Advertencia: Si bien este fic comenzó en categoría 'T', es a partir de este capítulo que habrá escenas que rocen la categoría 'M'
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Un escalofrió la recorrió de pies a cabeza y sintió como se le helo la sangre a la vez que su voz la abandonaba. Condena, sabía exactamente qué le esperaría cuando regresara a casa, así como sabía que debía hacer su mejor esfuerzo para mantener la compostura.
- S... ¿Si, padre? -Su voz tiritaba.
Ruby, Blake y Yang observaban a escondidas desde una ventana, no tenían idea de lo que estaban diciendo y por eso mismo podían sentirse afortunadas. De vez en cuando se escuchaba la voz del padre de Weiss, incluso desde esa distancia, no sabían que hacer ni que estaba pasando pero era obvio que era muy malo. Al terminar la llamada Weiss tomo unos segundos para recuperar algo de compostura y dar media vuelta para regresar con sus amigas y novia, quienes de hecho se encontraban saliendo hacia el patio con expresiones muy preocupadas. Yang avanzo más rápido que las demás y tomo a Weiss entre sus brazos.
- ¿Que paso?, ¿Que tan malo fue? -Pero Weiss no le respondió en seguida, solo se aferró a ella por un momento.
- ¿Puedo quedarme esta noche? –Casi parecía una súplica.
- ¿Eso estaría bien? –Le preocupaba que eso la metiera en más problemas.
- Por supuesto que no, mi padre quiere que regrese de inmediato, pero lo conozco, será mejor que regrese cuando haya pasado la noche, porque a veces bebe con mi madre y creo que ese podría ser el caso. –En efecto, varias cosas parecían estar fuera de lugar, comenzando por el hecho de que el no alza la voz cuando demanda algo, siempre lo considero incivilizado.
Yang intercambio miradas con Ruby, la menor comprendió que silenciosamente le preguntaba si estaba de acuerdo con que Weiss se quedara, y asintió inmediatamente.
- Creo que somos de la misma talla, te prestare una de mis pijamas –agrego la menor.
- ¿Tus padres beben? -Curioseo Blake.
- Mi madre principalmente, pero en muy raras ocasiones mi padre hace lo mismo. Consiguió sellar una excelente alianza durante el viaje y puede que este celebrando... o que lo hiciera hasta darse cuenta de que yo aún no había llegado. -Se separó de Yang gentilmente, si no regresaba a casa esta noche entonces no había de que preocuparse y ya mañana podrá llamar a Klein para pensar en que hacer o que decirles, aunque lo más seguro era que sus padres estuvieran demasiado cansados para prestarle atención. No sería la primera vez que fueran indiferentes de su existencia, en especial con resaca.
- No me sorprendería, pero no te preocupes, puedes quedarte en mi cuarto si quieres, yo me quedare en el sofá -sugirió Yang.
- No –rebatió Blake inmediatamente- yo me quedare en el sofá, ya es muy tarde para que me regrese a casa.
Blake partió inmediatamente a buscar los pijamas que había dejado aquí en caso de que se quedara un día, como aún era usual. Sabía que nadie podría contradecirle una vez que comenzara a caminar y en realidad estaba en lo cierto, Weiss y Yang se quedaron atrás, intercambiando miradas y sonrisas nerviosas, en parte sorprendidas por la facilidad con la que la atmosfera había cambiado.
- Vamos con Ruby, creo que ya habrá encontrado algo.
- Es posible - dijo Weiss, caminando detrás de ella.
Al entrar notaron que Blake ya tenía puestas sus pijamas y estaba tomando un libro de la librera en la sala, Weiss estaba sorprendida pero Yang sabia de hace mucho lo rápida que es ella para cambiarse. Sin ponerle mucha atención a su mejor amiga, Yang siguió guiando a Weiss al segundo piso, donde se encontraba el cuarto de Ruby, quien aún seguía registrando entre sus cosas para encontrar algo que pudiera usar Weiss.
