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—Sabes que no debemos hacer esto, Daisuke.
El castaño esboza una sonrisa que eriza la piel del rubio.
—No dejes que te manipulen.
—Ella sabe que en verdad no la amas, que nunca te le unirías —la voz de Daisuke es gruesa, rasposa y carente de picardía—. Ella esta tan desilusionada de ti… pero por fortuna me tiene a mí.
—No, este no eres tu Daisuke.
El castaño no dice nada, saca de su bolsillo su D3 como si se tratara de un arma mortal. Una clara señal de que no está en ese lugar para charlar, menos para brindar ayuda. Deja en claro de qué lado está, por quien lucha y lo que está dispuesto hacer.
El cielo cerrado y vientos implacables agitando el agua, el ambiente helado, dos miradas frias y retadoras.
Gotas de gruesa lluvia descienden sobre el lago donde Takeru y Davis permanecen parados sin inmutarse. La tensión se siente tan viva que se puede tocar con las manos. Una mirada de hacer se aferra a una mirada de fuego, y los digimon esperan a que este contacto explote.
Daisuke sujeta con fuerza su D3 en la mano, tan fuerte que parece doler. Takeru por su parte está parado sujetando, de igual manera, el digivice.
—No hagamos esto, Daisuke.
—No mientas, Takeru, esto lo has deseado siempre.
—Daisuke…
El castaño da un paso adelante, y una luz emana del dispositivo en su mano. Veemon se envuelve en una esfera de luz opaca, casi como si fuese solo obscuridad, y evoluciona a Exveemon. El digmon muestra la misma figura que conocen, salvo que el color azul es remplazado por uno gris con blanco. Esta corrompido como los demás digimon.
Resignado, y agotado, el rubio hace que de su digivice emane una luz intensa. La esfera de luz envuelve a Patamon, y este pasa a evolucionar a Angemon.
Del ángel una gran luz brota como un faro de esperanza. Del digimon de Daisuke una oscuridad que amenazaba con devorarla. El bien contra el mal presentada entre los dos antiguos camaradas de aventuras.
—¿Esto es lo que deseas?
—Es lo que deseamos los dos, amigo.
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Taichi y Sora escuchan una explosión en las lejanías. El sonido proviene a su izquierda, por lo que suponen que estaban por el camino erróneo. El primer pensamiento que nace en su cabeza es la figura del rubio, y que seguramente, como ellos, está en peligro.
El castaño esta por sugerir apretar el paso en dirección hacia el lago, pero algo en su entorno le inquieta. Decenas de presencias en su nuca lo molesta, puede sentir que son observados.
Inquieto entorna la mirada, agudiza el oído y se prepara con una posición que le brindara apoyo en caso de ser atacado. Agumon, sin que su compañero dijera nada se percata de lo mismo y se pone en posición defensiva. Sora y Biyomon un tanto preocupadas por el rubio pasan por alto los acontecimientos a su alrededor.
—¿Qué sucede, Taichi?
Sora se detiene preocupada por la baja de velocidad en los pasos de su amigo.
—Debemos encontrar a…
Calla cuando su castaño posa su dedo índice sobre sus labios, le queda claro que se ha dado cuenta de algo. Sus sistema nervioso se pone en alerta, agudiza su mirada y tensa los músculos por cualquier agresión poder reaccionar a tiempo.
Sora como instinto busca el cuerpo de Taichi, y cuando lo encuentra entrelaza su mano con la de él. Es como un mecanismo que les da ambos fuerza y valentía, una razón que les recuerda porque están juntos y por lo que luchan.
Por su parte Agumon cuida la espalda de sus amigos, y Biyomon hace lo mismo desde el frente. Se han detenido por completo, la sensación de estar siendo observados ha incrementado.
Pero sus problemas no acaban con la tensión del misterio ni la incertidumbre de lo que los rodea. A lo lejos una gran explosión resuene por todo el bosque, escuchándose tan fuerte hasta en sus ecos. Por sobre las copas de los arboles una columna de humo se va abriendo paso hasta ser uno con las nubes grises en el cielo.
