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No comprende lo que ha sucedido. Su mente juega con posibilidades que no lo llevan a nada salvo la incertidumbre, y la preocupación.
No comprende.
Es como si su razonamiento hubiera partido con su hermana. Se sentía frustrado, porque deseaba comprender lo que había ocurrido con su pequeña hermana. Deseaba poder entender que eran esas palabras tan extrañas que le había dicho, pero sobre todo deseaba comprender su comportamientos.
¿Qué ha sucedido? ¿A dónde se ha ido?
Su mente se vuelve un mar de preguntas, mientras sus ojos ven directo a la pantalla negra de su ordenador.
No consigue que este se encienda y lo golpea un par de ocasiones como para liberar su estrés. Tiene que ir detrás de su hermana, esta consiente que ella a partido al dirimiendo, lo vio con sus ojos como ella se fragmento.
Sus manos se vuelven puños, su entrecejo se frunce y sus dientes rechinan.
¿Por qué su hermana se ha ido? Eso lo afligía. La falta de información, interrumpida por la aparente desconexión de Hikari cuando hablaba con él, lo tiene abrumado y consternado.
En su mente siente que debe hacer algo, no sabe que exactamente. Cuando se dispone a salir de la casa escucha un sonido a su espalda. La pantalla de monitor sigue apagada, pero siente que viene de ese lugar.
Se aproxima lentamente. Con un paso sobre otro llega hasta la pantalla y agudiza su oído para escuchar lo que sea que deba escuchar. Nada. No hay sonido alguno que percibir. Silencio.
Molesto se despega del monitor y el sonido regresa. Agudiza el oído, un susurro suave como el viento llega hasta él. Cierra los ojos para escuchar mejor y el susurro se vuelve una palabra:
Ayuda.
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El timbre resuena por toda la casa de los Yagmia. La insistencia del sonido despierta a Taichi de su en sueño, por lo que va atender a la entrada; impulsado por el instinto. Continuaba sin poder entender o creer lo que había sucedido con su hermana minutos antes y lo que había escuchado en aquel susurro.
Al abrir la puerta un Takeru, empapado por la lluvia, que aun caía en ligeras gotas de agua, hizo acto de presencia. El rostro desencajado del rubio le hace comprender al castaño que él sabe algo con respecto a lo de su hermana. Lo hace pasar enseguida.
—¿Qué ha sucedido?
Taichi alza una ceja al ver como el rubio se le adelanta, se pregunta qué rostro tiene dibujado en ese instante; conmocionado por lo sucedido seguro.
Invita a su amigo para que tome asiento en el sofá que anteriormente ocupo su hermana; necesitan intercambiar información. Ponerse al día con lo que cada uno sabe de lo que a Hikari le ocurre. Y, de poder, llegar a una solución para ayudarla. Necesitan poder ayudarla, salvarla de aquella aura obscura que le rodeo cuando viajo al digimundo.
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Los dos tienen el mismo conocimiento sobre el tema de Hikari y lo que le sucedía. Su comportamiento, sus palabras tan extrañas y carentes de emoción (salvo una), era la única información con la que disponían.
Taichi y Takeru parados enfrente de la pantalla del monitor, el cual ha regresado a la normalidad, tratan de abrir la puerta al digimundo. Pero ninguno puede, ni tienen el conocimiento que Kōshirō para poder evocar aquella puerta que los conducirá al digimundo. A Hikari.
Se miran por unos momentos, pensando, debatiendo de lo que deben de hacer. Sus ojos lo dicen todo.
—Necesitamos ayuda —dice Taichi.
—Y sé quién nos la brindara.
El castaño lo mira extrañado.
—Hace unos días la vi charlando con Sora —con una mano en su barbilla, Takeru piensa en lo que deben hacer—. Tenían una acalorada charla, puede que ella tenga respuestas.
—Pero necesitamos abrir la puerta al…
—Sé que quieres salvar a Hikari —los ojos azules de Takeru impactan directo en el interior de Taichi—. Yo también la quiero salvar, pero necesitamos saber a qué nos enfrentamos si queremos lograr nuestro objetivo.
El castaño primero frunce el ceño en un claro gesto de molestia, las palabras de Takeru crudas no le gustaron en un principio. Después de pensar reconoce que tiene razón, no deben ser impulsivos como siempre lo ha sido. Si quiere a su hermana a salvo necesita saber que sucede y de ese modo encontrar la manera de ayudarla.
—Tienes razón.