- ¡Este! -Declaro, sacando un vestido celeste de uno de los cajones- me lo regalaron hace no mucho pero no lo he usado porque me queda algo grande. -Se acercó a ella para dejarlo en sus manos- puedes cambiarte en el baño.
- ¿Realmente está bien que lo use? –Pregunto por cortesía, pidiendo permiso.
- Por supuesto, jamás lo he usado.
- De acuerdo, gracias.
Weiss camino hacia el baño para cambiarse y automáticamente Yang corrió a su cuarto para arreglarlo lo mejor posible en el menor tiempo que pudiera. Lo primero era lo más evidente: tomar toda la basura y correr gradas abajo para tirarla donde corresponde, aunque no pudo regresar sin antes escuchar la risita divertida de su mejor amiga. Luego poner todo en orden y recoger la ropa que estaba en el suelo, no se interesó en acumularla en algún lugar sino que solo lo tiro todo al armario y medio arreglo las sabanas de su cama. Pensó que también sería buena idea ponerse el pijama aprovechando que estaba en la privacidad de su cuarto, pero se preguntó si tendría el tiempo suficiente para hacerlo. Se detuvo en seco por un momento, por el silencio parecía que Weiss aún no había salido del baño. Mientras tanto, Ruby le decía a Weiss que podía entrar al cuarto de su hermana de una vez si quería, ya que lo más seguro es que ella hubiera bajado con una manta para Blake.
El huésped de honor termino de arreglarse y se dirigió al cuarto de su novia, se paró frente a la puerta por un instante y dio un par de golpecitos para saber si había alguien adentro. "Pasa" dijo Yang, y así hizo. Yang ya estaba cambiada y estaba moviendo sus ropas a un lado, "puedes cerrar" le dijo, y así hizo Weiss.
El cuarto era como se esperaría de un típico adolecente rebelde, con la diferencia de que este estaba ordenado y limpio. Tenía la consola a un lado de la cama y la pantalla quedaba perfecta para que se sentara a orillas de la cama a jugar, justo al lado estaba el escritorio que cargaba varios libros, cuadernos, algunos discos y una laptop, había una guitarra acústica sobre un par de soportes en la pared y a su lado había una eléctrica, solo la segunda tenía algo de polvo.
Yang vestía sus pantaloncillos cortos y una camisa corta naranja con el dibujo de un corazón en llamas al frente. Era muy poco lo que realmente cubría. Weiss vacilaba entre verla de reojo o evitar verla a toda costa, en todo caso, decidió que se metería en la cama primero, en lo que Yang dejaba su ropa doblada por un lado.
- Imagine que estarías cansada -menciono Yang después de dejar sus ropas sobre la silla frente al escritorio y al tiempo hacia las sabanas a un lado para acostarse.
- Fue un largo viaje y tener a mi padre como guía no lo hizo menos odioso, está obsesionado con encontrarme un pretendiente antes de que cumpla la mayoría de edad… el año que viene. -Sonaba somnolienta, se había acostado de espaldas a Yang y estaba acomodando su cabeza en la suavidad de la almohada.
- Y ¿Por qué no le dices que no estas interesada? Sabes que solo empeorara mientras más se acerque la "la fecha límite"
- Lo intente antes, pero es más fácil sabotear todos sus intentos que hacerlo entender, ninguna idea nueva entrara en su cabeza, créeme, lo he intentado desde hace 3 años, pero finalmente me resigne.
- ¿En verdad podrás tomar la compañía cuando cumplas los 18?
- Así lo escribió mi padre -bostezo- entonces el pasaría a ser un consejero y tendríamos a dos Schnee en la cúspide de la empresa, él piensa que es un plan perfecto y no puede esperar.
- Pero eso significa... que ya no tendrás tiempo... para nada más -su voz entristecida al final.
- Yang... -volvió a bostezar- ya podremos hablar mejor de esto en otro momento, y tenemos tiempo para pensar las cosas.
