CAPITULO IV.
AMNESIA.
Se supone que debo tener la paciencia suficiente como para poder aguantar a los congresistas que añoran verme desposada por Himemiya Chikane, pero ahora que me encuentro a pasos de una audiencia en la que les veré la cara siento que no podré ser capaz de soportarlos. Es que veo en ellos sólo codicia y sed de venganza por algo que pasó hace más de dos siglos.
Nuestros pasos hacían un gran eco en los pasillos de mármol, algunas personas que pasaban a nuestro lado no dejaban de mirarnos, pues bien sabían que hoy podría decidirse el futuro del reino.
¿Pudo hablar con la señorita Himemiya acerca de lo que puede ocurrir hoy? - preguntó Tosu abriendo la puerta que me separaba del hemiciclo donde estaban reunidos todos los parlamentarios, tanto fundamentalistas como liberales. Él esperó que yo pasara primero.
No, pero aunque eso hubiese pasado no me fío de sus palabras – le contesté con sigilo mirando a mi alrededor. Sentí como todas las miradas se depositaron en mí.
Sígame por favor, majestad – pidió mientras me guiaba hasta la mesa central del lugar, donde yo rápidamente tomé asiento a su lado, como visitante solemne.
Podía escuchar todo tipo de murmullos y la tensión en los presentes era evidente con tan sólo mirar su forma de caminar. Paulatinamente cada persona tomó asiento en su lugar correspondiente, un joven técnico se preocupaba de que cada micrófono estuviese dispuesto para ser usado.
¿Desea algo de beber, majestad? - me preguntó otro hombre quien vestía de traje negro y camisa blanca. Era como muchos otros ahí el encargado de servir a las autoridades.
Un vaso de agua embotellada, por favor – pedí mirándolo de forma fugaz.
Escuché cómo el presidente del congreso se acercaba para saludar al primer ministro pero mi atención estaba en otro lado o bueno, en realidad no había un punto fijo. Miraba frenéticamente a cada puerta ansiosa por ver llegar a Chikane, sin saber porqué.
Alteza, es un honor contar con su presencia – me saludó un hombre canoso y de expresión fuerte.
Señor presidente – mencioné correspondiendo su saludo.
Sólo estamos esperando por la señorita Himemiya y su padre para comenzar con esta reunión – me aclaró algo preocupado.
¿No sabe usted la razón de su retraso? - quise saber intentando sonar desinteresada. Él me miró pensativo un momento.
¿Acaso ella no está viviendo en el palacio con usted? - preguntó temeroso de ser inoportuno pero su pregunta me relajó. De cierto modo comprendí que ya todos los parlamentarios sabían de mi nueva inquilina.
Sí, eso es correcto. Pero no significa que debo saber su agenda ni los por qué, cómo y cuando que la motivan – respondí de forma mesurada para no sonar descortés.
Lo entiendo, alteza – dijo él asintiendo con su cabeza – De todas formar nada sabemos de su retraso. Sólo suponemos que ha de llegar pronto.
Al parecer todo en ella son suposiciones … - murmuré para mis adentros con un débil suspiro.
¿Decía, alteza? - quiso saber él al no poder escuchar lo que había articulado.
Nada, cosas sin importancias – excusé rápidamente.
De improvisó el constante ruido de las personas presentes cesó para dar lugar al sonido de pasos seguros y pacientes, ni siquiera alcancé a comprobar de quien se trataba cuando un liquido eléctrico y ácido recorrió mi vientre por sólo imaginármelo. El corazón se enloqueció al verla llegar, con la convicción en la mirada de guardar el mundo en su bolsillo, altanera y sigilosa … Siniestra y bella … tan segura de sí misma que lograba hacerme dudar de mí. Su rostro inmutable y perfecto, ninguna cuota de emoción se estructuraba en él y ese orgullo que emana de todo su cuerpo.
Me obligué a respirar tres veces de manera profunda, no podía permitirme sufrir un ataque cardíaco en ese momento. Una sediciosa pregunta se formuló en mí interior ¿Por qué mi corazón se sobresaltó al verla llegar? Pero esa pregunta rápidamente fue acallada por mis pensamientos más racionales y lógicos.
Crucé mis piernas por debajo de la mesa, incliné mi cuerpo con aires superiores hasta que mis codos alcanzaron a tocar el escritorio que soportaba todos los papeles y posicione mis manos de manera tal que pareciera estar absolutamente confiada e inquisitiva ante los recién llegados.
Chikane pasó frente a mí directamente hasta el lugar correspondiente a su padre en el parlamento no sin antes dedicarme una fugaz mirada por encima del hombro, una mirada que nuevamente me estremeció pero que pude disimular.
¿Preparada, majestad? - preguntó Tosu acercándose a mi oído.
Absolutamente. - dije sin quitarle la vista de encima a esa mujer.
El presidente del parlamento aclaró su garganta y encendió el delgado micrófono que sobresalía de su lado de la mesa, éste hizo un molesto sonido al acoplarse pero aquello sirvió para que todos pusiéramos la atención necesaria.
Lo vi tocar su frente con diligencia intentando secar el escurridizo sudor que comenzaba a caer desde su cabellera, tomó sus anteojos para la lectura y luego suspiró.
Se inicia la sesión extraordinaria del honorable parlamento Japones, con fecha Lunes 7 de Junio del año 2403. Los motivos recurridos son la adjudicación del trono según el artículo quinto inciso tres número dos de nuestra constitución, la cual declara que … "en ausencia permanente del rey por los casos mencionados a continuación se deberá proceder según: … número dos; Si falleciese su excelencia real por causas naturales y éste dejase heredero al trono, dicho noble deberá asumir el cargo de dirigir el reino junto a quien corresponda según las reglas de erradicación genealógica, procurando ambos guardar y hacer guardar la constitución y las leyes de su reino" …
Luego de esas palabras de inicio hubo un incomodo y largo silencio lleno de tensión. Todos se miraban con todos, buscando quizás la mejor manera de defender sus ideales. Yo preferí por ahora guardar silencio.
El presidente se dispuso a continuar.
Es sabido por todos que la persona quien debe asumir la corona junto a su majestad, la princesa – él me indicó con la mano rápidamente pero de manera cordial y respetuosa – es la señorita Himemiya, hija del Duque Himemiya con sangre real en su historia - Chikane se mantenía inamovible ante las palabras del hombre, sólo lo miraba con detención – y ésta sesión extraordinaria pretende alcanzar el quórum favorable de los parlamentarios para hacer cumplir la norma fundamental.
Estas ultimas palabras sólo eran frases al aire. Nadie en éste lugar podría oponerse a la asunción de la corona por parte de Chikane, eso simplemente significaría pasar por alto nuestra constitución y lograr un desequilibrio institucional. Sin mencionar que sería llamar directamente a una confrontación armada entre fundamentalistas y liberales.
En el hemiciclo una gran pantalla digital de vidrio transparente que contenía los nombres de todos los parlamentarios comenzó a titilar en un punto preciso. El apellido Himemiya estaba en color purpura, lo que indicaba que el padre de Chikane estaba pidiendo la palabra al presidente del congreso, quien no demoró en habilitar el micrófono personal del hombre.
Él señor Himemiya arregló su corbata con seguridad y antes de acercarse al micrófono le sonrió a su hija de manera victoriosa.
Primero que todo, agradezco la presencia de su majestad – él me saludo a la distancia con una reverencia y yo ni siquiera le correspondí pues no tenia animo de protocolos – Lo segundos … bueno ya todos sabemos lo que nos convoca aquí y es por eso que necesito pedirles algo, más bien es un favor – no demoré en fruncir mi ceño y vi como muchos otros parlamentarios susurraban ante esta extraña petición que aún ni siquiera se formulaba – Quisiera pedirle providencia inmediata del asunto – entrecerré mis ojos con un poco de temor al ver como se apresuraba aquel hombre por terminar rápido esta reunión.
Duque Himemiya, no piensa que llegar tarde al parlamento y pedir que se resuelva inmediatamente la votación es algo inoportuno – rugió uno de los hombres sin siquiera pedir la palabra, por eso su rugido casi se perdía en el eco del enorme hemiciclo al no tener su micrófono autorizado.
Si fuese tan amable y me dejara terminar con mis escusas – respondió rápidamente él.
Esto está muy tenso … - me comentó el primer ministro. No tuve tiempo para responder a su apreciación pues el padre de Chikane prosiguió hablando.
He llegado tarde ya que mi hija no se encuentra bien de salud y es ese mismo motivo el que me hace pedir la providencia inmediata de los honorables – algo en sus palabras no me calzaba, quizás el perfecto rostro que reflejaba Chikane … pues para nada parecía estar sufriendo por alguna enfermedad – Debo llevarla con su médico inmediatamente.