—Vayamos con Sora.
El viaje no duro mucho, el hogar de la pelirroja estaba a tan solo unas calles arriba. El edificio era muy similar al que vivía Taichi.
Tocan en la puerta que tiene de letrero Takenouchi. Para su fortuna es Sora quien atiende el llamado, pero al ver sus rostros un dejo de preocupación se dibuja en su rostro. Suponiendo a lo que sus amigos han ido les hace pasar a su casa, les conduce a la sala y toman asiento en los sofás.
Taichi es quien habla, explica lo que ha sucedido en su casa. Narra los sucesos que ya en su momento le narró a Takeru. Mientras habla Sora palidece aún más por lo que escucha. No lo puede creer y una culpa nace en el centro de su pecho.
Una vez finalizado el relato por parte del castaño un silencio reina la sala de la pelirroja. Habitada solo por los tres, la ausencia de sonido abruma sus corazones.
Sora no puede evitar que lagrimas salgan de sus ojos, la culpa, ese sentimiento rancio de que has hecho mal la consume por dentro. Taichi apreciando su dolor la abraza, pero solo provoca nuevas lágrimas y que su rostro se humedezca.
Verla tan afligida oprime el corazón del castaño, que, para ese momento, se suma el dolor de su pelirroja al de su hermana.
Takeru los ve abrazados, percibe esa aura que ellos tienen. Fuego. Esa palabra describe aquellos dos y sus espíritus: el fuego representa la valentía y el amor. La flama que te impulsa a romper tus miedos y los brasas cálidos de un amor es son ese par de enamorados.
Sonríe, porque aquello lo conoce bien.
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Cuando Sora comparte su parte de la historia, hilándola con las otras dos partes, los tres entienden poco más. Hikari, en su interior, por su mente, algo la perjudicaba a tal grado que la llevo a un punto amargo de soledad.
Taichi, sosteniendo la mano de Sora, piensa en que deben hacer. La lógica indica que el siguiente paso es viajar al digimundo, pero no es tan sencillo como lo parece. Nunca lo ha sido.
—Debemos contactar a Kōshirō.
—Eso hemos pensado, Sora —el castaño no la mira—. Pero…
El castaño guarda silencio en lo que la pelirroja le mira ansiosa.
—No creo que debamos involucrar a los demás.
Contesta Takeru una vez que Taichi tarda.
—Sé que lo sientes —mira a sus amigos—. Sé que lo sienten… esto es entre los cuatro.
Sora y Taichí, quien vuelve en sí, asienten ante la verdad con la que habla el rubio.
—Debemos intentar seguirla al digimundo. No podemos perder el tiempo.
—Si.
La pelirroja, aun sujeta de la mano del castaño, se levanta y con ella Taichi. Los invita a que pasen a su dormitorio, donde está su computadora de escritorio.
Al momento de encenderla la pantalla pasa de un negro opaco a uno brillante. Da paso a unas letras que describen cosas inentendibles para ellos y, después, sucede lo extraño.
El monitor se desfigura entre negro y blanco, entre ecos y sonidos distorsionados. Una figura se muestra en la pantalla, un rostro. No es reconocido por ninguno de los presentes, solo son capaces de ver facciones ocultas por las sombras. El rostro los mira con ojos entre un naranja enérgico y una amarillo opaco; fijos y tenebrosos los estudia.
Los digivice de los tres se encienden y el sonido característico resuena en la recamara de Sora.
Atónitos, los tres, no dejan de mirar el rostro macabro en la pantalla. Lo miran tanto como el los mira a ellos. El rostro desaparece y la puerta al digimundo se abre ante ellos como una invitación a pasar a una fiesta privada.
Con un escalofrió recorriendo la espalda de los tres, se miran y toman fuerzas del otro. Sacan de sus bolsillos los digivice y extienden sus brazos hacia la pantalla.
Sus cuerpos son decodificados, fragmentados como tantas veces en el pasado, y son tragados por la pantalla del monitor de Sora. Uno por uno son llevados a lo que conocen como el digimundo, impulsados con el ferviente objetivo de ir por Hikari no oponen resistencia.
A la luz de la luna los tres desaparecen de la habitación; quedando sola en un silencio absoluto.
Esto esta por llegar a su conclusión. Los que me han leído saben que me gusta mucho la acción, por lo que en el siguiente capitulo habrá un tanto de eso jajaja Espero que estén disfrutando de la lectura.
Nos leemos en la siguiente.
Au Revoir.
