CAPITULO X.
DE AMOR Y MUERTE.
Me revolqué en mis propios demonios buscando las explicaciones que eran obvias.
No pude hacer nada más que observar como sus pies resbalaban rápido y orgullosos por los adoquines del palacio.
¿Alguna vez han sentido el sabor del aire? Pues yo nunca, no hasta este momento al menos. Aprendí que el aire no sólo huele sino que también sabe y, su sabor, era una mezcla a mantequilla caliente derretida por la irá de una mujer herida.
Cuan vaga puede ser mi intuición cuando se trata de dilucidar problemas que nunca pensé que tendría.
Reconocer que me había enamorado fue lo más fácil comparado con mi estúpido intento de llegar a una conciliación con aquel sentimiento.
Hace menos de una hora actué totalmente irracional, como nunca antes en la vida. Siempre he sido fría y calculadora, como si tuviese la facilidad de convertir mi corazón en piedra. Pero hoy … hoy todo cambió. Perdí los estribos al saberla en peligro. Rompí con mis propios dientes aquella roca que abriga el vital órgano rojizo, actuando como un animal herido y asustado corrí a sus brazos y me delate.
¿Qué más puedo hacer? Seguir fingiendo indiferencia. Intentar lastimarla, buscando una venganza que sólo encuentra sustento en mi orgullo herido y, lo peor, ¿herido de qué?.
¿Qué culpa tiene esa joven e inesperada reina de que yo la ame? ¿Qué culpa tiene de amar a un hombre, que por mucho que me desagrade, es mil veces más humano que yo? No puedo condenarla a mi odio por no corresponder mis sentimientos. Ella tenía una vida feliz antes de mí y yo vine como una tormenta destruyendo todo a su paso.
Aquella noche, cuando sentía como algo tibió recorría mi sangre. Algo muy parecido a las cálidas noches de verano, cuando el alma se me desgarraba por ir a besarla … cuando los vi por segunda vez juntos y desnudos en su cuarto … Esa noche, fue sin duda una de las peores de mi vida.
Sin orgullo digo que sé lo que es el dolor. Lo he sufrido hasta el punto de sentir carne viva ardiendo en llamas. Pero nada de lo que he experimentado se compara a esa noche. Fue tanto lo que me estremeció aquella escena que hasta sentí por primera vez en mi garganta una atadura. Si no estuviera segura de que mis lagrimales están tan secos como mi vida, hubiese dicho que estuve a punto de llorar.
Por un momento me vi impotente. Sabía que podría protegerla de cualquier persona, incluso yo sola puedo contra todos los fundamentalistas y el mundo entero, si ella es mi razón. Aunque no tenga la fuerza de un ejercito si poseo la inteligencia necesaria como para derrotarlos. Pero hiciese lo que hiciese, nunca podría protegerla de mi.
Me sentí culpable y vil. Como aquella mancha negra en el horizonte que arruina todo bello atardecer. Tengo podrida el alma y la conciencia, fácilmente, si no me controlo, terminare por pudrir lo único que he amado en mi vida … ella.
Algo en su mirar cambió mi perceptiva. Ahora entiendo que no son los estúpidos celos lo que más molesta a mi alma – si es que poseo una – sino su forma de mirarme. Como si me entendiese o intentara hacerlo. Como si quisiese regalarme algo pero no sabe precisamente cómo. Como si tuviese la clara intención de seguir el ritmo de mi música aunque no la armonice. Como si no le importara abrazar al mismo demonio. Como si las ganas de quedarse la frustraran tanto como a mi. Como si acariciara sin tocar … Como, simplemente como si me quisiera.
Ello es lo que más me molesta. No puedo ni siquiera pensar en un futuro juntas. Es, por lo menos, imposible, mirándolo de la manera más esperanzada.
Tengo las manos manchadas de sangre y no precisamente cualquier sangre, nada menos que la de su padre. Aquel hombre que entre suplicas agónicas me pedía clemencia para su única hija.
Quizás si ella sintiera algo del amor que yo siento, sólo quizás sería capaz de perdonarme por haber intentado suplantar su posición y tomar su reino por la fuerza, eso entre otras cosas. Pero haber asesinado a su padre. ¿En qué cabeza racional y humana cabe esa posibilidad? Treinta latigazos de once cuerda y puntas de acero en la plaza pública seguido de mi pena de muerte, sería por lo bajo la pena que ella me impondría al saber la verdad, eso si la considero benevolente.
No, definitivamente un espectro como yo no tiene salida en este mundo. He nacido para destruir y para morir a temprana edad. Siempre lo he sabido y nada cambiara, es mi destino y lo acepto. Ahora con amargura, ahora que he conocido el amor. A mis dieciocho años, algunos dirán demasiado temprano para hablar de amor verdadero, yo en cambio digo demasiado tarde para poder tan siquiera especular de su dulzura.
Como estaba sumergida en mis pensamientos no repare que Souma me miraba desde una esquina casi escondido en la penumbra que se lograba obtener en un viejo palacio a pleno día. Me di una fuerte pero intima orden de recobrar el corazón de piedra o hierro y enfrié mis sentimientos.
¿Disfrutas contemplarme o solo intentas grabar mis gestos para luego repetirlos? – mis palabras brotaron como cuchillos afilados. Sin mover ni un musculo de mi cuerpo permanecí erguida, aún mirando el pasillo vació, más vació desde que Himeko se marchó.
Sabes que es un imposible. Ni siquiera lo intentes.
Las palabras de él no se referían para nada a la irónica pregunta que momentos antes le había formulado. Comprendí de inmediato donde estaba situando su conversación. Al parecer cada vez que pienso en Himeko, dejo mi guardia más abajo de lo que quisiera cualquier hombre que se enfrenta a unos leones hambrientos.
Ella sólo tiene ojos para mi – acentuó angustiado, como si no creyera del todo sus propias palabras – No sueñes con quimeras, Himemiya.
Volteé mi cara hasta chocar con su sombra, pues aún se mantenía en la penumbra. Le miré enfurecida, muy enfurecida. Sus palabras supieron herir mi maltratada esperanza y tuve que contener el aliento unos segundos para calmar la necesidad de asesinarlo.
No olvides que soy tu reina, no al menos si quieres seguir manteniendo tu cabeza pegada al cuello – chillé con voz gruesa y fría.
Esa chica es mía – insistió, descubriendo despacio su cuerpo de la oscuridad para dejar ver como sus mirada brillaban con fervor.
Entrecerré mis ojos y pensé como se oirían esas palabras en mis labios. Como se sentirá decirle a alguien que Himeko es mía y hablar con fundamentos. Seguramente debe ser algo parecido a aquel tibio sentimiento semejante a noches de verano que ya he sentido.