No quiero sonar incrédulo congresista, pero no me parece ver mal a la señorita Himemiya – anunció el presidente del congreso. Y yo alabé su apreciación con una mueca.
Señor presidente, no suelo manifestar mis dolencias en publico … Pero sí es necesario hacerles llegar algún certificado a sus manos ya que al parecer la palabra de mi padre no le basta, pues téngalo por seguro que lo obtendrá – Chikane habló de improvisó, tan segura y severa como suele ser. Sus palabras sólo me confirmaban el perfecto estado de salud con el que cuenta … lamentablemente.
No, no es necesario un certificado. Asumo que sólo por una verdadera urgencia se ausentarían de esta sala – respondió el hombre manteniendo la tradición educativa.
Señor presidente … quiero la palabra – pedí actuando con tranquilidad.
Por supuesto majestad – él se apresuró en habilitar mi micrófono.
Buenos días congresistas – salude a todos en general – Sólo quisiera recordarle a la señorita Himemiya la importancia de esta asamblea … Su propio nombre lo indica, es "extraordinaria" y dejarla de lado por tener que acudir con un médico cuando no parece usted estar padeciendo alguna enfermedad que la inhabilite en estos momentos, me parece extremadamente irresponsable – esta era la primera vez que le hablaba con desden en público, todos de inmediato notaron lo amargo de mis palabras. Chikane me miró con cansancio y algo de molestia.
Pues repito lo que he dicho entonces, majestad … ¿Necesita usted un certificado médico? - preguntó con irreverencia. Todos murmuraron al notar el irrespetuoso tono de voz que usó para dirigirse a mí y eso sólo me alteró.
Sí, si fuera tan amable de hacerme llegar su certificado – pedí fuera de todo pronostico, pues no es lo típico en estas circunstancias. Se suele creer en la palabra de las personas, pero para mí ella no era un ser humano sino una bestia. La vi asombrarse ligeramente ante mi respuesta esperaba su contestación pero sólo mantuvo su mirada penetrante acompañada de silencio - ¿Acaso ofrece cosas que no posee? - quise saber divertida – O es que su grave enfermedad no puede ser plasmada en un papel – me burlé haciendo sacar a muchos de los presentes abundantes carcajadas y ridiculizándola para mi deleite. Ella miró con paciencia a todas las personas que se reían y espero calmadamente que el lugar volviera a estar en silencio, luego me miró nuevamente y antes de hablar suspiró.
No tengo una grave enfermedad, ni siquiera tengo una. Tan sólo hoy me siento algo indispuesta – corrigió mis palabras notoriamente ofendida pero sin dejar de lado ese orgullo.
Entonces, creo que no hay necesidad de que se ausente. Si no morirá hoy puede quedarse con nosotros – contesté sonando altanera. Vi como su padre intentó decir algo más pero fue la misma Chikane la que se lo impidió con un gesto certero de su mano.
Si eso es lo que desea su majestad me quedaré, lamento la interrupción – mencionó a los presentes y alejó su rostro del micrófono, posicionando su espalda en todo su esplendor sobre la gran silla de cuero.
La observé unos largos segundos en los cuales intente indagar más allá de lo que mis ojos veían. ¿Seria verdad que se siente mal? Pues nada fuera de lo común hacia pensar eso.
Por otro lado me confundí internamente, haberla humillado delante de todo el parlamento me produjo un glorioso sabor que disfruté al máximo sin embargo yo no soy así. No disfruto de ver a personas humilladas y mucho menos si lo hago yo, de hecho esta era la primera vez que ridiculizaba a una … persona. Son dos sentimientos tan distintos que están dentro de mí … la odio pero también la compadezco.
E.E.U.U.
En algún lugar de ese inmenso país se desarrollaba una secreta y muy importante reunión, con personajes poderosos e influyentes, todos preocupados por la actual situación de Japón. Cada una de esas personas sabían las cosas que estaban en juego, su propia paz interna lo estaba. Quizás para el mundo la preocupación de Estados Unidos tan sólo era diplomática pero la realidad no era esa. Ellos tenían un gran secreto que nunca sería revelado. Había algo en el reino de Japón, algo en lo que ellos estaban involucrados de tal manera que si no actuaban con extrema precaución no sólo perderían sus puestos de trabajo sino que también el país entero perdería la credibilidad y más temprano que tarde todos los ojos del mundo comenzarían a juzgarlos.
Hace dos horas me ha llegado un comunicado desde Tokio. Se supone que todo esta bajo control – dijo una mujer de voz ligera.
Debemos estar alertas, el proyecto no puede exponerse más de lo necesario. Ahora tenemos en jaque ésta pieza de ajedrez. - Un hombre con aspecto diplomático prosiguió con la idea.
De eso quiero hablar – irrumpió la mujer nuevamente – Nuestro agente infiltrado ha dado buenas noticias. El proyecto esta a su alcance, podremos trabajar con él con más frecuencia de la que pensábamos.
¿Cómo ha ocurrido eso? - se espantó de asombro un anciano que se había mantenido en silencio hasta ahora.
¿Qué sucede señor Wells? ¿Acaso no es esa una buena noticia? - le preguntó la mujer al notar su expresión.
No, no es eso (…) simplemente me he asombrado. De todas formas confío en que su agente trabaje limpiamente.
Es personal preparado para esto, nunca lo olvide – recordó nuevamente la mujer. Quien al parecer era la más interesada con la reunión.
A mí me parece sencillamente maravilloso – los ojos de un hombre centellaron de emoción – Más de diez años he debido esperar para ver los resultados de nuestra intervención y algo me dice que será todo un éxito. Quiero que le exijas a tú agente que trabaje el doble – la mujer lo miró intrigada, pero se preparo para responder.
Hacer eso podría poner en peligro el proyecto. Recordemos que es tan frágil como fuerte – dijo ella.
No me importa sé que resistirá … Hemos invertido mucho dinero y tiempo en ese trabajo y no se desmoronará tan fácilmente.
¿Y que pasa si sucede todo lo contrario? - preguntó el señor Wells.
No pensemos así … De todas formas caducará su existencia. Apenas terminé su misión debe dejar de existir. Si no se encargan los japoneses seremos nosotros mismos los que desapareceremos ese proyecto de la faz de la tierra, sin dejar huella.
Que lastima … Yo que pensaba seguir beneficiándome de sus frutos – fue la ultima palabra dicha por la mujer, pero no sonó a resignación sino a una indulgente manifestación.
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
El tramite legislativo perduró por alrededor de cuatro horas seguidas, tiempo que se volvió interminable entre tantas discusiones y juramentos solemnes por parte de Himemiya Chikane que tenían por fin dar su palabra de que respetara el orden institucional de Japón.
Ella se limitó a hablar solamente cuando su palabra fue pedida por otro integrante del hemiciclo y conforme pasaban las horas podía percatarme que su semblante cambiaba a uno desconcertado y pálido, como si algo la estuviese atormentando por dentro. Se notaba que hilar frases le sugería un esfuerzo tremendo, casi podía jurar que si no fuera porque su padre la sostenía del brazo ella hubiese salido rauda de la reunión.
Comencé a dudar de su verdadero estado de salud cuando sus ojos enrojecieron de tal manera que parecía tener brasas ardiendo en ellos y un leve sudor recorría su cuello. Esporádicamente su padre le decía cosas al oído, quizás palabras de aliento, nadie lo podía asegurar.
En los últimos veinte minutos de aquella asamblea su rostro se deterioro tanto que fue imposible que pasase desapercibida por quien la mirara, de hecho permanecía más con los ojos cerrados que abiertos y eso derivó a que todos aceptaran el terminó de la reunión, aunque claro, nadie mencionó que lo hacían por ella.
Paulatinamente los parlamentarios comenzaron a abandonar sus puestos para salir por la puerta principal, yo no pude hacer lo mismo pues el presidente del congreso y el primer ministro me solicitaron que permaneciera en mi lugar unos minutos más. Observé como Himemiya Chikane era sacada del parlamento casi como un bulto muerto por su padre, lo único que ella hacia era tocar su cabeza y tapar sus ojos de los demás. Justo en la puerta principal del congreso un grupo de fundamentalistas estaban aguardando por ellos, no eran muchos, quizás unas cinco personas que recibieron raudos a Chikane sacándola de allí, la seguí hasta que mis ojos no pudieron verla.
Al parecer si estaba enferma esa mujer – comentó Tosu mirando la puerta por donde acababa de salir al igual que yo lo estaba haciendo.
Al principió no lo parecía, pero su semblante cambió abruptamente – mencioné algo sorprendida por lo que acababa de ver.
Yo he escuchado que la señorita Himemiya sufre de jaquecas severas que muchas veces la han dejado sin conciencia – el honorable presidente del congreso nos compartió aquella información que no pasó desapercibida para mí.
¿Jaquecas? - repetí queriendo saber más. De vez en cuando miraba fugazmente la puerta de salida con la estúpida "ilusión de verla aparecer de nuevo" observarla así me había puesto muy inquieta.
