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De vampiros y elegidos patéticamente enamorados (y más)
2. Novio
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—Tu novio ha llegado —me dice Penny.
Yo no escucho más que la palabra "novio".
Igual es que no tengo mucha experiencia en estas cosas. Es decir, solo salí con Agatha como una especie de acto reflejo (el Elegido y la chica guapa, cliché). Es diferente con Baz. Empezando porque él es un chico y resulta que yo también. Y no sé si los gais hacen las cosas diferentes.
Quizá solo pensarlo es un poco homófobo, o algo así, y me siento un muy mal gay.
El caso es que no sé si "novio" es una palabra adecuada. Porque ni él me lo ha pedido ni yo a él. Y no estoy anclado en otro siglo, sé que las parejas de hoy día no se cortejan como las de antes, pero empezar en medio del casi fin del mundo (al menos del de la magia) no hace que parezca normal.
—¿Quién? —pregunto, porque aparentemente soy imbécil.
Baz elige ese momento para entrar en mi habitación. Que, técnicamente, es uno de los despachos de los Bunce y que, en realidad, no han vaciado, solo han apretado una cama contra una pared, en medio de libros y papeles que no paro de tirar con la cola y las alas. No me quejo, o sea, me han acogido y me alimentan, más no podría pedir.
Mi no-novio me mira con las cejas arqueadas y se deja caer a los pies de mi cama. Penelope rueda los ojos (creo que lo hace porque echa de menos a Agatha y le recuerda a ella ese gesto).
—Vais a tener que hablar de eso —nos dice.
—Gracias, no me había dado cuenta —responde Baz.
—No quería… —empiezo.
—Cállate, Simon —sorprendentemente es Penny quien suelta esas palabras—. Piensa bien lo que vas a decir, por una vez. Os dejo solos, cuando queráis té me llamáis.
Cierra al salir y el movimiento tira algunos papeles de un rincón. Los hojeé hace un par de días, pero no entendí nada porque deben estar en otro idioma. Quizá ruso, o pársel, o algo. Aunque el pársel solo sea un idioma en Harry Potter, pero nada me sorprendería ya de los Bunce.
Baz me mira en silencio y yo me distraigo. Porque sigue siendo el mismo de siempre, con su porte elegante, su ropa impecable y esa nariz tan larga que dan ganas de estirar. No encaja en esta habitación revuelta. Ni encaja conmigo tampoco. Tal vez.
—¿Vas a decirme a qué venía eso o no? —me pregunta, un minuto después.
—Nada, yo…
—¿Qué soy para ti, Snow? —Me muerdo la lengua y, como Penelope me ha dicho, pienso antes de hablar.
—Todo —suelto, en realidad sin pensar, porque mis pensamientos eran más de "vampiro", "precioso" y "viejo enemigo"—. Bueno, casi. También está Penny.
Se aguanta una sonrisa. Sé que lo hace, le conozco. Durante años pensaba que ese gesto era solo contener las ganas de matarme. Ahora creo que es un poco ambas cosas. Es difícil quitarse viejos hábitos, supongo.
—Habla de una vez —dice, sin hacer caso a lo que ya he dicho.
—Mira, no es que no quiera ser tu novio. O sea, creo que lo soy ya. Pero nunca nos hemos llamado así.
—¿Quieres que te llame novio? —Enarca una ceja, burlón, y a mí se me escapa darle un golpe en el hombro.
—Estoy hablando en serio, por una vez, Pitch.
—Vaya, ya veo que sí. —Se frota distraídamente el sitio donde le he golpeado, aunque está claro que daño no he podido hacerle—. ¿Estás montándome una escenita porque quieres que te lo pida?
—No estoy montando nada, no tendrías que haberme escuchado, para empezar. Y es culpa de Penny.
Juraría que la oigo indignarse, aunque en teoría no debería estar escuchándonos. De todas formas, no presto atención a eso, porque Baz se inclina para pegar nuestras frentes.
—Sé mi novio, Simon.
Solo me sonrojo porque me ha llamado por mi nombre. Nada más.
—Eso suena a una orden —me quejo. Él resopla, fastidiado, pero no se aparta.
—¿Quieres ser mi novio?
—Vale —respondo, sonriendo.
Le beso y saboreo toda su boca. Supongo que la ocasión lo requiere. Pero es un problema cuando uno de los hermanos de Penny entra en la habitación y me ve de forma no muy decente con todo el cuerpo encima del de Baz. Sale corriendo antes de que me dé tiempo a separarme.
—Creo que van a echarme de esta casa al final —digo, suspirando.
—Es la tercera vez esta semana, pero la de la cocina sí fue tu culpa, esta no. Que aprenda a llamar a la puerta.
Oímos una discusión en la planta baja, probablemente de Penny intentando que su hermano no se chive, mientras Baz me aprisiona bajo su cuerpo esta vez.
Y le dejo porque es mi novio.
Me gusta la palabra, creo que la usaré bastante a partir de ahora.
