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Están rodeados por una decena de digimon a la orden de Hikari. Desde las sombras que brindan los árboles y los arbustos, y la escasa luz que se filtra por las grises nubes, son amenazados con gruñidos y risas malvadas.
Sora en un acto de protección busca la mano de Taichi, y la encuentra para entrelazar sus dedos con los de su castaño. El joven aprieta fuerte la mano de su pelirroja, se promete para sí mismo que nada malo le sucederá. Echa una mirada a Agumon, quien no despega sus ojos de entre los troncos de los árboles.
Biyomon alterada por el amague de uno de los digimon entre las sombras se coloca enfrente de Sora. No es el único que está dispuesto a protegerla.
—Son más que nosotros.
—No te preocupes, saldremos de esta.
Taichi sujeta con fuerza a Sora con su mano derecha, y con la izquierda su digivice que destella a su orden.
—Agumon, es momento.
—Sí, Taichi.
Agumon gruñe y es envuelto por una luz que deslumbra por el bosque eliminando las sombras y dejando ver los diferentes tipos de digimon.
El destello dura unos segundos, pero consiguen distinguir a un par de Devidramon, Ogremon y un Tyrannomon. Para cuando Agumon se convierte en Greymon las sombras vuelven a esconder a los digimon que los rodean. El anonimato del resto de digimon permanece intacto, pero están seguro de que son de categoría adulta, y poderosos por la obscuridad.
—Biyomon, tú también.
—Claro, Sora.
El segundo destello es breve y solo permite ver como los digimon que ya han sido identificados se abalanzan sobre ellos.
—Greymon.
Taichi grita cuando un Devidramon está por alcanzar el pescuezo de Birdramon. El digimon del castaño atrapa en el aire al digimon obscuro de la pierna con su dentadura. Los afilados colmillos clavados en la piel gris del digimon hacen que este grite de dolor.
Greymon lanza al Devidramon para que se impacte con un Kuwagamon. Un Ogremon salta sobre la cabeza de Greymon pero este es hábil. Con un paso hacia atrás y un certero movimiento de costado lanza su Mega flama que da en el pecho de su oponente.
—Birdramon, ayuda a Greymon.
El ave de fuego eleva poco el vuelo. Sus alas extendidas encienden las ramas secas de un arce cercano. El fuego se extiende con voracidad sobre las ramas hasta que el árbol parece una antorcha gigante.
Este hecho distrae a los digimon obscuros. Greymon con su cola golpea a un Snimon. El digimon verde sale volando hasta las garras de Birdramon que lo eleva unos metros y lo azota contra el suelo. Acto seguido lanza unas bolas de fuego que impactan alrededor de Greymon para salvarlo de la embestida en conjunto de Ogremon y cuatro Dobermon.
Con la ayuda de su compañera, Greymon lanza un par de Mega flamas para sacar de combate a Ogremon y dos Dobermon.
—¡Sora, cuidado!
La pelirroja que mira al fuego extenderse por los demás arce alrededor es acosada por un Betamon.
En un arcoreflejo el castaño corre con lo que sus piernas dan y se lanza sobre el cuerpo del digimon que esta por arremeter contra Sora. En el suelo los dos forcejean, la fuerza del digimon es superior, pero Sora reacciona con prontitud y le da una patada en los costados al digimon que adolorido retrocede.
La pelirroja puede sentir como es de dura la piel del Betamon, pero por fortuna el barro en las suelas de sus zapatos llevaba piedras y ramas que rasparon las costillas del digimon.
—Buena patada— alaga Taichi, quien se incorpora—. Le ha de ver dolido hasta el alma.
—No creo que tanto, hay viene.
El Betamon rabiando corre para embestirlos, pero Taichi es más rápido y del suelo toma una gran rama ardiente de un extremo. Cuando el digimon salta sobre ellos lo batea como si fuese una pelota de beisbol.
El golpe solo hace que la rama se quiebre en dos, pero el fuego y el porrazo dejan inconsciente al Betamon.
—Ese si fue un gran golpe.
Sora se aproxima a Taichi para plantarle un beso en la mejilla.
En el pecho del castaño una flama, mayor a la que consume el bosque, se enciende en su interior. Esa energía brindada por Sora se transmite a Greymon quien con un gruñido clava sus dientes en el lomo del Snimon mientras Birdramon lo embiste.
Uno por uno van cayendo los seguidores de Hikari. Que aun con su fuerza incrementada no consiguen oponer resistencia a la unión del Valor y el Amor.
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MagnaAngemon resplandece detrás de Takeru con su forma angelical. Luce como un ángel guardián, uno que aparece cuando la obscuridad es más fuerte.
