Las últimas palabras de Klein seguían rondando por la mente de Yang, ahora no podía ser más claro que algo andaba mal, el problema era que ahora ya no sabía que más podría hacer. Caminaba en círculos dentro de su cuarto, buscando alguna solución, repasando la conversación con Klein una y otra vez, cuantas veces fuera necesario. Se lo escuchaba triste, sabía que el sería el primero en ayudar a Weiss como pudiera y sin esperar un solo segundo, así que verlo tan incapaz era demasiado extraño; además, que le contara que debe llevar el carro a servicio era totalmente irrelevante... pero lo dijo... ¿Quizás por alguna razón?

El carro... había visto la marca... sabía que lo llevaría a un taller. No sabía dónde vivian los Schnee, pero sabía que solo había un taller para esa marca en la ciudad y que Klein inequívocamente se dirigía allí.

Tomo su chaqueta en un arrebato y salió de su casa tan rápido que Ruby apenas tuvo tiempo para ver como salía por la puerta. Aun no tenía la licencia de la moto pero siempre podría correr hacia la parada del bus para llegar más rápido. Ya en el bus comenzó a hacerse todo tipo de preguntas, tales como: ¿Y si las intenciones de Klein no eran que Yang se encontrara con él en el taller?, ¿Por qué no podía hablar con ella por teléfono? Porque si había alguien escuchando entonces sabría también que Klein le dijo a donde iría, por lo que si alguien lo estaba escuchando entonces también sabría que Yang sabe esto.

Llego al cabo de media hora aproximadamente, entro a recepción preguntándose cómo podría preguntar por Klein, cuando la recepcionista adivino sus pensamientos y le hablo primero:

- Buenas tardes, ¿Es usted Yang Xiao Long?

- Si -respondió sorprendida, puede que Klein si contara con su llegada.

- El señor Klein me pidió que le diera esto. -Seguido le paso un papelito.

- ¡Gracias! Muy amable.

Abrió el papelito de inmediato, en él estaba escrito:

"A la derecha de la salida, a tres cuadras, hay una peluquería, entra y sal por la puerta trasera, eso te llevara a un pasillo compartido entre la peluquería y el restaurante que se encuentra del extremo opuesto de la cuadra, yo te esperare allí. -Klein"

En seguida, Yang hizo como se le instruyo y entro al restaurante por la puerta trasera, Klein la estaba esperando en una mesa para dos que estaba perfectamente escondida para quien solo mirase a través de la ventana del restaurante. Camino hacia la mesa tan pronto como vio a Klein y procuro mantener sus ansias bajo control mientras se sentaba en la silla frente a él.

- Nunca imagine que tendríamos una cita -bromeo la chica de ojos lila, a lo que Klein rio.

- Ay pero que no lo sepa mi esposa. Perdone que no pudiera hablar con usted más claramente, pero Whitney escuchaba la llamada.

- Ah, con razón, Weiss me ha contado mucho de él, y nada bueno.

- Hablando de la señorita...

- ¿Que le paso?, ¿Dónde está?

- Ella está bien -de pronto volvió a su tono melancólico- pero se encuentra en el extranjero. Te contare: las cosas salieron terriblemente mal la mañana que regresamos a la mansión porque no pudimos usar la cuartada que habíamos preparado, sospecho que de alguna manera los padres de la señorita averiguaron que se quedó en casa de unas amigas... no sé si usted lo sabe, pero a ellos no les gusta no estar al tanto de lo que pasa en la vida de su hija. Ambos acordaron que esa debía ser la razón por la que "sus notas empeoraron" aunque no es cierto, pues sus notas siguen excelentes, con excepción de un 7/10 en un proyecto de química. En fin, la mandaron a Mistral para evitar que se distrajera y se aseguraron de que no pudiera contactar a nadie aquí.

Supo que era buen momento para dejar de hablar cuando no tuvo respuesta de Yang, ella se encontraba apoyando sus codos sobre la mesa y cabizbaja, ahora que sabía que había pasado no estaba segura si la situación era mejor o peor de lo que había imaginado.

- Sin embargo, -continuo Klein- traigo una buena noticia para usted.

Busco en su bolillo y del saco un pequeño artefacto negro, los ojos lila de Yang lo reconocieron en seguida, no había visto uno en años… era un beeper, y ligeramente modificado por lo que parece.

