso … no sé, esos celos sin fundamentos y claro, para reafirmarte que mi corazón nunca dejara de ser tuyo, aunque me arrebaten el aire del pecho – argumenté tan rápido que casi ni pensé lo que decía, pero me alegré de haber dado con las palabras correctas.

– ○ –

PERSPECTIVA DE CHIKANE.

Llegué al cuarto que de ahora en adelante me pertenecería a mí y agradecí que la oscuridad fuera mi única compañera. Caminé hasta los grandes ventanales que me separaban de los balcones y dejé que el frió aire de la noche se colara por cada rincón del lugar.

Como caí me recosté en la cama, no debía ni tenia ganas de pensar mucho lo que acababa de ocurrir en la mesa junto a Himeko, así que decidí que lo mejor sería cerrar los ojos momentáneamente e intentar poner la mente en blanco, aún no cambiaban mis sabanas así que sólo me quedaba esperar por que alguien tocara a mi puerta. Pero lentamente me fui quedando dormida.

Tenía mucho sueño, pero a aquellos hombre no les interesaba, sólo querían terminar los exámenes en mi cuerpo. Al parecer esa enfermedad era muy extraña, algunos me miraban con preocupación y otros con intriga. Nuevamente estaba en aquel hospital, pero esta vez el olor a humedad me calaba fuertemente, a lo lejos sentía el aullido de perros… a lo lejos.

Aún sigue mostrando señales de conciencia – avisó una de los doctores que me examinaba

No se qué pasa con esta niña, cada vez está más reacia a nuestro tratamiento – dijo otro hombre preocupado.

Sugiero que le inyectemos más psicotrópicos, algo de ergotamina quizás – volvió a hablar el primer hombre.

Si, estoy de acuerdo. Tenemos que encontrar la solución, no importando los medios. Sus padres quieren resultados rápidos y no estoy dispuesto a seguir soportando sus presiones.

Intentaba mover mi cuerpo, pero mis músculos no reaccionaban, tenía la necesidad de ir a algún lugar, pero no lo recordaba. Quizás simplemente quería escapar de ahí, todo en ese lugar era tenebroso. Logró ver mis pequeñas manos, ni siquiera supero los cinco años de edad, llevó una bata blanca que me cubre el cuerpo hasta las rodillas.

El agudo pero sutil sonido de un cristal romperse llamó mi atención. Vi como uno de los médicos abría una ampolleta de medicamento y rápidamente la mezclaba con otra hasta poner el liquido en una jeringa gigante. El hombre la golpeó sutilmente dos veces y luego sacó el oxigeno que quedaba … Miré como tomaba mi pequeño brazo y me inyectaba sin previo aviso …

¡NOOOO! - grité desesperada. Mi respiración estaba agitada y tenia todo el cuerpo sudado. Se trataba de otra pesadilla más. Por supuesto el dolor de cabeza volvió a hacerse presente, me obligó a cubrir mi rostro con las manos y espere hasta que el espasmo de mi cuerpo disminuyera. De pronto recordé donde me encontraba. Ágilmente miré para todos lados, rogando porque nadie hubiese escuchado mi grito, pero entre las sombras vi como una chica me miraba paralizada y a sus pies estaba las que supuse eran las sabanas de mi cama.

Supe que la mujer no sabia como reaccionar ante mi inesperado despertar, yo sólo la quede viendo sin saber que era lo que más me pesaba, si la vergüenza de que me viera así o la incomodidad que ella me estaba provocando.

Señorita, ¿se encuentra bien? - preguntó temerosa y luego prendió las luces del lugar, terrible error, pues sentí que mi cabeza estallaría.

No, por favor, apaga las luces – supliqué tortuosa mientras colocaba mi antebrazo en mis ojos

Si, si, si … - dijo apresurada y al fin todo volvió a quedar a oscuras. En un segundo la vi parada a mi lado, preocupaba por mi – Por Dios señorita, ¡su nariz esta sangrando! - anunció a voz baja pero despavorida.

