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La suave melodía de un piano hace eco en una amplia sala redonda con una cúpula de cristal sobre el techo, que deja la Luz de luna colarse como el velo de una novia. Flamas naranjas danzan en vestidos de cera blanco, y la noche se vuelve un acompañante.

La figura en el piano desliza con maestría sus dedos sobre las teclas, esbozando sentimientos en tonos y ritmos. Con armonía. Fluyen en ligeros compases como voces mansas y caricias plenas.

Una segunda figura, la de un gato, observa a su compañera en el piano. Le gusta la melodía que hace nacer desde su corazón hacia el instrumente. Se deja abrazar por la melancolía, y el rastro de esperanza que hay en ciertas partes.

Las columnas de mármol gris que sostienen la gran cúpula del techo empiezan a danzar, pero no al ritmo de la música. Es un movimiento brusco y deteriorado, carente de ritmo y pasión. Es un vibración ruda e inquietante, que discorde a la suave caricia del piano.

El movimiento que se siente sobre los pies, transmitido por el suelo de piso liso de cerámica blanca, no parece importarle a la pianista que sigue con su música.

Las tonadas van en decadencia mientras el temblor en aumento, y como acompañando el discordante traqueteo un grito suena en la lejanía como un lamento. El eco aumenta aquel sonido grave, desgarrador, mientas la música palidece ante el lamento de la noche.

Gatomon, que mantenía los ojos cerrado, abre de golpe sus parpados para dejar ver unos ojos rojos como la sangre. Lejanos del azul que alguna vez fue, su mirada con aquel color se torna macabro. La sonrisa que dibuja en su hocico solo incrementa la maldad que transmite con su mirar, no es para nada aquel dulce digimon del pasado.

—Hikari.

La antigua portadora de la Luz se levanta del taburete alisando su vestido negro como el velo de la noche. Se gira para quedar hacia su compañera digimon, y le sonríe con una curvatura de sus labios que desfigura su ser e incrementa su belleza.

—Creo que ya lo tienen.

—Entonces no lo hagamos esperar.

—¿Crees que quiera unirse a nosotras?

—Si me ama, lo hará.

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Taichi y Agumon corren a todo lo que sus piernas les dan. La batalla que libra Birdramon no luce para nada bien, en cualquier momento su oponente conectaría un buen golpe que la sacará de su balance y le regresará a su forma de Biyomon. Dando por acabada la lucha entre los dos y dando un claro ganador.

Pensar en aquello eriza la piel del castaño que aprieta el paso, seguido por Agumon que siente sus energía decaer.

Corren hasta llegar a un claro amplio donde en el centro Sora grita por su compañera digimon. Birdramon esquiva un golpe de Kuwagamon y revira en su vuelo para sujetar la parte trasera del exoesqueleto del digimon con sus garras.

—Es nuestra oportunidad de ayudar.

—Si.

Agumon por segunda vez, y para asombro del mismo Taichi, consigue volver a evolucionar en Greymon.

Sora en la distancia se percata que Greymon corre con grandes zancadas en ayuda de su digimon, y detrás ve a Taichi que grita por ella. Impulsada por el miedo, uno que no recordaba, sale disparada hacia su amigo.

Greymon se posa bajo Bridramon que se aferra a Kuwagamon, cuando su compañera se percata de él acomoda a su presa, dándole un blanco limpio al digimon de Taichi. Con las últimas fuerzas que le quedan, pues siente que pierde la evolución, Greymon dispara una gran bola incandescente de fuego. El ataque da de lleno sobre el pecho del Kuwagamon, quien grita de dolor mientras las flamas lo envuelven y rostizan.

Birdramon suelta a su presa que cae de golpe sobre el césped verde de aquel día nublado. Cuando cae las llamas se acrecientan consumiendo al digimon.

A metros de la batalla Sora se encuentra con Taichi, se envuelven en un fuerte abrazo que hace sentir el latir de corazón del otro. Sus brazos se aferran con fuerza, solo han estado separados por unas horas, pero por algún motivo necesitaban aquel contacto.