- Hay muchas formas de controlar a las personas con la tecnología actual -Continuo, dejando el aparato en sus manos- pero hay cierto encanto en las cosas de antaño y es que no las controlan tanto. Podrán bloquear su número, jaquear el sistema del teléfono, instalar cuantos programas espía quieran en cada uno de los aparatos de la señorita, pero de este no saben nada.

La mirada lila seguía perdida en el pequeño aparato en sus manos y lo que significaba. Se levantó de inmediato para abrazar a Klein a manera de agradecimiento.

- Gracias Klein, eres el mejor, no hay duda de porque Weiss lo quiere tanto.

- Oh, pero si esto no es nada -le aseguraba, devolviéndole el abrazo brevemente antes de retirarla- antes la señorita y yo usábamos mucho esos aparatos, a ella le encantaba jugar con ellos. El que le di solía ser mío, cuídelo bien, mientras le sea útil.

Los ojos de Yang volvieron al pequeño aparato en sus manos, este era de Klein. No pudo evitar pensar en una joven peliblanca conversando con su mayordomo a escondidas, durante aburridas reuniones de negocios, cuando se encontraba aburrida en la mansión, o por cualquier cosa. Este pequeño artefacto tenía años de historia y conversaciones.

- Lo cuidare con mi vida.

- Mejor cuide su vida -le sonrió, al tiempo que veía como la mesera se acercaba a ellos para preguntar por sus órdenes- ¿Ya almorzó? –Le pregunto a Yang.

- Podría comerme el menú entero.

La mesera llego a su mesa y ambos pidieron sus órdenes, Yang volvió a bromear por como esto parecía una cita y Klein volvió a reír. Aun habían varias preguntas haciendo eco en la mente de la rubia, pero al menos ya podía sentirse tranquila, ahora al menos sabía que Weiss estaba bien y que podría hablar con ella, realmente no podía esperar para darle la sorpresa, para enviarle un mensaje desde este beeper diciéndole que Klein se lo acaba de entregar. En estos momentos, no hay nada que quiera más que hablar con ella nuevamente.

Si, se moría por hablar con Weiss y que le cuente exactamente todo lo que ha pasado para poder pensar en lo que pasara después, pero por el momento estaba tan agradecida con Klein que de ninguna manera podía rechazar su oferta ni negarse a pasar un rato con él, después de todo, esta es apenas la segunda vez que se ha encontrado con él y puede que pase mucho tiempo antes de que puedan volver a sentarse y hablar.

La pasaron bien hasta que Yang recibió una llamada de Ruby, quien estaba comprensivamente preocupada por su hermana mayor. Se notaba que la mejor estaba haciendo su mejor esfuerzo para darle su espacio, tal como le había pedido, pero después de que las horas siguieron pasando supuso que tal vez no fue a la tienda ni nada por el estilo y se estaba preocupando. En muy pocas palabras Yang le dijo que tenía buenas noticias y que estaría llegando pronto.

Klein se despidió de ella después de que terminara la llamada, para que pudiera encontrarse con su hermanita pronto, y también para que pueda hablar con Weiss lo más pronto posible. Yang se despidió de él con un abrazo de oso y las gracias más sinceras que ha pronunciado en años. Llego a casa luego del rápido viaje en bus y al entrar descubrió que Ruby la esperaba... pero no esperaba que regresara sonriendo de tal manera.

- ¿Son tus días? -Bromeo, aliviada por ver que estaba mejor. Su hermana se rio.

- No, pero ahora ya sé que paso con Weiss y como hablar con ella -de su bolcillo saco el pequeño artefacto negro y se lo mostro a Ruby.

- ¿Y ya hablaste con ella?, ¿Por qué desapareció sin más?

- Sus padres la metieron en el programa de estudiantes de intercambio y se aseguraron de que no pudiera hablar con nadie de aquí.

Ruby guardo silencio por un momento, sabía que los padres de Weiss no eran precisamente los mejores padres del mundo, también había escuchado cuan estrictos y controladores podían llegar a ser, pero esto era algo que estaba a otro nivel.

- Y... ¿Por qué?, ¿Saben ellos que tú y ella están saliendo?

- No lo creo, Klein me dijo que fue porque sus notas comenzaron a bajar, aunque eso no es cierto, la única que no es un 10 es la del proyecto de química.

- ... Eso… -recordó el momento en que se topó con la heredera en una de las intersecciones del instituto, ¿Esto se debía al proyecto que arruino ese día?- Lo siento Yang.

