- Parece feliz, señorita Schnee -menciono Klein, su chofer.
- Deja de llamarme así Klein. Y si, hoy... hoy fue increíble. –Decía sin intentar disimular su sonrisa.
- Que me alegro, Weiss -le sonrió a través del espejo retrovisor- que bueno.
Llegaron a la mansión a tiempo para el almuerzo. Weiss supuso que tendría que hacer un esfuerzo por ocultar su sonrisa, ya que su padre pensaba que ella había ido a otra biblioteca para conseguir más material de investigación para sus tareas, no podía permitir que notara su felicidad porque entonces su padre haría preguntas, y por desgracia, las amistades que no beneficiaran potencialmente a la familia eran vistas como una pérdida de tiempo; por fortuna, él no tenía que saber de Yang, Blake ni Ruby.
Abrió la puerta del comedor, ya su familia estaba esperando el almuerzo.
Su padre la observaba seriamente mientras ella cerraba la puerta por detrás de ella y caminaba hacia la mesa, noto cómo su hija trago saliva y bajaba un poco la cabeza al sentir su mirada, la cual leía cada una de sus expresiones y movimientos.
Ciertamente, la sonrisa que parecía imborrable hace un momento había desaparecido completamente.
- ¿Cómo te fue con tus tareas? -Su voz resonó en el espacio silencioso de aquella gran habitación, destruyendo el silencio con rigidez. El podrá estar tranquilo, pero su voz lograría intimidar a cualquiera.
- B... Espléndidamente, podre terminar antes de lo que pensaba.
- Excelente, -denoto con satisfacción mientras señalaba con la mano hacia una silla, gesto que invitaba a su hija a sentarse a su lado. Weiss obedeció, y una vez sentada, su padre prosiguió- entonces tendrás tiempo para conocer a Sebastián Brown, hijo de Roberto Brown, un importante socio de los Schnee -Hizo énfasis en su propio apellido, en gran parte para que Weiss sintiera alguna carga de responsabilidad sobre ella, lo que intentaba decirle claramente era "esto es lo mejor para la familia y es por eso que debes aceptar sin objeciones"
- ¿Cuándo es la cita? -Pregunto cabizbaja y sin ánimos, derrotada.
- Este domingo. ¿No es magnífico?
- En efecto. -Añadió secamente.
Ya después podría encargarse de que la cita saliera rotundamente mal, como lo había hecho la vez anterior, también la vez anterior a esa, y la vez anterior a esa otra. Se había convertido en una experta en sabotajes. Definitivamente, era mejor, ya que de esa forma parecía que nunca era su culpa y no podría quedar en mal con su padre, porque a él le parecería que Weiss cooperaba, a él incluso podría darle la impresión de que su hija siempre se decae con las citas porque hasta el momento ninguna ha resultado como era de esperarse, cuando en realidad ella decaía por el poco control que tenía sobre su propia vida y su futuro, sabiendo perfectamente que de alguna forma solo está postergando lo inevitable.
La chica de los tristes ojos azules observo el cielo a través de la ventana, aquellos colores tan llenos de vida que conseguía ver a través del cristal parecían más distantes que el horizonte mismo, aun mas inalcanzables. Vio un par de palomas volar despreocupados y tranquilos, a sus ojos, seria Weiss la que esta enjaulada, tal como varios de los de su propia especie: aves capaces de volar pero por siempre encarcelados. Suspiro mientras Klein entraba con los almuerzos puestos en un carrito.
Ni su madre, ni su hermano pronunciaron palabra alguna. No hacía falta, ambos estaban revisando sus celulares.
- ¡Date prisa Klein! -Dijo su madre, impaciente de pronto.
El almuerzo transcurría en silencio, quizás se llegó a escuchar el sonido de los cubiertos rozando los platos de cerámica en algún momento. Ninguna palabra fue pronunciada.
Mañana, mañana debía estar presentable. Eso lo sabía, pero era imposible no pensar en lo bien que la paso en casa de Yang, deseaba tener otra reunión como esa en lugar de ir a la cita.
La sonrisa de Yang, por alguna razón no podía dejar de recordarla.
Sonrió.
- ¿Alguna buena noticia que quieras compartir? -Inquirió su padre.
