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Gruesas gotas de lluvia descienden del cielo ennegrecido como la misma mirada de Hikari. Vientos amohinados soplan como bofetadas, y los truenos resuenan en el lago como un lamento.

Taichi, Sora, sus digimon y compañeros observan con detenimiento a la figura en el centro del lago. Un espectro hambriento. Una delicada silueta como espíritu moribundo, carente de luz, muerta en presencia.

Los que sus ojos observan no es para nada aquella joven de cálida sonrisa y mirada divertida. Es una deformación. Una mancha en un retrato impecable de trazos y detalles.

Taichi quiere gritar, pero no puede. El tiempo se ha detenido, o ralentizado. No observa, pero siente como Sora corre en pasos secos y opacos hacia Takeru para socorrerlo. Agumon lo nombra. Sus compañeros digimon hablan, pero nada importa.

En su cabeza se lleva a cabo una carnicería, un debate. Su razón sabe lo que debe hacer, pelear contra su hermana. Su corazón por otra parte solo desea correr hacia ella y abrazarla.

En su interior siente el tic tac de un tiempo alejado y repetitivo. Entiende lo que debe hacer, pero después de tanto tiempo no consigue sacar de él aquel valor que tantas veces demostró. Se encuentra indefenso ante la mirada asesina de su hermana, quien sonríe maliciosa al ver la verdad en su expresión.

Ha ganado.

La obscuridad de alguna manera la poseía, se volvieron uno y erradicaron la luz. Aprieta sus manos con fuerza por el dolor que le infringe el tener esos pensamientos. Sabe que no puede darse el lujo de perderse en aquellas mentiras. No puede dejar que la obscuridad también lo consuma.

Siente su llamado.

Su hermana desde el lago lo observa con detenimiento. Ignora el hecho de estar rodeada por digimon en su contra. Se mantiene firme observando a su hermana, poseyéndolo como ella es poseída por la negrura de un abismo demencial.

Se observan, con miradas tan similares y a su vez tan contrarias.

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Sora al ver tirado en la arena a Takeru corre en su ayuda. En su carrera llama a Taichi pero este no parece prestar atención. Lo deja, porque el pequeño de los rubios del grupo yace tendido.

Biyomon es quien la acompaña, junto a Leomon y otro digimon para socorrer a Daisuke y Veemon.

La pelirroja echa una mirada hacia el centro del lago solo para encontrarse con una distorsión de la imagen de Hikari. Un escalofrió llano le recorre la espalda, pero no pierde de vista su objetivo.

—¡Takeru!

Llama por su nombre al rubio clavado en el árbol por la flecha negra.

Del costado de su cabeza un hilillo de sangre recorre hasta morir en la mejilla. Donde la flecha ha dado la sangre mancha en un color carmesí la camisa del joven. Sora no sabe qué hacer.

Trata de quitar la flecha en un intento de ayuda, pero al contacto es quemada por la energía que envuelve el objeto. A pesar del daño recibido el rubio solo parece estar dormido, como si no estuviera perdiendo sangre y el dolor no existiera.

Placido esta su rostro.

Biyomon por su parte, socorrida por Leomon, van con Magnaangemon. El digimon aun inconsciente consigue mantener su forma de perfección, lo que les parece increíble.

Tanto el rubio como su digimon están en una situación delicada, pero eso no parece importarle a Hikari quien solo está pendiente de su hermano. Lo observa con esos ojos negros como perlas de muerte. Sora no puede evitar volver a sentir recorrer por su cuerpo un escalofrió.

—Vamos, Takeru, si tú no has podido como esperas que nosotros lo consigamos.

Esas palabras salieron de la nada, la tomaron por sorpresa. Es como si fuese consciente de que él como Hikari son los más fuertes del grupo. Sus digimon siempre tienen un nivel superior al de los demás, sus máximas evoluciones son dos ángeles y siempre que todo estaba perdido ellos cambiaban la balanza.

La esperanza fallece con una flecha oscura, y el valor palidece con la mirada sobria de un alma en pena.

Sora observa como la flama del valor se desvanece en la mirada de su castaño. Sus ojos se llenan de lágrimas mientras su mano se postra sobre el pecho de Takeru.