- Lo sé -se giró hacia ella, deslizando su brazo por encima de su cintura y acomodando su cabeza por sobre el hombro de Weiss.- Pero no puedo evitar pensar en eso y hacerme preguntas.
Preguntas vitales, importantes. Preguntas que exigen respuestas muy precisas… ¿Por qué Weiss no quería hablar de esto? Es por cansancio seguramente… o quizás… ya ha pensado en las soluciones y piensa que es mejor no compartirlas por el momento. Si lo segundo es cierto… ¿Qué es lo que les espera?
Lo mejor será confiar en ella y esperar el mejor momento para hablar del tema.
Se juntó más a ella, tanto como quiso, era probable que ella ya estuviera dormida, o eso fue lo que pensó hasta que al cabo de unos segundos, Weiss se giró para quedar frente a Yang, quien le sonreía con dulzura mientras volvía a mover a un lado los alvinos cabellos de su princesa.
- Descansa bien -le susurro mientras se asomaba a ella para besarle la frente.
- Buenas noches, Yang.
Se asomó para besarle suavemente los labios y luego volvió a acomodar su cabeza en la almohada.
La cama de Yang no era como la suya, sabía que no era tan costosa y cualquiera que las comparara según los materiales estaría de acuerdo en que la de Weiss debía ser más cómoda, pero la cuestión no era la comodidad de la cama como tal, porque había mucho más que considerar: aquella cama no tenía el aroma de Yang, tampoco la calidez de su cuarto, las almohadas no tenían el olor del shampoo de Yang ni las sabanas el perfume de su piel. Más importante aún, allá en aquel gran cuarto blanco y vacío jamás ha estado Yang… como aquí y ahora: frente a ella. Es por todo esto que tenía la certeza de que ninguna otra cama podría ser tan cómoda.
Había algo más, algo más importante y que noto hacia mucho. Dicen que la belleza se encuentra en los ojos del que observa, lo mismo es cierto para el corazón respecto a lo que vivimos: esta comodidad no era por la cama sino por lo que había en su corazón.
No pudo evitar pensar en lo mucho que había cambiado.
Desde que puede recordar, el mundo le ofreció frialdad y crueldad únicamente, sus padres le mostrarían el mismo trato, en realidad cualquiera en Atlas podía demostrar esas dos características en cualquier momento. Desde pequeña tuvo que acostumbrarse a los golpes, incluso de su hermana Winter, desde muy joven tuvo que levantar un muro helado que la protegiera de las injusticias de las ratas inmundas con traje que se hacen llamar buenas personas. El único mundo que conocía era frio y cruel, por eso quería mudarse, irse lejos como lo había hecho su hermana pero de una forma menos riesgosa, y conseguir una beca completa para estudiar en Beacon no fue difícil.
Su fortaleza de hielo siguió protegiéndola.
Sin embargo, ella no pensó en un detalle, algo tan simple pero que le parecía descabellado en Atlas, y ese algo era: el hielo se derrite con el sol. Vale era una ciudad llena de colores y personas amables, no falsamente amables sino genuinamente amistosas. Lo noto inmediatamente cuando conoció a Pyrrha, jamás imagino que alguien pudiera ser tan humilde a pesar de haber acumulado tantos grandes méritos, cuando se acercó a ella para proponerle estudiar ella acepto con simpleza y una sonrisa como las que muestra una persona cuando cree haber hecho un nuevo amigo, aunque eso era algo que no comprendió en su momento y fue más algo que solo le pareció nuevo y curioso. Con el tiempo, Pyrrha continuaba demostrando que era alguien digna de confianza, pudo notar desde entonces que sus defensas se disminuían, pero aún estaba apurada con sus responsabilidades y las personas amables la confundían.
Quería probar algo de esa amabilidad por sí misma, se decidió estando en la biblioteca, cuando vio que una chica alta y de cabello rubio se rascaba la cabeza frente a un estante, obviamente tenía problemas para encontrar lo que estaba buscando, así que se acercó para ayudarla. La rubia en cuestión pareció confundida cuando le ofreció su ayuda y no respondió inmediatamente, su paciencia se había agotado para cuando le dijo que quería encontrar un libro de matemáticas en la sección de física avanzada, así que le respondió de mala gana y a cambio recibió una mirada seria junto con un "gracias" seco.