—¿Dónde has aparecido? —pregunta Taichi, una vez se separan del abrazo.

—Por las colinas al sur de este claro.

La joven apunta con su dedo hacia donde supone es el sur.

—El digimundo es diferente —acota la pelirroja—. Puedo sentir que algo perturba todo lo que nos rodea.

—Es mi hermana —revela el castaño.

—¿Qué?

El Kuwagamon yace moribundo en la distancia, Agumon y Biyomon cansados se reúnen con sus amigos en el momento en que Taichi revela lo que está sucediendo.

—¿Hikari? ¿Estás seguro?

—La vi con mis propios ojos —Taichi aprieta sus manos en puños, y puede sentir fluir la sangre que de estos brota—. Ha sido corrompida por la obscuridad, Sora, se la está llevando lejos de mí y yo no pude verlo.

—No te hagas esto, Taichi.

Sora rodea con sus brazos a su castaño, quien esconde su rostro en el pecho de su pelirroja. Porque ambos, sin reconocerlo, saben que se pertenecen en más de un sentido y forma. Porque de ellos depende la fortaleza del otro, y en los momentos como aquel solo entre ellos se pueden dar esa fuerza que necesitan.

Y así se quedan por unos minutos.

Para cuando la primera gota cae del cielo gris recuerdan que deben moverse, están siendo cazados y quedarse en aquel punto tan abierto es un error.

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Se refugian entre las copas de los altos arboles del bosque aledaño. Cada rincón que pasan es como volver a un mar de recuerdos, y no pueden evitar sentir que todo aquello lo conocen. Es como si estuvieran en la isla File. Pero, hay detalles que demuestran que no es aquella mítica isla donde todo comenzó.

Caminan sabiendo que deben encontrar a Takeru, que de los tres el principal objetivo sería aquel rubio. Si la obscuridad es consciente del peligro que representa será de quien mayor preocupación tendrá, por consecuente el primero que deberá eliminar.

—Si yo aparecí por las laderas, y tú por las colinas —analiza el castaño— ¿Dónde podrá haber aparecido Takeru?

—Solo hay dos puntos —asegura Biyomon—. Los prados del norte o el lago del oeste.

—Tendremos que dividirnos…

—No —acalla el castaño—. Eso no es posible, debemos mantenernos unidos… no sé si lo percataste, pero estos digimon son muy fuertes para su nivel evolutivo.

—Sí, lo note con el Kuwagamon.

Taichi se detiene y con él sus amigos.

—¿Qué sucede?

—Tengo una pregunta —se gira para quedar frente a los digimon—. ¿Cómo nos han encontrado?

Agumon y Biyomon se miran extrañado, y se encojen de hombros. No parece que tengan una respuesta lógica.

—Solo sentí que debía ir por el bosque hasta que te encontré, Taichi.

—Yo igual, sentí que debía volar por el claro del bosque hasta encontrarte, Sora.

—Parece que el digimundo una vez más desea mantener el equilibrio.

—Salvo que ahora uno de sus protectores es la amenaza.

Sora se tapa la boca con ambas manos al escuchar lo que salió por su boca. Arrepentida está dispuesta a disculparse, pero es interrumpida por la mano de Taichi. Niega con la cabeza, no hay nada de que disculparse, lo dicho es una verdad dolorosa que romper su corazón, pero al final es una verdad.

—Lo que me parece curioso es que solo nosotros hemos sido llamados.

—¿Qué crees que signifique todo esto?

—No sé.

Taichi se cruza de brazos y coloca su mano derecha sobre su barbilla.

—Pensé que habíamos sido llamados todos al digimundo, pero hay algo que dijo Hikari que me hizo entender que no.

—¿Qué dijo?

—Que sabía que vendríamos detrás de ella.

Sora permanece callada, esperando atenta a las palabras del castaño.