No importa, es algo normal – dije apenada. Ella rápidamente sacó un pañuelo de su bolsillo y lo utilizó para detener la hemorragia. Suavemente tomó mi nuca y echó mi cabeza ligeramente hacia atrás, mientras no dejaba de ejercer presión en mi nariz. Yo aproveché de mirar la cubierta de la cama, la cual ya estaba completamente manchada de rojo.

¿Tuvo una pesadilla? - preguntó mientras me miraba a los ojos como si nos conociéramos de toda una vida.

Si … - dije sintiéndome extraña. Era la primera vez que alguien me cuidaba y el dolor de cabeza no me permitía impedírselo.

Dicen que lo mejor para combatir las pesadillas es caminar antes de dormir – aconsejó con sutileza y simpatía.

Quizás lo intente, pero dudo mucho que resulte – mencioné con la voz algo gangosa al tener mis orificios nasales tapados.

Señorita, su nariz no deja de sangrar. Lo mejor sera que se ponga de pie e incliné levemente la cabeza hacia delante – sin saber muy bien por qué obedecí a cada indicación que ella me dio. Así me puse de pie, la chica seguía reprimiendo mi nariz con el pañuelo y el hecho de que ella fuera más pequeña que yo ayudó a que mi cabeza, esta vez, quedara ligeramente inclinada al suelo – Cuando alguien sangra tanto de nariz como usted, ya no debe echar la cabeza atrás – comenzó a explicar para distender el momento – eso podría provocar que trague su propia sangra, lo que irritaría su estomago y le provocaría nauseas – yo asentí sutilmente con mi cabeza, comprendiendo ahora porque muchas veces terminaba vomitando.

Eres muy amable – le dije agradecida de sus cuidados, pero aún me sentía incomoda.

No diga eso, es lo menos que puedo hacer por usted – noté que ella me sonreía con transparencia, otra cosa novedosa en mi vida.

Tengo mucho dolor de cabeza – avisé – en mi chaqueta debo tener unas pastillas, serías tan amable de alcanzármelas – le indiqué la prenda que descansaba a los pies de la cama.

Claro, solo sostenga este pañuelo fuertemente – dijo antes de ir por lo que le acababa de pedir. La observe mientras hurgueteaba en los bolsillos de mi chaqueta hasta que al fin halló lo que tanto necesitaba – iré por un vaso de agua, señorita – fue directamente hasta el cuarto de baño y volvió con agua en sus manos.

Gracias – dije nuevamente. Aparté el pañuelo de mi nariz para tomar las pastillas. En cosa de segundos manche el agua con sangre, así que me vi obligada a usar mis manos.

Tendremos que poner represas frías, debemos parar esta hemorragia.

No te preocupes, ya pasara – dije apenada – es sólo cosa de minutos. A veces sangro mucho más … - pude ver que ella se sorprendía ante mi confesión.

Eso no es normal – dijo con acongojo mesurado – Debería ir a médico, ¿desea que llame a uno por usted? - preguntó de manera ingenua.

No, no … nunca hagas eso. - irrité un poco mi voz de tan sólo imaginarlo.

Claro – respondió algo asustada. Yo suspiré al ver que la sangre no dejaba de salir y me odié, me odio cada vez que esto me pasa – Iré por algo de hielo, señorita. Es la única manera de parar la sangre

De acuerdo … - dije derrotada pues bien sabia que era la única solución

Vuelvo enseguida – ella iba directamente hasta la puerta pero cambió su dirección y nuevamente se dirigió al baño del cual volvió con una toalla en sus manos – Sera mejor que ocupe esto para detener la sangre – recibí la prenda y la vi marcharse en busca de hielo.

Me puse la toalla en la nariz y me asusté ligeramente con la posibilidad de tener que ir al hospital. De todas formas no sería la primera vez que me pasa, muchas veces se me ha hecho imposible poder parar la hemorragia por mi misma.

Miré una de mis manos completamente manchadas de rojo, una gota espesa de sangre bajaba hasta mi codo y un olor metálico me inundaba la congestionada nariz. ¿Por qué siempre me sucede esto a mi? Me pregunté intentando recordar aquello que mis pesadillas me mostraban como una realidad certera, pero como siempre no encontraba indicios en mi memoria.