Sí (…) Pero en honor a la verdad son sólo comentarios de pasillos. Yo por lo menos nunca la había visto enferma y mucho menos en el estado en que se retiró hoy – aclaró demostrando la curiosidad que nació en él.
Pero si la señorita sufriera de Jaquecas debió haberlo mencionado al principio de la reunión. Así se hubiese podido marchar – Tosu comentó sin mucho interés o no al menos el que yo quería darle al asunto.
Yo no la conozco, pero aún así sé que eso nunca lo haría. Es sabido por todos los congresistas lo orgullosa que puede llegar a ser esa muchacha … es igual a su padre – concluyó el presidente.
¿Creen que se encuentre bien? - pregunté con la mirada perdida sin poder esconder una naciente y extraña preocupación. Los dos hombres me miraron confundidos por menos de un segundo, quizás no esperaban ese tipo de pregunta de mi parte.
No lo sé, alteza. Pero sea como sea lo importante de éste día fue llegar a un acuerdo con los fundamentalistas – respondió el presidente.
Yo debo ser sinceros con ustedes … simplemente no creo en sus palabras – musitó Tosu.
Sólo nos queda esperar … - pensé en voz alta – Ahora lo mejor será que manden un comunicado a todos los medios de comunicación, el pueblo debe enterarse de todo lo que hoy aconteció – ordené con sutileza.
Yo me encargaré de eso personalmente, majestad – aseguró el anciano presidente del parlamento.
Muchas gracias – retribuí.
Princesa, debe saber usted que contamos con un plan de contingencia por su ocurre lo que todos tememos – soltó de improviso el primer ministro y entendí el porqué de la solicitud de mantenerme en éste lugar.
¿Y en qué consiste? - quise saber poniendo toda mi atención.
Tenemos a las fuerzas armadas informadas y alertas a cualquier atentado – vi como Tosu miraba al presidente del congreso con preocupación.
¿Sucede algo? - urgí en saber al notar la forma en que se miraron.
Creemos que los fundamentalistas no están solos en sus ambiciones – se animó a aclarar Tosu con extremada mesura.
¿Y quien los estaría ayudando?
Tenemos grandes sospechas de que el reino de China puede estar financiando algún golpe de Estado. - quedé perpleja ante aquella información, si esas palabras eran ciertas corríamos un grave peligro.
¿Qué gana China con ayudar a los rebeldes? - expresé ilusa aún.
Pueden ganar mucho … Nadie ayuda sin esperar nada a cambio, menos en temas políticos. Por favor alteza, piénselo bien. China ayuda a los rebeldes y ellos cuando se hagan del poder no demoraran en firmar tratados obsequiándoles alguna de nuestras riquezas o hasta tierras … - me explicó con preocupación el presidente – Esta posibilidad que barajamos no puede ser mencionada a cualquier persona, lo más seguro es que tengan informantes entre nosotros.
Si sus sospechas son ciertas eso quiere decir que la muerte de mi padre no fue un accidente. Porque no sé ustedes, pero yo no creo en tanta coincidencia – mi voz sonó con fuego y furia al mismo tiempo.
Tenemos un grupo de hombres que están trabajando en la investigación, se infiltraran entre los fundamentalistas más radicales para poder obtener pruebas de lo que pensamos y cuando eso sea así no dude que todo el peso de la ley caerá sobre cada cabeza que este involucrada.
Quiero una lista de aquellos hombres y un informe semanal de la investigación – anuncié con potestad.
Majestad no creo que eso sea una buena idea … Entre menos sepa más segura estará – declaró Tosu preocupado por mi integridad.
Eso no me importa. No puede ser y no permitiré que se me escondan cosas tan importantes y de tanta relevancia … Se lo encargo a usted, señor Tosu – avisé sin dejarle otra posibilidad que obedecerme.
Como ordene, princesa – asintió él con respeto.
Quiero que vigilen al padre de la señorita Himemiya, presiento que esa familia esconde algo – solté por fin.
Tenemos los ojos puestos en ellos hace mucho tiempo y le prometo que reforzaremos nuestros esfuerzos por descubrir si nos ocultan algo – aseguró el presidente con fulgor.
PERSPECTIVA DE CHIKANE.
Abrí los ojos lentamente, sintiendo aún que todo daba vueltas. Lo primero que vi fue el marco de la cama con sus cuatro pilares que sobresalían de ella, supe que me encontraba en el palacio. Cómo y hace cuanto había llegado hasta aquí eran respuestas que no tenía. Intenté recordar que me había pasado pero mi mente estaba en blanco, mi último recuerdo era estar discutiendo con Himeko en el parlamento después de eso simplemente existía un vació.
Me incorporé algo atormentada de la cama hasta quedar sentada en ella, ya era de noche lo que me hizo suponer que debí haber perdido la conciencia por muchas horas.
Iba a refregar mi cara para salir de ese estado autómata en que me encontraba pero me quedé paralizada al ver las palmas de mis manos. El corazón estalló en una carrera frenética que me causó taquicardia y algo de apena, sentí la descarga de adrenalina en cada centímetro de mi cuerpo para dar paso a la psicosis que me gobernó.
¿Qué pasó en las manos? - susurré temblando, aún sin despegar mis ojos de las heridas. Me levanté y un dolor profundo en la espalda me tumbó al suelo como si mis piernas no tuviesen huesos. Intenté nuevamente ponerme de pie, pero el miedo me tenía paralizada. Recordé el porqué estaba en el palacio, me vi a mí misma exigirle a la princesa una habitación junto a la suya sin ningún respeto, otra escena me mostró besándola con furia y aún en contra de su voluntad, luego la imagen de ver caer al rey del balcón hasta encontrar la muerte detuvo mi taquicardia paralizando mi pulso por mas de tres infinitos segundos.
Lo peor de todo era el dolor de cabeza, no lograba soportarlo y aunque deseaba gritar mi boca no respondía. Estaba tan desesperada que arrastrándome por el suelo buscaba algo, lo que sea, para quitarme la vida todo con tal de terminar con mi sufrimiento.
El sonido de unos pasos detuvieron mi cuerpo y el tiempo. Solté lágrimas de horror al sentir como esa presencia se acercaba a mí. Con su pie empujó mi cuerpo hasta dejarlo baca arriba donde con dificultad distinguí una silueta y unos ojos brillando en la oscuridad. Me sonrió con maldad y golpeó mi rostro de lleno con su puño que más bien parecía un martillo.
Aún no … - dijo tomándome en sus brazos y lanzándome nuevamente a la cama como si mi cuerpo no pesara nada. Podía ver como la luz ficticia del pasillo se reflejaba en los limites de la puerta y hasta juré haber escuchado los murmullos de los sirvientes en el corredor, ajenos a lo que sucedía en mi habitación.
Mátame … - supliqué desesperada entre llantos y me asusté al escuchar mi propia voz. Aquella presencia me miró unos segundos y luego todo oscureció nuevamente.
Me incorporé con fuerza y perseguida por un extraño sentimiento de vulnerabilidad. Todo había desaparecido, la noche, la presencia, el dolor de espaldas, el dolor de cabeza, la taquicardia y la apnea que se hicieron amigas en mi interior. Comprobé que mi respiración estaba agitada y que efectivamente estaba en el palacio, sacudí mi cabeza para intentar conducir mis ideas por un camino racional.
El sol estaba en su máximo esplendor, entraba sin permiso por los dos balcones con los que cuento, todo me hacia pensar que allá afuera el día era maravilloso lejos de lo que yo sentía en este momento.
El sonido de la puerta abrirse logró espantarme y me puso alerta ante quien invadía la que era mi habitación.
Una chica de cabellera platinada y ojos miel se dejó ver, venia con una bandeja de plata distraída y tarareando una canción por lo que no se percato de que yo la miraba semi sentada en la cama.
Otoha … - mencioné su nombre en un suspiró que me liberó de toda la tensión de la expectación.
¡Señorita! - exclamó ella con una sonrisa amplia - ¡Buenos días, ¿cómo se ha sentido?! - fruncí mi ceño al escuchar sus palabras pero la dejé hablar – Estaba realmente preocupada por usted, sino fuera porque su padre me indicó los cuidados que debía propiciarle de seguro yo hubiese sido una inútil – se deprimió al mencionarme eso.
¿Qué te dijo mi padre? - yo simplemente no entendía nada. Era como estar interrogando a una desconocida que conocía mi vida más que yo.
Él me contó lo de su extraña enfermedad y me dijo que hay algunos días en que sufre de severas crisis – abrí mis ojos por la impresión – Me encargo sus cuidados y hasta hablé con su médico de cabecera para que él me interiorizara mucho más – anunció orgullosa – Y claro, ahora entiendo mucho más el por qué sangró la otra noche de narices.