- No es nada, solo recordaba una nota hilarante que alguien dejo en uno de los libros de la biblioteca.
- Ya veo, seguramente de un bruto ignorante. ¿Que no sabe que no se debe dejar notas en los libros? Menuda falta. Espero que lo encuentren y sancionen.
- Yo también -concordó Weiss, terminando su comida- Buen provecho.
Se levantó y se marchó.
Ya en la privacidad de su habitación, se acostó sobre su cama y observo su celular, había un mensaje de Yang: "Hola, solo quería saber si habías llegado bien"
Su sonrisa volvió a aparecer. "Así es Yang, llegue bien a casa, puedes estar tranquila"
"Oh, qué bueno. Por cierto, unos amigos llamaron hace poco para ver si nos reuníamos mañana, quieren celebrar todo lo que puedan antes de que llegue el lunes y comiencen a dejarnos montañas de tarea para las vacaciones, ¿Te gustaría venir?"
"Suena muy bien, pero tendré que declinar tu oferta. Mi padre ya tenía planes para mi mañana"
"Ugh, suena terrible. ¿Es importante? Porque si no, escapa, y ven con nosotros"
"El futuro de la compañía depende de esto, no puedo."
"Vaya, de acuerdo. Nos vemos el lunes entonces"
"En el salón del coro, como siempre." Quería hablar más con ella, no podía esperar a que llegara el lunes, pero tendría que aguardar paciente, porque de momento debería estar planificando el sabotaje de mañana. Klein le ayudaría a cumplir con su cometido, como siempre lo había hecho el leal mayordomo. Lo único que debía hacer era tender la trampa.
Weiss le levanto con la llegada del amanecer, de inmediato contactó a Klein y le proveyó la información que necesitaría para poder ayudarla. Seguidamente, se ducho y arreglo para el evento principal: Ella, pues cantaría algunas canciones a modo de recibimiento.
Que este tipo de eventos se realizaran en casa propia tenía sus ventajas y pensaba explotarlas.
Los invitados comenzaron a llegar en la tarde, uno a uno, escucharon a Weiss cantar desde las gradas al fondo de la sala principal, las cuales eran custodiadas por dos armaduras gigantes, una a cada lado de las gradas. Weiss continuo cantando por una hora, hasta que finalmente todos se encontraban presentes. No había resultado difícil porque ya antes había cantado conciertos enteros. Al terminar, bajo las gradas hacia donde estaban los invitados y todos la recibieron con aplausos y elogios. Al llegar a donde se encontraba su padre, él la tomo del brazo como quien entrega a su hija en el altar. Sebastián Brown, el muchacho en cuestión, se aproximaba junto a su padre.
Se presentaron formalmente y Weiss odio cada segundo de aquella interacción, le pareció que la familia Brown eran de mentalidad encajonada y superficial, como la de los demás invitados, presumían mucho lo que tenían y lo que habían logrado estos últimos años, cualquier cosa buena que el heredero hubiera hecho desde su nacimiento fue mencionado, y la lista era corta. Weiss pregunto qué harían ellos respecto a la situación de los esclavos, ellos sencillamente negaron que a esos Trabajadores Sin Sueldo Pero Con Albergue, se los pudiera llamar de tal manera. Suficiente, no necesita saber más de ellos.
Se excusó diciendo que debía ir al baño luego de una interpretación tan prolongada y cuando estuvo ahí envió un mensaje a Klein: "Hazlo."
Klein coloco unos tragos sobre una bandeja y comenzó a repartirlos entre los invitados, acercándose lo más posible a los 3 caballeros que aguardaban por Weiss. Una de las invitadas (quien era en realidad una sirvienta bien vestida y arreglada), expreso lo increíble que estaba el licor a lo que Klein respondió "Por supuesto, esta es la casa de los Schnee, no de los Brown, pues no creo que puedan costearse cerveza tan siquiera. Para nuestros invitados no aceptamos nada menos que lo mejor" Su voz fue lo suficientemente recia como para que el eco se escuchara en las cercanías, llegando a los oídos del padre de Weiss, quien naturalmente le pregunto al señor Brown que era lo que no le estaba contando.