Pensé por unos segundos qué haría yo en el lugar de Souma, creo que me comportaría de la misma manera. Amenazante ante todo lo que pudiese resultar un peligro.
Esa chica que dices, es tuya, es mi esposa – le recordé intentando sonar casual y arrugando un penique la comisura de mi labio.
Sólo por papel – refutó.
Pero ese papel vale más frente al mundo de lo que tu pobre amor puede ofrecer – envenene mis palabras como serpiente de cascabel.
No para ella y eso es lo que realmente importa …
Vi como adopto una postura más desafiante y me rodeó media luna hasta quedar parado frente a mí. Lo seguí detenidamente y tuve que levantar mi mirada para encontrar la suya. En el fondo, mi instinto asesino se estaba divirtiendo. Sabía que ese chico no tenía oportunidad frente a mí. Yo era un lobo disfrazado de oveja y él el torpe pastor.
… Vi como la mirabas y reconozco la lujuria en tus ojos – terminó por decir sin apartar el enojo en su voz.
Tengo que admitir que eres valiente, chico – mencioné mientras tocaba mi mentón en forma de meditación – ¿No temes a las consecuencias de tus actos? - consulté fingiendo curiosidad.
¿Qué puedes hacerme? - escupió simulando relajo - ¿Matarme? - ridiculizó con los hombros – No le temo a la muerte, ni aún siendo tortuosa.
Lo miré detenidamente, tanto que hasta pude contar los pequeños lunares negros que manchaban uno de sus ojos color miel. Luego de analizarlo solté una elegante sonrisa más fría que el mismo hielo.
¿Sabes tú acaso qué es una tortura? - arrugué mis cejas.
No pretendas saber todo de mí, te sorprendería la verdad – quiso sonar estúpidamente interesante.
Un par de costillas rotas en un entrenamiento militar sería el paraíso ante lo que puedo enseñarte en menos del tiempo que ocupas en parpadear – mi voz sonó tan amenazadora que un silenció inundo el lugar. Sólo le quedó soltar una estúpida risa llena de nerviosismo.
Demasiado ruda para ser una mujer – bufó con displicencia.
Me acerqué a él hasta que mi nariz casi rozaba sus labios. Una clara amenaza de muerte se reflejaba en mis ojos y no insistí en disimularla. Todos mis músculos se tensaron, pues ésta no era la primera vez que adoptaba esta posición. He matado personas antes de maneras tan rápidas que ni siquiera se han percatado.
Él sintió esa energía maligna que emanaba de mi interior. Intentó inútilmente moverse pero el perfecto movimiento de mi cuerpo lo sostuvo anclado donde yo me lo propuse, sin tan siquiera tocarle un pelo. Le obligue a sostenerme la mirada y disfrute al ver como su alma temblaba de terror, aunque el sudor en su frente delataba los intentos por disimularlo.
Un demonio – corregí con astucia y certeza – Un demonio que se mantendrá alejado de tu pobre alma, mientras no lo tientes.
Un quejido de horror nació de su garganta pero fue oprimido por sus dientes. Su orgullo masculino le obligaba a no mojarse en los pantalones, pero por ahora, sólo por ahora, me bastó con ver como lo derrumbe. Lo tomé como un pequeña venganza exprés por su tan irreverente personalidad.
Comprendí de inmediato que él aún no era consciente de que Himeko ya no le amaba, bueno... eso según sus propias palabras. Aunque dudo que así sea.
HIMEKO.
Iba hecha un manojo de sentimientos. De entre todos, los que más destacaban eran contradictoriamente, la irritación – que sólo Chikane sabe causar en mí – y, la alegría. Al recordar como se comportó al pensar que estaba en peligro. Poco a poco voy despejando las dudas y creo o al menos quiero creer con toda mi alma que ella sí siente algo por mi, aunque sea un quinto del nivel del amor que le tengo.
Pero como mala jugada del destino, me encontré con una impaciente Amaya esperando casi a escondidas, cerca del salón de té.
¡Pero que sorpresa verte fuera de aquella habitación! - anuncié agría mi presencia con las únicas palabras que pensé en forma de saludo.
¡Majestad! - exclamó ella con una reverencia apresurada. La vi pálida, más blanca de lo que suele ser.
¿Esperas por Chikane? - consulté sin dejar aquella acidez en mi voz.
En teoría – corrigió ella perseguida – Disculpe majestad, pero ¿sabe usted si mi padre ya se ha marchado? - consultó temerosa.
La miré con impaciencia, pues aunque intentara evitarlo, todo en ella me exacerbaba. No entendía porque temblaba como animal asustado. Para mí solo estaba actuando y exagerando paranoia, todo para llamar la atención de Chikane.
Sí, ya se ha ido. Así que puedes darle tregua a tus pobres músculos. A menos que quieras que Chikane te vea en ese estado – obviamente mis palabras no fueron del todo un consejo amigable.
Siento mucho causarle problemas, majestad – se disculpó aunque no entendí muy bien porque lo hacía.
Eres una fundamentalista que duerme con otra fundamentalista en mi propio palacio y que huye de otro fundamentalista que acaba de visitar mi "estancia" ¿Qué problema me puedes causar? Exclamé frustrada por mis propias palabras, en especial por las primeras.
Ella me miró desconcertada y algo avergonzada. Bajó su mirada dubitativa entre seguir con esta charla o pedir que le disculpara su pronta ausencia.
No es que yo duerma exactamente con ….
Ella iba a resoplar un intento de escusa que estaba logrando llamar mi atención, pero en ese preciso momento, como si la hubiese conjurado con mis deseos Chikane llegó a escena con la mirada algo pesada, como si hubiese estado a punto de matar a una persona.
Olvidé por completo a la muchacha y me concentré en aquellos ojos azules faltos de humanidad.
¿Estas bien? - mi voz sonó más preocupada de lo que me propuse.
¿Existe alguna razón para no estarlo? - consultó ligera, cambiando su semblante a uno despreocupado.
Dímelo tú – propuse con seguridad.
Por supuesto que estoy bien. Pero aprovechando que tengo tu atención, me gustaría preguntarte algo – la miré con curiosidad hasta que ella se decidió a seguir con la platica – A solas – propuso sin siquiera mirar a Amaya, quien rápidamente entendió el mensaje y se alejó del salón.
Esperamos tácitamente hasta que las dos estuviésemos seguras que nadie era capaz de escuchar nuestra conversación. Ella se acercó lentamente a las grandes puertas que dividían el salón con el resto del palacio y las cerró, para dar mayor privacidad.
¿Por qué tanta privacidad? - pregunté disimulando los nervios que me causaban estar a solas con ella.
Himeko … ¿Cómo sabes que ya no amas a Souma? – sentí su mirada sobre mi y casi no puse atención a su pregunta – Porque ya no lo amas, ¿cierto?