¿Cuando … cuando llegué? - no supe si esa era la mejor manera de obtener la respuesta que estaba buscando, por eso pregunté con sigilo.
Su padre la trajo hace cinco días, señorita – anunció dudando sí era eso lo que yo estaba preguntando.
¡Cinco días! ¿He estado inconsciente por cinco días? - no pude evitar expulsar esa pregunta con desesperación. Ella me miró diferente esta vez, casi intentando leer mi mente o entender que me sucedía, pero yo estaba tan confundida que preferí quedarme callada.
¿De qué habla? - preguntó asombrada. Yo la miraba con la frente arrugada por culpa de mi desasosiego - ¿Por qué habla de inconsciencia? - quiso saber desorientada.
Comencé a balbucear aturdida intentando formular una pregunta, mientras movía mi mano con la tartamudez de mi boca.
¿No estuve inconsciente? - me atreví a preguntar aún a pesar de quedar como loca.
Hasta donde yo sé, usted anoche cenó con la princesa y luego vino a su cuarto para dormir – me explicó con tanta incredulidad que pude presentir que ella no podía creer lo que yo le preguntaba – Yo misma le traje sus medicinas y usted me pidió que volviera esta mañana, por eso estoy aquí – levantó sutilmente la bandeja de plata entre sus manos para mostrar los fármacos, como si eso fuese la prueba más irrefutable de lo que me estaba cotando.
¿Yo te dije eso? - la miré boquiabierta y aterrada.
Sí – me respondió con el mismo miedo.
"¿Acaso me estoy volviendo loca?" me pregunté mentalmente mientras mis ojos miraban de izquierda a derecha intentando buscar indicios de recuerdos, algo que me hiciera sentir en calma, una pequeña luz de esperanza para poder dar una respuesta negativa a la pregunta que me formulé.
¿Se encuentra bien, señorita? - la voz de Otoha sonó confundida, temerosa y preocupaba.
No recuerdo nada – solté entre dientes tapando mis ojos, sobrepasada por la impotencia.
Debe tranquilizarse, seguramente anoche sufrió una crisis mientras dormía – me agarré de sus ultimas palabras como un naufrago abrazaría a su familia. Esa podía ser la explicación que estaba buscando. Una crisis que me dejó aturdida, tanto que aún despierta estoy confundida.
Sí, debe ser eso – recé en mi aseveración.
Le daré su medicina – mencionó apresurada. Depositó la charola de plata en una cómoda y rápidamente se acercó a mí con un vaso de agua y el fármaco en sus manos. Yo no dude en beberla de un sorbo, esperanzada en recapacitar lo antes posible. Pero sorpresa, nuevamente quedé paralizada. Con la impresión que traía ni siquiera me había dado cuenta de que mis manos estaban vendadas, cubriendo completamente las palmas y sólo dejando libre mis dedos.
¿Qué me pasó en las manos? - demandé saber tan rápido que casi no modulé. Puse las palmas de mis manos frente a mi nariz para no dudar de lo que estaba viendo.
Se cayó hace tres días montando un caballo – explicó ella ahora con compasión al verme tan mal
¿Qué? ¿Yo montando un caballo? - no podía creer lo que escuché.
La princesa le incitó a cabalgar por el palacio y usted decidió de manera apresurada montar un potro que no está domado. Nada pudimos hacer, no demoró en lanzarla contra el suelo y para proteger su rostro colocó sus manos en las piedresillas. Pero no se preocupe, son sólo heridas superficiales, si desea le puedo sacar esas vendas .
Eso es imposible … yo no lo recuerdo – me levanté completamente de la cama y me dirigí al baño en busca de algún espejo. Busqué en mi rostro algún indicio de un golpe, pero todo parecía normal. Subí mi camisa de dormir hasta mis hombros sin importar que Otoha pudiese ver mi torso descubierto y me giré para observar mi espalda … todo estaba perfectamente normal, tan sólo eran mis manos - ¿No tuve heridas en la espalda? - le pregunté aún en desasosiego. Ella no respondió pues me estaba mirando avergonzada al notar mi desnudez, así que simplemente volví a cubrir mi cuerpo y a formular la pregunta - ¿Tuve heridas en la espalda? - insistí apresurada.
No … señorita – fue capaz de expulsar entre su asombro.
¿Me dijiste que estaba o iba a cabalgar con la princesa? - pregunté caminando como un animal enjaulado en el cuarto de baños. Desesperada por saber que pasó conmigo.
Sí – susurró atónita ante mi comportamiento.
¿Por qué estaba con ella?
No lo sé …
¿Cuando vino mi padre? ¿Cuando fui al congreso? ¿Lo recuerdas? - soltaba todas las preguntas que llegaban a mi cabeza sin tener en cuenta que Otoha ya estaba tanto o más abrumada que yo.
El lunes fue al congreso – me explicó
¿Y qué día es hoy? - tape mi boca con mi mano esperando su respuesta.
Viernes … - evitó mirarme a los ojos
Cinco días que no recuerdo … eso es demasiado – mencioné con terror mordiendo mis dientes.
Señorita, porqué no se calma, se da una ducha y baja a desayunar, la princesa la está esperando – sugirió con extrema cautela.
¿A mí? ¿ella? - realmente todo era confuso.
Sí … Pero sí desea puedo decirle que se encuentra indispuesta y – la interrumpí inmediatamente.
No, no le digas nada de lo que hemos hablado … Yo bajaré con ella en unos minutos – apenas dije eso cerré la puerta del baño para quedar a solas con mis pensamientos.
Si bien todo me parecía tremendamente surrealista sabía que estaba en un lugar que me era ajeno y nadie, absolutamente nadie que tenga algo de dignidad le gustaría ser la molestia o el bicho raro de un lugar que no era el suyo. Así que por vergüenza y dignidad me obligué a calmarme, meterme a la ducha y respirar profundo. Sí necesitaba respuestas había sólo una persona que me las podría dar y ese era mi padre.
Me quité las vendas de mis manos y efectivamente sólo eran unos rasguños nada parecido a lo que recordaba haber visto en el extraño sueño …
Luego de media hora ya estaba preparada para enfrentar a la princesa con una laguna mental que no hallaba solución alguna. Decidí no hablar mucho, era lo mejor para evitar el ridículo.
La encontré en el gran comedor esperando por mi llegada, junto a ella parado estaba Souma, quien al parecer es su sombra y también su luz … de cierta forma eso me incomoda.
Buenos días – la saludé tomando asiento junto a ella quien ni siquiera me miró y mucho menos respondió a mi saludo.
La observé unos segundos más confundida que antes, se notaba muy molesta conmigo más de lo normal y no saber por qué me atormentaba y quizás me asustaba. Si no recuerdo haberme caído de un caballo quizás que otras cosas no logró recordar.
Comenzamos a comer en silencio por un largo rato, uno que me parecía interminable. Sentía como Souma me miraba con desden pero no estaba de animó para responder a sus miradas. Sin darme cuenta me quedé absorbida nuevamente por las heridas de mis manos, pensando una y otra vez que había sucedido y de donde venía está extraña sensación de haber pasado por algo traumático.
¿Hablaste con tu padre? - preguntó Himeko con la voz áspera.
Era la peor manera de comenzar una conversación para mí. Por qué tuvo que preguntarme algo que ni siquiera sé de que se trata.
No me vas a contestar – apresuró ansiosa y fastidiada.
¿De qué tenía que hablar con él? - pregunté inquisitiva sin demostrar mi confusión. Ella me miró con una ceja alzada.
Estás bromeando, ¿cierto? - anunció indignada.
No, no bromeó. ¿Qué debía hablar con él que a ti te interesara tanto? - soné tan pesada como ella.
Cada día te soporto menos – declaró agotada.
Podría invitarla a cabalgar nuevamente, alteza. Quizás los dioses se vuelva a apiadar de usted – le sugirió Souma dado el ultimo comentario de Himeko. Rápidamente comprendí que la premisa era verme accidentada nuevamente. Ahora no cabía duda alguna, realmente ocurrió todo lo que Otoha me contó. Ella al escuchar las palabras de su amante no pudo aguantar una educada carcajada.
Y yo que pensé que entre bestias se entendían – comentó Himeko alzando sus hombros. Me sentí desarmara, que podía decirles para defenderme si sólo sabía lo que ellos nombraban.
Hablaré con él hoy mismo – declaré al final para cambiar el rumbo de la conversación por un lado y por el otro para evitar ver como ellos se burlaban de mí.
Entonces aún no hablas con él … - sonrió decepcionada a mi parecer – era obvio, no puedo confiar en tus promesas.
¿Yo prometerte algo a ti? - puse en duda sin pensarlo
Tú no respetas nada al parecer, lo único que te importa eres tú, tú y tú – golpeó la mesa con algo de fuerza por la impotencia.
