Muchas gracias a todos los que me han seguido y comentado en la primera parte de la historia, seré breve y conciso: Al estar leyendo ustedes la primera parte ya estaba todo el desarrollo, sin embargo no quería saturar sus pensamientos y ojos con todo un delirio. He pensado en sus comentarios, en como ven o imaginan la historia y aunque crudo, este relato no planeé extenderlo en demasía, me percaté que soy breve y centrado, fugaz pero impetuoso a la hora de escribir el core de esta historia que es, el ultimo capítulo, de ahí fue que decidí partir para crear todo un imaginario entorno el cual, por mas que rebusqué en estos días, no pude modificar en los capítulos siguientes y dado el ojo avisor que ustedes poseen, estoy seguro, será una montaña rusa en el que habrá un lapso de reposo, para culminar con tan fuerte momento que como dije, es el corazón que originó todo este relato, sin mas, los iré dejando con el resto de la historia. En futuros capítulos me ire tomando el tiempo para dar las gracias y comentar pequeños detalles que sufrí para hacer esta historia, que espero sigan disfrutando.
Para ella era un placebo natural el sentir la droga recorrer su cuerpo, dejar de sentir las lenguas ásperas de sus clientes, retorciéndose en el pezón de sus senos pequeños. Nico reía a veces por lo bajo entre los pasillos, riéndose de todo lo que le provocaba ver los narcóticos, riéndose de nada, riéndose de ella misma para terminar vomitando en el putrefacto y pestilente retrete para empleados del burdel donde trabajaba…. No le iba tan mal, creía que era un trabajo honesto, mas honesto que los políticos que trafican con la gente, con el dinero, con el poder que el ingenuo pueblo les otorgó, que todos aquellos que arrancan la vida por un puñado de billetes y derraman la sangre de una persona inocente y trabajadora que jamás llegará a probar ese plato de sopa que le espera en casa.
Poco a poco el efecto fue pasando, sus pensamientos se iban aclarando y eso no le gustaba porque así como ella lo hizo, los alucinógenos la vomitaban a ella a la cruda realidad.
Se paró frente al espejo de ese mismo baño y se contempló un par de minutos, al fin y al cabo era su lapso de descanso y quiso cerciorarse de que todo estuviera en su lugar: Sus ojos muchas veces evidenciaban sus emociones, eran rojos, como la pasión misma, pasión a la que algunas veces temía porque muchos clientes solían ser demasiado "apasionados" y terminaban por cansarla o a veces hasta lastimarla. Sus coletas bajas caídas, le parecían un detalle coqueto, de esos que le gustaba resaltar para ser la elegida por muchos y ganar un poco mas en la semana al ser la mas solicitada del burdel. A pesar de que trabajaba en un lugar de esa calaña procuraba cuidarse la piel, tersa y suave que enloquecía a hombres y mujeres por igual, era el lienzo donde muchos "pintores" descargaban la pintura a base de sendos y bruscos brochazos sin tener la mas mínima idea de cómo crear una verdadera obra de arte con tan hermosa mujer.
Se percató del tiempo en el reloj, entonces se acomodó las medias y las encontró un poco manchadas por el jugo gástrico expulsado hace un momento "Mierda, ahora las voy a tener que lavar" se maldecía por no calcular, pero las drogas le hacían ver no solo triple, sino en multicolores todo a tal punto que no distinguía una pared de una puerta en el largo corredor donde se encontraba.
Terminó por entrar en su cuarto asignado, se recargó en la pared y pensó en terminar por ese día, pero sabía que necesitaba el dinero, lo había estado ahorrando para iniciar algo mejor, una nueva vida pero ella no sabía cual era la mecha que detonara ese cambio, por un momento se paró al borde de la puerta del baño y miraba de reojo como el pasillo que tenía al lado tenía un mal funcionamiento de luz, tragándose todo en una oscuridad que le recordaba a Nico el fondo de ese abismo donde muchas veces se asomaba y en el que creía caer a veces, no sabiendo si ya estaba ahí o no.
Recordaba su vida, los maltratos, los excesos y las caídas que había sufrido, no físicamente, pero si emocionalmente y su nombre le parecía una ironía, porque ni ella misma sonreía de una forma natural o sincera, usaba una mascara muy bien labrada de mentiras y engaños con los clientes, mientras ella por momentos cerraba los ojos imaginándose otras cosas.
Se creía demente en ocasiones pensando que no era tan malo, a veces sin el uso de las drogas había ratos en los que disfrutaba alguna sesión de sexo, pero regularmente era con mujeres, pues eran un poco mas delicadas con ella aunque para Nico había un pequeño detalle que siempre dejaba en claro "toca, toca todo lo que quieras, utilízame hasta el cansancio, pero jamás me beses los labios". Era curioso como mancillar su cuerpo le resultaba absurdo y permisible, aunque muy en el interior por lapsos de decencia y coherencia aún creía que podía haber algo mas allá, mas rico que el dinero mismo, mas valioso que todas las drogas juntas, mas enviciado y perjudicial al mismo tiempo que todo sexo de ocasión: el cariño y amor de una pareja real y auténtica.
Cuando Nico pensaba en que quizás existía el amor lo imaginaba como un globo muy bonito, brillante, de color rojo en forma de un corazón con la leyenda "I love you" en el, con letras blancas y relieves plateados…. Pero sonaba el repique de la puerta y cualquier hombre o cualquier mujer entraban en un plan de perversión malévola y rompían ese globo tan hermoso con la lujuria salvaje hecha un alfiler, mismo alfiler con el que laceraban sus pequeños pechos, pinchaban sus nalgas y desgarraban muy discretamente sus mejillas dejándole lagrimas de sangre en el proceso.
Se cansaba muchas veces de tener la ilusión, no recordaba cuando la empezó a tener, pero si quería saber el día en que la dejaría ir, le hacía daño por dentro, le dolía a veces ilusionarse, porque en su empleo, en ese burdel que le había dado techo y dinero cuando huyo de su casa y no tenia donde ir, sabía que jamás encontraría el amor.
Rió un poco y terminó de montar a aquel hombre corpulento y de piel sebácea, para Nico había terminado un cliente mas y ni ella misma lo había notado, sus pensamientos le eran neblina ante la vida y no le desagradaba en lo mas mínimo el hacer uso de ese escape para no sentir mas.
Su compañera, de pelo naranja, ojos felinos y poca ropa le sonrió al asomarse y preguntarle si estaba bien… "¿Cuando lo he estado?" se preguntó Nico a sí misma mientras asentía instintivamente para dejar de preocupar a su amiga.
Tiritó un poco de frío y se volvió a colgar el abrigo que hacía meses atrás una mujer de pelo gris le regaló a cambio de un poco mas de placer. Se preguntaba si había terminado por última vez pero la hostigante luz roja que denotaba que alguien la había pedido se encendió sobre el dintel de su puerta y suspiro cansadamente….
¿Un beso negro? ¿Lamer otra vagina? ¿Tener otro pene en su ano? Para ella no había diferencia, el repudio ante todo eso había quedado en segundo plano, se arregló un poco ante el espejo, se volvió a pintar un poco las pestañas y por primera vez en mucho tiempo puso atención a sus labios murmurando únicamente "Intocables…"
Y Nico abrió la puerta a sus aposentos del placer efímero…