Creo que ya te lo he dicho – balbucee sorprendida.
No has sido lo suficientemente clara.
Apreté mis labios, quizás por el miedo que estaba surgiendo en mi pecho. Algo en mi cuerpo me gritaba que le confesara la verdad, pero la racionalidad pudo más. Y así, rápidamente del miedo pase a la rabia, desesperada al comprender que nunca estaríamos juntas.
Te lo dije, Chikane. Hay asuntos que forman parte de mi vida privada.
Pero yo necesito saberlo – alzó levemente su voz, casi suplicando.
¿Para qué? ¿Qué ganas con saber la verdad? - me desespere al sentir que jugaba con mis sentimientos.
Quizás no gane nada, pero necesito saber si yo tengo algo que ver en todo esto.
¿Tú? - sonreí nerviosa – Por supuesto que no.
Me estas mintiendo, Himeko – aseguró.
¿Qué es lo que estas pensando? - quise saber lo que mi corazón ya me decía.
Ella al escuchar mi pregunta desvió la mirada y comenzó a recorrer el salón lentamente, quizás buscando unos segundos de valentía para volver a abrir la boca.
Pienso que tu y yo no hemos sido sinceras la una con la otra.
Tu y yo no podemos ser sinceras … Ya sabrás las razones.
No soy tu enemiga, Himeko. ¿Cuándo lo vas a entender? - suspiró algo colérica.
Tampoco eres mi amiga. Y discúlpame, pero dentro del criterio común caes en el rango de enemiga. No me quieras tomar por estúpida.
Eres tú la que siempre piensas que te estoy atacando.
¡Y lo seguiré haciendo! - grité desesperada – Si en realidad no eres mi enemiga debes demostrármelo.
¿Cómo quieres que te lo demuestre? Sugiéreme ideas y las haré realidad – vi en sus ojos sinceridad y eso me alentó a seguir.
Vete de mi palacio, vete y no vuelvas más. Abdica al trono de Japón y persuade a los fundamentalistas para que no realicen un golpe – propuse con rapidez, como si esas palabras hubiesen aguardado en mi boca por mucho tiempo.
No puedo hacer eso – mencionó con frustración.
La miré con desaprobación mientras negaba con mi cabeza lo estúpida que había sido al creer que ella fuera capaz de renunciar a su ambición por mi.
Y así quieres que no piense que estas detrás de todo esto – mi voz se quebró por la tristeza y la desilusión.
No es por el trono... es por ti. - fruncí mi ceño al no comprender sus palabras.
¿Por mi? ¿por mi qué? - pregunté alterada. Ella suspiró ahogada antes de hablar.
No me creo capaz de alejarme de ti, Himeko.
El silenció llenó el salón tan rápido como los latidos de mi corazón llenaron mis oídos. Sentí mi pecho arder de emoción al ver su mirada transparente. Por primera vez rastros de humanidad se asomaban por sus ojos, y algo muy parecido a un presentimiento me impulsó a caminar junto a ella.
¿No te crees capaz? - pregunté para que siguiera hablando.
No … - noté como su respiración se aceleraba tenuemente.
¿Por qué?
Creo que eso ya lo sabes … - musitó entre dientes arqueando sus cejas casi con un toque de rabia.
No, te equivocas. Contigo no quiero especular – corregí aún a pesar de mi nerviosismo.
Me cuesta creer que no lo sospeches tan siquiera – seguía con su mirada fría pero sincera.
Puedo sospechar muchas cosas, pero si fueras mas clara …
Lo seré. Pero a su debido tiempo – sentenció cortando el extraño ambiente de sinceridad que se había formado.
¿Y hoy no es tiempo? - consulté apresurada.
No. No lo es. - mencionó firme y erguida.
¿A qué le temes, Chikane? - pregunté afinando mi mirada. Ella quedó petrificada frente a mi. Vi como sutilmente separó sus labios como si se preparara a decir algo muy importante, pero rápidamente se arrepintió.
A nada …
No suenas con mucha convicción – sonrió burlescamente ante mi apreciación.
Qué sabes tú de mi – pronunció jactanciosa.
Al parecer lo suficiente como para percatarme que algo te está carcomiendo la conciencia – la miré desafiante al saber que mi camino no estaba errado.
¿Piensas que tengo conciencia? - preguntó con ironía disfrazada de sorpresa.
Toda persona la tiene … La tuya por supuesto debe estar podrida – cruce mis brazos para demostrar la indignación.
¡Vaya! Ese es el mejor alago que me has hecho desde que nos conocemos.
No estoy bromeando, Chikane – aclaré para demostrar la seriedad del momento.
Sera mejor que conversemos en otra ocasión – propuso acercándose a la puerta.
Sólo espero que para ese entonces no sea demasiado tarde.
Cuando pronuncie esas palabras, ella se detuvo y volteó su cabeza hasta que nuestras miradas chocaran. Me analizó unos segundos con paciencia y luego arqueó sus labios con una perfecta sonrisa que dejaron al desnudo alguno de sus dientes.
Creo que siempre ha sido tarde para nosotras – fueron sus últimas palabras antes de salir.
"Para nosotras" - susurre pensante mientras me acomodaba nuevamente con la soledad – ¿qué es lo que quisiste decir con eso? - me pregunté.
Sera acaso que ella al igual que yo también esta frustrada al saber que esto no puede ser. Qué otra cosa puede significar sus palabras. El tiempo que media entre las dos es un abismo que a todas luces no hay forma de evitar. Pero si realmente me ama como quiero pensar … y si ese amor es tan fuerte como el mio, puede que exista una luz de esperanzas para el porvenir. Aunque las miradas de los parlamentarios me quemen el alma, aunque deba renunciar a ella y dársela al demonio mas cruel, yo lo haría. Todo por vivir lo que me reste de vida junto a esa mujer.
SEÑOR HIMEMIYA.
Apenas Kento volvió a mi despacho presentí que su visita al palacio de Tokio no había sido del todo satisfactoria.
¿Cómo has visto a mi hija? - consulté intrigado, mientras me acomodaba aún mas en mi asiento.
El demonio que tienes por hija, querrás decir – escupió ofendido.
¿Qué fue lo que pasó?
Esta muy cambiada, Himemiya. Algo en ella no va bien.
¿Te dijo algo? ¿Acaso está recordando? - me apresuré a preguntar.
No tengo la menor idea si está recordando algo, pero de algo estoy seguro.
¿De qué?
Esa bestia se está enamorando – crispó tanto su ceño que ocultó su oscura mirada bajo las sombras.
Sabes que eso es imposible – le recordé iluso.
Cree en mis palabras. Ella nos va a traicionar.