Quizás si me explicas podemos llegar a un consenso – propuse cuidadosa.
Pensé que hablaba con una persona inteligente, pero ya veo que hay que explicarte las cosas más de una vez. ¿Qué es lo que te sucede? ¡No te das cuenta por lo que estoy pasando! - me encaró alejada de su compostura. Tan inesperada fue su reacción que el mismo Souma tuvo que contenerla en un abrazo mientras ella lloraba de rabia, haciéndome sentir extrañamente apenada por causar todo esto – ¡No quiero ver a tu padre viviendo en este palacio! ¡Por mucho que deba casarme contigo él nunca será aceptado por mí!
Tranquila Himeko – mostré las palmas de mis manos para intentar menguar la situación. Al fin comprendí a que se refería con su pregunta – él no vendrá a vivir a esté lugar, eso te lo aseguro – dije con intensidad.
Disculpa, pero no puedo confiar en un demonio como tú – escupió con odio hacia mí. No pude aguantar más la sensación que me provocaba verla así.
Déjanos a solas – ordené con vehemencia a Souma quien aún la abrazaba. Él me miró con desafío lo que sólo me enfureció más – ¡Vete de una vez! - insistí apretando mis puños, no con mucha fuerza para no causarme dolor.
No me iré … Nunca te dejaría a solas con ella – contestó con altanería.
Dile a tu perro que se vaya ahora mismo – me dirigí a Himeko quien me miraba aterrada. Mi tonó de voz dejó ver una amenaza escondida.
Vete Souma – le pidió temerosa. Supe en ese segundo que ella haría todo para proteger a ese hombre, lo vi en sus ojos, en como me miraba suplicando por que todo lo que le quisiera hacer a él se lo hiciese a ella.
¡No, princesa!
Estaba contando para no perder mi paciencia. Una voz en mi cabeza me ordenaba asesinarlo frente a Himeko, sin piedad ni demora y sabía sin saber como que por mucha preparación que tuviese ese chico en seguridad y defensa propia podría acabar con él fácilmente.
Vete, es una orden – le anunció ella casi desesperada empujándolo con sus manos hasta la salida. Los vi discutir en la puerta, pero no podía oír lo que hablaban … al fin ese chico desapareció de mi vista y me alegré al comprobar que no cometí una locura – Te advierto sólo una cosa Himemiya Chikane, si le haces algo a él juró que no descansare hasta verte muerta – me amenazó indicándome con su dedo a la distancia, aún a pesar de temblar de miedo.
¿Por qué tanta euforia por él? - pregunté algo que ya sabía pero ella desconocía eso.
Son preguntas que no tengo porque contestar – aclaró de inmediato.
¿Parte de tu vida privada? - poco a poco me fui calmando y dejando enterrado ese instinto diabólico de asesinar.
Sí … parte de mi vida privada.
Me has respondido todo sin responder nada – le avisé tomando nuevamente asiento.
¿Y según tú que te respondí? - inquirió ella.
Lo suficiente como para confirmar lo que se ve a simple vista … - comenté con seguridad.
¿Y qué es lo que ves? - volvió a formular una pregunta. Esta vez se paró frente a mí.
Ni mi padre vivirá acá ni tampoco le haré daño a Souma, esa será las dos únicas promesas que te haré. A cambió sólo te pido que hables con él y le digas que no se acerque a mí, ni mucho menos me desafié … - me paré de la silla pues nunca tuve realmente apetito y la miré fijamente - ¿De acuerdo? - pregunté para animarla a hablar ya que ella sólo se quedo viéndome.
¿Dime qué es lo que confirmaste? - volvió a preguntar extremadamente interesada por recibir una respuesta de mi parte.
Eso no debe importarte. Yo ya me comprometí. Lo que yo piense o no de ti dudo mucho que te importe – aseveré con elocuencia.
¿Y tú que sabes? - refutó mi aseveración con tanta energía que me dejó sin respuestas, pero lo que realmente me sorprendió fue que se acercará a mi rostro a menos de cinco centímetros. Mi cuerpo rápidamente reaccionó, mis nervios aumentaron vertiginosamente y no lograba deducir si su mirada era de desafío o de confesión.
Me perdí en su mirada y su cercanía. No sabía que estaba sintiendo realmente pues todo me era desconocido. Sólo sé que en algún momento de esa mirada todo dejó de existir y tener importancia para mí. Lo que me preocupaba hace menos de cinco minutos ahora estaba olvidado y tan sólo tenia cabeza y cuerpo para disfrutar del ahora.
Múltiples corrientes eléctricas me recorrían la zona cervical y comencé a luchar con todas mis fuerzas para esconder cualquier indicio que me dejara al descubierto frente a ella, pero por alguna razón sentí que todos mis esfuerzos eran en vano. Mi boca quemaba por chocar la suya, tal y como había sucedido hace más de una semana …
No aguanté más y la besé pero esta vez fue diferente. Ahora la besé con ternura escondida, una que nunca había sentido por nadie y nunca imaginé sentir. Nuestros labios se rozaban suavemente, casi dosificando el momento para disfrutar más de él. Una ilusión de vivir llenó mi alma y, mi corazón me rogaba ofrecerle cualquier cosa que la hiciese quedarse por siempre junto a mí. Su pequeño cuerpo se estremecía bajo mis brazos y yo no dejaba de pensar en el miedo que debía estar sintiendo por mi culpa, pero mi egoísmo era tan grande que me impedía detenerme, no podía alejarme de sus labios.
Busqué su rostro con mis manos y afiancé el contacto, recorrí la forma de su oreja dibujándola y memorizándola frágil y hermosa, su olor me invadía todos los rincones oscuros de mi vida y comencé a sentir miedo, tanto o más de lo que mi propia vida me provocaba. Eran demasiadas emociones ocurriendo en mortales segundos pero que se quedarían gravadas a fuego en mí corazón, sin duda alguna.
El único sueño hermoso que estaba teniendo en mi vida fue terminado por ella abruptamente con una certera bofetada que adormeció mi mejilla izquierda y retumbó mi cabeza. Yo la miraba desconcertada, sabía que acababa de cometer el error más grande de mi vida pero fue su mirada la que me dejo tirada en el suelo. El odio que me traspasaba me hacia sentir vacía y comprobé en ese segundo que yo no merecía experimentar esta clase se sensaciones que derivan del amor … "Yo no nací para ser amada" era la frase que me repetía una y otra vez en mi mente como medió de castigo por haberme dejado llevar por mis sentimientos.
¡No vuelvas a besarme en tú vida! - gritó ella desorientada y aturdida – ¡No entiendes que te odio! - enfatizo amargamente.
No sé por qué lo hice … - declaré evitando mirarla. Nunca me había sentido tan expuesta ante alguien y mucho menos podía hallar una explicación al dolor que nacía desde mis entrañas al sentir su rechazo.
Yo sé que clase de persona que eres Himemiya y estas muy equivocada sí piensas que podrás manipularme o hacerme caer a tus pies – sus ojos se enrojecieron tenuemente.
Tienes razón Himeko … me equivoqué contigo, pensé que serías más ingenua. Pero me alegra saber que tienes claro que no debes acercarte a mi – seguí su juego ocultando lo que realmente estaba sintiendo por dentro.
Yo no me quiero acercar a ti, eres tú la que llagaste a invadir y destruir mi vida. Dejándome confundida y alborotada con tu … – ella dejó de hablar y me dio la espalda, notoriamente afectada comenzó a llorar.
Yo la observé con paciencia, sabía que lo más sensato era no pronunciar palabra alguna y dejar que se expresara cuando estuviese preparada. No pasó más de treinta segundos cuando volvió a darme cara, haciendo que su mirada volviera a adormecer mi alma con suavidad.
Te pido, no, te suplicó que por favor me respetes – mencionó con mesura – Ya suficiente tengo con tener que aguantar que me impongan vivir una vida que no quiero ni deseo como para tener que aguantar ser besada por alguien que …
¿Odias? - la ayude a terminar lo que al parecer tanto le costaba pronunciar
Sí … - susurró al fin sin mirarme a los ojos. Yo asentí con la cabeza lentamente y respiré profundo sin saber muy bien como habíamos llegado a este tipo de situación.
Lamentablemente debemos casarnos y deberemos soportar nuestras presencias – comenté con indiferencia ante su sufrimiento … aunque por dentro algo estaba cambiando en mí.
¿Qué es lo que te obliga a casarte conmigo? - preguntó de forma inesperada.
La constitución – respondí, ella negó con su cabeza.
Sé que no es la ley la que te obliga … ¿Qué pretendes conseguir? - insistió
Nada … - dije sin seguridad – Nada en la vida me importa Himeko, soy una bestia como tú bien lo has dicho. Mi lógica no tiene sentido y dudo que algún día tú puedas entender lo que pasa por mi cabeza, tendrías que vivirlo por ti misma y créeme que a pesar de lo mucho que me desagradas no deseo que vivas lo que yo tengo que vivir – pronuncié sin pensar lo que dije, tan sólo fluyeron las palabras por mi boca.