—¿Crees que sea Takeru?
—No tengo la menor duda.
—Está en problemas debemos ir en su ayuda.
Taichi asiente, y él como Sora van emprender el camino hacia donde la columna de humo pero los detiene Agumon. Con su mirada les indica que observen a su rededor, y entre las sombras lo ven.
Decenas de ojos rojos brillando como faros de perdición. Amenazantes. Mortales. Son rodeados por el enemigo, y este no descansara hasta tenerlos sometidos o muertos. Solo siguiendo las órdenes de su ama.
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El cielo cerrado y los viento amohinados no se comparan con el frio corazón que posee el castaño, que anteriormente era de cálida esencia. Su mirada dura marcada con una media sonrisa malvada destiñe la figura que en la mente de Takeru se hace al pensar en su amigo.
Retador y de pose cautivadora Exveemon se postra a un paso a la derecha de su compañero, con su misma expresión; ansiando luchar contra Angemon. Saciar su satisfacción con el dolor ajeno, embriagar su ser con la suplicas de su rival. Rebosar en los crujidos de los huesos de su oponente y definir quién es superior de una vez.
El corazón del rubio esta contrariado. Angemon a su lado flotando unos centímetros del suelo comparte su dolor interior. Ninguno desea lastimar a sus amigos. No obstante, aunque cansados, están dispuestos hacer que sus dos amigos reaccionen y entren en razón. Una que seguro el mal que envuelve el mundo los ha consumido.
—No es correcto, no debemos luchar entre nosotros.
—Sigues mintiéndote, Takeru, eso hará las cosas más fáciles.
Con una mirada Daisuke indica a su digimon que ataque, y el golpe que lanza el gris Exveemon va directo hacia Takeru. Sin embargo el golpe es detenido por la palma de la mano del ángel, que no permitirá que nada ni nadie lastime a su amigo.
La batalla da inicio en la orilla del lago.
Angemon expulsa el ataque de Exveemon, pero este en un acto ágil resbala su pierna derecha en un círculo para dar un giro y lanzar una patada. El digimon de Takeru consigue esquivar el segundo ataque, el pie gris de su oponente pasa rosando por su casco a solo centímetros.
El aire que rompe con la pierna es tal que Angemon puede sentir como su cabeza retrocede un par de centímetro. Es en este momento donde se percata que el nivel de poder de su amigo es muy elevado, mayor a lo normal.
Reconociendo que debe poner distancia, entre su pelea y sus compañeros, eleva el vuelo hacia las nubes grises. Exveemon con los ojos enrojecidos lo sigue con una velocidad que nunca se le ha visto. Da alcance a su vuelo y enseguida están una vez más enfrentándose con golpes y técnicas especiales que ambos poseen.
—Esto es una locura.
Takeru observa como en el cielo su digimon lucha fervientemente contra el digimon de su amigo.
—No somos enemigos, siempre hemos sido aliados… amigos.
—Te empeñas en esconder lo que en verdad guarda tu corazón.
Davis se mantiene en su lugar, Takeru da dos pasos hacia él. Son dos miradas completamente distintas. Pero, si es sincero consigo mismo, algo en las palabras del castaño resuenan fuerte en su corazón. Es como si escarbaran en sus entrañas para encontrar un tesoro podrido, enterrado en lo más profundo de su ser.
—Lo sientes, puedo percibirlo.
—No, te equivocas.
Una nueva batalla se libra sobre el lago, salvo que esta es en la cabeza del rubio quien lucha por no creer en las palabras sañosas de Daisuke. Le es difícil de conseguir evadirlas, son como metralletas acribillando su razón. Rompiendo el equilibrio entre la obscuridad, que esta consiente duerme dentro de él, y la luz de la paz que lo mantiene tranquilo todo tiempo.