Resulta ser que los Brown tienen altas deudas debido al mal habito de apostar, el cual fue alimentado por el deseo de presumir todo lo que poseen a personas que, de alguna forma habían preparado la situación para salir victoriosos. Así, en cuestión de una sola noche, lo habían perdido todo, y por supuesto que vieron en los Schnee una salida fácil.
Los invitados de honor ya se habían retirado para el momento en que Weiss regreso del baño, su padre la miraba con furia.
- Lo siento -le dijo él, indignado- pero Sebastián Brown no era un buen partido.
- Oh, no te preocupes por eso -contesto con falsa tristeza, algo que su padre ignoro.
La velada prosiguió, su padre de alguna forma logro acordar buenos tratos y sellar alianzas esa noche. Todo termino bien.
Esa noche pudo relajarse en su cama antes de caer dormida.
Se levantó de buen humor la mañana siguiente. Sabía que vería a Yang otra vez y eso la contentaba. Llego a la academia una hora antes como era costumbre, y fue a ver a Pyrrha en su práctica matutina de artes marciales. Usualmente, esta hora la aprovecha para repasar apuntes o hacer la tarea, pero hoy quería relajarse. Pyrrha noto como la mirada de Weiss parecía estar sobre ella pero no le prestaba atención, porque ella estaba pensando en algo y tan solo mantenía la mirada en el mismo lugar, el cual casualmente era sobre la pelirroja.
- Te noto diferente -menciono a lo lejos.
- Podría ser, hoy me siento serena. No hay tareas que hacer ni notas que repasar.
- Esas son muy buenas noticias, sin duda, pero hay algo más. Diferente. -Concluyo mientras caminaba hacia ella.
- ¿Como de diferente? Me siento igual, quizás más ligera, pero ciertamente no me siento diferente.
- Pero esa sonrisa no la había visto antes -dijo estando ya más cerca. Con este simple gesto consiguió que el tono pálido de Weiss se volviera rosa en el área de las mejillas.- Lo sabía. -Sonrió.
- ¿Q...que sabias? -Preguntaba inocentemente mientras intentaba evadir su mirada. Ni ella misma comprendía a que se debía el rubor ni tampoco había notado que sonreía.
- Estabas pensando en alguien, ¿No es así?
De rosa a rojo en menos de un segundo, al tiempo comprendía que era exactamente lo que Pyrrha quería decir y surgían todo tipo de preguntas en su mente, Pyrrha rio ligeramente, cubriéndose la boca con la mano para evitar que Weiss pensara que se burlaba.
- Me alegra ver que por fin alguien ha llamado tu atención -le decía sin borrar su sonrisa, mientras tomaba sus manos- ¿Quién es él?
Weiss se congelo, ni ella misma comprendía del todo lo que estaba pensando o si la única respuesta que podía darle era absolutamente cierta, ya que se trataba de algo que ella misma no se había planteado sino hasta hace apenas 3 segundos aproximadamente. Dudó, repasando mentalmente una y otra vez la última palabra en aquella pregunta que debía ser contestada, le dejaba un mal sabor en la boca, aquella suposición debía ser corregida por ella, y eso en cierta manera hacia que pronunciar aquel nombre fuera mucho más difícil.
Lentamente, volvió a dirigir su mirada a Pyrrha, sabía que podía confiar en ella.
- ... Yang. -Confeso con tal timidez que su voz fue apenas audible.
Pyrrha la abrazo de inmediato, no sabía exactamente que decirle ya que era algo que no esperaba, pero tampoco dejo de repetirle que se alegraba por ella. Weiss también la abrazo, pero aunque la aceptación se sintió maravillosamente, aún tenía algo que aclarar.
- Aun no estoy del todo segura -pauso por un momento para recordar como Yang le hacía sentir y como siempre parece que lo que obtiene de ella no es suficiente. Pyrrha se adelantó a hablar, antes de que Weiss pudiera poner en orden lo que diría.
- Bésala -propuso, como si no pudiera haber respuesta más obvia en el mundo, y se apartó para ver como Weiss volvía a adquirir el color de un tomate. Volvió a reír detrás de su mano, ahora debía ser tan claro para Weiss como lo era para Pyrrha- ¿Ves? No tiene caso negar lo que sientes, no dudes más.