¿Y qué es lo que tienes que vivir? - su voz sonó intrigada por mí. Aunque seguramente lo imaginé.
No lo sé … - ahora era yo quien le daba la espalda para cubrirme de su mirada inquisitiva – Yo soy peligrosa Himeko y si alguna vez tienes la posibilidad de destruirme no dudes en hacerlo – le aconsejé por su propia seguridad, pues aunque me costara reconocerlo su integridad pasó a ser algo muy importante para mí.
Trabajo en ello todos los días, Chikane. Te recomiendo que te cuides porque no dudaría en destruirte si me entero de algo oscuro – me advirtió no con un tono sagaz sino más bien con uno protector, casi suplicando que me cuidara de ella al igual que yo se lo pedí momentos antes.
Algo oscuro … - repetí perdida en mis pensamientos errados. Y me pregunté si en mí podría existir algo que no fuera oscuro pero comprobé que eso era imposible - ¿Por qué fuimos a cabalgar? - quise saber lo que no recordaba de mi "accidente"
¿No lo recuerdas? - sentí el desconcierto en sus palabras aún sin necesidad de estar mirándola.
No … - me sinceré
Quizás el golpe fue más fuerte de lo que se vio – murmuro ella en un pensamiento libre – Toda la semana actuaste muy extraño conmigo … - apenas escuché esas palabras me volví a girar para mirarla.
¿Cómo me comporté? - urgí saber. Ella me miraba dubitativa
Extrañamente amable … - pronunció insegura si había elegido el adjetivo correcto.
¿Amable? … ¿yo? - me sorprendí
¿Qué te sucedes? ¿Nuevamente estás jugando conmigo? - preguntó fastidiada – ¿O es que acaso eres bipolar?
Estoy muy confundida como para poder responder – declaré sin encontrar otra alternativa.
¿Tiene algo que ver con tus jaquecas? - la miré aterrada al escuchar lo que con tanto cuidado me preguntó.
¿Cómo sabes de eso?
Entonces es verdad … Te vi en el congreso, como lentamente tu semblante comenzó a descomponerse y tus ojos … estaban increíblemente irritados. Alguien me comentó de tus dolencias.
¿Quien fue? - pregunté molesta
No te lo diré – manifestó inmediatamente – Y esa misma noche tú padre te vino a dejar hasta tu cuarto, estabas realmente mal …
PERSPECTIVA DE HIMEKO.
Flash B.
Majestad, la señorita Himemiya acaba de llegar – me informó una de las mujeres encargadas del aseo. Pues yo apenas me di cuenta que ella no estaba en el palacio pedí que se me avisara de su llegada.
Muchas gracias – dije parándome apresuradamente del escritorio de mi padre.
Caminé llena de curiosidad por saber el estado de salud en el que ella se encontraba. Lo primero que vi fue a su padre ayudándola a salir de un automóvil negro. Al principió me molestó verlo ahí pero supe que este no era el momento para dar a conocer mi deseo de verlo lejos de mi palacio.
Él se percató de mi presencia y me sonrió como si nada estuviese pasando. Al notar que el anciano hombre apenas y podía con el pesado cuerpo muerto de Chikane me acerqué intentando disimular mi ansiedad.
¿Qué es lo que tiene? - pregunté sin siquiera saludarlo.
Ah no es nada majestad, esta sedada solamente - anunció apoyando el cuerpo de su hija junto al de él. Chikane con suerte movía sus pies.
Pues yo la veo muy mal – comenté confundida por la situación.
De verdad que no es nada – insistió él formulando una mueca de despreocupación, intentando bajar el perfil del asunto.
Déjeme ayudarle – dije y sin esperar respuestas crucé uno de los brazos de Chikane por sobre mi hombro – la llevaremos a su habitación.
Es usted muy amable, alteza – agradeció con sus palabras y la llevamos ante la vista atónita de todos los trabajadores hasta su cuarto.
Escuchaba que Chikane murmuraba palabras inorgánicas y de vez en cuando se quejaba con dolor lo que me preocupaba aún más. Cuando llegamos a su cuarto logramos acomodarla en la cama y mandé a llamar de inmediato a Otoha para que se preocupara por ella, mientras yo guiaba de forma "educada" al señor Himemiya hasta la salida, al principió él se mostró reacio pero luego no tuvo otra opción que seguirme. Antes de despedirle me animé a preguntar.
¿Qué enfermedad sufre su hija?
Él me miró inquisitivo y sorprendido al mismo tiempo, pero ya no me interesaba que pensara él, la necesidad de saber que pasaba con Chikane era más grande de lo que imaginé.
Nada grave … son simple jaquecas ocasionales – mencionó algo molestó por mi postura de interrogar.
A mí no me parece una simple jaqueca – le aclaré cruzando mis brazos.
¿Se está usted preocupando por mi hija?
No diga estupideces – me defendí enseguida – No quiero contagiarme de ella, es eso solamente – él sonrió al escuchar mi aseveración.
Descuide no es contagioso, alteza. No al menos su jaqueca
¿Qué es lo que intenta decirme duque Himemiya? - pronuncié ofendida al notar el tono sugerente.
Nada, alteza. No mal interprete mis palabras por favor – pidió simulando respeto por mí.
En ese caso no hay nada más que hablar. Sugiero que se vaya a su casa tranquilo, cualquier complicación de su hija le avisaré.
Gracias por su ayuda – anunció reverenciandose para luego marcharse.
Me di media vuelta y volví apresurada hasta el cuarto de Chikane, donde encontré a Otoha cuidando de ella con represas heladas.
¿Cómo está? - le pregunté intentando no demostrar toda mi preocupación.
Bien, solamente debe descansar – me contestó con seguridad lo que en el fondo me tranquilizó.
Que alivió – suspiré y de inmediato Otoha me miró curiosa – Lo digo porque fui yo misma la que le impidió ausentarse del congreso para ir a médico – me excuse rápidamente.
No debe darme explicaciones a mí, alteza – me recordó ella algo divertida.
No son explicaciones – dije con orgullo mirando a Chikane con preocupación.
Debo tomar su temperatura así que iré por el termómetro digital – comentó Otoha dudando si dejarla sola.
No te preocupes, ve por él. Yo la vigilo por mientras
¿Segura? - consultó sorprendida – yo pensaba dejar a una de las mucamas con ella.
No es necesario que molestes al personal por esta mujer … yo la veo mientras vuelves – frunció su ceño al no creer mucho en mi explicación, pero al fin me hizo caso y simplemente fue por aquel aparato.
Cuando me quedé a solas con ella me sentí tremendamente pequeña. Sabia que ella estaba delirando y que ni siquiera era consciente de mi presencia, pero el estar ahí viéndola me inquietaba de manera impresionante. Gradualmente me fui acercando hasta quedar parada junto a ella, tenía miedo de que despertara y me clavara su mirada.
Apaguen la luz … - escuché que susurraba en suplicas entre su delirio como si estuviese sufriendo de manera horrible – ¡por favor! – el corazón se me recogió al verla así, tan vulnerable y diferente a lo que yo la conozco.
Chikane … ¿Chikane me escuchas? - le susurré con suavidad. Ella se mantenía con los ojos cerrados y con muecas de dolor. Tomé el paño con el cual Otoha le estaba colocado represas frías, lo mojé y lo coloqué nuevamente en su frente.
Era la primera vez que podía observarla tan de cerca sin sentir su mirada de fuego sobre mí. Noté como sus detalles eran perfectos, aún cuando no dejara de sudar. Sus pestañas largas y oscuras daban la sensación de que tuviese sus ojos delineados por naturaleza lo que hacían más majestuosos sus ojos azules. Su nariz parecía estar tallada a su medida, su piel era perfecta compañera de aquel cabello negro azulado que no dejaba de brillar y su boca … Era rabiosamente roja, tierna y tentadora. Sin duda alguna Chikane parecía una mujer fuera de este mundo, su belleza no alcanzaba limites en mi cabeza.
La luz, por favor – insistió nuevamente dentro de su delirio y aunque no estaba segura de que me lo pidiera a mí preferí pararme hasta dejar la pieza a oscuras, sólo con la plateada luz de la luna que se colaba en la habitación.
¿Mejor así? - le pregunté una vez que volví a su lado. Obviamente ella no respondió nada pues siguió en su delirio de suplicar por algo de oscuridad.
La seguí contemplando mientras mi interior hacia nacer un enorme huracán con todas las sensaciones cruzadas que este momento me estaba causando. Reuní el valor suficiente como para acariciar superficialmente su mejilla con el lomo de mis dedos, preocupada por verla así … eso era un hecho, yo estaba totalmente preocupada por ella, podía engañar o intentar engañar a todo el mundo menos a mí aunque buscar la explicación del porqué a mi preocupación me atormentaba de tal manera que yo misma me impedí seguir indagando en mi corazón.