Daisuke y Exveemon plantan su atención en el poderoso deigimon de Takeru. Sus sonrisas son de satisfacción, sus ojos destella ante la inminente batalla que están por tener. Es como si lo desearan desde un principio, y eso inquieta al rubio que los ve con intriga.
—Es tu última oportunidad, Daisuke.
El castaño no presta atención al rubio.
—Podemos detener esto de una vez, evitar que pase a mayores.
—¿Qué aun no lo entiendes, Takeru? —Su voz es de excitación—. Esto es lo que hemos deseado desde que nos conocimos.
—Para nada es cierto eso, Daisuke, no eres tú el que está hablando.
—Eres muy perspicaz, amigo, pero solo digo la verdad.
Su mirada ceñuda se clava en su amigo.
—Ella solo ha hecho que me dé cuenta de lo que se ocultaba en mi corazón.
—Entonces no hay opción.
—No, no la hay.
La lluvia arrecia y los truenos y relámpagos son más intensos. La tensión entre ambos se quiebra con los fuertes vientos amohinados y helados.
MagnaAngemon se abalanza hacia Exveemon, y Exveemon se va contra el ángel. El impacto de sus antebrazos es tan fuerte que rompe el silencio como el más grande trueno entre la llovizna.
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Cuando están por sacar de combate a los últimos dos adversarios, y con la esperanza de poder ir en ayuda de Takeru, dos docenas más de digimon hace acto de presencia alrededor de los elegidos y sus compañeros digimon. En esa ocasión la amenaza incrementa al haber digimon de nivel de Perfección, lo que les hace que un escalofrió recorra sus espaldas.
Taichi y Sora, espalda con espalda, miran rededor temerosos por el cansancio de sus amigos. Saben que pronto quedaran sin energías, porque ellos de igual manera se están quedando sin fuerzas. Temen.
El castaño no puede permitir que todo termine en ese lugar, se gira sobre sus talones y con sus brazos hace que Sora lo mire de frente.
Sus ojos se clavan en los del otro. Las palabras sobran. Entienden lo que el corazón del otro está gritando en cada latido. Sus cuerpos tiemblan, pero no por el temor de estar en un predicamento. Sus cuerpos tiemblan ante la verdad que siempre estuvo frente a ellos, y entre el fuego, la lluvia y el sudor emerge ante ellos.
Se miran, pero una fuerza de gravedad los atrae al otro.
Greymon y Birdramon luchan contra los nuevos adversarios. Están siendo superados. Pero algo dentro de ellos los impulsa a seguir luchando. Y cuando creen que sus fuerzas van a palidecer unas nuevas regeneran sus cuerpos y los ayudan a luchar.
La energía es tan intensa que ambos digimon destellan en una luz intensa, mayor a la primera, y evolucionan una vez más a su forma de perfección.
Metalgreymon y Garudamon hacen su aparición.
Sora y Taichi se han besado. Sus labios encontraron el camino al del otro. Se besan con pasión y ternura. Con una verdad que por un tiempo fue cubierta por el telón de la amistad, pero ahora florecía como un rosa roja en un pastizal de flores blancas.
—Taichi.
—Sora.
Se miran.
Se admiran.
Sus corazón laten con impaciencia, y sus cuerpos tiemblan cada vez menos.
Sus digimon son fuertes, y luchan con valentía. Los miran dar todo de ellos, pero son muchos rivales, y puede que no consigan acabar con todos.
Taichi vuelve a tomar una rama gruesa del suelo, Sora hace lo mismo. Entiende que deben ayudar, en lo poco que pueda. Deben luchar al lado de sus amigos como siempre lo han hecho, y esa tarde, casi noche, no sería la excepción.
Corren contra un Dobermon, el digimon los ve venir como una presa y no una amenaza. Los deja venir, sabe que tiene todas las de ganar. Y cuando los tiene cerca salta tan alto que toma desprevenido a los jóvenes.
El Dobermon tiene la intención de hundir sus colmillos en la yugular del castaño, pero antes de que esto suceda una enorme mano, garra si se presta atención, lo detiene del pescuezo.
—Pero, ¿Qué?
Leomon hace acto de presencia.
Taichi y Sora esbozan una enorme sonrisa cuando ven a su gran amigo a unos pasos de ellos. Su mirada les deja claro que él no está infectado, y una media sonrisa indica que ha venido ayudar.
El digimon león no ha venido solo. Antiguos amigos han venido con él para ayudar a los elegidos a combatir el nuevo mal que azota al digimundo. Pronto las condiciones se ponen a su favor y la batalla es suya.
Otamamons, Gekomons, Unimon, Centarumon y decenas de digimon más salen de entre los arbustos y troncos para vencer.