Señorita, he vuelto – anunció la joven entrando a hurguillas a la habitación. Sonreí imperceptiblemente al comprender que ella había sido cautelosa. Se acercó a mi y puso un gel congelado en mi tabique – Esto ayudara, ya verá – aseguró

Gracias … - dije algo confundida – Lamento haber ensuciado la cama, la toalla y algo de tu ropa

Oh, no se preocupe … usted debe relajarse – insistió en su manera cálida de ser.

Al cabo de unos dos minutos la hemorragia cedió y al fin pude tranquilizarme, eso me aseguraba que por hoy no visitaría aquel hospital. Vi cómo la joven puso las sabanas y cambió el cubrecamas que había manchado, todo a oscuras, sólo con la suave luz de luna.

No he preguntado tú nombre, ¿cómo te llamas? - quise saber con dos tapones en mis orificios nasales.

Otoha Kisaragi, señorita – respondió rápidamente a mi pregunta.

Otoha … - repetí lentamente memorizando aquel nombre – Pues muchas gracias, Otoha

De nada – ella sonrió algo avergonzada.

¿Puedo pedirte un favor? - pregunté

Por supuesto, el que quiera

No le digas esto a nadie ¿si? Para mi es bastante complicado – busqué la palabra más adecuada para definir mi vergüenza.

Claro, eso delo por hecho. ¿Le puedo pedir un favor yo a usted? - la miré sorprendida ante su pregunta pero asentí con mi cabeza.

Si alguna vez vuelve a sangran no dude en llamarme, yo la ayudare en eso y en todo lo que necesite – dijo cordialmente, no pude evitar sonreír. Por primera vez una persona no me causaba rechazo.

¿Incluso cuando tenga ganas de caminar antes de dormir? - acepte tácitamente la idea que ella me había dado para combatir mis pesadillas pero le agregue su compañía.

Para mí seria un honor, señorita – se reverenció tenuemente.

¿Sabes quien soy? - la duda me invadió al ver tanta amabilidad.

Sí, la señorita Himemiya Chikane

¿Y no me odias? - indagué

No, claro que no. No tengo razones para odiarla …

¿Ni siquiera te molesta la idea de que obligué a tú princesa a contraer matrimonio conmigo? …

( … ) La princesa es una mujer muy fuerte … Si yo la odiara a usted significaría que estoy subestimando el espíritu de mi princesa y eso nunca lo haría – su respuesta me dejó muy satisfecha, debía reconocerlo.

¿Piensas que ella podrá conmigo? - mi voz no contenía el desafío habitual sino más bien curiosidad.

Con todo respeto, señorita … ¿Piensa usted que podrá con ella? - no pude evitar reír ante su reticencia angelical, aunque eso suene contradictorio.

Ese es el plan – mencioné divertida.

Tendrá mucho trabajo entonces – aseguró caminando hasta alcanzar la puerta – Buenas noches señorita, espero que descanse y recuerde no dude en llamarme si me necesita – me indicó con la mirada un teléfono que hasta el momento había pasado desapercibido para mi – Sólo lo descuelga y marca el numero cuatro.

Perfecto, no lo olvidare … Buenas noches – dije suspirando aliviada.

Mañana me esperaba un gran día y debía descansar. De seguro los amigos de mi padre no demoraran en criticar mi decisión de vivir junto a la princesa sin siquiera haberme casado con ella … Pero esto marchara a mi ritmo y no al de ellos. Destruiré todo a mi paso y alcanzare que Japón llegué nuevamente a esa monarquía absoluta y cuando eso suceda … por fin podré largarme de éste lugar.

CONTINUARA …


Espero que no se aburran de leer la palabra GRACIAS pues yo nunca me cansare de decirla xD De verdad muchas gracias por seguir mi joven y prematura historia. Disculpen la demora pero es que esta semana como nunca tuve muchooooo que hacer y eso que estoy de vacas ... También disculpen lo poco y corto del cap, pero es que preferi escribir ahora que tuve tiempo antes de dejar pasar más días ... ya el lunes entro nuevamente a la U así que no sé cada cuanto publiqué, pero les prometo que no dejaré la historia de lado.

Millones de cariños a la distancia y me comprometo (en la medida de lo posible) a realizar cap más largos, nuevamente disculpen por todo

:D