¡No digas estupideces! - golpeé el escritorio con el puño cerrado – Va contra su naturaleza. Toda su vida le ha sido prohibido ese sentimiento.
Entonces duda de mi, pero cuando tengamos la soga al cuello no digas que no te lo advertí – desafió iracundo.
Por favor, estas cegado. Como eres capaz, tan siquiera, de pensar que tu hija puede enamorar a la mía.
¿Mi hija? No me hagas reír – mencionó colérico - Mi hija es demasiada mujer para la tuya.
¿Entonces quien es?
La estúpida princesa. Ella la tiene de cabeza.
Tuve que tomarme unos segundos para digerir las palabras de Kento. Todo me sonaba a un imposible. Chikane nunca podría amar a nadie, ni siquiera a si misma. Fue una de mis prioridades para poder alcanzar nuestros planes, y en lo que nos esmeramos por años.
Debes estar desvariando – dije al fin.
¿Por qué no llamas al científico y le preguntamos? - desafió seguro de si mismo – Reconozco a una mujer enamorada, y tu hija, créeme que lo está.
Haré algo mucho mejor … Llamaré a mi hija y comprobare tus palabras. Si ella realmente esta enamorada, cosa que dudo, no solamente aceleraremos nuestros planes. Sino que simplemente acabaremos con ella.
¿Y cómo piensas llegar al trono con tu hija muerta?
No la mataré, no aún al menos. Pero sí se de una persona que puede acabar con ella con la misma rapidez que ella puede hacerlo con cualquier persona.
No estarás pensando en …
Sí, nuestro plan B. Su némesis. La traeremos a Tokio, solo con una tarea.
¿Cuál?
Si Chikane realmente esta enamorada de Himeko, haremos que la princesa se enamore de nuestra nueva inquilina.
¿Qué vas a ganar con todo eso?
Que mi hija se desilusione y retome el rumbo de su vida. Es muy fuerte e inteligente como para asesinarla sin probar alguna salida.
Lamento decir que tu plan no funcionara.
¿Por qué lo dices? - quise saber.
Como harás que la princesa se enamore de alguien si ella ya está enamorada … y de tu propia hija.
¡Pero que estupideces dices! - me exaspere.
Himemiya, asume que esto se nos escapó de las manos.
No, claro que no. A mi nada se me escapa de las manos. Ya lo veras.
CHIKANE.
¿Qué pasó con mi padre? - apenas llegué a mi habitación Amaya se me abalanzó para interrogarme.
No se fue muy contento...
¿Qué es lo que quería? - consultó preocupada.
Aparte de buscar pistas de tu paradero, no lo sé. Se vio sorprendido con mi presencia, lo que hizo que fuera lo que fuera que vino hacer, se arrepintió.
¿Piensas que quería hacerle daño a la reina?
Por el bien de su alma espero que no – solo el pensar aquella posibilidad me hervía la sangre.
Con que impetud hablas cuando se trata de la seguridad de su majestad – comentó algo mareada.
Creo que ya no lo puedo evitar. Y lo peor de todo es que presiento que me puse al descubierto con tu padre. Seguramente no tardará en ir donde el mio y decirle todo lo que vio.
¿Y qué es lo que vio? ¿Qué hiciste, Chikane?.
Delatar mis sentimientos frente a Kento – desvié la mirada, pues reconocer mi error me daba vergüenza …
Al cabo de unas semana todo seguía tal cual. No había tenido noticias de mi padre, lo que me hacía suponer que ellos aún se mantenían a la espera de lo que yo podía comunicarles. Pero de todos modos no iba a bajar la guardia.
Las pesadillas y los dolores de cabeza cada día son más llevaderos, casi puedo decir que me encuentro sana lo que no deja de llamar mi atención.
Por otro lado, Himeko se mete más y más dentro de mi corazón. Ya no puedo seguir guardándome todo lo que siento. Lo tengo decidido, de hoy no pasa. Iré a ver a mi padre, luego de eso volveré al palacio y le diré toda la verdad a Himeko. Toda la verdad que me permita quedarme a su lado, al menos, para así protegerla de quien quiera hacerle daño. Luego, seré yo misma quien me condenare a muerte por lo que le hice a su padre, pero sólo cuando este segura que ella no corre peligro alguno.
Estaba casi saliendo del palacio cuando vi a Himeko parada junto a los jardineros, mientras al parecer conversaban ligeramente. Tomé toda precaución y me acerqué a ella. En seguida mi presencia espantó a los trabajadores y quedamos completamente solas.
Buenos días – saludé sutilmente. Ella se volteó con elegancia para chocar nuestras miradas.
Te dignas a saludar. Pensé que otra vez te la pasarías encerrada con Amaya.
También me alegro de verte – mencioné con una sonrisa.
No puede ser que te la pases encerrada cada hora del día. Si tanto se aman porque no huyen lejos de todo esto y dejas en paz a mi reino.
Cuanto te equivocas. Si me la paso encerrada no es por amor. Hay asuntos muy delicados que estamos analizando con Amaya.
Como traicionar a su reina – murmuró
Nunca podría hacer nada que te pusiera en peligro, Himeko – el corazón me ardió al pronunciar esas palabras.
Ya deja la farsa, Chikane. Por favor.
No es una farsa. Himeko, mi vida es un completo infierno … pero si tienes tiempo, cuando vuelva quisiera hablarte de eso – ella me miró con bondad y una paciencia infinita.
¿Volver? ¿A dónde vas? - consultó preocupada.
Debo salir a arreglar algunos asuntos, pero eso no es importante. Lo que realmente importa es lo que debo decirte.
Por qué no me lo dices de una vez. No ves que me estoy muriendo por escucharte – cuando Himeko pronunció aquellas palabras sentí como cada parte de mi cuero clamaba por abrazarla y decirle todo lo que la amaba.
Yo también estoy muriendo por decirte algunas cosas. Sobre todo por decirte lo que siento.
¿Qué es lo que sientes? - su voz parecía estar en algún transe extraño
Tomé sus manos sin permiso y las acaricie con las mías. Como si en ellas se albergara el tesoro mas grande de la humanidad. Vi como sus mejillas enrojecían y su cuerpo comenzó a temblar tanto como el mio. Delicadamente posé una de sus manos en mi corazón y cerré los ojos.
¿Sientes como late? - pregunté sumergida por este amor – Antes de conocerte él nunca había latido, pero desde la primera vez que ti vi no ha dejado de hacerlo. Y solo lo hace cuando estoy a tu lado.
Chikane … - al sentir como pronunció mi nombre, volví a abrir los ojos y la contemplé. La vi emocionada, casi al borde de las lágrimas – No juegues conmigo – suplicó aún con su mano en mi corazón.