Cuando se ven superados las fuerzas de Hikari salen huyendo del campo de batalla despavoridos. Taichi exhala del alivio por la victoria. Sora abraza por la espalda al castaño quien agradece el gesto colocando sus manos sobre las de ella en su pecho. Le encanta sentir el latir de su corazón.
—Vaya que estuvieron cerca, niños elegidos.
Taichi y Sora rien ante la expresión 'niño'.
—Es bueno que Sukamon y Chuumon te hayan visto correr por los bosques, joven del valor.
Sukumon y Chuumon les saludan desde lejos, a lo que ellos con una enorme gratitud les devuelven el saludo con una sonrisa en sus labios.
—Es bueno verte, Leomon.
—Creímos que esta vez no saldríamos vivos.
—Hemos llegado a tiempo es lo que cuenta.
—Cierto.
—¿Y los demás elegidos?
Taichi y Sora se miran.
—Solo hemos venido nosotros y Takeru.
—¿Qué? ¿Por qué solo han venido ustedes tres?
Su pregunta, y el hecho de que no estuviera diciendo algo de su hermana dominando el digimundo hacen entender al castaño que sus amigos no están del todo enterados de lo que sucede en su mundo.
—Leomon, ¿podrías decirnos que está sucediendo en el digimundo?
—No estoy muy seguro, solo sé que hace unas semanas que una obscuridad emergió para consumir el digimundo.
Taichi estaba por hacer su segunda pregunta cuando la explosión a la lejanía les recordó que Takeru estaba en igual condición de peligro. Dejaron de lado las interrogantes, y por petición de los elegidos fueron en dirección de donde Takeru libraba su propia batalla.
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Exveemon ha sido un contrincante respetable, pero MagnaAngemon es superior. Ni con la fuerza incrementada por la obsucridad lo ha ayudado a ponerle resistencia al digimon ángel.
El digimon de Takeru ha sometido al de Daisuke. Lo tiene de rodillas en el fango mientras lo ve desde lo alto. Takeru por su lado tiene al castaño tirado en el suelo, ambos se dieron de puñetazos y patadas dando por vencedor al rubio.
Su mirada es fría, como la de su amigo, y eso lo aterra. Su corazón se agita. Su sangre corre por su cuerpo alentando sus emociones a fluir de una forma tan vivida que le empieza a inquietar. Desea acabar con su amigo, demostrarle que no debió meterse con él y su digimon.
MagnaAngemon defiende con cautela, Exveemon lanza un ataque que logra esquivar y se lo devuelve con un puñetazo. Cae al suelo rendido.
—¿Takeru?
El rubio entiende. Espera que le dé la orden de acabarlo o dejarlo ir. Su corazón se debate de lo que debe hacer, su mente esta tan nublada como el mismo día. Sabe que es lo correcto, lo que se debe hacer… son sus amigos.
Su sangre hierve, su mente lucha contra sí mismo. Una voz ajena le dice que lo haga, que deje salir esa obscuridad que siempre está reprimiendo. Esa voz es la de Hikari.
—¡No!
Grita sujetando su cabeza con sus manos.
—Es una lástima.
Una segunda voz hace eco por el lago.
—Tú y yo pudimos ser los señores de ambos mundos.
Takeru alza su rostro y ve hacia el centro del lago la figura de Hikari acompañada de Ophanimon, en su modo caído. Las dos se muestran como la misma obscuridad, las rivales… las que deben vencer para que todo regrese a la Luz.
Los ojos de la castaña son negros, y su piel pálida. Es hermosa, pero la obscuridad que la envuelve deteriora esa aura que la hace resplandecer. Esto rompe el corazón de Takeru, quien decidido da un paso hacia la orilla del lago sin prever lo que sucede a continuación.
Ophanimon lanza una flecha de obscuridad que impacta en el pecho de MagnaAngemon, quien se clava en el tronco de un grueso árbol a unos metros de la orilla.
Distraído viendo a su digimon sufrir no se percata que una segunda flecha es lanzada. No siente dolor, le resulta como un piquete espontaneo. La flecha da contra su costado, introduciéndose entre sus costillas. Todo se vuelve negro, la conciencia se aleja aun cuando trata de mantenerla. No hay dolor, solo cansancio.
Takeru cae al suelo desplomado.
En ese momento Taichi, Sora, sus digimon y aliados salen del bosque para ver con terror lo que la Yagami ha hecho. Daisuke desmayado a la orilla, y cerca Exveemon. A unos metros MagnaAngemon fuera de conocimiento clavado en el tronco de un árbol. Y vieron como la segunda flecha de obscuridad daba en las costillas de Takeru, quien cae al fango inconsciente.
