Llegamos al final, gracias por leer, a todos los que han llegado hasta aquí espero que haya sido de su agrado, como lo dije con una amiga: busquen, inspiren sus almas y continúen escribiendo, traigan una grabadora a la mano, hablen consigo mismos que es lo que buscan o desean hacer con sus personajes, no dejen que la pluma muera y que el regocijo de leer permanezca por siempre en nuestros corazones, permitan a otros conocer su trabajo, no limiten sus alcances, usen sus letras como alas y dejen que otros vivamos historias nuevas con nuestros amados personajes. Hasta la próxima.

Momento Final.

"¿Haz sentido como la vida se te va por el cansancio extremo? ¿Como tus piernas arden con una laceración tal que llegas al punto de que los nervios duelen, duelen demasiado y te exigen parar a dar un descanso? Eso pasaba para ambas jóvenes que recorrían las calles de la ciudad, una huyendo de su vida y la otra, persiguiendo precisamente su nueva razón de existir.

Maki corría sin descanso, trataba de alcanzar a Nico por entre la muchedumbre de gente, quería gritarle, quería exigirle un millón de razones, quería verla a los ojos y entender el porque de su miedo a vivir, de ver la luz entre tanta oscuridad. Mientras tanto Nico se estaba fatigando, estaban llegando a un punto lejos de los edificios lujosos de la urbe donde vivían cuando de pronto sintió un tirón que por segundos le adormeció el brazo. Maki la había atrapado.

Maki vociferaba cosas inaudibles, groserías ahogadas, preguntas sin completar, todo mientras con enojo trataba de secarse las lagrimas y el sudor que le provocó tal ejercicio, trataba de que algo saliera de su boca pero extrañamente no había ningún sonido, toda palabra moría en su garganta mientras las lagrimas hacían acto de presencia a lo que Nico solo pudo responder con un abrazo, ella también empezó a llorar en silencio y no quiso soltar ese cuerpo delante de ella. El solo contacto con su "clienta" hizo que la gama de emociones que alguna vez compartieron regresara y eso le tranquilizó el corazón, su aroma, su cabello rebelde y rojo, todo le confortaba de alguna manera. Para Maki era igual, poder tocar de nuevo ese hermoso cabello negro, la selva negra para su pantera interior, las 2 coletas bajas que tenía Nico le resultaban un poco divertidas, las comparaba con 2 orejas de conejo caídas hacia atrás, sus ojos tan bellos como 2 rubíes colocados sobre las facciones de un ángel que Dios olvidó recoger de este turbio infierno sobre la tierra.

Ambas estuvieron ahí, en medio de las calles y del tráfico, de las masas de gente que iban y venían, Maki preguntaba y Nico respondía, luego al revés, en un punto Maki se sintió culpable pues Nico le regañaba un poco pues la chica del cabello rojo había prometido que intentaría dejar la bebida mientras que Nico se sentía aún peor por escapar y no avisarle, pero quería estar mejor preparada para un cambio que ella quería hacer en su vida y de nuevo mirar de frente a Maki con un nuevo "yo" que no le avergonzara. A veces se dedicaban una suave sonrisa y la tensión desaparecía de a poco, pero el frío no y eso les recordó que ya había entrado la noche en los recovecos que aquella ciudad y que debían encontrar un lugar pronto.

Nico estaba pensando seriamente en dejar a Maki y alojarse en otra parte, pero esto molestó de sobremanera a la chica del cabello rojo y la sujeto de la muñeca, "Si te vuelves a ir juro que cuando te encuentre te haré cuatro nalgas mas en ese bonito trasero que tienes…" Las amenazas de Maki hicieron reír a Nico quien accedió a quedarse "solo por una noche" en el departamento de Maki, ya que quería encontrar un lugar propio para vivir y llamar hogar.

Dentro de esas cuatro paredes de colores en verde olivo y beige claro con cuadros, pinturas, cualquier adorno que le regalaban a Maki se había formado un extraño ambiente, ellas 2 solo se miraban, sentadas en la orilla de la cama de Maki. "Lo siento"… decían al mismo tiempo mientras reían un poco por la mera coincidencia de palabras… Reír, desde hacía un par de semanas que ninguna lo hacía que cuando lo hicieron se extrañaron de lograrlo, nunca en la triste ciudad en la que se encontraban existió algo que las hiciera reír y ahora, parecía algo mágico entre ambas.