Nació en mí entonces un nuevo impulso, uno que fue más fuerte que todas mis dudas y todos mis prejuicios. Magnetizada por el deseo de besar su boca me acerqué a ella hasta lograr mi cometido y la besé aún sabiendo que ella no me correspondería en aquel estado. Cada centímetro de mi piel se estremeció al sentir nuevamente esa suavidad, movía con paciencia mis labios de un lado a otro y tímidamente los recorrí con mi lengua para guardar su sabor en lo más profundo de mi memoria. Cuando dejé de besarla no fui capaz de despegarme más de un centímetro de su boca, suspiré en ella como si acabase de volver de la muerte y la racionalidad nuevamente me invadió, gracias a los dioses.
Abrí mis ojos sorprendida de lo que acababa de hacer, toqué mis labios atónita y avergonzada de mi misma … "¿pero que se supone que estaba haciendo?" "ella es mi enemiga, lo sé … Mi corazón me lo advierte cada vez que la miró pero es él mismo el que me dominó ahora" … Sin poder creer lo que había hecho salí de aquella habitación directamente buscando refugió en la mía, donde me lancé a mi cama pensando en Souma y en la forma estúpida que me estaba comportando. "¿Como es posible que le haga esto a la persona que más amo?... No puede volver a ocurrir, no me puedo permitir perderle menos por una persona como ella", me repetía internamente, absolutamente arrepentida de lo que acababa de hacer.
Decidí que lo mejor sería tomar una ducha y apartar a Chikane de mis pensamientos, pero pronto comprendí que eso seria una tarea imposible de cumplir.
Estaba preparada para dormir cuando un pequeño ruido llamó mi atención, era proveniente desde uno de mis balcones así que me quede en silenció para concentrarme en él. Si volvía a sonar significaba que no lo había imaginado. Y efectivamente no lo imaginé, con pasos sigilosos me acerqué hasta él, corrí la cortina y una silueta me espantó de tal manera que solté un gritó horrorizada pero fui acallada por una mano que tapó mi boca.
Shhhh … soy yo – susurró divertido Souma en mi oído y me soltó.
¡Por Dios, que susto me has dado! - exclamé tocando mi corazón.
Lo siento Himeko, es que no aguantaba las ganas de verte
¿Y no puedes tocar a la puerta? - le pregunté un tanto molesta por el susto.
Es que me pareció más romántico escalar hasta aquí – dijo él con esa mirada de miel que me envuelve.
Eres único – declaré entre risas al comprender su actuar.
Ah, espera un segundó – pidió mientras salía al balcón y volvía a entrar – esto es para ti – sacó de su espalda un hermoso ramo de rosas rojas que no demoré en recibir, regalándole por supuesto un beso de agradecimiento en sus labios. Él aprisionó mi pequeña cintura en sus fuertes manos para disfrutar más del contacto pero yo no pude evitar recordar que acababa de besar a Chikane e instintivamente corte el contacto - ¿pasa algo? - preguntó preocupado.
No, nada – solté con algo de nervios – es sólo que me has sorprendido.
Ese era el plan y me alegra comprobar que todo salió a la perfección – sonrió.
Te amo Souma – dije de la nada colgándome a su cuello – te amo como jamás nadie lograra amarte – él me sonrió y apegó nuestras frentes totalmente enamorado.
No sabes lo que causas en mí cuando me confiesas tus sentimientos …
Ni en sueños puedes imaginar cuanto te amo … y cuanto te pertenezco – declaré dejándome llevar por su presencia que siempre logra alborotar mi corazón. Él me besó intensamente, yo dejé caer el ramo de flores y me puse a sus pies, soñando con un futuro juntos y felices.
Te amo igual o más de lo que tú me amas, princesa – mencionó entre mis labios.
Quédate esta noche conmigo, por favor - demandé desesperada por sentirlo junto a mí.
Esta y todas las noches de mi vida si tu lo deseas – volvimos a besarnos hasta caer a la cama, quien nos cobijo por todo lo que quedaba de noche.
A la mañana siguiente él ya no estaba, seguramente había despertado muy temprano para tomar su turno como correspondía. Me abracé a la almohada que aún guardaba su olor y no pude dejar de sonreír al sentirme llena de felicidad entre tanto sufrimiento. Usé la sabana para cubrir mi cuerpo y me dirigí a la ducha donde recompuse mi cuerpo del pesado sueño. Estaba todo perfecto hasta que recordé que debía bajar a tomar desayuno … Seguramente Chikane estaría ahí y cómo podría mirarla después de haberla besado sin su autorización. Me juré a mi misma no pensar en eso y dejarlo como tema olvidado.
Mi corazón se aceleraba conforme me acercaba al comedor, pero estalló alborotado al escuchar su voz pidiendo algo de café. Aún no lograba verla, pero ya sabía que estaba ahí y me alegré … estúpidamente me alegré de que así fuera.
Suspiré armándome de valor antes de cruzar la linea que me hacia invisible a sus ojos.
Buenos días – dije saludado con indiferencia y tomando asiento en la cabecera de la mesa, ella estaba sentada a mi izquierda.
Buenos días, alteza – mencionó con un tono sincero. No pude ocultar mi sorpresa y la quede viendo atónita - ¿Cómo durmió? - preguntó para agrandar mi sorpresa y no pude dejar de sentirme cohibida... "¿acaso vio salir a Souma de mi habitación?" me pregunté desesperada por que no fuera así.
Bien, hace mucho que no dormía tan bien – comenté con sinceridad intentando sonar serena.
Que buena noticia – ella me miró fugazmente para regalarme una sonrisa que me electrizó el cuerpo. Como no cabía en mi sorpresa no pude aguantar las ganas de encontrar la explicación a su semblante cálido y extrañamente humano.
¿Aún estás delirando? - quise saber con todo molesto. Ella me miró confundida y luego sonrió como si hubiese comprobado algo.
No, ya no lo estoy. Hoy me siento muy bien.
Que felicidad – mascullé entre dientes de manera irónica.
Veo que mi presencia le desagrada …
Que descubrimiento has hecho, casi me dejas sin palabras – volví a ironizar.
No quiero incomodarla, princesa. Será mejor que le permita desayunar en paz – ella se incorporó de la mesa con una humildad que me dejó perpleja – Que tenga un buen día – comentó antes de retirarse y aunque realmente no quería que se marchara estaba demasiado sorprendida como para impedírselo.
Los tres días posteriores siguió con el mismo carácter, humilde y paciente como si se encontrara filosofado cada segundo de su vida. Noté que evitaba hablarme demasiado pero sólo lo hacia para no desagradarme más de lo que ya me desagradaba y yo por mi parte la perseguía inconscientemente por cada rincón del palacio para ver su comportamiento.
La vi dirigirse hasta el establo y yo fui tras sus pasos, algo no calzaba. Una persona como ella no podría irradiar tanta tranquilidad, seguramente estaba tramando algo.
Me asomé con cautela y la vi acariciar a uno de los caballos con paciencia, le hablaba y reía al animal como si éste lograra entenderla.
No tengo otra alternativa – escuché que ella le mencionaba al caballo y como estaba tan concentrada en su conversación no me di cuanta que en el suelo había un jarro metálico que patee haciendo que Chikane se percatara de mi presencia.
¡Majestad! - exclamó sorprendida - ¿Qué hace usted acá? - preguntó mirando a todos lados.
Es mi palacio, ¿te lo recuerdo? - manifesté sonando orgullosa aunque ella no diera indicios de estar a la defensiva.
Ah claro, por supuesto. He sido muy imprudente en venir hasta acá sin su autorización, pero necesito montar – me explicó segura de sí misma – espero no le moleste.
¿Qué te sucede? - pregunté al fin arrugando mi nariz.
Nada …
De seguro algo estas planeando – acusé en un arrebató.
Sí, planeo montar a caballo – aclaró
No quieras pasarte de lista conmigo, Chikane. Y deja esa formalidad que bien sé que no me respetas – tanta amabilidad de su parte me ponía de mal genio.
¿Todo está bien? Escuché que discutían – Souma apareció en el lugar preocupado por mí. Chikane lo observo atenta y algo mascullo con sus labios, antes de hablar para todos.
Buenos días, Souma – le saludó por primera vez haciendo que él quedara tan sorprendido como yo, tanto que no respondió – Sabes tengo ganas de montar y bueno es obvio que tu conoces perfectamente a los caballos de aquí ¿Me recomendarías alguno? - preguntó sonando alteradoramente sincera.
¿Qué le sucede? - susurró Souma acercándose a mi oído.
No lo sé – le respondí atónita e incrédula.