- G… gracias Pyrrha.
Pasaron las horas ya en el salón de clases, Weiss siguió repasando esa corta conversación que tuvo con Pyrrha. No podía decir que había dudas en su mente, pero tampoco podía creer que para Pyrrha fuera tan fácil adivinarlo, cuando aún ella misma pasó días intentando comprenderlo. Ahora la única pregunta en su mente era si haría algo al respecto... ¿Sería sensato actuar conforme a sus sentimientos? Aun no lo decidía, pero supuso que podría ir "probando terreno" porque ciertamente, la amistad de Yang no era suficiente. No, ahora tenía muy claro porque siempre le pareció que no podría conformarse con eso.
Quiso correr tan pronto escucho la campana del receso, como lo había hecho la última vez, pero no lo hizo. En cierta forma, le asustaba encontrarse con Yang, porque ahora que creía saber cómo se sentía por ella, no sabría cómo actuar con normalidad cuando la vea. Sintió la mano de Pyrrha en su hombro y al voltear a verla, la sonrisa sincera de su compañera le presto los ánimos que necesito.
Camino a paso rápido por los pasillos hasta llegar al salón. Se asomó por la puerta, Yang estaba allí, afinando la guitarra acústica. Toco la puerta y la mirada de Yang se alzó en seguida.
- Veo que esta vez me ganaste -dijo Weiss, sintiendo que no había necesidad de saludos convencionales.
- Bueno, nunca camine despacio. Siéntate, quiero que escuches algo. –Le sonreía ampliamente.
- ¿Estas componiendo una canción? -Pregunto la dueña de la curiosa mirada azul.
- Así es, han pasado años pero creo que todavía recuerdo cómo hacerlo, aunque por el momento solo tengo parte de la melodía.
- Eso es excelente
- Perfecto, aquí voy.
Los acordes sonaron con suavidad, uno a uno, el paso lento de las notas decía de inmediato que se trataba de una canción romántica. Un par de notas más dulces, más agudas, sobresalían de entre las demás notas, dejando así una sensación de ternura y sinceridad. (youtu,be/eLNmzXfG83w (cambia la coma por un punto))
La melodía continúo por quizás medio minuto y finalmente se detuvo. Las dos chicas esperaron a que el sonido de la última nota desaparecía por completo del salón antes de hablar.
- Fue muy bonito -admitió Weiss, con la pizca de tristeza que le causaba preguntarse a quien se la dedicaba.
- Me alegra que te guste, si tú lo dices entonces debe ser cierto.
- Esta canción es romántica -señalo- ¿Se la dedicaras a alguien? -Pregunto con el corazón en la mano. Yang evadió su mirada y no contesto inmediatamente.
- Si, una vez que esté terminada.
- Ah... y... ¿Quién es?
- Eso es un secreto -dijo guiñándole el ojo, y luego de un corto silencio, añadió- por cierto, Weiss... ¿Hay... alguien que te guste?
La tonalidad blanca volvió a abandonar la piel de Weiss.
- ¡Aja! Lo supuse -Exclamo Yang- ¿Quién es?
- Eso es un secreto -dijo luego de dudarlo un instante.
- Supongo que eso es justo -reconoció la rubia- ¿Lo decimos al mismo tiempo? -Propuso con algo de temor pero con mucha ilusión.
- N... no estoy segura.
- ¿Por qué? Descuida, no le diré a tu padre si es que es alguien que no le conviene a tu apellido
- No es eso... igual gracias, aunque no hace falta que lo digas, sé que puedo confiar en ti. –Dijo aun ligeramente ruborizada.
Yang la veía con mucha ternura, ¿Y cómo no hacerlo? Si jamás la había visto tan tímida ni mucho menos tan ruborizada.
- De acuerdo -desistió finalmente, atreviéndose a cometer la audacia de pasar su brazo por detrás de Weiss para colocar su mano sobre su hombro y así traerla más cerca, en lo que parecía un medio abrazo. Weiss se puso algo tensa al principio pero se relajó rápidamente, aceptando este abrazo como había aceptado el anterior.
- Así que te gusta mucho abrazar a las personas. -Comento.