En sus años como elegida del digimundo nunca había tenido que pasar por algo similar. Donde el mayor enemigo es uno de ellos. Siente como todo se está perdiendo, en tan poco tiempo todo se está yendo a la deriva y todo por obra de la más pequeña del grupo.

—¡Taichi!

Grita en un impulso de desesperación.

—¡Taichi!

Lo llama en un intento de que no se pierda así mismo por la culpa. No puede perderlo, no cuando todos lo necesitan. Cuando su hermana, la menor, está sumida en la oscuridad.

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El viento es helado, y acaricia sus mejillas. Sus ojos observan sobre la lluvia la figura de su hermana, que a pesar de que se acerca siente como se aleja de él.

Su ser es consumido por el aura de su hermana. Lo siente, lo sabe, lo entiende.

Su aura tiene su propio centro de gravedad y lo está arrastrando a su interior. Su valentía, aquello por lo que se ganó su emblema de pequeño se desvanecía. Como una mano grande y fuerte atravesando su pecho y arrancando sus entrañas.

Con paso lento, pero decidido, su hermana va hacia él. Sin despejar la mirada. Todo se ha vuelto nada y el tiempo no transcurre.

Los digimon a su lado, incluso Agumon parecen estar en el mismo trance. Nadie mueve un músculo ni reacciona al acercamiento del ser de oscuridad. Hipnotizados con su belleza y atemorizados por su maldad se ven rebasados a cualquier acción en su contra.

En la brisa helada algo se percibe. Su subconsciente capta algo que el viento lleva como un mensaje oculto.

Su mente se despeja lo suficiente para reaccionar y observar a su alrededor. Al girar a la derecha se encuentra con una joven de melena de fuego. Su expresión es de frustración, desesperación y angustia. Su mirada se clava tan profundo en su ser que cualquier pensamiento de derrota, cualquier desgaste de espíritu se ve truncado.

Sora implora por su reacción, y como si una pequeña flama moribunda albergada en su corazón recibiera el calor que necesitaba enciende su corazón con aquello que estaba perdiendo.

—¡Agumon!

Su digimon a su voz reacción y le mira con esos grandes ojos verdes.

—¡Taichi!

—¿Estás conmigo?

No era una pregunta con cuestiones de fuerza, ni se refería a si aún estaba bajo el dominio de su hermana. Era una pregunta que reflejaba aquello que necesitaban hacer aun cuando fuese contra un ser amado.

—Siempre, Taichi.

—Bien, vayamos por nuestra familia

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Sora esboza una sonrisa al ver a Taichi regresando de su ensoñación. Pero al mirar al suelo aquella esperanza de ver a su castaño dispuesto a luchar se desvanece un poco.

Takeru yace sin respirar bajo sus brazos, y Magnaangemon de igual manera.

Biyomon trata con sus fuerzas poder ayudar al digimon ángel, pero la flecha negra esta tan clavada que le resulta imposible. Como un veneno la oscuridad de la flecha se va adentrando en el sistema del digimon ángel, y eso no era nada bueno. Sin embargo, la luz de la valentía que brillo a su derecha la tranquilizo un poco.

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Agumon invadido por una energía renovada, proveniente del valor y el amor explota en su digievolucion más poderosa.

Envuelto en una luz cegadora que hace retroceder a Hikari y Ophanimon, el digimon de Taichi se transforma en su máxima expresión. Wargreymon hace acto de presencia ante los ojos atónitos de la castaña.

La Hikari llena de oscuridad frunce el ceño, pero no expresa ninguna otra expresión. No es necesario. Su molestia irrumpe en truenos y relámpagos en aquella tarde-noche de lluvia torrencial. Taichi en sus ojos solo expresa aquella valentía que pocos han poseído, o se han atrevido a tener.

Enfrentar a un ser amado no es cosa fácil, ni de cualquiera.

Sus miradas chocan como fuego y hielo, la tensión irrumpe en los espectadores. Los digimon que acompañan a Taichi y Sora.

Ninguno se atreve hacer un movimiento, incluido el valeroso Leomon, porque saben que esa batalla solo la pueden librar los niños elegidos. Entienden en sus adentros que aquella lucha de luz contra oscuridad está a un nivel superior a cualquier otra amenaza que enfrentaron.