Volvió a encontrarse con la rubia cuando chocó contra alguien en una intersección, la rubia defendió a la torpe que tiro su proyecto de química al suelo y todavía tuvo el descaro de verla con severidad, silenciosamente advirtiéndole que tomara sus cosas y se fuera, como si fuera alguna especie de villano. No lo entendía, antes intento ser amable con ella y le ayudo, pero ella no se puso de su lado cuando tuvo la oportunidad de devolverle el favor. Supuso entonces que no era tan amigable como los demás e intento olvidarse de eso.
Hasta que llego a clases y hablo con Pyrrha al respecto, quien sorprendida y divertida le dijo que se trataba de Yang y que siempre defendería a su hermanita sin importar nada. Weiss la corrigió, dijo que no había manera de que ambas fueran hermanas, luego Pyrrha se disculpó por haberlas confundido pero que no conocía a nadie más que encajara con la descripción de la rubia alta y de ojos lila, ni cabello castaño-rojizo y ojos plateados.
Este lugar la estaba cambiando, podía sentirse tranquila porque no todos aquí la conocían y aún menos esperaban algo de ella. En cierta forma, eso hacía que estuviera más dispuesta a darle una oportunidad a la mayoría, cosa que en Atlas seria monumentalmente estúpido.
Un día de tantos, fue al salón del coro a cantar, quería dejar ir las malas experiencias que había pasado en su tierra natal y aquellas cargas emocionales que aun mantenían congelado a su corazón. Nunca hubiera adivinado que aquella tarde no solo cantaba para ella, sino también para la rubia de los ojos lila que ahora la veían diferente, pues ahora ella había podido ver detrás de la barrera de hielo y la había encontrado, en aquel espacio vacío y roto en que se encontraba solitaria, en su propio castillo helado. Esa fue la primera vez que Weiss vio la luz del sol tan cercana a ella, podía verla a través de sus ojos como si fueran ventanas.
Pero, ¿Si todo era un espejismo? Tal como el oasis que uno podría jugar que está en medio del desierto.
No, la luz del aura de Yang era sincera y cálida. No se perdonaría si la dejaba ir... aunque tampoco pudo seguirla cuando fue necesario. Sin embargo, Yang había regresado por una pequeñez y luego se había quedado aunque no tenía motivos para hacerlo. No puede entender aun que fue lo que atrajo a Yang para empezar, ni tampoco puede explicar que hizo que se quedara; ella era del tipo de personas que podría fácilmente encontrar pareja, pero de todos la eligió a ella: Weiss. ¿Por qué? Era la pregunta que tuvo en la punta de la lengua desde el comienzo, pero ya no ha estado segura de querer escuchar la respuesta.
"Me preguntaba... ¿Que ves en mí?" Aquella pregunta, la que no pudo hacer y tenía demasiadas posibles respuestas.
¿Se quedó porque le tuviera lastima?, ¿La busco por su talento o su apariencia?, ¿Acaso originalmente quería aprovecharse de su apellido pero cambio de parecer?, ¿Acaso era algo diferente, que no podría llegar a imaginar? No estaba segura de querer saber la respuesta y mientras más pasaba el tiempo más irrelevante se hacía, ya que el hecho innegable, es que esta frente a ella ahora y sabe, está absolutamente segura de que el afecto de Yang es honesto, eso no cambiara sin importar como hubiese sido al principio.
- ¿Problemas para dormir? -Era la voz de la dueña de sus pensamientos.
- Eso creo, las siestas cortas siempre me quitan el sueño. ¿Tú tampoco puedes dormir?
- No podré dormir hasta que salgas de mi mente -le sonrió con humor y un poco de picardía.