No estoy jugando, Himeko … Tu me has hecho sentir cosas que nunca pensé que sería capaz de experimentar. Me has hecho odiarme a mi misma por todo lo que he hecho y, al mismo tiempo, me has dado una razón para cambiar.
Chikane, yo … - no dejé que terminara. Posé uno de mis dedos en sus delicados labios y la hice callar.
Solo te pido que esperes a mi regreso, por favor. Te diré todo lo que puedo decirte de mi, pero sobre todo te abriré mi corazón. Ya juzgaras tú si quieres vivir en él o no – Himeko no disimuló su sorpresa, su boca media abriera y sus ojos humedecidos me indicaban que mis palabras la hacían de cierta manera feliz. Un impulso que no pude reprimir surgió en mi. Me acerqué lentamente a sus labios y la besé. No importando si había gente al rededor. Ella tomó mi cara entre sus manos y me besó con la misma delicadeza que yo lo estaba haciendo. Sus labios tibios me pedían quedarme ahí y mi alma también lo añoraba.
Me alejé lentamente de ella, un silencio nos envolvió con el calor del sol. Le sonreí con sinceridad y besé una de sus manos para despedirme. Con ello encontré la fuerza que necesitaba para comenzar a remediar todo el dolor que alguna vez había causado. Sólo con una idea fija entré a mi automóvil. Ir a destruir todo mi pasado.
HIMEKO.
Como describir todo lo que Chikane me hizo sentir con sus palabras … y con su beso. Un beso que terminó por robarme el corazón. Nunca pensé que ella fuera capaz de besar de esa manera. Tan delicada y apasionada al mismo tiempo. Me transmitió con él que ella sería capaz de dar su vida por mi. Estoy absolutamente desencajada, pero feliz.
No se muy bien a que se refiere con eso de que me abrirá su corazón, pero por ella estoy preparada a oír las más horribles historias. Me enamoré de Chikane aún sabiendo que ella puede ocultar un pasado muy oscuro, y ahora que he visto arrepentimiento sincero en sus ojos me siento capaz de hacer todo por ella, aún escapar si me lo pidiera.
Pero bajo toda esa algarabía de sentimientos hermosos que me dejó, hay uno que me esta oprimiendo el corazón. Un mal presentimiento me invadió cuando la vi alejarse en su automóvil, sólo espero que aquel camino que la lleva lejos de mi, la regrese sana y salva lo más pronto posible.
Alteza – la voz de Souma solicitó mi atención. Fue sólo ahí que me percate de su parecencia. Me volteé nerviosa, pues sabía que las probabilidades de que él hubiese presenciado todo eran muy grandes.
Souma … - mencioné en un susurro al ver su mirada. Definitivamente él había visto todo – Yo, yo no se que decir.
No creo que sean necesarias palabras... - Dejó caer unas maletas y recordé que días antes yo misma le había pedido que se marchara a Fukuoka para que liderara el ejercito que aguardaría las costas del país en ese extremo de nuestro mapa.
No debiste enterarte así … - dije complicada.
¿Desde cuándo me engañas con ella? - preguntó con los ojos inyectados de pena.
No Souma, yo nunca te engañé con ella – intenté explicar.
Las acabo de ver … Claro, ya entiendo todo. Por eso tu frialdad conmigo. También entiendo porque me estas enviando lejos de Tokio.
No pienses esas cosas, Souma. Sabes perfectamente que eres el hombre indicado para cumplir esa función.
¡No me mientas más, Himeko!. ¿Donde quedaron todos tus juramentos de amor eterno?
Baja la voz, por favor – pedí complicada. No era el momento como para que los empleados se enteraran de mi vida privada.
Me has decepcionado, Himeko. ¿Cómo pudiste engañarme con esa mujer? Ella que sólo quiere destruirte.
No sabes de lo que hablas. Ella no quiere hacerme daño – impulsivamente defendí mi amor por Chikane.
Estas ciega, y no quiero pensar como terminara todo esto.
Souma, lo nuestro se acabo. No tienes razones para criticarme de esa manera – yo intentaba desacelerar su furia – Te pido perdón, pues se muy bien que te fallé. No fui capaz de cumplir mi promesa – agaché levente la mirada.
Lo que tu has hecho conmigo no tiene nombre – insistió con rencor en su voz.
¿Y qué esperabas? - solté con algo de desesperación – Que siguiera fingiendo que aún te amo y seguir engañando no solamente a mi corazón, sino que también el tuyo – él me miró con desaprobación unos momentos.
Cuanto me alegro que el rey este muerto. Al menos así le ahorras la vergüenza de ser tu padre – escupió rompiendo mi corazón en mil pedazos. Fue tanto el daño que me hizo sus palabras que no encontré otra manera de descargarlo que dándole una bofetada, una que quemó la palma de mi mano por la violencia. El rostro de Souma se giró por la inercia, haciendo que los dos quedáramos en completo silencio, al menos por unos segundos.
No te permito que digas esas cosas … No te excedas, Souma. Sabes que te quiero y lo importante que eres para mi. Pero no permitiré que me ofendas de esa manera.
¿Me quieres? No me hagas reír. Solo te quieres a ti misma. Al fin resultaste ser una princesa mal criada y caprichosa. Claro, seguramente mi amor no alcanzó para abastecer todas tus exigencias.
Basta, Souma. Deja de decir esas cosas … - pedí con los ojos humedecidos.
Estas cometiendo el error mas grande de tu vida al entregarle tu corazón a esa mujer...
Deja de mirarme con ese odio – supliqué con pesar.
Adiós alteza. Espero no volver a verla nunca más – dijo tomando nuevamente sus maletas.
Souma, espera – pedí con apuro – No me odies por favor – pedí nuevamente.
Déjame en paz – dijo marchándose sin siquiera basilar.
CHIKANE.
Aún con el corazón latiendo a mil llegué a la casa de mi padre. Dispuesta a llevarme el mundo si era necesario. Acabo de tomar un camino sin retorno, uno que para bien o para mal me acerca a Himeko y me aleja de los fundamentalistas.
Cada paso que daba me hacía sentir mas extraña. Crecí en esta casa, pero nada de ella me es familiar. No hay cosa alguna aquí que me haga sentir cómoda. Es simplemente como si viniese de visita a un lugar extraño.
O sera, que en realidad encontré un hogar. Uno que no está compuesto de concreto, sino más bien de carne y hueso. Creo que mi hogar desde un tiempo hasta ahora es Himeko, sea donde sea que ella este, ese será mi lugar en este mundo.
Pensé que no volvería a verte – la gruesa voz de mi padre me atrapó antes de que yo pudiese terminar de entrar a la casa.
No te vi llegar – mencioné mirándole a los ojos. De inmediato un desafío surgió entre los dos.