- Solo si se lo merecen.
- Es bueno saber eso.
- ¿Por qué?, ¿Es qué crees que abrazaría a tu madre?
Ambas rieron, sabían que eso era absolutamente imposible.
- Si algún día llega a pasar, tomare foto, la enmarcare y la pondré en mi cuarto -dijo con humor.
- ¿Solo eso? Pensé que cuando menos me ganaría una medalla al valor -ambas volvieron a reír- en serio, esa mujer no hará más que solidificar el arquetipo de las suegras ogro.
- Para, -alcanzo a decir entre risas- los ogros tienen muy buen oído.
- ¡Pues que venga! Aquí la espera un dragón -dijo con una sonrisa, y por un momento ninguna de ellas habló.
En ese instante de silencio, sus miradas se cruzaron y se dieron cuenta de lo cerca que estaban. Por algún motivo Weiss volvió a escuchar las palabras de Pyrrha, como un eco en su mente, "Bésala, no dudes más" y su mirada bajo hacia los labios de Yang, luego inmediatamente volteó a ver hacia cualquier otra dirección para evitar que Yang viera su sonrojo.
Yang no movió ni un pelo, hoy Weiss le parecía... diferente, aunque no sabía explicar porque actuaba de esta manera. Se la notaba más amigable y accesible cuando generalmente no es ninguna de estas dos cosas. Le pareció que era alguien en verdad difícil de leer, pero ver este lado de Weiss, que era tan sincero y emocional… hacia que su corazón bailara de regocijo, ¿Era insolencia pensar que solo era tan abierta con ella? Tenía el presentimiento de que nadie más había visto este lado tan expuesto de la peliblanca.
- Note que el corte bajo tu ojo se fue sin dejar cicatriz. -Menciono para que Weiss volviera a verla.
- Si, por fortuna.
- ¿Ya antes te ha golpeado así? -Pregunto con un poco de preocupación.
- No sería la primera vez -admitió luego de una pausa- pero nunca fue por algo tan insignificante.
- ... Weiss...
- Esta bien Yang -dijo calmadamente mientras la abrazaba por la cintura y apoyaba su cabeza en su hombro- solo espera un par de años a que herede la empresa y me vaya de casa, el plan es no volverlos a ver.
- Y parece un buen plan -opinó- pero... ¿No hay alguna forma de arreglar las cosas con ellos?, ¿Han hablado de esto siguiera? -Tenía que hacer esas preguntas porque si intentaba ponerse en el lugar de Weiss, entonces no imaginaba una vida en la que no pudiera ver a Taiyang nunca más, él era su padre y lo quería. Puede que la familia de Weiss fuera muy diferente, pero seguían siendo familia.
- Mi padre únicamente piensa en negocios y mi madre nunca está de ánimos para hablar -Sentencio.
- Oh... ya veo. Pero entonces, mientras llegue el día en que te puedas marchar, no dejes que te hagan más daño Weiss, defiéndete de alguna forma. -Le pidió con un tono que parecía casi una súplica.
Weiss se limitó a asentir con la cabeza y seguidamente se quedaron en silencio por un rato. Hasta que el rugido del estómago de Yang les recordó que convenía almorzar.
Almorzaron juntas en el escritorio del profesor y la campana sonó poco después de que terminaran.
Comenzaron a verse todos los días, sin falta. Ocasionalmente pasarían el receso en compañía de Blake y Ruby, pero generalmente se encontraban en este salón, que llego a sentirse tan propio como privado, igual que un pequeño santuario, apartado de lo demás e incluso del tiempo mismo. Aquí podían ser ellas mismas, era aquí donde podían hablar de lo que fuese y como quisiesen. Tocaron algunas canciones, aprendieron otras, se confiaron secretos. Siguieron así hasta que llego el viernes.
Ese viernes fue especial, en verdad memorable.
Yang había convencido a Weiss de que poner música no era una mala idea y de alguna forma, también logro convencerla de que le enseñara a bailar como se hace en los eventos formales a los que ella asiste. Weiss tenía sus dudas, pues si bien han sido afortunadas hasta ahora, si llegara un maestro porque no escucha ninguno de los instrumentos del salón sino una banda completa, comprenderá entonces que alguien estaría abusando del permiso que se le dio. Pero no se puede discutir con Yang ni hacer que cambie de parecer cuando una idea ha entrado en su cabeza.