- Pero si salgo de tu mente saldré también de tu vida y no quiero eso -tomo una de sus manos y la acaricio con su pulgar. La mirada de Yang ahora se había suavizado.
- Te quiero. -Tomo la mano de Weiss entre las suyas y la beso con ternura.
- Y yo te quiero a ti. -Con su mano libre hizo a un lado algunos de los cabellos rubios que pretendían inútilmente cubrir el rostro de Yang, y acaricio su mejilla, luego se levantó un poco para acercarse y besarle la mejilla.
Yang no dejo que se fuera lejos y la besó en los labios, compartieron ese beso por unos segundos, luego de los cuales debieron separarse. Sus miradas se contemplaron por un instante, la escasa luz de luna que atravesaba la ventana era únicamente suficiente para marcar sus siluetas y muy pocos de sus rasgos, como el brillo en sus ojos por aquella añoranza que secretamente había esperado demasiado y no lo suficiente a la vez.
No era el mejor momento, por consiguiente no era el mejor lugar... pero, ni siquiera Weiss quería escuchar de razones ahora.
Weiss lentamente fue eliminando los pocos centímetros que las esperaban, Yang espero a que sus labios la besaran para besarla con pasión, mientras que con sus manos tomaba su cintura y la invitaba a asumir la posición dominante: sobre ella. Así comenzaron a ceder cada una de las barreras que las detenían y la situación se fue tornando… muy permisiva. Las manos de Yang fueron completamente libres de repasar la suave y pálida piel de los muslos de su querida, mientras que las manos de ella exploraban los relieves de su abdomen y sus respiraciones se irregularizaban. Sabían que debían cuidar que este momento de intimidad no llegara a oídos de entrometidos, así que los movimientos bruscos estaban fuera de discusión, pero las suaves caricias eran suficientes, habían sido anheladas por ya demasiado tiempo y aunque este ansiado contacto tenía limitaciones, era igualmente recibido.
La piel de Weiss era tan suave como los pétalos de las rosas, pero su deseo era comparable al de una fiera a la que solo le detiene una cadena... que en este caso estaba hecha de silencio. Sumergió sus manos dentro de la corta camisa de Yang y masajeaba sus pechos mientras sus labios migraban de su boca a su cuello y clavícula. Ella sabía que no podían hacer ruido pero también deseaba escuchar la voz de su amada, deseaba oírla, por leve que fuera, por breve que fuera; pero lo que se encontraba en el rango de las opciones permitidas no era suficiente para derrotar a la voluntad de Yang, que se oponía.
Las manos de Yang subieron de los muslos lentamente, acercándose primero a su entrepierna para jugar a tentarla y luego tomándola por la cintura para hacerla a un lado, para así cambiar posiciones y dejarla a su merced.
Si, el silencio debía reinar aquella noche y aunque estuvo por ser destronado un par de ocasiones, de alguna manera permaneció en control, expandiendo el reino de los secretos y resguardando a sus ciudadanos.
…
Amanecieron, acurrucadas tal como habían quedado dormidas. La mirada preocupada de Weiss no pudo ser disimulada por más que lo intentara, eso no cambio hasta que llamo a Klein y discutieron la situación. Yang quiso ofrecerle más de su apoyo, pero además de palabras de aliento realmente no había mucho que pudiera ofrecer. Vio a lo lejos como hacia la llamada que podría salvarla, no pudo escuchar lo que hablaba con Klein pero al menos se le veía más tranquila, por mucho. La verdad es que no piensa que haber dejado que se quedara fuera un error pero... ahora se preguntaba si la ira del padre de Weiss sería mayor ahora que anoche. Seguramente lo seria si supiera qué ocurrió, lo que hicieron.
No podía evitar sonreír ante aquella idea, tan solo saber qué tipo de reacción tendría si supiera, la cara que pondría, las cosas que diría. La idea le parecía desafiante, se sentía invencible, con valor más que suficiente para enfrentarse al tipo. Cuando fuera el momento, cuando pueda llevar su guitarra y cantar ante él, entonces… en ese momento podría disfrutar de sus reacciones, porque él sabrá entonces que no tiene ningún control sobre la vida de Weiss y ya los planes de la heredera habrán resultado como era de esperarse. Ese día ella seria libre y todas las verdades podrían salir al aire.