Es que no llegué, siempre estuve aquí. Pero al parecer fui invisible para ti. Es primera vez que no te percatas de lo que sucede a tu alrededor – comentó en forma de regaño.
Estaba pensando cosas más importantes – intente defenderme.
¿Qué puede ser más importante que tu guardia? No debo recordarte cuanta gente te odia – dijo abriendo la puerta de la casona para que ingresáramos en ella.
Gracias por tu preocupación – mis palabras tenían un claro toque de cinismo.
Mi padre no tomó en cuenta mi declaración y siguió con pasos firmes hasta su despacho, lugar donde no dude seguirle. Una vez ahí tomó asiento en su escritorio y me examino por unos largos minutos. La atmósfera estaba demasiado tensa como para comenzar una platica, así que espere pacientemente hasta que él tomara la iniciativa.
¿Cómo vamos con nuestros planes? - disparó al fin.
Avanzando cada día – mentí con la sangre completamente fría.
Supongo que el matrimonio está llano a cumplirse …
Estamos más cerca que nunca – aseguré.
Quiero detalles – exigió. Con tranquilidad asentí y tomé asiento frente a él.
La princesa ha accedido a celebrar la ceremonia la semana próxima, sólo con una condición.
¿Cuál? - preguntó mi padre, no muy convencido de mis palabras. Lo deduje por la postura de sus manos.
Que sea una ceremonia privada … - acudí en algo a la verdad para narrar una historia que sólo sucedía en mi cabeza.
Sabes que ya se me agotó la paciencia – concluyó poniéndose de pie con sutileza.
Ya te he dicho que todo esta dispuesto. Son sólo unos días – insistí.
Me alegra mucho que hayas venido, hija mía. Así puedo contarte personalmente de nuestros cambios de planes – disimulé la preocupación que me produjo sus palabras y me comporté con naturalidad.
¿Qué cambio de planes?
Tenemos a Japón completamente rodeado. El reino de China nos ha proveído con sus mejores hombres. Nos tomará al rededor de cuatro horas poder aislar a los japoneses del resto del mundo … sabes lo que significa eso … - apreté mis dientes pues ya sabia la respuesta.
Un golpe de Estado … ¿ese es tu cambio de plan? - quise asegurarme.
¡Exacto!. Está decidido, mañana mismo se harán realidad nuestros sueños.
¡Estas demente! - impulsivamente me paré de cara frente a él – ¿Y todo mi trabajo? Tengo a Himeko en mis manos, no es necesario que arruines todo por tu ambición.
¿Tienes a Himeko en tus manos? - arqueo sus cejas con ironía.
Claro que sí.
Bueno, en ese caso asesínala. Ahora mismo no tenemos razones para mantenerla con vida. Sin la princesa será más fácil adueñarnos del reino.
Creo que si no hubiese estado entrenada para mantener la cólera en momentos de máxima tensión no hubiese sido capaz de contener las ganas de cerrarle la boca a mi padre.
Pues no lo haré. Ni sueñes con eso – concluí con fervor electrizante, pero manteniendo la calma.
Es una orden, Chikane – insistió él.
No soy tu empleada, así que te sugiero que elijas mejor tus palabras – sin miedo a nada le sostuve la mirada.
Eres mi hija, eso ya lo sé … Y sabes, no hay persona en el mundo que te conozca tanto como yo.
Dame la oportunidad de dudarlo – aclaré con media sonrisa hipócrita.
Dime una cosa, Chikane. ¿Te llevas bien con la princesa?
¿Cuál es el sentido de tu pregunta? - dije desentendida.
Dímelo tú.
Se claro.
Supongo que algo de aprecio debes tenerle, lo suficiente al menos como para esconderme que ya te has casado con ella – un peso gigante se apoderó de mis pulmones apenas oí esas palabras. Tanto me oprimía que casi no podía respirar – ¿No dices nada? ¿Qué esperabas Chikane, ocultármelo toda una vida?
No se quien te ha informado eso, pero sea quien sea te está mintiendo – relajé mi mandíbula y la postura de mi cuerpo.
¡YA NO ME MIENTAS! - gritó casi rozando mi rostro con el suyo. Tomó mi brazo y me puso de pie junto a él. Casi podía oler su cólera.
No debes desesperarte. Hablo con toda sinceridad – insistí en mi postura. De inmediato mi padre me abofeteo con todas sus fuerzas y aunque pude haber esquivado aquel movimiento con facilidad decidí no hacerlo.
Nos has traicionado … Tú, tú que eres mi orgullo. ¿Cómo has sido capaz? - dijo entre dientes.
¿Tu orgullo? No hables estupideces. Y te aconsejo que midas tus actos. La próxima vez que me toques no dudare en reaccionar.
¿Me vas a matar a mi también? Igual como lo hiciste con el padre de tu amada amante …
¡Deja de crear historias en tu cabeza! – ordené impetuosa.
Mírate … de verdad piensas que ella puede amarte. Por favor Chikane, eres despreciable – él continuó soltando toda su cólera sin tomar en cuenta mis palabras. Si bien se alejó corporalmente de mí eso no me impedía sentir la tensión de su cuerpo.
Qué te hace pensar que me interesa su amor, no digas inconsecuencias.
Tú mataste a su padre y nunca podrás huir de eso. Has cavado tu propia tumba con tus caprichos … y no sólo la tuya, la de ella también.
¡No te atrevas a tocar a Himeko! - amenacé casi como un susurró. Pero mi voz sonó más potente que nunca.
Aceptas entonces que te enamoraste.
Sólo te advierto que si le haces daño, te haré sufrir por lo poco que te quede de tu desgraciada vida – Le amenacé como quien amenaza a un enemigo. Ese hombre a quien miraba con tanto odio era mi padre, pero nada en el mundo me haría sentir compasión.
¿Sabes lo mejor que tienen las maquinas, querida? - fruncí mi ceño al no comprender sus palabras. Un suave cosquilleo en mi espalda que rápidamente se transformo en algo cálido me hizo parpadear de una manera pesada – Lo mejor de las maquinas es que puedes reiniciarlas cuando quieras … - le vi sonreír como si acábese de atrapar a una exótica presa en sus redes.
Todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas. No podía mantener mis ideas claras, pero estaba segura de dos cosas. Una, alguien me había disparado un sedante poderoso y dos, debía despertar lo antes posible para proteger a Himeko.
HIMEKO.
Pasaron cerca de ocho horas antes de ver regresar a Chikane. Sólo cuando la vi con mis propios ojos pude liberar el peso de mi pecho. Desde que se marchó ésta tarde un mal presentimiento se apoderó de mi. Pero ese alivió no duró mucho tiempo. Fueron cosas de segundos comprobar que algo no andaba bien.