- No lo sientas Ruby, a veces las cosas… tan solo pasan, y estoy segura de que habrían encontrado otro pretexto para mandarla lejos.

- Buen punto, y ¿Qué esperas? Ve a hablar con ella.

...

Un internado... por primera vez en su vida estaba en un internado, y lo detestaba. Todo, desde los uniformes negros con gris, los estudiantes aquí, los profesores, el sistema de educación, los horarios, la pequeña habitación que compartía con una chica funk que no podía cerrar su boca; detestaba los libros, su cama, cada cuadro en el pasillo, los pasillos mismos, el sol, el paisaje, también el hermoso cantar de las aves. Lo odiaba todo, no quería estar aquí, nunca quiso venir aquí. Todo, por bello y agradable que fuera era detestable, insufrible, molesto.

Ya habían sido semanas y estos hermosos paisajes la hacían sentir enferma, quería salir de aquí cuanto antes, quería que se terminara el semestre para poder regresar a Vale, volver a ver a Ruby y tener una conversación profunda con Blake, quería volver a caminar por el parque boscoso, volver a respirar el aire de esa ciudad, incluso volver a la frialdad de su mansión.

Sonrió al pensar que todo en este instituto podría estar mucho mejor... si tan solo estuviera con Yang.

Echaba de menos su sonrisa, era lo único que disfrutaba del amanecer pues esos cálidos rayos de luz le recordaban la calidez de Yang, que llegaban a envolverla y protegerla del frio de la mañana; extrañaba demasiado su voz, sus abrazos, sus caricias, sus palabras melosas, su calor... todo.

Después de haber intentado hasta lo imposible sin tener buenos resultados, estaba resignada a esperar que el plan B de Klein pudiera dar resultados. Al menos, esto es lo que pensaba mientras se asomaba por uno de los balcones que se ubicaban en los jardines superiores, la vista bajo este era de un barranco por el que pasaba un rio al fondo y una espesa vegetación, frente a ella se extendía el paisaje montañoso y verde de Mistral.

Algunas preguntas se paseaban por su mente, porque el tiempo seguía transcurriendo y su hermano se había encargado de estropear los planes de su padre: que Weiss heredara la compañía al cumplir los 18. Estaba claro que él quería heredarla en su lugar y que la había observado de cerca con tal de tener información que pudiera ser útil en su contra. No lo había previsto, su hermano se estaba comportando amable pero él dijo haber crecido mucho como persona mientras ella estaba absorta en los estudios y encerrada ya sea en la academia, biblioteca o habitación.

"Si todo llega a fallar, siempre podrás ser mi representante cuando sea corredora" Recordó las palabras de Yang.

Si era sincera consigo misma, no había idea en el mundo que sonara mejor que esa, y era muy difícil no pensar en la posibilidad de despojarse completamente de cada una de los lazos que, por alguna razón aun comparte con su familia, y mandarlo todo a volar, para ser absolutamente libre. Pero esta no era una lucha por libertad. No, si ella quería tomar la empresa era para hacer las cosas correctamente, para devolverle el honor a su apellido y que todo sea como debe ser: Le disgustaba el estado actual de todo lo que tuviera su apellido y estaba determinada a cambiarlo, a hacer lo correcto.

Por noble que fuera su misión, a veces era fácil olvidarse de eso, en especial cuando se planteaba un futuro con Yang... y esa es otra cuestión, ¿Como figura Yang en sus planes futuros?

Sabe que ambas deberán viajar mucho debido al trabajo. Su abuelo, Nicholas Schnee, viajaba constantemente y operaba la compañía desde donde estuviera, así que no había razón para suponer que ella no podría hacer lo mismo y acompañar a Yang a donde sea que fuere, cualquier conferencia que la requiriera podría ser a través de una video llamada, ¡Ya ni siquiera tendría que verle la cara a su padre en persona! Claro que esto no era perfecto y era aún una idea ridículamente vaga. Pero primero debía ser lo primero, de nada le serviría un esquema de cómo sería su vida al heredar la compañía si antes debe ganársela a su hermano.

Se permitió un momento para no pensar en nada y soltar todas aquellas cosas que la tenían intranquila. El viento era fresco, las aves cantaban alegremente, el sonido de las hojas al ser mecidas por el viento resultaba relajantes... o lo era, hasta que escucho un tono artificial, automático. Con mucha pesadez busco entre su mochila el origen de la tonada. Sus ojos se abrieron de par en par.