—Quiero suponer que abrimos la puerta porque tenemos un vínculo más intenso con Hikari que los demás.

—Cierto —apoya Sora—. Y por no querer perder tiempo vinimos sin los demás.

Taichi asiente pensativo. Eso era cuestión familiar, y no por el que los demás no los sintiera como familia. Ese asunto, ese conflicto en el digimundo, se convirtió en un asunto muy personal que ligaba a los cuatro del grupo de elegidos.

Se cuestionó si Izzy se habría dado cuenta de lo que está sucediendo. Quiere pensar en que sus amigos están en ese momento intentando abrir la puerta al digimundo sin obtener ningún resultado positivo. Le gusta pensar en eso.

—Debemos seguir, seguramente Takeru nos está buscando y si no nos movemos rápido lo perderemos.

—Bien.

Los cuatro vuelven a retomar su caminata por el bosque, con sus corazones afligidos y confundidos.

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Takeru y Patamon yacen en el suelo terroso en la orilla del lago. Cansados miran sobre el agua el cuerpo desfallecido de Seadramon. Con el que habían mantenido una lucha que resulto más complicada de lo que esperaban.

Para el joven rubio el color del digimon, distante de su característico azul y franjas rojas, en tonos grises y en un blanco opaco le sintió peculiar. Antinatural.

Su fortaleza fue impresionante, logró poner en aprietos a Angemon que siempre se caracterizó por tener un nivel de poder mayor al de su nivel evolutivo. Sin embargo, Seadramon mantuvo a raya por un buen tiempo a Angemon, lo que complico todo. Para su fortuna salió victorioso el ángel que con un ataque directo a su casco lo saco de combate.

—Qué bueno que llegaste, Patamon, no la hubiera contado.

—Algo me dijo que te encontraría aquí, me da gusto haber llegado a tiempo.

Los amigos sueltan una risa que los libera de la frustración del combate. Una vez que terminan de reír, se disponen a levantarse. Sacude el polvo de su pantalón, y Patamon se sacude de cuerpo completo.

Cuando Takeru se está estirando Patamon ve algo a la distancia. Un par de figuras caminan en su dirección. Uno es la silueta de un humano, la otra de un digimon.

—Takeru, mira.

El rubio ve a donde su amigo le indica. Al ver las dos figuras en su interior siente como un hormigueo recorre sus brazos.

—Ponte en guardia, Patamon.

—Si.

Las figuras caminan en su dirección siendo ocultas por la poca luz que hay en el ambiente. Las nubes grises son tan densas que tapan la luz del sol, incluso evitan saber si es de mañana o tarde.

Takeru observa hasta que las figuras toman rostro y compleccion. Su rostro tenso se aligera y siente un alivio en su corazón al percatarse que se tratan de Daisuke y Devimon. Dibuja una sonrisa en sus labios, por su mente no hay duda de que son ellos y siente alegría por tener su ayuda.

Da unos pasos hacia ellos, pero Patamon lo detiene.

—¿Qué sucede, amigo?

—Sus ojos, Takeru, ve sus ojos.

El rubio hace lo que su amigo le sugiere, y lo ve. Sus ojos están perdidos, como hipnotizados. Caídos en algún tipo de hechizo o magia, perdidos en su mente alejados de aquel punto en el digimundo.

Entonces cae en cuenta. ¿Qué hacen Daisuke y Devimon en el digimundo? Nadie salvo Taichi, Sora y él sabían de lo que le sucedía a Hikari. No hay razón para que ellos estén en ese lago caminando hacia él y Patamon. Se dejó llevar por la alegría de ver rostros conocidos que no se preguntó la extrañeza de su presencia, pero ahora que lo está viendo como idos entiende que todo está mal.

Daisuke y Devimon se detienen a solo un par de metros de Takeru y Patamon. En el corazón del rubio sabe que está por suceder lo que desde hace tiempo se había evitado.

Uno frente al otro, la pelea entre los dos enamorados de Hikari está por darse en el lago.