Esta vez contuve la alegría de verla no por orgullo, sino por intimidación. Ella me miró de una forma permanente y cruda, como si nunca hubiésemos cruzado una palabra o como si estuviera arrepentida de haberla cruzado.
Aún a pesar de la confusión me acerqué a ella, con cautela pero totalmente decidida. Con la mirada le pedí al guardia que se encargó de escoltar a Chikane hasta el salón que nos dejara a solas. La repasé nuevamente de pies a cabeza y me alegré al comprobar que su mirada volvía a ser la misma mirada falta de humanidad que siempre demostraba.
¿Cómo estás? - me preguntó con sus brazos cruzados cubriendo su pecho.
Bien – le contesté intentando controlar una sonrisa.
Apuesto nuestro matrimonio a que me estabas esperando completamente desesperada – su comentario fue tan narcisista como siempre.
No querrás separarte tan rápido – contesté inmersa en su juego. Y tan sólo el hecho de nombrar nuestro matrimonio ponía a mi corazón a latir furiosamente. Para hacer aquel momento más intenso ella me sonrió limpiamente
Tu y yo tenemos una conversación pendiente – me recordó casi en un susurró.
Disculpa, pero creo que que yo contigo no tengo nada pendiente – contesté siguiendo la linea de tregua. Sin sonar descortés, pues sinceramente por nada del mundo quería terminar con el grato ambiente.
Bueno, entonces sólo escúchame … ¿Podrías regalarme eso al menos?
Debo confesar que tu amabilidad me asusta.
Vamos Himeko, te recuerdo nuevamente que no soy tu enemiga. Si tan sólo supieras todo lo que tuve que pasar esta tarde para volver junto a ti – algo en su voz me demostró cierto grado de desesperación lo que no tardó en preocuparme.
¿Todo está bien? - consulté reprimiendo las ganas de abrazarla.
Sí, todo esta bien. Pero comprendí que no debo esperar. Quiero y necesito confesar lo que siento por ti.
¿Lo que sientes por mi? - repetí mientras se me secaba la boca al recordar el beso que me dio esta mañana.
Himeko, yo nunca pensé que esto me ocurriría. Pero tú has logrado causar en mi muchas sensaciones que en un principio no supe asimilar, y aún me cuesta.
Aún sabiendo que probablemente Chikane estaba a punto de decirme las palabras más importantes que iba a escuchar en toda mi vida, éstas pasaron a segundo plano. Todos mis sentidos se tornaron en su mirada y al contemplarla cada molécula de mi cuerpo reaccionó y supe que hiciese lo que hiciese o viviese lo que viviese jamás volvería a experimentar esa sensación.
Cómo ella pudo haber transparentado su mirada al punto de poder convencerme de todo sin una palabra. Y ahí lo comprendí. Ella es tan humana como yo, pero su humanidad esta encerrada en alguna parte de su alma y hoy creo ser la única y primera persona en admirarla.
Nunca antes alguien me hizo sentir tan humana como tú … - casi adivinando mis pensamientos pronunció esas palabras, pero nuevamente su mirada era gélida. ¿Cuán reprimida podría estar su verdadera personalidad?
¿Qué quieres decir con todo aquello? - supliqué que fuese más clara, pues aún tenía miedo de que todo fuese una ilusión.
Ella me regaló una simple sonrisa y luego suspiró. Pude notar que estaba extrañamente inquieta, quizás contar lo que realmente sentía le era en extremo complicado. Echó las manos a sus bolsillos del pantalón y apoyó su espalda en la pared más cercana. Quedamos de frente, pero ella miraba sus zapatos , quizás buscando valor en ellos.
Aquella noche en que el reino celebraba tu cumpleaños, cuando te vi bajar esas escaleras supe que eras una persona diferente a todas las demás.
Tuve que esquivar su mirada unos segundos, pues sus recuerdos me llevaron irremediablemente a recordar que aquella noche mi padre dejó este mundo. Luego de unos segundos volví a mirarla.
Supe que esa diferencia con los demás no lo daba tu estatus … sino tu esencia.
¿Mi esencia? - consulté algo sorprendida, pero manteniendo la voz casi en un susurro.
Sí, tu esencia. Himeko, tú irradias una energía fuera de este mundo.
De seguro cada palabra que Chikane pronunciaba para halagarme hacía que me sonrojara más de lo que mi propio cuerpo permitía.
Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida y estoy segura que eres la más hermosa que pisa tierra y exhala aire.
Chikane … - susurré absorta en su boca.
Y esa noche me encontré a mi misma mirando a la que debía ser mi peor enemiga, a la cual debía contradecir, a la cual debía darle exactamente nada, a la que nunca debía mirar como lo estaba haciendo, a la que precisamente debía odiar …
Sentí estremecer todo mi cuerpo cuando escuché sus ultimas palabras.
Entonces nunca me has odiado – dije con un sutil movimiento de ilusión en mi rostro.
No, nunca te he odiado – reafirmó con una lenta y pausada sonrisa – Y sinceramente, no sé que estúpido podría tan siquiera sentir rechazo por ti.
Chikane, creo que estas exagerando – aprecié mientras controlaba mis rebeldes sonrisas envueltas de nervios. Sabía que ella me estaba cortejando y mi pecho no dejaba de vibrar con cada sonido que emitía su boca.
Es que contigo todo son exageraciones – aclaró con impaciencia. Cruzó sus brazos para cambiar en algo su posición – Eres exageradamente bondadosa, exageradamente ordenada y pulcra, exageradamente elegante, exageradamente femenina y exageradamente hermosa …
Tu eres exageradamente hermosa – refuté sin siquiera pensar y, al decirlo mis piernas temblaron. Ella me miró directamente a los ojos y nos mantuvimos en silencio. Pude palpar con el corazón lo que mis manos no conseguían.
También esa noche descubrí otra cosa de ti – vi algo de debilidad en sus ojos así que fui yo quien la animó a seguir hablando.
¿Qué más descubriste? - consulté con ilusión.
Para ser sincera, no sólo fue di ti, sino que también de Souma.
Un frió recorrió todo mi pecho y comencé a sentir temor. Temor de que ella lapidará cualquier futuro por culpa de mi pasado.
Vi entre ustedes una conexión muy especial. Se buscaban con la mirada y parecía que nadie más existía en esos momentos. Supe que se amaban, por encima de todo y de todos. Supe que hubieses dado cualquier cosa por tomar su mano y escapar de toda esa farsa.
Chikane, yo no quiero que pienses que aún siento eso – no fui capaz de contradecir sus palabras, pero si estaba dispuesta a decirle en ese momento que todo de mi ahora le pertenecía a ella.