Hoy no. Por desgracia, no había más que pudiera hacer que esperar lo mejor mientras ve como Weiss se sube al auto negro que la llevaba a lo desconocido.
...
Yang se encontraba en su cuarto, afinando la guitarra una vez más, su sonido no le convencía, no sonaba tan bien como en el salón del coro. Ruby seguía tocando la puerta de su habitación, repetía las mismas palabras que hacia un par de semanas.
- Yang, por favor, tienes que salir de allí. -Pero sus palabras no tenían efecto- Yang...
- Ruby... -su voz apenas fue lo suficientemente alta como para que la escuchara del otro lado de la puerta- solo déjame.
- No puedo, sabes que me preocupas
- No hay nada de qué preocuparse, ¿recuerdas? Ya no tiene sentido
No escucho sus pasos cuando se fue, pero sabía que ya no estaba allí porque ya no escuchaba su voz. Volvió a concentrarse en la guitarra, volvió a probar su sonido, estaba perfecta y lo sabía pero de ninguna manera sonaba como antes.
Miro a través de la ventana de su cuarto cuando una brisa repentina movió la cortina, en este momento había muchas preguntas en su cabeza, pero la principal era si merecía la pena seguir esperando. La canción que componía ahora era muy simple ya que no tenía melodía aun. Pensó en repasar la letra una vez más pero una llamada de Blake se anticipó a sus planes. Ella se preocupaba por Yang, pero ya hace un par de días que decidió darle su espacio tal como ella lo había pedido, esta vez solo llamaba por un proyecto escolar que debían entregar muy pronto, cuando se acaben las vacaciones y reanuden las clases.
Luego de la llamada se quedó viendo su teléfono, en los contactos aún tenía el número de Weiss y en el historial de llamadas habían al menos 5 docenas de llamadas que no había respondido. Han sido semanas. Volvió a marcar el número y escucho el tono de llamada mientras se preguntaba que pudo salir mal.
La última vez que vio a Weiss fue la mañana del día después de la parrillada que salió mal, aquella mañana en la que amaneció con ella entre sus brazos y en la que podría jugar que veía su futuro juntas. Después de que ella hiciera su llamada la despidió con un beso y luego observo como Klein se la llevaba... pero en ningún momento cruzo por su mente la idea de que esa sería la última vez que la vería o escucharía.
Weiss le había dicho que le hablaría tan pronto como pudiera, que lo más seguro era que esa misma noche podría mandarle un mensaje o hacerle una llamada. Las horas se sintieron eternas mientras esperaba a que cayera la noche para saber que había sido de ella, pero no hubo mensaje. Tuvo un mal presentimiento en ese instante, cuando pasado de la media noche aún no habían noticias de ella. Sabía que sus padres estarían molestos pero justo después de que Weiss llamara a Klein parecía que tendría todo bajo control... ¿Qué había pasado?, ¿Que era de Weiss ahora mismo?, ¿Que pudo salir mal? Demasiadas preguntas, tan poca información para llegar a conclusiones. Algo andaba mal, algo había ido mal.
Así comenzaron a pasar los días, uno a uno, sin señales de Weiss.
Blake era la única persona que podía mantenerla con los pies sobre la tierra ahora, la única que con su seriedad y frio pensar podía hacer que se olvidara de esto por un momento y pudiera concentrarse en otras cosas, como estudiar para los exámenes.
Era posible que Weiss estuviera ocupada, pero nunca eso había evitado que le mandara un mensaje siquiera, y ¿Que tan difícil podía ser? Solo unas cuantas palabras ¡Ya daba igual si traían malas noticias o no! Nada era peor que estar a la expectativa de algo y ser completamente incapaz de hacer otra cosa que esperar.