Maki se acercó un poco a Nico, había pasado un largo rato desde que se había dado cuenta de sus sentimientos y había una tentación mortal en ella… sus labios, esos labios que enunciaban maldiciones y recatos con los clientes, jamás les había prestado tanta atención como ahora. Nico no era tonta, sabía donde Maki clavaba su mirada y se asustó por un momento de creer que ella fuese la indicada, porque nunca se preparó o nunca supo qué hacer cuando el momento llegará, simplemente cerró los ojos y se dejó guiar por su ex clienta quien ahora cerraba la brecha entre las dos.

Todo en Maki se cimbró, como un volcán haciendo una terrible erupción en su corazón y tendió de la forma mas suave y delicada a su invitada quien poco a poco iba matando los recuerdos de su vida y abría un nuevo álbum de memorias que estaba dispuesta a llenar de momentos felices (y tal vez algunos no tanto) junto a su anfitriona.

A Maki le asustaba un poco en segundo plano lo que esa mujer le provocaba, el deseo volcado en un impulso de ira, pero no a base de alguna agresión, sino de caricias, de una eufórica forma de afecto... Siempre se limitó a ser indiferente, correcta ante la masiva opinión de la gente, lo que sus padres le habían inculcado alguna vez, pero todo eso ahora le representaba una podredumbre asquerosa en el suelo de la sociedad, tan gris, y ella misma se dio asco por un momento al pensarse así misma como una mujer acartonada y plasmada en el palmo del cúmulo de gente que ahora odiaba, pero no por las injusticias, no por la corrupción política o las caídas financieras, sino porque jamás alguien le había dado entrada al cariño que ella misma había deseado expresar y sentir, un cariño que extraordinariamente a escasos días de pensar en que el suicidio parecía algo interesante había encontrado en un burdel.

Se llegó a sentir en un cerco de cerdos que se acercaban por su escultural figura, sus voluptuosos senos, tan bien torneados que parecía un delito el solo mirarla... Ahora, ella misma se sentía tan poca cosa ante la imagen "santa" de la mujer que ante ella se postraba, con la mirada ensoñada, sus ojos rojos que imitan la sangre perpetuada por la humanidad para dar la señal de que se erguía como la especie superior del planeta. Ella, que ahora le daba las llaves de su alma, no importaba el número de manos que la habían tocado, no le importaba si era una puta cualquiera en el mundo bajo de los barrios de Tokyo, si era la mismísima representante de la iglesia en el Vaticano, ella era el corto circuito en el corazón turbio y petrificado de la joven de cabellos rojos, era la pasión que nublaba la razón y el vendaval que arranca los cabales de la misma cordura, ella aceptaría lo que le propusieran o cualquier adversidad que debiera afrontar mientras Nico estuviera a su lado... Se horrorizo de pensar que pudiese volver a perderla sin decirle lo mucho que le fascinaba toda ella, le paralizaban por milésimas o centésimas de segundo el hecho de pensar que en algún momento tendría que separarse de ella si eso llegaba a ocurrir... Ahora no se burlaba ni le daban igual las parejas, ahora no vivía al día, olvidaba su profesión, olvidaba su nombre, pero no el desvencijado perfil de esa mujer que ahora le llevaba al éxtasis, le drogaba con su aroma y cada centímetro de su piel le resultaba el vicio más perturbador e inquietante de la vida, sentía que el aire se le iba si dejaba de aspirar su esencia, su aroma y mientras ella visitaba tierras blasfemas con su narcótico viviente, su "musa", Nico, lloraba en silencio, porque no entendía que era lo que sentía, siempre mil hombres y mujeres en su cama, en su vagina, lamiendo tan bruscamente, jamás le preguntaban su nombre y ahora está joven le repetía millones de veces como se llamaba y empezó a recordar que era un ser humano... Un ser de emociones y sentimientos, de un corazón que empezó a paralizarse de gusto al recibir algo que jamás tuvo: afecto. Y ahora no solo había un globo rojo de letras brillantes, había decenas inundando la habitación donde se hallaban.