—Hikari, reacciona —implora con queda voz el castaño—. No quiero hacer esto, no me dejes pelear contra ti.

Su hermana inmóvil solo se limita a observar a su hermano. De sus labios emerge su lengua amoratada, lo pasa por sus labios como saboreando el momento y ese acto solo perturba a Taichi.

—Si no me das otra opción.

Con una sola mirada a su digimon este comprende lo que debe hacer, y marcado con el trueno de un rayo irrumpiendo en el lago sale disparada hacia Hikari. Con el estruendo de otro trueno de rayo se marca el impacto del golpe de Wargreymon contra en ante brazo de Ophanimon; quien protege a su compañera.

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El cielo es claro, azulado con motas blancas, el viento templado con brisas primaverales. Las rosas son rojas y blancas, hay claveles y jazmines, al fondo del jardín se pueden ver tulipanes. Arces, abetos, y otros tipos de árboles rodean el jardín, y en el centro un lago que a su vez en el centro mantiene protegida una pequeña isla con un objeto peculiar: un vagón de monorriel.

Takeru no entiende cómo es que se encuentra en ese lugar tan paradisiaco, tan reconocible como extraño.

Se puede escuchar a los pajarillos cantar a lo lejos, y el leve sonido de agua siendo acariciado por el viento ligero de aquella mañana.

Siente que está en casa, pero a su vez algo lo perturba. No sabe qué hace en ese lugar, pero sabe que no debe estar en esa isla sentado mientras recarga su espalda contra la pared del vagón. Trata de recordar, pero es tan agradable estar en ese lago que prefiere descansar. Cierra sus ojos y se deja abrazar por la calidez que lo rodea y, sin esperarlo ni espantarse, siente que alguien acaricia su cabellera.

La caricia es suave y amable, cariñosa y cálida. Una suave textura pasa por sus mejillas, es tan agradable la sensación que se deja llevar, y al final en sus labios algo conocido se posa en ellos para convertirse en su mayor éxtasis.

Reconoce aquella suavidad, ese calor. Abre los ojos y se encuentra con unos marrones, una sonrisa amplia y hermosa, un rostro angelical.

Se encuentra con su Hikari, con la que ella debe ser.

—Hikari…

Ella posa un dedo en sus labios para hacerlo callar. El comienza a recordar y en su pecho un miedo lo oprime como una prensa.

—Calla, amor, que el tiempo es poco y apremia.

Ella quita su dedo de sus labios y se posa en el pecho de su amado.

—Solo ámame, como siempre lo has hecho —habla con una voz tan dulce que lo aterra—. Ámame y solo eso.

Takeru desea decir algo, arremeter contra su luz para que domine a la oscuridad que la posee en algún otro tiempo y lugar. Pero solo se limita a rodearla con sus brazos, poseerla entre ellos para no dejarla ir jamás.

No siente el tiempo pasar en aquel lago, por lo que no está seguro cuanto tiempo llevaban abrazados. Lo que le importa es tenerla junto a él, lo demás deja de importar. Tan cómodo se encuentra que en él se crea el deseo de nunca irse de allí ni regresar a su mundo.

Es aquel pensamiento lo que lo aterra.

No puede quedarse allí para siempre, pero Hikari si puede. Comprende que ese es el adiós de su amada hacia él. Se molesta por no darse cuenta antes, y la separa (con cariño, pero decidido).

—Ya lo entiendo.

—Entonces, ámame.

Hikari deja escapar una lágrima.

—No perdamos tiempo en discusiones que el tiempo apremia.

—Es que no es justo…

La castaña lo calla con un beso tan dulce que hace llorar al rubio. En aquel contacto se dice todo, la lucha por rescatarla de Takeru, y la despedida amorosa de Hikari. Y eso último rompe el corazón del elegido de la esperanza.

—No.

Dice tomando de los hombros a la castaña, que le mira anonadada.

—Nunca te abandonaré, regresare aquel lugar y te traeré devuelta.

—Es imposible, la oscuridad me está consumiendo —la voz de su amada Hikari no deja de ser dulce y apacible—. Ha dado su última llamada, y no he podido ignorarla… la esperanza de todo se ha perdido.