Era Yang, ¡Era un mensaje de Yang!

No lo dudo ni por un instante y soltó todo lo demás para fijar su vista en este pequeño aparato negro.

"¡Weiss, soy Yang! ¡Hola!"

Una sonrisa ilumino su rostro instantáneamente y tuvo que llevarse una mano a la boca para así evitar pronunciar su nombre. Estaba feliz, realmente feliz de saber de ella. Sintió como si la hubiera encontrado y rescatado nuevamente, aunque esta vez de la soledad y oscuridad auto-infringidas.

"¡Yang, estoy tan feliz de leerte!"

"¡Y yo a ti! No tienes idea de todo lo que tuve que pasar para poder hablarte"

"Imagino que no fue fácil, yo también intente de todo sin tener éxito"

"¿Cómo estas Weiss?, ¿Cuándo regresas?"

"Estoy mucho mejor ahora, y si todo va bien regresare a Beacon el próximo semestre. Mi padre al menos tuvo 'la amabilidad' de no prolongar la transferencia"

"No hay hombre más bondadoso en el mundo"

Una compañera de clase de Weiss se acercó a ella por detrás y observo como la heredera parecía estar escribiendo en un extraño aparato negro.

- ¿Que estás haciendo, Weiss? -Pregunto con inocente curiosidad.

- Un vejestorio que encontré en el suelo, diría que lo abandonaron... es bastante nostálgico.

Mentira, por supuesto, aquí no había nadie en quien pueda confiar. Desvió la conversación como pudo cuando se le presento la primera oportunidad.

Lo que siguió fue una reunión de estudiantes para decidir las actividades de un festival cultural que debían organizar. Cuando menos se trataba de algo que ella disfrutaba: organizar.

...

Sus ojos lila seguían observando la pantalla, aún no había respuesta, lo que posiblemente significaba que algo o alguien la habían interrumpido. Sin embargo, la sonrisa que ahora iluminaba su rostro era algo que no podía ser disimulado, ni porque hubieran motivos para esconderla. Ya que al fin pudo hablar con ella, por primera vez en semanas, por primera vez en casi dos meses. Las preguntas y temores en su cabeza ya podrían esperar a ser atendidos después, porque hoy, hoy toda la incertidumbre puede desaparecer con el brillo de esa sonrisa.

Las cosas no estaban precisamente bien y ahora no estaban exactamente mejor, pero sin embargo, tenía el presentimiento de que todo saldría bien de ahora en adelante. La briza que entraba por la ventana siguió moviendo sus cabellos y entonces se asomó para ver el paisaje, el clima era perfecto, y ahora que su ánimo había vuelto solo había una cosa que quería hacer: conducir en la pista abandonada que usa para practicar.

Bajo al garaje, abrió la puerta sintiéndose renovaba y sonrió al ver como la luz del sol iluminaba su vehículo, dándole la impresión de que su moto pudo estar esperándola. Se subió a ella y escucho con gusto el rugido de su motor. Mientras la sacaba volvió a recordar con ilusión una fantasía que había tenido desde hacía unos días: llevar a Weiss algún día a recorrer las calles vacías en las que ella práctica, casi podía imaginar sus brazos sujetándola por la cintura y su cuerpo recostado sobre su espalda.

Weiss no lo sabía pues aún no lo había hablado con ella, pero a Yang le gustaba fantasear respecto a su futuro, sobre cómo serían sus vidas cuando puedan realmente estar juntas, cuando Weiss ya no deba someterse a la tiranía de su padre y pueda ser libre.

En algún momento su mente comenzó a divagar.

Sabe que Weiss no es una persona madrugadora y que por lo general se levanta tarde si tiene la opción, Yang por el contrario tiene una rutina matutina de ejercicio que disfruta, así que esos días podría dejarle el desayuno en la cama y si tenía suerte se bañarían juntas. Weiss también tendía a estar muy cansada después de un arduo día de trabajos, ya se había acostumbrado a masajearle los hombros y la espalda aunque era difícil al principio, ver su cuello y hombros expuestos y no hacer nada al respecto… no fue sino con el tiempo que se sintió más cómoda sabiendo que Weiss se dejaba... tentar, y que respondía muy bien a su acercamiento.