Y ellas no cedían ante la guerra por hacer la paz y el amor, sus besos iban tan frenéticos que no les dolían las heridas de las cuarteaduras por el frío, les dolía mas el haberse mentido todo este tiempo sin saber que se habían encontrado la una a la otra y ahora no podían negar nada.

Ambas quedaban cegadas ante los destellos de placer que concebían entre ambas, cada una sentía los sabores y tactos que enervaban sus sentidos, un placer y éxtasis, tan peculiares y avasalladores que externaban por medio de impulsos, aquí y allá, donde ellas pudieran degustarse y hacer reventar las sensaciones al punto de provocar ese inquietante y fascinante hormigueo antes de alcanzar ese estallido físico conocido como orgasmo en el enmudecimiento de sensaciones carnales.

Se veían a los ojos y tenían miedo de irse, no querían mentirse ni entre ellas ni a si mismas.

Y las caricias eran diferentes, pues no eran solo burdas y crudas manos llenas de sudor, grasa o suciedad del alma de un simple comprador, eran manos de amor, acompañados por esos ojos de ilusión y sabían que allá afuera era el extraño mundo de las ironías, de la podredumbre y del asco de vivir, pero ahí mismo ahora ellas anhelaban vivir, una al lado de la otra, de conocerse mil veces o hasta un millón, se imaginaban despertándose y verse a los ojos cada mañana y permanecer así por horas y horas sin decirse nada y contándoselo todo.

Nico soltó un bufido, cansino, pues nunca en su vida había parado de hacer felaciones, joder al prójimo, mancillar y fingir... Sentía el aire colarse entre las grietas de su alma y las cadenas invisibles que le ataban a sus complejos, a sus culpas, a la muerte del sentimiento de vivir, esas mismas cadenas se convirtieron en cintas blancas que ahora le colgaban al cuello el deseo por la vida y el dije que colgaba de esa cinta blanca era el corazón que la joven delante de ella le había dado. Las palabras tan cenizas que siempre profano ante los clientes ahora ardían ante su amante, ante la hoz que daba fin al mundo podrido en el que siempre vivió, porque ahora en ese instante, en cada embestida, en cada empalme de ambos genitales mataba el deseo del dinero, mataba su yo que siempre dormía de día, buscaba cualquier mendrugo de comer y saboreaba las drogas, el olor a tabaco y los alimentos alcohólicos que descargaban en ella la frustración sexual de sus clientes. Ahora todo eso moría de a poco y se enredaba sobre su garganta el olor perfume, a caoba, a cedros, se sentía en otro mundo, ya no sentía las pesadas llagas de su rostro sin ojos, ahora sentía cual sombra la caricia del amor de quien la poseía por primera vez, no en cuerpo sino en alma y la vida le mostró el lado bueno de este mundo.

Ambas habían terminado de recorrerse, millas y millas de emociones entre la una y la otra y era quizás más la distancia recorrida. El vacío que Maki y Nico sentían se había ido, hacía un rato no lo palpaban y no se habían dado cuenta que lo único que no habían probado en sus excesos, en sus trabajos, en las decenas de personas que llegaban a conocer era un poco de amor, de aceptación y de compartir la vida con alguien, de rectificarse y no cerrar las puertas del corazón, de conservar aún esa flama que pocas veces llamamos el anhelo de vivir y por mucho que les costará salir a la calle y empezar una nueva vida, ahora se tenían la una a la otra, habían encontrado su espada y su escudo ante la adversidad, se tenían la una a la otra y tenían todo aquello que para Nico solo eran meras ilusiones y para Maki eran palabras sin sentido: el amor y la comprensión, la aceptación y la comunicación, palabras tan simples pero tan poderosas que hacen invencible a quien las encuentra en cualquier parte de este álgido mundo con la persona indicada... Un inicio incierto, pero lleno de cosas, aún por descubrir.