Temo que le tengo malas noticias señorita. Estos caballos no están para montarlos aún – vi como Chikane se lamentaba ante esa noticia – pero si quieres cometer la estupidez de intentarlo nadie se lo impedirá – él rió al igual que yo de tan sólo imaginarla.
Perfecto. Montaré a esté – mencionó ella con completa seguridad.
¿¡Estás loca!? - exclamé estupefacta - ¿O es que tienes una inmensa necesidad de llamar la atención? - quise saber molesta ante su estupidez
Sinceramente me encantaría llamar la atención de una mujer en especial pero creo que no he nacido con tanta fortuna – creí imaginar sus palabras pero efectivamente eran reales. Chikane acababa de decir que hay alguien que le interesaba y me molesté al no ser yo.
Entonces monta a ese potro, quizás logres hacerte visible para ella – reclamé sin pensar – pero dudo mucho que gusté de una persona tan estúpida como tú.
Ella no gusta de mí, alteza. Ella está enamorada de otra persona, ni aunque montara cada animal salvaje me miraría – aclaró sin temor al ridículo. Fue Souma el primero en reírse sin escatimar fuerzas. Y yo le seguí, no porque me causara gracia sus palabras, sino porque debía disimular el pinchazo en mi corazón que me produjo saber eso.
Veo caballero, que usted cuenta con la fortuna de ser amado – comentó Chikane al ver que Souma no aguantaba más su risa. Él debió tomar un tiempo para calmarse y poder contestar.
Efectivamente señorita. Y no tuve la necesidad de hacer estupideces para llegar a enamorar a esa mujer, que por cierto, le aseguro es la más bella del mundo – no pude dejar de enrojecerme levemente al escucharlo.
Debe ser así – comentó con paciencia – Si yo les contará lo que he decidido hacer por esa mujer, de seguro me encontrarían más estúpida aún.
¿Estás enamorada? - interpelé con demasiada curiosidad y temor a su respuesta.
No, no lo estoy. Creo que aún no alcanzó ese grado de estupidez – sonrió mirándome intensamente y por un segundo creí pensar que me hablaba a mí con sus ojos - ¿Usted lo está?
Instintivamente miré a Souma antes de responder y me sentí estúpida. Ese gesto y el rubor en mis mejillas de seguro ya me habían delatado.
Creo que sí … - mencioné rogando porque ella no se percatara de mis sentimientos por Souma. Por muy amable que se este comportando no dejaba de ser un demonio para mí.
Bueno, ¿vas o no a montar a ese potro? - apresuró molesto Souma.
¿Me lo podrías ensillar? - le preguntó ella con tranquilidad.
Con tal de verte en el suelo, por supuesto – él caminó rápido hasta buscar lo necesario para prepararle el caballo a Chikane y yo aproveché el momento para intentar hacerla desistir.
Ese caballo te tumbara – le advertí enojada.
Eso ya lo sé – me contestó con suavidad.
¿Entonces por qué lo harás?
Porque es necesario
¿Necesario? - repetí escéptica se sus palabras
Simplemente quiero hacerlo aún sabiendo que me tumbará. Es curioso como uno no puede evitar querer lo que nos daña ¿seremos masoquistas los seres humanos? - reflexionó en voz alta.
De verdad das miedo, Chikane. Tus cambios de humor me superan – me sinceré ante la impotencia de verla a punto de cometer una locura.
Lamento tener que separarla de su verdadero amor – se disculpó de la nada congelándome el corazón. Ella me miró esperando una respuesta pero como no se la di volvió a observar a Souma mientras ensillaba el caballo.
Nunca me podrás separar de él – le aseguré perdida en un sentimiento extraño – Ni aunque me arranques el corazón dejare de amarlo – esas palabras ya se las había dicho a Souma pero me agrado decirle a alguien más lo mucho que lo amaba.
No tenía pensado eso – la escuché soltar una risa amable – Saber que alguien la hace feliz es algo muy alentador para mí, créame … - yo enarqué mi ceja no pudiendo disimular la poca credibilidad que ella me causaba.
De seguro tú tampoco dejaras de sentir lo que sientes por aquella mujer – aseguré con demasiada brusquedad para la ocasión.
Ella me miró confundida y ladeó tenuemente su cabeza, casi intentando hallar en mí algún tipo de explicación.
Al contrario de lo que te ocurre a ti yo quiero alejar esos sentimientos de mí – me aclaró con mucha solemnidad.
¿Y ella? … - no supe que más decir. Realete me intrigaba saber quien era esa mujer que tenía a Chikane así. ¿Cómo será?
¿si? - me animó
Ella … ¿no te corresponde? - pregunté extrañada de que fuera así. Pues en realidad no lograba imaginar que alguien la rechazara. A pesar de la maldad que brota de su cuerpo hay algo que deslumbra a todos, ¿su belleza, sus ojos, su voz? Existía un mar de posibilidades.
No, ella no me corresponde.
No te creo – levanté mis cejas para denotar más mi falta de ingenuidad – seguramente se muere por ti y ahora debe estar extrañando tu presencia – aseguré irritada.
No, ella ama a otra persona y por mí no siente nada.
No pareces sufrir por eso.
¿Debería estar sufriendo? - preguntó como si algo anduviese mal.
Es lo común. Uno sufre por amor.
Yo no estoy enamorada y dudo que algún día me enamore – sonrió divertida al entender que yo pensaba eso.
Está listo el caballo para la señorita – anunció glorioso Souma, expectante por ver lo que sucedería a continuación.
Chikane sin dudarlo un segundo se acercó hasta el animal y lo sacó del establo con una determinación preocupante. Tanto Souma como yo salimos tras ella, él esperando ver la locura y yo deseando evitarla, pero que excusa podría decir para suplicarle que se abstuviera de hacer semejante imprudencia.
Rápidamente el animal comenzó a inquietarse pero Chikane no mostraba señal de miedo. Acarició su lomo sin mucho resultado y de un salto quedó montada sobre él. La vi tomar lar riendas con fuerza mientras el caballo giraba desorbitado y no dejaba de relinchar, obligando a Chikane a apegar sus piernas contra la silla para mantenerse en su lugar.
¡Bájate ya! - le supliqué desesperada por la situación – ¡Souma haz algo, se va a matar!
No puedo hacer nada, acercarme ahora sería muy peligroso
Él tenia razón, el caballo podría patearlo con facilidad. Por un momento pensé que Chikane lograría domar al animal pues lo dirigió hasta un camino de piedresillas que estaba conjunto al césped sin mayor dificultad, pero en cosa de segundos se encabritó precipitando el cuerpo de Chikane al suelo con demasiada fuerza. La vi caer sus manos y luego su cuerpo y cerré mis ojos al pensar que el caballo patearía su cabeza, pero lo único que escuche fue el cabalgar desembocado del animal.
Eso fue divertido – expresó Souma con los brazos cruzados.
Abrí mis ojos y la vi de rodillas en el suelo quizás esperando que se pasara el espanto que sin duda debía estar sintiendo. No pensé mucho lo que hacia, simplemente corrí a su lado para percatarme de que estaba bien.
Chikane … ¿Donde te duele?
Solamente las manos – respondió mirando las palmas de sus manos. Estaban muy heridas así que me espanté.
¡Definitivamente estás desquiciada! - le regañé – No sabía que hacer estupideces estaba dentro de tus hobbies.
Era necesario – me explicó poniéndose de pie.
Ven, te llevare con Otoha.
FIN FB.
¿Yo hice y dije todo eso? - preguntó desconcertada apenas terminé de explicar como habían sucedido las cosas. Por supuesto que omití lo que no quería que se supiera … como el besó que le robé.
Sí … Estabas amable y estúpida. Más estúpida que amable por supuesto – aclaré con seriedad.
No puedo creerlo – suspiró casi derrotada.
¿Cómo es posible que no recuerdes nada? - me molesté al pensar que me estaba tomando el pelo.
Debo salir … Tengo algunas cosas que hacer … - comentó algo pálida por su confusión sin responder a mi pregunta …
CONTINUARA …
Eh, bueno tengo mucho sueño porque acabo de terminar el cap y no he dormido muy bien ... Me fui de parrandas con mis compañeros así que tengo algo de resaca ¿Y a quien le importa? xD La cosa es que me desperté para escribir y ahora me iré nuevamente al mundo del sueño.
MIllones, billones, trillones, tetrallones, pentallones, hexallones etc de agradecimientos y por brindarme un poco de su tiempo para leer lo que pasa por mi imaginación.
Me despido (por ahora) y espero tener pronto el proximo cap. Si lo encuentran algo desordenado denme un poco de tiempo, es que aunque intente no puedo dejar de lado el suspenso y eso a veces es algo enredado ... Bueno en fin, hasta pronto y buenas noches, días, tardes, madrugadas o buenas lo que sean que estén haciendo o estén viviendo :D