Por favor Himeko, no te adelantes – pidió de manera oportuna – Eso es precisamente lo que necesito hablar, para lograr convencerte de cuanto se puede amar. Sí, acepto que esa noche pensé que no existía en el mundo dos personas que se amaran tanto, pero ahora eso me parece una pincelada – ella tomó aire y suspiró profundamente – Himeko, no te imaginas cuanto yo te amo al punto de estar incompleta cada vez que me alejo de ti. Las noches se hacen eternas y sólo el pensar en tu rostro hacen que esa eternidad tenga sentido. No puedo más con esto, nunca he perdido una batalla en mi vida y juro que intenté reprimir esto que llevo dentro pero es más fuerte que yo.
Apenas escuché que me amaba cerré mis ojos. El corazón me estaba quemando el pecho y mi sangre estaba envenenada de alegría y esperanza. Mi alma comenzó a gritar y su eco se plasmo en el temblor de mi cuerpo. Quería mirarla pero no lograba moverme. Era tan increíble lo que estaba escuchando que temía despertar de un sueño.
Se perfectamente que mis palabras son incorrectas. Entiendo que entre tu y yo hay un mundo que nos separa. Pero no quiero que te sientas culpable y mucho menos responsable por todo lo que te he confesado. Eso solamente me haría sentir más estúpida.
No Chikane … - la detuve antes de que siguiese pensando de manera errada – No tienes idea de lo que me estas haciendo sentir. Y te aseguro que no es nada de lo que piensas.
¿Entonces por qué no me miras? - preguntó con cautela.
Porque tengo miedo …
¿Miedo? …
Miedo de perder el poco control que me queda – lentamente abrí mis ojos y alcé mi cabeza hasta chocar con su mirada – Chikane, yo también te amo. Te amo como nunca he amado a nadie, no puedo ni quiero pensar en tenerte a más de un metro de mí. Y aunque hay algo en ti que me atemoriza es más fuerte el amor que me atrae.
¿Y Souma? - Supe que esa pregunta rondaba hace mucho en su garganta.
Tu me has hecho olvidar al que pensé era el amor de mi vida. Me enamoré de ti y no hay en el mundo una persona que quiera más.
Ella se acercó hasta tomar mis manos entre las suyas y nos quedamos viendo hasta que mi corazón se volcó en una marea agitada.
¿Qué me hiciste Himeko? ¿Cómo pude haberme enamorado de ti? - consultó como si quisiera encontrar una respuesta existencial.
Solté sus manos y la besé. Me enredé en su cuello y sentí sus labios besándome con sinceridad. Sin mascaras, sin necesidad de esconderse bajo alguna apariencia. Contuve mis fuerzas, pues las ansias de tenerla así casi me hacen estrangularla. Así que me dejé llevar por ella y por la suavidad del momento, atesorándolo como lo más preciado de mis recuerdos. Cuando nos dimos un espacio para tomar aire una pregunta resbalo por mis labios.
¿Y Amaya? - necesitaba escuchar que ella no era nada.
Chikane sonrió y apegó nuestras frentes de manera delicada.
Es una persona que me ha ayudado, pero no es nada para mi. Puede morir ahora mismo y no me importaría.
¡Chikane! - le recriminé con ambigüedad. Por un lado estaba sorprendida de que hablara así de una persona y por el otro estaba feliz de saber que mi imaginación me jugó una mala pasada todo este tiempo.
Nunca más vuelvas a pensar que yo puedo sentir algo por alguien que no seas tú – Apegó mi cuerpo al suyo de una manera tan potente que supe en ese momento que cada palabra era verdad.
Ahora sí … Ahora quiero que todo el mundo sepa que eres mi esposa, que nunca antes había sentido tanto amor y que nada me separara de ti.
No se si eso sea una buena idea …
No le temo a nada, no si tu caminas tomando mi mano – insistí.
Alteza, me hace un gran honor. Pero prefiero que el mundo nunca sepa de cuanto te amo si eso me hace mantenerte a salvo – noté como su voz se oscurecía.
¿A salvo de quien? - ella cortó el contacto con mi cuerpo y miró por una ventana a un punto muerto.
De los fundamentalistas …
Chikane, no crees que es hora de que me digas toda la verdad – toqué su hombro con paciencia y lo acaricie con ternura. Ella nuevamente me miró y me tomó entre sus brazos.
Te juro que nadie más te amara como yo. Siempre haré todo para cuidar te di, no permitiré que nadie te haga daño. He cometido muchos errores y los seguiré cometiendo, pero nunca olvides este momento.
Chikane, no hables así – suplique al ver su pesar.
Tomó mi rostro entre sus manos y me besó frenéticamente. Una y otra vez como si tuviese miedo de que alguien nos separara. En algún momento dejé de disfrutar para darle paso al miedo. Si alguien quería separarme de ella no iba a permitirlo.
Estoy aquí, Chikane – mencioné para tranquilizarla.
Tu no tienes la culpa ¿Me entiendes? - consultó desesperada.
¿Qué sucede? - me proponía mirar a mi alrededor pues su paranoia era contagiosa pero ella nuevamente me besó.
Perdón … Perdóname amor mio.
Sentí un suave quiebre en su voz como si quisiese llorar. Una fuerte punzada en mi abdomen me avisaba que algo no andaba bien. Aún su aliento chocaba con mi boca pero comencé a dejar de sentir calidez y el frío se apoderó de mis piernas. No quería dejar de mirar sus ojos, en ellos había remordimiento y parecía que estaba perdiendo una batalla, pero mi instinto me obligó a bajar la mirada … Una de sus manos tocaba mi rostro, mientras la otra apuñalaba mi abdomen con una fina daga de mango dorado. Y lo supe en ese instante... Ella sólo se aprovechó de mis sentimientos y esperó a que bajará la guardia. Fuimos cayendo lentamente hasta que mis manos tocaron el charco de sangre en el suelo. Pensé en mi reino y en todo lo que podrían sufrir, pensé en mi padre y en lo cerca que estaba de volver a verle, pensé en Souma y en lo mucho que añoraba que dejara de odiarme. Me sentí traicionada pero comprendí que ya no me quedaba tiempo. Mientras iba muriendo vi los ojos de mi asesina, tan faltos de humanidad como siempre pero los ojos más hermosos que alguien puede apreciar y, sonreí, sonreí feliz por saber que aquellos ojos serían lo ultimo que vería en mi vida ...
Disculpas! sólo eso puedo pedirles. Siento mucho haber dejado de lado tanto tiempo el fic, pero es que la inspiración viene y se va... hoy vino por unos momentos y espero poder cumplir con sus expectativas. Desde ya quiero que sepan que no se cuando volveré a publicar otro cap, pero decidí que si ya tenía éste listo debían leerlo y les juró que bague por muchos capitulos 10.
En fin, disculpen lo poco y un saludos inmenso a todas las personas que me han esperado.