El castaño sigue pronunciando esas palabras que remueven todo lo suyo, perforando hondo en él para encontrar esa obscuridad.
Un dolor latente arremete en su corazón y se lleva la mano al pecho. Se asfixia. Las palabras son fuertes, consistentes. Es como si Daisuke supiera sus pecados y los expusiera al mundo. Puede sentir como una mano le remueve en su estómago, y las ganas de vomitar no se hacen esperar.
Sus fuerzas palidecen, y esto se refleja en Angemon quien va perdiendo la batalla.
—Déjalo fluir, Takeru, deja que todo ese rencor emerja.
Daisuke se para enfrente de Takeru, el cual está de rodillas sobre el lodo. Lo mira con desdén, porque sabe el papel que está jugando y lo que conllevara su victoria.
—No reprimas más ese odio —su voz suena como la de una serpiente—. Permite sentir ese rencor hacia tu hermano por la vez que te abandono, deja que esa molestia contra Taichi por dividir al grupo consuma tu cuerpo. Que la culpa te domine, por no poder salvar a Hikari de ser consumida.
—¡Calla! No digas más.
Takeru palidece a tal punto que ya es la figura de un fantasma. No escucha a Daisuke. La voz del castaño, que parecía la de una serpiente, va cambiando en sus tímpanos hasta desnudar la verdad.
No es Daisuke quien habla… es Hikari.
Alza la vista para ver en los ojos de su amigo como estos suplican perdón, pero de fondo y solo de fondo. En el exterior hay dolor e ira que lo manipulan. Lo ve con claridad, está sufriendo.
Sobre la cabeza de Daisuke puede distinguir como Exveemon sujeta del cuello a Angemon. Su digimon pierde fuerzas cada que las pierde el mismo. Suelta un grito, lo suficientemente fuerte como para que Angemon lo escuche entre los truenos de la tormenta. Con energía renovada, por el instante, se suelta y lanza su golpe de fe.
Exveemon sufre un gran daño, pero no lo suficiente para sacarlo de balance. Solo es enfurecido, y arremete contra Angemon con su ataque especial que impacta de lleno en el ángel.
Una explosión resuena sobre los truenos y relámpagos. Takeru ve como Angemon cae seminconsciente desde el cielo y embiste contra el lodo a unos metros de su posición. Asustado de lo peor se levanta, empuja a Daisuke y corre hacia donde su amigo lucha por incorporarse.
—¡Angemon!
—T.K, perdón —se disculpa, tratando de levantarse sin poder conseguirlo—. Estoy muy débil, pero no dejaré que nada malo te suceda.
—No, amigo, no…
Una risa taconea entre el sonido de las gotas de lluvia caer en el fango. Daisuke, con Exveemon a su lado, les mira divertido.
Al ver la alegría de su amigo contra el daño a su digimon, el ver como se regocija por el sufrimiento que les impartían física como emocional rompe algo dentro de Takeru. Por su cuerpo siente como una energía fluye impura e insana, que lo domina por cada fibra impulsando sus deseos y pasiones.
Esta energía la siente por su cuerpo Angemon, y acto seguido de un grito una luz (no tan intensa) lo envuelve. El digimon de Takeru pasa a su fase de perfección, y ante los ojos de Daisuke MagnaAngemon muestra su gran figura con un poder que les abruma.
—Si en verdad lo que quieres es pelear, pelearemos.
Takeru se incorpora con su digimon ángel a su costado, listos con una nueva energía fluyendo por sus cuerpos. Daisuke da un par de pasos hacia atrás, Exveemon solo queda pasmado viendo a su oponente mostrar una de sus mayores figuras de poder.
Con miedo corriendo por su cuerpo, pero sabiendo que había conseguido su objetivo Daisuke esboza una media sonrisa. Eleva sus brazos como un padre a su hijo que lo recibe con un abrazo y grita con todas sus fuerzas.
—Excelente, ahora empieza lo divertido.