Las últimas semanas de vacaciones habían llegado a su fin. Yang jamás se alisto tan rápido para ir a clases, llego una hora antes y fue a buscar a Pyrrha al gimnasio, donde sabía que la encontraría, y lo único que ella pudo decirle era que Weiss aún no había llegado, que seguro llegaba más tarde. La espero con impaciencia en el salón del coro, su mente paseaba entre el presente y los recuerdos que llenaban el aula, pero esa ilusión se rompió cuando Weiss no se presentó.
Espero por ella todos los días. Jamás llego.
La brisa que entraba por la ventana el regreso al presente nuevamente, en la pantalla de su celular aun podía ver un número, el cual supo hace mucho que no era el número de Weiss pero se encontraba en su cuaderno. Nunca pregunto a quien le pertenecía este número a pesar de haber tenido muchas oportunidades para hacerlo, puede que fuera un numero anterior y que la llamada caiga a una persona desconocida que ya nada tenía que ver con Weiss, también era posible que llamara directamente a su padre o madre, incluso era posible que el número no existiera ya. Decidió finalmente que no le importaba cuál de las posibilidades fuera, debía llamarla o cuando menos intentarlo y si llegaba a fracasar al menos sabía que efectivamente ya no había nada que pudiera intentar.
Marco el número y se quedó escuchando el tono de llamada.
- Residencia de los Schnee, ¿Cómo puedo ayudarle?
Los ojos de Yang se abrieron de par en par, sabía que la persona que había contestado la llamada no era Weiss, pero reconocería esa voz y forma de hablar donde fuera.
- ¡Klein! -Grito con gran emoción- ¡Soy yo, Yang!
- ¡Señorita! Qué bueno escuchar de usted. -La reconoció al instante.
- No sabes lo feliz que me hace escucharte, estaba preocupada por Weiss, no he podido contactarla ni he sabido nada de ella, ni...
- Si... -le interrumpió con tristeza- yo tampoco he recibido noticias de ella.
- ¿Que? Pero, tu trabajas allí, en su casa -estaba sumamente confundida, la atormentaban todos las posibles explicaciones que llegaron a ella como golpes de boxeador- ¿Ella no está allí?, ¿Que le paso?, ¿A dónde fue?
- Señorita, le pido por favor se calme -pauso mientras esperaba que Yang guardara silencio, y cuando lo hizo, prosiguió- yo no sé dónde está ni que ha sido de ella, ni donde se encuentra. Tan solo sé que partió un día.
- Pero... tiene que haber algo que podamos hacer, ¿Podrías hablar con su padre? Estoy segura de que él es responsable de esto o cuando menos está al tanto; o si no quieres, pues yo misma hablare con el...
- Escuche... -volvió a interrumpirle con cierta tristeza- yo solo soy el mayordomo, y tengo tareas que realizar,
- ¡Como puedes decir eso! -Le pregunto indignada- no eres solo eso, Weiss me lo dijo, usted es más un padre para ella que su propio padre, ¿Cómo puede decir que no hay nada que pueda hacer? Klein, por favor, tienes que ayudarme.
- Pero debo llevar el carro a mantenimiento ahora mismo -persistía su tono triste- discúlpeme.
- ¡No, Klein! ¡No cortes la llamada!
Klein dejo el teléfono sobre su base, la llamada se cortó.
- Esa sí que parecía una llamada interesante. -Esta voz, Klein despreciaba tanto al dueño de esa voz.
- Así es, señor Whitley.
- ¿Quién era?, ¿Qué quería?, ¿Porque preguntaba por mi hermana?
- Era una amiga de la señorita, quería saber que ha sido de ella.
- Ah... pero tal muestra de vehemencia no es usual en alguien que solo es un amigo.
- Son como hermanas, y han pasado semanas, por supuesto que está preocupada.
- Bien, pero aun no me dices su nombre.
- Oh, pero siempre lo confundo, perdone.
- Este bien. No tiene importancia. -Declaro y se marchó.