Weiss tomo su celular y busco en línea una melodía que pudieran bailar, creía conocer la pieza perfecta para la ocasión. Cuando la encontró dejó el teléfono sobre uno de los escritorios y se acercó a Yang. Con su zurda, tomo la mano derecha de Yang, y con su diestra guio la mano izquierda de Yang a su cintura, para luego apoyar su diestra sobre el hombro izquierdo de la rubia; conservando un poco la distancia. Weiss le instruyo con paciencia, explicando el ritmo de los pasos y el orden de estos. El Vals es ciertamente un baile muy fácil de aprender, pero el nerviosismo estropea hasta lo más simple y algunas instrucciones no pudieron ser ejecutadas como se suponía, confundir el orden de los pasos era fácil y frecuente, aunque por suerte aun no le había pisado el pie.
Cuando finalmente estuvieron cómodas con su propia incomodidad y con la cercanía, los pasos fueron tan simples y fluidos, como correspondía. Yang fue un poco más lejos y cuando la música sonó más alegre pues menos elegantes y más divertidos se volvían sus movimientos, Weiss le siguió la corriente y ambas comenzaron a reír, bailando como un par de niñas alegres aunque no precisamente elegantes.
El ritmo de la pieza fue desacelerando y la tonada alegre cedía su lugar a una más calmada, las risas causadas por el disparate de sus pasos fueron reemplazadas por cálidas sonrisas. Yang se sintió en confianza y lentamente deslizo la mano en la cintura de Weiss hacia su espalda baja, atrayéndola más cerca. Weiss no podía verla a la cara ahora que sus caderas se rozaban y movían al mismo paso, el rubor en sus mejillas sería imposible de esconder.
El volumen de la música descendía hacia el silencio y los pasos de ambas se dirigían a la quietud.
Luego de un instante, Yang movió su mano derecha un poco hacia atrás, haciendo la que zurda de Weiss se moviera hacia adelante en consecuencia, ella entendió que quería verla así que dejo de esconder su mirada, dejando al descubierto una ligera tonalidad rosa en sus mejillas. Yang la miro detenidamente tanto como quiso sin que fuera incómodo para Weiss, después su mirada se perdió en sus labios y fue entonces que comenzó a acercarse a ellos, sin escuchar razones, sin prestar atención a las voces en su cabeza que decían que era una mala idea. Quería besarla y ahora le parecía que Weiss quizás quería lo mismo, pues no retrocedía, no la detenía de ninguna manera.
La música finalmente se detuvo y ambas dejaron de bailar. Lo único que se escuchaba en ese momento eran los murmullos de los demás estudiantes, tan distantes y ajenos como las olas del mar.
Yang se detuvo no muy lejos de sus labios, esperaba que Weiss le diera su consentimiento de alguna forma. Weiss comprendió de inmediato lo que se esperaba de ella y como respuesta se puso de puntillas para arrebatarle aquel beso tan ansiado. Se dejaron perder en el dulce y suave contacto de los labios de la otra, disfrutando de la apacible unión que parecía platónica hacia tan poco. Weiss soltó la mano de Yang al dejarse llevar y en cambio rodeo su cuello con ambos brazos, sonriendo entre besos; Yang tomo su cintura y gentilmente la presiono contra ella. Solo se apartaron cuando necesitaron aire, ambas sonrieron y dejaron escapar una breve risita antes de perderse en sus miradas un segundo, para luego volver a juntar sus labios. Se dejaron absorber por el momento, sin intensificar los besos ni permitir que perdieran su dulzura.
Hasta que sonó la campana del fin del receso.
Ninguna se recordó del almuerzo y a ninguna le importo, Weiss se despidió con prisa y fue a clases cuanto antes, Yang observo nuevamente como salió del salón antes de salir ella misma. Caminaba a paso apresurado por los corredores, aun no podía creer del todo lo que había pasado. Se le hacía casi imposible esconder su alegría, ¡Weiss le correspondía! ¡En verdad le correspondía!
