La guerra había terminado, su objetivo más importante ya lo había cumplido y lejos de sentirse satisfecha, solo podía pensar en las ganas que tenía de rodear a un cuerpo delgado con sus brazos. De llenar sus pulmones con el olor natural del cabello negro y la piel blanca de la que sabe, es el amor de su vida.
Pero su cuerpo no se lo permite, solo esta parada viendo como la gente se mueve intentando poner algo de orden en el escenario donde se presenció la guerra que nadie va a olvidar. Sabe qué tiene que moverse, sabe que no es la única que sufrió perdidas, sabe que a pesar de darles su adolescencia y su felicidad el mundo aún la necesita, en realidad, es poseedora de muchos conocimientos. Lo que desconoce en este momento es lo que en realidad más le importa, a su sed de conocimiento le urge saber donde está ella.
Y entonces cuando la sensación de que un segundo duraba más que una hora se fue desvaneciendo, permitiendo que la realidad la golpeara de manera paulatina, la vio. Estaba tan lejos de ella que creyó que solo era su imaginación, y no pudiendo contener la curiosidad sus piernas comenzaron a moverse en su dirección. Con cada paso que daba la seguridad que sentía al pensar que era ella iba en aumento.
Cuando estuvo a menos de un metro de los ojos que esta casi segura recordaría después de un Obliviate, la paralizo un golpe de realidad. Ella tenía intenciones de besar una vez más a la poseedora de su corazón pero, el único contacto que obtuvo fue una cachetada por parte de su media naranja.
-¿En verdad crees que después de todo lo que pasó te voy a recibir con los brazos abiertos?- el dolor en el tono de su voz fue como un chispa que prendió la llama de la culpa en su interior.
-Pans, de verdad lo lamento- si algo sabía sobre disculpas era que tenían que sonar a arrepentimiento, no a la felicidad que cada vez le era más difícil ocultarla.
-¿Lo lamentas?, ¿un "lo lamento" va a arreglar lo que nos hiciste?- su cuerpo comenzó a perder fuerza, mostrando a una Pansy derrotada.
-No, pero no creo que sea el momento para decirte que te cases conmigo- la sonrisa en la cara de Hermione cada vez era más grande.
-¿casarnos?, ¿no pudiste mantener un noviazgo y ya quieres un matrimonio?
-Contigo lo quiero todo- la emoción le estaba complicando bastante el no ponerse a gritar y brincar.
-Pues ahora soy yo la que no quiere nada contigo- después de esas palabras las dos se sumieron en un denso silencio. La serpiente esperando el resultado de su veneno y el león digiriendo lo.
-No lo dices en serio...- un susurro lo suficiente alto para hacerse escuchar por encima de todo el ruido de fondo- Por favor dime que no lo dices en serio.
-Me rebele ante mis creencias, mi familia, mis amigos. Estuve en una guerra de la que me pude haber salvado, arriesgando mi vida. Todo esto por alguien que rompió mi corazón...
-Yo nunca quise...
-...con la esperanza de que la persona que provoco ese desastre lo arregle.
De nuevo un silencio se instalo entre las dos, pero este era menos denso que el anterior, dándoles la oportunidad a sus cuerpos de acercarse lentamente.
La sensación de que un segundo duraba lo mismo que una hora regreso, porque el mundo podía girar más rápido si quería pero mientras estuvieran besándose sentían que tenían toda la eternidad.