Aun recordaba la primera vez que lentamente se acercó a su oído para soplar detrás de él y el pequeño chillido que Weiss dejo escapar fue excepcional, y así como no pudo evitar reírse ligeramente de aquella reacción, tampoco pudo evitar susurrarle al oído antes de besar su cuello y dejar que su masaje fuera... a otras áreas. Como sus pechos, sus pequeños, redondos y suaves pechos. Weiss supo que era deseada sin ninguna duda, y con mucha timidez y nerviosismo permitía que Yang hiciera lo que cuisera con ella, y Yang era gentil, también estaba algo temerosa porque no sabía si iba demasiado rápido para Weiss, pero cuando se dejaba llevar las cosas se tornaban acaloradas.

Poco a poco fue empujando a Weiss hacia adelante, recorriendo más de ella con sus manos, dejándola a 4 sobre la cama, y dirigiendo su mano más traviesa hacia su intimidad, Las piernas de Weiss se separaban lentamente, y la mano de Yang decidió deshacerse de las prendas que la detenían. Weiss no opuso resistencia, por el contrario, le ayudaba. Hasta que finalmente Yang estuvo sobre ella, sus pechos contra la espalda de su novia, y besando su piel mientras su mano pasaba por el vientre de Weiss y luego bajaba hacia donde deseaba, aquel lugar tan sensible y tan ansiado de contacto, de sus atenciones.

Había descendido la velocidad con la que conducía sin darse cuenta. Sabía perfectamente que este no era el mejor momento para recordar... bueno, no es el menor momento para distraerse. Pero tampoco podía evitarlo, eso sería como querer detener a Weiss cuando tomara la iniciativa... algo que no ha pasado aún pero que no detendría...

...

Al principio, no hubo nada peor que buscar la manera de hablar con Yang sin tener mucho éxito, principalmente sabiendo que en nadie se puede confiar y que todos tus movimientos están siendo vigilados, si no fuera por el paisaje esto sería peor que Atlas. Nada fue peor que la espera que siguió al momento en que acepto que ya no le quedaban opciones, que solo podía esperar a que Klein le diera el dispositivo a Yang de alguna manera, y solo poder sentarse a ver pasar los días, cada uno más largo que el anterior.

Desde que llego a Mistral, Weiss fue prestando atención e investigando discretamente sobre algunos procesos y cuestiones administrativas del instituto, todo con el fin de regresar a Beacon antes de lo supuesto, cuidando que parezca que su padre ha autorizado todo.

Conoce a su padre, desde hace varias semanas que él no ha indagado en nada relacionado con Weiss, por lo tanto está consciente de que ni siquiera notara si regresa a Vale antes de tiempo, pero incluso si ahora todas las piezas de su plan estaban en su lugar, para ponerlo en marcha debía hacer una pregunta... quizás mas por formalidades que por mera obligación.

Se excusó cuando pudo y fue a los baños, ya en la privacidad de este claustrofóbico espacio, saco el aparatito que la comunicaba con Yang y mando un mensaje muy claro:

"Si llegara a... cuando llegue a escaparme de aquí, ¿Puedo quedarme en tu casa un tiempo?"

Todas las piezas estaban en posición, sonrió al pensar que tanto su plan inicial como el plan B de Klein habían tenido éxito.

Lo único que la detenía era una palabra monosílaba de aprobación, sin ella no había nada que se atreviera a hacer. Aunque ya no podía esperar, no quería seguir aquí. El primer lugar del que quería salir era el baño porque ya no tenía razones para estar aquí, después salir de la reunión organizativa porque ya no tenía motivos para seguir ayudándolos, después y finalmente, salir de Mistral porque aunque está consciente de que es un buen lugar para estar, es lo más tormentoso si no puede estar con Yang.

De momento podía volver a ser feliz, ya sea porque Yang le diera la respuesta afirmativa que tanto esperaba o sencillamente porque sabía que ahora podía hablar con ella, era feliz.

Había una idea que jugueteaba en su mente, esparciendo ilusiones con una promesa muy simple: si la respuesta de Yang es afirmativa entonces vivirían bajo el mismo techo durante el resto del semestre. Hasta que su padre le ordene a Klein que vaya a recogerla al aeropuerto, ignorando, por supuesto, que Weiss ya se encontraría en Vale. No había pensamiento más dulce que ese.

Por el momento, no podía hacer más que esperar con paciencia y anhelo.

A/N: El capítulo se llama Beep por el beeper y en parodia al Boop de Nora… porque… también puedo hacer malos juegos de palabras…