—Yo soy el elegido de la esperanza, y mientras yo respire… incluso cuando deje de hacerlo, yo siempre protegeré a la luz, a mi luz.

Sujeta de las mejillas a su castaña y la planta un beso largo y apasionado.

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Wargreymon y Ophanimon en su modo caído luchan con ferocidad. El digimon de Taichi no parece ser un gran rival para un digimon que ha demostrado un nivel de poder asombroso. No obstante, la valentía que alimenta el corazón del castaño es el mismo que alimenta a su digimon y eso es bastante para enfrentarla.

Mientras sus digimon luchan encarecidamente sobre sus cabezas. Taichi grita por su hermana, que inmóvil permanece sobre el lago a unos metros de la orilla.

—Debes reaccionar, hermana, no permitas que aquello dentro de ti te consuma.

Taichi no tiene en mente rendirse, no como momentos antes y camina hasta la orilla. Entre más avanza sus piernas se van perdiendo en el agua del lago negro. Sin comprender nada su corazón parece que sí, y avanza sin temor.

—Vamos, Hikari, tu eres fuerte… lucha.

Hikari suelta una carcajada con un tono escalofriante que eriza la piel del castaño más que el clima frio.

—Ya no hay más Hikari, ese ser ha sido consumido por la oscuridad.

—Lucha, Hikari, pelea contra lo que sea que te domine.

—Estúpido iluso, no hay hermana que salvar nada puedes hacer —la voz que emergía de la boca de la castaña ya no era para nada la de una joven dulce. En cambio se trataba de una voz gutural, andrógina y espectral—. Cualquier intento es inútil, y me burlo de lo que puedas querer hacer por salvar algo ya muerto.

—¡Me niego!

Como si algo explotara en su pecho y saliera disparado hacia Wargreymon, el digimon empieza a sentir sus fuerzas regeneradas y superadas.

El digimon del valor se abalanza sobre Ophanimon con una serie de ataques que apenas y puede contener. La lluvia cesa y las nubes grises se empiezan a dispersar, pero cuando la luz parece que llegaría Hikari con un grito demencial hace que todo vuelva a la oscuridad.

Ophanimon, quien hasta el momento podía contra los ataques de Wargreymon, recibió un zarpazo de las garras de su oponente dejando su marca en la armadura. Pero con el grito desgarrador de su compañera fue quien toma la iniciativa del ataque.

Los golpes y poderes que lanzaba el digimon caído son de tal fuerza que Wargreymon tiene que retroceder al no soportar el daño que le infringe.

—Te digo que nada podrás hacer aquí, donde yo reino.

Taichi apretó sus manos en puños por la furia que siente ante lo que fuese su hermana en ese momento.

Alza su vista y observa como su digimon comienza a ceder ante su oponente. Duele ver que Wargreymon está dando todo de sí para ayudar a Hikari y Ophanimon sin poder dar resultados. No está dispuesto a dejarlo solo y trata de mandar toda su fuerza hacia su digimon, pero en eso una luz resplandece en todo el lago limpiando el cielo y regenerando las fuerzas en su interior.

Hikari mira asombrada sobre el hombro de su hermano, quien se gira para ver lo que su hermana observa con tanto temor.

La luz blanca, tan pulcra, que rompió con la oscuridad da paso a la imagen sobre la orilla del lago.

Takeru con Seraphimon a su lado se postran como dos guardianes. Detrás de ellos se encuentran Sora, Biyomon y los digimon que están de su parte en esa lucha por el que la Luz reine de nuevo en el digimundo.

La balanza de nuevo esta de su lado, y Taichi agradece a todo lo que sea sagrado por que el rubio este bien y dispuesto a salvar a su hermana, porque en su mirada se marca aquel amor que le profesa y no hará nada que no sea salvarla.


NOTA: Perdón por la tardanza en actualizar, pero entre unos proyectos que traigo, el trabajo y la maestría no he tenido tiempo de escribir. Prometo que el ultimo capitulo no tardará tanto, y su recibo su apoyo con mayor motivación escribiré y lo publicaré. Espero disfrutaran la lectura, nos leemos pronto.